-Deberías agradecerme-
-Por tus tonterías, lo dudo-
Tenía a lugar una discusión, que comenzó cuando Kagura, Akago y Kagome llegaron al palacio del nuevo Naraku.
Claro que el trabajo de Akago consistía en controlar a Kagome, pero inmediatamente Naraku noto que esto no se había realizado como él suponía, puesto que está, más que bajo un trance o algo similar, llegó vivida, moviéndose y hablando por sí misma y no por acciones de Akago, como se supondría.
-Volví- fue lo que dijo la chica al encontrarse con Naraku de frente. Mientras ella casi corría a sus brazos, Naraku por su parte caminaba lentamente a encontrarse con sus sirvientes.
Sin comprender el comportamiento de Kagome, el pelinegro solo respondió con un
-¿Volviste?- seguido de una mirada de interrogación a Kagura
-Mamá…- Dijo como cualquier otro bebé Akago, mientras colocaba su diminuta mano en el rostro de Kagome y los ojos de está perdían brillo, Kagome había caído de nueva cuenta en el total trance de Akago, se mantenía parada, sin ninguna expresión en la cara.
-¿Mamá?- Dijo Naraku quien miro a Akago con reprobación, metiendo sus manos en las mangas del kimono oscuro que llevaba en ese momento, dándose aires de un hombre regañando a un niño-¿Qué has hecho?- terminó por preguntar.
El pelinegro observó a Kagome, tratando de saber si realmente estaba en un total trance por Akago.
-Kagura, podrías llevar a Kagome a un cuarto-
-He si, de acuerdo-Desde que habían llegado Kagura decidió ignorar la discusión, pero en cuanto escuchó su nombre puso su atención en Akago.
Mientras Kagura retiro de brazos de Kagome a él bebe, Naraku tomó rumbo a otra habitación, y como un fantasma Kanna hizo aparición para tomar a Akago y seguir a Naraku. Kagura se marchó con Kagome y Naraku y Akago seguían con su conversación, en otro parte.
Volviendo a la actualidad, Kanna, que estaba sentada de rodillas frente a Naraku, aun sostenía a Akago.
-No veo el problema, mientras sigas con tu papel… Al menos claro, que realmente tú te dejes llevar-
-Si algo sale mal, además de resolver tu desastre, también me encargare de ti- Dijo Naraku en un tono de advertencia, de hecho era más una amenaza, que una incentivación.
-Espero que eso no aplique, si eres tú el que se equivoca- Respondió como burla el bebé
-Salgan- Ordenó Naraku para terminar la conversación.
En la aldea de Kaede, un confundido, y poco herido, grupo de amigos planeaban como recuperar a su amiga de manos de su enemigo.
-No entendió porque la señorita Kagome nos atacó, ni mucho menos que razones pueda tener para marcharse con Kagura... Aunque lo que más me intriga es el niño que tenía-
-Tiene razón excelencia, ese niño...-
-No puedo creer que la señorita Kagome cuide de un niño que no sea nuestro- Interrumpió Miroku supuestamente molesto con lágrimas fingidas brotando de sus ojos, solo para ser mandado al suelo por un golpe de Sango en la cabeza.
-No es momento de bromas estúpidas Miroku- Reprocho Inuyasha
-Que vamos a hacer, hemos perdido el rastro de Kagome- Resaltó Sango con una expresión seria, mejor dicho, preocupada.
-Seguir buscando por supuesto- Grito Inuyasha. No había podido salvar a Kikyo, así que estaba más que decidido a proteger a Kagome a cualquier costa.
De regreso en un gran castillo, rodeado por un poco de neblina, por la lluvia que previamente había cesado, en una habitación adornada por un futon grande, una mesita, un espejo de cuerpo completo, y varias velas en las esquinas, la atmósfera era fría, debido a esto el calor que le brindaba el pequeño cuerpecito que le acompañaba en el futon, le animaba a abrazarlo, así tras unos cuantos movimientos, la chica de cabellos largos, lacios y negros despertó de un largo sueño, el frío le pedía no levantarse, sólo abrió los ojos para corroborar que su hijo estaba junto a ella.
-Akago…- Dijo una somnolienta Kagome mientras retiraba con sus dedos los cabellos que cubrían el rostro del pequeño bebé -Oh mi niño eres tan pequeño- la pelinegra enternecida por aquel niño de aspecto vulnerable, sujeto su manita para besarla, admiraba su cabellera sedosa, su piel pálida, imagino que podría sentir frío, le cubrió bien y acomodó su almohada.
-Ahora eres pequeño, yo estoy aquí para cuidar de ti, mi niño, en unos años, crecerás, me asegurare de que lo hagas siendo un buen chico, te enseñare todo lo que se, tu papá….- Y como un golpe un supuesto recuerdo llego a ella, era Naraku sentado en el marco de una ventana, mirando con un aire melancólico por ella, Kagome iba ingresando en la habitación, detuvo su paso cuando Naraku volteo a mirarle y le sonrió - Serás aún más brillante que él, más guapo incluso, te daremos lo mejor cariño-
En el revoltijo que había armado Akago en la cabeza de Kagome las cosas sucedieron así:
Cuando ella había sido traída a través del pozo por la mujer ciempiés, un hombre a lo lejos le vio salir del depósito de cadáveres. Este hombre casi va corriendo a ayudarla a salir, de no ser porque, en ese momento, este recordó que Kikyo había muerto, aquel hombre, de nombre Naraku, se preguntó quién era ella, pues tenía la misma esencia de su amada Kikyo.
Después fue de igual manera retenida en el bosque por los aldeanos, ya que estaba prohibido estar ahí, cuando fue llevada al pueblo Kaede la reconoció como la reencarnación de Kikyo. Todo se apegaba a la realidad, a excepción de que en el momento en que la monstruosa mujer atacó, Kagome, que corrió al bosque, se topó con un apuesto hombre de ropas oscuras, cuando la mujer ciempiés atacó gritando que quería la perla, Naraku la rebano por la mitad, Kagome aterrada cayó al suelo, Kaede le socorrió, pero para cuando ella llegó al lado de la pelinegra, Naraku ya no estaba.
Días después, cuando el cuervo demoníaco buscaba conseguir la perla sagrada, Naraku es quien rescata a Kagome, los sucesos posteriores son iguales a los que la conciencia de la pelinegra recordaba, la perla de Shikon fue fragmentada, ese mismo día cuando Kagome regreso al pueblo, no tardó en notar que el hombre que le había ayudado, y además desconocía el nombre, nunca estaba en ese lugar, siempre se encontraba paseando por los alrededores, así que decidió preguntarle por él a la vieja Kaede.
-¿Quién es el hombre que me ayudo?, no lo he visto, y quisiera agradecerle-
-No se bien a quien te refieras mi niña, pero dudo que sea de aquí, conozco a todos, y ninguno se hubiera marchado después de ayudarte, ten cuidado por favor-
Verdaderamente, cuando Kagome llego Naraku fue al pueblo a indagar sobre lo que se sabía de ella.
Cuando Kagome fue consistente de que no encontraría al pelinegro en el pueblo fue al bosque, donde por primera vez vio a Naraku, lo encontró recargado en el tronco de un árbol, él no dijo nada, fue ella quien rompió el silencio con:
-Yo podría preguntar, ¿Cómo te llamas? - Él no respondió.
-¿Por qué me ayudaste?- Pregunto Kagome.
Naraku con un tono que sólo le dedicas a alguien inoportuno, respondió.
-No te confundas, no te ayude a ti, solo no he dejado que borren la última parte de la esencia de Kikyo-
Naraku se separó de aquel árbol, para decir esto, y después solo se marchó,
Kagome se sintió mal, pues desde que llegó no había dejado de compararla con Kikyo, mujer que por cierto no conoció.
En esta realidad inventada, Kagome se marcha del pueblo unos días después, debido a que nunca se entera de como pasar por el pozo con ayuda de los fragmentos de la perla, se va diciendo que volverá a donde pertenece, aunque realmente se marcha acompañada por Naraku, para recolectar los fragmentos de Shikon, para que él pueda pedir un deseo, que sería "revivir a Kikyo", y acto seguido esta pueda ayudar a Kagome a volver a casa.
Durante este viaje, donde Naraku comprendió que por más que Kagome y Kikyo se parecieran no eran iguales, cuando creía ver en Kagome a Kikyo, esta decía algo que nunca esperaría de Kikyo, cuando Kagome enfurecía, maldecía torpemente, refunfuñaba cual niña, y esto le divertía al pelinegro acompañante.
También en esta ilusión nunca conoció a Shesshomaru, mientras que ha Inuyasha, Miroku, Sango, Kirara y Shippo, los conoce como enemigos, pues en estos recuerdos falsos, era Naraku el supuesto verdadero amor de Kikyo, e Inuyasha al enterarse de que la que fuera la sacerdotisa Kikyo pensaba dejarlo, la asesina, volviéndose Naraku la persona que más odia, los demás juegan el papel de secuaces en busca de dar muerte al ahora único amor de Kagome, Naraku.
Kikyo realmente prefirió a Inuyasha sobre Naraku.
Aquí, en la historia armada dentro de la cabeza de Kagome, Inuyasha quería la perla, que hasta el último día de su vida Kikyo cuido con esmero, para usarla en su amado y convertirlo en un demonio completo.
Él medio inu, antes de matar a Kikyo, se negó a escuchar a la sacerdotisa, no se enteró de que Kikyo vio una última vez al pelinegro para despedirse. Inuyasha estaba convencido por las palabras de Sango que fueron muy claras, "Ella va a traicionarte"
Durante el viaje de Kagome junto a Naraku, de quien inevitablemente se enamoraba más y más con el paso de los días, esta pareja fue atacada por sorpresa por Inuyasha y sus compañeros, Kagome aun no sabia manejar bien su poderes espirituales, por lo que la batalla dependía en gran parte de la capacidad de Naraku para esquivar los ataques, una que otra vez Kagome obtenía un buen tiro, dando oportunidad a Naraku de contraatacar, pese a los esfuerzos de ambos, debido a la obvia superación en número de Inuyasha y su grupo, Kagome y Naraku fueron derrotados, Sango aprovechándose de la inexperiencia de Kagome le atacó, Kagome que apuntaba a Inuyasha no percibió el ataque de la exterminadora que se le acercaba a gran velocidad…
A cambio de recibir una estocada que le atravesó el hombro por parte del albino, Naraku pudo repeler el ataque dirigido a su compañera, Kagome en completo shock no sabía qué hacer ahora que Naraku estaba herido, en cuanto lo vio quejarse, una gran preocupación, característica de las personas enamoradas, se apoderó de ella, gracias esto pudo concentrar parte de su poder en una flecha que tomó rápidamente, apuntó hacia Sango y los demás que se aproximaban a ellos, Naraku cayó de rodillas al suelo, la cortada había sido profunda.
- No escaparan-grito Inuyasha
-Vete-Le susurro Naraku a Kagome
Kagome desesperada soltó la flecha que impactó en el suelo y generó una onda de poder espiritual que paralizó a Inuyasha y noqueo a los demás.
Kagome ayudó a Naraku a levantarse…
-¿Puedes caminar?- Preguntó la preocupada mujer.
Naraku por su parte solo asintió, se apoyó en Kagome, y comenzaron a andar…
-Vuelvan a aquí cobardes- Alcanzó a gruñir Inuyasha.
Rato después, Naraku le fue indicando un camino a Kagome, así llegaron a una casa entre frondosos y altos árboles. Era precisamente la misma casa, ala que la habían llevado esperando que Inuyasha la buscara, cuando Akago se apoderó de su alma.
Ahí recostó a Naraku en el suelo de Madera, con vendas y algunos ungüentos, que había hecho de paso por los pueblos y aldeas. Le cubrió la herida, ahora ya no sangraba.
Naraku se había quedado dormido, Kagome permanecía a su lado de rodillas sosteniendo su mano, la vida del pelinegro ya no corría peligro, de eso estaba segura, pero no podía evitar sentirse angustiada por verlo en ese estado, casi comenzó a llorar cuando Naraku despertó y llamó su atención colocando su mano en su mejilla y acariciándola con suavidad.
-¿Estás bien?-
-Tú eres el único herido- Dijo la mujer con ojos que amenazaban con dejar salir algunas lágrimas.
-No llores-Dijo con demasiada tranquilidad
-No estoy llorando- Replico Kagome
Ambos guardaron silencio por un largo rato, Kagome sentía haber pasado así una eternidad…
-Ya te dije que estoy bien, mi herida sanara en un día o dos- Al fin hablo Naraku.
-Yo…- la pelinegra trataba de reunir el coraje suficiente para decirle lo que sentía a Naraku, aunque era más que probable que este sólo le dijera lo obvio, él no se interesaba en Kagome como mujer.
-Yo no… Yo estoy así… porque, te hirieron por mi culpa…-
-Yo elegí eso, no es tu culpa, lo que haga o no haga es asunto mío-
- haa-suspiro Kagome-Yo estoy así porque, la idea de que te hieran, no me gusta, no quiero que te lastimen, yo, quiero protegerte, quiero poder protegerte y apoyarte como tú lo haces, quiero ser fuerte, por ti, por mí, porque te amo, si yo supiera pelear, como lo haces tú, no tendrías que estar al pendiente de mí, porque yo podría defenderme, podría ayudarte…-
Y después de haber pensado que por el día de hoy no lloraría, lagrima tras lagrima escurrían por su rostro.
-Entonces si no me vuelven a herir, ¿Tu no volverás a llorar?-Naraku que seguía recostado, volteo el rastro hacia un lado, para no mirar el rostro de Kagome…-¿Me amas?-
Kagome al no haber sido rechazada en ese momento, cayó en una grave confusión, no entendía porque le estaba preguntando eso ahora, pero aun así respondió.
-Si… te amo-
Bajo ninguna circunstancia Kagome sería capaz de negar que amaba a Naraku.
-Entonces si te pido que te quedes conmigo, que me sigas a todos lados y cuides de mí, ¿lo harás?-Kagome iba a responder, pues estaba más que segura de cuál sería su respuesta, aunque Naraku prosiguió sin dejarla responder -¿Y si te pido que nunca me abandones?-
-No te abandonaria aunque me lo pidieras-
Naraku dirigió su mirada al techo de la habitación, sonrió, cerró los ojos, y tuvo el mejor descanso de toda su vida.
Desde ese día el amor de Kagome seria correspondido, pasaría un amplio periodo de tiempo para volverse a encontrar con Inuyasha, y durante este la pareja que comenzaba su relación planeaba su futuro. Naraku era abiertamente más protector con ella, como si tuviera una niña en las manos, una que debía ser cuidada como la más frágil artesanía de cristal. Con el paso de los días Kagome dejo de creer que esto era enternecedor pues aunque no le desagradaba, por completo, le generaba un profundo malestar, pues así era aún más evidente su incapacidad de enfrentar potenciales peligros.
Gracias a esto la pelinegra decidió comenzar a practicar con la energía espiritual, con el paso de escasos meses ya no solo era capaz de distinguir el brillo de los fragmentos de la perla, sino que tambien podia presentir la presencia de Naraku acercándose o alejándose, tiempo después, con la llegado de un invierno, decidieron acentuarse en un claro. Esa fue la primera noche que Kagome noto que Naraku se iba por un largo tiempo, una semana después estaba segura que estas salidas no eran esporádicas, pues cada noche sin falta Naraku sin mucho esfuerzo era silencioso al tomar los fragmentos de la perla que habían estado recolectando y salir a quien sabe donde. Por primera vez Kagome decidió averiguar a dónde salía.
Gracias a su práctica la chica podía sentir a Naraku hasta un radio de aproximadamente 50 metros, espero a que se detuviera y lo busco. A mitad de camino Kagome se detuvo y quedó estática, reflexiono que si Naraku era capaz de detectarla no podría saber quéque es lo que habíahabia estado haciendo toda la semana, sin saber muy bien qué hacer se lamentó por no usar barreras -Eso es- por fin se dio cuenta de que era lo que solucionaría su problema, una barrera de protección. Pero ¿Cómo lo haría si solo era capaz de detectar la presencia?, por lo menos debía intentarlo.
Imagino un resplandor surgiendo de la punta de sus dedos, no pasó absolutamente nada, inhalo profundo y cerró los ojos, lo intentó de nuevo, sintió un calor en la palma de su mano, no se animó a abrir lo ojos pues temía estar desvariando, prosiguió a imaginar una delgada capa resplandeciente envolviendola, muy lentamente un tenue calor comenzó a cubrirla, intentando no perder esta visión mental abrió lentamente los ojos para ver el resultado de su esfuerzo, aunque no era tan fuerte como las barreras que conocía, para su primer intento lo había hecho bien, consiguió materializar una débil barrera, había tardado mucho en lograr esa hazaña pero no podía correr hacia Naraku pues en un segundo de desconcentración la barrera desapareceria.
Camino lo más rápido que puedo hacia el lugar donde estaba su amado, las dudas la carcomía, ¿Qué estará haciendo? ¿Por qué? y sobre todo ¿Por qué no le había dicho nada al respecto? sus preguntas solo tendrían respuesta hasta encontrarse con Naraku así que ignorando sus inseguridades se apresuró a su encuentro.
Tras varios minutos lo encontró recargado en el tronco de un árbol, su expresión era pensativa, parecía que la barrera funcionaba pues este no había volteado a verla, se acerco otro poco y logro ver como Naraku estrujaba en su puño la semiesfera, frente a él había un profundo agujero, ¿Por qué?- se preguntó kagome. De nueva cuenta no sabia que hacer, ir a hablar con él o solo observar, antes de que se decidiera Naraku se levantó y arrojó el trozo de perla al agujero, inconscientemente kagome dio un paso al frente y partió unas ramitas, el sonido logro que Naraku buscará lo que lo había producido. Después de una rapida inspeccion detuvo su mirada en donde se encontraba Kagome, la chica sintió como sus miradas se encontraron y suplico por que la barrera no desapareciera y de hecho no lo hizo pero ni siquiera eso logró que Naraku no la percibiera.
-Kagome?!-
La mujer no sabia que hacer, irse, reclamarle, ¿Qué hacía?
-¿Vas a esconder los fragmentos?-
-¿Qué haces aquí?, es peligroso- pareció que no la había escuchado, así que insistió, quería respuestas.
-Yo podría decir lo mismo no crees-
-Es diferente, yo puedo cuidarme solo-
-Yo también puedo, pero eso no…. en serio, qué pasa?-
El pelinegro suspiró largamente y se recargó de nuevo en el árbol, medito un poco lo que iba decir y finalmente respondió.
-¿No estás cansada?- por un segundo Kagome tuvo miedo de escuchar lo que decía su amado- Muchos nos buscan por eso- mira fugazmente el agujero donde había dejado los fragmentos de shikon - si los dejamos aquí, donde nadie pueda encontrarlos- Kagome lo interrumpió.
-Pero sin ellos no podemos…. revivirla y yo-
-Kagome tú ¿quieres volver a tu Hogar?-
Naraku quería deshacerse de los fragmentos, no por protegerse, no quería que Kagome lo dejara igual que Kikyo.
Kagome en silencio recogió los fragmentos y los sostuvo sobre su pecho- Tu eres mi hogar, no iré a ninguna parte sin ti, pero… sé que hay un lugar mejor para estos-
