Luce idéntica
Permaneció sentado un par de minutos, no entendía por qué, pero parecía que él quería hacer algo con esa estatua. Porque ya había descubierto quién era y a qué se dirigía.
A una mujer que seguramente, había asesinado o hechizado. ¡Perfecto! Una buena forma de culparlo y sacarlo a patadas del colegio.
— Ayúdame a convencerlo de que me brinde un poco de su sangre, por ti. Sólo necesito un poco y la poción estará lista. Sabes que no puedo ir y pincharlo, solo para que drene su sangre. A veces siento que me encantaría hacerlo, pero y sin embargo... sin embargo, no puedo si no es su voluntad. Tiene que provenir de algo que quiera ofrecer. De algo que quiera sacrificar.
Permaneció sentado en la fuente, mientras admiraba a la estatua que tenía enfrente. No podía verla, pero parecía ser una hermosa mujer.
— Como sea. Volveré en un rato, verificaré si ya terminó de cocerse la muestra.
Esa era su oportunidad de mirar a la mujer, a la que Snape le estaba hablando. Le hablaba como si se tratara de una persona real, a la que quisiera revivir. Como si la amara.
Lo que fuera, eso tenía que averiguarlo. Sonrió y esperó pacientemente, hasta que Snape se perdió de vista por un pasillo oscuro. Miró a su alrededor y entonces, continuó.
La estatua era hermosa, sí. Traía un extraño gorro de nieve, que le recordó a los que Hermione solía utilizar. Un largo cabello y una sonrisa suave, muy natural. Como si no se hubiese fijado nunca, que era un trozo de mármol. Quizá porque no había sido convertida.
Pero conociendo a Snape, eso había hecho.
— Se me hace muy familiar...es como si fuera...
¿A quién conocía con esos razgos? Pese a que no distinguía colores de ningún tipo, solo sentía que se parecía a algo que no podía precisar. A alguien en particular.
— Me hace pensar en mi... en mi madre.
Caminó en silencio, alrededor de la estatua. ¿Qué tenía que lucía como su madre? Pues un par de razgos. Muchos quizá. No sabía exactamente en qué, pero si le hablara...
Quizá sonaría como ella.
— ¿Puedes hablar? ¿Él te hizo esto?
Por supuesto, ahora le hablaba a un objeto inanimado. De todas formas no comprendía, por qué Snape le había pasado su varita encima. Quizá buscaba detectar algo.
Quizá la protegía contra algo.
— Muy bien, entonces... todo está listo, solo falta que Potter...— escuchó y se apartó de un salto, metiéndose nuevamente entre ramas. Detrás de la fuente.
— Pronto estarás libre... pronto volverás a respirar y entonces... algún día comprenderás por qué lo hice. Pero mientras tranto, debo encontrar una forma de sustraer un poco de la sangre de Potter. Él cederá en cuanto le hable de ti. Le diga quién eres...
Inspiró y guardó silencio, mientras Harry trataba de mantenerse oculto. El suelo estaba resbaloso, ante el agua que caía de la fuente y el musgo que se había formado a su alrededor.
— Cuando le diga... cuánto ansías verlo. Yo lo sé, lo he podido sentir. La magia en la varita, aún es fuerte. La conservo dentro del despacho y espera a ser reclamada.
¿Quién era esa mujer?
— Supongo, tendré que irme. Otro día perdido y sin éxito. Nadie ha visto a Potter. Asumo querrá aislarse del mundo o causar problemas.
¿Problemas? ¿él? ¿Por qué iba a causar problemas? Solamente estaba alejado de todos, necesitaba tranquilidad. Además, solo Snape podía considerarse peligroso y problemático.
— Espera un poco más, solo un poco. Pronto estarás libre. Solo un día más, conseguiré esa sangre.
Detectó un brillo en su mirada y se dijo, que jamás había visto algo semejante. Suspiró en su asiento y caminó hasta la mujer de mármol, cuya mano permanecía extendida hacia él. Colocó la suya, como si en realidad, pudiera sentirlo. Cerró los ojos y permaneció en silencio.
— Recuerda que te amo...y por eso estás aquí. Perdóname.
Un mensaje revelador. Y en mucho. Contuvo el aliento, mientras él dejaba caer su cabeza sobre la frente dura, de la estatua. Lentamente.
Eso le causaba miedo, en miles de formas. Snape, amando a una persona. Quizá algo inanimado.
Pero cobraría vida. Y con su sangre.
