No tengo gran cosa que decir, esta viñeta comencé a hacerla tras terminar la otra, la dejé allí y hoy, tras pasar un día 'bueno', decidí que era hora de terminarla y subirla. No tengo beta porque ya nadie quiere quemarse los ojos conmigo, así que si hay errores, agradezco ser notificada mediante reviews ;)
— Viñeta 2 —
Palabras: 1292
Género: Fluff, diabetes, azúcar... y unas pinceladas de hurt/comfort.
Summary: «¿Te sientes mejor?» «Contigo es imposible sentirse mal.»
Peregrina
II: El Jazz de las lágrimas
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—Si algo puedo decirte, Kazue, es que creo que cantar es como cocinar —deslizó otra vez el plato que ella negaba a comerse porque las lágrimas le habían quitado el apetito.
—¿Como cocinar? —Le miró largamente a los ojos y volvió a intentar comer.
—Si lo haces con el corazón, se nota. Si no, sale mal, incluso si has sido bendecido con el talento, ¿quieres hacer conmigo la cena?
No había caso.
Cada vez que quería ponerse triste porque su segunda pasión luego de hacer sonrojar a Daisuke Motomiya, un hombre entrado ya en sus cuarenta y tantos, le causaba angustias terribles. Luego de que la ópera no se le diera del todo bien (aún con su resistencia no lograba cantar tanto rato sin sentir que iba a terminar desmayándose), rehusándose terminantemente a cantar pop, habiendo probado hasta el góspel, comenzaba a sentirse desesperanzada. No, no importaba cuán buena fuera tocando el piano o el violín, su tutor de carrera quería sacarle el máximo provecho a su voz.
«Si cantaras pop, serías la nueva Madonna o incluso llegarías al nivel de Lady Gaga. Incluso, podrías ser como Norah Jones…», «Si decidieras por el jazz, serías ¡ni más ni menos que la nueva Ella Fitzgerald! Pero japonesa. O quizás una nueva Billie Holiday.», «Las cantantes japonesas con tu registro vocal, creo que, ni siquiera existen, ¡tu voz ha sido un don caído del cielo!» De alguna manera, cada día, su tutor intentaba persuadirla de que su presentación de grado como intérprete fuera precisamente vocal. «¡Bah, para el talento con los instrumentos tienes a Miya Masaoka, japonesa, estrambótica y talentosa!», incluso si ella en su vida había sabido cómo tocar un koto o algo por el estilo. Se planteó incluso que podría tocar algún instrumento de viento, dándolo por descartado casi de inmediato: si no pudo con la ópera, ¿qué le hacía pensar que, por decir, con un saxofón o un trombón sí? ¡Con mucho sabía tocar un clarinete! Y, si era sincera, le traía recuerdos de chicos raros e introvertidos de la escuela secundaria. Y no, recuerdos muy vergonzosos de la misma época, ¡en ese tiempo era un orgullo ser la primera flauta de la orquesta escolar! Además que a los trece años sus pulmones tenían más aguante; nunca había fumado ni salido de fiesta hasta tarde a esa edad. Once años más tarde algo de mala vida, malas elecciones y cigarrillos fumados en épocas de estrés le pasarían la cuenta.
—¿Sigue intentando convencerte con lo de la nueva Billie Holiday? A mi abuela le gustaba, pero como muchas otras cantantes llenas de talento, la droga la terminó matando. Y yo no quisiera que terminaras como ella. O aún peor, como Amy Winehouse o Janis Joplin… ¡algo sé de música! —Daisuke, ahora haciendo las finanzas, conversaba con ella tras almorzar juntos.
—Y debo decir que tus gustos son bastante buenos, pero tranquilo, no moriré porque mi hígado no aguante mis vicios o porque estaba tan desesperada que acabé inyectándome heroína directamente en la cabeza —le sonrió, curiosa en lo que buscaba Motomiya.
Daisuke negó con una sonrisa, su humor sarcástico, ¿de quién lo habrá sacado? Seguramente de su padre, donde todos veían a un hombre virtuoso e incapaz de matar una mosca, Daisuke sabía que allí se escondía un pequeño bastardo de humor sarcástico. Obvio, tenía de dónde salir.
—La diferencia entre tú y Janis, mi pequeña, es que no estás sola. Y eres mucho más centrada.
Se rieron ante esa comparación. Claro que ella no era como Joplin. Y si debía sincerarse, no le llegaría ni a la suela de los zapatos.
—¿Sabes algo? Usualmente te gusta oírme cantar mientras me amas, pero me gustaría cambiar la rutina… ¿y si escuchamos a Janis?
—¿Te sientes mejor?
—Contigo es imposible sentirse mal.
—Esa es mi lucha actual, mi pequeña —se rió el mayor, acariciándole el cabello por sobre la distancia que les suponía la mesa del comedor—. Pero estoy bastante atareado con estas cuentas ahora mismo, ¿por qué no aprovechas de ensayar? Aquí mismo, si gustas, no me molestas nada.
—Vale, vale —se levantó de su asiento y le abrazó por los hombros, repartiendo besos desde sus mejillas a su barbilla un par de veces—. No te has rasurado, creo que me agrada tu barba de tres días.
—Cinco —corrigió con suavidad, atrapándola con un brazo para besarla en los labios—. Deja de provocarme, tramposa y ve a ensayar.
Se deshizo del abrazo con mucho trabajo de su parte, yendo a su habitación (nada más que una fachada) a buscar su ordenador e instalándose en la sala de estar, Daisuke la escuchó toda la tarde buscando canciones y no parecía convencida. Quizá podría ir a darle una mano… no, esta batalla le tocaba lidiarla a ella.
La escuchó pasar desde lo más nuevo a lo más clásico, pasó por las canciones tristes de Amy, las canciones cargadas de emoción de Janis, las variantes de Gaga… y sólo entonces soltó una risa al escuchar que Billie fue una de sus elecciones, ¿cómo supo? No habría estado más de dos horas buscando una canción.
—Prueba con Born to love, Cheek to Cheek o Loveless Love.
—Espera, ¿has estado buscando todo el tiempo? —Se levantó de manera impetuosa del sofá—. Claro, puedes buscarme parte de la tarea, pero eres incapaz de…
—Tengo una mejor idea y es I Only Have Eyes For You.
—No seas tan egocéntrico —relojeó los ojos y volvió a sentarse para buscar las canciones, mirar partituras, las líricas, escucharlas y finalmente sólo asintió—. Vale, ya he elegido. Déjame ir a buscar el teclado a ver si puedo interpretarla mientras canto.
De verdad, Daisuke pensaba, que desde que ella se había ido a vivir a su casa, todos los días eran diferentes, es decir, ¡no todos los días una chica tan linda tocaba algo casi como un piano sólo para ti!
—Y ya sé qué darle en su próximo cumpleaños.
De madera oscura y grande, debería mover algunas cosas en la sala, pero allí situaría el piano de cola que tenía en mente.
No se movió de allí, a pesar de su avasalladora personalidad, su pequeña aún se ponía nerviosa cuando alguien más la miraba cantar. No, de seguro era cuestión de ella con su persona nada más.
My love must be a kind of blind love,
I can't see anyone but you *
Escucharla cantar era una delicia siempre, una voz demasiado potente para venir de alguien tan pequeña y delgada, como si sus dedos conocieran de memoria cada tecla, sus dedos finos sin duda se deslizaban suavemente por las teclas blancas y negra.
Falló algunas notas, su voz se elevó de más en otras, ¿qué sucedía allí? Se levantó en el acto para ir a verla, pero al entrar a la sala, la encontró de espaldas a él, sus hombros estaban temblando ligeramente.
—¿Kazue, sucedió algo? —La envolvió cálidamente en un abrazo por la espalda, acariciándole los hombros—. ¿Todo bien, preciosa?
No le respondió. Volvió a insistir.
—D-descuida, sólo… sólo acabo de comprenderlo —volteó a mirarle, sí, con los ojos rojos por el llanto, pero con una sonrisa de oreja a oreja—. Cantar es como cocinar, puede conmoverte el resultado. Y seguí tu principio, he… he puesto todo el corazón en cantar, en tocar y… he aprendido plenamente el sentido de interpretar.
Volvió a tocar el teclado, dejando que Daisuke se fuera a sentar en uno de los sofás. Nunca en sus veinticuatro años había sido tan feliz al interpretar una pieza.
—¿Y qué le dirás a tu tutor, pequeña?
—Que seré su nueva Billie Holiday, pero sin las drogas —tras acabar, apoyó las manos sobre el teclado—, y que me dedicaré al jazz.
— 2 —
*: I only have eyes for you - Billie Holiday.
Casi todo lo mencionado, hace alusión directa o indirecta al jazz. En tanto, Janis Joplin anda entre el Rock&Roll y el blues.
Tened un feliz año nuevo, si es que no actualizo en estos días :'D
Carrie Summertime
