Capítulo Uno: "Hayami, la demonio perro"

La adrenalina corría por todo su cuerpo, su respiración acelerada, su pulso iba deprisa y a niveles casi imposibles para un humano normal. Pero él no era un humano normal, él era un demonio. Mientras corría guiado por el tenue sonido de un río y dejando a sus compañeros demasiado atrás al propósito porque se divertía mucho con sus gritos, dio una vuelta hacia la izquierda yendo hacia el río queriendo cazar un maldito pez. Antes incluso de llegar al lugar deseado un borrón oscuro pasó por su lado sobrepasando su velocidad, Kouga fulminó con la mirada a la sombra que cada vez lo dejaba más atrás y maldijo al no tener los fragmentos de la perla en sus piernas. Ah, en otro tiempo, Kouga hubiese alcanzado al intruso que quería alzarse sobre él.

Apuró mucho más el paso y fue siguiendo a la sombra, supuso que se dirigía hacia el agua y no dudó en alcanzarlo e intercambiar unos cuantos golpes con ese ser que se creía superior a él. Pero cuando llego al río, algo lo detuvo. Mejor dicho alguien lo detuvo. Un hombre de cabellos blancos y orejas puntiagudas con ropajes completamente oscuros extendía sus brazos hacia sus lados deteniendo sus pasos. El individuo debía medir igual o un poco más que él, sus orbes rojos lo fulminaban con un odio casi irracional que si Kouga fuera un humano hubiese salido despavorido ante tanta emoción negativa que venía del otro ser, sus cabellos caían un poco más debajo de sus hombros. Su postura indicaba claramente que si daba un paso en falso, su cabeza rodaría y a un demonio lobo como él…le encantaba el reto. Olio el aire y se dio cuenta de que la persona frete a él era un demonio zorro.

— Será mejor que des la vuelta— extrañamente el demonio se dirigió amablemente hacia él, pero los dos sabían que la tregua no iba a durar mucho.

— No. Necesito pasar y si no te mueves, patearé tu trasero pequeño zorro— las facciones del hombre se tensaron. El zorro apartó la mirada de él, quizás oyendo algo detrás de sí que Kouga ignoraba, viendo su oportunidad de pasar se preparó para correr pero antes de siquiera dar un paso una katana se encontraba apuntando su cuello. ¿Qué demonios? La maldita cosa le había hecho un rasguño y eso que siquiera lo había rozado, Kouga intentó hacerse hacia atrás pero el filo de la espada lo seguía. — Será mejor que alejes esa cosa de mí si no quieres morir.

El kitsune tuvo el descaro de sonreír con aire burlón. — Dado que yo tengo la ventaja, será mejor que cuides tus palabras, lobo apestoso.

Ah, eso se sintió como lava ardiendo dentro de él. La furia quemaba su interior, ni dos minutos habían pasado desde que se conocieron pero ya lo odiaba. Un rumor en los arbustos que daban al río, los sacó de sus "retos" de miradas fulminantes, la katana rápidamente desapareció de su cuello siendo guardada en su funda, el zorro ni siquiera le dirigía una mirada y eso le molestó a Kouga ya que eso quería decir que no era rival para el zorro. Dándose la vuelta, mirándolo de soslayo, le dijo: — Puedes pasar.

Hirviendo de furia y con ganas de pelea Kouga estaba a punto de darle un maldito golpe por insolente, cuando en un abrir y cerrar de ojos, el zorro desapareció siendo reemplazado por un niño pequeño de cabellos blancos que en apariencia parecería humano si no fuera por sus ojos. ¿Qué rayos? Antes de siquiera poder reclamarle, una suave voz llamo de entre los arbustos.

— Kane, es hora de irnos— una mujer hizo acto de presencia en el lugar, un jadeo salió de Kouga al ver semejante belleza. Los cabellos oscuros de la mujer caían en ondas tenues, sublimes, mucho más allá de su cintura, sus ojos anormalmente violáceos era lo que más llamaba la atención de ella. Antes de inspeccionar un poco más a la demonio, el ahora niño zorro fue corriendo hacia la mujer abrazando sus piernas y escondiéndose detrás de ella. El niño lo miraba con diversión y sorna. — ¿Qué sucede, Kane? — la confusión era evidente en la mujer. Estupefacto vio como al niño le salían lágrimas de los ojos y la miraba con desesperación.

— El… hombre…lobo— dijo el pequeño entre hipidos, mirando de él hacia la mujer.

¿Qué? Maldito mocoso. Kouga vio como el ceño de la mujer se frunció.

Mirando por primera vez al demonio que había hecho llorar a su pequeño Kane, Hayami fulmino con la mirada al hombre de ojos celestes que la miraba petrificado. Poco a poco, el demonio salía de su trance dirigiendo la mirada hacia su estola y sus orbes se llenaron de compresión, luego su mirada pasó a su rostro, quizás viendo que era un demonio, detallando los pequeños rasgos que la delataban. Hayami, hizo que el pequeño se escondiera detrás de ella, ocultándolo con su cuerpo. — ¿Cómo te atreves, lobo sarnoso?

El hombre se sobresalto ante aquella acusación, Hayami sonrió maliciosa, viendo su victoria asegurada.

Kouga salió de su trance al oír la voz suave y melosa de la mujer, teñida con enfado. Él no salía de su asombro, viendo su estola de color negro como la obsidiana, sus franjas color violeta en sus mejillas y la media luna azul violácea en su frente, sabiendo que la mujer no era cualquier demonio. Era un maldito perro y de todos los demonios con los cual él se podía encontrar…tenía que ser uno de la raza de Inuyasha. — ¿Lobo sarnoso? Porque no cuidas tus palabras, cachorra.

La mujer no aparentaba más de unos dieciséis años pero era como demonios que eran, era sabido que el tiempo no era lo mismo para ellos. Ella llevaba un kimono carmesí que enmarcaba sus curvas llegándole un poco más debajo de las rodillas. La chica se tensó y extendió sus garras. — Kane, será mejor que te alejes. En cinco minutos estaré contigo, verás que tendrás un lobo para cenar esta noche —

El niño arrugó su nariz graciosamente y musito: — No, no quiero eso. Huele mal.

Kouga olvidando a la mujer, se dirigió al niño. — Oye, mocoso, soy Kouga el líder de los lobos y será mejor que de ahora en más cuides tus palabras porque en menos de dos minutos serás mi sirviente.

El niño se rio de él con descaro y la mujer se unió a él. — El lobo pestilente es divertido, Hayami— para consternación de Kouga los dos se burlaban de él. Además, cabe agregar que un pensamiento ocupó su mente por un segundo respecto al nombre de la mujer: "Le queda perfecto"

— Sí, lo es. Es una lástima que tengamos que acabar con él, de verdad era muy gracioso.

El zorrito asintió solemnemente y Kouga lo perdió, perdió la paciencia que nunca tuvo. Corrió hacia ellos, dispuesto a darles su merecido ante tanta burla e insolencia pero antes de que su puño conectara con alguna parte de la pequeña mujer unas garras lo tomaron del cuello elevándolo unos cuantos centímetros del suelo, la mujer lo miraba seriamente haciendo presión con su mano y cortándole con los segundos que pasaban la respiración. Evaluándolo, dejo de ejercer presión devolviéndole el aire.

— Vámonos, no vale la pena— con esas palabras la mujer lo soltó dejándolo caer en el suelo y alzó entre sus brazos al pequeño zorro, dejándolo solo en ese lugar.

Kouga en ese momento supo dos cosas: La primera, es que ni siquiera había intentado pelear con ella y más cuando ella lo tuvo sujeto del cuello, tuvo varias oportunidades de asestarle unos cuantos golpes pero se había contenido. La segunda era que la fragancia de la mujer se había quedado impregnada en ese lugar y para su consternación se dio cuenta que no le disgustaba.

Ah, pero algo era seguro, esa demonio lo iba a escuchar. Esto solo era el principio.