-Extraños-
Ya había transcurrido un mes desde que Joey lo hubiera dejado y las cosas no podían ir peor para Seto Kaiba. Si antes el trabajo lo absorbía, ahora mucho más. Se la pasaba desde tempranas horas de las mañana hasta ya muy entrada la madrugada. Ahora hablaba menos, sólo lo hacía por necesidad.
Él desde el principio había dictado a sus amantes que sus amoríos serían sólo de una noche, y así había sido, pero pobres de los que trabajaban para él en la KC porque tras el abandono de su cachorro fueron inmediatamente despedidos sin posibilidad de encontrar trabajo en cualquier otra empresa, de eso el CEO se había encargado.
Los odiaba, a cada uno de ellos los odiaba, pero claro, a quien más odiaba era a sí mismo.
Todavía no encontraba razón por la cual le había sido infiel a su rubio, si con él por fin se sentía completo, Joey y Mokuba le daban el cariño y amor que tanto necesitaba. Moki era sin duda el mejor hermano apoyándole incondicionalmente y Joey, un amante fiel y entregado, claro, sin perder esa rebeldía que tanto amaba… no tenía lógica lo que había pasado.
No podría decir que había sido por insatisfacción sexual, ¡por los dioses! Si las noches que pasaba con el rubio habían sido las más placenteras que había tenido en toda su existencia.
No conozco tu rostro, no más
O sentir el toque que adoro…
Ya eran alrededor de las tres de la mañana cuando llegó a la mansión Kaiba.
Como siempre, llegó agotado a darse una ducha rápida para en seguida, caer dormido. Ya no quería pensar en Joey, dolía tanto que le era insoportable.
Lo sentía por Mokuba, su pequeño hermano seguramente estaba preocupado por él, pero realmente lo habían derrotado, y ni siquiera podría decir que seguiría luchando por recuperar a Joey, sabía muy bien que no merecía esa segunda oportunidad.
Dieron las seis de la mañana en punto y el despertador resonó por toda la alcoba. El castaño se levantó de su cama con pereza y de mismo modo se arregló para ir a su afamada empresa, aunque no contaba con que al abrir la puerta de su habitación se encontraría a su hermano menor esperando por él.
-Seto, ¡por Dios! ¿A qué hora llegaste ayer? Casi no estás durmiendo y tampoco comes. Más te vale que mínimo me acompañes a desayunar antes de irte a encerrar a esa oficina tuya- decía un alterado Mokuba
-Lo siento Moki, pero no puedo, tengo que ir a taraba…
No conozco tu rostro, no más
Es sólo el lugar por el cual estoy buscando
-Nada de que no puedes, Seto-cortó de tajo- tú puedes llegar a la hora que se te de la gana, así que me acompañarás a tomar el desayuno, y no me vas a hacer la gracia de sólo verme, porque también tú vas a comer. No sólo eso, te voy a platicar de lo que he hecho en la escuela y tú me escucharás atentamente y darás tu opinión- jalaba de la manga de la gabardina blanca a su hermano con la cabeza baja mientras su voz se iba entrecortando a cada palabra que decía, cosa que obviamente notó el Kaiba mayor
-Mokuba-pronunció Seto por en voz baja, haciendo detener el andar de su hermano que seguía con la mirada pegada al suelo
-Seto… yo… yo…ya no quiero que estés así. Hace semanas que no te veo. Siempre sales de la casa antes de que siquiera yo despierte y cuando regresas, ya estoy dormido. Las únicas veces que te he podido ver, es cuando voy de visita a la compañía, pero sólo son pequeños instantes porque siempre pareces estar tremendamente ocupado- las lágrimas por fin comenzaban a surcar su rostro, por lo que rápidamente las fue secando con las manga de su uniforme escolar, hasta que sintió cómo su hermano lo volteó y abrazó con fuerza.
-Perdóname Moki- apretó contra sí el pequeño cuerpo de su hermano- Esta bien, te acompaño a desayunar- se separó un poco para quedar viendo en los profundos ojos gemelos y dedicándole una frágil sonrisa, de esas que ya no había podido esbozar desde hacía ya un mes.
Podríamos ser extraños en otro pueblo
Podríamos ser extraños en un mundo diferente
El pequeño Kaiba le regresó el gesto, sólo que la alegría sin duda le irradiaba multiplicada por mil. Tomó con fuerza la mano de su hermano mayor y juntos se encaminaron hacia el comedor, donde se les sirvió la comida segundos después de que se acomodaran en sus respectivos asientos.
Cabe mencionar que la servidumbre se vio sorprendida de ver al jefe de la casa después de tanto tiempo, así que le atendieron como se lo merecía, ya extrañaban el rostro y voz de su patrón, aunque seguían preguntándose a donde había quedado su joven y rubio señor.
En ese tiempo Mokuba no dejaba de platicarle a Seto lo que le pasaba en la escuela, que si los profesores estaban totalmente locos, que si la niña nueva del salón es rara, etc., etc.Total que Moki prácticamente le contó con lujo e detalle todo lo que le pasaba en su vida de adolescente, sin mencionar, por el bien de ese momento y de la salud mental de su hermano que había estado viendo a Yugi y demás con normalidad, y eso, claro, incluía al cachorro dorado de ojos mieles, aunque bien sabía que era más que obvio. Bueno, al menos había podido convivir con su querido nii-san como tanto había estado deseando, y hasta le había hecho prometer irían de paseo el fin de semana, es decir, al día siguiente.
Al término del desayuno, ambos se despidieron y partieron cada quien por su rumbo, Mokuba al colegio y Seto a la corporación. Sí, de ninguna forma el CEO pensaba en regresar a la preparatoria para estarse torturando con la vista de Joey que estaba cien por ciento seguro le ignoraría, además no tenía problemas con eso, simplemente tend´ra que arreglar el papeleo escolar, y listo. Después de todo, él era el gran Seto Kaiba.
Podríamos ser…
Podríamos ser…
Podríamos ser…
El día pasó sin más para los hermanos Kaiba; Mokuba llegó a lamansión, y cómo pensaba, su castaño hermano no estaba, y éste llegó como de costumbre, bastante tarde de la KC, pero ésta vez, se había dado el lujo de no poner su despertador tan temprano, ya que había prometido a Mokuba salir ese día (Ya era de madrugada). Su cuerpo sí que necesitaba de un buen descanso, pero su mente al parecer se negaba dárselo por completo, haciéndole recordar una y otra vez ese par de ojos castaños que parecía le acechaba a donde quiera que voltease.
Dio un gran suspiro, tendiéndose en su cama y arropándose para cerrar los ojos e intentar dormir. Le debía esa salida a su hermano, ya después podría regresar a sus monótonos días encerrado en su oficina.
No conozco tus pensamientos estos días
Somos extraños en un espacio vacío
Mientras, en un 2DK del centro de la ciudad, una niña se encontraba despierta aún abrazada a su rubio hermano mayor en la cama, hablándose en susurros aunque no hubiese necesidad de ser tan silenciosos.
-Joey, ¿estás seguro?- le preguntaba por enésima vez.
-Sí, Mew, estoy seguro- repetía el rubio rodando los ojos
-Bueno. Me alegra que por fin te hayas decidido- le sonrió la chica castaña
-Por cierto, hermanita… ¿Hasta cuándo piensas pasar las noches conmigo?
-No lo sé ¿Qué? ¿Te molesta?- le preguntó con cierto enfado denotado en su voz- Si quieres me regreso a mi habitación- sí, estaba enfadada.
-No es eso, jamás podría molestarme el que estés conmigo. Creí que tal vez estabas incómoda, sólo eso. No me malinterpretes.
-Está bien- se abrazó aún más al cuerpo del mayor para luego tomar una almohada y cubrir el rostro bonito de su hermano- Ya duérmete, que si no, amanecerás ojeroso.
-Lo mismo te digo- removiéndose un poco para acomodarse mejor. De esa forma, quedaron dormidos, aunque lo último que cruzó por la mente de Joey antes de ocultar sus ambarinas irises bajos los párpados, fue la imagen del castaño ojiazul, finalmente cayendo en un profundo sueño.
-POV JOEY-
No entiendo tu corazón
Es más fácil estar apartados
TII TII TII TII Suena el despertador. Aún oculto entre las sábanas y con los ojos cerrados, tomo el aparato y lo apago. Siento cómo la "pequeña cosa" junto a mí se mueve emitiendo también quejidos, de veras odia levantarse temprano… aunque ya pasan de las once de la mañana. Las once… ¡¡Las once!!
Me levanto de una sola vez apurado, ocasionándome en el acto un mareo que me hace tambalear sólo un poco. Salgo de mi habitación y me dirijo hacia el baño para ir preparando el agua. Corriendo, me regreso a la pieza para tomar mis sandalias y donde veo mi hermana ya se ha despertado y me sigue soñolienta con la mirada, y luego me regreso al cuarto de baño para meterme bajo el chorro de agua ya templada.
Salgo después de haberme dado una de las duchas más rápidas de mi vida y me adentro de nueva cuenta a mi habitación, en donde ahora veo que Mewne a penas se está levantando de la cama, así que le tomo por los hombros arrastrándola fuera para así poder vestirme. Sólo escucho que la puerta de la habitación contigua de cierra, seguramente se ha ido de nuevo a dormir.
Voy hacia el armario y lo abro, analizando las prendas que se hayan colgadas ahí; ya decidido, tomo lo que me voy a poner y de igual forma comienzo a vestirme después de haberme secado, quedando al final con unos jeans de mezclilla negra algo entubados con algunos detalles en plateado, una playera hasta la cadera de color vino con algunos "rayones" en negro y plata con las mangas blancas y encima, una chaqueta tipo torera de mezclilla negra, junto con unos tenis negros un poco gastados, y como último detalle, el dije plateado que siempre llevo. Me doy un último vistazo en el espejo que hay en el cuarto y sólo puedo intentar ordenar algo mi cabello con un cepillo, lo cual, por cierto… fue imposible.
Regreso una última vez al baño para lavarme los dientes, y ya, al fin arreglado, me encamino hacia el pequeño comedor, en donde con sorpresa veo a mi hermana aún en pijama, preparando algunas tostadas con mermelada y sirviéndolas en un plato.
Podríamos ser extraños en otro pueblo
Podríamos ser extraños en otro tiempo
-¿Desayunas?- me pregunta acercándose a mí para darme mi beso e los buenos días… o más bien tardes.
-No, gracias. Se me hace tarde.- me mira con reproche- Te prometo que comeré algo.
-No lo dudo. Entonces nos vemos en la noche- me abraza y le correspondo para así, despedirme con la mano y salir del departamento.
Corro hasta la parada del autobús para tomar la ruta que deseo, y tras un cuarto de hora, llego a mi destino. Bajo del transporte y diviso a la persona que me espera.
Doy una profunda bocanada de aire como para darme valor; siento que el corazón se me estruja, trago saliva y camino hacia el castaño ojiazul que fija su mirada en mí y sonríe.
Sin duda alguna, estoy dando un gran paso.
-FIN POV JOEY-
-Diez minutos tarde, Joey- le reprende aquél chico al ojimelado
-Sí, es que me desvelé y además puse mal la hora del despertador para que sonara- se excusó- lo siento Varon.
-Está bien, pero por eso te había dicho que mejor yo pasaba por ti, pero eres terco. Por cierto, te ves genial- esto último lo dijo de forma seductora, recorriendo con la mirada todo el cuerpo de Joey.
-Gra… gracias. Tú también luces muy bien- regresó el cumplido, frotando su dedo índice de forma apenada sobre una de sus mejillas que se hallaban coloreadas de carmín.
Podríamos ser…
Podríamos ser…
Varon traía puesto un pantalón ajustado de mezclilla azul, una cazadora negra cerrada abrochada de lado y cuello alto, con botones y detalles en blanco, botas negras altas hasta la rodilla, un cinturón grueso negro con tachuelas y gran hebilla en forma de cruz celta, guantes sin dedos de cuero negro, y por supuesto, sus inseparables antiparras adornando su cabello en punta.
-¿Nos vamos ya?- preguntó el motociclista pasando su brazo alrededor de la estrecha cintura del rubio duelista causándole un respingo- Espero no te moleste- le dijo refiriéndose a la forma tan confianzuda de tomarlo.
-Supongo que tiene nada de malo, no es como si fuéramos novios. Sólo es una cita- aclaró Joey ocasionando en el otro un gesto exagerado de derrota- Vayamos a comer que muero de hambre. No me dio tiempo de desayunar.
-De acuerdo. Conozco un buen lugar por aquí en donde preparan crepas dulces y saladas, ¿qué te parece?
-Perfecto. Sirve que lo conozco y llevo a mi hermana un día- decía mientras la boca se le hacía agua de tan sólo imaginar una gran crepa rellena de chocolate y kiwi.
Caminaron un corto trayecto hasta llegar a una cafetería que, a decir por el letrero que había, se llamaba "Sugar". Ahí pasaron un rato agradable hablando de banalidades conociéndose así un poco mejor. Pasaron el resto del día paseando por algunas tiendas de un centro comercial y caminando por el parque central de Ciudad Domino.
Podríamos ser extraños
Ser extraños…
El cielo ya había comenzado a matizar y Varon le había propuesto a Joey ir a algún centro nocturna para bailar y tomar un poco, y aunque al principio el cachorro se negó ya que tenía que regresar porque no podía dejar a su hermana de escasos diecisiete años sola por la noche, al final terminó por acceder, después de haber llamado a "su pequeña" y que ésta le diera el permiso diciéndole que pasaría la noche en casa de alguna amiga.
-A penas van a dar las siete, Joey. Es muy temprano aún para ir a un antro, ¿qué quieres hacer mientras?
-Pues supongo que sería bueno ir con Yugi y los demás para invitarlos, ya sé que es una cita sólo de dos, pero para ir a bailar, pienso es mucho más divertido en grupo-sugirió Joey
-Me parece buena idea. Vamos pues.
Iban caminando para llegar hasta donde Varon había dejado estacionada su motocicleta y fue cuando Joey escuchó una familiar voz infantil haciéndole girar el rostro hacia donde provenía la voz encontrándose metros a lado con 'esa' persona.
-Hermano, vamos ahora al parque de diversiones- gritaba eufórico Mokuba halando de la mano a Seto.
-Mokuba, ya es muy tarde
-¿Y eso qué? Hay uno que cierra hasta muy tarde, y no te preocupes, es muy seguro.
-Mejor vamos a comer a algún lado que desees y…- el castaño genio no pudo terminar su frase ya que, al voltear, se topó con la imagen de su niño rubio acompañado de alguien más. Se quedó estático tan sólo viendo pasar la figura de su cachorro dorado, quien igualmente se le había quedado viendo y luego apartarle la mirada y siguiendo caminando indiferente.
Por todo lo que conozco de ti ahora…
Por todo lo que conozco de ti ahora…
Seto sintió como el pulso se le detenía quedando helado para después, sentir algo tibio resbalar por su mejilla.
-Joey- susurró, aunque había sido escuchado por el pequeño pelinegro que ante la mención de su rubio amigo, se giró para encontrarse con la imagen que su hermano mayor observaba tan sorprendido, quedando al final en silencio.
Varon seguía hablando con el dueño del dragón negro ojirojo sin haberse percatado si quiera que recién habían pasado a un lado del dueño de Kaiba Corp., mientras Joey se tomaba con fuerza el pecho, sintiendo el frenético palpitar de su corazón, que juró, había sentido se había parado cuando en un instante, su mirada había chocado con la azulina del CEO.
-/Seto…/- se dijo en sus adentros y en seguida se reprochó mentalmente. Levantó la mirada hacia Varon y le sonrío para unirse a la charla, que durante ese tiempo, sólo le había pertenecido a su cita- /Seto/- se repitió inconscientemente.
Por todo lo que conozco de ti ahora
Por todo lo que conozco…
-Continuará-
