Cafe.

-Huh...¿Hiruma?...

Tokuchi no se esperaba esto, un Hiruma de catorce años, con una taza de café en las manos, temblando como si hubiera un terremoto debajo de el.

-¿Qué haces bebiendo eso?-preguntó alzando una ceja.

El murmullo casi incomprensible del niño pelinegro al rubio de un par de años más. Hasta que al final entre el temblor del cuerpo y la voz pudo distinguir un "Quería probarlo", Tokuchi suspiró sin expresión alguna, ni siquiera pena por ese idiota que le encantaba buscar nuevas cosas que hacer o probar.

-Aja, ya veo, primera vez que pruebas la cafeína...

La cabeza oscura se sacudió temblando en señal de asentimiento, moviendo un poco su cuerpo, provocando que el líquido se moviera de la taza y salpicara un poco el suelo.

-Pse, vaya si eres intolerante a la cafeína, mocoso, si querías tomar café, tomate algo más suave, esto es artillería pura-le quitó la taza de las manos temiendo por la tapicería.

El muy idiota se había bebido un café negro bien cargado.

El menor le miró con un tic en el ojo derecho enseñando los colmillos.

-C-callate, puto vago...-gruñó irritado por su inestabilidad.

-Oi, no he dicho nada del otro mundo, pero estoy decepcionado contigo, You-chan, pensaba que sabias que a tu edad beber café y encima tan cargado es como tomar droga pura-sonrio maliciosamente burlón.

Si las miradas mataran, Tokuchi hubiera sido destripado en ese momento.

Tokuchi, siendo Tokuchi, no se vio afectado.

Cuando Hiruma fue a replicarle pero se cubrió la boca con las manos, temiendo que el líquido subiera por la garganta misma que entró. Sin embargo, su orgullo le impedía verse débil ante su compañero, que sonreía como un imbécil potencial al verle así. Así que, como pudo fue acercándose para arrebatarle la taza y acabarse su contenido.

El rubio hizo una mueca al notar la intención del menor, y apartó la mano bien lejos de su alcance.

-Ni hablar, mocoso, lo menos que necesitas ahora es más de esto-se dirigió al fregadero y vertió la bebida para deshacerse de ella, un desperdició, pero a él tampoco le gustaba tanto el café tan cargado-Creo que lo mejor es que vayas a dormir.

Hiruma le envió una mirada más molesta.

-¿C-cómo qu-quieres que duerma des-después de esto? N-no seré capaz idiota-arrastró las palabras sintiéndose humillado.

Tokuchi se giró con una enorme y diabólica sonrisa en la cara, que hizo ponerse en alerta al menor.

-Oh...sé la manera perfecta de cansarte~-se acercó más y más.

A pesar de las ganas de protestar del menor, la lengua y manos de Tokuchi le hicieron callar toda queja, el jodido vago cuando quería era capaz de hacer cosas maravillosas con esas manos.

A más, al final de aquello, logró dormir.

Eso sí, desde entonces, Tokuchi fue acostumbrándolo a la cafeína en pequeñas cantidades, y alejando siempre la cafetera de sus manos.