Cap. 2: La confesión
-¿Qué hora debe ser?-dijo Bella mirando hacia el reloj de la mesa de noche.
El reloj indicaba que eran las ocho menos cuarto, justamente el momento en el que solía amanecer en Forks. Bella se levantó y miró por la ventana.
-Aun está oscuro-murmuró-Pero no aguanto más en la cama, he de decírselo a Jacob ya o voy a volverme loca.
Al cabo de cinco minutos ya estaba lista y desayunando en la cocina.
-¡OH, NO!-exclama llevándose la mano a la cabeza- Ayer por la noche no llamé a Charlie.
Corriendo, se dirige al teléfono del comedor.
-Quizás es un poco pronto para llamar a Charlie-dijo mientras dudaba si coger o no el teléfono.
En ese mismo momento el teléfono sonó.
-¿Será Charlie?-pensó ella- Casa de los Swan, ¿diga?
-Hola Bella soy yo, Jacob- dijo él con una voz ronca- ¿no te habré despertado, verdad?
-No, tranquilo que no lo has hecho-le respondió ella- dime, ¿a que se debe tu llamada tan temprano?
-Verás, Bella yo…-y Jacob estornudó tan fuerte que ella se tuvo que apartar el teléfono de la oreja.
-Creo adivinar el motivo de tu llamada-dijo ella sarcástica- ¿gripe?
-Pues has acertado de pleno. Estoy con fiebre y me temo que nuestra excursión tendrá que aplazarse- dijo él con pena.
-Vaya, que lástima. Pues mejórate…-le respondió Bella.
-De acuerdo, pues adiós Bella- dijo él con una voz cada vez más floja.
- Adiós, Jac… ¡!- Bella se acordó que le tenía que decir lo que sentía por él fuera como fuera-Esto, ¡Jacob espera, no cuelgues!-dijo ella casi chillando.
-¿Qué ocurre Bella?-le preguntó él, que por suerte para ella no había colgado el teléfono.
-Esto, pues…-de repente se quedó callada.
-¿Si, Bella?-le volvió a preguntar él.
-Ahhh…-no se le ocurría nada, hasta que al fin dijo- Bueno, Jacob ¿podría ir a visitarte hoy?
-No Bella, es mejor que no vengas-le contestó él-no quiero contagiarte.
-Oh vaya, lástima. Me hubiera gustado ir a verte un rato-dijo ella casi murmurando.
-Entonces adiós Bella, ya te llamaré mañana si me encuentro mejor-le dijo él.
-Adiós-contestó Bella-Jacob…-pero él ya había colgado el teléfono.
Bella se quedó quieta durante unos instantes frente la pared. Después colgó el teléfono bruscamente y se fue corriendo a su habitación. Al llegar, se dejó caer sobre la cama y se quedó mirando al techo un buen rato. No había sido capaz de confesarle a Jacob lo que sentía.
-Que estúpida soy…-dijo casi murmurando-Si no se lo he podido contar por teléfono, ¡estoy segura que seré incapaz de decírselo en persona!
Entonces Bella se levantó de la cama. Se dirigió hacia la ventana y miró a través de ella. Había empezado a llover. A Bella le empezó a invadir una extraña sensación de malestar, como si algo no fuera a ir bien. Entonces el teléfono volvió a sonar. Bella bajó corriendo las escaleras y en el intentó de pasar dos escaleras en vez de una, Bella se tropezó y cayó de culo en el suelo a causa de su torpeza.
-¿Di…Diga?-dijo Bella excitada y a la vez dolorida por la caída.
-Hola Bella, soy yo Charlie-respondió él.
-Ahhh… Hola papa-dijo Bella toda disgustada.
-¿Ocurre algo Bella?-le preguntó Charlie al ver la alegría de Bella por su llamada.
-¿Eh?-dijo ella dándose cuenta de cómo había respondido a su padre-No, no… No pasa nada.
-¿Y como es que no me llamaste ayer Bella?-dijo Charlie en modo acusador.
-¡Es verdad!-fingió Bella, haciendo ver que se acababa de acordar-¡Se me olvidó! Lo siento, de veras, perdona Charlie-se excusó Bella.
-Y ayer…-Charlie no sabía cómo sacar el tema-Tú y Jacob… ¿Hicisteis algo? Digo de salir, o ir a algún sitio. No me refería a… No me malinterpretes… Yo quería decir…Yo… Esto…-Charlie se estaba poniendo nervioso.
-Papa-dijo Bella para calmarlo-Si que hicimos algo.
-¿A si?-dijo Charlie emocionado.
-Pues sí. Fuimos a una playa en la Reserva que Jacob conocía y me la enseñó –le explicó.
-Vaya, y ¿te lo pasaste bien?-le preguntó Charlie.
-Pues sí-respondió Bella-Pero papa, no habrás llamado solo por eso, ¿no es cierto?
-Es verdad hija, ¡tienes razón!-se acordó de repente-Te he llamado porque Billy y yo vamos a estar tres días más fuera. Al parecer, no va ha haber muy buen tiempo, incluso se predicen nieblas espesas y además aquí llueve a cantaros, así que no podremos volver hasta que el tiempo mejore por aquí-dijo Charlie-Oye Bella, ¿qué tiempo hace en Forks?-preguntó.
-Pues ahora mismo llueve a cantaros, pero esta mañana estaba tan tapado como siempre-respondió.
-De acuerdo pues mañana te llamaré yo, por si te volvieras a olvidar-dijo sarcástico-y te diré cuando volveremos.
-Tranquilo papa, Jacob está enfermo así que no me olvidaré de llamarte-le rebatió Bella.
-De acuerdo Bella, de acuerdo-se rió él-Pues entonces me llamaras tú.
-Por supuesto-respondió ella.
-Pues entonces hasta mañana, Bella-se despidió Charlie.
-Adiós papa, cuídate-se despidió Bella.
Bella colgó el teléfono. Iba a estar sola todo lo que quedaba de domingo y el lunes. Jacob estaba enfermo y estaba sola sin saber qué hacer. Entonces a Bella se le ocurrió una idea. Volvió a coger el teléfono y marcó un número. Esperó.
-¿Si?-respondió la persona des del otro lado de la línea.
-Hola Jesica, soy Bella-le contestó.
-¡Ohhh…!-exclamó esta-Bella ¿eres tú? Vaya que sorpresa. Dime, ¿porque me has llamado?
-Bueno, verás, te acuerdas que el viernes tú y Ángela me dijisteis de ir de compras el sábado-le explicó Bella.
-Si-afirmó ella.
-Pues llamaba para saber que tal os fue-dijo.
-A pues el caso es que al final no fuimos.-dijo un poco enfadada-Después de que tú nos dijeras que no ibas a venir a Ángela le salió un compromiso y yo no quise ir sola, así que no hubo salida-me contó como si explicara una trágica historia, que más que eso, Jesica lo interpretaba como un plantón.
-Pues lo siento mucho Jesica-se disculpó Bella-pero yo te había llamado para decirte que si quieres que vallamos a Port Ángeles de compras, como disculpa por lo de ayer-le propuso.
-¡A Port Ángeles de compras!-chilló-Claro que quiero ir-se animó de golpe.
-De acuerdo –contestó Bella-¿Podrías llamar también a Ángela para que viniera?-preguntó.
-Claro que si Bella-dijo Jesica.
-Pues os espero a las cinco en mi casa, ¿de acuerdo?-le preguntó Bella.
-¡Claro que sí!-exclamó- Luego nos vemos-y colgó el teléfono.
Bella, un poco confusa por lo que acababa de pasar colgó el teléfono y se fue a la cocina a hacer la comida, deseando a que llegara el momento de ir a Port Ángeles.
-¡Ya hemos llegado!-chilló Jesica.
-Por fin-dijo Ángela.
-Si-suspiró Bella.
-¿Pues a que esperamos?-se lanzó Jesica.
Entonces la sensación de malestar que llevaba persiguiendo a Bella todo el día se hizo más fuerte. Bella miró a su alrededor.
-¿Bella?-preguntó Ángela.
-¿Eh…?-reaccionó- ¡Si si! De compras.
-Pues vamos- dijo Jesica que cada vez estaba más emocionada.
-Esto… ¿Podéis ir tirando sin mi?-les preguntó Bella-Es que tengo que hacer una cosa-mintió Bella.
-Bueno de acuerdo-dijo Ángela-Te esperamos en aquella tienda de ropa de la esquina. Vamos Jes… ¿?-Jesica ya estaba metida en la tienda de ropa.
-Corre Ángela, hay unos vestidos preciosos-chilló Jesica.
-Hasta ahora Bella-se despidió Ángela.
-Adiós-respondió Bella casi en un susurro.
Porque les había dicho a Ángela y a Jesica que tenía algo que hacer. ¿Por qué les había mentido?
-Bueno…-suspiró-No sé porqué las he engañado pero no puedo volver ahora o se darán cuenta que mentí-pensó Bella-¡Ya sé adónde puedo ir!-dijo.
Entonces Bella se dirigió a la playa. El cielo estaba totalmente encapotado a pesar que antes brillaba sol. Bella bajó a la arena. Y allí fue dónde todo ocurrió. Fue la primera vez que lo vió y se quedó maravillada de ver tan hermoso ser que estaba apoyado en un lado del muelle, frente a ella, mirándola con el rostro perdido.
-…-Bella se quedó mirando aquel chico tan hermoso y a la vez misterioso que la miraba a solo unos metros de distancia.
De repente, ese chico empezó a caminar hacia Bella. Ya no tenía el rostro dulce y distraído de antes. Había cambiado. Ahora se acercaba con una sonrisa maliciosa. Cuando estuvo delante de Bella, con sus finas manos le cogió la cara suavemente, al mismo tiempo que inclinaba su cabeza y la ponía a la misma altura que la de Bella, frente con frente. Bella se puso toda colorada.
-¡Per…!-balbuceó Bella.
-¿Cómo estas Bella?-pronunció el desconocido, de un modo que el nombre de Bella quedaba bien marcado en el silencio que se acababa de producir.
Continuará
