Holaaaaa, ha pasado un largo tiempo desde la ultimas que escribí algo, perdón por estar tan alejada de ustedes T – T. me pasaron un montón de cosas en este tiempo… felizmente todo eso paso y puedo volver con nuevas energías a este hermoso mundo de fanfiction. Quiero hacer un agradecimiento especias a Alex sama por ser mi inspiración en muchos momentos, faby sama y peketaishouchiha por llenarme de ánimos en muchas ocasiones. Espero disfruten este capítulo.

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La más cruel de las venganzas: Segunda parte.

– Se… Sesshomaru… – Apenas era capaz de decir algo Kagome al ver a frente a si a Sesshomaru.

– Miko – Saludo de forma cortante a la pobre Kagome que estaba en estaba muy asustada y estaba temblando de miedo.

Entrando en cuenta de que tenía algo muy importante que proteger Kagome rápidamente cubrió su vientre con sus manos y pensaba en una forma de escabullirse de su captor.

– No te atrevas a intentar nada estúpido – Advirtió él adivinando lo que ella pensaba hacer.

– ¿Porque me trajiste aquí?, ¿Qué me vas a hacer? – Preguntó casi temblando ella.

– Cállate, estas aquí por eso – Dijo el apuntando al vientre de ella. – Un hanyou no puede ser un primogénito Taisho.

– Esa no es mi intención… yo solo quería vivir tranquilamente.

Él no sabía que decir, se echaba la culpa porque si no la hubiera traído a su hogar no estaría en esta situación con ella, y todo por un tonto sueño que en este preciso momento ni recordaba, maldito sean su precipitada reacción.

– Ahora que ya aclaro sus dudas lord del oeste ¿puedo irme?.

La pregunta de Kagome saco de su divagación a Sesshomaru y este respondió un rápido y definitivo. – ¡No!

Kagome se levantó de la cama molesta y le hizo frente a Sesshomaru. – Tú no puede impedirme que me valla así que, ¡quítate de mi camino!

Era verdad lo que ella decía él no era nadie para impedirle irse, pero pese a eso no quería que se valla. El verla parada frente a él sin la menor duda de vacilación o miedo en sus palabras le hizo recordar cuando esa humana ayudo a derrotar a Naraku, se veía echa toda una fiera.

– Y bien ¿te quitaras de mi camino o tendré que abrirme paso? – Kagome apenas podía creer lo que estaba haciendo, ella estaba enfrentando al arma perfecta. Miedo o no, ella solo sabía que no iba dejar que este demonio hiciera lo que quisiera con ella, él ya le rompió el corazón ¿que más quería de ella?...

– El hanyou q…

– Es mi hijo y no tiene relación contigo – interrumpió groseramente lo que él iba de decir. Sin esperar a que el demonio continuará con sus tonterías (desde el punto de vista de Kagome) ella salió de la habitación dando grandes pasos.

En su larga vida nunca nadie lo había tratado tan groseramente, y ahora esta humana no solo lo interrumpió sino que lo dejo con la palabra en la boca. Debería estar molesto pero alguna razón no lo estaba de echo tenía una muy, muy ligera sonrisa en el rostro…

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Lo más rápido que pudo Kagome se alejó de la presencia de ese demonio.

Que se creía él, primero la rapta del bosque y luego le empieza de decir tonterías sobre su hijo. Para este punto Kagome se preocupó porque no sabía cómo él la había encontrado, ella se había encargado de ocultarse por el bien de su bebe… después de lo que Sango le conto que pasaba con algunos hanyou.

Según lo que Sango le dijo algunos youkai tenía la mala costumbre de matar a su descendencia al no considerarlos dignos por la mezcla de sangre. Y también… Sango le había advertido que él podría matarla… por la marca que ella llevaba. Por el momento ha podido camuflar la marca y el olor que desprende que tiene pero no sabe por cuánto tiempo podrá hacerlo.

Sin saber cómo Kagome llego a un gran patio. Primero lo primero debe salir de ese lugar y luego pensar en las demás cosas.

De repente sintió que alguien la sujetaba de la cintura y que era elevada, cuando pudo tranquilizarse un poco ella centro su vista en el responsable del peor susto de este día.

– Sesshomaru?... ¿que pretendes?

Él solo la miro y volvió su vista al frente y dijo. – Ni siquiera pudiste encontrar la salida, te devolveré a ese bosque – Luego se quedó en silencio y no dijo nada más.

Kagome apenas podía similar tanta cortesía de parte del demonio. Incluso ella lo veía de forma muy sospechosa.

Cuando llegaron al mismo punto del cual Sesshomaru arrebato a Kagome el demonio la dejo y se fue sin decir nada.

– ¿Estará enfermo? – Se preguntó a si misma la pelinegra mientras veía al demonio irse. No le dio más importancia al tema y recogió la canasta que traía por la mañana y se fue hacia su pequeño hogar, ya se hacía de noche y tenía hambre.

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Con Sesshomaru.

Decir que hoy fue día más confuso de su vida sería poco, después de que le dijo que no la dejaría ir, él personalmente la lleva de regreso. Pero ¿qué le estaba pasando?, ¿sería que ella le hizo algo?, imposible es solo un ser humano… pero entonces ¿qué era lo que lo tenía as?

– ¿Amo?...

– ¿Qué quieres Jaken? – Ya de por si el día de hoy estaba muy irritado el lord y ahora el pequeño lambiscón aparece para fastidiarlo más.

El pobre sapo ni siquiera supo que hizo mal, para ver a su amo tan enojada, él solo vino a recordar algo. – Amo, su madre pidió que la visitara creo que tiene un tema importante que tratar con usted – Se apresuró a decir el sapo mientras se postraba esperando que su amo no descargue su furia con él (como comúnmente suele pasar), para su mala suerte hoy no fue una excepción. Momentos después se vio como algo salía volando de la mansión del lord del oeste.

Ya más animado Sesshomaru se fue rumbo a sus aposentos a descansar un poco. Se sentó cerca al borde de la ventana mientras sentía como el viento mecía su larga cabellera.

– Deberías ser más amble con ella – Comento perezosamente su Yako haciendo que el demonio frunciera el ceño.

– ¿Por qué debería?

– Solo es una recomendación… – Después de eso Yako ya no hablo.

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Con Kagome.

Kagome vivía cerca del bosque, curiosamente encontró una cueva que estaba relativamente cerca de la aldea a la cual ayudaba, aunque al inicio el jefe de la aldea le había ofrecido que viviera en la aldea pero ella negó dado que tenía intenciones muy claras, ayudar a youkai y humanos por igual. Y lo más probable seria que la gente se asustara al ver youkai saliendo y entrando de la aldea, por ese motivo ella vivía fuera de la aldea.

A pesar de que el lugar en el que vivía era una cueva, Kagome logro hacer que ese lugar se volviera confortable. Cerca había un rio y estaba rodeada de un bosque lleno de vida además de que los aldeanos siempre traían algunos de los productos que cosechaban, desde que llego fueron días pacíficos… o lo eran hasta que Sesshomaru la encontró.

– ¿Por qué ahora?, ¿no podías simplemente olvidarte de nosotros? – Dijo al tiempo que acariciaba su vientre. – tres meses más y nacerás… o siento, quería que viviéramos tranquilos y ahora creo que eso no será posible.

Sin nada de apetito Kagome se acostó a dormir, mañana debería ir a la aldea y de seguro se la pasaría curando a alguno que otro aldeano.

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Al día siguiente, Sesshomaru muy a su pesar se fue a ver a su madre. Al llegar a la residencia de su madre, al llegar fue respetuosamente saludado por los sirvientes de su madre y conducido hacia una terraza en la que su madre estaría esperando. Al llegar vio a su madre entada tomando té acompañada de dos visitantes.

Uno de los extraños era un demonio con una larga cabellera plateada, una tez blanca como la leche, ojos color aguamarina y estaba vestido completamente de blanco. En contraste el otro individuo que era el más peculiar de ambos tenía una máscara que cubría la mitad superior de su rostro y llevaba una especie de turbante en la cabeza, también iba vestido de blanco solo que en contraste con el primero su forma de vestir era simple.

– Sesshomaru, es bueno verte. ¿Cómo has estado? – pregunto cortésmente Irasue mientras le indicara que se acercara para tomar el té con ellos.

– He estado bien – Apenas contesto.

– Deja presentarte a nuestros invitados. Él es el señor Yukio, y el joven a lado de él es Kaito; ambos vinieron de visita por un par de días. Espero que no te incomode que pasen algo de tiempo en tu palacio.

– Es un gusto conocerlo joven heredero de la familia Taisho, su madre no conto sobre su hospitalidad y esperamos no ser un problema – Dijo el Yukio con una sonrisa risueña.

– Madre…–Sesshoamru estaba muy irritado pues no esperaba algo como esto. Simplemente había pensado que su madre lo había llamado para decirle algunas cosas sobre cuando iba a busca compañera o le comentaría sobre algunas buenas candidatas y ese tipo de cosas, no esperaba que su madre le lanzara literalmente dos tipos de dudosa procedencia para que vivan en su palacio del oeste.

Pero tomando en cuenta que le debía una a su madre por salvar a Rin y también que esas personas no deberían tener un trasfondo simple al ver el modo amable en que su madre los trataba, eso sin mencionar la mirada peros que su madre le lanzaba y que prometía que tomaría represalias si se negaba, pensó que esta única vez sería prudente acceder.

– No tengo inconvenientes en que se queden un par de días…

– Me alegra oír eso – Dijo Irasue sonriendo.

Después de un incómodo silencio Irasue se despidió de todos dejando con la responsabilidad de los invitados a Sesshomaru. Seguido de sus acompañantes Sesshomaru se fue a su palacio; al llegar instruyo a sus sirvientes que trataran con el máximo esmero a sus invitados, luego dejo as sus anchas a los dos extraños.

Ya instalados Yukio y Kaito estaban cerca de un estanque tomando algo de té mientras disfrutaban de la vista.

– Es una hermosa vista – Comento tranquilamente Yukio. – Muy tranquilo…

– Es verdad Yukio sama.

– Te he notado muy tenso desde que llegamos Kaito.

– Lo siento mucho Yukio sama, es solo que esta situación es un poco tensa para mí. Espero me disculpe – Dijo el joven al tiempo que hacia una reverencia.

– Tranquilo niño, te comprendo intenta aparentar más calma. Las cosas se harán como ya estaban estipuladas. Los cielos no perdonan fácilmente y hay ciertos tabúes que son imperdonables; Sesshomaru Taisho cometió el peor de los tabúes, debe ser castigado adecuadamente. Simplemente cumpliremos con el mandato que se nos dio y luego podremos volver a los cielos.

– Pero Yukio sama… ¿que pasara con el debido de la shikon no miko? – Pregunto preocupado el joven del turbante.

– Sobre eso… – Yukio entrecerró los ojos y su semblante se volvió duro. – Es verdad que ella rogo por ese él pero ella debería echarse la culpa por haber llamado la atención de quien no debía – Dijo mientras sonreía y bebía tranquilamente un sorbo de su bebida.

– Yukio sama… – el joven Kaito estaba un poco impresionado por la sonrisa cruel que llevaba su señor y por un momento sintió algo de pena por el lord del oeste.

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Ya era por la tarde y Kagome regresaba a casa después de un largo día de trabajo, como ella imagino había gente a quien curar. Esto la había dejado sin su despensa de hierbas medicinales, en los posteriores días tal vez debería ir a recolectar más. Salir aun corto viaje no sería una mala idea.

Al día siguiente Kagome alisto todo lo que necesitaba para un viaje corto d días fuera. Iba caminando tranquila con su fiel mochila amarilla preguntándose si lloverá cuando sintió la energía de un ser por de más molesto para ella.

– Sesshomaru – Dijo al tiempo que el demonio aparecía a su vista. – ¿A que debo el honor de tu presencia? – pregunto con obvio sarcasmo la pelinegra.

– ¿No se supone que las hembras humanas cuidan de si cuando están esperado cachorros? – Pregunto Sesshomaru dejando de lado la pregunta de Kagome.

– Eso no te importa, yo se cuidarme no saldría si supiera que pongo en riesgo a mi hijo o a mí. Además ya necesito algunas hierbas medicinales. Ni siquiera sé porque te explico na tiene nada que ver contigo – Molesta consigo misma Kagome solo se apresura para estar fuera de la presencia del youkai.

Después de media hora caminando Kagome volteo hacia atrás y hubiera deseado no hacerlo porque en contra de cualquier sentido común vio a Sesshomaru siguiéndola de cerca.

– ¿Acaso no tienes nada que hacer además de seguir a las personas?

Él no dijo nada y solo se paró a una distancia de tres pasos de ella. Kagome se cansó de esperar una respuesta y continúo con su viaje. Ara su desgracia parecía que Sesshomaru se había auto invitado a su pequeña travesía y no había modo de hacer que se valla.

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Continuara…