Desde el día que se había presentado el primer retador, Ranma había cambiado su manera de actuar. En un primer momento la sorprendió que dijera que él era su único prometido, pues aunque la relación no había retrocedido, tampoco es que hubieran avanzado mucho hasta el momento. Parecía que ambos vivían el compromiso más como la consecuencia inevitable de algo, pues aunque no había duda que ambos muchachos se amaban, ninguno se había atrevido a decirlo y mucho menos a actuar como enamorados.
Para colmo, Tsubasa se había presentado haciendo declaraciones de índole sexual, y aunque Akane no se espantaba, hasta ese momento no le había pasado por la cabeza los cambios que tanto Ranma como ella habían sufrido en sus cuerpos. Para colmo, claro que sintió claramente el toqueteo al que su prometido la había sometido ese día; en cuestión de segundos había abarcado y sopesado todo lo que su alcance estuvo, sin ni siquiera darle tiempo a reaccionar a la chica al sentir su cuerpo invadido.
A la hora del combate, ella se dedicó a estudiar el cuerpo de Ranma: alto, de espalda ancha, musculoso por donde se le viera, andar recto y orgulloso, guapo, deseable ¡Oh, maldición! Claro que se lo comería sin dudarlo ¿Cómo no lo advirtió antes? Bueno, no es que no se hubiera dado cuenta que se había puesto bastante suculento, era solo que evitaba pensar en él de esa forma o la que terminaría loca sería ella, por lo que siempre evitaba internamente el tema.
Actualmente parecía que Ranma se encontraba enojado con ella todo el tiempo, como si fuera la culpable de que una serie de idiotas se presentarán cada dos por tres en la casa diciendo estupideces, aunque ella le hablara le respondía más bien con gruñidos que con palabras, evitaba su mirada y su presencia más.
-¿Qué le pasará a ese bobo? – pensaba la chica cuando escuchó el "gruñido" de Ranma con su nombre.
Ella se encontraba sentada junto al estanque cuando el joven la encontró, la levantó con brusquedad sujetándola de la mano y una vez que estuvo parada la cargó entre sus brazos sin ninguna delicadeza mientras le decía:
-Ven, necesitamos hablar… A solas – esto último lo recalcó con una voz bastante grave, lo que provocó un leve escalofrío en la piel de Akane, dejándola en un estado de total mutismo y docilidad.
No pasaron mucho tiempo así, Ranma dejó a Akane en el piso justo enfrente de los columpios de un parque no muy lejano al Dojo que era poco frecuentado pues más bien parecía escondido de la civilización.
Akane se quedó estática en el lugar donde la había dejado, sin saber que hacer. Respiró profundo un par de veces y se dirigió a uno de los columpios para comenzar tímidamente a balancearse. Intentó comenzar una plática casual.
-No conocía este lugar, está muy bonito, qué mal que no mucha gente lo disfrute- dijo la chica con la voz más natural que pudo fingir.
-No venimos aquí para hablar de eso- le contestó Ranma acercándose a ella hasta quedar casi de frente -dime, Akane… ¿ tu… estás a gusto con nuestra relación?- soltó sin más.
Akane no se esperaba esa pregunta tan directa, y lo único que su cerebro alcanzó a procesar en un tiempo tan corto fue lo que preguntó:
-¿Nuestra relación?
-Si, es decir, estamos prometidos, vivimos en la misma casa desde hace 5 años, somos más que amigos ¿O no? – lo último lo dijo el chico con un dejo de duda en su voz.
-¿A qué viene todo esto, Ranma? Desde hace 2 semanas no me hablas, me evitas y pareces enojado todo el tiempo, no sé que pude haberte hecho tan malo como para que me des ese trato, y de buenas a primeras me secuestras y comienzas a hablar de nuestra relación ¿Cómo quieres que te responda? – decía la chica mientras bajaba la cabeza, ocultando sus cristalinos ojos tras su flequillo.
Era ahora o nunca, el momento de sincerarse había llegado y ahí estaba él, clavado al piso sin poder avanzar hacia aquella chica objeto de su afecto y de su deseo, sin poder emitir sonido alguno y apenas recordando cómo respirar.
Respiró profundo, juntó el poco valor que el coraje le había dado hasta ese momento y se acercó a Akane, se paró frente a ella en el columpio y se agachó. Tomó su rostro con delicadeza con apenas dos dedos de su mano y lo levantó para que lo mirara, cuando vio esos hermosos ojos cafés frente a él buscando respuestas, las dudas desaparecieron. Se acercó lentamente, como pidiendo permiso y dándole a la chica oportunidad de reaccionar incluso con violencia si así lo quería, cerró sus ojos y juntó sus labios con los de ella en un dulce y casto beso, esperando el golpe que lo mandaría estrellarse a la pared. Pero ese golpe nunca llegó, en su lugar estaban los labios de Akane correspondiendo tímidamente aquel beso, sintió cómo la cálida y pequeña mano de ella también le tomaba el rostro y comenzaba a rodear su cuello; su propia mano comenzó a bajar por el brazo de la chica hasta alcanzar su cintura, sujetándola gentil pero firmemente para ayudarla a levantarse del columpio sin perder el contacto entre sus labios y así poder abrazarla entera. Sus cuerpos hicieron contacto, sintieron como si mil corrientes eléctricas recorrieran su piel, no sabían cuanto podía durar ese momento, y tampoco les importaba.
La primera en atreverse a separarse un poco fue Akane, pero su intención, más que terminar aquel contacto, era deleitarse recorriendo los labios de Ranma con su lengua, tratando de memorizarlos a la perfección. Al chico no le molestó ese cambio, al contrario, lo tomó como una invitación que lo daba acceso libre a su prometida. Estrechó más el pequeño cuerpo que tenía entre sus brazos, comenzó a delinear la cintura con ambas manos, de arriba abajo y de atrás hacia adelante, hasta que en un arrebato de osadía, comenzó a bajar sus manos hacia los glúteos de la mujer, apretujándolos cadenciosamente y en el mismo movimiento acercando más sus caderas. Akane contrarrestó el atrevimiento mordiendo sensualmente el labio inferior de Ranma mientras lo invitaba a invadir su boca a la vez que acercaba cada vez más sus pechos al torso de él.
Las manos de ambos viajaban libres por el cuerpo del otro, sintiendo por encima de las ropas los secretos que sus anatomías aún guardaban debajo de sus prendas. Próximo a ellos se escuchó un ruido de follaje, que los indujo a detenerse, separándose lentamente y sin perder el contacto de sus frentes. Poco les importó qué había producido el ruido, sus respiraciones eran agitadas aún y sus manos se rehusaban a soltarse.
-Akane, yo…- comenzó el joven diciendo.
-No, Ranma, no digas nada, cada vez que abres la boca algo pasa, mejor déjalo así… a mí me… me… gustó- Fue lo último que la chica pronunció antes de tomarlo de la mano y jalarlo rumbo a la casa.
El trayecto fue corto y silencioso, en ningún momento se soltaron las manos e iban caminando muy juntos para que no fuera tan notorio el agarre. De improviso, Ranma tiró de la mano de Akane para girarla y acorralarla contra la pared de la entrada, bajó sus labios cerca del lóbulo de la oreja de ella para que nadie más escuchara y le dijo:
-A mí también me gustó… y mucho – finalizó depositando un húmedo beso en el cuello de la chica y la empujó para que cruzará primero el portón. Luego colocó sus manos por arriba de su cabeza y caminó casual.
-Eso es trampa- dijo Akane aún nerviosa y lo siguió rumbo a la estancia donde se encontraban todos reunidos para cenar.
