«Boku no hero academia no me pertenece, sólo juego con los personajes de Horikoshi Kōhei».
«Universo combinado con el Omegaverse y la enfermedad ficticia Hanahaki».
«El Hanahaki aquí es llamado por "Ninfa Cloris"».
Si estoy pecando en el OOC, perdónenme y háganmelo saber, quiero evitar ese camino.
II
Su madre le dio una roja, era suave al tacto y muy frágil a la vez ya que le lastimó uno de sus tantos pétalos; ver eso le hizo creer que la había matado, pero su madre sólo le arrancó el pétalo malo y la flor seguía bien. Roja, hermosa, su olor era extraño, pero tampoco le molestaba.
—Esa es una rosa, Denki —Le susurró con delicadeza, él devolvió su atención a la flor entre sus manos—. Debes tener cuidado con sus espinas porque si no lo tienes te puedes lastimar.
Era cierto, en su rosa no había espinas ya que su madre se las quitó antes de dársela, pero las otras sí y no sólo dos o tres. Tocó por curiosidad una de estas puntas para comprobar si se lastimaría, sólo quería saber si algo tan bonito podía herir a alguien. Su dedo lo sintió como tocar la punta de un alfiler; le dolió sólo tocarlo, pero no brotó sangre de sus manos y aun así estaba cubierto de ella. La rosa que sostenía escurría ese líquido.
—Mamá… —Quedó mudo al ver que de los labios rosados de su madre salían pequeños trozos de esa flor, seguido una cascada de sangre acompañados con más flores, su madre estaba hundiendo el piso de sangre de rosas.
El rubio se levantó sobresaltado de su cama, miró a todos lados buscando algo, tenía la respiración entre cortada, estaba sudando, al ver que seguía en su habitación y reconociendo eso anterior como una pesadilla volvió a acostarse soltando un largo suspiró de dolor y cansancio, esos sueños tan surrealistas casi no le pasaban a él. Giró su rostro al buró de al lado donde estaba su alarma.
—Tres horas —masculló, hace tres horas que él había conseguido dormir y dudaba que volviera a lograr conciliar el sueño. La pesadilla y los nervios le arrancaban el deseo de dormir, podría molestarse por ello ya que amaba dormir, pero también amaba al fin poder ejercer el trabajo por el cual había entrado a la compañía en la que trabajaba, desde que estaba en secundaria lo había deseado y ahí estaba. Los nervios de ser asesor le atrajeron una pesadilla de eso no había duda. Miró su mano para confirmar que sólo fue un mal sueño, que no había rastros de ese líquido rojizo y se levantó con pereza, no había razón para quedarse ahí, mejor aprovechaba que ya estaba levantado para visitar el lugar donde estaba su objetivo para ayudar a su paciente.
Desde el ataque de ayer Midoriya se sentía muy agotado, no había sido tanta sangre como las anteriores veces, pero en la noche no pudo dormir como era debido ya que sus pulmones le dolían, era extraño, sentía que algo le oprimía por dentro, ni respirando por la boca podía lograr recomponerse. Lo peor es que ese día le tocaba a primera hora clases con la persona que le provocó esos ataques. Podía ver desde su asiento la espalda grande, el cabello dorado y lo mejor es que no lo estaba alucinando, en verdad se encontraba a sólo unos metros de distancia y por un segundo estaba agradecido por ello porque si no tendría un ataque de tos horroroso en medio de la clase.
«En esta ocasión no confundiré el medicamento» pensó con su mano dentro del bolsillo de su chaqueta, apretó el frasco.
—El informe que quiero en esta ocasión debe de ser en pareja y no quiero oír a nadie preguntando si se puede demás participantes o no quieran hacerlo con otra persona ¡Estoy harta de eso!
Algunos abuchearon ello, pero la maestra azotó su mano contra el pizarrón.
—Les daré permiso de hacer pareja con quién gusten, mañana mismo quiero que me anuncien con quién estarán trabajando —dijo tomando sus cosas—. El trabajo debe ser entregado como pase a su examen final del semestre.
Algunos se levantaron de su asiento ante ello.
—Les estaré mandando por correo el trabajo que busco, nos vemos la próxima semana —No se lo podían creer, ni siquiera el pecoso, su maestra era dura y estricta, pero nunca antes había hecho eso. El alboroto duro poco dado que comenzaron a reunirse entre ellos para hacer lo pedido; buscar pareja. No se debía perder tiempo.
Para suerte o eso creía el rubio, había parado de nevar en la madrugada, aunque caminar por las calles que aún no habían sido limpiadas era una proeza, la nieve le llegaba arriba de los tobillos, sus botas café eran consumidas por esa blancura helada. Las mejillas del rubio ardían por el frío de la mañana, aun cuando llevaba viviendo ahí desde siempre las bajas temperaturas en muchos casos podían ser una mala pasada para él, era más friolento que la mayoría de los ciudadanos o eso decía su cartilla médica. En ese documento de salud también estaba marcado el símbolo "Beta", estaba agradecido que ahora ese símbolo era poco menos que un adorno. No imaginaba vivir en esa época pasada como alguien que nunca destaca ni tampoco fracasa, aunque no importaba si tenía esa etiqueta ahora o hace doscientos años; sigue siendo sólo Denki Kaminari.
—Tal vez si es muy temprano —susurró después de su largo bostezó, no había visto mucha gente pasearse por el campus y eso que el lugar era una de las tres universidades más grande de la ciudad, sólo le informaba que era muy temprano así que los alumnos estaban encarcelados en aulas o en su casa; como él quería y deseaba estarlo. Se ajustó la bufanda y ocultó sus manos en los bolsillos de su chamarra, su plan no era levantarse temprano, pero los nervios y la pesadilla provocaron esa situación. Kyoka le dijo que no iba dormir nada y estaría haciendo cosas demasiado exageradas, helo ahí tal cual predicho, se rascó la cabeza con fastidio.
—Al mal paso darle prisa, Denki —Se alentó a avanzar a cualquier edificio, ya cuando se topara con alguien preguntaría lo que necesitaba ya que el de seguridad de la entrada lo ignoró porque el sujeto no estaba para nada dormido. Quizás si no hubiera estado concentrado en sus pensamientos hubiera notado la maquina limpiadora que pasaba por ahí, tenía que verla dado que las máquinas limpiadoras eran menos ruidosas que un ratón. De un momento a otro se encontraba enterrado en un montículo de nieve, el polvo nevado se colaba por las capas de abrigos que llevaba encima, sentía como comenzaba a humedecerse su ropa por dentro y la horrible sensación del hielo derritiéndose en su cuerpo. Quiso sacudirse y salir de ahí, pero sus pies no se movían…
—¿Es en serio? —Susurró entre la risa y el pánico, miró a los alrededores en busca de ayuda…
—¿Qué haces? —Un chico pelirrojo era el único en el lugar.
—¿Qué no ves? —Fue lo único que salió de sus labios para luego extender sus manos como podía—. Ayúdame a salir de aquí.
El chico mostró sus dientes extraños al burlarse de él o con él, era obvio que se burlaba de él, una pregunta curiosa flotó por su cabeza cual burbuja; «¿Cómo o por qué tienes los dientes así? ¿Nadie te dijo que parecen de tiburón? ¿Te lo hiciste tú? Amigo, creo que se ven geniales». Bueno, se le venían muchas cosas a la cabeza.
—Acaso no sabes que aquí se encuentra las rejas de absorción de nieve, es la zona de depósito.
—Como si yo pudiera… —El pelirrojo le señaló a la izquierda un enorme letrero que anunciaba exactamente que esa zona era un depósito de nieve.
—Al parecer lo que cuentan de que hay gente que aún se atora entre las rejas y la nieve arrojada por la máquina limpiadora son ciertas —Agregó, seguido el chico dientes de tiburón le sostuvo por los brazos con una sonrisa para jalarlo fuera del montículo de nieve.
«Bastardo» pensó Kaminari sosteniéndose de los hombros ajenos, tan pronto lo sacó de la nieve se sacudió cual perro mojado, se quitó el gorro negro y las orejeras para limpiarse el cabello.
—Gracias —dijo sacudiéndose el abrigo.
—No fue nada, nos vemos.
—Sí… —Entonces reaccionó—. ¡Espera!
El pelirrojo volteó curioso, ni siquiera había avanzado cinco pasos, pero ese rubio ya estaba gritando a todo pulmón tan temprano en la mañana; «Se llevaría muy bien con Bakugou» fue su primer pensamiento.
—Oye, ¿sabes dónde se encuentra la zona o la facultad de… —Kirishima pudo ver en el rostro de ese rubio como desaparecía sus expresiones para luego sonreír sin pena—. ¿De casualidad conoces a Katsuki Bakugou?
Sólo se carcajeo con fuerza, ¿cómo no hacerlo?
—¿Dije algo gracioso?
—No, no, bueno sí —Contuvo su risa—. Es curioso, lo conozco muy bien.
—¿En serio? ¿Sabes dónde está ahora?
—Está en clases y su hora libre es dentro de cuatro horas —dijo revisando la fecha en su celular para confirmar lo dicho—. Puedes esperarlo en el comedor común este, puedes ir…
—¡Cuatro horas! Rayos —masculló, quería ir a casa ya que al tener trabajo como mediador no necesitaba forzadamente ir a la empresa—. Al menos dime por donde está ahora mismo, no es necesario que tenga que hablar con él en este momento.
El pelirrojo parecía confundido por lo dicho.
—¿Tienes un asunto que atender con él?
—Algo así —dijo desviando la mirada, él no debería siquiera hablar con una persona cercana a su objetivo, tenía que pasar lo más desapercibido posible.
—Bueno, yo soy su mejor amigo puedes decir…
—No es necesario, gracias.
Kirishima frunció el ceño y miró al tipo de manera sospechosa, pero al final sólo suspiró encogiéndose de hombros—: Ve derecho, encontraras un edificio de tres pisos con diferentes colores cada uno; rojo, blanco, azul. En el segundo piso blanco, no recuerdo qué aula es.
—Gracias.
El joven sólo se volvió a encoger de hombros y comenzó alejarse.
—No te quedes mucho tiempo, la máquina pasa cada quince minutos.
—Ah, sí, sí —«Bastardo» volvió a pensar.
Ese chico tiburón no le mintió, el edificio de colores no estaba tan lejos y sí existía ya que por un momento creyó que le estaba jugando una broma. Tan pronto entró sintió el cambio de temperaturas, afuera tendría que cubrirse con miles de chamarras, pero dentro estaba tan cálido que se quitó las orejeras. Mientras buscaba las escaleras al segundo piso pudo ver un mural con muchos anuncios tanto de ventas de aparatos electrónicos, adopción de mascotas y anuncios de clubs o talleres. Entre esos papeles estaba algunos folletos de su lugar de trabajo; Flores de invierno.
—La enfermedad no tiene que ser una carga, permítanos encargarnos de ella por usted —susurró al recordar la frase que ponían en el comercial que salía en la televisión. Kaminari estaba haciendo el tonto moviéndose de un lado a otro y no creyó que alguien estuviera bajando las escaleras, chocó con una persona. El joven era de piel clara, cabellos rojos y blancos, lo que más le llamó la atención fue la quemadura en el ojo izquierdo. Bajó la mirada en cuanto sus ojos chocaron.
«Ese sujeto tiene de todo en él».
—Perdón.
—No importa —El chico siguió su camino.
Kaminari un poco cohibido por la situación subió las escaleras. Al llegar al segundo piso comenzó a sonar una alarma que el rubio dedujo que era un timbre, no estaba enterado que en esos lugares también se usaran como si fuera alguna preparatoria o kínder. Los pasillos se llenaron en un instante de gente que salía de los salones aledaños, el avanzó sin rumbo, no tenía planeado hablarle, pero quería verlo de cerca, sólo eso. Sintió por un momento que lo invocó ya que su cabellera rubia apareció, pero tan pronto se emocionó de encontrarlo su alegría fue asesinada por la mirada de un pecoso. Los dos se entendieron al instante, cuando reaccionó ya estaba corriendo por los escalones resbalando en los últimos y cayendo de sentón. No había tiempo para quejarse, como pudo se levantó del suelo y salió del edificio sin saber si de nuevo esa máquina lo enterraría vivo, eso sería lo mejor.
—¡Yo qué iba saber que tenían las mismas… —Se mordió los labios porque estaba seguro que en el documento que se aseguró de leer más de tres veces le marcaba ello—. ¡Está bien, olvide lo que escribiste, Midoriya, mi culpa!
Por un segundo creyó que moriría ahí mismo, no por el cúmulo de flores en su pecho si no por el miedo que le recorrió por todo el cuerpo al ver a su asesor en esos pasillos.
—Nerd.
—¡Sí! —Exaltado por el pánico miró al rubio, Bakugou chasqueo su lengua.
—Si estás enfermo sólo falta a clases, tu maldito historial de asistencias es estúpido.
El pecoso no entendió nada, las palabras sólo saltaron por su cabeza y nunca entraron a sus oídos.
—Sí —Fue lo que dijo, pero eso sólo provocó que el contrario se enojara.
—Vete a la mierda.
Lo vio alejarse a paso apresurado, bajó la mirada al suelo gris y susurró desganado—: Sí.
Él y Bakugou sólo tenían dos clases juntos, esas materias no eran necesarias para sus carreras, pero estaban como obligatorias en su plan de estudios y tal vez no lo hubiera conocido por ello, quizás no se hubiera enfermado sino fuera por obligación. La enfermedad podría ser sólo un sentimiento de egoísmo disfrazado de Venus.
Todoroki sentía una extraña furia que no entendía de dónde provenía, aun con el frío su rostro ardía… se detuvo y suspiró dejando escapar un poco de frustración en forma de vaho, fue ese rubio pronunciado una frase de la empresa de su padre que provocó que él se sintiera así. En esos días se la pasaba negándola y molesto por el simple hecho de oír cualquier cosa referente a la enfermedad o la fundación, pero no podía evitarla aunque quisiera y eso le provocaba fastidio. Sus pensamientos y la furia que había experimentado se esfumaban cual ventisca invernal porque sólo le bastó un segundo observar al otro lado de la calle para perderse, sintiendo que todo se detenía hasta su propia respiración era opacada por la persona que caminaba a su propio ritmo, lo hipnotizaba con una simple expresión serena, sus ojos rojos, el cabello arreglado y…
—Maldita sea —La arritmia y la falta de aire llegaron sin aviso, debía saber que esa persona no debía estar ahí y aun así se dedicó a buscarlo, mirando a todos lados y era claro que no la encontró. No hubo tiempo para que el dolor incrementara ya que un olor molesto comenzó a esparcirse por el lugar.
Jirou había estado toda la mañana escribiendo un nuevo informe, un caso bastante difícil, mucho más por la persona quién fue el asesor y el caso ya había estado en boca de todos desde días antes de ser anunciado por el principal afectado. Cuando era nueva en ello le costaba transcribir los detalles y en esos momentos siente que perdió un poco la sensibilidad al redactar sin sentirse consumida por los sucesos. Se asombró al ver a Kaminari sentarse en el otro cubilo, pero su aura oscurecida se alumbró gracias a él.
—¿No dijiste que no vendrías?
—Tampoco creo que tenga prohibido venir —susurró molesto.
—¿Ahora qué hiciste? —preguntó con divertida curiosidad.
—Nada —Encendió su computadora, tenía recargado su barbilla en su escritorio, soplaba de vez en cuando las hojas que tenía ahí—. Estoy agotado.
—¡Ehh! ¿Tan pronto? ¿Qué hiciste? —Ahora sí que estaba un poco más interesada por lo que sea que había hecho su compañero.
—Te digo que nada.
Jirou lo analizó, el rubio lucia muy frustrado, agotado y al entenderlo dijo—: ¿Me estás diciendo que como no has hecho nada te sientes cansado?
—Sí.
—Olvídalo, iré con Yaoyorozu…
—No está, la vi salir —masculló al ver a la joven levantarse de su asiento, se acomodó en su lugar—. Creo que hoy es su chequeo trimestral.
La azabache volvió a su asiento y bajo la mirada apenada, Momo siempre lucía emocionada y alegre, lista para ayudar, pero en esos días su expresión se apagaba por instantes, tal vez por eso no la había visto rondar por ahí. Estuvo concentrada con su caso que no se puso a pensar qué día era ese.
—Siempre se cree que ser omega es horrible, pero creo que ser mujer y ser un alfa debe ser…
—No es horrible —Interrumpió al rubio—. Es cruel.
Kaminari miró al techo y pasado unos segundos susurró con suavidad—: Es cierto.
—Entonces, ¿por qué no hiciste "nada"? —Quiso cambiar de tema, además le incómoda hablar a espaldas de una persona que le agradaba mucho.
—Fui muy temprano…
El bufido no se hizo esperar—: Lo sabía, ¿dormiste siquiera?
—Lo que dormí no puede ser llamado dormir —dijo recargando ahora su mejilla en el escritorio—. Sólo fui a la universidad a perder el tiempo y ser enterrado en nieve.
—No sé porque me suena a algo que sólo te pasaría a ti.
—Da igual, ¿tienes trabajo?
—Siempre lo tengo, terminar el informe del último caso de Shinsou.
Kaminari volvió a enderezarse, no podía estar quieto ni un segundo.
—Ese fue el primero que perdió, ¿no es así? —murmuró tapando su boca con una de sus manos.
—¿Por qué murmuras? —preguntó con el mismo tono de voz sin saber la razón de seguirle la corriente a su tonto compañero.
—Es que ese tipo parece que tiene oídos en las paredes —Miró a todos lados por si veía alguien de cabellos morados pasearse por ahí. Kyoka rodó los ojos y volvió su atención al monitor.
—En vez de perder el tiempo aquí, deberías comenzar a moverte, los asesores corren contra reloj —Lo miró seriamente—. ¿Cuánto crees que le queda a tu paciente? Los medicamentos sólo ayudan a parar los ataques, no a detener el avance de las flores por…
—Lo sé —Ahora parecía abatido y ella sólo se sintió mal e incómoda.
—No te estoy reclamando, pero eres un completo novato en el trabajo, el cliente confía en ti y te necesita —Continuó a escribir el informe donde lo dejo porque tenía que terminarlo ese mismo día. Shinsou vino a su cubilo en persona a pedírselo, ella creía que tal vez porque era la única, aparte de Yaoyorozu, que no hablaría de lo estaría puesto en ese papel. El rubio a su lado ya era asesor, no podía encargarse de ello y sobre todo no se lo daría a él porque aun si su intención fuera buena y hacia bien las cosas, la boca y mente del rubio iban por diferentes direcciones.
—Tienes mucha razón —A los ojos de la joven Kaminari lucia más determinado que cuando llegó, ella sonrió, no era su plan animarlo, pero si así resultaron las cosas que mejor.
Desagradable, molesto y sobre todo inapropiado por estar al aire libre, era el celo de un alfa imponiéndose en el lugar, pero no sólo eso estaba creando hormonas para "marcar territorio"; algo que estaba prohibido desde hace años, sólo aptó en la intimidad, ya que buscaba ahuyentar a todo el que quisiera acercarse. Todoroki buscó el lugar de donde provenía y lo encontró en un callejón, por un momento pensó que eso era muy cliché; que alguien entrara en celo en un lugar así se usaba mucho en las historias. Lo curioso es que también había alguien que necesitaba ayuda y al parecer él era el héroe de la historia. Todo ello acabó en la estación de policías para dejar su declaración de los sucesos, sólo perdió un par de horas. Por suerte él había salido temprano de la universidad, en realidad había pedido faltar, así que tenía aun tiempo para su cita en el hospital. Llegó justo a tiempo.
—Los resultados del examen no indican algún cambio extraño en tu sistema inmunológico y sobre todo los niveles hormonales como alfa siguen siendo excelentes, joven Todoroki —dijo el doctor.
—Ya veo.
—¿Algo que le preocupe como para que haya querido hacerse estos análisis?
—Ninguno en particular.
El doctor asintió, escribió algunas cosas en el informe inicial que iba directo al documento oficial del paciente.
—Sus exámenes, me alegra ver que se preocupe de su salud —El chico tomó estos. Vaciló un poco respecto a mencionar el problema en su pecho, pero si los exámenes estaban bien eso significaba que no era nada.
—Gracias —Con ello salió del pequeño consultorio.
Estaba claro que no sucedía nada con él, sólo era el estrés, seguro por la próxima reunión de la fundación, su padre había insistido como los años anteriores de que debía ir. Él desde hace dos años que no iba a esa "fiesta", no planeaba ir de nuevo a ella.
Yaoyorozu se asombró de ver a Todoroki en el hospital, tan pronto se acercó a él le saludo de manera suave.
—No esperaba verte por aquí, Todoroki —Sonrió amable.
—Ah, vine a recoger algunos exámenes médicos —Mostró el folder amarillo. Estaba tan concentrado en sus pensamientos que le asombró sinceramente ver a esa chica ahí.
—¿Te encuentras bien? —preguntó preocupada por él.
—Nada fuera de lo normal —Restándole importancia al asunto.
—Oh, es bueno oír ello —Dijo aliviada con ello y aun cuando dudaba si era buena idea hablar de ello en ese tipo de sitio, sobre todo porque no quería molestar al joven frente suyo, pero estaba un poco curiosa—. Sé que es un poco entrometido, pero quería saber si en la próxima reunión de la fundación…
—Este año como el anterior no asistiré.
—Oh, entiendo —Un poco desanimada al escuchar ello, era difícil encontrarse porque pertenecían a diferentes universidades y ella trabajaba en la Fundación—. Entonces espero podamos vernos en otro momento.
—Por supuesto.
—Me he encontrado con Tenya en otras ocasiones y… —Guardó silencio al ver la expresión del contrario, le tomó por sorpresa ese cambio de actitud podía sentir como si el ambiente se volviera pesado sin un motivo en específico, no uno que ella entendiera—. ¿Todo…
—Nos vemos —La forma dicha fue en un tono lleno de furia que le hizo sentir escalofrío.
—Claro —murmuró sin siquiera saber cómo despedirse.
«¿Tal vez dije algo que no debía?» se preguntó entre sus pensamientos mientras lo observaba partir.
«La enfermedad Ninfa Cloris no debe ser un impedimento para usted. Puede tener una vida normal si usted acepta tanto ingresar a la fundación "Flores de invierno" o…
Uraraka cambio la estación de radio, no porque estuviera Izuku ahí, llevaba años escuchando los comerciales y podría ignorarlos muy bien, pero ahora le costaba hacerlo y escucharlos la hacían sentir mal, cansada y muy triste. Era como derramar emociones desde su pequeña y suave respiración porque de sus ojos ya era demasiado común.
—Buenas, siento llegar tarde —Dijo Izuku sentándose al lado de la castaña que cambio su expresión al instante y se quitó los audífonos.
—Ni es tan tarde, ellos aún sigue pidiendo lo que van a comer.
Midoriya fijo su vista en sus otros dos amigos, Iida y Tsuyu seguían haciendo fila para, exactamente, pedir sus almuerzos.
—Yo traje comida, mi madre me está preparando la comida por recomendación del doctor…
—No tienes que mencionarlo, está bien —Ochako tomó de su vaso.
Ver el perfil redondo, cálido y suave de su amiga le daba tranquilidad, una muy extraña y compresiva.
—Por cierto —La castaña volteó a verle para hablarle—. ¿Todoroki no está contigo? Aunque seguro hubiera rechazado de nuevo a comer con nosotros… Yo sigo preocupándome…
Midoriya entendía el sentimiento ya iban para dos semanas que el muchacho dejó de juntarse con ellos, el único que lo defendía era Iida que estaba convencido que cuando se encontrara listo les explicaría lo que le sucedía, pero aun así ninguno podía evitaba estar preocupado por él.
—Hoy lo vi en mi clase para hablar con la maestra, pero no sé de qué y hoy no tengo alguna clase que comparta con él.
—Ya veo —La chica volvió su vista a su comida, probó la pasta del día.
El pecoso miró a Tsuyu e Iida que avanzaban hacia su mesa, les sonrió cuando sus miradas chocaron.
—¡Oh! —Ochako recordó algo que se andaba rumoreando respecto a una maestra que conocía porque les daba al pecoso y al chico ausente, así que volvió a mirar a Midoriya—. Es cierto lo que andan contando respecto a…
Izuku dejó de mirar a Uraraka que se había callado, parecía asombrada y al voltear a ver la razón él mismo se quedó en blanco.
—¡Hey! —Kirishima fue el primero en saludar a los dos presentes y que parecían haber sufrido un colapso mental. La castaña fue la primera en reaccionar o algo similar ya que sólo asintió como respuesta.
—¿Tienes ya un maldito compañero? —preguntó Bakugou con el tono de voz menos alto que poseía.
Al pasar un par de segundos Ochako codeó a Izuku al comprender un poco la situación, sobre todo porque su amigo no parecía ni respirar.
—¡No! —Se acomodó en su asiento y bajo un poco la mirada, para luego volver a ver al rubio—. N-no, aun no tengo, iba a preguntarle a Margaret después del almuerzo.
Bakugou casqueo la lengua, miró a Uraraka un segundo, ella sí lo estaba mirando y le molesto que la castaña lo hiciera tan normal, pero el pecoso prefiriera mirar su maldita comida ¡Que sólo eran alimentos! No había nada nuevo en ellos y ahora venían los otros dos y sería más difícil la jodida situación.
—Esa maldita ya tiene, ya le pregunte —dijo poniendo un papel cerca de la charola de la comida de Midoriya que se sobre salto junto a sus cubiertos que chocaron con el plato—. Llámame, voy a ser tu compañero.
Midoriya seguía sin salir de su estupor que no escuchó al pelirrojo despidiéndose con alegría de los dos, ni siquiera sabía si no se había quedado sordo en ese mismo instante. Ahí donde estuvo hace tan poco la mano de Bakugou había un pequeño papel blanco con números. Tomó el papelito.
—Me dijo que era su compañero.
—Sí —contestó su amiga.
—Me dio su número.
Después de ese estupor de confusión Uraraka sonrió divertida y contestó—: Lo hizo.
Las pecas se encendieron cual foquitos de navidad y la risa nerviosa le hacía compañía como si fueran las campanas de fin de año.
Segundo capítulo. \o/
Muchas gracias por las personas que me dejaron un comentario o consejos útiles, trataré de fijarme en esos errores, muchas gracias. Siempre estaré lista para los consejos que puedan dejarme para que yo siga mejorando. ~
Aunque como no tengo beta muchas veces salen unos dedazos que dan pena ajena. XD
Siendo así, muchas gracias por leer mi fanfic con esos errores.
No sé si lo dije en las notas anteriores, pero este fanfic se centrara en los personajes Midoriya, Todoroki y Kaminari. Ellos son los tres protagonistas. ^^ Así que los tres son importantes.
Pues no sé qué más decir. Cualquier comentario es bienvenido.
Larga vida y prosperidad.
