CAPITULO 2
Bilbo había tenido una educación correcta y adecuada, su madre se había encargado de convertirla en una perfecta anfitriona, capaz de atender a la gente que visitara su casa. Su madre jamás habría aprobado que su hija dejará en la puerta a aquellos que acudieran a su hogar por lo que a pesar de todas sus reticencias, los dejó entrar.
Eran dos jóvenes enanos, muy jóvenes, no parecía que debieran andar recorriendo los caminos ellos solos como si nada. Los enanos eran ligeramente más altos que ella pero bastante más corpulentos, sentía como si abarcaran todo el espacio de su recibidor así que los invitó a acomodarse en su sala, donde de inmediato se pusieron cómodos. Cómodos a tal grado que perdieron las capas de viaje, los abrigos y hasta las botas que estaban cubiertas de lodo.
Bilbo suspiró, para evitar que su casa quedara como un cochinero tendría que limpiar esas botas, así que las tomó del suelo y las llevó a la cocina, donde sirvió un poco de té recién hecho y lo regresó con ayuda de una charola para poder transportar las dos tazas grandes que había usado. Los enanos lo tomaron con alegría aunque ella sabía que lo que más deseaban eran comer, lo podía ver en sus rostros tensos, como si no supiera cómo inquirir sobre los alimentos.
Ella entró a la cocina de nuevo, donde comenzó a preparar el pescado que habían traído en la mañana para ella, cortesía de un siempre preocupado Hamfast Gamgee, quién desde la muerte de sus padres se aseguraba que tuviera algo con lo que preparar una buena comida.
Limpió las botas con destreza, el lodo no era algo ajeno a ella y después de un viaje era impensable regresar a la casa con la suciedad. Cosa que deberían haber pensado sus visitantes antes de poner un pie dentro de la casa. Claro, eran jóvenes y no pensaban en cosas prácticas y concretas.
Tampoco era como si Bilbo fuera muy grande, definitivamente era joven, igual que ellos, pero ya había cumplido la mayoría de edad y era capaz de mandarse sola. Si su vida fuera como la de las otras jóvenes hobbits, comenzaría a recibir regalos, invitaciones, flores y tal vez, sólo tal vez, iniciaría el cortejo con algún joven especial que hubiera captado su atención.
Pero ella no era como las otras chicas y no porque no le interesara lo que sucedía cuando una aceptaba el cortejo de algún chico sino porque sabía que no habría nadie lo suficientemente audaz para acercarse a ella o lo suficientemente interesante para sobresalir entre los demás y volverse alguien especial para ella.
Y es que con todos los viajes, con toda la gente que había conocido, su camino se había cruzado con el de humanos, elfos, enanos y magos; el regresar a la tranquila y monótona vida de un hobbit era, impensable. Pero era una Baggins, sensata y coherente, sabía que en algún momento tendría que encontrar a alguien y olvidar todo lo que había vivido por el bien de su familia.
Era eso o conformarse con incluir a sus sobrinos en el negocio; los futuros hijos de sus primos.
Regresó con las botas limpias para sus invitados, los cuales lo agradecieron, y los invitó a pasar a su cocina dónde había ya servido la comida para ambos. Era muy buena cocinando porque su madre se había encargado de que dominara aquella habilidad y su madre era más que excelente cocinando. En parte le agradecía, Bilbo no sabía cómo podría sobrevivir si no supiera cómo alimentarse correctamente.
Cuando sus invitados terminaron de comer, intercambiaron miradas nerviosas. Ella sabía que el momento de exponer los motivos de su presencia en su casa era ya impostergable.
-Señorita –dijo tentativamente el enano de más edad, de cabellos rubios, de bigotes trenzados.- Agradecemos mucho su hospitalidad pero en verdad tenemos un asunto urgente que tratar con el señor Bilbo Baggins.
Bilbo estuvo a punto de echarse a reír, ¡cuánta seriedad en alguien tan joven!
-Primer punto –dijo ella levantándose para encargarse de los platos sucios- nada de señorita, esa clase de etiquetas son para mí, desagradables.
Los enanos la miraron con atención, no se había percatado de lo mucho que la miraban hasta que comenzaron a hablar; ella había estado distrayéndose con todo lo que pudiera para no tener que admitir que se sentía incómoda con ellos dentro de su casa, en su cocina.
-Y segundo, no existe el señor Bilbo Baggins –ella habló de nuevo y esas cuantas palabras bastaron para que una expresión de sorpresa y miedo cruzara por el rostro de los enanos.- Yo soy Bilbo Baggins, hija de Belladonna y Bungo Baggins, heredera de Baggins & Sons y de Bag End. A su servicio.
Terminó lo anterior con una reverencia educada que habría sido aplaudida por su madre, muy propia de una chica de buena familia.
-Pero… -trató de iniciar el enano más joven, de cabellos lacios, con bigotes y barbas incipientes.- Pero Bilbo Baggins es el mejor buscador que hay, capaz de seguir el rastro de un ratón a través de millas.
-La mejor buscadora querrá decir usted señor enano –corrigió ella con presteza. Era el error típico con el que había vivido por tantos años, no le afectaba a estas alturas, que los demás pensaran que una chica no era capaz de ser la mejor en el algo era normal.
-Pero usted…
-Usted…
De ninguno de los dos salía alguna palabra coherente. Bilbo quería reír aunque también la desesperaba un poquito el hecho de que el simple hecho de revelar su identidad causara tal conmoción en aquellos invitados que deseaban ser clientes.
-Sí, yo. Si desean presentar alguna solicitud para contratar mis servicios creo que sería buena idea que abrieran sus bocas para algo más que para emitir sonidos guturales.
El enano rubio se aclaró la garganta y trató de ordenar sus pensamientos, aunque ella no fuera lo que habían imaginado, no tenían mucho de dónde elegir. De todos modos su reputación la precedía, era la mejor, Bilbo Baggins, aunque fuera una ella, eso no cambiaba nada.
La verdad es que tenían un problema muy grave, uno que requería la mayor de las discreciones y que debía ser manejado con premura y eficacia. Su madre los había puesto en el camino, no tenía otra opción, aunque no la hacía nada feliz el mandar a sus hijos en busca de una vaga esperanza. Pero la importancia de recobrar lo que Bilbo Baggins podía encontrar era vital, para su familia y para su reino de Ered Luin.
-Necesitamos su ayuda, es urgente –dijo el enano de cabellos negros con voz temblorosa.
-Pronto habrá una reunión de todos los clanes enanos de la tierra –comenzó a decir el enano rubio con la mayor de las seriedades.- Se llevará a cabo en el primer reino de los khazad, Gundabad.
-Lugar que siempre ha sido disputado por los orcos de una manera de lo más agresiva.
-Aunque eso no es importante ahora Kili –dijo el enano rubio ante la interrupción del enano de cabello oscuro.
-Lo siento Fili –dijo él con un susurro. Bilbo pensaba que debían ser familiares, hermanos, aunque fueran muy diferentes uno del otro. Fili, el enano rubio, siguió con lo que estaba diciendo antes de ser interrumpido:
-Nuestra familia controla cuatro de los reinos más grandes que existen, Gundabad por supuesto, Khazad-Dûm, Ered Luin y Erebor; todo gracias al férreo control que ha ejercido el supremo Rey Thrór y su hijo Thráin.
-Nuestro abuelo, somos nietos de Thráin –añadió rápidamente el enano llamado Kili aunque por eso se ganó una mirada de reprobación de Fili.
-Thrór, nuestro bisabuelo, ha gobernado el reino que construyó, Erebor, la Montaña Solitaria.
-Thráin gobierna Khazad-Dûm –complementó Kili esta vez de una manera eficiente.
-Y Frerin, nuestro tío, y nuestra madre Dís gobiernan los asentamientos de Ered Luin. Difícilmente se podría considerar un reino pero lo es, es el más pequeño de todos.
Bilbo sabía un poco de todo aquello, de los padres de los enanos creados por un Vala llamado Aulë y de los reinos hermosos y orgullosos creados por estos; algunos muy cercanos a su amada Comarca. Había estado en contacto con varios enanos que vivían en Nogrod y en Ered Luin pero jamás pensó estar en presencia de los que si bien entendía, sería herederos de aquellos reinos.
-Pero el problema –dijo Fili retomando su relato- reside en que dejamos de tener noticias de Erebor, súbitamente.
Ambos enanos se miraron por un segundo, como si dudaran acerca de la conveniencia de seguir hablando.
-El gobernante de Gundabad, nuestro tío Thorin, acudió a Erebor en busca de la razón del silencio tan absoluto en que el reino había caído.
-Lo cual no fue la mejor decisión que se pudo haber tomado –añadió Kili. Aquello parecía haber sido motivo de discusiones familiares porque los enanos se miraron preocupados. Mucha de su conversación era sin palabras, debían haber pasado la vida entera juntos porque se entendían demasiado bien.
-Sufrieron un ataque –reanudó Fili- la mitad de su ejército fue masacrado por orcos gigantes. Algunos lograron regresar a Gundabad para avisar de lo sucedido y algunos más consiguieron de alguna manera llegar a Erebor para encontrarla por completo aislada, no se puede llegar a la puerta sin ser atacado por una lluvia de flechas. No sabemos el por qué pero el reino esta incomunicado.
-Y Thorin simplemente se esfumó de la faz de la tierra.
Esta última frase era difícil de manejar. Kili la pronunció y no pudieron agregar nada más después de ella. Bilbo se quedó pensando en lo que acababa de escuchar. Un rey que iba a buscar a su abuelo a un reino del que no han tenido noticias en un tiempo considerable, es atacado, su ejército desmembrado o asesinado y él se pierde sin dejar rastro.
-Bilbo, lo que necesitamos pedirte…
-Es que encuentres a Thorin antes de que se realice la reunión en Gundabad…
-De otra manera perderemos los reinos…
-Ni Thráin ni Frerin o nuestra madre, tienen la presencia para acallar a los otros reyes y para tranquilizarlos, querrán tomar lo que creen que les corresponde y perderemos lo que por generaciones hemos construido.
La voz de Fili era firme, podía ser joven pero entendía a la perfección el manejo de la política de sus reinos.
Bilbo tenía varias cosas que considerar. El hecho de que eran en sí dos reyes perdidos, Thorin y el supremo Rey de los enanos Thór. Algo estaba sucediendo en Erebor y debía ser algo muy malo para que desde dentro de la Montaña hubieran atacado a los enanos que habían sobrevivido a la batalla con los orcos.
Por otro lado, pensando únicamente en los negocios, aquello podría ser el trabajo más redituable con el que se pudiera haber topado. Era por todos bien conocido que los enanos poseían riquezas inimaginables. Obvio que no todos, ella había conocido a enanos literalmente pobres, pero estaba en presencia de dos príncipes de cuatro reinos. Y Erebor, había leído de las riquezas de la Montaña, las cuales eran incalculables.
-Señorita Baggins… -comenzó a decir Kili pero se detuvo al darse cuenta de su error.
-Bilbo, si vamos a hacer negocios, deben llamarme única y exclusivamente Bilbo.
