Beyblade no me pertenece...


"Para darse cuenta de la realidad no hay más que mirar alrededor… De allí nace el deseo de maullar…"


-oO08( De Descanso y Ronroneo )80Oo-

Por Kiray Himawary

Capítulo II Realización

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Una vez que cerró su habitación, su puño se abrió paso rápidamente contra la almohada, le hubiera gustado haberlo lanzado contra la pared, pero implicaba hacer ruido y entonces descubrirían que estaba llevando a cabo un pequeño berrinche, porque eso era un berrinche. Agradeció en el fondo que fuera la almohada, después de todo no quería tener que vendarse la mano por alguna lesión que si bien no le interesaba mucho a él, a los demás sí les hubiera causado conflictos.

Se recostó en la cama, las manos en la nuca y mirando al techo suspiró. ¿Por qué habría de importarle el entrenamiento ajeno? Al final ahora él podría entrenar a su propio ritmo, imponer sus normas de descanso, las horas en las que necesitaría comer, si es que lo necesitaba. La hora de levantarse, la hora de acostarse… ¡Maldición! Comenzaba a hacer estructuras de entrenamiento similares a las que Boris los había acostumbrado en algún tiempo.

Llevó sus manos al rostro en señal de frustración, debía relajarse, también eran vacaciones para él, ¿por qué no aprovecharlas? Miró al techo de nuevo, quizá no le haría daño, o quizá sí, no estaba seguro de lo que debía hacer ahora, si seguir con su rutina acostumbrada de morir de puro cansancio o, bien, tenía la opción de relajarse.

Los gatos también se relajan, ¿cierto? Porque ahora que lo pensaba un poco y que observaba al pequeño felino que husmeaba en su habitación buscando un lugar en donde arrinconarse para descansar, también ellos lo hacían. No era la primera vez que observaba esas conductas. Siempre había sido un fiel admirador de los gatos. La libertad, la soledad, la dependencia e independencia en su esplendor, tantas cosas que parecían contradecirse le hacían admirar más a los gatos.

Por un lado eran capaces de vivir en un grupo y mantener su vida individual, podían vivir con el cariño de alguien o vivir en la mera soledad, podían recibir una caricia o bien lanzar el zarpazo. Sus ojos podían expresar ternura o mostrar porqué a veces eran considerados bestias. Desde un ronroneo de placer hasta un gruñido de advertencia. Tantas cosas en un pequeño animalito. El mero pensamiento lo hizo sonreír.

Por hoy tenía suficiente, por hoy que rodara el mundo, ya mañana se preocuparía de la decisión que debía tomar. Así pasó la tarde y la noche, sin que Kai cruzara una sola palabra con los demás miembros del equipo.

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Perezosamente Rei comenzó a deslizarse fuera de la cama, la luz entrando por la ventana anunciaba un día perfecto para salir a dar una caminata o mejor aún, un día de campo, sonrió levemente, luego su vista pasó de la ventana al reloj sobre la pequeña mesa para las tareas. Diez y trece minutos. ¡Mierda! Deberían haber comenzado el entrenamiento hace tiempo. Corrió como alma que lleva el diablo hacia la ducha para quitarse el sueño, quizá si se apuraba podía llegar a tiempo para el regaño.

Luego de diez minutos de una ducha altamente veloz, tomó sus ropas usuales, se vistió y salió de su habitación a todo lo que daba. Mas, una vez que pisó el pasillo que conectaba las otras habitaciones de la casa, sintió un silencio inquietante, no había ruido de discusiones por el desayuno, no había súplicas por cinco minutos más, no había ningún ruido más que el de las aves allá afuera.

Inseguro se hizo camino hacia la habitación de Max para encontrar que el rubio aún seguía dormido; Kyo estaba en las mismas circunstancias y ni qué decir del afamado campeón mundial. En ese instante recordó que ahora tenían una semana de descanso, quizá solamente por ello su capitán no hizo la labor de rutina: Despertarlos a como diera lugar a primera hora.

En temblor le recorrió la columna, ¿el bicolor estaría molesto? Se arriesgó a acercarse a la habitación del bicolor, estaba casi seguro de que estaría vacía, es Kai de quien hablamos y siendo él, seguramente ya había iniciado su entrenamiento matutino. Abrió sin tocar previamente, la habitación estaba vacía, la cama bien acomodada, el lugar irradiaba orden; ciertamente algo típico de Kai.

Más relajado se abrió paso hasta la cocina, primero debía tomar un desayuno ligero, mejor no despertaría a los otros, que disfrutaran de su semana libre. Al entrar a la cocina se paró en seco. Allí estaba su capitán con un vaso de leche y unas galletas de avena. ¿No se suponía que debía estar entrenando ya? Fue sacado de sus cavilaciones por un maullido. El pequeño felino se paseaba por los pies del bicolor, ronroneaba de vez en vez dando a conocer su estado placentero. Sonrió mentalmente, Kai era realmente afectivo con los animales, ¿por qué no podía ser así con ellos?

— ¡Buenos días, Kai! — titubeó levemente.

— Buenos días — respondió seco.

Así Rei cayó en cuenta del cómo lucía su capitán. Cabello alborotado, ojos somnolientos y su aún impresionante atuendo para dormir, una playera sin mangas negra y un pantalón azul marino holgado y ligero. Jamás había visto al bicolor en ese estado, vaya, es que, aunque compartían habitación en algunos de los torneos, nunca había logrado verlo así, puesto que Kai siempre se levantaba primero que todos y para cuando Rei despertaba, usualmente su capitán ya estaba afuera desayunando o haciendo calentamiento.

El bicolor se levantó de su asiento, lavó su vaso y el plato en donde previamente habían estado las galletas de avena, limpió el lugar en la mesa y finalmente levantó al gato del piso, acarició su cabecita y salió de allí. Rei parpadeó mientras su cerebro intentaba procesar la información, ¿cuánto tiempo había pasado repasando los hábitos de su capitán como para que éste hubiese terminado su desayuno, limpiado el lugar y luego abandonado la cocina? Definitivamente algo estaba mal.

Caminó rápidamente en un intento por alcanzar al bicolor, tenía que cerciorarse de que no estaba molesto o que estuviera bien, ¿y si Kai se sentía enfermo y por esa razón estaba aún en pijama? Su capitán era un chico sano, pero obviamente no era de acero y mucho menos inmune a las enfermedades. Giró la vista hasta el pasillo que conducía a las habitaciones y allí iba Kai con paso ligero entrando a sus aposentos. Rei estuvo a punto de gritar para detener su marcha, sin embargo se detuvo al escuchar el sonido de la puerta cerrándose. Ya no tenía caso molestarse, Kai no iba a abrir su puerta y menos si estaba molesto.

Largó un suspiro. Dio media vuelta y volvió a la cocina, todavía necesitaba desayunar. Pasó poco más de media hora cuando escuchó los pasos del abuelo Kinomiya recorrer los pasillos que llevaban a la cocina. Suspiró mientras levantaba el pequeño tazón y lo llevaba al fregadero. El anciano entró y saludó animosamente al chino. Se despidió no sin antes desearle un buen día, pero justo cuando había dado un paso fuera de la cocina se giró y miró al chico de manera sospechosa.

— ¿No deberían estar entrenando? —

Esas palabras fueron como mágicas, no era un sueño, ¡tenían una semana libre!

— Hablamos con Kai y accedió a darnos una semana para relajarnos — fue todo lo que dijo, aunque su sonrisa podía decir más.

El anciano tomó con su mano izquierda su barbilla, miró sospechosamente al joven de cabello negro, para luego desearle una feliz semana de relajamiento. ¡Oh, sí! Esa semana iba a ser lo mejor.

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Rodó por el piso una vez que no halló suficiente espacio en la cama. Sintió la fría madera chocar contra su mejilla. Abrió perezosamente un ojo intentando mantener el otro cerrado a causa del extremo dolor que significa caer de la cama. Notó entonces que la tortuosa luz solar molestaba su vista, ¿qué el sol no podía esperar un poco a que la nubosidad en la vista de un recién levantado desapareciera para salir?

Maldijo por lo bajo mientras se levantaba del piso. Una vez de pie procedió a su estiramiento matutino en medio de bostezos. Siempre era relajante despertarse y poder estirarse sin tener la presión de correr a entrenar… Giró lentamente para ver el reloj estampado en la pared… Doce treinta del día… ¡El entrenamiento!

Sin más salió corriendo por el pasillo y llegó directamente hasta el patio trasero, vacío. Algo estaba mal, eran las doce treinta y debían estar entrenando, alguien debió haberlo despertado hace más de cuatro o cinco horas, eso tenía que ser un sueño. Es decir ¿dónde estaba Kai dando órdenes? Fue cuando recordó que su capitán les había dado la semana libre a causa de su petición, simplemente… ¿Había funcionado? ¿No había trucos? ¿Kai había aceptado?

Se quedó un rato allí parado reflexionando sobre lo que estaba ocurriendo, sin pensarlo se sentó en la orilla de la salida al jardín trasero. Su pijama azul cielo parecía no encajar muy bien con el horario, pero ¿qué más daba? ¡Eran vacaciones! Así corrió directo a la cocina donde tomaría su desayuno, claro que frenó por unos segundos antes de llegar, primero debía darse una ducha, cambiarse para tomar un desayuno propio de las vacaciones. De esta manera fue que llegó hasta su recámara, que curiosamente estaba a un lado de la del bicolor.

Recordó entonces que no lo había visto entrenando en el patio, seguramente había ido a entrenar a la playa o a algún lugar tranquilo, no importaba de todas formas, eso ya no le molestaba, era momento de relajarse y descansar. Cerró la puerta de su habitación tras de sí, luego se recargó en ella y dio un grito en realización.

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Max estaba seguro de que Takao era el dueño de ese grito. Era normal, después de todo no siempre despiertas un día con vacaciones para ti solo cuando tu capitán no es otro que Kai Hiwatari. Lo había descubierto hacía un rato, justo cuando la necesidad de ir al baño se había hecho presente.

Al igual que sus otros dos compañeros miró al reloj y notó que eran las once dieciocho minutos, al igual que Rei corrió a la regadera, tomó una ducha de agua helada para despertar, pero a diferencia del chino, Max se detuvo en seco antes de abrir la puerta, había recordado que tenían la semana libre. No sabía con certeza si era verdad hasta que escuchó la tranquilidad a su alrededor. No tuvo molestias en volver a su cama que ya había tendido y recostarse un poco más, no quería arriesgarse en ser el primero en volver a la realidad.

Tiempo después escuchó un breve golpecito en la puerta indicando que alguien estaba del otro lado y allí estaba Kyo igual de confundido. Ambos permanecieron en su habitación hasta escuchar el grito de felicidad de su amigo.

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Estando en su habitación escuchó el grito de su amigo. Frunció el ceño en molestia. ¿Por qué no entendían el significado de entrenamiento? O mejor aún ¿Por qué él no entendía el significado de descanso?

Observó al pequeño felino dar un par de vueltas sobres su eje buscando la mejor opción para hacerse ovillo. Pronto cayó en cuenta de un par de cosas que hasta hacía unos segundos había olvidado de los gatos.

Los felinos reposan cuando tienen la necesidad y la oportunidad de hacerlo, jamás de detienen a preguntar a los demás si está bien lo que hacen. Los felinos pelean cuando es necesario y realizan esfuerzos sobre naturales por sobrevivir. Entonces ¿Por qué no descansar? Tenía la necesidad de darse un respiro y la oportunidad para hacerlo. Kai jamás se detiene a cuestionar si está bien lo que hace. Él pela cuando es necesario y realiza esfuerzos sobre naturales para sobrevivir.

Sí, Kai se merecía un descanso como aquel felino a unos cuantos centímetros de él. En un gesto curioso el bicolor giro varias veces sobre su lecho buscando una posición cómoda y sonrió para sí, si él fuera un gato, también se haría ovillo. Rió para sus adentros. Oh sí, Kai desearía ser un gato.

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¡Gracias de antemano por sus lecturas!

Agradecimientos a: Gato-negro-13, bermellon,y Haro kzoidspor obsequiarme un bonito review en el capítulo pasado.

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