Ni La Imagen de la historia, ni Katekyo Hitman Reborn, ni Axis Powers Hetalia son de nuestra autoría. Todo aquí es de su respectivo autor, incluyendo los OC'S que nuestras amigas nos prestaron, y solo Chiara y Eloise son nuestras.
¡Buenos días/tardes/noches!~ , Acá se presenta The Idiot con la primera cosa que escribo en un muuuuy largo tiempo~. Yo sé que probablemente no sea lo que esperaban después del prologo pero...Pero di mi mejor esfuerzo ; 3 ; Por cierto, yo soy la impuntual e irresponsable de entre las dos, así que pido perdón si esto vuelve a suceder en el futuro x'D
Ya saben todo tipo de reviews son bien recibidos, tanto si son criticas como si no. Las criticas son más que bien recibidas c:
De algún modo, el castaño sabía que aquello le iba a ocurrir. Una sensación inquietante en la boca del estómago le había estado advirtiendo, el día en el que inicio el viaje, que algo iba a salir mal.
Lo termino por ignorar, no creía que su mala suerte hiciera acto de presencia el mismo día en el que iba a iniciar su aventura.
Oh, pero que grave error. El universo se había confabulado en su contra(¿?), y ahora, el bote en el que se había montado estaba desaparecido, solo podía localizar unos cuantos pedazos de lo que había sido el barco. Además... sentía que se había tragado un kilo o más de arena, agua de mar, algas y demás, porque tenía nauseas
Actualmente estaba tirado, medio muerto en una playa, con el agua del mar rozándole los pies constantemente.
Justo por ahí pasaba un muchacho pelinegro, alto, de ojos pardos y una sonrisa alegre. El chico tarareaba una canción alegremente, mientras en el hombro llevaba una pequeña red de pesca llena de diversos tipos de peces, pero todos comestibles.
El pelinegro vio extrañado al cuerpo inconsciente del castaño, y soltando una risa, lo cargo como si fuera un costal de papas. Aquello pasaba a menudo, más a menudo de lo que podría alguien creer. Por lo una vez a la semana aparecía un chico en la playa, medio muerto. Al pelinegro ya se le hacía raro que en lo que llevaban de la semana no apareciera alguno.
Sí, Yamamoto Takeshi era algo así como un salvavidas. Así que, como hacía con los otros, el pelinegro lo llevo hasta el restaurante de su padre, entrando por atrás. Aun con el castaño al hombro y tarareando aquella alegre y pegajosa melodía, el chico dejo los pescados en uno de los mesones de la mesa. Luego de esto se adentró aún más en la residencia. Eran dos pisos, el primero, el restaurante de sushi de su padre, que había montado cuando recién habían llegado a Gran Bretaña. El segundo era su hogar, con una tres habitaciones. Una para el, otra para su padre y otra para los chicos que encontraban en el mar(?). Casi siempre era lo mismo, encontraba a un chico en la playa, lo traía, vivía allí por unos cuantos días y luego volvía a retomar su aventura. Porque sí, todos los chicos, sin excepción alguna soñaban con convertirse en piratas.
Lo dejo dormir en una cama cuidadosamente tendida y bajo a ayudar a su padre, con una sonrisa alegre, algo le decía que ese chico era divertido. Y así fue, un chillido, casi como de chica, y un sonido de un golpe seco en el piso de arriba le informaron que había despertado y…no de una forma muy agradable.
Subió a la habitación, donde encontró al castaño con medio cuerpo en la cama y medio cuerpo en el piso. Su cabeza contra el suelo y su cuello en una posición bastante dolorosa. El pelinegro rio, inevitablemente.
-Una forma curiosa de dormir.- Dijo entre risas, mientras el castaño no terminaba de entender nada. Unos momentos antes estaba en la playa, y ahora estaba en una habitación y al parecer quiso darle un beso al suelo. Trato de sentarse en la cama pero esto solo logro que su otra mitad del cuerpo se callera al piso, golpeándose aun más fuertemente. El pelinegro, al notar la expresión de confusión que llevaba el castaño se calló y sonrió alegremente. Se acercó al castaño y se agacho, hasta quedar a su altura.
–Soy Yamamoto Takeshi, te encontré tirado en la playa e inconsciente, así que te traje aquí. ¿Tú eres?.- Termino por preguntar, en lo que el castaño se incorporaba y le veía.
En aquel barco comercial al que se había embarcado Chiara, conoció a cuatro chicas, que, curiosamente, compartían las aspiraciones con ella. Todas de diferentes nacionalidades y con las cuatro no tardo en formar amistad en el viaje a su destino.
La primera chica, Luna Hernandez, una muchacha proveniente de Nueva España, de aproximadamente 17 años de edad. Ni muy alta ni muy baja, de cabello color castaño claro, ondulado en las puntas y que le llegaba a media espalda. Un cuerpo bien proporcionado y de tez trigueña, con unos peculiares ojos color carmesí. A ella la conoció el primer día de viaje, ya que prácticamente se aproximó a hablarle. La personalidad alegre y sociable de la chica permitió que se encariñaran pronto.
La segunda chica, Alyssia Mireia, una española de 17 años. Una adolescente alegre y animada que acostumbra a utilizar un pañuelo atado, a veces al cuello, a veces al tobillo y de ojos heterocromos. Un cuerpo bien proporcionado. Alyssia conocía a Luna desde antes que Chiara llegara, así que fue la misma Luna la que las presento. Siempre lleva una sonrisa en el rostro, una sonrisa alegre.
La tercera chica, Kai Shion, Proveniente de Reino de Chile, de 16 años. Un poco más alta que las dos chicas anteriores, solo un centímetro más baja que Chiara. De ojos y cabello color café, cabello que le llega hasta los hombros. La conocieron cuando ella y uno de los tripulantes, un hombre alto y bastante fornido, veían quien levantaba más barriles. Sorprendentemente, ella gano, aunque dejando caer uno de los barriles en la cabeza del hombre. En su juego del gato y el ratón por el barco, Chiara, Luna y Alyssia la ayudaron a esconderse. Una chica bastante alegre, y, aunque al principio le costara relacionarse con ellas, ya que estaba más habituada a estar rodeada de hombres, logro unírseles al grupo.
La cuarta chica, Andy Racco, una italiana de 18 años y, cabe destacar, la muchacha más vieja de entre las cinco. Su cabello de un extraño y hermoso color platino, de ojos azul celeste, cuerpo bien formado y de estatura mediana. A ella la conocieron cuando competía con los demás tripulantes de la embarcación en un bar, mientras habían parado en un puerto para descansar. La competencia consistía en ver quién podía beber más cerveza. La chica gano, aunque tan ebria que las chicas tuvieron que hacerse cargo de ella. Al otro día descubrieron que era una chica muy divertida, claro, después de que se le paso la resaca.
Estas cuatro chicas convirtieron los días que paso Chiara en aquel barco en unos memorables, y juraron, entre las tres, que conseguirían su propio barco y surcarían los siete mares.
Al final desembarcaron en un puerto de Inglaterra y, luego de que consiguieran un lugar donde alojarse por mientras, salieron a recorrer la ciudad, precisamente el distrito comercial para buscar comida.
Unas horas antes, dos chicas habían desembarcado en el mismo puerto, se habían alojado en el mismo lugar y ahora recorrían la ciudad, en busca de lo necesario. Se notaba que ambas se conocían de antes, de rasgos germanos y poseedoras de mascotas bastante peculiares. Un pollito y un águila, para ser precisos.
La dueña del pollito respondía al nombre de Alejandra Beilschmidt, de cabello lacio y que le llegaba un poco más debajo de las caderas, de color platino como el de su padre. Tez blanca y muy buenas curvas, de ojos pardos. Poseedora de un carácter sociable, amable e intrépido. Muy femenina a simple vista, una pequeña sonrisa de satisfacción se dibujaba en sus labios cada vez que notaba que los hombres se le quedaban mirando. Con el ego bastante alto y mucho amor personal.
La dueña del águila rojiza, Rosalie Beilschmidt. El color de su cabello y sus ojos es un peculiar rojo, el de sus ojos rojo vivo, el de sus cabellos rojo sangre. No le costaba mucho que fijaran en ella, aunque no le daba importancia. Un poco más alta que el promedio y su cuerpo, uno de proporciones y curvas envidiables, la envidia de muchas y el anhelo de otros. De tez pálida, lleva su cabello suelto y un ondulado, llegándole un poco más debajo de la cintura. Se notaba de una personalidad apacible y orgullosa.
Ambas caminaban por las calles con paso seguro, recorriendo el distrito comercial mientras se detenían, de vez en cuando, por algunas cosas. Por el distrito comercial también pasaban las otras cinco chicas. Aunque ambos grupos parecían estar concentrados en sus cosas, unos gritos y el sonido de un puesto viniéndose abajo les llamo la atención.
Allí, al final de la calle, enfrente de un puesto destruido, forcejeaban dos chicas. Forcejeaban por una manzana.
Una de ellas, Elisa Martínez. De la Provincia de Venezuela, con 17 años, de un cabello largo y rubio, que llevaba suelto, ojos heterocromos, uno azul y el otro verde y tez clara. De estatura promedio y un cuerpo bien proporcionado. Su rostro mostraba una expresión de molestia y un ceño fruncido, y lo único que tenía en las manos era aquella manzana por la que forcejeaba. Aun así, si no hubieran estado en esa situación, con los desconocidos se hubiese mostrado un poco fría. Aun así, con sus personas de confianza se mostraría amable y amistosa y algo burlona
La otra, Eloise Bonnefoy. Una inglesa de 17 años de edad, de cabello rubio y lacio que llevaba recogido en una trenza que le caía un lado y le llegaba un poco antes de la mitad de la espalda. De ojos color esmeralda, tez blanca y curvas bien proporcionadas. Ella también llevaba una expresión de molestia, mientras clavaba las uñas en la manzana y la jalaba más así. En una situación normal se hubiera mostrado amable y tranquila, el carácter de una señorita. En confianza sería una chica extrovertida y alegre. En uno de los brazos llevaba un canasto, con las compras que había echo.
Pero no ahora. Ahora ambas forcejeaban por esa manzana, por lo que creían correcto.
-¡Devuelve esa manzana!.- Chillo Eloise, mientras la jalaba hacia sí.
-¡Jamás, el se lo merece!.- Le contesto Elisa, jalando la manzana aun con más fuerza y logrando separar un poco a Eloise de la manzana.
La cosa era así. Elisa había robado esa y otras manzanas para al vendedor de aquel puesto, y Eloise, que la había visto, había empezado a alegar con ella, diciendo que las devolviera, que una dama no debía hacer eso. Elisa tenía sus razones, aquel vendedor se había comportado muy arrogante y despectivo. Era una mala persona.
Y por eso mismo, ahora estaban forcejeando por una simple manzana. En su lucha, habían terminado por destruir el puesto y varios aledaños. No se daban cuenta de la horda de vendedores furiosos que se empezaban a juntar alrededor de ellas.
Elisa termino por ganarle la lucha a la otra rubia, y justo cuando iba a emprender su huida se dio cuenta de la gente que los rodeaba. Eloise dibujo una sonrisa burlona en sus labios, caminando tranquilamente hasta que un vendedor furioso le impidió el paso. Estaban siendo acorraladas.
Quién sabe porque, quien sabe cómo. Las chicas de las mascotas y las del barco comercial las ayudaron a escapar de allí.
Probablemente ninguna se podría imaginar lo que les sucederían en los próximos días.
¿Review?, Por favor. Criticas, insultos, tomatazos, de todo. Cualquier tipo de Review es bien recibido ; 3 ;
Espero que hayan disfrutado el capítulo, y para las que nos prestaron los OC's, espero que haya recreado bien sus personajes.
¡Que tengan buenas tardes/noches/días!~
