Emma Swan

_ En realidad tiene todo el sentido del mundo que quieras ir a Disney World, Swan. ¿Esperas encontrar un príncipe que te libere de tu malvada madrastra?

Me lo seguía diciendo todo los días a mí misma. Ignóralas, a las tres. Ignora el comentario de Deborah. ¿Qué quien es Deborah? La verdad es que tampoco importa demasiado. Ni ella ni tampoco Ellen. No eran más que dos snoobs, y lo que era peor... dos perritos falderos. Si Claire Miller se tirara por un barranco, estaba claro que esas dos la seguirían.

Eso ella lo sabía, estaba claro. Las tres reinas del instituto, aunque todos y cada uno tenían claro que la líder era Claire. A mí esas cosas poco me interesaban. Bien podrían ser princesas que yo iba a seguir sin poder tragarlas. Cogí mis libros y me dirigí a la primera clase cuando Claire me abordó.

_ ¿Qué quieres, Miller?_ Le pregunté, mirándola con rabia en los ojos, pero sin decir nada.

_ Sólo me preguntaba sobre qué regalarte para tu cumpleaños. ¿Quizá un osito de peluche? ¿O prefieres un chupete?_ Dije, con una sonrisa sarcástica._ Quizá necesitas un babero y debería habértelo traído hoy antes de la comida... es que... a veces suceden accidentes.

_ Ten cuidado Claire... no soy la única a la que le suceden "Accidentes"_ Dije, intentando amedrentarla.

_ ¿Intento ser amable contigo y te enfadas?_ Dijo, alzando las cejas.

_ Piérdete un rato, y si no vuelves, mejor._ Le espeté de mala manera.

Ahora mismo lo que menos me apetecía era ir a clase de historia. Quizá fuese mi favorita, pero lo que quería era salir de allí. Me metí en el baño, resoplando, y mirándome al espejo ¡Qué asco que me daba Claire! Me daban ganas de partirle la nariz. La puerta del lavabo se abrió, y la chica que la había abierto se apoyó en ella. Me asusté un poco.

_ ¿Tú eres Emma, verdad?

Me volví hacia ella, intentando parecer lo más pequeña posible. Era cierto que el colegio era lo más pijo de Nueva York, pero eso no quitaba que los padres ricos no criaran abusonas. La joven tenía una larga melena negra que coronaba un rostro bastante pálido, sus ojos... los describiría como ligeramente asiáticos, a decir verdad. Eran pequeños y rasgados. No se me escapó que el logo del colegio estaba desteñido... y que parecía que el uniforme le estaba grande. Aquella chica estaba becada.

_ Sí... soy Emma Swan._ Dije, intentando que no me temblara la voz.

_ Calma, pareces un conejito asustado._ Dijo, sonriendo._ Después de lo valiente que has estado con la reinona del colegio te vas a desmayar por mí.

_ ¿La reinona del colegio?_ Pregunté, sujetándome el bolso, que se me iba a caer.

_ Sí, Claire adoradme todos Miller. Me ha gustado que la hayas mandado a la mierda.

_ Yo no la..._ No pude acabar la frase.

_ No la mandaste a la mierda porque es una niña buena y tu mami se enfadaría._ Dijo, sacándome la lengua._ Mierda... mierda... ¡Mierda! ¿Ves? No pasa nada. Vive un poco, Swan.

_ Ya bueno... es que a mí no me gusta decir esas cosas.

_ ¿Por qué? ¿Tu madre te pega? A mí eso nunca me ha detenido. Anda, ven conmigo. Estar aquí en el baño es un rollo.

_ Pero... tengo clase de historia y ya llego tarde._ Dije, algo nerviosa.

Nunca se me había pasado por la cabeza lo de hacer novillos, ni siquiera una vez. Y ahora esa chica quería que me largase con ella a saber dónde. ¿Por qué me lo estaba pensando siquiera?

_ ¡Swan! Venga, espabila o nos pillará la jefa de estudios.

_ Mira... no sé ni quién eres. ¿Y tú quieres que me escape contigo?

_ Pues soy la que te va a enseñar a divertirte. Oh vamos. ¡Lo llevas dentro pero eres una reprimida!

_ ¡Ni siquiera sé tu nombre!_ Le dije, subiendo un poco la voz.

_ Me llamo Lily. Pero ¿Qué más dará eso? Vas a venir, te lo veo en la cara.

_ Vale... está bien... pero si me meto en algún lío dirás que ha sido culpa tuya.

_ No te meterás en ningún lío. Te lo prometo, Swan.

Di un suspiro y la seguí. Parecía conocerse el colegio al dedillo, y eso que era enorme. ¿Qué colegio necesitaba cuatro pistas de waterpolo? Era todo ostentación y nada funcional. Porque sí, en el folleto quedaba muy bien, pero luego no se usaban sino tres días al año. Seguí a Lily hasta detrás del campo de béisbol y nos colamos detrás de las gradas. Resultaba que ahí había una pequeña rendija de cemento que se había soltado y pudimos colarnos por él.

_ ¿Haces esto a menudo?_ Le pregunté, básicamente porque ella pasó al momento, y yo por poco me quedo atrapada.

_ Todos los martes y jueves. ¿En serio no te saltas las clases de religión?_ Me preguntó, alzando una ceja._ Oh, es verdad... eres una niña buena y te estoy corrompiendo.

Me reí con ella, pero la verdad es que el comentario no me hizo ninguna gracia. Si Regina se enteraba de que estaba faltando a clases me iba a caer un castigo gordo. Al igual hasta me hacía fregar.

_ ¿Y ahora qué, Emma? Estamos fuera. ¿Qué te apetece hacer?

Me quedé en blanco. No tenía ni idea de qué hacer. Lily se me quedó un minuto esperando y luego se echó a reír.

_ Eres la alegría de la vuelta. Vamos... creo que la feria está abierta. Seguro que una niña buena como tú nunca ha ido.

_ ¡Sí que he ido!_ me quejé. De hecho había un gigantesco oso de peluche en mi habitación que Regina había ganado para mí.

Regina Mills

Café aguado. Otra vez café aguado. Café aguado y documentos con retraso. Y no voy a negarlo, había disfrutado mucho al gritar la palabra "¡Despedido!", delante de todos. Así les recordaba quién era su jefa. Adoraba esa sensación de pánico en los rostros de todos cuando cruzaba por aquella sala. Tomé un folio y comencé a trazar líneas, concentrada. Con los preparativos para arruinar la fiesta de cumpleaños de Emma ni tan siquiera había tenido un segundo para hacer verdaderamente mi trabajo.

Estaba concentrada en mi diseño, calculando medidas y patrones, cuando escuché el sonido de la puerta al abrirse. Bufé, y dejé mi lápiz sobre la mesa.

_ Pase._ Dije. Y esperaba que fuese importante.

La puerta se abrió y una mujer entró por ella. La observé con detenimiento. Iba vestido con un traje de ejecutiva de color negro y llevaba una carpeta en sus manos. El cabello, rizado, le caía en cascada sobre los hombros y bajo los ojos castaños, sujeta por la nariz, se encontraban unas gafas de acero.

_ ¿Ha venido por el puesto de ayudante?_ Pregunté, mirándola fijamente.

_ Sí, señora. Soy una gran admiradora suya y de su trabajo. Adoro todos sus diseños.

_ Muy bien... Sylvia._ Dije, leyendo los documentos que me había traído._ Veo que tienes buenas referencias... y además el traje que llevas es de mi última colección, así que te creo al decir que lo que eres fan mío no es mero peloteo. Pero debes saber que este trabajo consta de mucho más que de servir cafés o llevar papeleo.

_ Sí señora... yo... haré lo que sea._ Dijo, mirándome a los ojos.

Oh dios... aquella chica se estaba derritiendo con sólo mirarme los ojos. Estaba claro que le había pegado fuerte. Desde que se había sentado parecía que le costaba respirar. Cualquiera diría que era asmática.

_ Muy bien... entonces podemos empezar mañana con tu periodo de prueba... firma aquí._ Dije, dándole un documento que guardaba en el tercer cajón de mi escritorio.

En cuanto estampó su firma una serie de pequeñas partículas emanaron del papel y se introdujeron por su nariz. Ella torció, sonoramente, y se llevó las manos a la cara, sin entender. Luego, sus ojos, se dirigieron directamente hacia mía.

_ ¿Qué era eso?_ Me preguntó.

_ Oh... tan sólo una pequeña cláusula de confidencialidad. No me gustan las traidoras ni las bocazas... así que he tomado precauciones. Soy la diseñadora textil más importante de Nueva York. Como comprenderás, no puedo permitirme el lujo de que mis secretos se aireen. Además, como bien te he dicho, en esta sala hablaremos de mucho más que de ropa.

_ ¿Qué me ha echado, señorita Mills?

_ No seas tan melodramática Sylvia... tan sólo es un poco de magia... un pequeño secreto para poder hablar sin tener que preocuparme de que cuentes mis secretos. ¿No era tu sueño conocerme en profundidad?

Emma Swan

_ ¿Ves Lily? Tengo mejor puntería que tú._ Le dije, sacándole la lengua y restregándole el gigantesco calamar de fieltro que acababa de ganar por la cara.

_ Joder... cualquiera diría que eres una pijotera._ Dijo Lily, apartando el peluche con la mano._ Menuda puntería que tienes.

_ Bueno... algún talento tenía que tener._ Dije, cruzándome de brazos._ ¿Y ahora qué? ¿Algodón de azúcar?

_ No... si al final iba a tener razón Claire al llamarte chica Disney.

_ Yo seré una chica Disney, pero tú eres una criminal._ Dije, sacándole la lengua.

Lily me sonrió, aunque no parecía una sonrisa demasiado feliz. Parecía que estaba empezando a hacer una nueva amiga, y sin embargo, la había hecho sentir mal. Gran trabajo, Emma. Ella miró su reloj, y pareció angustiarse un poco.

_ Se hace tarde, Emma. Deberíamos volver al colegio o tu madre se enterará de que te has saltado las clases.

Me quedé blanca. El tiempo había pasado muy rápido. No estaba acostumbrada a que sucediese así. Era cierto lo que el tiempo vuela cuando te estás divirtiendo. Volvimos por el mismo camino y entramos en el instituto, nos mezclamos con la gente que salía. El plan de Lily salió bien, Charlie no se dio cuenta de nada. Aún así yo no dejaba de sentirme un poco mal por haberme escapado... Sin embargo... había sido tan divertido. Esperaba que Lily se hiciera cargo de mi calamar, pues a fin de cuentas yo no podía llevarlo a casa sin dar explicaciones.

Acababa de conocer a Lily y sin embargo ya me caía mejor que el resto de personas del colegio. Había sido una suerte que me hubiese escuchado hacer ese comentario fuera de lugar. El destino había tenido que jugar una carta.

Lily

Me subí al taxi y dejé que me llevase a esa dirección. Esa dirección nueva. Y arriba estaría aquella mujer otra vez. Empezaba a pensar que hubiese sido mejor quedarme en el orfanato. Pagué, entré en el edificio y me subí al ascensor. El ático. Pulsé el botón y el ascensor ascendió rápidamente. No me gustaba el ruido que hacía, daba bastante miedo. Daba la sensación de que algo enorme se estuviese tragando a alguien.

El ascensor funcionaba con llave, de modo que subí al abrirse las puertas ya me encontraba en el salón. No parecía haber nadie, así que me senté en el gran sofá del salón, dispuesta a ver la televisión mientras esperaba. Pero no había nada que ver. Iba a levantarme cuando sentí dos manos acariciar mis hombros. Dos manos heladas se acercaron a mi cuello y empezaron a masajearlo.

_ Tranquila Lily... sólo soy yo..._ me susurró aquella conocida voz. Era como un sonido silbante que se iba metiendo en mi cabeza y que me relajaba._ Dime... ¿Qué tal le has caído a Emma?

_ Le he encantado..._ murmuré, pues el masaje y su dulce voz me estaban llevando a un estado de relajación._ En el fondo es una rebelde... lo lleva en su interior...

_ Sí... eso es cierto... y ahora dime... ¿Qué es lo que tienes que hacer? ¿Puedes repetírmelo?

_ Tengo que conseguir que Emma me invite a su casa... para liberar a tu amiga... que está presa en el sótano_ murmuré, casi dormida.

Noté una leve presión en el cuello, que identifiqué como lo que debía ser una llave del sueño y me quedé profundamente dormida. Quedé inmersa en un mundo de sueños. Uno en el que sí que tenía una familia que me quisiera y no la tutela en manos de una mujer que ni tan siquiera conocía... y que parecía que tenía unos muy extraños hábitos que le impedían mostrarse ante mí. Noté como se acercaba y me daba un beso en la frente, pero estaba demasiado cansada para abrir los ojos.

_ Buenas noches Lily... descansa y recuerda... mañana será un gran día.