Siento haberme demorado tanto, pero es que no tenía más remedio. :( Más detalles, abajo. ;)


Capítulo 1: Y comienza otra batalla...

La música llenaba mi habitación. Los sex pistols sonaban en mi equipo de música, mientras yo me mantenía en la cama, con los ojos cerrados, pensando en una nueva canción. Era el último día de verano, el último momento de tranquilidad que me quedaba antes de comenzar el curso y soportar la dictadura en la que estaba sumido el instituto.

- Oh, Sid... ¿Que harías tú si tuvieras que destruir a una rosa autoritaria? - Pregunté mirando el póster de Sid Vicious que había pegado sobre el cabecero de mi cama. - ¿Tal vez una canción contra el sistema? - Reí levemente. - Eso puedo hacerlo, pero no servirá para destruirla. Contra Mimi hace falta algo más.

El teléfono móvil sonó, sacándome de mis ensoñaciones. Apagué la música y descolgué.

- ¿Quién eres y que quieres? - Pregunté, dejando colgar mi cabeza de la cama, con el pelo cayendo sobre el suelo. - Espero que sea importante. Has interrumpido mi sesión Sex Pistols.

- Hola, Sora. - Al otro lado del teléfono sonó la suave y delicada voz de Mimi Tachikawa. Aquella voz hizo que me incorporase de golpe. - Mañana empieza el curso y con él otra batalla que pienso ganar.

- Olvidalo, arpía. No vas a poder conmigo. Nunca me arrodillaré ante la reina roja. - Le gruñí.

La risa de Isabella, tan suave y burlona, hizo que me hirviera la sangre. Si esa bruja esperaba que cayera a sus pies ya podía esperar sentada. Colgué el teléfono sin decirle nada y volví a encender la música. Ahora necesitaba más que antes escuchar la música de mis amados sex pistols. Y alguien más me interrumpió. La puerta de mi habitación se abrió de golpe y tras ella apareció mi mejor amiga, junto a la que vivía en una espaciosa casa, Miyako Inoue. Una chica cuya larga melena violeta resaltaba lo moreno de su piel y el brillo de sus ojos marrones. Ella, además de mi mejor amiga, era la bajista de mi grupo, las Devil Cats.

- ¡Sora! - Gritaba con emoción. - ¡He soñado que teníamos más vacaciones!

- ¿Y por eso me interrumpes? - Pregunté, al tiempo que suspiraba. - Yolei, me temo que eso solo es un sueño. Mañana comienzan las clases.

Miyako hinchó los mofletes, en un mohín de disgusto, y cruzó los brazos.

- Aguafiestas... Tenías que recordarme lo...

- Te ibas a tener que acordar mañana de todos modos. - Dije entre risas. - Y paso de despertarte, que la última vez casi me como la cama.

- ¡Entonces dejame dormir! - Exclamó, como si fuera lo más evidente. - No me importa faltar a clase, así que si mañana no me despierto tú pasa...

- De acuerdo, como quieras. - Contesté. - Eres tú quien tendrá que tratar con la princesa de las brujas.

Me estiré, sin levantarme de la cama, y cogí uno de los libros que reposaban sobre mi mesilla de noche. Miyako al ver el libro emitió un grito y salió, como si de una exhalación se tratara, de mi habitación. Proferí una leve risa. Esa chica odiaba los libros, les temía prácticamente, como si le fueran a comer.

Mimi, rodeada de chicos y chicas, se encontraba en el centro del patio, observando a cada persona, analizando sus defectos y virtudes... Conocía de sobra a aquella chica, no necesitaba hablar con ella para saber que estaba tramando algo las 24 horas del día. No había un solo segundo en el que no estuviera planeando sus movimientos, como si estuviera jugando al ajedrez. Tenía mi mirada clavada en ella, mientras me mantenía contra el tronco de un árbol. Sus ojos, marrones como la mismísima miel, se posaron sobre mi. Le dediqué una sonrisa burlona, mostrando que no me acobardaba, que no podría conmigo.

- ¿Este año también? - Inquirió Yamato, el guitarrista y líder, del grupo The Teenwolves, nuestros rivales, un chico de media melena rubia y ojos azules, que se hallaba a mi lado.

- Por supuesto. Tengo que echarla de su trono, lo conseguiré. - Respondí, sin apartar la mirada de aquella princesa.

- Me parece que acabáis haciendo el ridículo las dos... - Dijo encogiéndose de hombros.

- ¡Centrate en tu música, que buena falta te hace! - Grité molesta. ¿De que iba aquel maldito rubio? Yo jamás hacía el ridículo.

Yamato me miró, con los ojos entrecerrados, frunciendo el entrecejo, y luego apartó la mirada emitiendo un sonoro Bah. Mimi seguía observándonos, detenidamente. Una fría y malévola sonrisa surcó sus labios, antes de que se perdiera entre el gentío.

- Buenos días. - Saludaron al unisono mis amigos.

Ken Ichijouji y Hikari Yagami, un chico de pelo negro y una chica de pelo castaño, ambos teniéndolo por la altura de la nuca, que a pesar de su similar apariencia en personalidad eran opuestos, venían seguidos del hermano mayor de Hikari, y cantante de Dead Dogs, Taichi, un chico castaño de ojos chocolate.

- Hola, niños ricos. - Saludamos a la vez Yamato y yo.

Ambos cruzamos una mirada y luego la apartamos rápidamente, emitiendo a la vez un ¡hum!.


Apartir de ahora, este fic se actualizará cada domingo.^^

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Próxima actualización: 3/03/2013