Hola a todos... Estoy más activa de lo que jamás he estado nunca xD El capítulo de hoy: Un universo alterno.

¡Espero que lo disfruten!

® Todos los derechos reservados para Horikoshi Kohei


El viento ligero mecía el cabello negro azabache de aquella mujer, toda su figura se mantenía a contraluz por la puesta de sol en aquel atardecer: el aura que nacía de aquella escena se le metía por los ojos con tanta intensidad que no se permitía siquiera parpadear.

Quería recordar cada detalle de aquel cuerpo, de aquella persona.

Seguía observándola desde atrás cuando ella de repente se giró para mirar a un costado, y con su mano derecha se llevó el flequillo detrás de la oreja… Era un gesto sumamente normal, pero él encontró un gesto sumamente placentero y hermoso.

Sobre todo porque le permitió ver un poco más de esos ojos. Esos ojos negros que eran esferas de luz, no recordaba otros ojos tan puros y vibrantes en todo lo que llevaba su miserable existencia.

Para su decepción, ella se volvió para mirar adelante y continuó observando el descender del sol a través del agua.

Él suspiró pesadamente desde su lugar, aunque no apartó jamás los ojos de aquella mujer.

–Yaoyorozu Momo –dijo una voz penetrante sumamente pesada, la mujer que respondía al nombre se quedó helada al sentir el filo de un cuchillo en su cuello mientras un brazo le rodeó por la cintura-. No te muevas o te corto el cuello aquí mismo.

Ella no dijo nada; solo levantó las manos en señal de rendición, pero el hombre no soltó su agarre ni un centímetro.

–¿Se puede saber qué quieres de mí? –la mujer se armó de valor para hacer la pregunta, su voz era tranquila, sin embargo, no era como si ella en realidad estuviera así.

–Tienes que deshacerte del papeleo del director jefe –dijo aquel muchacho con una voz tan fría que la heló la sangre, atajó su respiración al sentir su respiración en el cuello-. Si no lo haces te mataré yo mismo.

Empujó a la mujer y, mientras ella luchaba por mantener el equilibrio, le propinó una patada haciéndola caer al piso, le dedicó una mirada fría y amenazante por unos segundos antes de retirarse por donde había venido.

Yaoyorozu Momo lo vio alejarse mientras en el piso se frotaba el cuello con una de sus manos, lloró en silencio por un segundo efímero para después levantarse y seguir su camino.

Por la mirada que sostuvo mientras estaba en el suelo, Todoroki Shoto supo que ella no eliminaría ningún papel, y mientras caminaba a toda prisa entre la gente, susurró muy bajo para sí mismo

"Esto será muy complicado"

El muchacho se concentró de nuevo en la figura de aquella mujer, recostada por la baranda del puente mirando en dirección al río. Él estaba recostado por la baranda del lado opuesto, apoyado con los brazos cruzados. El silencio de aquel lugar solo era interrumpido por el sonido de las aves y alguno que otro automóvil que a veces se entrometía y no le permitía a él seguir contemplándola.

En ese momento se detuvo a pensar de nuevo.

–¿Acaso quieres morir? –preguntó Todoroki gritando en un arranque de ira, tomó el brazo de la mujer y la estirajeó, haciendo caer todos los papeles que ella tenía en la mano.

–¡Suéltame! –respondió ella con igual de autoridad, soltándose- Si mi deber es presentar los resultados de mi investigación lo haré, no me vas a detener, incluso si mi vida depende de ello, yo haré lo correcto

Shoto estaba totalmente extrañado con esa mujer, ella lo miraba con tanta determinación que podía sentir toda esa valentía hasta donde estaba él. Estaba asustado, por supuesto, nunca había visto tanta osadía en una sola persona, y más, ubicándose en la situación de aquella mujer.

Había visitado tantas veces a aquella mujer justamente porque estaba intrigado…

Pero…

¿Solo él pensaba que vivir era más importante que presentar esos papeles?

–Además, no me matarás ¿verdad, Todoroki-san? –agregó ella mientras levantaba todos los papeles del piso, esas palabras lo despertaron de su trance de una forma totalmente nueva para él. Contuvo la respiración mientras la miraba desde arriba.

¡Mátala! Decía una voz en su mente, pero al mismo tiempo todo su cuerpo se oponía a ese acto.

Estaba totalmente acorralado.

–Es hora –murmuró él lo suficientemente fuerte para que aquella mujer escuchara.

–Entiendo –respondió sin mirarlo, ya el sol se había metido y el deslumbrante tono naranja esperanzador se había convertido en una oscuridad deprimente.

Todavía tienes tiempo para huir.

–Si hiciera eso, te matarían a ti –se giró para mirarlo con una sonrisa tierna. Él solo reaccionó abriendo los ojos como platos sin poder entender lo que ocurría

–¿Por qué eres así? –gritó desafiante haciendo que Momo dejara de sonreír-. ¿Por qué no te preocupas por tu propia vida? ¿Por qué te importa tanto mi vida como para dar la tuya?

Momo caminó a través del puente hasta llegar hasta él, y en un arrebato de locura se abalanzó sobre él fundiendo sus cuerpos en un abrazo que Todoroki no supo responder.

–Prométeme que esos papeles saldrán a la luz –dijo con la voz cortada mientras se aferraba al pecho del muchacho bicolor-. Y prométeme también que dejarás esta vida.

Él tragó pesado, llevó su mano y la colocó sobre su cabeza, acariciando ese cabello negro azabache que tanto le gustaba ver.

No le respondió nada, pero a Momo no le importó tampoco. Llevó poco tiempo, pero le conocía lo suficiente como para saber que él no quería mentirle, y definitivamente no podía prometer nada de aquello.

Se separaron y mientras ella sobaba sus lágrimas caminaron a través de la ciudad, Momo había tomado su mano para caminar juntos por única vez. Tuvo miedo de que él la rechazara, pero contra todo pronóstico sintió como apretaba su mano con ímpetu.

Llegaron a un lugar abandonado donde él, Todoroki Shoto, acabaría con la vida de Yaoyorozu Momo. Encomendado por el director en jefe de las fuerzas especiales, él debía cumplir su misión esa misma noche sin postergar nada o sino sería a él quienes los miembros de la mafia matarían.

Yaoyorozu sabía a la perfección su condición, y, aun así, ella misma le había pedido que llevara a cabo su misión.

Él no temía morir… Y era evidente que ella sí. ¿Por qué iba tan lejos?

Él no la entendía para nada.

Una vez llegados ahí se separaron, Momo se colocó en frente suyo para sonreírle por última vez.

–Sabes –dijo en un arrebato de sinceridad-. Siempre he creído que eres el más guapo de todos, estoy segura de que te casarás y tendrás una bonita familia.

Todoroki sacó su pistola y mientras cargaba la bala no dijo ningún comentario, solo asintió sin mirarle a los ojos.

–Espero que seas muy feliz –prosiguió ella, las lágrimas empezaron a surcar a través de su cara, ella ya no estaba intentando detenerlas-. Sé feliz por mí también ¿Ok?

Él levantó la mirada y se acercó lo suficiente como para unir sus frentes, respiró pesadamente cuando ella colocó sus manos en su cara, él cerró los ojos para retener todos los detalles de esas tiernas manos suaves.

Se besaron en la oscuridad del lugar pensando en que sería la única y la última vez que lo harían. Cuando se separaron Todoroki pudo sentir el latir de sus labios, el sabor y la amargura de aquel beso no se le podían olvidar nunca.

Y mientras daba un paso atrás levantó su arma apuntando a la mujer que tenía adelante.

–Adiós Yaoyorozu –dijo mientras lo sostenía fuertemente, sin siquiera temblar.

No esperó a que ella respondiera nada, en una flexión del brazo se llevó el arma a la sien, y escuchando el grito ensordecedor de aquella mujer tan desconcertante para él, tiró del gatillo.

Todo fue negro después de eso.


¿Soy yo o me pasé de la raya? Creo que lloraré un rato.

Me encantaría leer sus reviews sobre esta historia.

Nos vemos en el siguiente día.