Después de que haber dejado a John con la duda de hacia dónde se dirigía, Sherlock bajó las escaleras que lo conducirían al piso de abajo.
- Sherlock, querido. ¿A dónde vas? – Preguntó la Sra. Hudson pero Sherlock sólo la ignoró y continuó caminando.
Sherlock no tenía idea del tiempo que había caminado ni la dirección en que lo hacía, sólo tenía en mente el trato que Moriarty le había ofrecido y siempre tenía presente en su mente una sola pregunta: - ¿Qué voy a hacer? - Mientras aquella pregunta inundaba su palacio mental se detuvo en medio de la acera y al alzar la mirada se topó con un letrero en el que se leía la palabra "PUB". A pesar de que la música era demasiado ruidosa para su gusto y teniendo en cuenta que le había prometido a John que se mantendría lejos de las drogas; pensó que aquel lugar serviría para pensar mejor las cosas o por lo menos tratar de emborracharse y olvidarse por un momento del problema.
El ambiente en el bar fue tal cómo Sherlock lo había previsto: Parejas bailando, un borracho en la esquina que coqueteaba con la pared y el cantinero: Un hombre de 45 años, divorciado y con dos hijos de los cuales dudaba ser padre. Todo parecía "tranquilo", caminó hasta la barra, haló uno de los bancos y se sentó frente a la barra.
- ¿Qué le puedo servir? – Preguntó cordialmente el cantinero.
- Lo que sea que tenga alcohol. – Dijo el pelinegro quitándose la bufanda y golpeando la barra con la yema de sus dedos.
- Este es un bar, todo aquí tiene alcohol. – Contestó el cantinero recargándose sobre la barra y esperando a que Sherlock especificará lo que quería beber.
- Sólo sírvame algo, ¿quiere?
El cantinero acató la orden sin chistar. Tomó una de las botellas tras él y sacó un pequeño vaso de debajo de la barra. Tras servir el líquido en el vaso, el cantinero se lo entregó.
Sherlock tomó el vaso, lo miró por un instante y sin pensarlo dos veces se lo bebió de un solo trago y al terminarlo golpeó el vaso ruidosamente sobre la barra.
- Dame otro. – Dijo dando suaves golpes en la barra.
- ¿Podría invitarte el siguiente? – Dijo una voz conocida.
Al volverse, Sherlock se encontró con el dueño de aquella voz.
- ¿Qué haces aquí, Greg? – Preguntó
- Greg, me llamo Gre- Espera, ¿me has llamado Greg? – Dijo sin evitar que en su rostro se notase la sorpresa.
- ¿Ese es tú nombre, no es así? – Dijo terminando con el segundo trago que le había alcanzado el cantinero.
Aún sorprendido, Greg sólo asintió.
- Vine porque me apetecía una cerveza después del trabajo.
- No es verdad, has tenido una discusión con tu esposa, de nuevo. Tu ropa te delata una vez más.
- ¿Qué tiene mi ropa? – Preguntó aunque después de todos esos años de conocerlo sabía perfectamente que las arrugas en su ropa lo habían delatado, pero la pregunta ya se había hecho y ahora sólo le quedaba esperar la rápida y acertada respuesta de Sherlock.
- Arrugas, en tu camisa. Eso me dice que te levantaste muy temprano, con prisa y en completa oscuridad. Una posible explicación sería que pasaste la noche con otra mujer, cosa que dudo, así que por ende has peleado con tu mujer.
- Tienes toda la maldita razón, como siempre… - Dijo bebiendo lo último que quedaba en su vaso. - ¿Tú qué haces aquí?, si no mal recuerdo la última vez que estuviste en un pub fue en la despedida de soltero de John.
Sherlock sólo suspiró, aquella pequeña charla lo distrajo por un momento de la causa que lo había llevado a parar a ese lugar.
- Sirve otra, por favor. – Pidió al cantinero.
Greg pudo interpretar aquel silencio a la perfección, sabía que algo pasaba con Sherlock y a pesar de no saber que era supo que lo mejor era dejarlo solo.
En el 221B de la calle Baker, John caminaba de un lado a otro, mirando en ocasiones por la ventana y esperando ver la alta figura de Sherlock caminando por la acera. Afuera había oscurecido por completo, un par de taxis se habían detenido frente al complejo de apartamentos pero ninguno de ellos traía a Sherlock de regreso. Miró el reloj en su muñeca y tras ver que Sherlock no pensaba regresar, decidió que llamaría a Mycroft para hacerle saber de la repentina desaparición de su hermano.
- ¿John? – Preguntó Mycroft del otro lado de la línea.
- Tenemos un problema. Moriarty ha vuelto.
- Eso ya lo sé, John. De hecho, toda Inglaterra lo sabe. – Dijo irónicamente.
- N-no, no me refiero a eso… - John decidió que por el momento no sería conveniente decirle a Mycroft lo que había pasado a mediodía. – Sherlock se fue hace horas y no tengo la menor idea de dónde está.
- John… - Suspiró con fastidio. – Eso es normal, Sherlock regresará en cualquier momento, es lo que siempre hace.
- No lo entiendes, Mycroft. Esto no es como otras ocasiones, Sherlock está en…
- ¿Está en qué?
- ¡Sherlock está en peligro! – Espetó por fin.
Hubo un largo silencio por parte de Mycroft, sabía muy bien que John no lo llamaría si se tratase de una tontería.
- Ahora mismo estoy en una reunión que requiere de mí presencia. Te llamaré cuando sepa dónde está Sherlock así podrás ir por él y para cuando ambos lleguen los estaré esperando en el apartamento.
- P-pero… ¿qué pasará si vuelve y no estoy?
- Entonces llama a alguien que pueda ir por él.
Antes de que John respondiera la llamada terminó.
Para cuando el reloj había marcado las 11:00, Sherlock ya había bebido lo suficiente como para que no pudiese sostenerse en pie por sí mismo. Una chica de cabellos rubios optó por acercarse a él y coquetearle un poco.
- ¡Hey! – Saludó la chica, el tono en su voz delataba su estado de embriaguez. - ¿Por qué tan solo?
- No estoy solo. – Balbuceó el pelinegro. – Estoy con mi amigo Luke. – Se puso de pie y pasó medio cuerpo por sobre la barra para rodear el cuello del cantinero y halarlo hacía él.
- Sr., mi nombre es Lucas, y no soy su amigo, hágame el favor de soltarme. – Dijo el cantinero zafándose del agarre de Sherlock.
- Yo no me opondría a que me tomes de esa manera. – Susurró la chica acercándose lo suficiente como para que Sherlock pudiera oler el perfume que llevaba y que había reconocido en cuanto la chica se había acercado a tratar de entablar una conversación con él.
Sherlock se hizo para atrás al sentir tan cerca de él el cuerpo de la joven, no era que fuese fea o algo por el estilo pero el olor de su perfume era tan fuerte que le había revuelto el estómago hasta el punto de querer vomitar.
- No quiero nada contigo. – Balbuceó Sherlock. – ¡No me interesan las mujeres!
- Oh, vamos. ¿Me dirás que eres de ese tipo de hombre al que le gustan otros chicos? – Dijo en tono de burla.
- Para tu información saldré con 3 chicas dentro de un par de horas.
- ¡¿Tres chicas?! – Exclamó la rubia alejándose de Sherlock como si éste la tuviese sujeta por los brazos. - ¿Cómo te atreves a coquetearme?
Sherlock la miró completamente desconcertado, ¿qué demonios le pasaba a aquella tipa?
- ¡Eh, tú! – Dijo un hombre de casi dos metros que se abría paso entre los ebrios del lugar. - ¿Acaso estás molestando a mi novia?
- ¿Yo? – Dijo Sherlock apuntándose a sí mismo. – Pff… ella es quien vino a coquetearme.
El chico alto tomó a Sherlock por las solapas de la camiseta haciendo que se pusiera de pie. Sherlock se aferró a sus manos y miró hacia abajo, como si sintiese que estaba sobre una pendiente y en cualquier momento aquel grandulón lo iba a tirar, como pudo se soltó del agarre de aquel sujeto y trato de mantenerse de pie pero sin evitar tambalearse.
- Sostente y pelea como un hombre, imbécil. – Exigió el tipo deshaciéndose de la chaqueta que llevaba puesta.
- No pienso pelear con alguien de tan bajo intelecto y sumo gusto por revistas de contenido homosexual. – Declaró Sherlock.
Aquellas palabras incitaron a que los ebrios en el bar hicieran bulla, dicha acción sólo avivó el enojo en el tipo que cerraba sus manos en puño, ocasionando que las venas en ellas sobresaliesen. La chica culpable del alboroto sólo miro con entera incredulidad a su novio.
- ¡Te voy a partir la maldita cara! - Exclamó el tipo antes de abalanzarse hacia Sherlock.
Como pudo, Sherlock se cubrió el rostro como si aquello fuese a impedir que el tipo lo golpease. ¡Ni se te ocurra ponerle un dedo encima! Aquellas palabras y la voz de quien provenían hicieron que Sherlock bajara las manos y mirase a espaldas del tipo.
- ¿Mary? – Preguntó Sherlock entrecerrando los ojos.
- ¿Qué demonios estás haciendo, Sherlock? – Preguntó la rubia poniéndose entre el tipo y Sherlock.
- Yo no hice nada, ella vino y me coqueteo. – Dijo Sherlock tratando de explicar y apuntando a la chica con el dedo índice.
El tipo, más temprano que tarde decidió que no valía la pena mancharse las manos con la sangre de aquel pobre ebrio que contra penas podía mantenerse en pie.
Tras ver cómo el tipo desaparecía tras la gente, Mary se dio la vuelta y encaró a Sherlock.
- ¿Por qué has bebido tanto? – Preguntó
- Por nada, ¿por qué todo el mundo cree que bebo por alguna razón?
- Está bien, no me lo digas. – Bufó Mary. – Vámonos de aquí, John está muy preocupado por ti.
Sherlock no se negó, pagó cómo pudo lo que había consumido y se marchó junto con Mary. Al salir del pub las calles estaban casi vacías, en las aceras sólo se podía ver a pocas personas que seguramente regresaban a sus hogares después de trabajar.
- Mary... – Susurró Sherlock quien hasta entonces se había mantenido de pie gracias a que Mary lo estaba ayudando a caminar.
- No me digas que tienes ganas de orinar, Sherlock.
- ¿Qué?, ¡no!, no es eso. – Negó con la cabeza. – John es mi mejor amigo, ¿lo sabías? Si nunca lo hubiese conocido ahora mismo yo no estaría aquí, ¡ebrio!
- Lo sé, Sherlock. – Dijo ignorando casi todo lo que Sherlock le decía.
- Es un idiota pero lo quiero mucho…
- Estoy segura de que él también te quiere, Sherlock. – Dijo sonriendo al escuchar aquella confesión.
No se dijo nada más durante el resto del camino. Sólo faltaban un par de calles para llegar al apartamento pero Sherlock no facilitaba las cosas, como pudieron llegaron a la puerta que se abrió en cuanto Mary iba a tocar.
- ¡Por Dios, Sherlock! – Exclamó John a verlo casi cayéndose. - ¿En dónde demonios te habías metido?
Sherlock se abrazó a él y como pudieron ambos subieron las escaleras estando a punto de caerse en varias ocasiones.
- Fue ella quien me coqueteó, John. – Terminó de decir cuando entraron por la puerta.
- No puedo creer que seas tan idiota como para ir a emborracharte tú solo
- ¡Eh! – Gruño Sherlock. – El hecho de que tu vida sexual no sea tan activa como esperabas y que tu esposa esté recurriendo a ciertos objetos de dudosa procedencia no te da el derecho a desquitarte conmigo llamándome idiota.
- Pero qué dem- - Dijo John volteando a ver a Mary quien al notar la mirada de su esposo rehuyó la propia.
- Innecesario, querido hermano. – Dijo Mycroft disfrutando del "show" del que era participe el matrimonio. – Ese comentario ha sido muy innecesario.
- ¡¿Y tú qué haces aquí?! – Gruñó Sherlock dejándose caer en el sofá.
- John me dijo que estabas en problemas. – Declaró el pelirrojo. – Aunque no me dijo que estarías ebrio.
- Yo no sabía que llegaría así. – Contestó John. - ¿Por qué has bebido, Sherlock?
- Necesitaba pensar. – Dijo llevándose las yemas de los dedos a la sien.
- ¿Sobre qué? – Preguntó Mary.
- Moriarty. – Dijeron John y Sherlock al unísono.
La sala se quedó en silencio por un par de segundos.
- ¿Otra vez Moriarty? – Preguntó Mary cómo si ella supiese todo por lo que John y Sherlock habían tenido que pasar.
- Sí… Esta mañana se las arregló para contactarnos por medio de la computadora de Sherlock. – Dijo John mirando a Mycroft y a Mary. – Le propuso un trato a Sherlock.
- ¿Un trato?, ¿sobre qué? – Preguntó Mary.
- Quiere que Sherlock tenga 3 citas: Una con Irene Adler, otra con tu amiga Jannine y otra con Molly Hooper. Tiene que acostarse con una de ellas, a cambio Moriarty le dirá cómo es que fingió su muerte, de lo contario… amenazó con matar a sus seres más allegados.
Mycroft y Mary se miraron y comenzaron a reír a la par.
- Por Dios, John. No esperarás que nos creamos que Moriarty le pidió eso a Sherlock, ¿verdad?
- Me alegró que te lo tomes a modo de broma, Mary, lamentablemente me temo que no se trata de ninguna broma. – Dijo Sherlock quien había guardado silencio mientras John les decía lo que había pasado.
Tanto Mycroft como Mary terminaron creyendo lo que John les dijo. Una vez más la sala se quedó en completo silencio.
- ¿Qué vamos a hacer, Sherlock? – Preguntó John
- Es obvio, Sherlock lo hará. – Sentenció Mary.
- ¿Sherlock Holmes en una cita? – Preguntó Mycroft entre carcajadas. – Jamás lo ha hecho y no se hablé del sexo. Podría haber jurado que John y él tenían una relación, pero su llegada, Srta. Morstan, me dejó en claro que no es así.
- Yo no soy gay, he tenido varias novias antes de casarme, ahora tengo una mujer y una hermosa hija. – Dijo John tratando de defenderse. - ¿Qué me dices de ti, Mycroft Holmes? Siempre que me llamas para ir al Club Diógenes me encuentro a Lestrade saliendo del lugar.
- No tengo idea de lo que esté insinuando, Dr., pero sepa que Lestrade sólo me mantiene al tanto de cosas sobre el trabajo.
- ¡¿Por el amor de Dios, podrías callarse ambos?! – Exclamó Mary. – Hay una situación que se debe resolver lo antes posible y ustedes sólo se preocupan por dejar en claro sus preferencias sexuales.
- Tiene razón. – Dijo Mycroft. – Hay cosas más importas de las que debemos hablar, debemos enseñarle a mi hermano cómo debe comportarse ante una mujer.
- Y a cómo tener sexo. – Agregó John.
Todos lo miraron, incluso Sherlock que parecía que al escuchar eso se le había pasado lo ebrio.
- John, creo que deberías llevarte a Sherlock a la cama. – Dijo Mary mirando a su esposo.
- ¿C-cómo? – Balbuceó John. – ¿A la cama?
- Sí, necesita dormir. Mañana tendrá muchas cosas que aprender y será mejor que este completamente atento.
John rio nerviosamente y tomó a Sherlock por la cintura halándolo con él hacía la habitación. Abrió la puerta como pudo y al entrar a la habitación recostó a Sherlock en la cama, lo cubrió con las sábanas y se despidió de él. Mañana sería un día largo y él estaría ahí para aconsejar a su amigo.
