A la mañana siguiente, todo volvió a la normalidad. Ni Ron ni Hermione parecían acordarse del percance del día anterior y Harry lo agradeció. Él sabía que no podían aguantar mucho enfadados; ya que estaba casi convencido de que los dos sentían algo por el otro (o al menos Ron lo sentía por Hermione).
En clase de Historia de la Magia, al ver a Ron mirar embobado a Hermione, no pudo evitar escribirle una nota a su amigo, la cual le dio en plena cabeza.
- ¿Pero qué...?
El pelirrojo leyó la nota que le había pasado su mejor amigo desde el otro lado de la clase:
"No sé por qué no le dices nada. Estoy convencido de que ella siente lo mismo por ti."
Fulminó a Harry con la mirada y se dispuso a escribir la respuesta:
" ¿Y qué pretendes que le diga, 'Hermione, eres lo mejor que me ha pasado en la vida. Te quiero.'? Quiero vivir, gracias."
Lanzó la nota con tal fuerza que Harry, a pesar de sus habilidades de buscador, no pudo pillarla al aire y, desafortunadamente, el papel cayó en la mochila de Hermione.
La cara de Ron se volvió tan blanca como el propio papel. Se agachó y gateó bajo las mesas del resto de los alumnos sin que el profesor se diese cuenta hasta llegar a la mesa de la chica. Empezó a buscar la nota, pero justo en ese momento Hermione se giró.
- ¡Ronald Bilius Weasley! – susurró indignada - ¿¡Qué haces rebuscando en mi mochila!?
- Yo... yo sólo... ¿tienes tinta?
- Toma – Hermione le tiró un pequeño bote de tinta enfadada.
Al acabar la clase, Ron intentó esconderse detrás de Harry, pero no dio resultado:
- ¡¿En qué estabas pensando?! ¡Podríamos haber perdido puntos por eso!
- Lo siento, es que sin tinta no podía coger apuntes...
- Eres de lo que no hay...
Y con una mirada despreciativa se despidió de los dos chicos.
- Joder, joder, joder...
- Tranquilo Ron, tampoco es para tanto.
- ¿Qué no es para tanto? ¡¿QUÉ NO ES PARA TANTO?! Más me vale coger esa nota antes de que la lea Hermione...
- Tampoco sería tan grave lo que has escrito...
- Ah, no, por supuesto. Que lea que la quiero y que es lo mejor que me ha pasado en la vida no es para tanto.
- Joder tío, qué bonito.
- Tengo que conseguir esa nota como sea – el pelirrojo hizo una pequeña pausa. – Ahora es hora de comer, ¿no?
- Sí.
- Genial. Tú la distraes y yo saco el papelito de las narices de su mochila.
Para cuando llegaron al comedor, Hermione ya estaba comiendo.
- ¡Hola! – la saludó Ron con una sonrisa tan amplia que hasta producía escalofríos.
- ¿Y a éste qué le pasa? – le preguntó la chica a Harry.
El chico encogió los hombros.
- Hermione, me gustaría hablar a solas un rato contigo, si no te importa...
- Oh, claro, por supuesto.
La chica se levantó y cogió su mochila.
- ¡NO! – chilló Ron – ¿N-no has oído que quería hablar a solas?
- Sea lo que sea que te hayan contado por ahí, las mochilas no tienen orejas, Ronald.
- Pues a mí me parece una falta de respeto que te lleves la mochila, ¿a que sí, Harry?
Harry asintió desconcertado. Sabía que la mente de su amigo no era la más brillante, pero esa excusa era todavía más absurda de lo habitual.
