Vienes de... del capítulo 1. Recuerda que te has sonrojado y agachado la cabeza.
Por lo pronto agachas ligeramente la cabeza y notas como el calor sube a tus mejillas. No sabes si odias o toleras este comportamiento tuyo, incluso puede que te guste. La cuestión es que sucede y, cuando sucede, no puedes evitar sentirte pequeñita y avergonzada. ¡Tampoco es para tanto lo que te ha dicho! Pero quizás haya sido más bien que te ha tomado de imprevisto, como si de golpe alguien viniese por detrás y con toda la parsimonia del mundo te soplase en la nuca. Ew, qué raras comparaciones haces en tu mente.
—Perdona, perdona, no quería molestarte —vuelve a decirte el muchacho, algo ¿desesperado? por tu comportamiento. Quizás se ha creído que te ha ofendido, pero sabes que no ha sido así y tienes el deber de sacarle de su error.
—No —murmuras con firmeza—. Está bien. Solo, uhm, solo me ha tomado por sorpresa —le comentas en tu mejor tono conciliador y alzando la cabeza para mirarle cara a cara, no se vaya a pensar que eres una maleducada.
—Qué alivio entonces —te responde, dedicándote otra sonrisa. Sin lugar a dudas piensas que se parece a un hermano mayor tratando de consolar a la peque. Tiene un aire muy familiar y lo ves perfectamente bajo una montaña de niños—. Soy Tachibana Makoto.
—Oh —dudas un segundo. No porque no sepas tu propio nombre, sino porque te pilla desprevenida. No esperabas que la conversación fuese a pasar de ser entre dos desconocidos a un par de conocidos—. Yo…, bueno, a mí todo el mundo me llama Ny. Si te dijese mi nombre completo creo que nadie sabría decirte quién —le comentas tratando de recordar cómo empezó la broma de llamarte Ny y hasta qué punto se ha convertido en parte de tu identidad.
—Entonces es un placer, Ny-chan.
A partir de este momento la conversa parece ir fluyendo. Habláis un poco de todo, sin profundizar demasiado, aunque de algún modo se siente mejor que explicándoselo a cualquier otra persona. Estás convencida de que Tachibana tiene un don para escuchar. Os explicáis a qué os dedicáis —él parece ser profesor y tú, en fin, le cuentas tus peripecias con las ciencias puras—, lo que más os gusta de vuestras respectivas clases y también lo agotador que es lidiar con el campus virtual de la universidad, el cual deja de funcionar cada dos por tres. Lo que queda de tarde pasa volando y antes de que te quieras dar cuenta, Ishihara interrumpe vuestra conversa algo echada pá'trás y te recuerda que es casi hora de cenar y hay que volver a casa.
Tachibana se disculpa por entretenerte y se despide de ti. Asientes y esperas que los entrecruzados caminos de la universidad te lleven a encontrarlo de nuevo porque, a fin de cuentas, es una persona muy agradable. Y, mientras piensas en ello, Ishihara insiste en saberlo todo diciendo —o más bien gritando a los cuatro vientos— algo sobre el feeling y haber interrumpido. Obviamente no la escuchas y queda constatado que amigas de este tipo hay en todas partes.
Combinaciones.
— Ya odies, toleres o te guste sonrojarte, avanza al capítulo cuatro (4).
