Disclaimer: Los personajes de Inuyasha no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi yo sólo los utilizo para divertirme haciendo que hagan tarugadas a mi antojo (?). Esto no tiene fines de lucro y todas esas cosas XD


Summary completo: De repente, el pozo ha dejado de funcionar y Kagome se ha quedado atrapada en la época feudal. Pero de eso ha pasado casi una semana. Las cosas en la aldea son tranquilas y, aunque están preocupados por lo que sucede con el pozo, el grupo de Inuyasha ha mantenido la calma tanto como han podido. En la última batalla, Kagome salió malherida, por lo que ella está recuperándose. Una noche, mientras duermen, Kagome abre sus ojos cuando tiene una extraña sensación acerca del pozo.

"— ¿Qué?" "— ¿Qué sucede, Kagome?" "— Es el pozo, hay algo extraño con él." "— ¿Cómo que algo extraño?" "— ¡No lo sé! Simplemente he sentido como... no lo sé, algo extraño." "— Alguien está cerca del pozo... y no huele como nadie que conozca." "— ¡¿Qué?!"

Y cuando Inuyasha y los demás llegan al pozo para investigar, se encuentran con que el pozo, repentinamente, ha funcionado una vez más trayendo consigo a dos chicos del futuro muy extraños que Kagome no conoce pero que ellos sí parecen conocerla bastante bien. Ambos se presentan como Hikari y Ryuuji, y parecen conocer la historia del pozo y los viajes en el tiempo.

"— Tú tampoco eres de aquí, es más, te me haces familiar. ¿Cómo te llamas? — preguntó suavemente mientras la miraba, expresando toda la curiosidad que sentía desde que la había visto por primera vez." "— Eh… si, no soy de aquí tampoco. Mi nombre es Kagome — confesó Kagome sorprendida. Eso sorprendió a ambos chicos, pero la oji-verde supo disimularlo mejor que el pelinegro que veía con sus ojos muy abiertos a Kagome." "— ¿Por casualidad eres Kagome Higurashi? — preguntó de forma impasible a la Miko mientras ignoraba olímpica y deliberadamente al Hanyou, lo que sólo lo hizo gruñir más, ganándose una mirada divertida por parte de Shippo." "— Hikari, es ella, estoy cien por ciento seguro — le murmuró el chico, moviéndose un poco para poder susurrarle al oído a la chica. Que, ignorando a todo el mundo excepto a Kagome, asintió una vez." "— Es exactamente igual a la de la fotografía. Seria extraño que fuera otra persona — coincidió la chica, de nombre Hikari, mientras miraba con atención a la Miko, que comenzaba a ponerse nerviosa ante el escrutinio.

¿Pero quiénes son en realidad Hikari Taisho y Ryuuji Higurashi? ¿Y que tienen que ver con Kagome, Inuyasha, el pozo y los viajes en el tiempo a través de él?


Una historia diferente

Capitulo uno: ¿Visitas del futuro?

Sengoku.

— ¡OSUWARI!

El grito de Kagome se oyó en cualquier recóndito lugar de la aldea. Incluso algunos aldeanos que habían ido al río, a unos cuantos kilómetros de la aldea, pudieron oír el grito de la pelinegra cuando cierto Hanyou intentó, infructuosamente, claro está, detener a su compañera de moverse de la cabaña de la anciana Kaede.

Un momento después, se ve como Inuyasha levanta el rostro del piso de la cabaña, totalmente cubierto de polvo y tierra para fulminar con la mirada a la chica que era la culpable de que se encontrara en esa posición incomoda.

— ¡Niña estúpida! — gruñó mientras seguía fulminándola con la mirada. Pero la chica decidió ignorarlo y continúo en lo que estaba, ó sea poniéndose sus zapatos —. ¡¿Adónde crees que vas?!

Se nota que Inuyasha no aprenderá más — pensaron los tres espectadores observando con gotitas de sudor en la parte trasera de su cabeza como el Hanyou saltaba y se ponía de pie frente a la morena en un segundo.

Miroku y Sango negaron con la cabeza al ver como la chica continuaba ignorándolo mientras se terminaba de poner sus zapatos y Shippo, que se encontraba junto a ellos dos, miraba divertido esperando otro "Osuwari" por parte de Kagome para que Inuyasha regresara a visitar a su tan amigo, el querido piso.

— Iré a mi casa. Así que vete y déjame en paz, Inuyasha — le gruñó la chica en respuesta mientras intentaba ponerse de pie, pero tan pronto lo hizo un gran dolor la hizo doblarse y volver a sentarse en el mismo lugar donde había estado antes.

Sango no tardó nada en llegar hasta ella y preguntarle si se encontraba bien, mientras que Shippo, Miroku e Inuyasha —incluso si no quería admitírselo a él mismo—, la observaban con preocupación. Por supuesto, este ultimo disimulando muy bien su preocupación con fingido fastidio.

— ¿Te encuentras bien, Kagome-chan? — preguntó la castaña mientras ayudaba a la morena a acomodarse en el futón nuevamente. Aunque ahora la chica no quiso saber nada de acostarse, por lo que sólo se quedó sentada.

Kagome tomó una profunda respiración y cerró sus ojos mientras asentía.

— Sólo… no me lo esperaba — dijo, haciendo que todos ahí, incluso su amiga, la miraran con expresión incrédula.

¡¿No se lo esperaba después de casi ser atravesada por un estúpido tentáculo del maldito de Naraku?! — pensó Inuyasha molesto mientras gruñía internamente.

— Yo creo que deberías hacerle caso a Inuyasha, Kagome, y quedarte a descansar un poco más antes de regresar a tu casa — díjo el pequeño Shippo, para sorpresa de todos los presentes. Especialmente la de Inuyasha.

— No puedo, Shippo, yo…

Pero antes de poder terminar, Inuyasha la interrumpió bruscamente.

— ¡Qué! ¡¿Qué es más importante que termine de cerrarse tu herida?! ¡¿Eh?!

Todos lo observaron incrédulos sin decir una palabra, especialmente Kagome, que no podía creer como acababa de reaccionar el Hanyou. ¿Acaso estaba preocupado por ella y su salud?

Sonrió pensando en aquella posibilidad.

— ¡Primero dejas que ese tentáculo casi atraviese tu abdomen y luego eres tan irresponsable como para querer largarte a tu tiempo cuando apenas han pasado dos días desde que te hirieron y un par de horas desde que has despertado! ¡Si te hubiera pasado algo no podríamos seguir buscando los fragmentos! ¿Qué demonios tienes en tu cabeza, Kagome? — volvió a gritar molesto.

Por supuesto, Inuyasha tenía que decir algo bonito y luego arruinarlo tan épicamente como sólo él podía hacerlo. ¿Acaso no podía simplemente haber mantenido la boca cerrada y seguir gruñendo en un rincón?

Kagome lo observó con una venita hinchada en su frente mientras en su ceja se formaba un tic y lo fulminaba con sus ojos marrones, que parecían haberse vuelto más oscuros ante las palabras del Hanyou.

Todos los presentes, desde la pequeña Kirara hasta Sango y Miroku, decidieron que era mejor darles un poco de espacio por lo que comenzaron a alejarse lentamente de ellos para no sufrir posibles consecuencias.

Kagome se puso de pie nuevamente para poder estar a la altura de Inuyasha, que, indiferente a lo que se le venia encima, continuaba fulminándola con la mirada. Para la chica no pasó desapercibido el dolor en su costado izquierdo, pero lo ignoró con tal de enfrentar a ese idiota que decía ser su compañero.

Pues, ¿qué se creía que era?

— ¿Sólo para eso soy útil, verdad? — preguntó en voz baja y de forma tranquila.

A todos los demás los asustó que se mostrara tan calma y tranquila, por lo que se alejaron un poco más. Miroku y Shippo estaban en el extremo opuesto de la cabaña, completamente asustados y abrazados, viendo como un aura oscura comenzaba a rodear a la Miko mientras miraba aún con toda tranquilada al Hanyou quien, ignorante a esto, se preparaba para responderle.

— ¡Pues claro que sí! ¿Para qué más podrías serme útil? — replicó cruzándose de brazos y desviando la mirada hacia un lado, frunciendo el ceño.

— ¿Ah si? — volvió a decir la pelinegra, a lo cual el Hanyou asintió —. Pues bien, ¡qué otra persona te ayude a localizar los fragmentos de la perla, Inuyasha, porque yo no lo haré nunca más!

Los presentes observaban intimidados la escena, mientras que Inuyasha fingía indiferencia ante las palabras de la chica.

— ¡Keh!

— ¿Sango?

La castaña, un poco asustada, movió su mirada hacia su amiga.

— ¿Si, Kagome-chan? — preguntó en apenas un susurro, que por suerte ella alcanzó a oír.

— ¿Me prestas a Kirara?

Miroku, Sango, Shippo e incluso Kirara intercambiaron una rápida mirada.

— E-Eh… claro. ¿Te irás a casa?

— Sí, volveré en algunos días. Voy a usar medicinas de mi tiempo y a visitar a mi familia, a la cual no veo hace más de un mes…— miró fulminante a Inuyasha antes de girarse hacia la exterminadora —. Así que gracias.

Sango sólo asintió una vez, aún intimidada.

— Vamos, Kirara.

La pequeña demonio soltó un pequeño gruñido y saltó hacia Kagome, quien ya estaba tomando sus cosas para irse de ahí. Inuyasha seguía mostrándose indiferente, incluso si él quería detenerla. No iba a rebajarse. No frente a sus amigos. Ya esperaría hasta que Kagome estuviera en su tiempo y sus amigos estuvieran lejos para ir a traerla de vuelta tan rápido como fuera posible.

No podían seguir retrasándose con la búsqueda de los fragmentos, aunque en el fondo, muy, muy en el fondo, la realidad era que no quería estar lejos de la chica cuando acaba de despertarse de una herida casi mortal.

— Y, por cierto, ¿Inuyasha? — lo llamó suavemente, justo al momento que estaba bajo el marco de la puerta de la cabaña. Todos se giraron a verla, incluso el Hanyou, aunque estaba de brazos cruzados y con el ceño fruncido —. ¡OSUWARI!

Y dicho eso, Inuyasha se hundió en el piso y Kagome abandonó la cabaña. Rápidamente, Kirara se transformó y Kagome montó en ella para que pudiera llevarla hasta el pozo y regresar a su tiempo antes de sentar a Inuyasha hasta que alcanzara el maldito infierno por querer darle ordenes y decirle que sólo servia para la búsqueda de los fragmentos de la Shikon no Tama.

Unos cuantos minutos después de que Kagome y Kirara se marcharan, Sango y Miroku se giraron para ver a Inuyasha con miradas resignadas, mientras que Shippo lo fulminaba con sus ojitos verdes por haber tratado de esa manera tan grosera a Kagome cuando ella apenas había despertado luego de llevar unos cuantos días dormidas por haber sido herida.

Los tres pensaban algo como: ¿Es que nunca aprenderá?

Pero todos sabemos la respuesta a eso. Inuyasha jamás va a madurar y muchísimo menos va a mostrarse atento y amable con la pobre de Kagome porque siempre está tan enojado con el mundo (especialmente con ella) sin razón aparente que no le queda tiempo para ser amable… con nadie.

— Espero que algún día aprendas la lección, baka — murmuró Shippo en voz baja mientras miraba fulminante a Inuyasha, que perfectamente lo escuchó mientras se levantaba del polvoroso suelo a dónde aquella niña estúpida (según sus palabras) lo había enviado a causa de su mal humor.

— Cállate, sabandija — le gruñó, poniéndose de pie de un salto antes de abandonar la cabaña con el ceño fruncido mientras pensaba algo como: "¡Keh! Niña tonta, ahora tendré que ir por ella al futuro y traerla de nuevo… una vez que me asegure que esté bien, para continuar viajando".


—Maldito Naraku. Maldita Kikyo. Maldito pozo devora huesos. Malditos demonios. Maldita Shikon no tama. ¡Maldito Inuyasha! — gritó Kagome frustrada, mientras Kirara sobrevolaba los árboles para llevarla al pozo del árbol sagrado.

Kirara siguió sobrevolando sobre los árboles mientras una gotita de sudor bajaba por un costado de su cabeza al oír a Kagome maldecir a todo mundo por su enojo con Inuyasha. Como siempre pasaba, cabe destacar.

La Miko siguió maldiciendo a cuanto demonio, humano, cosa viviente y objeto se le viniera a la cabeza para cuando Kirara aterrizó junto al pozo devora huesos. La chica se bajó de Kirara con sumo cuidado, pues su herida aún punzaba de dolor y, probablemente, comenzaría a sangrar si no tenia cuidado.

— Muchas gracias, Kirara — le dijo con una sonrisa, que fue respondido con un pequeño gruñido.

La chica se acercó al pozo con aparente tranquilidad y lo observó mientras su mente se perdía unos momentos. Regresando a la discusión con Inuyasha.

¿Por qué molestarme? De todas formas, vivimos discutiendo. Por no mencionar todos los insultos — pensó con un poco de tristeza en sus ojos, la cual desapareció y pasó a ser preocupación cuando un poco de dolor le recordó la herida en su costado izquierdo —, ¿Cómo se lo explicaré a mamá? Ella no va a estar contenta.

Se quedó observando las profundidades del pozo, siendo vigilada de cerca por Kirara que esperaba a que la chica cruzara para regresar y, más atrás, oculto en unos árboles, una persona con vestimenta roja los observaba a ambos con atención, esperando que tanto la chica como el Youkai se fueran para poder entrar en acción.

— ¡Bah! Ella entenderá — murmuró Kagome mientras se encogía de hombros y tomaba sus cosas, lanzándolas dentro del pozo para luego subirse al borde ella misma y prepararse para saltar.

Unas pequeñas orejas de perro color plateado se movieron cuando la chica saltó dentro del pozo, pero, como nunca antes ha visto pasar, la habitual luz clara no apareció desde el pozo, sino que no se vio nada. ¡Es más! Ni una luz ni nada apareció, al contrario de eso, se pudo oír el quejido adolorido y agudo de la chica que, previamente, había saltado dentro del pozo.

Un borrón rojo y plateado atravesó la distancia que lo separaba del lugar de donde se encontraba con el pozo, para luego meterse en él antes de que Kirara pudiera siquiera emitir un pensamiento coherente o moverse.

En el interior, Kagome estaba sentada sobre los viejos huesos que quedaban ahí, mientras sus manos estaban en su costado y había una gran mueca de dolor en su rostro, sus ojos brillaban a causa de las lágrimas que querían salir.

Pero ella era demasiado terca para llorar frente a nadie.

— ¡Kagome! ¿Te encuentras bien? — preguntó Inuyasha cuando estuvo a su lado.

La chica quiso fulminarlo con la mirada, pero sin embargo sólo atinó a soltar un quejido mientras se movía lejos del Hanyou y comenzaba a gruñirle molesta.

— ¡No te acerques, baka! — gritó molesta, haciendo que Inuyasha se detuviera sorprendido —. Estoy bien, sólo… el golpe fue duro.

— ¿Qué diablos? ¡No estás bien, hueles a sangre! Tu herida se abrió de nuevo, chica tonta — gruñó el peli-plata molesto mientras se movía hasta ella para intentar tomarla en brazos, pero ella se revolvió hasta liberarse de él —. ¡No seas terca y deja que te ayuden!

— ¡No quiero tu maldita ayuda, Inuyasha! — gritó con el ceño fruncido.

— ¡Keh! Como quieras.

A pesar de que dijo eso, él no se movió de su lugar y seguía con atención cada movimiento que la chica hacia, sin perderla de vista un solo segundo. Kagome, con todo el orgullo y dignidad posibles, se ayudó con las rocas que rodeaban el pozo para ponerse de pie, le costó y le dolió, pero lo logró.

Aunque todo el orgullo se fue al diablo cuando comenzó a sentir pegajosa su camisa del uniforme de su instituto. ¿Por qué diablos se estaría sintiendo así?

— Maldición — murmuraron ella e Inuyasha al mismo tiempo cuando notaron que eso se debía que su herida, ahora tan abierta como el momento en el que llegaron a la aldea, estaba perdiendo sangre mientras mojaba las gasas y la tela de su camisa, dejando una gran mancha roja.

— Tenemos que salir de aquí ahora y que la anciana o Sango lo revisen cuanto antes — murmuró Inuyasha, y sin esperar una respuesta, él tomó a la chica en sus brazos y sus cosas para luego salir del pozo con su acostumbrada agilidad.

— ¿La anciana Kaede y Sango? — pensó confundida Kagome —. ¿Para qué volver al Sengoku cuando…?

Todos sus pensamientos se esfumaron cuando ella observó el escenario que los rodeaba tanto a ella como a Inuyasha. El mismo bosque. El mismo árbol. El mismo espacio libre… ¡incluso Kirara estaba ahí!

¿No se suponía que ella tendría que haber llegado a su tiempo?

¿Qué demonios? — pensó la Miko mientras Inuyasha la cargaba y comenzaba a moverse lejos del árbol sagrado y el pozo. Ella todavía estaba confundida.

Inuyasha la ignoró y saltó lejos del pozo, siendo seguido de cerca por una Kirara presurosa, que además estaba preocupada por la chica ya que, al igual que Inuyasha, ella había sentido el olor de la sangre de Kagome al igual que oyó la pequeña "discusión" que ambos tuvieron dentro del pozo.

— ¡¿Por qué demonios sigo en el Sengoku?! — gritó Kagome, saliendo de su estado de sorpresa y confusión. El grito hizo que las orejas de Inuyasha se aplastaran contra su cabeza, pues la chica estaba tan cerca que fue como si le gritara en sus mismas orejas. Kirara también movió sus orejas, indicando que el grito no había sido para nada de su agrado.

— ¡Niña estúpida!

Mientras Inuyasha decía eso, llegaban a la aldea.


— Estúpido pozo — masculló Kagome fulminándolo con la mirada mientras se sentaba suavemente sobre el césped un par de días después.

Habían pasado exactamente seis días desde que habían tenido su ultimo enfrentamiento contra Naraku, tres días y medio desde que había despertado y exactamente tres días desde que el pozo había dejado de funcionar, dejándola atrapada en el Sengoku.

A lo lejos, la chica era observada por unos ojos dorados que no perdían de vista ningún movimiento que hacia. Inuyasha, que estaba sentado en la copa de un árbol cercano, la había seguido desde la aldea cuando ella salió dos horas atrás para volver al pozo y gruñirle porque había dejado de funcionar.

¡Keh! Niña tonta. Por gruñirle no comenzará a funcionar de nuevo — pensó, viendo con satisfacción como la chica gruñía de nuevo y chasqueaba la lengua. Sus orejitas plateadas se inclinaron hacia delante —. Bleh. Tonta.

Desde que había despertado a la mañana siguiente del inconveniente con el pozo, Kagome había estado yendo al menos dos veces al día para gruñir y fulminar con la mirada al pozo. ¡Como si eso fuera a hacerlo funcionar!

De repente, fue como si Kagome se diera cuenta de que faltaba poco para que fuera a anochecer, por lo que se puso de pie y limpió el traje que la anciana Kaede muy amablemente le había prestado (ya que su uniforme se había manchado con sangre y seguía estando roto), y se dio media vuelta para poder regresar a la aldea ya que no quería que nadie se preocupara o le reprocharan por salirse sin nadie más y sin su arco y flechas.

¡Bah! Seguro Inuyasha debe estar por aquí espiando. Siempre lo hace — pensó con tranquilidad mientras se encogía de hombros y seguía caminando, bajo una atenta y dorada mirada que seguía sus movimientos sin perderla de vista.

Inuyasha se encogió de hombros también y, tan despreocupado como siempre, comenzó a seguir sigilosamente a la Miko para asegurarse de que llegara a la aldea sin ningún rasguño. De lo contrario, todos iban a molestarse con él por no haberla cuidado como era debido.

Por supuesto, los demás ignoraban el hecho de que él la seguía cada vez que ella se apartaba de la aldea, pero eso él no lo sabía y tampoco necesitaba saberlo. Era preferible que siguiera en la ignorancia.

Más tarde esa noche, todos están durmiendo ya. Kagome dormía en un futón que tanto la anciana Kaede como Sango le habían obligado a usar, para evitar que su herida se viera afectada a causa de la humedad o el frío del piso. Shippo, tan aprovechado como siempre (según Inuyasha, claro) dormía con la chica, mientras que Sango dormía en una bolsa de dormir a escasos metros de ella con Kirara a su lado. Y, más allá, un libidinoso monje está sentado con sus ojos cerrados y brazos cruzados.

Inuyasha, como siempre, está descansando en lo alto de un árbol cercano a la cabaña. ¡Después de todo, no puede dejar a la deriva a sus amigos! Muchísimo menos a la tonta Miko que, al parecer, no puede ni encargarse de ella misma, pues la última semana (desde que fue herida) no ha hecho más que desobedecer cuando le dicen que guarde reposo.

Por supuesto, aunque él no fuera a admitirlo ante nadie jamás, estaba preocupado y se sentía culpable porque la chica estuviera herida. A fin de cuentas, eso había pasado cuando se suponía que él debía protegerla, pero por estar tan centrado en el maldito de Naraku había olvidado por completo a la chica y a sus amigos. Por poco y los matan a todos por su descuido.

Sólo para luego enterarse que era otra de las copias de Naraku.

Claro, Inuyasha era una persona muy orgullosa, por lo que jamás admitirá en voz alta que, ciertamente, en aquel momento pensó que iba a perder a la Miko y a sus amigos. ¡Bah! Él tenía más orgullo que eso.

La noche estaba tranquila en la aldea, pero, pues, ¿cómo no iba a estarlo? Hacia semanas que no recibían ningún ataque de algún demonio, por no mencionar que tampoco había muchos avances con los fragmentos, y como ellos apenas cargaban con tres fragmentos de la Shikon no Tama no eran muy importantes.

¡Además! Era media noche y todos los aldeanos estaban durmiendo.

Bueno… hasta hace un momento.

— ¿Qué?

Eso fue un susurro apenas audible, emitido por Kagome que, en el interior de la cabaña, acaba de abrir sus ojos. Inuyasha no tardó ni un minuto en estar a su lado, y, como todo el escandaloso que Shippo es, se despertó chillando, lo cual hizo que todos los demás despertaran también.

— ¿Qué sucede, Kagome?

Aunque Inuyasha lo intentó, la preocupación fue evidente en su voz cuando se hincó frente a ella y la miró con curiosidad e inquietud. Pero la chica estaba más que distraída en ese momento.

Kagome se había despertado repentinamente de un sueño que no podía recordar, cuando tuvo una extraña sensación en su pecho. Era raro, porque jamás había sentido algo así, pero, aunque no sabía por qué y de qué se trataba, estaba segura de una sola cosa.

— Es el pozo, hay algo extraño con él.

Ante esa respuesta algo escueta por parte de la chica todos se despertaron por completo. Incluso la pequeña Kirara que ahora estaba sobre sus patas, veía con atención a la chica, al igual que todos los demás.

— ¿Cómo que algo extraño?

— ¡No lo sé! Simplemente he sentido como... no lo sé, algo extraño.

Y tan pronto Kagome terminó de decir eso, el muy bien desarrollado olfato de Inuyasha captó algo raro en el aire. Como un pequeño cambio sutil.

— Alguien está cerca del pozo... y no huele como nadie que conozca.

— ¡¿Qué?!

— ¡Andando! Hay que asegurarnos que no signifique un peligro para la aldea — exclamó el monje poniéndose de pie con agilidad. Al instante, el resto de ellos estuvo de pie, listos para partir. Excepto Shippo que seguía aún medio dormido y Kagome que sentía un pequeño dolor en su costado de nuevo.

— Vamos.

Inuyasha se inclinó frente a Kagome, conociéndola por completo, y le ofreció su espalda. Él sabía mejor que nadie que si él no la cargaba, la Miko era capaz de ponerse de pie y caminar hasta el pozo si era necesario. Porque sabia que ella odiaba no saber las cosas o quedar fuera de ellas, así que era preferible llevarla desde un principio a arriesgarse que su herida empeorara.

— ¡Vayan con cuidado! — dijo la anciana Kaede mientras Sango y el monje se subían a la espalda de una Kirara ya transformada e Inuyasha comenzaba a saltar lejos de la cabaña.

— ¿Kaede-ba-chan?

— Vuelve a dormir, Shippo.

Y el pequeño no lo dudó ni un momento antes de caer redondo sobre el futón que anteriormente había estado ocupando la Miko para dormir. La anciana sonrió y negó con su cabeza antes de que su atención regresara a la dirección por la que los muchachos se habían alejado.


Sango y Miroku saltaron del lomo de Kirara incluso antes de que esta tocara el suelo con sus pies. Kirara se quedó de pie junto al monje y la exterminadora al mismo tiempo que Inuyasha y Kagome llegaban al lugar, con esta ultima (muy cómoda, por cierto) en la espalda del Hanyou.

Todos se detuvieron a unos metros del pozo y, luego de intercambiar una mirada, Inuyasha (que previamente había bajado a Kagome de su espalda) avanzó algunos pasos cerca del pozo para ver de qué se trataba todo esto. Porque Kagome se había despertado con esa sensación sobre él.

— Ten cuidado, Inuyasha, no sabemos lo que está pasando — le advirtió el monje.

El mencionado no dijo nada pero asintió, indicándole que lo había oído y que así lo haría. Avanzo otros dos pasos y antes de que llegara a la boca del pozo, se oyeron un par de voces desde el interior del mismo.

— ¡Voy a matarte, maldito estúpido bueno para nada!

Inuyasha detuvo su andar en ese instante.

Todos abrieron los ojos impresionados y se sorprendieron al oír voces desde el interior del pozo. Kagome tenía esta extraña sensación en su pecho nuevamente, mientras que los demás no salían de su impresión.

Quien no tardó en recuperarse, fue Inuyasha.

— ¡FUE TU CULPA, NO LA MÍA! — gritó otra persona, esta vez una voz masculina.

— ¡¿Mi culpa dices?! ¿Quién fue el idiota que arrojó mi móvil al pozo, estúpido? — volvió a gritar la primera voz, una voz femenina y que se oía amenazante.

— ¡No lo hubiera hecho si no me hubieras lanzado tu maldita mochila, Taisho!

Inuyasha se detuvo de nuevo al oír el último comentario. Estaba a sólo un metro del pozo y todavía se oían gritos desde el interior, pero al oír lo que el chico dijo no pudo evitar quedar en shock.

¿Taisho? — pensó todavía en shock.

— ¿Qué sucede con él? — preguntó Sango confundida al verlo detener su andar. Miroku negó con la cabeza, mientras que Kagome mostraba la misma sorpresa que Inuyasha en su rostro, lo que tenía aún más confundidos al monje y la exterminadora.

Es imposible — fue el pensamiento de Inuyasha, quien aún seguía sin poder reaccionar.

— ¡Encuentra una salida o JURO QUE VOY A MATARTE, HIGURASHI!

Todos los ojos (excepto Inuyasha que seguía en shock) se giraron hacia Kagome cuando oyeron ese familiar apellido ser usado en otra persona que no fuera la Miko. Ella, por otro lado, estaba más choqueada que antes.

— ¡¿Qué diablos está pasando aquí?!

— ¡ATREVETE Y VEMOS COMO TE VA, TAISHO!

— ¡OIGAN, USTEDES DOS!

La Miko, el monje y la exterminadora se giraron hacia Inuyasha cuando lo oyeron gritar, sólo para encontrarlo con medio cuerpo dentro del pozo gritándole a quien sea que estuviera ahí adentro.


Si alguien leyó el prólogo y el primer capítulo, y llegó hasta el final sin aburrirse o querer matarme o algo por el estilo, le doy las gracias XD Bueno, obviamente, este es el primer fic que escribo de Inuyasha y creo que lo hice aceptable, bueno, creo yo. Que se yo, pueden decírmelo en un review.

Por otro lado, quiero mandarle un saludo especial a mi melli, Eri, y al Neko-Seto, Gasty (se me acaba de ocurrir el apodo, Gasty, sorry xD), que los pobres deben estar estudiando para sus finales mientras yo pierdo mi tiempo por acá con mis historias y tarugadas xD (finalmente, ni sé si leeran esto, pero, ¡qué más da!)

En fin, creo que no tengo nada más que decir y... ¡adiós!

¿Review?

Mar Maddox.