Muchas gracias por vuestros reviews (incluidos los anónimos) a: Samantha Stewpatt, stewpattz, MichiAGP, Saha Denali, IssaSwanCullen, Karina Masen, Anilex Cullen-Hyuga, isabel, Lyzz Cullen, Maia I. Ratzel.


Capítulo 2, ¿Adoptarme?

Bostecé con ganas mientras los primeros rayos de luz se filtraban por la ventana.

Eran apenas las ocho de la mañana, pero no podía quedarme mucho rato, cuando Hank despertase y abriese la recepción yo ya no podía estar aquí. Porque para entonces mi hipnosis mental ya habría terminado. Por lo que siempre me levantaba a las ocho y antes de que Hank se levantara volvía a dejar la llave donde estaba, como si nunca hubiera estado aquí.

Así que aprovechando que aún tenía una hora me duché. Pero evitando a toda costa mirarme en el espejo que tenía enfrente, desde que llevaba esa marca odiaba ver mi rostro.

Mi madre me había marcado porque decía que así todo el mundo sabría que yo era un monstruo, un ser demoníaco.

Después de lo de Phil me llevó un tiempo darme cuenta de lo que era capaz de hacer, pero poco a poco me fui dando cuenta de que las cosas que pasaban a mi alrededor no eran coincidencias.

Y fue entonces que comprendí que lo que había pasado con Phil había sido mi culpa, yo le había dicho que se suicidase y él, hipnotizado como estaba, lo hizo.

Y tuve miedo. Miedo de lo que era capaz de hacer.

Fui una estúpida al pensar que podía confiar en mi madre y contarle lo que me pasaba...

Recuerdo que tomé la decisión de contarle a mi madre todo un día cuando acababa de salir de la escuela. Nuevamente había utilizado mi don con unos niños que me habían molestado en el patio. Eran de un curso superior. No dejaban de molestarme y enfadada como estaba les grité que por qué no se metían con alguien de su tamaño... y eso hicieron. El que empezó la pelea fue al que yo estaba mirando a los ojos y luego todo se volvió una locura. Yo salí corriendo de allí confirmando definitivamente lo que tanto temía. La gente, cuando la miraba, hacía lo que yo les pedía.

Y entonces no tuve más dudas, yo era la responsable de la muerte de Phil.

Por eso decidí contarle todo a mi madre, necesitaba contárselo a alguien y pensé que mi madre me podría ayudar.

Al principio, cuando se lo conté, me abofeteó y me dijo que no bromeara con algo como eso. No se creía que Phil abusara de mí y tampoco que yo le hubiera matado simplemente diciéndole que se suicidara. Entonces me di cuenta de que si quería que mi madre me creyera no bastaría sólo con palabras, tendría que demostrarle de lo que era capaz de hacer.

Así que la cogí de la mano y miré a la calle. Entonces cuando vi a un vecino pasar cerca de ahí vi mi oportunidad. Arrastrando a mi madre la llevé hasta el señor Compton.

Éste, al vernos, nos miró confundido. Mi madre no paraba de gritarme que me dejase de tonterías y volviéramos adentro, pero yo la ignoré y miré a los ojos al señor Compton. Le pedí que me diera las llaves de su casa y eso hizo.

Mi madre entonces se calló, sorprendida de que el señor Compton me hubiese obedecido sin rechistar. Pero me di cuenta de que aún no estaba del todo convencida, me miraba aún con desconfianza y con un brillo que en aquel momento no supe identificar.

Pero yo no me di cuenta y seguí demostrándole lo que podía hacer.

Le devolví las llaves al señor Compton y le pedí que se quitase la camisa. Nuevamente obedeció. Y para terminar la demostración le pedí que comiese hierba del suelo y eso hizo.

Y fue suficiente para mi madre. Me soltó la mano y se apartó de mí. Y entonces pude ver claramente que el brillo que no había sabido identificar minutos atrás era miedo. Mi propia madre me temía.

Aún recordaba cómo intenté acercarme a ella y ella me gritaba que no me acercara, que yo era un demonio. Y entonces echó a correr y se encerró en casa. Yo la seguí, pero para cuando llegué a la puerta mi madre ya me había cerrado la puerta en las narices.

Le grité que me abriera, pero ella decía que nunca volvería a pisar su casa. Que yo era un demonio que había matado a Phil.

Esa noche la pasé en el jardín.

A la mañana siguiente mi madre seguía sin abrirme la puerta, yo tenía hambre y unas ganas horribles de ir al baño. Entonces apareció el reverendo Greene, al parecer mi madre le había llamado y le había contado lo que me sucedía. El reverendo me dijo que iba a ayudarme. Yo le pregunté que qué me pasaba y él me dijo que estaba poseída, pero que él iba a curarme. Cuando le pregunté que cómo su respuesta me congeló viva.

Haciéndome un exorcismo.

Un escalofrío me recorrió al recordar aquello y terminé de vestirme.

Ese hijo de puta por casi me mata con su exorcismo. Estaba igual de loco que mi madre, ambos estaban obsesionados con la religión, pero sobretodo con que yo llevaba al demonio dentro.

Así que, sin nadie que lo evitara, el reverendo Greene me ató a una cama y me dio un liquido que me hizo perder la consciencia de mis actos. Aún recordaba como el reverendo leía la biblia y me echaba agua bendita mientras yo me revolvía en la cama echando espuma por la boca. Pero no por el motivo que ellos creían, sino porque el liquido que me había dado el reverendo tenía ese efecto.

Mi madre, al pensar que el reverendo Greene me había sacado el demonio de dentro, dejó que volviera a casa. Pero yo me había quedado enferma del exorcismo y es que el liquido ese que me obligó a beber por la fuerza el reverendo me destrozó por dentro y estuve meses enferma.

No podía ni siquiera levantarme de la cama, ardía en fiebre y la barriga me dolía como si hubiera bebido lejía. Pero mi madre, sin embargo, no llamaba a ningún médico. Decía que ningún médico podía curarme, sólo el tiempo y si el exorcismo había ido bien me curaría.

Y sí, me curé.

Pero mi don no había desaparecido. Sin embargo eso fue algo que le oculté a toda costa a mi madre y al reverendo Greene.

Y así fue como empecé a odiar con la misma intensidad que había odiado a Phil a mi madre y al reverendo.

Cuando volví a la escuela todos me preguntaban que dónde había estado estos meses y yo simplemente les dije que enferma. Y así pasaron dos años. Dos años en los que me volví casi muda. Intentaba no hablar con nadie para que mi madre no descubriera que aún seguía teniendo ese don.

Las cosas con mi madre se habían vuelto muy frías. Yo la odiaba y ella me seguía temiendo, pero aún así me dejaba vivir en su casa porque pensaba que ya me había curado. Decía que debería estarle agradecida de que gracias a su rápida actuación el reverendo Greene me había curado. Greene se convirtió para mi madre como en su Dios. No había ser en el planeta al que admirara más. Por eso casi siempre estaba de visita en nuestra casa, aunque yo siempre estuve convencida de que eran algo más que puras visitas, venía a vigilarme.

Y si no hubiera sido por mi estúpido vecino mi madre y Greene no hubieran descubierto que seguía teniendo mi don. Fue una tarde de domingo. Mi madre había organizado una comida a la que invitó a nuestros vecinos y a Greene. Después de comer mamá me insistió para que le enseñara la casa a Tommy, el hijo de los vecinos, que era tres años mayor que yo.

Sus padres, mi madre y Greene se quedaron en el salón charlando. Así que, sin más remedio, empecé a enseñarle la casa a Tommy.

Cuando llegamos a mi habitación se rió y me dijo que mi cuarto era demasiado de chica, yo sarcástica le contesté que yo era una chica. Rodé los ojos y me dirigí a la puerta para bajar hasta donde estaban los demás, pero entonces Tommy me retuvo por un brazo. Yo le miré, confundida.

Él me dijo que yo le gustaba mucho y me besó.

Yo estaba de espaldas a la puerta abierta y él seguía sujetándome.

Intenté apartarle de mí, pero él era más fuerte que yo, pero después de forcejear un poco se separó de mis labios y me miró.

Estaba tan enfadada con él que por un momento se me olvidó quienes estaban en la casa. Así que por primera vez en dos años volví a utilizar mi don.

Aún podía recordar las palabras exactas: "Tommy, vete para tu casa y no vuelvas nunca más a la mía. Tampoco vas a volver a tocarme ni hablarme, ¿te queda claro?"

Tommy asintió sin expresión alguna.

Yo suspiré aliviada. Tommy salió de mi habitación y yo me di la vuelta, en ese preciso momento la sangre abandonó mi rostro.

Mi madre me miraba desde la puerta. Lo había visto todo. Yo me quedé callada sin saber qué decir. El miedo me invadió de tal forma que empecé a hiperventilar. ¿Qué iba a hacer ahora mi madre?

Antes de que tuviera tiempo a reaccionar cerró la puerta y echó el cerrojo por fuera. Dejándome encerrada. Luego de eso despidió a sus invitados y pasé toda la noche oyendo como mi madre y Greene hablaban en el piso de abajo.

Temía que de un momento a otro subieran a hacerme otro exorcismo. Sin embargo, eso no sucedió. Pero sucedió algo igual de horrible. Mi madre entró en mi habitación y sin dirigirme la palabra me sujetó del brazo y me llevó a la cocina. No entendía qué sucedía. Yo le decía a mi madre que lo sentía, que no lo volvería a hacer, pero ella ni siquiera me contestaba.

Y cuando cogió una navaja tuve miedo. Mucho miedo. Pensé que me iba a matar allí mismo. De mi madre ya no me sorprendía nada.

Volví a la realidad notando que estaba llorando, llevé mi mano a mi frente marcada. Esa noche mi madre me tapó la boca para que no se oyeran mis gritos y me marcó en la frente el símbolo del demonio. El dolor era tan fuerte que me desmayé.

Cuando desperté lo hice en una habitación que desconocía. A lo lejos oía la voz de mi madre y la de una persona que no conocía. Hablaban sobre algo de orfanato, posesión y cosas sin sentido para mí. Me incorporé y noté que la frente me ardía de forma horrorosa, me llevé la mano hasta allí y noté que tenía una venda puesta, pero también noté que incluso la venda estaba manchada de sangre, ya que cuando bajé la mano lo hice con sangre.

La puerta se abrió y entró mi madre seguida de una monja. La cual se quedó en la puerta mirándome con desconfianza.

Cuando mi madre estuvo a mi lado se me quedó mirando de una forma muy rara. Sus palabras nunca se me olvidaran, por muchos años que pasen: "He intentado convencerme de que ya estabas curada, pero sin quererlo he tenido en mi casa a la hija del diablo. Porque eso es lo que eres, un diablo. Por eso me he encargado de que todo el mundo sepa lo que eres nada más mirarte, esa marca te acompañará el resto de tu vida, como el demonio que eres. No quiero volverte a ver en la vida, monstruo".

Y salió del orfanato, dejándome llorando y totalmente asustada por lo sucedido. Y a mis nueve años me quedé encerrada en el mismísimo infierno llamado orfanato. En otras circunstancias los responsables del orfanato habrían llamado a la policía por lo que mi madre me había hecho en la frente, pero mi madre había sido astuta y me había llevado a un orfanato recomendado por Greene, donde gracias a éste todo el mundo estaba convencido de que yo era la hija del diablo. Por lo que las cosas en vez de mejorar siguieron siendo igual de horribles. Los niños del orfanato decían que yo llevaba al demonio dentro, pero los que de verdad eran demonios eran ellos. Porque las cosas crueles que me hicieron durante esos tres años no se puede asociar a niños normales, sino a verdaderos monstruos poseídos por la maldad. Por eso, a mis doce años, me escapé de aquel infierno y empecé a vivir en la calle valiendome de mi don.

Muchas veces había pensado en suicidarme y terminar con todo el sufrimiento, pero el pensamiento de que eso era lo que todos deseaban me mantenía con vida. ¿Por qué tenía que morir yo? Incluso había pensado en vengarme. En buscar una a una a todas las personas que me habían destruido la vida y "pedirles" que se suicidaran, pero recapacité en el último momento. Dándome cuenta de una cosa. Si hacía eso estaría dándoles la razón. La razón de que era un demonio. Además, mi padre siempre me dijo que yo era su ángel y que no quería que nunca cambiara, pasara lo que pasara. Papá había sido la única persona que de verdad me había querido, y por él mantuve la cordura en los momentos difíciles.

Miré el reloj y me maldije, había estado tan absorta en mis pensamientos que no me había dado cuenta de que eran ya casi las nueve. Cogí todas mis cosas precipitadamente y salí, por suerte Hank aún no estaba por ahí, así que disimuladamente dejé la llave en su sitio y salí del motel Lucky.

º º º

Hoy era un día nublado y pensé que no sería mala idea "comprar" un paraguas por si acaso. No me apetecía empaparme toda.

Empecé a andar por las calles buscando alguna tienda, antes de entrar tenía que asegurarme de que no había cámaras. Sin embargo hoy había algo distinto, desde que había salido de Lucky me sentía vigilada, pero mirase donde mirase no había nadie. Tal vez sólo eran imaginaciones mías, pero me estaba poniendo nerviosa.

Así que decidí sentarme en el banco de un parque para observar todo mejor. Si había alguien que me estaba siguiendo pronto lo descubriría.

Empecé a mirar disimuladamente a todos lados, pero no veía a nadie en particular. Después de un rato me sonreí y me eché a reír. Estaba haciendo el tonto. ¿Quién iba a seguirme a mí? No eran más que imaginaciones mías.

Así que seguí con mi marcha y busqué una tienda donde tuvieran paraguas, nuevamente utilicé mi don y salí de allí con paraguas nuevo. Y fue justo a tiempo, porque pocos minutos después empezó a llover.

No tenía donde refugiarme así que me volví al mismo parque de antes y me senté en un banco, supongo que era una imagen un poco tonta. Una chica, sentada en un banco, cubriéndose con el paraguas mientras llovía a cantaros. Pero me daba igual. En algún sitio tenía que estar y prefería estar sentada antes que dando vueltas como tonta bajo la lluvia. Podría perfectamente colarme en la casa de alguien haciéndole creer que me había invitado, pero tampoco quería abusar, sólo utilizaba mi don para cosas necesarias. Como la comida o hospedaje.

º º º

Había pasado ya una hora y la lluvia cada vez era más fuerte, al igual que el viento, y en un momento de despiste mío el viento se llevó mi paraguas volando. Me maldije por lo bajo. Me levanté del banco e intenté recuperar el paraguas, pero enseguida supe que sería inútil, el viento era demasiado fuerte y en menos de cinco segundos ya había desaparecido de mi vista volando por el cielo.

Así que empapándome toda fui corriendo hasta el primer portal que vi para refugiarme. Podría volver al Lucky y volver a hipnotizar a Hank, pero no me apetecía mucho volver a estar encerrada en esa habitación pestilente. Casi prefería estar en la calle. Porque, al igual que el dueño, el motel Lucky no se caracterizaba precisamente por su higiene.

Si pasaba allí las noches era mayormente por seguridad, las calles eran muy peligrosas de noche. Ya había tenido experiencias malas anteriormente y no quería que se repitiesen.

Mientras pensaba en eso no me di cuenta de que alguien se había acercado hasta el portal. Yo estaba sentada en éste y cuando me percaté levanté la cabeza. Para mi sorpresa vi que me miraba y no sólo eso, sino que le reconocí. Era el mismo hombre del supermercado, el que estaba con una mujer a lo lejos y se me habían quedado mirando. Su pelo rubio y su expresión eran inconfundibles, era él.

—¿Qué quieres? —pregunté desafiante y retándolo. No me fiaba de nadie, era una de las normas que había aprendido. No sería el primer tío que se me acercaba y me ofrecía dinero a cambio de sexo. Por lo general a ese tipo de tíos les decía que se metieran su dinero por el culo, cosa que hacían, momento que yo aprovechaba para alejarme de allí. Pero, sin embargo, este tipo no parecía de esos. Pero, ¿qué quería y por qué no dejaba de mirarme?

—Disculpa, jovencita, no pretendía molestarte. Pero me ha parecido que no tienes adonde ir y la lluvia cada vez es más fuerte, ¿aceptarías que te invitara a comer algo bajo un techo?

Le miré aún con más desconfianza. Él pareció notarlo.

—No me malentiendas, por favor. Estoy con mi familia —dijo señalando hasta un mercedes que estaba aparcado a poca distancia—, iríamos todos juntos a un sitio público. Si te parece bien.

Entonces, como para confirmar las palabras del hombre, del mercedes salió la misma mujer del supermercado y se acercó hasta nosotros.

—Hola, cariño. Yo soy Esme y éste es mi esposo —añadió cogiendo del brazo al hombre rubio—. Sólo pretendemos ayudarte. Por favor, acepta la invitación. Una comida caliente te vendrá bien, hace mucho frío.

Iba a rechazarla, pero de repente sentí como una ola de confianza me recorría y casi sin saber por qué acepté. Había sido extraño. De repente había sentido que podía confiar en ellos, como si alguien me hubiera hecho sentirme así. Sabía que era estúpido, pero eso era lo que me había llevado a aceptar la invitación de esa pareja.

Así que me levanté del suelo del portal y fui hasta el mercedes con ellos. Total, si esa pareja no resultaba ser tan buena como aparentaba, siempre podía salir de un apuro con mi don.

Además, la verdad es que la idea de comer algo caliente era algo muy tentador en aquel día tan frío.

Cuando entré en el mercedes vi que habían más chicos de mi edad. Específicamente dos chicas y tres chicos. Todos me miraron con una pequeña sonrisa dándome la bienvenida.

º º º

Tal y como habían prometido me llevaron a comer a un restaurante público. Mientras comíamos estuvimos hablando de trivialidades, me enteré que la pareja del supermercado se llamaban Carlisle y Esme. Y todos sus hijos eran adoptados. Me sorprendí. Eran muchos y todos de la misma edad. Sin duda había que tener un corazón de oro para adoptar a tantos niños.

Cuando terminamos de comer les agradecí y estaba dispuesta a irme cuando Carlisle me dijo que quería hablar un momento conmigo a solas.

Así que nos alejamos de todos y fuimos a un lugar donde nadie pudiera oírnos. Extrañamente me fiaba de Carlisle, parecía un buen tipo, así que no vi motivo para desconfiar.

—Bella, voy a serte sincero —me dijo cambiando su expresión amable por una seria—, mi familia y yo no te hemos encontrado por casualidad. Sabemos que eres diferente, que tienes un don.

Instintivamente me hice para atrás y me arrepentí de haber sido tan confiada.

—No, espera, dejame terminar, por favor —insistió intentando tranquilizarme—. Queremos ayudarte, Bella. Ya has conocido a mis hijos adoptivos, pues bien, todos ellos son como tú, especiales.

Me quedé en shock tras su confesión.

¿Alice, Rosalie, Emmett, Jasper y Edward también controlaban la mente humana?

—¿Ellos hacen lo mismo que yo? —pregunté en shock.

Carlisle negó con la cabeza.

—No. Tienen dones diferentes. Pero Bella, éste no es lugar para hablar sobre ello. Me gustaría que aceptaras la invitación de venir a mi casa. Te prometo que sólo pretendo ayudarte y explicarte lo que te pasa. Y si después de eso te apetece quedarte a vivir con nosotros Esme y yo estaremos encantados de adoptarte como una más de nuestros hijos. Pero si, por el contrario, prefieres seguir por tu cuenta no te lo impediremos.

¿Adoptarme?

Simplemente estaba alucinando. ¿Carlisle y Esme querían adoptarme? Pero lo que más en shock me tenía era lo otro. ¿Carlisle iba a darme respuestas sobre lo que me sucedía? ¿Cómo había dado conmigo? Y ¿cómo sabía de lo que era capaz de hacer?

Supe en ese momento que no podía rechazar la invitación de ir a su casa.

Por primera vez en mi vida me ofrecían respuestas sobre lo que me sucedía, y no iba a desaprovechar la oportunidad.


Me alegro que la historia os esté gustando. La historia aún no está terminada, apenas tengo 10 capítulos escritos, por lo que no tengo ningún día fijo para actualizar. Pero intentaré no tardar mucho entre actualización ;P

Nos leemos en el próximo capítulo! ^^