Disclaimer: Los personajes le pertenecer a Stephanie Meyer, yo solo los utilizo los personajespor ser tan maravillosos. La historia es 100% mia

Summary: Porque el "deber" no siempre va de la mano del "querer". Una relación de amistad tan poderosa que te nubla el juicio. Una relación que hace que te cuestiones todo cuanto deseas y sueñas. No hay que olvidar que en los triángulos amorosos siempre hay una persona que termina herida.
Agradecer que a mi hermosa amiga y beta Larosaderosas .

Agradecer a las chicas que han comenzado a leer ésta historia y darles una oportunidad. Y darle la bienvenida a quienes se animen de ahora en adelante ^^


Como informaicón adicional, añadiré las edades de cada uno porque sino despues se me confunden...incluso yo xD
Bella (24), Alice (20), Rosalie (30), Edward (28), Jasper (28), Emmett (25)
El resto de los personajes oscilan en las mismas edades según a quien pertenezca la amistad xD


Chapter One

Bella

::: Washington :::

-Estoy muy orgullosa de donde has llegado, hija.- Renée me miraba con sus ojos llenos de lágrimas mientras aferraba mi bolso de mano. Mis cosas importantes ya las había embalado y enviado a Nueva York.

-Tranquila, estaremos en contacto- le dije. Me daba una pena tremenda dejarla sola en este pueblo. -¿Estás segura que no quieres venir conmigo?- volví a preguntarle por enésima vez. Ella negó con la cabeza.

-No dejaré la casa donde vivimos con tu padre tantos años.- Sólo con el recuerdo mis ojos comenzaron a picar, como si tuviese tierra.

-Entiendo- le dije con una leve sonrisa. –De cualquier modo, sabes que tienes donde ir si me quieres visitar.- Ella me abrazó nuevamente.

-Esta oportunidad que te han dado es una que muchas querrían- dijo con orgullo. –Así que quiero que te concentres y seas la mejor- dijo decidida. Sonreí viendo a mi madre como una niña pequeña.

-Así será- dije firmemente. -¿Crees que a él le hubiese gustado que yo…que yo, bueno lo que decidí hacer de mi vida?- pregunté con un nudo en la garganta. Renée y yo no éramos muy buenas para hablar de sentimientos y cosas por el estilo, mucho menos de mi padre.

-Sé que él estaría muy orgulloso de ti, Isabella. No lo dudes. Él donde esté, sé que te observa y te cuida- acarició mi mejilla. –Has cambiado mucho y todo es por él.

-Debí cambiar antes- me lamenté. -A veces pienso que aún sigue enojado conmigo. Mientras estuvo vivo nunca fui la hija que él quería que fuera, creo que hasta se avergo…- Renée me silenció colocando sus dedos sobre mis labios.

-Nunca pienses eso, hija. Tú eras una adolescente.- Negué con la cabeza. –Una hermosa adolescente que se ha encerrado utilizando esas ropas masculinas y holgadas que usas para ocultarte.- Gruñí.

-¡Mamá!- espeté para que dejara "ese" asunto de lado, siempre llegábamos a lo mismo. Yo no estaba interesada en buscar algún tipo de relación, los hombres eran un problema en mis planes. -Esa no es una excusa, existen muchas adolescentes responsables- intenté ir por ese lado y así no recordar los años anteriores.

-No es una excusa hija, pero te aseguro que Charlie también lo entendió así. Sólo que debía mostrarse estricto por lo que hacía.- Alcé los hombros, no muy convencida. –El director Macaya fue un muy buen amigo de tu padre. Charlie fue uno de los mejores policías judiciales y por ello, el Director se vio interesado en él. Nunca pudo convencerlo de que se fuera a Nueva York para avanzar en su carrera. Si el director no pensara lo mismo de ti, no te habría dado ésta oportunidad y eso que acabas de terminar los estudios.- Asentí con la cabeza. –Los amigos que hiciste aquí, en la escuela de perito criminalístico y psicología, morirían por ésta oportunidad.- Sonreí viendo el orgullo de mi madre brotar como una luz incandescente.

-Lo sé, lo sé. ¿Crees que no me lo dijeron? Toda la noche, durante la despedida me gritaban que tenía mucha suerte. "Una mujer de Forks yéndose a Nueva York para especializarse y trabajar para el FBI. Un milagro."- Repetí las palabras de mis amigos. Muchos de ellos ahora buscaban trabajo en distintos estados, pero nada era como Nueva York, el centro más grande del FBI. Los verdaderos operativos se creaban ahí, donde las mentes más grandes ideaban planes de rescate, allanamiento, desarmes de bombas, etc., etc. La lista era larga.

-Hija- el tono de voz de mamá sonó preocupado. -¿Le dijiste que te irías?- me preguntó mamá un poco asustada.

-No tengo por qué hacerlo- refunfuñé.

-Yo sólo digo, no vaya a ser que te cause problemas en Nueva York.- Negué con la cabeza. -¿Lo notificaste?- preguntó.

-Claro que lo notifiqué y expliqué la situación actual. El director simplemente me ha pedido que lo mantenga en secreto por las reglas que se imponen y así no crear un problema entre mis compañeros y piensen que hay privilegios- le expliqué. –Él se ofreció a ayudarme para agilizar los trámites.

-¿Así, sin más?- su ceño se frunció extrañada.

-Creo que también influyó el hecho de que sea hija de Charlie Swan, pero yo haré que me vean sólo como Isabella Swan. Construiré mis propios logros- dije decidida. –Iré a ese lugar y seré la mejor agente. Haré que mi padre se sienta orgulloso de ésta Isabella. En la que me he convertido ahora, no la que él vio años atrás- dije con nostalgia. Pero principalmente buscaré al maldito que asesinó a mi padre, que robó mí tiempo junto a él y años de una vida en familia. Aún no era la hora de Charlie y lamentablemente yo había desperdiciado mis años de adolescencia dándole solo problemas.

Yo, Isabella Swan, vengaría la muerte de mi padre y pondría todos mis conocimientos en ello.

La despedida de Renée había sido realmente dolorosa. Desde la muerte de mi padre nunca nos habíamos separado ahora, ver en sus ojos el dolor que le producía verme marchar me provocaba un dolor mayor. Pero yo estaba decidida a esto, no había obstáculo que se cruzara en mi camino que me hiciera cambiar de parecer.

Caminé con la confianza de saber que estaba haciendo lo correcto. Al abordar ese avión me dirigía a mi única oportunidad de poder investigar aquella mafia que se había cruzado en el camino de mi padre, quien no logró salir con vida. Iba al único lugar que me daría las armas necesarias para hacer justicia con mis manos.

::: Nueva York :::

Largas horas pasaron hasta que al fin arribé a Nueva York y ese cambio de ambiente se sintió de inmediato. Personas con ritmos de vida acelerados, individualistas, egoístas y narcisistas. Bueno, no podía decir que me sentía fuera de lugar, prácticamente había autodescrito mis años de adolescencia.

Caminé hacia la salida para ir por un taxi que me llevara a mi modesto departamento semiamueblado que había encontrado por Internet y que quedaba relativamente cerca de la escuela. Bendito sea quien inventó la red para poder conseguir todo al alcance de un "click".

Esperando al taxi, me fijé en una chica menuda, que no pasaría de los 20 años, que estaba unos metros más allá. De estatura baja, cuerpo delgado, cabellos desordenados y sonrisa infantil. La chica cargaba varias bolsas y maletas que realmente se veían pesadas, mientras miraba impaciente los taxis que pasaban completamente llenos. Entre todo su equipaje, consiguió extender su corto brazo para detener un taxi, milagrosamente vacío. Al acercarse a abrir la puerta, un hombre alto la empujó para arrebatarle el taxi, consiguiendo que ella cayera sobre las bolsas, desparramándolas.

-¡Ey!- le grité al hombre que ya se marchaba en el taxi. Sin pensarlo me acerqué a la muchacha para ayudarla, hoy en día ya no existía la caballerosidad. -¡Hijo de la gran puta!- me quejé sin medir mis palabras mirando al hombre que ya desaparecía. La chica me miró algo aprensiva, pero al ver que le tendía mi mano para ayudarla, su rostro se relajó y me sonrió agradecida.

-Aún queda educación en las personas, gracias- dijo con una sonrisa que le regresé. Al verla más de cerca pude notar sus facciones graciosas, angulosas y muy bellas. De esa clase de belleza natural, sin ninguno de esos retoques que se acostumbraban a dar las jóvenes neoyorquinas adictas a las cirugías.

-No hay problema- le dije mientras la ayudaba a levantarse. –Pensaremos que iba de urgencia al hospital por su esposa que estaba por dar a luz- bromeé y ella sonrió agradecida por ello.

-Alguien con sentido del humor en esta ciudad, mi día ha mejorado- se alisó su falda y acomodó sus maletas.

Cuando ya estuvo estable sobre sus dos pies, volví a mi lugar y esperé el taxi. Uno apareció unos minutos después frente a mí, desocupado, como si lo hubiese llamado con el pensamiento. Miré a la chica que se veía cansada, ¿cómo no estarlo si se mantenía sobre esos tacones? Definitivamente mis botas de seguridad eran más cómodas.

-Si gustas podemos compartir el taxi- le dije de pronto. Sus ojos se abrieron enormemente por la sorpresa.

-¿Lo dices enserio?- Asentí mirándola divertida, tampoco era tanto lo que estaba haciendo.

-Claro, ahí vemos a quien le queda más cerca y asunto arreglado.

La ayudé a acomodar sus maletas entre la cajuela y parte del asiento trasero, íbamos un poco apretadas pero nada que no se pudiera resistir. Resultó que yo vivía más cerca por lo que primero pasaríamos por mi departamento, la zona donde ella vivía era la más apartada y bastante más costosa. El departamento que decidí alquilar era de bajo costo ya que, literalmente, pasaría más tiempo en mis clases. Pero aún así, me aseguré de que quedara cerca para poder ir y venir caminando.

-¿Estás de paso o vives aquí?- me preguntó ella.

-He venido por asuntos de trabajo- dije sin entrar en mucho detalle.

-¡Oh fantástico! Yo estudio arquitectura y además he tomado un curso de diseño en interiores- dijo muy orgullosa de sí misma. Me miró expectante, esperando a que dijera algo.

-Yo, bueno. Vengo en búsqueda de trabajo- dije a medias, omitiendo la parte en que digo "como agente del FBI".

-Entonces, ¿no eres de por aquí?- Negué con la cabeza.

-Soy de Washington- comenté.

-¿Y vienes solita?- preguntó como si eso fuese terrible.

-Así nacemos- dije en tono más ligero.

-Si gustas podemos salir esta noche u otra para que así te ambientes a la ciudad y conozcas gente- dijo animada saltando en su lugar. –Conozco gente realmente agradable y educada que te encantará conocer.

-Tengo mucho que ordenar, tengo mis cosas en cajas y espero poder ordenarlo todo este fin de semana. Además el lunes tengo que presentarme temprano para…para una entrevista de trabajo- añadí rápidamente.

-¿Es por la edad?- preguntó apenada, como si aquello ya le hubiese pasado antes.

-¡Ey!- la animé con una sonrisa. –Podría asegurar que no nos llevamos más de un par de años. No me trates como si fuese una vieja. De verdad tengo que acomodarme en mi nuevo departamento- le dije sin dejar de sonreír y ella me devolvió la sonrisa.

-Comprendo- dijo sinceramente. -Si no encuentras nada, siempre puedes llamarme y puedo ayudarte a conseguir algo- dijo encantada y se lo agradecí. De su cartera sacó un lápiz y papel y anotó su número en él, entregándomelo con una sonrisa. La miré realmente asombrada, ésta chica era muy confiada con la gente. Yo podía ser una criminal y ella me entregaba su número telefónico.

Durante varios minutos más ella siguió hablando sin parar, realmente era una conversación ligera y agradable. Cuando llegamos a mi departamento, tuve que removerme un poco entre sus bolsas para poder salir. Me despedí de ella y cuando iba a cerrar la puerta, ella se estiró hacia mí tendiéndome su mano.

-Por cierto, soy Alice- se presentó y yo tomé su mano.

-Isabella, un gusto- y nos despedimos como si hubiésemos sido las mejores amigas.

Ya en mi nuevo departamento, la soledad me invadió. Extrañaba a mi madre y el espacio donde había crecido. Extrañaba verme rodeada de las cosas que un día habían sido de mi padre. Extrañaba la tranquilidad de mi pueblo, esa tranquilidad que antes aborrecía. Las vueltas de la vida.

Mirando a mi alrededor, decidí que cualquier comienzo de mudanza sería mejor dejarlo para mañana, cuando la luz del día me acompañara. Por hoy, sólo armé mi cama con las sábanas que venían en una de las tantas cajas.

¿Así sería mi vida de ahora en adelante, sola? Este había sido el camino que yo había optado por tomar. Una manera de enmendar mis errores del pasado, una forma de aliviar mi conciencia, un modo de hacer sentir orgulloso a mi padre, pero sobre todo, necesitaba buscar mi anhelada justicia, si debía ser por mis manos, así seria.


Edward

-¡Edward! ¡Edward!- jadeó la voz.

Desperté asustado. Los gritos seguían retumbando en mis oídos mientras el corazón me martilleaba acelerado en el pecho. Coloqué mi mano sobre éste para calmar un poco el ritmo y me di cuenta de lo mojado que estaba mi pecho desnudo.

Me giré para mirar el reloj de la mesita de noche "4:26 a.m.". Sentí como si no hubiese dormido nada, aún notaba el cuerpo cansado.

El fin de semana había pasado rápido. Entre la reunión familiar por la llegada de mi hermana Alice y el día completo que pasé con Camille en la cama antes de que viajara a Francia, por una nueva campaña en donde debían tomarle fotos, prácticamente no estuve en mi casa. Ahora que no podía dormir, sentía el cansancio por las horas no dormidas.

Intenté acomodarme nuevamente para recuperar el sueño que me había quitado aquella pesadilla, pero sentía que ya era un caso perdido. El sueño se había esfumado, pero no me preocupaba, en un par de horas debía levantarme para ir a trabajar.

Lo que realmente me preocupaba, es que a pesar de todas las sesiones de terapia, las pesadillas aún no se iban.

Lo único que deseaba verdaderamente era volver a lo mío, a los operativos en las calles y para eso, mi psicóloga debía darme el alta médica. A este ritmo lo conseguiría el día de mi jubilación.

Exhalé fuertemente sintiéndome impotente. Hacía más de un año y medio que llevaba trabajando en una oficina, revisando operativos. Nada de acción, sólo dar opiniones y sugerencias. Me volvería realmente loco si seguía en lo mismo.

Decidido y consciente de la hora que sería en Francia, tomé mi celular que estaba al lado del reloj y marqué a Camille.

-¡Amor!- dijo animada, -¿aún despierto?- preguntó dándose cuenta de inmediato de la hora de mi llamada.

-Hoy necesitaba levantarme más temprano para llegar al trabajo- mentí horrorosamente.

-Mientes- dijo de inmediato. -¿Una pesadilla?

Suspiré cansado. Esta no era "una" pesadilla, era "la" pesadilla. La única que se repetía constantemente. Aquella que no me dejaba vivir tranquilo. Dicen que los sueños y las pesadillas son el reflejo de lo que carga nuestra conciencia. Yo pienso que quien haya dicho aquello, estaba en lo correcto.

-Nada de qué preocuparse, ¿cómo va todo por allá?- intenté sonar animado.

-Aquí todo genial. Estamos en un lugar hermoso, lleno de luz natural rodeado de muchas flores. Dicen que la campaña primavera-verano será única- dijo animada. –Te extraño- dijo apenada –esto es lo que no me gusta de mi carrera, tener que dejarte tanto tiempo.

-Tranquila cariño, lo entiendo- dije sinceramente. –Cuando yo pasaba horas planificando operativos y realizándolos, tú me esperabas pacientemente. Es lo mínimo que puedo hacer ahora por los dos.- La nostalgia apareció nuevamente recordando aquellos tiempos.

-Mi pequeño, yo sé que pronto volverás a tu trabajo. Esa psicóloga tuya si no te ha dado el pase es porque hierve de rabia porque no la has tomado en cuenta.- Gruñó celosa, haciéndome reír -No te rías, es verdad. Muere por poner sus sucias y horrorosas manos en ese cuerpecito que es solo mío.- un estremecimiento me recorrió el cuerpo, sólo de recordar el sábado y parte del domingo tan ejercitado que tuvimos.

-Tú siempre piensas que las mujeres quieren ponerme las manos encima- me burlé de ella.

-Es porque soy mujer y lo percibo. Además, si no fueras mi pareja y te viera caminar por la calle, créeme que haría todo lo posible por seducirte.- Negué con la cabeza divertido, iba a replicar cuando ella me cortó. –Amor te tengo que dejar, ya ha llegado el director de fotografía y quiere que hagamos una prueba de ensayo- dijo apenada.

-No te preocupes, yo tengo que prepararme para el trabajo- mentí a medias.

-Te amo- me dijo rápidamente.

–También- le contesté y la llamada se cortó.

Bufé cansado. Al menos haber hablado con Camille me había calmado y aligerado las imágenes que se habían instalado tras la pesadilla.
Como aún quedaban un par de horas para tener que levantarme "realmente", decidí invertir tiempo realizando un par de bocetos. Saqué mi libreta de notas del cajón de la mesita de noche, y comencé a trazar ideas sueltas de algunas hélices que había estado pensando. Mi mayor pasión eran los veleros, crearlos, mejorarlos y navegarlos. Entre bocetos e ideas, finalmente llegó una hora decente para prepararme e ir a trabajar. Aunque sinceramente, estaba considerando reportarme como enfermo.

Hoy era la ceremonia de bienvenida para los nuevos postulantes que Macaya se dedicaba a recolectar para ser adiestrados y luego formar parte del FBI. Creo que hasta como profesor sería más interesante trabajar.

Me bañé, cambié al uniforme formal y salí. De caminó a la escuela pasé por un café.

-¡Y aquí aparece mi mejor agente!- Gritó Macaya en cuanto me vio aparecer en su oficina para reportarme como lo hacía diariamente.

-Listo para comenzar una nueva semana- dije con fingido ánimo. ¡Yupi! Me moría por corregir las estúpidas ideas de Newton.

-Esta no es una semana común y corriente- me recordó como si no lo supiera. -En unos minutos comenzaremos la ceremonia de presentación. Verás que hay chicos realmente entusiastas, ávidos por conocimientos.- Alzó su brazo en un gesto triunfal.
Sin querer pasé a mirar una lista que estaba sobre su escritorio.

"Anderson, Becker, O'Brian, Brown, Carter, Collins, Davis, Desmond, Evans, Fox, Gray, Haussman, Johnson, Jones, Miller, Morgan, Parker, Patrick, Richards, Russell, Schwart, Smith, Stevens, Swan, Wayans, Williams"

¿Swan? ¿Por qué ese apellido estaba remarcado? Lo deje pasar, absurdo. El agente que había en mí, seguía desconfiando de todo.

-Stanley me ha comentado que aún presentas ciertos niveles de estrés y ansiedad. Piensa que debes seguir con tus terapias como mínimo este año – comentó Macaya sacándome de mi pensamiento. Sentí como la sangre subía rápidamente hacia mi cerebro.

-¡Llevo más de un maldito año y medio!- grité sin poder contenerme. –Esas estúpidas terapias no me han ayudado en nada- y la sangre así como de rápido subió, bajó. Había explotado frente a mi jefe y lo peor de todo es que había hablado de más.

-¿Hay algo que no hayas reportado a ti psicóloga? ¿Sigues con alucinaciones y pesadillas?- Tragué seco.

-No es eso- mentí con aquella técnica que había aprendido muy bien de mi jefe. –Lo que quería decir es que Jessica no es muy profesional. Intenta preguntarme acerca de mi vida con Camille y si ella de cierto modo me estresa. Ya sabes, por lo de no poder pasear libremente con mi pareja- intenté irme por esa parte. –Cree que debería dejar mi relación porque la considera dañina- espeté.

-Sabes que si quisieras hacer pública tu relación con la señorita Hoyles la expondrías a un peligro constante.- Asentí con la cabeza.

-Lo tengo perfectamente claro y no pienso ir contra las reglas. Es sólo que Jessica me estresa más de lo que me ayuda- bufé cansado. Macaya miró su reloj y me sonrió con una disculpa en su rostro.

-Se nos hace tarde, ya deben estar esperándonos para que comience la ceremonia.- Me giré para salir de su oficina. –Y, Edward- me llamó y me giré nuevamente hacia él, –esta conversación aún no ha terminado.- Me informó y asentí levemente.

Como se esperaba cada año, la ceremonia de bienvenida para los nuevos era tan pomposa como el FBI lo permitía. Cada agente con su uniforme impecable, luciendo una sonrisa de bienvenida que en realidad nadie se creía. Quienes eran profesores siempre aludían que enseñar tus técnicas de defensa era como enseñarle al enemigo. A la larga eran potenciales agentes listos para quitarte el trabajo de años.

Sentado un poco más apartado de mis compañeros, me dediqué a observar aquellos rostros expectantes. Como si los fuesen a enviar a una misión de peligro de inmediato.
Recorrí cada rostro juvenil, cada rostro lleno de ganas de demostrar heroísmo, siempre era lo mismo. Hasta que llegué a un rostro femenino que estaba simplemente en blanco. Ninguna expresión se podía ver en sus ojos, en su postura. Parecía que esto le aburría. Extraño para un novato.

Finalmente y tras largos minutos de discurso de bienvenida, al fin pude levantarme y antes de poder huir silenciosamente del lugar, Macaya gritó mi nombre entre la muchedumbre de gente.

-¡Ey, Cullen ven aquí!- Me llamó y me giré para ir al encuentro del director que estaba rodeado de un grupo de alumnos. –Ellos son alumnos nuevos- dijo como si no me hubiese dado cuenta. Todos los allí presentes me observaron como si fuese una estrella de Hollywood.

-¿Es usted el Agente Masen?- me preguntó uno de los chicos con cara de bobo. Aquel apellido era el que utilizaba para resguardar mi identidad ante los operativos.

-Así es, ¿impresionante no?- dijo Macaya orgulloso. –Este chico es conocido a nivel mundial- sonrió haciéndome sentir como un idiota. –Y él será su profesor éste año.- Observé a Macaya sin poder creerlo. ¿Eso quería decir que podía dejar el escritorio para tener un poco de acción? Macaya asintió a mi pregunta mental. –Sigues siendo el mejor- me susurró y palmeó mi espalda.

-Gracias- susurré sin poder creerlo.

-Di algunas palabras a tus nuevos alumnos.- Me instó Macaya.

-Decirles que soy un hombre muy exigente. Amo lo que hago por lo que espero que si están aquí es porque lo sienten igual. No me gusta los "no sé" o "no puedo", pasando esos detalles nos llevaremos muy bien y pueden contar conmigo para lo que necesiten- dije en mi mejor tono profesional.

-Muy bien dicho, chico- celebró el director aplaudiendo junto con los novatos.

Aún procesaba todo lo que estaba pasando, por lo que no prestaba mucha atención a los cotilleos del pequeño grupo que serían mis alumnos de ahora en adelante. Poco a poco los alumnos comenzaron a dispersarse y cuando quedamos sólo tres personas, Macaya me presentó directamente.

-Ella es Isabella Swan- me presentó a la chica sin expresión. ¿Así que Swan? La miré fijamente intentando ver que tendría de especial para que Macaya la resaltara. Verla de cerca me hizo ver sus rasgos femeninos muy marcados, aunque de su cuerpo no podía decir nada ya que la chica parecía todo un hombre por cómo iba vestida. –Confío en que le enseñaras todo lo que sabes, ella es una excelente chica que tiene el mejor ADN en su sangre. Créeme, será una excelente compañera el día de mañana cuando vuelvas a los operativos- me guiñó un ojo. Pero yo sólo podía pensar en la esperanza de volver a lo mío. Al riesgo y la emoción.


Bien...ahora si he comenzado firme. Después de haber acabado las dos historias que tenía pendientes, me tomé unos días para organizar ésta historia. Bien, desde hoy espero tenerles actualización semanal...como dicen los letreros de las construcciones "ESTAMOS TRABAJANDO PARA USTED". Espero le shaya gustado este primer cap y se animen a seguir esta nueva historia. Tendrá de todo como saben (las que me han leido antes) que me gusta el drama, romance, momentos de paz y mucho amoooor ^^
Besoooos y el preview en unos minutitos en mi blog (pueden encontrar el link en mi perfil)
Besooos a mis padulinas y a las chicas de Twitter y Facebook que siempre me animan a seguir adelante ^^