Se puso los pantalones a duras penas mientras la humana lo miraba confundida.
-¿Entonces sencillamente te acostaste conmigo por que estabas borracho?
-¡Sí!-Gritó Terass apurado.
-Pues qué pena, por que no lo hiciste nada mal ¿eh?-Se lamentó con una sonrisa pícara. Terass se sonrojó como un tomate mientras se ataba el chaleco de cuero curtido sobre la camisa de lino que acostumbraba a usar. Recogió el arco y la espada.
Ya se disponía a salir cuando la mujer humana se levantó de la cama y se empezaba a vestir.
-Espérate, que me voy contigo.
-¿¡Qué!?-Gritó el elfo anonadado.-¡Oye, que esto sólo fue una noche de borrachera, nada más!
-Pues para mí no.-Replicó ella con dulzura. Terminó de vestirse, sólo llevaba unas prendas sencillas, cuero y tela, parecía una pirata, aunque a primera vista se podría decir que no lo era ni de lejos.
-Genial, es la última vez que bebo cerveza de la costa oscura.-Se lamentó saliendo por la puerta. La muchacha salió corriendo detrás de él a toda velocidad y se le encaramó a la espalda y colgó de los hombros.
-Sin mí no te vas.-Soltó una risita inocente. Terass resopló contrariado. A pesar de tener a una chica preciosa colgada por él, Terass estaba de mal humor.
Su corazón ya estaba ocupado por ella, por mucho que se esforzase en negarlo.
Salió por la puerta con la joven a rastras, todavía colgada de sus hombros.
-Oye, ¿pero por qué me ignoras?
-Entre otras cosas, no sé ni tu nombre.
-Kathleen.-Respondió riendo.-¿Acaso con la borrachera se te ha olvidado, Terass?
-No me acuerdo nada de lo que hice anoche, así que ni se te ocurra decirme nada más.
-Jope, pues ayer bien dulce que eras, me decías cada cosa…
-¡¡Que te calles!!-Estalló al final quitándose a la joven de encima, haciendo que ésta cayese de culo encima de la madera. Se llevó las manos a la cabeza y gruñó.-Dichosa resaca…
-Te está bien empleado.-Se levantó indignada frotándose la parte golpeada. Terass la ignoró y siguió andando. Ella lo siguió como si nada. Estaba decidida a ir con él, y parece que el elfo lo sabía. Aunque a esa humana se le pasarían las ganas de seguirle cuando viese a los enemigos a los que se iba a enfrentar para volver a Ventormenta de nuevo.
Pegó un silbido e Ysisnir, su sable de la noche apareció entre la maleza, con un conejo entre las fauces. El animal pegó las orejas al cráneo al ver a Kathleen, desconfiada. Terass la tranquilizó.
-No pasa nada.-Ysisnir tiró el cadáver del conejo a un lado y rondó a Kathleen, la olisqueo, e incluso se plantó frente a ella para ver si era una amenaza. Finalmente, la pantera estiró el cuello pidiendo una caricia de la humana. Kathleen alargó la mano tímidamente, temblando, sin saber las intenciones de la pantera. Terass ni se movió.
Finalmente, las manos rozaron el pelaje negro de la hembra de sable de la noche, negro y suave, atreviéndose a acariciar a la pantera con toda la mano. Ysisnir ronroneó complacida y se dejó acariciar un rato más, hasta que la joven empezó a juguetear con ella, y la pantera le siguió el juego complacida.
Terass se dio un golpe en la frente con la palma de la mano.
-Genial, ahora sí que no me despego de la niña esta.-Susurró para sí.-Ysisnir, vamos.-Se descolgó el arco y cargó una flecha en él, mientras la pantera dejaba de jugar con Kathleen y se adelantaba.
-¿Qué pasa?-Preguntó la muchacha.
-Que o nos damos prisa o todos los guerreros de la horda que hay en la Bahía se van a despertar y nos destriparán, por no decir que a ti te pasarían por la piedra antes de matarte.-Kathleen abrió los ojos como platos.
-Entonces nos vamos.-Echó a andar junto al elfo, sin separarse de él en ningún momento, siempre muy pegada a él o muy cerca. Terass trataba de ignorarla, aunque dada la belleza de la humana, le resultaba imposible no mirarla. E incluso su actitud, le gustaba cómo lo trataba… aunque aquel no era el momento para pensar en eso. Avanzaban entre la maleza con lentitud, hasta que llegaron a una especie de campamento, lleno de humanos, casi todos con espadas o con todas las pintas de ser magos o curanderos.
-Los hombres del general Kurzen…-Advirtió el elfo mientras se agazapaba sobre una colina. Kathleen no se bajó, por lo que Terass le dio un tirón de la mano y la hizo caer al suelo.
-¿Pero no son humanos de la alianza?
-Sí, pero rebeldes a nuestra causa.-Contestó. Ysisnir tenía las orejas pegadas al cráneo mientras gruñía un poco.-Así que te digo lo de antes, démonos prisa antes de que yo acabe con las tripas fuera y tú sabe Elune cómo.
-Oye, que también sé pelear.-Se palpó una espada larga que llevaba a un lado del pantalón de cuero
-Bueno,
pero no te arriesgues y sólo usa esa espada cuando lleguen a mí si
tenemos que entrar en combate.-contestó susurrando. De repente, a la
pantera se le cayó un coco encima de la cabeza y rugió, dando un
zarpazo a la fruta y dándole de lleno a uno de los centinelas del
campamento. Terass se dio una sonora palmada en la cara.-Ahora sí
que nos podemos dar por muertos.-Al principio hubieron risas
burlonas, pero después descubrieron al artífice de aquello, pues
vieron a la pantera y gritaron: -¡Es un sable de la noche!
-¡Un perro de los aliados está por aquí!-Oyeron los zumbidos de las espadas al ser desenvainadas, y Terass se levantó repentinamente, ya con el arco tensado.
-¡Un paso más y os dejo más agujereados que a un queso de Ventormenta!-Gritó con la intención de intimidar a los rufianes. Los primeros se rieron ante la amenaza, y luego los otros les siguieron. Sin embargo Terass no dudó ni un momento, aunque a Kathleen le pareció una locura haber hecho eso.
-¿Pero qué haces?-Le preguntó. Terass sonrió y otras tres flechas se materializaron paralelas a la que ya tenía cargada. Los enemigos enmudecieron al verlo, y se lanzaron a la carga, debían de acabar con él antes de que disparase.
Aunque no pudieron. Terass ya había disparado, derribando a tres de los diez bandidos. Ysisnir saltó sobre ellos como la fiera que era, derribando a dos, mordiéndoles y cortándoles la piel a base de zarpazos.
Terass repitió la operación de nuevo, errando un tiro y derribando a otros dos. Nunca fallaba, siempre daba en los puntos vitales. Kathleen obedecía a Terass, quedándose agazapada tras la colina mientras él disparaba, aunque se podía notar que aquel abuso de la magia de la que estaba haciendo uso hacía mella tanto en su integridad física como en la potencia de sus ataques. Ya cayeron todos los guerreros kurzen, aunque Terass no contó con que otros cuatro guerreros.
Sintió un mazazo en su cabeza, a continuación todo empezó a darle vueltas y vueltas, vio cómo Ysisnir era atrapada entre otros dos kurzen, también cómo Kathleen peleaba desesperada contra otros dos y cómo finalmente, ella también era apresada.
Entonces, sólo vio sombras.
"¡Déjame!" "Mira qué preciosidad, al general le gustará" "¡Maldito bicho, ahora te vas al redil con los otros tigres!"
Las palabras de Kathleen, los guerreros kurzen y los rugidos de Ysisnir no hacían más que repetírsele en sueños.
¿Por qué? ¿Por qué le estaba importando tanto aquella humana? No lo entendía. De nuevo las voces, ésta vez, mientras lo llevaban a donde estaba preso.
"Ya verás qué premio nos dará el jefe por llevarle a esta belleza" "¡Soltadme bastardos, cruces entre un orco y una elfa!"
Entonces se despertó.
Estaba atado de pies y manos, con una mordaza en la boca. Tirado en una habitación pequeñísima, sólo con sus prendas de cuero. Parecía estar en una casa, o en una choza. Era de noche y estaba a oscuras, la oportunidad perfecta para él… si no fuese por sus ataduras. Observó la estancia, olía a excrementos y a ratas muertas, una ventana estaba encima de él, con el cristal roto y los cachitos de vidrio estaban justo debajo de él. Empezó a buscar uno adecuado para cortar las ataduras de las manos, y efectivamente, al cabo de unos segundos, encontró un cristal afilado y del tamaño de una daga pequeña.
Lo cogió con destreza con ambas manos y empezó a cortar la cuerda de cáñamo. Se quitó la mordaza y desató los pies.
El siguiente paso: Conseguir su equipo. Gracias a su camuflaje nocturno, era como un camaleón por la noche. Se levantó con rapidez y presteza, caminando sigiloso como una serpiente por toda la habitación. Salió de la caseta y encontró a un centinela patrullando el campamento. Identificó su espada larga en su cinturón.
Se aproximó al humano con el sigilo propio de una pantera y la rapidez de un zorro acechando a su presa, y se situó detrás del guerrero. Una sonrisa de maldad se le dibujó en la cara. Agarró por detrás al hombre y le agarró la garganta con fuerza. Tanto apretó, que el humano apenas podía sino emitir un débil chillido, como el de una rata. De un último apretón, le arrancó la garganta, dejando un hueco entre el torso y la mandíbula. Cayó al suelo mientras por el cuello salía sangre a borbotones.
Terass tiró la garganta a un lado, mientras la sangre corría por su mano y cogió la espada del cinto del ladrón.
Lástima, era un hombre joven, y parecía prometedor como luchador.
Ahora faltaba su arco. Miró a sus alrededores y pudo ver el campamento donde estaban reunidos los centinelas exteriores. En el lateral de una de las tiendas pudo distinguir su arco y su carcaj de flechas.
Volvió
a acercarse con la rapidez de un leopardo y recogió sus armas. Un
centinela preguntó: -¿No ha sido eso una ráfaga de aire un
tanto bestia y repentina?
-Bah, ya sabes que la jungla es así de traicionera, Mark…-Terass se colocó el carcaj y cargó una flecha en el arco.
La siguiente etapa sería salvar a Ysisnir.
Conocía bien ese campamento, ya había estado allí más veces, cuando los bandidos estaban haciendo sus trabajos de pillaje. Fue a la jaula de los tigres y encontró a Ysisnir peleando con dos tigres macho. Tensó el arco y disparó una flecha a cada uno de los animales. Acto seguido, liberó a Ysisnir de una patada a la puerta de la jaula.
La pantera ronroneó de alegría al verle y despegó las orejas del cráneo.
Sólo faltaba una cosa.
En el interior de la cueva, lugar que les servía de cuartel de operaciones, Kurzen, alto, corpulento, con el pelo casi rapado, todavía conservando su vieja y maltrecha armadura de la alianza tirada a un lado, mientras él la estaba persiguiendo en calzones, riendo y gritando, ebrio de vino:
-¡Ven aquí, preciosa!-Ella corría con la velocidad que tenía un sable de la noche, sin pronunciar palabra, deseando que llegase Terass y la librase de aquel borracho…
Aunque sabía que no iba a venir. Por encima estaba desarmada e indefensa, y si pretendía hacerle daño al general, Terass e Ysisnir acabarían muertos, se lo habían dicho antes de haberla dejado a solas con el líder. Sin embargo, Kathleen se equivocó. Unos instantes después, un cuerpo cayó escaleras abajo rodando, uno de los soldados de élite de Kurzen, gritando y rugiendo. A continuación, una flecha se le clavó en el cráneo. Terass bajó de un salto, cubierto de sangre ajena, de cabeza a pies. Tensó el arco en dirección al bandido.
-¡Ponle una mano encima y creo que tendrás en la cabeza un agujero más a parte de los que usas para respirar!-Kathleen paró de correr y sonrió de alegría al ver que Terass estaba decidido a no dejarla allí a su suerte. Kurzen cogió una espada corta y rió.
-¿¡Te pienshas, elshfo eshtúpido, que voy a rendirme ashí como ashí!?-Dio un hipido y Terass negó para sí. Guardó el arco y sacó de una de las fundas del pantalón de cuero una daga y se acercó al general. El bandido lanzó cuatro o cinco tajos sin sentido hacia él, aunque no llegó ni a rozarle, pues Terass los esquivó sin dificultad, ya que eran cortes sin destino, lentos y pesados. Desarmó al general de una patada en la mano y lanzó la espada corta lejos de él. Le puso la daga en el estómago.
-No creo que te vayas a rendir siquiera.-Apretó un poco y el borracho gruñó.
-Eshtúpido…-Levantó la mano como si fuese a dar un puñetazo, pero Terass bajó la daga hasta los genitales.
-Un solo movimiento y me parece que vas a ser un eunuco. A mí posiblemente me dejes el ojo negro, pero a ti no te va a crecer otra poya.-Kurzen gimió de miedo al notar el metal contra él en aquella zona y bajó el brazo. Por muy borracho que estuviese, aún conservaba el sentido común.-Ahora…-Terass apartó la daga y a cambio le propinó un cabezazo en toda la frente al villano, haciendo que éste cayese al suelo inconsciente.
-Eso por haberme dado el mazazo en la cabeza. Tus hombres son el precio a pagar por ella.-Señaló a Kathleen con el cuchillo hablando con el inconsciente Kurzen. Ella sonrió halagada.
-¿Nos vamos?-Preguntó mientras recogía la espada larga del general.
-Nos piramos.-Asintió el elfo mientras Ysisnir bajaba las escaleras, con un pedazo de tela entre los dientes.-Apuesto a que te lo cargaste, ¿verdad?-La pantera asintió con las orejas despegadas del cráneo. Terass rió un poco y le acarició el cráneo.
Siguieron su camino hasta llegar al campamento rebelde, sin incidentes, y a continuación, hasta Darkshire.
Estaban a salvo, al fin.
