Disclaimer: Yuri! On Ice © Production MAPPA, dirigido por Sayo Yamamoto y escrito por Mitsuro Kubo. Todo lo que diverge del canon es mío y esta hecho sin fin lucro. ¡Di no al plagio!


Last Flower

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by Miss. Breakable Butterfly

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Capítulo 1: Réquiem.

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.X.

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Víctor.

Los inviernos en Rusia eran agrestes. Las temperaturas bajaban a tal extremo que aquellos turistas que no estaban acostumbrados a los climas como aquel, se enterraban en un montón de prendas y abrigos para conservar el calor.

— ¿Frío? —Pregunto en un tono burlón cuando observo la cantidad de abrigos que Chris trae encima.

— Aún no me acostumbro a este clima —murmuró con un mohín sobre sus labios.

Christophe Giacometti había llegado hace tres años, un beta con ojos soñadores y un montón de sueños en el remolque también. Me gustaba pasar mi tiempo con él, era seguro, bromista y muy inteligente. Era una de las pocas personas que realmente soportaba y que realmente podía considerar mi amigo. Cuando eres un alfa las cosas son complicadas. Todos esperan siempre lo mejor de ti, los errores no son permitidos. Los alfas de familias prestigiosas e incluso aquellos que no lo son, son educados desde la temprana infancia en temas de relevancia; la política, la economía, la filosofía y la literatura entre otras materias son impartidas con rigurosidad. Se nos educa para ser líderes, se nos educa para dominar. Sin embargo, yo estaba hastiado de pretender. Así que disfrutaba mí tiempo con Chris, una de las pocas personas que solía quejarse conmigo de la estructura mundial. Soñábamos con ser revolucionarios. Cosa graciosa viniendo de mí, uno de los herederos de la mafia Rusa.

El disparo sonó a través de los muros. La luz de la luna brillaba sobre la nieve dándole un halo plateado. Pronto cumpliría dieciocho años y el momento de presentarme ante todos los socios de mi padre se acercaba.

Exhale por la boca y mire hipnotizado el vapor cálido que parecía emanar de mí.

La mano cálida de Chris tocó mi mejilla. Se había quitado un guante y me miraba como si pudiese leer todos y cada uno de mis pensamientos. Me sonrió y acercó su rostro. Su nariz fría rozo contra la mía. Su aliento combinándose con el mío.

— Quiero un chocolate caliente —pronunció él en un susurro secreto. Sus ojos de un inusual y resplandeciente verde brillaron. Los pasos del grupo con el que mi padre me había enviado a la "misión", se escucharon. Chris se alejó, no sin antes acariciar mi mejilla. Colocó su guante de nuevo y el rostro severo de Aleck entró en mi campo de visión.

El gemido desesperado de una joven llamó mi atención, el olor a claveles marchitos llenando el aire a nuestro alrededor. Sus ojos de un azul profundo se clavaron en los míos y la escuche gemir con mayor fuerza y el olor intensificarse. Era el único Alfa presente, y en su desesperación ella intentaba que sus feromonas despertaran el instinto protector de mi Alfa; fruncí el ceño en cambio y mis ojos se clavaron en los de Aleck.

— Padre dijo que sin sobrevivientes —mi voz era dura y sin inflexión. Observe a la joven revolverse con mayor violencia y al que la sujetaba y su compañero tragar con nerviosismo. Aleck sin embargo, apenas y parpadeó.

— Es un Omega —contestó con el mismo semblante impertérrito que siempre poseía—. Su padre suele molestarse cuando una mercancía potencial es… desperdiciada.

Hice un gesto de desinterés y una mueca.

— Debieron dejarle inconsciente, su olor es…molesto —pronuncie frunciendo un poco la nariz ante el olor abrumador y me gire. Los ojos azules de la joven quemando en mi nuca—. Vamos Chris, iremos a esa cafetería que tanto te gusta.

Los despedí con un gesto de la mano y me encamine con Chris a mi lado sin mirar atrás ni una sola vez.

Ese era el mundo que odiaba. Un mundo en el que las personas apenas y valían lo suficiente para ser mercancías de cambio.

Cuando nos encontramos lo suficientemente lejos, Chris cogió una de mis manos, pese a los guantes podía sentir el calor de su mano y su textura como si estuviese directamente contra la mía. Me aferré a su mano con fuerza y levante la mirada hacia el cielo, tenía unas enormes ganas de llorar.


Caminamos por lo que parecieron horas, las calles alumbradas por la luna y las farolas del alumbrado público. Chris a mi lado no se había quejado pese a que había comenzado a nevar y el frío de la noche había descendido aun más.

— Deberíamos volver —murmure, mirando a mi alrededor y observando con cierta sorpresa que no reconocía del todo la calle.

— Aún me debes un chocolate —pronunció Chris con la voz un tanto temblorosa. Sus mejillas eran rojas y apenas podía contener el castañeo de sus dientes. Se había apegado completamente a mí.

— Por supuesto, por supuesto —pronuncie mientras le hacia girar iniciando nuestro camino por una de las calles alternas. Había visto donde es que nos hallábamos y no era un buen lugar para estar. Era territorio de la familia Plisetsky y nuestras familias no eran… muy cordiales entre si.

Caminamos unos veinte metros sin contratiempos cuando, el sonido de perros y el dulce aroma de jazmines y abedul parecieron llenar la calle completamente. El olor solo se hacía más fuerte así como los ladridos.

Chris me miró con los ojos amplios pero inclusive antes de que pudiera decirme algo, lo jalé con fuerza del brazo y pateé una de las desvencijadas puertas de madera, era la única casa con una luz encendida. La casa era pequeña y dentro se encontraba un alfa con su omega y sus críos. El alfa gruñía de manera amenazante y se colocaba de manera protectora frente a su familia.

Cerré la puerta sin prestar atención. Los gruñidos y feromonas del Alfa comenzaron a llenar el aire y chasqueé la lengua.

— ¿Podéis apagar las luces mi señora? —Pregunté en tono amable a la omega que temblorosa me miraba y que era la más cercana a la lámpara que proporcionaba iluminación. El alfa gruñó con más fuerza.

— ¿Quién sois? —Preguntó el alfa, la voz amenazante me hizo sonreír. Y mi sangre por un ínfimo instante latió en mis venas, podía sentir a mi alfa sonreír engreído incitándome a demostrarle a ese alfa quien era mejor. La mano de Chris sobre mi hombro y el aullido de un perro escuchándose aun más cerca me hicieron recordar que la situación aun no era segura—. ¡Largaos!

Exclamó el hombre y dio un paso amenazante en mi dirección. La omega nos miraba temblorosa y la luz aun brillaba. Sin prestar atención al hombre pase por su lado y cuando estiraba el brazo para apagar la lámpara; el alfa me cogió el brazo, mis ojos se estrecharon y por un instante mis feromonas salieron. El aroma opaco el del otro alfa y la omega retrocedió con miedo; protegiendo con su cuerpo a los críos que dormían en una de las camas y que era sorprendente que no se hubiesen despertado con el ruido que nuestra llegada había ocasionado.

— No nos quedaremos mucho tiempo —gruñí con voz grave y un tanto ronca, mi voz de alfa. El agarre del alfa se aflojó lo suficiente como para soltarme y finalmente la luz se apagó. La oscuridad fue abrumadora por unos segundos pero pronto mis ojos se acostumbraron a la oscuridad. Podía ver la silueta del hombre junto a su familia; aun gruñía de vez en cuando pero sabía que no era una amenaza real.

Chris se encontraba cerca de la ventana, observaba a través de las cortinas la calle. Observó a alguien pasar corriendo y se alejó de la ventana. Se sentó en una de las dos sillas que había en la casa y unos diez minutos después se escucharon los disparos, el aullido de los perros y finalmente el silencio.

El alfa había dejado de gruñirnos y solo podían sentir su mirada fija en cada uno de nuestros movimientos, particularmente los míos. Esperamos por un tiempo y cuando el reloj sonó marcando las dos de la mañana; Chris y yo salimos.

El aire frío golpeando enseguida nuestras mejillas.

— Salgamos de aquí —murmuré mientras cogía la mano de Chris y lo guiaba sin mirar atrás. Algo importante había pasado esa noche de eso estaba seguro.


Caminamos sin descanso y siendo lo más sigilosos que podíamos. Pese a que habíamos esperado un moderado tiempo en la casa que habíamos invadido, no estaba de más ser precavidos.

Había dejado de nevar hace un par de minutos pero aun así el frío era un poco abrumador, lo sabía porque pese a la cercanía del cuerpo de Chris con el mío, podía sentirlo calarme hasta los huesos.

— Te preparare todo el chocolate caliente que quieras nada más llegar —murmuré, intentando llenar el abrumador silencio que nos había invadido y que parecía hacerme más conciente del frío clima.

— Más te… —comenzó Chris, sin embargo, guardó silencio abruptamente y detuvo sus pasos obligándome a detenerme también.

Lo miré con el ceño fruncido, agudizando mis sentidos para percibir lo que había hecho detener a Chris.

— ¿Qué suce…mmm? —inicié en un tono bajo solo para ser interrumpido por la mano de Chris contra mi boca.

— ¿No lo escuchas? —Preguntó él mirando a su alrededor. Mi ceño se frunció a un más y retiré su mano de mi boca.

— ¿Qué? —Cuestioné con curiosidad observando a todos lados como él.

Chris me ignoró y caminó unos cuantos pasos y se detuvo mirando a su alrededor. Imité sus acciones y finalmente lo escuché, un gemido tembloroso de un niño seguido de un sollozo. Concentré mi audición y mis ojos se abrieron con sorpresa cuando descubrí de donde provenía el sonido. Contra la pared de uno de los edificios un contendor a penas visible debido a la oscuridad que parecía dominar esa sección, se encontraba rodeado de algunas cajas. Los ojos de Chris encontraron los míos al darse cuenta de donde provenía el sonido.

Se acercó con determinación al contenedor y cuando su mano estaba por abrirlo, lo detuve. Él me miró con cierta extrañeza cuando negué, luego suspiró con resignación y dejó que yo fuese quien lo abriera.

Con lentitud levante la tapa y con cautela me acerque para ver en su interior. Mis ojos se abrieron con sorpresa y un jadeo de incredulidad abandono mis labios haciéndome retroceder y que soltase la tapa, el golpe resonó con fuerza en la vacía calle.

Ante mi reacción Chris se acercó y levantó la tapa. Una exclamación de sorpresa abandonó sus labios pero, pareció aferrar con mayor fuerza la tapa. Después de un par de segundos sus ojos buscaron los míos.

— No podemos dejarlo —murmuró con la voz extrañamente suave. Lo miré con incredulidad—. Es un niño, Víctor.

— ¿Y dónde esperas que lo metamos? —Pregunté de manera retórica—. Seguro ese crío era uno de los que estaba siendo perseguido y ya tengo suficientes cosas en mis manos como para cargar con un crío.

Los ojos verdes de Chris resplandecieron con dureza por un momento.

— Será mió —pronunció de pronto y sin esperar algún tipo de contestación metió las manos y levantó al crío envuelto en un enorme abrigo y que pese al ruido que nuestra presencia había causado, seguía dormido.


Christopher.

Tenía catorce años cuando llegué a Rusia. Eran mediados de abril y la luz del sol iluminaba las calles de Moscú.

Había huido de casa. Había huido con la esperanza de encontrar un lugar mejor, más adecuado. Había llegado con un puñado de mis pocas pertenencias y un montón de sueños sobre mi espalda.

Quería creer que encontraría un lugar más apto y menos lleno de dolor.

No entendía el mundo. Había aprendido a detestar todo. Había odiado la manera en que nos trataban en el orfanato. No entendía porque teníamos que vivir así.

El setenta por ciento de la población son betas y aun así cada uno de ellos se arrodillaba —metafóricamente hablando— a los alfas, quienes apenas oscilaban en un quince por ciento de la población mundial.

Había aprendido a odiarlos.

A los seis años perdí a mis padres. Mi madre era una omega, recuerdo el suave olor a miel y canela que solía desprender. Amaba enterrar mi rostro en su cuello, el olor dulce cubriéndome completamente. Sabía que mientras pudiese percibir ese aroma todo siempre estaría bien. Padre era un beta, un hombre alto y fornido, con una sonrisa amable siempre sobre su rostro.

Luego todo se desvanece. Puedo sentir el calor del sol quemando mi espalda; puedo escuchar el desgarrador sollozo de mi madre; puedo oler el dulce aroma de la sangre de mi padre; puedo sentir mi garganta seca siendo desgarrada por sollozos y luego el silencio.

Sabes porque paso ¿no? —Aun recuerdo el tono burlesco del alfa que había asesinado a mis padres.

La sonrisa cruel sobre sus labios mientras escuchaba los gemidos temblorosos de mi madre. El bastardo abrochaba sus pantalones. Hizo una mueca de asco y escupió sobre el cuerpo mancillado de mi madre.

Cállate perra —pronunció y la pateó con fuerza en el vientre.

Fue cuando me lancé sobre él.

Tenía seis años y había visto a mi padre ser asesinado y a mi madre suplicar mientras era violada. El olor antes confortante volverse nauseabundo.

Hueles tan bien mami —la primera vez que se lo dije, ella me miró desconcertada y sonrió.

¿Puedes olerme? —Preguntó con genuina curiosidad. Sus ojos brillaban y me miraban con adoración mientras me estrechaba con fuerza.

Si, hueles a miel y canela —suspiré y enterré mi rostro en su cuello—. Hueles a casa.

Ella había sonreído más ampliamente y me había dicho que era un niño especial. No había entendido el porqué hasta que llegué al orfanato. Los niños betas no perciben el olor de los omegas y alfas, pero yo lo hacía.

Me recuerdo en las noches frías en el orfanato aferrándome a un trocito de canela y recibir reprimendas y castigos por robarlo de las cocinas.

Pero dejé eso atrás cuando escape del orfanato. Guardé mis pocas pertenecías en una bolsa que escondí en un desvencijado armario de escobas que habían dejado de utilizar por el deterioro y esperé con nerviosismo a que la noche cayera. Cuando las luces se apagaron y la madre superiora se retirara después de revisar que todos nos encontráramos en nuestras camas; me levanté con todo el sigilo que pude y me fui, no miré atrás ni una vez. Todo lo que había amado y había considerado mi casa, mi hogar, había muerto cuando yo tenía seis años.

Cuando llegué a Moscú creí ingenuamente que todo mejoraría, había escuchado hablar del socialismo, había leído El manifiesto del partido comunista de Engels y Marx.

"… el régimen económico de la producción y la estructuración social que de él se deriva necesariamente en cada época histórica constituye la base sobre la cual se asienta la historia política e intelectual de esa época, y que, por tanto, toda la historia de la sociedad una vez disuelto el primitivo régimen de comunidad del suelo es una historia de lucha de clases explotadoras y explotadas, dominantes y dominadas, a tono con las diferentes fases del proceso social, hasta llegar a la fase presente, en que la clase explotada y oprimida no puede ya emanciparse de la clase que la explota y la oprime sin emancipar para siempre a la sociedad entera de la opresión, la explotación y las luchas de clases…" *

Recuerdo que me había escondido con el libro en el mismo desvencijado armario para escobas con una vela que apenas alumbraba adecuadamente. Los libros eran para los niños alfa, cada cosa que recibíamos; ropa, zapatos, útiles, juguetes, etcétera. Eran escogidos primero para los niños alfas, luego los betas y finalmente los omegas. Recuerdo renunciar muchas veces a los escasos juguetes que me tocaban o zapatos para que alguno de mis compañeros omega lo tuviese. Mis compañeros se burlaban de mí pero no me importaba.

La educación que recibíamos los betas y omegas apenas era lo básico; sabíamos leer, escribir, sumar y restar y si teníamos suerte aprendíamos a multiplicar. Los alfas en cambio, recibían trato preferencial, educación en materias como filosofía, política y economía; incluso tenían una pequeña biblioteca. Había escuchado alguna vez a Sor Johana —una de nuestras cuidadoras y profesora— decir que, si tenían suerte unos de esos niños serian contratados en una importante compañía y entonces harían donaciones al orfanato.

Así que cuando había aprendido a leer, me había colado muchas veces a la biblioteca y cogía libros. Cuando los leía soñaba que estaba en alguno de esos mundos que a través de las páginas se abrían pero, cuando escuchaba hablar a mis compañeros alfa de sus clases y de cómo se burlaban de los demás por nuestro bajo conocimiento, decidí que yo sabría lo que ellos; comencé a leer libros de política, economía y filosofía. La mayoría del tiempo apenas y entendía pero, con cada libro leído una nueva comprensión se iba abriendo.

Entonces, cuando llegué a Rusia esperé ver un mundo diferente, espere ver un trato más igualitario pero, nada era así. Vagué por las calles de Moscú, dormí en las calles muchas veces y había ocasiones en que incluso tenía que revolver en la basura para encontrar algo de comer. Fue durante ese tiempo que pude ver de primera mano como era la vida; mientras las familias principales de alfas gozaban de una vida ostentosa y llena de privilegios, en las calles y zonas bajas, la vida era dura, sobre todo para los omegas y betas. Muchos omegas eras usados en los burdeles y los betas eran reducidos a mano de obra barata.

Fue en uno de esos días en los que buscaba un lugar para dormir cuando me encontré con Víctor.

Había un burdel muy cerca de la zona centro dirigido por una alfa que apenas se pasaba por ahí los fines de semana para supervisar que todo estuviese en orden. Así que, una de las omegas que trabajaba ahí me permitía quedarme en una de las habitaciones pensadas para que los omegas pasaran su celo sin armar un revuelo con los alfas que frecuentaban el lugar. Era un burdel hecho para el disfrute de la clase alta después de todo.

Llegué por la parte trasera y le sonreí a Anna. Ella era una mujer un tanto regordeta con los ojos negros y el cabello castaño y ondulado.

Chris —pronunció con nerviosismo—. Hoy no es un buen día para que te quedes aquí, mi niño.

Hice un mohín y ella suspiró mientras me observaba.

No había ido a dormir al lugar en dos semanas. Había estando trabajando en una maquiladora hasta que me habían echado cuando había defendido a uno de mis compañeros omega del supervisor, un alfa flacucho que gustaba de observarnos a todos como si fuésemos alguna clase de mierda que había pisado con sus finos zapatos.

Estaba sucio y hambriento. Ella se mordió el labio y me jaló por el brazo.

Tenéis que prometer que te quedaras en la habitación y no saldrás por nada del mundo. —Me dijo con el ceño fruncido y con sus ojos mirándome intensamente.

Lo prometo, Anita —dije y ella sonrió.

Empujó una bandeja de comida en mis manos y me dirigió a la habitación que siempre ocupaba. El olor de un par de omegas se escapaba por unas de las puertas.

Recuerda, no salgas —me dijo antes de que cerrara la puerta. Sus pasos sonando por el pasillo. Por alguna extraña razón me sentía nervioso y pese al hambre que tenía apenas pude comer la manzana y el jugo que me había servido.

Cuando me di cuenta que no podría comer bocado alguno me acosté, el olor de las omegas se hacía cada vez mas fuerte haciéndome fruncir la nariz.

Había pasado alrededor de una hora y media y estaba apunto de dormir cuando escuché los pasos a través del pasillo y las risas.

Estaréis encantado —Escuché la voz dulzona de la alfa dueña del burdel y mi corazón latió aprisa. Si me encontraban, las cosas no irían bien para Anna y para mí.

Me puse de pie de un salto y me escondí en el pequeño armario haciéndome un ovillo; contuve la respiración y deseé que se marcharan rápido.

Eso espero —la voz era gruesa y ronca. Él olor que desprendía ese alfa me hizo encogerme más en mi improvisado escondite.

Sabes porqué paso ¿no? —El recuerdo llegó de pronto y mis ojos se llenaron de lágrimas; el olor era similar al de ese bastardo por un momento. Me obligué a respirar con profundidad y calmarme. Él olor del alfa era una combinación de roble y fresas; eso me hizo fruncir el ceño un poco. ¿Qué hacia un hombre evidentemente atado en un lugar como aquel? Siempre había pensado que cuando un alfa y un omega se unían el lazo que se formaba era tan fuerte que el hecho de estar con otras personas era inconcebible, mi teoría hasta ahora no había necesitado refutarse debido a que los que solían frecuentar los burdeles eran jóvenes o adultos que aun no formaban un lazo y adultos que habían enviudado pero, al parecer no era así.

N-no… yo… gnaaa… —la suave voz de una omega me llegó ahogada a través de la pared.

Éste es tu regalo mi querido hijo —pronunció la misma voz gruesa y ronca de antes.

No voy hacerlo —la voz era suave y un tanto ronca, sin embargo tenía un barítono que en automático me hizo darme cuenta de que era un joven de más o menos mi edad. El olor no del todo claro pero que me hacía pensar en naranjas dulces recién cortadas, comenzó a mezclarse con el del alfa.

¡Víctor! —se escuchó el gruñido amenazante y las feromonas del alfa mayor volverse más intensas.

¡No! —el gruñido bajo en el que fue pronunciado apenas y fue audible, sin embargo, el portazo que siguió fue muy audible.

¡Víctor! —se escuchó el rugido—. ¡Tráiganle!

Fue cuando escuché la puerta de mi habitación abrirse y cerrarse rápidamente. Había sido mi suerte que ese tal Víctor se escondiese en mi habitación. Mordí con fuerza mi labio inferior y me encogí aún más, esperando —deseando— que no se le ocurriera esconderse en el armario así como yo ingenuamente lo había hecho pero, era evidente que esa noche no era mi noche.

La puerta del armario se abrió, la escasa iluminación de la habitación me dio de lleno en la cara y mis ojos se cerraron en automático, no solo por la iluminación repentina sino que, por lo que me esperaba del otro lado.

Mi corazón palpitaba rápido y era muy conciente del sonido frenético de mis palpitaciones inundando mis oídos. La sangre comenzó a caer a través de mi barbilla y apreté los ojos con fuerza mientras me contraía más; sino abría los ojos tal vez quienquiera que estuviera frente a mí desaparecería.

Hola —la voz fue extrañamente suave y amable. El olor como naranjas recién cortadas comenzó a llenar mis sentidos y a extrañadamente relajarme. Dejé de morder mi labio siendo apenas consciente del sabor acre de mi sangre. Mis ojos se abrieron lentamente y frente a mí quedaron los ojos azules más bonitos que jamás había visto, una sonrisa suave y despreocupada me era dada.

Sin embargo, cuando él chico frente a mí abría la boca con la intención de decir otra cosa, la puerta fue violentamente abierta.

El chico que yo asumía era Víctor se sobresaltó y giró a ver. La vieja alfa y un par de hombres de aspecto rudo habían entrado. La mujer me miró con una mueca de desconcierto y sorpresa sin embargo, no dijo cosa alguna. Sus ojos y expresión se volvieron de adoración absoluta y con el mismo tono que le había oído hace un par minutos se dirigió al chico que le miraba con una expresión desinteresada, los brazos cruzados sobre su pecho.

Señorito, por favor —comenzó dando un paso tentativo hacía el muchacho quien gruñó y le hizo detenerse—. Acaso… ¿no le ha gustado la joven que hemos elegido para usted? Si es así aun hay otras dos en periodo de celo, tal vez alguna…

El joven hizo una mueca de asco y viró la cabeza. Sus ojos fijos en un punto en la pared.

No voy a dejar que me dejes en ridículo Víctor —pronunció una nueva voz, la voz gruesa y grave del alfa me estremecieron de pies a cabeza. Sus ojos de un singular tono violáceo, se encontraron con los míos por un ínfimo segundo y sentí mi piel erizarse, el terror llenarme completamente—. ¿Quién mierda es ese crío?

Sus ojos se fijaron en la dueña quien se encogió sobre si misma.

É-él… es… mmm…

El hombre chasqueó la lengua con disgusto y la hizo callarse. —Sabes no importa —sus ojos se clavaron en el muchacho que sino me equivocaba era su hijo y su ceño se pronunció—. Ahora Víctor, escogerás a una de esas omegas y me agradecerás por el regalo.

No quiero ninguna, gracias —pronunció el muchacho, una sonrisa sobre sus labios. Eso solo pareció enfurecer más al hombre. Las feromonas del hombre por un momento se volvieron más abrumadoras y me tuve que tapar la nariz, sin embargo todo solo pareció durar unos segundos pues al siguiente las atmosfera se había calmado y una sonrisa se había formado en sus labios.

Muy bien —miró a la alfa encargada y le sonrió con encantó—. Lamento el inconveniente causado pero, no se preocupe, aun así será recompensada. En cuanto a ti hijo, estoy seguro que tu madre se alegrara de verte.

Miré al muchacho borrar su sonrisa y palidecer ligeramente. Se mordió el labio con nerviosismo y cuando observó al hombre girar con la intensión de abandonar.

Es-espera… padre —lo último pareció pronunciarlo con cierta dificultad.

¿Sí? —el hombre se giró, una sonrisa en sus labios y un resplandor calculador en sus ojos.

Voy a escoger —murmuró las palabras y sus ojos miraban todo menos al hombre al que se dirigía.

Muy bien, entonces salgamos de aquí para que puedas ver la mercancía —pronunció el alfa. Girando nuevamente. Ese fue el momento en el que los ojos del muchacho encontraron los míos, la mirada era como de disculpa y resolución, yo solo sabía que mi vida sería diferente.

No —pronunció. Sus ojos encontrando los del hombre quien se había girado ante su negativa. El joven tragó con nerviosismo, sin embargo, en su rostro había una sonrisa—. Lo quiero a él.

Las palabras resonaron con fuerza en mi cabeza y pensé que me desmayaría mientras veía los ojos azules resplandecer mientras me señalaba con su dedo índice.

Mi vida y mi recién descubierta libertad me habían sido arrebatadas nuevamente por un alfa. Las lágrimas se precipitaron a través de mis mejillas porque la verdad era que nunca había escapado. La jaula rodeaba el mundo y yo solo había tenido el infortunio de caer en una de tamaño individual.


Parpadeé y acomodé el peso del niño sobre mis brazos. Podía sentir la mirada de Víctor a mi lado. Su silencio pesado y abrumador.

Había tomado un año entero para que confiara en él.

El primer mes de mi llegada a la mansión Nikiforov había sido marcada por las cruentas reprimendas que recibía cuando intentaba huir.

En esas noches de dolor, Víctor entraba se acostaba a mi lado y me pedía perdón. Él era y es tan distinto a los alfas que había conocido que pronto me encontré disfrutando de su presencia, de su humor alegre y despreocupado y sus actitudes infantiles. Pronto se hizo mi mejor y único amigo. Los pensamientos de huir se alejaron lentamente de mi mente. Pese a no ser el mejor lugar, tenía un techo, una habitación y comida caliente sin falta; además, raramente alguien se metía conmigo. Todos sabían que era "el juguete" favorito del señorito Víctor. Sin embargo, había muchas cosas que no me quedaban del todo claras como: ¿Por qué tres veces al mes Víctor era obligado a acompañar a su padre a un montón de burdeles?; ¿por qué pese a que la familia Nikiforov era reconocida en la sociedad rusa como una familia influyente, recta, de valores tradicionalistas y moral intachable, contaba con gran cantidad de esclavos y personal fuertemente armado? O y tal vez lo más importante ¿por qué el viejo Yakov me había comenzado a entrenar en armas y una serie de otras artes marciales para proteger a Víctor?

Mis respuestas fueron contestadas hasta un año y medio después de llegar. Era la primera vez que salía de la casa. Víctor había ido a buscarme esa tarde mientras había estado entrenando con el viejo Yakov.

¡Oh! —exclamó con una sonrisa al ver que había acertado a todos los blancos. Dejé el arma sobre la mesa y él se acercó a abrazarme por la espalda. Sus ojos se encontraron con los de Yakov—. ¿Esta listo?

Preguntó con la voz extrañamente suave mientras se aferraba a mí.

No pero, aprende rápido —respondió Yakov. El ceño fruncido—. ¿Por qué?

Quería que fuera conmigo hoy —respondió Víctor, podía imaginar con claridad el mohín en sus labios.

Los ojos de Yakov resplandecieron ligeramente y chasqueó la lengua.

Tú tampoco estás listo —gruñó y cogió el arma, liberó el cartucho usado y lo remplazó por uno nuevo—. Además, tu padre no lo adquirió para eso.

Los brazos de Víctor se tensaron a mí alrededor un segundo antes de que me soltase y se dirigiera a la mesa donde el arma descansaba nuevamente. La cogió con la mano izquierda y pareció sopesarla, miró en dirección a los blancos y suspiró antes de que sus ojos encontrasen los del viejo.

Nunca me ha importado lo que el viejo quiere —sonrió, su mano izquierda elevándose con el arma; apuntando hacía el blanco del medio. Sus ojos fijos en los de Yakov—. Ya deberíais saberlo Yakov.

Entonces disparó, las balas atravesaron el centro de la liana. Yakov negó con la cabeza pero apenas y podía contener una sonrisa.

Entonces, no entiendo porque preguntáis si es evidente que siempre haces lo que quieres —acusó el viejo.

Pero que decís, si siempre me he preocupado por lo que tenéis que decirme —sonrió con inocencia y colocó el arma sobre la mesa de nueva cuenta. Se giró y me cogió de la mano y nos encaminamos hacía la puerta—. Gracias Yakov por tu aprobación.

Yo no dije eso —gruñó el hombre a nuestra espalda y Víctor rió con descaro cuando se escuchó el disparo del arma dos veces.

Atravesamos la casa en tiempo record, la mano cálida de Víctor contra la mía. "Tu padre no lo adquirió para eso", las palabras de Yakov reverberaron en mi mente y el recuerdo de la primera vez que había llegado a esa casa regresó como un cubetazo de agua helada. El miedo abrumador que me había recorrido cuando uno de los matones que habían acompañado a Víctor y su padre al burdel me había lanzado contra una cama y me había dicho que tenía que bañarme y cambiarme con las cosas que me serían enviadas y que más me valía estar listo pronto porque en media hora irían a buscarme, por un momento regresó. El apretón sobre mi mano me hizo parpadear confundido, Víctor me miraba con curiosidad.

¿Qué sucede Chris? —Su voz era suave y su sonrisa era cálida. Negué con la cabeza y desvié la mirada. Mi corazón latía rápido. Había sido tan raro, de un día para otro él lograba despertar cosas que antes nunca había sentido.

Solo tengo curiosidad —dije, respiré profundo y finalmente mis ojos encontraron los suyos—. ¿A dónde iremos?

Se tensó ante mi pregunta aumentando mi nerviosismo.

Tengo una misión —murmuró bajito, nos habíamos detenido en el salón de dibujo, era el salón más pequeño y el lugar favorito de Víctor, contaba con un enorme ventanal que daba a una sección del jardín. Cuando la primavera llegaba, se llenaba de un agradable olor a rosas. Sus ojos miraban absorto el paisaje. Frunció el ceño levemente y luego se giró a verme, su mano aun aferrando la mía—. Mi familia no es lo que parece Chris.

Finalmente dijo, sus hombros se desplomaron, yo parpadeé confundido y una sonrisa sin gracia se formo sobre sus labios.

Bienvenido a la mafia rusa Chris.

Cuando había pisado suelo ruso por primera vez y al ser un beta que se había visto obligado a subsistir en las calles, había escuchado toda clase de relatos sobre la mafia rusa, ninguno positivo por supuesto así que me solté de su agarre y retrocedí un paso, por un momento creí que era una broma pero al ver la mirada de Víctor clavada en el piso y la manera en que sus hombros se tensaban, sabía que no me mentía.

No tenéis que acompañarme por supuesto —murmuró, la sonrisa había vuelto a sus labios pero era evidente la falta de sinceridad que había en ella. Sus ojos veían un punto encima de mi cabeza.

Iré —pronuncié, la convicción y resolución se hicieron evidentes y sus ojos por fin encontraron los míos.

¡Amazing! —exclamó y me abrazó.

Esa noche me convertí en algo muy similar a lo que odiaba.


Víctor.

El silencio era pesado mientras avanzábamos por las calles. Chris parecía haberse sumido en sus pensamientos y yo no tenía ni idea de como romper el abrumador silencio.

Miré de reojo al niño que inconciente se aferraba al calor corporal de Chris y me mordí el labio. Sabía que no podía dejar asumir Chris la carga, mi padre lo odiaba. Chris representaba cada acto de desobediencia que había tenido hacia él y sabía que desde su llegada había tenido la intención de deshacerse de él. Esa era la razón de las palizas que le eran dadas cuando se equivocaba. Eran mensajes para mí. Padre jamás tocaría uno de mis cabellos pero a cambio, mis juguetes recibían los daños.

— Chris —murmuré, la vista fija en la luna—. ¿Estás molesto conmigo?

— ¿Qué? —su voz también fue un murmullo y sentí sus ojos clavados en mi persona, sin embargo, continué con la vista fija en el cielo.

Chris no solo se había vuelto mi mano derecha también era mi mejor amigo, era una de las contadas personas en las que realmente podía confiar pero, mirando retrospectivamente había pocas cosas que sabía de él.

— Nada —finalmente respondí, mis ojos encontrando los suyos y una sonrisa delineando mis labios.

Él suspiró y ajustó su agarre en el niño, pese a estar dormido lágrimas fluían de sus mejillas y soltaba gemidos desconsolados.

— No —la voz de Chris me sobresaltó un poco—. Solo que… —mordió su labio inferior y sus ojos se enfocaron en el cielo—… él me recuerda a mí.

La culpa revolvió mi estómago y el silencio se precipitó de nuevo.

Las rejas de la mansión finalmente quedaron a la vista. Los dos guardias que custodiaban la entrada solo verme se apresuraron a abrir.

— Su padre le ha estado esperando —me informó uno de ellos, sus ojos por un ínfimo momento miraron la carga de Chris, sin embargo, el había cubierto el rostro del crío con parte del inmenso abrigo.

Chasqueé la lengua y el bajó la mirada avergonzado.

Entramos a la casa en silencio, Chris aferrando con fuerza al niño en sus brazos. Estaba a punto de dirigirse en la dirección del estudio de padre cuando le detuve por el brazo.

— No —negué y lo vi removerse con nerviosismo—. Ve a descansar.

— Pe-pero —comenzó él, solo para suspirar con resignación cuando le señalé al niño. Sus ojos me miraron con cierta culpa y yo le sonreí alentador.

Cuando finalmente le vi perderse en los pasillos que conducían al ala de la mansión que yo me había adueñado, suspiré con cansancio. Caminé con calma y cierta desgana hasta donde sabía el viejo me esperaba. Cuando finalmente llegué frente a la puerta de caoba negra; levante el brazo para tocar pero, ni siquiera llegué a levantar del todo el brazo cuando la voz gruesa de mi padre me llegó amortiguada a través de la puerta.

— Entra.

Giré la manija de la puerta y con lentitud abrí la puerta, una sonrisa ya en mis labios.

— Hola padre —pronuncié con despreocupación mientras entraba.

Los ojos violetas de Dmitriy Nikiforov se centraron en los míos. Sus facciones regularmente alteradas por un ceño fruncido, eran relajadas y con una para nada habitual sonrisa —o algo muy similar— curvaba sus labios.

— ¿Habéis solicitado mi presencia? —Pregunté mientras me sentaba en una de las sillas frente a su escritorio. Cogí la taza de té caliente que una sierva había puesto frente a mi solo sentarme y dí un generoso trago. El frío de fuera aun lo sentía por todo mi cuerpo.

— Vitya —pronunció el viejo y casi me atraganto con la bebida; él nunca, nunca me llamaba así. Bajé la taza hacía el escritorio y disimulé mi incomodidad mientras le daba toda mi atención. A estas alturas ya habría recibido un regaño por desviarme de la misión y llegar muchas horas después—. He recibido fantásticas noticias.

— ¿Enserio? —Pregunté, por alguna razón tenía un mal presentimiento.

La familia Plisetsky, al parecer ha dejado de ser un problema —comunicó, hizo una pausa para beber de su té e hizo una mueca. Arrojó la taza a los pies de la sierva que esperaba por órdenes a unos metros—. Sabe asqueroso, prepara uno nuevo.

La sierva mordió su labio inferior, una lágrima se deslizó por su mejilla mientras se agachaba a juntar la cerámica rota. Cuando finalmente salió, padre recargó los brazos en el escritorio y me miró fijamente.

— Como te decía, la familia Plisetsky al parecer fue atacada por sus propios hombres, todo a causa de los desvaríos del viejo Nikolai. Al parecer quería que su hija tomara su lugar, una omega —rió y negó divertidamente—. ¡Estúpido anciano! Sin embargo, su error nos da vía libre para controlar el área a su cargo, en seis horas iras a San Petesburgo ha reunirte con los sobrantes de la familia y presentaras un trato.

Asentí un poco aturdido. Por alguna razón, el niño que Chris había traído consigo me vino a la mente.

— ¿Es todo padre? —Pregunté cuando el silencio se precipitó en la habitación.

— Sí —pronunció y me levante listo para salir de ahí. Necesitaba averiguar unas cuantas cosas—. Por cierto…

Su voz interrumpió mi salida y tragué con cierto nerviosismo. Me giré a verlo, sus ojos parecían resplandecer.

— La enfermedad de tu madre ha empeorado.

Asentí sin añadir nada y caminé como en niebla hasta el ala noreste de la mansión, la última frase de mi padre siendo lo único que ocupaba mis pensamientos.

— ¡Víctor! —la exclamación de mi nombre, me hizo parpadear confundido y no sin cierta sorpresa me percate de que había llegado hasta mi habitación. Los ojos de Chris me miraron con cierta aprensión. Al parecer ya se había deshecho del crío pero no tomé importancia alguna, simplemente lo cogí del brazo mientras abría la puerta de mi habitación—. ¿Ha pasado algo?

Su voz apenas y me llegaba, quería llorar, ¿cuánto tenía que no veía a mi madre? Suspiré temblorosamente y cerré la puerta de la habitación.

Empujé a Chris contra la puerta recién cerrada y lo bese con fuerza. Él soltó un gemido de sorpresa y tal vez dolor ante mi acción pero no le tomé importancia, en cambio aproveche para sumergir mi lengua en su boca.

Habían pasado cerca de diez años desde la última vez que había visto a mi madre. Apenas podía recordar el suave aroma que desprendía y la suave sonrisa que parecía siempre tener para mí no importaba la situación.

— ¡Víctor! —Jadeó Chris cuando me separé de sus labios para decender por su cuello. Desprendí el abrigó y saco que portaba y prácticamente arranque los botones de la camisa que me separaba de su cuerpo.

Mis manos encontraron sus pezones y antes de que pudiese decir otra cosa lo bese nuevamente. Sus pezones se endurecieron bajo el tacto frío de mis dedos y gimió con fuerza cuando le apreté ligeramente más fuerte.

El único recuerdo vivido que tenía de ella eran sus ojos, los veía cada día en los espejos y en cualquier superficie reflectante. Mis ojos eran como los de ella, en todo lo demás era como Dmitriy Nikiforov y lo odiaba.

Besé el cuello de Chris y mordí suavemente en su clavícula. Mis manos se alejaron de sus pezones y descendieron con lentitud por su abdomen. Desabroché el cinturón de sus pantalones y con manos temblorosas los desabotone.

¿Madre? —la voz infantil resonó en mi cabeza y cerré los ojos con fuerza mientras hundía mi mano en la ropa interior de Chris, su pene creciendo con fuerza mientras lo masturbaba. Mis labios descendiendo por su cuello, su pecho y finalmente mi boca cerrándose en su pezón izquierdo—. ¿Por qué padre no esta con nosotros? ¿él no nos quiere?

Lamí y mordisqueé un poco sus pezones y luego, caí de rodillas y de un tirón bajé los pantalones y ropa interior de Chris, su pene rebotó ligeramente, la punta brillante con líquido preseminal.

Lamí mis labios y lo metí en mi boca, el sabor salado y un poco amargo del semen me hizo gemir. Cerré los ojos con fuerza y me concentré en el tacto cálido de las manos de Chris en mi cabello y mejillas.

Es complicado Vitya —su voz suave y sus ojos tristes —tan similares a los míos— me miraban—. Él es un hombre ocupado.

— ¡Vityaaa…! Yo…yo… —la voz de Chris me hizo abrir los ojos y mirarlo. Tenía los ojos cerrados y sus piernas comenzaban a temblar, sus uñas se clavaban con fuerza en la tela de mi saco a la altura de los hombros. Chupé con mayor fuerza mientras una de mis manos comenzaba a tantear su culo, pronto encontré la hendidura de su ano y comencé a palpar la superficie; cuando una de sus manos se aferró a mi cabello, metí el dedo índice—. ¡Aaahh…!

Gimió con fuerza mientras se corría en mi boca. Cuando sus manos cayeron a sus costados lo liberé de mi boca.

Sus ojos se encontraron con los míos y —no sin cierta sorpresa— limpió una solitaria lágrima que había corrido a través de mi mejilla. Me sonrió y me ofreció su mano para que me pusiera de pie.

— Eres tan injusto —pronunció con un mohín—. Me desnudas, pero tú, sigues con toda la ropa puesta.

Me reí y lo bese en los labios mientras dejaba caer mi saco y sentía los dedos de Chris trabajar rápido en los botones de mi camisa y luego en mis pantalones.

Caímos en la cama y por un par de horas me olvide de mi pasado, presente y futuro. Todo lo que importaba era el cuerpo desnudo de Chris debajo del mío dispuesto a recibirme.


* Extracto sacado del prólogo de la edición Alemana de 1883 "Manifiesto del Partido Comunista" por Friedrich Engels.

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Hello corazones.

Espero que hayan disfrutado del segundo capítulo. Debo confesar que planeaba subirle hasta el sábado pero, al ser el epílogo tan corto y al yo estar tan emocionada con este proyecto pues... ya sabéis, no me he podido contener :)

Tengo que avisaros que las publicaciones no serán tan rápido debido a que los capítulos serán extensos, al menos que... prefieran capítulos cortos.

En fin, espero sus comentarios corazones y hasta el próximo ;)