Habían transcurrido tres días. Lo había evitado y las horas que él le hacía clase, ella procuraba no mirarle mas de lo necesario y centrarse únicamente en sus apuntes.
Ranma la desconcertaba, despertaba sus recuerdos y hacía aflorar en ella nervios irracionales y una desmedida incomodidad.
Si lo divisaba por el pasillo, ella daba media vuelta. Si se lo topaba en la escalera, ella prácticamente corría para desaparecer de su vista.
"Cada día queda menos"; se reconfortó, sonriéndose esa mañana. Se dirigía rumbo a su clase, cuando una extraña discusión llegó a sus oídos y una de las voces le resultó familiar en demasía.
Era él y discutía con una chica, de voz muy chillona por cierto.
Tragó saliva y siguió avanzando. "No me importa"; se dijo.
Se detuvo de repente, y guiada por la curiosidad corrió a pegarse a la pared del edificio. Apretó sus labios y sintiéndose estúpida, se asomó un poco para divisar a unos metros de ahí a la pareja...
Supo reconocer al instante a la pecosa pelirroja de azules ojos grandes y expresivos, era una chica famosa por su inteligencia y belleza. Se rumoreaba que era lesbiana, pues a cada chico que se le declaraba, lo rechazaba sin mayores preámbulos, pero ahora, ante semejante escena, ya conoce el verdadero motivo detrás de su comportamiento: A ella le gustan los hombres, en apariencia, mayores que ella.
La pelirroja le hablaba con vehemencia sobre iniciar una relación clandestina, le juraba llorosa que nadie se enteraría, que sólo sería entre él y ella, que por demás dentro de nada se marcharía de institución así que no habría problema.
Sólo podía ver la coleta de Ranma, su espalda ancha, su trasero perfecto ...básicamente, su anatomía perfecta en su traje gris sofisticado. Estaba cruzado de brazos según podía notar, pero desde su ángulo le era imposible dar con su expresión facial.
-Lo siento - pronunció él con voz ronca, evidentemente contenía sus deseos de gritarle- No puedo. Es cuestión de ética. Por favor no insistas.
Pero la pelirroja no oía razones, y ahora lloraba frenética. Ranma miraba de un lado a otro, ahora nervioso a sabiendas de lo complicado que sería el asunto si la plática llegase a otros oídos.
Y para su pesar, ya varios pares de ojos, desde la lejanía, estaban puestos sobre ellos y es que la escena resultaba curiosa para cualquiera. La pelirroja echando un llanto desmesurado y el maestro suplente de pie mirando de un lado a otro sin saber si acercarse a consolarla o marcharse de ahí cuanto antes.
"Me debes una Saotome"; pensó la peli-azul saliendo de su escondite, frunciendo los labios y acercándose a paso determinado a la pareja.
-¡Saya! - exclamó, sorprendiéndolos a ambos y habló lo suficientemente alto para que todos escuchasen - Tranquila, el maestro Saotome no puede hacer nada para aumentar tu calificación! ...
Ranma alzó ambas cejas, respiró profundo y arqueó sus brazos posicionando sus manos en sus caderas, y dirigió nuevamente la mirada a la confundida estudiante que observaba a Akane como si de pronto hubiese hablado en un idioma distinto.
-¿D- De qué...?...
-¡Tranquila! - exclamó y corrió abrazarla para sorpresa de ella. Estas dos chicas habían hablado un par de veces , ¡pero nunca habían llegado a tal extremo de confianza!
-¿Qué haces, Tendo? - mascullo revolviéndose para zafarse de su cariño forzado.
Akane le susurró algo en el oído. Ranma guardó sus manos en los bolsillos y arrugó el ceño, al percibir la tensión emanar de una ahora aún más pálida pelirroja con sus ojos abiertos como platos.
Se separaron. Ambas chicas intercambiaron una mirada cómplice.
Saya sonrió con incomodidad al desconcertado y abrumado maestro, para inclinarse en una reverencia respetuosa.
-Siento haber sido tan insistente, maestro - le hizo saber, con cierto pesar vislumbrado en su mirar opaco - Una calificación es... una calificación - murmuró lo último, dirigió una última mirada a Tendo y se marchó a paso apresurado.
Pronto los curiosos dejaron de prestar atención y siguieron su rumbo.
Akane se cruzo de brazos y encaró a su maestro con los labios apretados, en signo de incomodidad. El la observaba en silencio e inexpresivo.
La chica se inclinó en señal de despedida y cuando se hubo alejado unos pasos, la mano grande del hombre agarró su brazo con firmeza.
-Señorita Tendo - le dijo y enseguida sólo su brazo cuando ella se giró para observarle seria - ¿Le gustaría acompañarme a la cafetería?
La muchacha frunció el ceño, se acomodó su mochila en un movimiento y asintió apretando de nueva cuenta sus labios.
-No hay problema - contestó luego, queriendo ser cortés.
Ranma le sonrió, tal parece que con alivio.
-Debo agradecerle por su oportuna intervención de algún modo - le dijo a modo de explicación.
Ambos se encaminaban a la cafetería. Akane tardó un poco en responder.
-Me pareció que estaba en aprietos - habló despacio - No hubiera sido correcto hacer como si nada. Sé que no hacía nada malo.
En respuesta achicó su mirada peligrosamente y la dirigió a la estudiante, a causa seguramente de los recueros malditos que esa respuesta le trajo, y ella lo notó, pero fingió no haberlo hecho.
El resto del recorrido fue en un silencio un poco tenso.
Ingresaron a la cafetería. Afortunadamente no habían demasiados estudiantes, y aunque lo hubiera habido, no hubiera sido extraño ver a una estudiante compartir una mesa con un maestro.
-¿Desde cuando no le echas azúcar a tu café?- le preguntó Ranma distraído, antes de dar un sorbo al suyo.
Akane carraspeó. Era la primera pregunta que insinuaba un pasado en común. No contestó y se limitó a mirarse las manos acariciando el envase de su café caliente y desabrido.
Entonces consideró otro punto importante. La había tuteado. Alzó la mirada y le sorprendió mirándola fijamente, escudriñándola, estudiándola seguramente. Desvió la mirada y se removió incómoda en su asiento, bebió un sorbo de su café.
-¿Cómo está su familia? - le preguntó inesperadamente.
Apartó el envase de sus labios, lo dejó sobre la mesa, tragó el amargo líquido y contestó con la mirada puesta en su café.
-Están bien. Todos bien - fue la escueta respuesta que dio- Supongo... - se le arrancó y calló al instante en que tomó consciencia de aquella indiscreción.
-¿Supone? - achicó la mirada perspicaz - ¿No vive con ellos acaso?
-Me temo que no - le responde ahora incómoda - Lo siento, pero no es mi agrado hablar de mi familia. Es un asunto muy...- arrugó la nariz- personal.
-Ya veo... - se lamió los labios, mirándola fijamente.
Quiso decirle tanto en ese momento. Aquella frase lo excluía de su vida. Ella estaba dando a entender que él había dejado de ser parte de su vida y que por ello no merecía conocer mas de lo necesario.
Y se odió, se odió por el latigazo de dolor que azotó a su corazón, porque por un instante se comportó como un iluso al ofrecerle beber café en una plática amena y creer que tal vez podrían retomar aunque sea un poco de aquella confianza de antaño, y ponerse al día en sus vidas deshaciéndose de aquella farsa de relación maestro-alumna, como si ningún pasado les uniera, como si no hubiesen sido las personas mas importante para el otro, como nunca antes se hubiesen visto directo a los ojos profesándose amor eterno como los dos enamorados que eran.
Se equivocó, estrepitosamente se equivocó. La mujer delante suyo no estaba dispuesta a asumir el pasado, el mismo que parecía haber enterrado junto a sus sentimientos por él.
-Y dígame, señorita... - habló con cautela.
La peli-azul le dirigió una mirada interrogativa, preguntándose internamente con qué le saldría este sujeto tan impredecible.
-..No quiero ser impetinente y mucho menos que se sienta incómoda en mi compañía. Pasa que me gusta socializar con mis estudiantes, conocerlos y de ese modo ayudarles en un futuro - se explicó.
-Pero usted es maestro suplente - inquirió.
Ranma apoya ambos codos sobre la mesa, entrelaza los dedos ambas manos y apoya sobre ellos su barbilla en una pose increíblemente seductora que despertó en su interlocutora cierta intranquilidad y nerviosismo repentino.
-Usted será la primera en saberlo.
-¿Saber qué? -preguntó de inmediato, sintiendo que su corazón poco más y se sale de su pecho.
-Probablemente me quede otro tiempo siendo su maestro en reemplazo del maestro Towiha.
Tragó saliva con dificultad. Notoriamente perpleja se apoya en el respaldo de su silla. El hombre de divertidos ojos grises, amplía su sonrisa ahora burlona.
-¿Q-Qué ...le... - carraspeó, recriminándose su poca elocuencia - ...Por qué? - preguntó al final frunciendo el ceño, desconcertada.
-Al parecer la licencia que le dieron se postergó producto de un movimiento forzado ayer - explicó, revolviendo ahora con el palito su café.
Tras unos segundos en el que Akane sopesó la situación, contestó queriendo parecer natural.
-Ya veo... - y agregó -En todo caso no es normal que el maestro Towiha se ausente demasiado, así que seguro no tarda en recuperarse y volver a su puesto- y bebe otro sorbo de café, sin quitarle la mirada de encima en una amenazada muda y latente.
Ranma se acomoda en su asiento y le sonríe enseñando sus dientes blancos y perfectos.
-Por algún motivo siento una ligera... aversión hacia mí. ¿Tiene alguna queja de cómo hago mis clases, señorita Tendo? - le preguntó relajado - Soy prácticamente nuevo en esto de la enseñanza y la opinión de mis alumnos la considero bastante. Deseo perfeccionarme como maestro y creo que escuchar a los estudiantes es una buena forma.
-Entiendo... - le respondió desviando la mirada.
¡¿Cómo contestar que no eran sus clases, sino ÉL a quién no quería cerca?! ...¿Qué el sólo hecho de verla la confunde, la aturde, le trae recuerdos que prefiere dejar olvidados?! ¡Maldición no es bueno para su salud mental tenerle cerca! ...
Pero no, jamás admitiría que las memorias de aquella antigua relación afectan su presente.
Volvió a mirarle y encontró nuevamente su sonrisa burlona, sus ojos grises enfocándola con atención, la impresión de que se divierte inmensamente a costa suya!. ¡Él notó que afecta todavía lo ocurrido entre ellos, sabe que no lo ha olvidado y se regocija de gozo el muy petulante y engreído! ...
-Habla demasiado - se apuró en dar una respuesta.
-¿Cómo dice? - arquea la ceja izquierda, interesado.
-Eso. Habla demasiado - le explica apurada - Debería dejar que el alumnado participe de las clases, yo creo. No sé demasiada de enseñanza, pero en mi caso aprendo mas cuando se me da la oportunidad de contestar las interrogantes y de participar activamente en ...las clases - lo último lo susurró y apretó el vaso de café entre sus manos, perdiendo la mirada en la negrura de su contenido amargo.
¿Pero que decía? ...Está firmando su sentencia a muerte, seguro. Se mordió el labio inferior, ¡¿Por qué había dicho todo aquello?! ¡Ahora el muy cretino la ridiculizará y le preguntará delante de toda la clase una y otra vez cuando tuviesen clase nuevamente.
-Ya veo. Interesante propuesta, Tendo - le dijo alzando ambas cejas y sonriendo de medio lado.
"Tonta"; se dijo internamente.
-¿Y... le gusta la universidad? - preguntó con cautela.
-Sí, tiene buenos maestros - contestó distraído.
-Los tiene - asintió, sintiéndose estúpida y acabó de un sorbo lo que le quedaba de café.
Segundos de silencio. Ranma carraspeó incómodo. Akane se mordió el labio inferior.
Revisó la hora del reloj de su muñeca y miró a la estudiante delante suyo esbozando una sonrisa... tal vez incómoda.
-Debo irme, Tendo. Tengo que impartir una clase en cinco minutos.
La peli-azul asiente y con un gesto de mano le indica que puede marcharse.
-Gracias por compartir estos minutos conmigo. Que tenga un buen día - se despide Ranma levantándose - Nos vemos mañana a las seis en clase. No llegue tarde. Soy muy estricto en cuanto el horario - advierte antes de marcharse sin mirar atrás hasta abandonar la cafetería.
Akane devuelve la vista a su vaso vacío y suelta un pesado suspiro.
¡Por fin le encontró! ... Llevaba tres días intentado dar con él y nunca le fue posible divisarlo siquiera.
Extrajo de su mochila la chaqueta lavada y bien doblada, en donde había estado los últimos días y avanzó a paso apurado hasta el distraído sujeto sentado en una banca, estudiando concentrado de un libro cuyo título ella no alcanzaba a leer.
-Oye - dice llegando a él un poco agitada.
El chico levanta el rostro y la enfoca desconcertado, parpadeando repetidas veces.
-Aquí tienes - le dijo tendiéndole la chaqueta- Gracias por prestármela. Sé que tardé en devolvértela, pero es que no te encontraba. Lo siento.
Estiró el brazo, cogiendo su pertenencia sonriendo a la chica.
-No te preocupes- fue lo que dijo, colocando la chaqueta sobre el libro que estudiaba.
Akane se inclinó en una reverencia y sin más se marchó a su próxima clase bajo la atenta mirada del curioso joven.
"Señorita Tendo, ¿Me hace el favor de contestar a mi pregunta?" , "Gracias a la señorita Tendo, tengo un método nuevo de enseñanza: Preguntar a los alumnos acerca de la materia".
La clase fue un desastre. Ahora todos la detestaban por haberle dado semejante idea que le dio ayer al maestro suplente, quién al parecer, se quedará mas tiempo del que había dicho al principio.
-¡Vamos Akane! No te sulfures - le exclama Sotaro, limpiando un empeño un vaso queriendo eliminar una mancha sólo visible para él -Cualquiera tiene un mal día.
La chica sentada en la alta silla de superficie circular, observa decaída el vaso de vodka que su amigo le había servido minutos antes.
-Todos me odian - murmuró y dio un trago, sin poder evitar que el gesto se le contrajera ante la amargura del líquido transparente - Fue un desastre. Me preguntaba cada cinco minutos.
-Habla con él - opinó el sujeto de cabello rojizo y ojos oscuros.
Akane respiró hondo frunciendo el ceño y cerrando los ojos con fuerza arrugando los párpados, soltó el aire retenida sonoramente y dio otro sorbo a su bebida.
-Te llegó un mensaje a tu celular - avisó Sotaro apuntando al aparato de la peli-azul en la encimera.
Un sujeto desde otro lado de la barra llamó la atención el chico, se disculpó con Akane y partió a atender al cliente, preocupado por el decaimiento de su amiga al que calificaba de exagerado en respuesta de la explicación que ella le dio.
"Akane, ¿Dónde estás? Por favor no hagas drama. No es nada grave. No le es importancia a lo que esos idiotas te dijeron. Llámame cuando puedas".
Dejó el celular en la encimera, y perdió su mirada entre las botellas de licor puestas en la repisa, ordenadas.
Se mordió el labio y murmuró: Ranma... ;su mirada se nubló ante el recuerdo.
Flash back.
-Es un día importante, Akane - había sentenciado, sosteniendo entre sus manos una botella de vino de las mas caras, luciendo elegante y refinado en su terno oscuro.
La habitación iluminada sólo por las tres velas rojas puestas en los candelabros en el centro de la mesa cuadrada, cubierto de un mantel claro el cual ocupa la familia Saotome sólo en ocasiones importantes, como en navidad y año nuevo. A cada lado de la mesa un plato servido de estofado caliente aguardaba, y dos copas elegantes esperando ser llenadas para comenzar con la prometedora velada.
-No sé que decir... -murmuró llena de emoción. Echó un vistazo a su ropa: Unos jeans claros y una camiseta de tirantes oscura, sencilla indumentaria contrastando con la sutil elegancia del lugar- No estoy vestida para...
-Akane - la interrumpió él esbozando una sonrisa, dejó la botella que sostenía en la mesa y caminó hasta ella para tenderle la mano en una respetuosa acción -Es una noche especial. Es tu cumpleaños y quiero que sea una noche especial- le dijo antes de depositar sobre su mano un beso delicado- Cualquier cosa que te pongas, te quedará bien.
Contuvo la respiración unos instantes y luego, visiblemente nerviosa, le contestó.
-Eres... increíble, Ranma - había dicho, mirándole con ojos nublados por las lágrimas traicioneras.
El hombre cogió ambas manos de la chica y las sostuvo entre las suyas, apretándolas con firmeza.
-Nunca he sido demasiado romántico y lo sabes, pero... por ti puedo serlo - le confesó mirándola a los ojos - O al menos intentarlo - le sonrió de medio lado.
Sin mas la condujo hasta la mesa. Educado como nunca se acercó a arrastrar hacia atrás su silla y ofrecerle sentarse. Luego lo hizo él, y comenzaron a comer entre comentarios sutiles, en una atmósfera amorosa y amena.
-Me gustaría que esto no acabe nunca - había confesado ella en medio de la cena.
-¿Esto?
-Sí, lo nuestro. Es...- aguantó la respiración un segundo- ...Lo mejor que me ha pasado en la vida.
-También es importante para mí, Akane - le dijo con la copa de vino en mano- Tú eres importante para mí - alargó su brazo para dar alcance a la tibia mano femenina- Y tampoco quiero que esto acabe - la quedó viendo a los ojos algunos segundos de apariencia eterna, y finalmente se apartó para recargarse en la silla soltando su mano - Cuando nos casemos y tengamos hijos, procuremos hacerles saber de lo romántico que es su padre, ¿Quieres? - dijo animado.
Akane soltó una carcajada y asintió con la cabeza sosteniendo su copa de vino.
-Por el futuro, Akane- dijo alzando su copa hacia ella.
-Por nuestro futuro - corrigió sonriente, chocando su copa con la de él.
Fin del flash back
Negó con la cabeza. Se revolvió sus cabellos azulados y dio otro sorbo a su vodka.
Flash back.
Incómodo puso ambas manos en cada hombro de ella, viendo de reojo a sus compañeros que curiosos y divertidos admiraban la escena a una distancia prudente.
-Akane, por favor no hagas escándalos ¿Quieres? No es lo que parece - masculló, y la miró para agregar entre dientes- Lo hablaremos en otro momento.
-¡No!- exclamó ella soltándose de su agarre - ¡¿Acaso me vas a decir que besabas a esas chicas porque son tus amigas?! ¡Qué explicación me vas a dar?! - gritó enrojecida de rabia.
Los compañeros de Ranma comenzaron a codearse y a carcajearse, y él mas avergonzado que nunca, se pasó la mano por su cara en un genuino gesto de frustración.
-Akane - pronunció entre dientes, aguantando visiblemente las ganas de gritarle y zarandearla para que entrara en razón - Hablaremos después de esto, por favor.
La chica vistiendo todavía su uniforme de la preparatoria con al cabello atado en un moño bajo en una cinta amarilla, lo amenazaba con la mirada.
Ranma se revolvió el cabello ante el mutismo de su terca pareja, y sin mas dijo:
-Me voy. Volveré con los chicos al bar, tú... tú... has lo que quieras -dijo al final viéndola con cansancio, dio media vuelta y se incorporó al grupo de sus risueños y animados amigos, entrando todos juntos de vuelta al bar.
Akane se quedó ahí sola y humillada en medio de la vereda solitaria.
Fin del flash back
Se acabó el contenido de su vaso, entonces la voz de Yuka apartó los recuerdos de su memoria oportunamente.
- ¡¿Qué haces?! - chilló al verla en ese estado, mareada y agarrándose el estómago, con las mejillas húmedas y los ojos hinchados - Tú nunca bebes, estúpida, esto te sentará fatal! Vamos, amiga, vamos a casa - dijo lo último con suavidad agarrando su brazo.
-¡No quiero! - se resistió la peli-azul.
De un movimiento inesperado, Sotaro la agarró por la espalda y con el otro brazo elevó sus piernas, acunándola en sus brazos.
-¿Dónde tienes el auto? - preguntó en un tono golpeado a la preocupada peli-castaña.
-Sígueme - le dijo, y ambos avanzaron rumbo a la salida del bar- Sólo Akane puede quedar así después de un miserable vaso de vodka - comentó Yuka con semblante serio.
Sotaro se limitó a echar a un vistazo a la preciosa carga que sostenía y a sonreír conmovido.
Continuará...
