Umi por fin había llegado a su hogar. Sus padres la habían recibido de una manera muy agasajadora esa mañana. También se había encontrado con que su tíos junto a su prima estaban de visitas. Todo se encontraba a la perfección, o eso aparentaba la situación. Sin embargo la peliceleste se estaba a punto de llevar una sorpresa.
-Cielos Mamá! ¿Acaso el cumpleaños de Himeko no puede festejarse en otro lado?- prostetaba Umi agitando sus brazos
-Pero hija ¿Cuál seria el problema? tu prima adora la Torre de Tokio y ella quiere que vayamos a almorzar allí- decia su madre con una gota en la nuca.
-No lo entiendo, hay mejores lugares y mucho mas lujosos- insistía con los brazos cruzados y los ojos cerrados
-Umi- esta vez hablo su padre- Himeko ama ese lugar por los cuentos que tu le contabas cuando ella era más pequeña. Sabes que no habrá manera de cambir de lugar y que será importante para ella que estes ahí. Solo será un almuerzo- Él trataba de hacerselo mas ameno porque sabía que ese lugar la afligía. Allí Umi solía juntarse con sus mejores amigas.
-Esta bien, iré- contestó la peliceleste intentando aparentar que ese planteo hecho por parte de ella era un capricho y no algo que la hiciera sentir mal.-Esto es mi culpa, yo abrí mi bocota para contarle las historias de fantasia sobre aquel mundo. Solo serán un par de horas y luego me iré de allí- reflexionaba Umi, tratndo de reconfortarse a ella misma.
Alrededor de dos horas después se podía observar como la familia Ryuuzaki, subían al auto dirigiendose a la gran torre.
Por otro lado, Fuu no hacía más que refunfuñar, mientras esperaba a su novio.
-No puedo creer que Gekko, me haya pedido que de reunirnos aquí, habiendo tantos otros lugares- decía la pelirubia en voz baja- Espero que sea algo importante.
A pesar de sus protestas internas, no podía enojarse con Gekko por haberla citado en la Torre de Tokio; él siempre la trataba como una mujer, siempre había estado a su lado. Muy maduro, atento y educado para su edad. Lo había conocido en una fiesta de su amiga de universidad.
_
Flash back
Aquella noche llevaba puesto unos jeans blancos y una remera negra suelta que se ajustaba a la cintura y dejaba descubierto uno de sus hombres . Fuu se había vuelto muy hermosa. Su pelo, que había crecido hasta la mitad de su espalda, era lacio y con sus bellos bucles en las puntas. Sus anteojos eran algo del pasado, le resultaban mas comodos los lentes de contacto. Su cuerpo era algo mas que había sufrido los cambios: estaba mucho más alta, su piernas era algo que llamaban la atención de cualquier muchacho, largas y estilizadas. Su cintura dibujada a la perfección y sus pechos habían crecido. Su cortesía y sensibilidad para con los demás, y la pureza de esos ojos verdes, ese verde tan profundo, continuaban ilesos al paso del tiempo. No estaba acostumbrada a beber pero sus amigas no dejaban de traer syou-chû.
-Kasumi- le decía una de las muchachas a su amiga- no creo que sea buena idea que Fuu siga bebiendo-
-¿Pero qué dices Akari? Yo me siento fabulosa- reclamaba la rubia mientras veia dobles a sus amigas-.
Pero al terminar de decir eso, un calor empezó a recorrer todo su cuerpo. Se pusó de pie como pudo y se dirigió a tomar aire fresco al jardín de la casa. Esos pocos metros que había hecho, le resultaron interminables. Su estomago estaba hecho un revuelto. No pudo evitarlo, las nauseas comenzaron a ser mas fuertes. Se arrimó a un árbol y vomitó. Cuando terminó, intento reincoporarse pero todo le seguía dandos vueltas. Derepente, no sabía si era producto de su imaginación o si era real la sensacion de que alguien se acercaba.
- ¿Te encuentras bien?- le dijo un muchacho mientras le acercaba su mano amablemente
Fuu lo miró a la cara. Tratando de enfocar su vista y se apenó muchísimo cuando se dio cuenta que un muchacho tan lindo como él, la estaba viendo en ese estado. Sus mejillas se sonrojaron- Sí... Disculpame. Que verguenza que me veas así
- ¿Pero qué dices?- contestó el muchacho riendose- No eres la primera persona en el mundo que se descompone por beber-
-Gracias- y ella tomó su mano aceptando su ayuda.
Ambos se sentaron en una asiento que estaba allí afuera, y él le propuso hacerle compañia hasta que ella se sintiera mejor. Pero a pesar de haberse sentido mejor despues de unos momentos, ellos se quedaron charlando hasta que el sol hab'ia comenzado a asomarse y por lo que el muchacho se ofreció a acompañarla hasta su casa.
-Me encantaría poder invitarte a comer algun día- le dijo Gekko a Fuu al llegar a la puerta de su casa- Eres muy hermosa Fuu.
La pelirubia se sentía algo intimidada por el mirada de aquel muchacho pero no por eso su invitación le parecío menos sincera.
-Me encantaría- concedió ella algo ruborizada...
-Gekko es todo lo contrario a Ferio. Si Ferio hubiese prestado más atencion a lo que yo necesitaba...¿Pero que estoy haciendo? ¿Otra vez?- se interrumpió a ella misma, reprochandose por pensar nuevamente en aquel principe inalcanzable, como en los cuentos para niños.
Movió su cabeza de un lado a otro, negando ese pensamiento, cuando se sorprendió de ver a alguien a unos 15 metros de su mesa.
¿Su mente le jugaba una broma pesada o acaso aquella chica de cabellos rojos era Hikaru?
Lo dudó por varios minutos pero fue mas fuerte la tentación que ella. Se levantó de su asiento, cruzó la Torre hacia la otra punta con un paso acelerado. Separada ya por unos pocos metros, la pudo reconocer, era ella. Volvió a dudar. Fuu había tenido la oportunidad de pedirle perdón a Hikaru, luego de aquella tarde, hacía 5 años atrás, cuando Umi y ella la habían acusado de sus poderes sobre el portal. Sin embargo sabía que la responsable que había tomado distancia para con Hikaru, después de que Umi partiera, había sido ella.
La pelirroja contemplaba a través del ventanal. En su mirada reposaba la nostalgia. Parecía estar en otro lugar. A pesar de el bullicio de la gente en la Torre, no le impedía estar concentrada meditando. Pero hubo algo que la interrumpió: una calida mano se apoyó en su hombre. Se dió vuelta y para su asombro vió unos ojos verdes humedecidos con gran pena. No lo resistió. Solo la abrazó con muchisima fuerza. Su muestra de afecto fue correspondida por Fuu.
Al tomar cociencia del gran corazón que tenia Hikaru, que a pesar de lo mucho que la había lastimado al distanciarse de ella, la abrazaba como si nada hubiera pasado, como si ni siquiera el tiempo hubiera seguido su camino, se sintió algo avergonzada.
-¿ Qué haces aquí hikaru? preguntó la pelirrubia mirando hacia abajo.¿Esperas a alguien? porque si es así, tal vez debería irme.
-No Fuu, quedate conmigo- insistió su amiga- Yo solo... me gusta estar aquí- dijo mientras su ojos transmitían melancolía.
No entendía por qué la ex guerrera del fuego tenía esa loca manía de lastimarse al añorar algo que era parte del pasado. Suspiró. Se sentó en la silla al lado de la persona que años atrás había sido una de sus mejores amigas. Con la intención de comenzar una charla, Fuu miró hacía el ventanal para evitar mirar a hikaru a los ojos, todavía seguía sintiendose incomoda. Pero derepente no cabía en su cabeza lo que estab viendo a través del vidrio: un Cefiro desvastado, destruido y sufriendo.
-Otra vez no- negó la pelirubia afligida pero alerta- ¿Qué ocurre Hikaru? ¿Acaso puedes ver lo mismo que yo?
Pero su amiga parecía estar en trance, sus ojos habían comenzado a nublarse.
A lo lejos, mientras las puertas del ascensor estaban abiertas y la gente descendia de él, había alguien que las observaba. Un escalofrío le recorrió todo su cuerpo.
No puede ser!- pensó Umi- Fuu, Hikaru.
Su corazón latía a mil, su mente hizo un clic: en ese mismo momento, miles de imagenes aparecieron en su cabeza; cuando las extrañaba, cuanto les hacía falta en su gran vida de escapista, llena de lujos pero tan vacía.
-Ya vuelvo- dijo sin pensar, y sin que el impulso le tomara mas de un minuto, bajó del ascensor poco antes de que este se cerrara, sin darle tiempo a sus padres y tios de preguntarle a donde iba.
A pesar de que sus nervios la comenzaban a dominar por completo, Umi se dirigió hacia allí. Ella había sido tan infantil, tan cobarde al abandonarlas. Tenía miedo.
Pero hubo algo que la sacó de sus pensamientos y aumento su determinación de acercarse. Observó a Fuu. Tomaba de los hombros a Hikaru, sacudiendola delicadamente, llamandola por su nombre, sin que ésta reaccionara. La pelirroja comenzaba a desmoronarse, cayendose de la silla hacia el costado.
Fuu, Hikaru- gritó Umi desesperada al ver la escena. Corría tan rápido como la gente se lo permitía.
Fuu reconoció esa voz. Esto no podía ser posible. Luego de 6 años, estaban las tres juntas; había visto a Cefiro a través del gran ventanal y Hikaru estaba perdiendo el conocimiento. Demasiados acontecimientos, demasiados pensamientos en tan solo unos segundos. Se sentía mareada por tanta adrenalina.
Una vez más el destino las había reunido en la torre de Tokio. Una luz las rodeó rapidamente. De un momento a otro, se dieron cuenta de que estaban cayendo del cielo.
-Umi- gritó Fuu- Estamos cayendo. No puedo llegar a Hikaru.
-Acaso crees que no me di cuenta!- dijo algo molesta la peliceleste- ¡Hikaruu despierta!- E intentó agarrar su mano pero no llegaba a alcanzarla
- Hikaru- gritó Fuu - ¿Qué vamos a hacer?- dijo mirando hacia abajo. Solo se veían las aguas negras.
De pronto una burbuja de energía envolvió a cada una rapidamente.
Fuu apoyó sus manos contra la esfera invisible para ver de que se trataba.
-Mira! Vamos en dirección hacia el castillo- dijo Umi anonadada.
Las burbujas descendieron hacia aquel lugar hasta tocar el suelo y luego desaparecieron. Rapidamente, se dirigieron a donde Hikaru había sido depositada. La muchacha de cabellos rojos ahora tenía el cuerpo marcado, como si fueran raspones y magulladuras en sus brazos y piernas; su cara se había vuelto palida y unas grandes ojeras se marcaban debajo de sus ojos.
-¿Quiénes son ustedes?- dijo una persona acercandose sin poder identificarlas
-¿Rafaga?- preguntó Fuu. No tardaron en reconocerlo- Si, eres tú!
Umi, Fuu!- se acercó el espadachín corriendo y sorprendido por ellas- ¿Qué les ha sucedido? ¿Algún monstruo ha atacado a Hikaru?
- No, no sabemos que le ha ocurrido, ella perdió el conocimiento apenas emprendimos el viaje a Cefiro-
No se preocupen- mientras cargaba en sus brazos a la pelirroja mienrtas apresuraba su paso- entremos al castillo. Gurucleft sabrá qe hacer
Después de tanto tiempo, nuevamente se encontraban en una de las habitaciones del castillo. El sentmiento de nostalgia las estaba ahogando : su llegada le estaba siendo un trago demasiado amargo. Fuu se encontraba sentada en una silla al lado de la cama sosteniendo la mano de Hikaru, mientras que Umi permanecía de pie más alejada mirando por la ventana. El aire estaba tensionado. Umi estaba molesta, esto no era una casualidad, luego de tantos años, se habían reencontrado en la Torre por un simple "coincidencia", habían logrado viajar a Cefiro y para lo peor del caso, Hikaru no volvía en si. Esa deducción tan predecible, venía revoloteando en su cabeza . Sí, solo significada una cosa: Cefiro necesitaba de ellas, de las guerreras magicas. Aquel "título" al que ella había renunciado hacía tanto tiempo.
Mis niñas! Rafaga no mentía!- la voz de una mujer las sacó de sus pensamientos mientras corr'ia hacia ellas- Las he extrañado tanto!
Caldina me... me estas asfixi... asfixiando- le dijo Umi con su rostro algo morado mientras recibía un abrazo muy efusivo.
La ilusionista sin prestarle atención a su cometario se dirigió a Fuu, a la cual abrazó también. Pero su rostro de estar alegre por tener a sus queridas niñas con ella, se volvió preocupado y temeroso en pocos segundos.- Oh Hikaru! ¿Qué le ha sucedido? ¿Por qué Rafaga se tarda tanto? ¿ Y Gurucleft?
-Guerreras mágicas- dijo él interrumpiendolas al entrar a la habitación acompañado de Rafaga.
Su voz era inconfundible pero su aparencia era... era la de un adulto.
Fuu se sorprendió al verlo pero le había desagradado como las había llamado. ¿Acaso no veía que Hikaru estaba mal y que tenía que ver con estar en Cefiro, con ser Guerreras Magicas? Siempre a disposición de ese mundo caprichoso e injusto.
Muy por el contrario, Umi, no podía caer en lo que estaba viendo. - Guruclet- dijo y lo miró apenada. Él estaba tan cambiado a comparacion de la ultima vez que lo habia visto. Ya no lucia como un niño. Estaba tan alto como Ascot, su cabello se conservaba corto y con ese violaceo tan particular y sus rasgos habian madurado. Pero lo que la ponia incomoda, lo que la estaba haciendo sentirse vulnerable de nuevo, eran esos ojos azules intesos que parecían desbordar sabiduría .
- Por favor Gurucleft, haz algo por Hikaru, dinos que esta fuera de peligro- Fuu se dirigió a él con voz afligida.
El mago caminó con el paso apurado hacia la cama. Su tunica blanca, con la fraja en vertical de color violeta en la parte delantera, tocaba el suelo y solo dejaba ver su pies asomarse. Al llegar donde Hikaru se encontraba, levantó su bastón mágico sobre ella. La miró por unos segundos, como si estuviera percibiendo su energía, pronunció unas palabras en un tono muy bajo, casi susurrando y el bastón comenzó desprender una luz que rodeó a la muchacha. Su cuerpo rapidamente comenzó a sufrir el cambio: sus marcas se fueron achicando hasta no verse y la ojeras, signo del agotamiento de energía, habían desaparecido.
- Solo le resta descansar- dijo bajando su baston
-Gurucleft, nosotras hemos vuelto a este mundo ¿Nos puedes explicar por qué Cefiro nos necesita? ¿Acaso tus nos convocaste?- dijo Fuu con esa cordialidad tan caracteristica en ella a pesar de su enojo reprimido- ¿ Por que Hikaru se encuentra en este estado?
- Lamento decirles que yo tampoco sé como han regresado- suspiró el mago, hizo una pausa y continuo- la corona ha vuelto
-¡¿Cómo dices?- Umi se alarmó a los gritos sin importale su inhibicion ante él- Hikaru había eliminado el sistema del pilar. Eso no es posible.
Su mirada se tornó preocupada- Luego de que ustedes volvieron a su mundo, las personas de Cefiro se enteraron sobre la noticia de que la persona elegida, la que simbolizaba su confianza y seguridad se había ido.- Dirigió unos segundos su mirada sobre la pelirroja- Al principio, esos temores fueron representados por alguna tormenta que sucedía cada varios meses, luego fueron en aumento; aparecieron algunos monstruos que al comienzo se podían facilmente controlar con el ejercito haciendo guardia en los diferentes pueblo, pero con el paso del tiempo comenzamos a no dar abasto. Las personas se asustaban cada vez más, el círculo vicioso fue en aumento hasta descontrolarse. Así la tierra comenzó a agrietarse, el agua asecarse...
-Cefiro se encuentra así por mi culpa- dijo una voz afligida y debil mientras intentaba sentarse en la cama
-Hikaru!- Fuu corrió hacia ella y la abrazó- Hikaru-chan
Al observar a sus amigas, sus ojos azules se pusieron húmedos y fueron tapados por la sombra de su flequillo. Caminó lentamente hacia ellas y se arrodilló
-Hikaru, Fuu, lo lamentó tanto- dijó Umi con la cabeza gacha
Nadie quiso interrumpir ese momento, ni siquiera Caldina que se moría de ganas por saltar sobre ellas y abrazarlas tanto, para nunca más dejarlas ir.
-Umi ya no llores- dijo Hikaru con la mirada enternecida mientras sujetaba su mano.
-Yo también lo lamento mucho- dijo Fuu- Las he necesitado siempre y les di mi espalda.
Ya no importa. Aquí estamos, nuevamente, las tres juntas.- aseguró la pelirroja, secando las lagrimas de Umi y tomando la otra mano de Fuu.
Gurucleft se asombró al ver a Umi llorando, nunca había la había visto así. Sin embargo, lo que más lo desconcertó fue lo que esa imagen le estaba causando interiormente a él. Una molestia en su pecho comenzó a perturbarlo. La nostalgia también lo invadió.
Flash Back
El mago supremo de Cefiro se encontraba en su cuarto leyendo un libro más del montón que tenía. Pasaba gran tiempo allí adentro, solo, concentrado en textos de tiempos antiguos, leyendas y profecías. Las excepciones para salir de su "escondite" eran las clases de magia que dictaba para los aprendices, y las lecciones de conjuros y hechizos para Ascot. Ultimamente, notaba que el joven discipulo había aumentado su potencial, sin embargo se percataba que durante las practicas, Ascot utilizaba algo mas a parte de la fuerza y la tecnica adquirida: su resentimiento. Supuso que tenía que ver con el rechazo por parte de Umi hacia a los sentmientos del joven muchacho. Él había presenciado desde su balcon ese momento de la tragica vida de Ascot, pues sabía cuanto amaba a Umi. Pero lo que jamás pensó que iba a suceder es que él se convertiría en el motivo del rechazo y del resentimiento.
Mientras intentaba elegir otro libro para leer, escuchó que alguien golpeaba su puerta.
-Adelante- dijo sin siquiera despegar su mirada de sus textos.
- Hola Gurucleft- dijo la muchacha de cabellos azules algo incomoda
- Umi- se sorprendió el mago- ¿Cómo has estado?
- Necesito hablar contigo- su mirada se volvió cabizbaja y con una de sus manos agarró a su brazo.
¿Acaso te ha sucedido algo que quieras contarme? Toma asiento- y así el mago supremo creó dos butacas mágicas. Derepente recibió una puntada, una señal de que algo se avecinaba. Era como si esto ya lo hubiese vivido pero esta vez habría algunas palabras que en aquella ocasión pasada no habían sido dichas.
Umi se sentó, seguía con su mirada baja-Gurucleft...- lo miró con sus ojos temblando, apretando su brazo con su mano cada vez mas fuerte por los nervios. Ni ella misma podía creer como estaba actuando; la Umi que todos conocían por su caracter fuerte, por decir lo que pensaba sin tantos rodes, sin tan vueltas, en ese momento había dejado de existir.
Reunió el coraje, levantó su mirada y sonrio levemente pero aun así sus ojos seguían apenados- Gurucleft... yo te amo-
Los ojos del pequeño pero gran mago se abrieron de par en par ¿Acaso tan necio era con los sentimientos que nunca pudo percibir lo que Umi sentía por él?¿Tan cerrado era el mago supremo de Cefiro? Los segundos pasaban y él seguía sin pronunciar una sola palabra.
- Pero que tonta que soy- le dijo Umi reprochandose mientras fingía una sonrisa y se rascaba la nuca- Es una verdera tontería creer que tú, un gran hechicero de muchisimos siglos pudiera fijarse en una niña como yo. Perdona por ponerte incomodo. Y al decir eso se paró y salió rapidamente de la habitación.
Al cruzar la puerta, Gurucleft tardó en reaccionar pero salió tras ella, y en la salida mientras Umi seguía caminando casi a trote por el pasillo, se encontró con Ascot quien había visto como la afligida y herida peliceleste había escapado del cuarto de mago supremo.
El joven muchacho solo se limitó a mirar a aquel viejo mago, que nada sabia del amor, con tanto dolor como el que su guerrera del agua sentia en ese momento, y con ese resentimiento que ya le había demostrado en las practicas de conjuros. Ahora Gurucleft comprendía todo.
Ascot salió corriendo tras Marina. Y él se quedó ahí parado, desorientado y pensando en que no debería meterse ahora que el joven muchacho había a buscarla, solo lograría lastimarla más en ese momento. Nuevamente entró a su habitación, confundido y nuevamente solo.
cotinuara
