Ninguno de los personajes de Harry Potter me pertenece.


CAPÍTULO DOS

—¡Albus, esto es imposible! ¿Cómo puedes permitirlo?

—¿Permitirlo, Remus? ¿Crees que deseo que esto ocurra? Ya has comprobado por ti mismo que Fudge está ciego, sordo y tan pretencioso con su nuevo puesto que se niega a escucha cualquier cosa que le digamos. Ambos le dijimos que se trataba de una mala idea pero no desea prestarnos atención.

—¡Pero debemos impedirlo!

—Claro que debemos. Pero no será fácil y posiblemente Fudge empezará a llevar a cabo su ideático plan…

—¿Qué? Pero entonces… eso quiere decir que…

—Sí, que todos los hijos de padres muggles estarán atados, al menos de momento, a un sangre pura partícipe de la guerra.—comentó con tristeza.

—¡Diablos, Albus, atados no es la palabra correcta! ¡Condenados, diría yo! ¿Cómo se le pudo ocurrir que sería una buena manera de comenzar de nuevo? ¡La mayoría de los sangre puras estuvo del lado de Voldemort, con la idea de que los muggles no valían nada! Pensar que aceptarán esta idea y tratarán bien a…

—Esto va mucho más allá de eso, me temo.—lo interrumpió el mago, mientras se dejaba caer en la amplia silla de detrás de su escritorio.

—¿Qué quieres decir? ¿Aún hay más?—inquirió asombrado.

—¿A caso crees que realmente esta idea salió de la cabeza de Fudge? Temo que no es precisamente reconocido por su inteligencia…

—¡Este plan no tiene nada de inteligente!

—Aun así, alguien más le dio la idea—siguió diciendo haciendo caso omiso al comentario de Remus—Alguien que está supuestamente interesado en redimirse, aunque temo que sus planes sean más bien vengativos.

—¿A qué te refieres?

—¡Piensa, Remus, piensa!—exclamó con énfasis—¿Quién de todos los seguidores de Voldemort ha salido más humillado, ha perdido el valor y la fuerza que le ha dado su apellido?

—¿Malfoy? ¡Imposible! Él está en prisión.

—Saldrá dentro de dos semanas—anunció el anciano—Los cargos de los que se les había acusado en un principio cambiaron de manera misteriosa el mes pasado.

—¿Cargos? ¡¿El de ser mortífago cambió?! ¿Cómo es posible?

—Es tan posible como la nueva asunción de Fudge—comentó mirándolo fijamente y con seriedad.

—Ah, ya veo… ¿Las bóvedas de algunos se habrán llenado un poco más, entonces?

—Sí, seguramente.

—¡¿Pero entonces qué se supone que debemos hacer para impedirlo?! ¿A quién desea Malfoy tener? ¿Vengarse de quién?

—¿Realmente no piensas en nadie, Remus? Fue Harry quién derrotó a su Señor Oscuro, fue Harry quien lo llevó a Azkaban en quinto año. ¿Y qué mejor modo de vengarse de Harry Potter que teniendo en sus manos a su mejor amiga?

Remus se sintió empalidecer. Tuvo que sostenerse por el borde del escritorio de Albus para no caer. La simple idea lo enfermaba.

—¡No, no Hermione! ¡Albus, debemos impedirlo!

—Y lo haremos. No permitiré bajo ninguna circunstancia que la joven se vea obligada a casarse con Lucius Malfoy. Es por eso que te llamé.

—¿A mí? ¿Qué tengo que ver yo en esto? ¿Quieres que intente intervenir en el Ministerio? Realmente dudo que me escuchen si la mayoría han sido ya comprados por Malfoy…

—No, no en eso.—respondió Albus sin dejar de verlo fijamente.

—¿Entonces?

—Quiero que te cases con ella—comentó con suma calma.

Si antes había sentido empalidecer, ahora se vio obligado a dejarse caer en la silla que tenía al lado para no terminar en el suelo. Debía ser una broma. Albus no podía estarle pidiendo eso y si lo estaba, cabía la posibilidad de que la poca cordura que tenía el anciano se haya ido a pasear.

—¿Remus, te encuentras bien?—preguntó el anciano, levantándose y acercándose a él, para apoyar una mano en su hombro.

Remus se apartó rápidamente, poniéndose de pie y mirando a Dumbledore como si le hubiese salido una segunda cabeza.

—¿Casarme con Hermione? ¡Es una locura!

—De hecho, creo que es nuestra mejor opción—explicó con suma calma—Si te casas con ella ahora, cuando Fudge saque esa absurda ley, ya estará "ocupada" con alguien más y Lucius no podrá reclamarla.

—Eso entiendo, pero, ¿Por qué yo?. No soy un sangre pura. Mi madre era muggles. Hay otras opciones.

Albus frunció el ceño.

—Realmente no tiene que ser un sangre pura. El hecho está en que ella ya esté con alguien. ¿Y realmente se te ocurren otras opciones? Dime cuales—pidió.

Remus pensó unos instantes y rápidamente vinieron a su cabeza cientos de nombres.

—¡Ron Weasley! Él estará más que dispuesto a aceptar.

—No lo dudo dado que sus sentimientos por la señorita Granger no han cambiado a pesar de la ruptura de su relación, un año atrás, pero ella jamás aceptaría, incluso si su vida dependiese de ello.

—¡Harry la ayudará, entonces! Ellos son buenos amigos.

—Lo son—aseguró—Pero tengo entendió que él y la señorita Weasley se comprometieron.

Remus lo contempló perplejo.

—¿Se comprometieron? ¿En serio? Ninguno de los dos dijo nada.

—Y no lo dirán. No de momento. Se comprometieron en secreto—comentó con una pequeña sonrisa.

—¿Y si es secreto cómo rayos lo sabes tú?—preguntó asombrado.

La sonrisa de Albus se ensanchó.

—Cuando uno es Director de un colegio y tiene mi edad, hay cosas que no pasan desapercibido. Y el compromiso del afamado Harry Potter es una de ellas.

Remus resopló. Aquel viejo metomentodo estaba cada vez más demente.

—De todos modos no me casaré con Hermione—dijo rápidamente al ver que Albus iba a decir algo al respecto—Si no es Harry ni Ron, algún otro Weasley lo hará.

—¿Y cuál, se puede saber? Percy está en una relación, Charlie en Rumania, Bill está casado y George tiene la mirada puesta en su asistente. Y ambos sabemos muy bien que, aunque lo de George no sea serio, ellos dos terminarían matándose antes de que acabe la semana. Son demasiado opuestos.

¡Rayos! ¿Por qué tenía que ponerle un pero a toda sugerencia que él hacía? Era imposible que él fuera la mejor opción que tenía la joven Hermione. Era un licántropo, recién divorciado, con un hijo a cuestas y un empleo donde ganaba apenas para subsistir. Tenía ahorros, por supuesto, pero tenía planeado usarlos en comprar una casa con ellos.

—¡No, Albus! ¡No puedes pedirme que me case con ella! ¡Acabo de divorciarme! Además, Hermione no me ve de ese modo. ¡Tengo casi veinte años más que ella! Sería como su padre. Pídeselo a alguien más como a… ¡Neville! Eso es, Neville no se negará.

—Dudo que el joven Longbottom esté dispuesto a romperle el corazón a la señorita Lovegood.

¡Diablos! Había olvidado que ellos dos estaban juntos. Nadie se atrevería a romperle el corazón a la Luna Lovegood. Era demasiado inocente, demasiado pura y… extraña.

—¡Krum!—soltó de repente, ya casi con una desesperación palpable—Hermione y él fueron juntos al baile.

—Es verdad, cuando ella tenía quince años. Ahora tiene veinte y, según tengo entendido, siguen en contacto. Pero él se casó el año pasado. ¿Recuerdas que ella fue a su boda?

Remus hizo una mueca y asintió.

—Aún así no puedo casarme con ella—dijo con tono implorante—¡Soy demasiado viejo! Me importa, pero no la amo. Ella realmente merece a alguien que la quiera, que se preocupe…

—¿A caso no te preocupas por Hermione?

—¡Por supuesto que sí!—exclamó—¡Daría lo que fuera por ayudarla! Excepto casarme...—añadió con prontitud—Además, creo que está enamorada. Anoche la oí charlar con Ginny y Luna.

—¿En serio?—inquirió con curiosidad—Eso es interesante. ¿Y sabes quién es él?

—No, pero puedo averiguarlo.—dijo intentando encontrar allí su salvación.

Albus lo miró con cierto recelo.

—¿Y si se trata de un muggle?—preguntó—Dudo que el ministerio acepte que esté en una relación con un muggle si esta nueva ley sale.

—Dudo que sea un muggle—dijo rápidamente, aun sabiendo que no estaba seguro de sus propias palabras—Lo averiguaré.

-Dime algo, Remus, si no hallamos a nadie más, ¿Estarías dispuesto a hacer un esfuerzo y casarte con ella? No estoy hablando de un matrimonio en todo sentido; será, más bien, una especie de cubierta que le permitirá escapar de la ridícula ley. Haré todo lo posible para que ésta sea anulada con prontitud y, cuando lo sea, podrán anular el matrimonio. Le explicaremos a ella todo. Entenderá, te lo aseguro.

-No dudo de su capacidad de comprensión. Es muy inteligente, algo realmente digno de admirar, el problema soy yo. ¿Cómo podrá casarse conmigo siendo lo que soy?

-Ella jamás te juzgó por tu licantropía, Remus.

-¡Porque éramos amigos! Pero un matrimonio, incluso uno falso, implicaría un nivel de intimidad mucho más profundo que tal vez no está dispuesta a aceptar. ¿Y si no podemos revertir esta ley? ¡¿La ataré el resto de su vida a mí?! Sería muy injusto para ella.

Albus suspiró. El sonido salió con suavidad pero pareció retumbar en los oídos de Remus. La luna llena no estaba cerca pero todos sus sentidos se agudizaban cuando estaba alterado.

-Primero, ocúpate de averiguar de quién está enamorada. Si después él no es una opción, pensaremos en nuestra otra opción. Pero habla con ella, Remus, explícale la situación sin ningún temor.

-Lo haré-aseguró-No pienso mentirle bajo ninguna circunstancia.

Albus asintió.

-Bien. Entonces ve a verla.

Remus tragó saliva.

-¿Ya?

-Por supuesto. Fudge fue directamente a hacer la propuesta y si la mayoría acepta no dudo que dentro de un par de días escucharemos de ella.

Hermione mordió un trozo de tostada antes de llevarse a la boca el vaso con jugo de calabaza. ¡Estaba famélica! Hoy a la mañana no había desayunado nada. Se había levantado tarde, había corrido a su trabajo en San Mungo y en la prisa ni siquiera había comido algo. Por eso se había tomado unos momentos al medio día para poder comer.

Tostadas con queso y jugo de calabaza no era realmente el almuerzo ideal pero tenía que darse prisa porque tenía un caso importante que atender.

Terminó de comer y rápidamente se dirigió a la cuarta planta, a la sección de daños provocados por hechizos en la cual su jefa la esperaba.

Pero le asombró encontrar en la recepción a Remus Lupin. Su corazón comenzó a latir desesperado e invadido por la preocupación. Corrió hacia él, preguntándose qué podría haber sucedido.

-¡Remus! ¿Están todos bien? ¿Pasó algo?

Remus se volteó a verla y ella pudo comprobar como sus ojos se abrieron inmensamente.

-¡Hermione!-exclamó posando su mirada en todo su cuerpo-Te ves… diferente.

Ella frunció el ceño, confundida por aquella expresión. Se miró a sí misma y no pudo encontrar nada diferente. Su cabello estaba recogido en un prolijo rodete, pero algunos mechones incontrolables caían sobre su rostro. La túnica que llevaba, indicando que trabajaba allí, la cubría perfectamente.

-¿Diferente?-preguntó repentinamente nerviosa, intentando que sus mejillas no se ruborizaran.

Remus nunca la había observado de aquel modo. Era como si por primera vez se estuviera dando cuenta que ella era una mujer. ¿Sería realmente eso posible o era sólo una tonta idea que había venido a su mente en su loco deseo de que fuera así?

-Eh… yo… quiero decir…-él apartó los ojos al suelo, lo vio tomar aire y luego volver a verla a la cara-Vengo a hablar contigo, si es posible. Es importante.

-¿No hay nadie herido, entonces? Me preocupé al verte. Pensé que le había sucedido algo a Teddy, o a los chicos. Me alegra saber que no es así.

-No, todos están bien. Entonces… ¿Podemos hablar?

Ella miró el reloj que se encontraba una de las paredes más alejadas e hizo una mueca.

-¿Podemos dejarlo para cuando regreso a la casa?-preguntó implorante-Estoy llegado tarde y mi jefa me va a reprender.

-¡Oh, sí, claro!-se apresuró a exclamar Remus-Te veré… después.

Ella le sonrió y se giró rápidamente, marchándose de allí. Se notaba la prisa en su andar pero su mente no se encontraba en el trabajo que iba a cumplir sino en lo que acaba de suceder. ¿Qué era eso tan importante que tenía que decirle Remus que lo había llevado a ir a verla a San Mungo?

Remus, por su parte, se quedó viendo unos segundos como Hermione se alejaba. Aun no podía recobrar la compostura que había perdido al verla. Una cosa era tenerla todos los días en la casa que compartía, viéndola convivir con sus amigos, riendo de los tontos chistes que hacían. Era como una niña a la cual le complacía cuidar. En cambio, allí era toda una adulta, una mujer responsable con un importante trabajo que debía atender. Supo que era sanadora, desde luego, pero contemplarla directamente con su uniforme correspondiente, con el cabello recogido y la mirada preocupada fue tan revelador, en cierta forma. Como descubrir una nueva forma de ser que ella mantenía secretamente oculta.

Salvo que ella nunca ocultó nada.

Sí, definitivamente le había causado cierta impresión verla, pero eso no cambiaba nada. Esa noche, cuando ella regresase a la casa, hablarían seriamente de lo que estaba por venir. No tenía idea de cómo afrontaría la noticia pero estaba seguro que lo haría como la mujer adulta que era.