Bueno aquí el segundo capítulo. Espero que os guste :D Por cierto, pequeña paréntesis...¿alguien ha visto la peli de "Bajo la misma estrella"? Si habéis leído el libro hacedlo, es demasiado guay :"3


El Detective Gumshoe llegó cuando yo ya me encontraba en mi despacho. Era justo como me temía: estaba igual, incluso peor, que mi casa. Debería hacer una reclamación a la agencia de seguridad. Lo que me hacía pensar que seguramente las cámaras del pasillo habrán captado algo. Mandaré que revisen las grabaciones más tarde.

Tras explicarle lo sucedido, el detective dijo, con las manos en la cintura y una enorme sonrisa:

"¡No se preocupe, señor Edgeworth! Encontraremos al culpable cueste lo que cueste.

Reconozco que no soy especialmente sociable. No soy como Maya Fey o Phoenix Wright. Al haber perdido a mi familia siendo pequeño siempre he sabido valerme solo y a ser bastante cerrado. Pero eso no significa que me guste estar solo. No que no me guste de vez en cuando. Como todo el mundo, supongo. Pero no soy bueno diciendo lo que siento, no porque no quiera, es que no soy capaz. El caso es que saber que tengo gente en quien confiar es...reconfortante.

Quise darle las gracias, pero en vez de eso me di la vuelta. Miré mi reloj de bolsillo: las 23:34.

"Que precinten el lugar, detective. Llevaremos a cabo la investigación mañana a primera hora.

-Pero señor, ¿tiene usted donde pasar la noche? -preguntó él.

-Justamente, detective. Eso voy a averiguar" -dije mientras me dirijía a la salida.

Me despedí del detective y le convencí de que tenía donde pasar la noche. Aunque en realidad no estaba del todo seguro. Aun con todo, me propuso quedarme en su casa, pero decliné su oferta. Sabía que la oficial Byrde y él se habían mudado a un pequeño piso hace poco, y no quería interferir.

Además yo tenía mis propios planes. Ella me dió esa llave junto con una dirección hace tantos años, pero yo lo recuerdo perfectamente. Me dijo que la utilizase en caso de emergencia.

Y esto era una, ¿no?

Una vez más, cojí el coche y me dirijí hacia el sur de la ciudad. Aun estando oscuro, la luna iluminaba agradablemente la noche. Tras media hora de conducción llegué a la larga pero estrecha calle. Era antigua pero acojedora. La mayoría de los comercios estaban cerrados, pero pude distinguir una cafetería, una floristería, una farmacia y un supermercado. Al menos mi piso estaba bien ambientado. Lo único que espero es que no sea muy ruidoso. Aparqué justo en frente de la puerta de entrada, donde el número 22 metálico relucía débilmente. Saqué del maletero una bolsa donde tenía lo necesario y me quedé parado en medio de la calle unos instantes. El edificio era pequeño comparado con el rascacielos donde vivía, pues este solo tenía cinco plantas, pero esto solo lo hacía más acojedor.

Gracias a la llave entré en el edificio. Lo primero que vi (muy a mi pesar) fue un gran ascensor, así que enseguida me puse a buscar las escaleras.

"¡Hola! -dijo una voz detrás de mí.

Me giré y vi una niña de apenas diez años. Sus ojos brillaban, y como todos los niños, tenía una cabeza tan grande que parecía que se le iba a caer de los hombros. Sus dos coletas se movían alegremente mientras me dirijía una sonrisa radiante, a la que le faltaban varios dientes. Su sudadera azul demasiado grande para ella solo la hacía parecer más inocente de lo que ya era.

-Tu eres nuevo, ¿no, señor arreglado? ¿Estás perdido?

Espera, ¿me había llamado "señor arreglado" ? ¿Eso era un cumplido? Definitivamente, los niños siempre serán un misterio para mí...

-Ejem...-me aclaré la garganta, incómodo.-Bueno, ahora iba hacía el segundo piso y...

-¡No me digas! Yo también vivo en el segundo piso. Vamos, señor arreglado, te llevaré hasta allí.

-No te molestes, puedo ir por mi cuenta, y no me llamo...

Pero antes de que pudiese decirle mi verdadero nombre, ella me tomó por la mano. Su mano era sorprendentemente pequeña y fría, y sus deditos rodearon mi mano, que estaba igual de fría. Aún perplejo por el contacto, la seguí escaleras arriba. No solía congeniar con niños, ya que no es que tenga lo que se dice una cara "amable". Supongo que soy más atractivo para las jóvenes científicas y las viejas vigilantes...

-¡Aquí está!- declaró, soltando mi mano- ¡Oh, mira, un grillo!

Y ya se fue corriendo hacia una ventana, donde el grillo reposaba tranquilamente sobre el borde de esta. No le di más importancia y me concentré en encontrar mi casa. La segunda planta tenía dos apartamentos. El mio era el de la derecha. Me dirijí hacia la puerta, y justo cuando iba a introducir la llave en la cerradura la puerta se abrió en grande, y una chica salió de ella. Pero como yo estaba bloqueando la salida, esta chocó con mi torso y calló hacia atrás. Por un momento, me regañé por lo ingénuo que había sido. ¡Claro que la casa ya estaba habitada! ¿Cómo iban a dejar una propiedad privada para mí en "caso de emergencia"? Normal que alguién viviese ya aquí. De hecho, observé con más detenimiento a la chica que se alojaba en "mi" casa. Alta y esbelta, su pelo azul y corto brillaba con la tenue luz del pasillo. Llevaba unas gordas gafas negras que hacían que sus ojos grises resaltasen más en su fina y pálida cara. Llevaba también una camiseta demasiado grande para ella, donde había inscritas unas letras japonesas de alguna serie de animación que no sabría reconocer. Su chándal naranja chillón también le iba un poco grande.

Si no hubiese pasado casi la mitad de mi vida con ella no la hubiese reconocido. Me quedé sin habla mientras esta se levantaba del suelo. Me dirijió una mirada de odio primero y después tuvo que reconocerme porque me miró casi con espanto.

Franziska...hermana mayor, ¿eres tú?

Pensé que sus ojos iban a salirse de sus órbitas cuando articuló a duras penas:

"¿¡M-miles Edgeworth?!"


¡Ya está! Subiré el siguiente capítulo lo antes que pueda :) y muchas gracias ALicia por el review, es el primero que tengo :3 espero que sigas leyendo mi historia.