Capítulo 1: El reencuentro (continuación).
Habían pasado dos semanas desde aquel incidente en el que una niña de aspecto desaliñado llegó a su puerta y se instaló como una pequeña intrusa, sin embargo el hombre no dejaba de pensar en ella y su razón para escapar de casa.
(Flashback)
Un anciano y una niña iban tomados de la mano caminando por las calles en una tranquila mañana de verano, con un cielo parcialmente nublado directamente a la panadería.
"-Muy bien, ¿ahora me vas a explicar porque llegaste a la casa para interrumpir mi sereno sueño ayer?"- preguntó el hombre tranquilamente.
"-Yo… no sé. Es que, pues… perdón. No se enoje conmigo, yo sólo quería divertirme un ratito."- contestaba la pequeña cabizbaja mientras disminuía su tono de voz.
"-Vas a meterme en un buen lío, ¿sabías? Van a creer que te secuestré y ¿para que querría yo secuestrar a una niña? "- inquirió.
"-No se preocupe tanto, le aseguro que ni siquiera se han dado cuenta que me escapé. Mis papás salen muy temprano en la mañana y regresan muy tarde en la noche de trabajar. No los veo nunca y me dejan sola con esa niñera aburrida que se la pasa dormida en la sala. ¡Y no me deja ver mis caricaturas!"- respondía la niña al momento en que sus ojos se tornaban vidriosos y su garganta parecía cerrarse poco a poco.
El hombre al percatarse de la situación comenzó una pequeña discusión sobre si el helado de vainilla era mejor que el de chocolate con la niña. Al llegar a la panadería ambos acordaron que el helado de vainilla era mejor porque se le podía poner chocolate derretido encima y así podía combinar dos sabores distintos en perfecta armonía.
"-Ve, escoge el que se te antoje"- indicó el anciano a la niña mientras la impulsaba ligeramente del hombro.
"-Gracias"- volteó la niña su cabeza con una amplia sonrisa y mirando con sus ojos casi cerrados.
La niña se dirigió entonces al área de las donas y las galletas glaseadas.
"-¿Es ella su nieta Sr. Shortman?"- preguntó un joven afroamericano de aproximadamente 20 años detrás de un mostrador. Tenía puesto un pequeño mandil verde amarrado de la cintura.
"-No Winston, es una pequeña muy traviesa a quien debo regresar a su casa"- Respondió el anciano.
"-Ya veo. Sí que tiene aspecto de ser bastante activa la pequeña señor"- Afirmó mientras observaba como la niña hacía malabares tratando de equilibrar cinco donas en forma de casita.
"-¡Tú, niña!, ¿Cómo me dijiste que te llamabas?"- Preguntó el anciano.
"-No le dije señor. Es que no me lo había preguntado, me llamo Geraldine. Harriet Geraldine Cosby. Pero odio ese nombre de Harriet, yo creo que no combina con mi personalidad. ¿O usted que cree?, ¿acaso tengo cara de Harriet? No, suena como a cereal para viejitos o como a maestra regañona. Mmmm… ¿usted que piensa señor?"- Interrogó la pequeña al hombre al momento en que Winston abría ligeramente la boca dando muestra de sorpresa y el anciano miraba a la niña sin parpadear.
"-Me parece que Geraldine es un nombre muy bonito, muy bonito en verdad"- Respondió después de unos segundos de letargo.
La pequeña niña terminó de escoger sus piezas de pan y ambos salieron del lugar. Platicaron un poco de todo dirigiéndose tranquilamente a un parque que se encontraba a solo 3 cuadras de la panadería. Se sentaron sobre una banca al lado de una pareja de jóvenes que se encontraban tomados de la mano. La niña dio muestra de desagrado al ver a la pareja con una mirada de asco.
"-Iugh, eso del amor me parece muy tonto y asqueroso. Imagínese señor, con esos besos llenos de saliva y las manos sudorosas y pegajosas. Yo no sé como es que alguien puede siquiera pensar en tener novio. Una niña de mi salón ya tiene como tres novios. Se la pasa con Bryan, Charlie y Thomas dándoles besos todo el tiempo, es como si fueran sus juguetes. Pero yo no, sabe, yo soy demasiado inteligente para hacer esas cosas"- Dijo la niña con absolutamente convencida.
"-Eso dices ahora pequeña Geraldine, pero estoy seguro de que algún día ya no te dará tanto asco es de los besos y las tomadas de mano. ¿No hay algún niño que te llame mucho la atención?, ¿alguien especial?, ¿alguien diferente a los demás?- Preguntó el anciano con una pequeña sonrisa.
"-¡Claro que no señor! ¿Acaso a usted si le ha pasado?, bueno yo creo que sí, ya es usted muy viejito. ¡Tal vez hasta conoció a George Washington! ¿Si es cierto que George Washington tenía dientes de madera? Nathalie me dijo eso pero yo siento que es mentira porque Nathalie es muy mentirosa. Una vez me dijo que si pisaba las grietas de las banquetas se le iba a romper la espalda a mi mamá pero creo que nunca se le ha rompido la espalda… o bueno, no sé. Pero tampoco la veo nunca, así que nunca lo sabré. Mmmmm... ¿y que le estaba preguntando?... !Ah sí! ¿Usted se ha enamorado señor Arnold?"- Preguntó curiosa mientras daba una gran mordida a su dona de chocolate.
"- Jajaja, por supuesto que sí. Ella era la persona más maravillosa del mundo. Se llamaba Helga, Helga Geraldine, como tú. Tenía un precioso cabello rubio, largo, muy largo y tenía unos ojos azules deslumbrantes. Mi Helga era simplemente perfecta, la extraño mucho ¿sabes?, se llevó con ella todo mi corazón"- Contestó el hombre mientras observaba el horizonte.
"-¡Oh Dios mío! Pues tenemos que recuperar su corazón señor porque si no se puede enfermar. ¿Se fue muy lejos de aquí? ¿tiene usted carro? Tal vez podríamos tomar un avión si se fue muy lejos. Yo una vez tomé un avión para visitar a los abuelos y me maree. Creo que debemos llevar bolsas de papel para el camino ¡y mire! Ya tenemos una bolsa donde vienen mis donitas, sólo tenemos que encontrar una para usted, a menos que usted no se maree en los aviones. Mmmm… ¿y le dolió mucho cuando le robó su corazón?, ¿cómo se siente eso?"- Preguntó la niña.
"-Pues… al principio sientes como cosquillas en la panza pero por dentro, te dan muchas ganas de reír y siempre estas feliz. A veces estas tan feliz que lloras de tanta alegría y cuando vuelves a ver a esa persona que te robó el corazón tus manos sudan, tus piernas tiemblan y tu cara se comienza a poner roja. Sí, así se siente cuando alguien te roba el corazón"- Contestó sonriente.
"-Uy, pues parece serio, pero yo creo que debemos encontrarla, esa va a ser nuestra misión señor. Entonces… ¿se fue muy lejos?, ¿ya la buscó?"-
"-Yo… yo no… la he buscado. Es que ella se fue muy lejos, pero pronto la veré de nuevo. Sé que así será"- Contestó pensativo.
Pasaron varios minutos sin que los dos hablaran. La niña terminó de comer sus donas y se levantó de la banca dispuesta a retirarse del lugar.
"-Bueno, creo que llegó la hora señor"- Expresó desalentada la niña.
"-Creo que tienes razón pequeña. Muy bien, indícame el camino"- Dijo el hombre estirando su brazo derecho mientras la niña lo tomaba y jalaba de él. "- ¿Y por qué escapaste de esa manera Geraldine?, ¿sabías que lo que hiciste estuvo muy mal?"
"-Pues mis papás tampoco son perfectos señor. Sólo quería darles una lección para que aprendieran a cuidarme más… en fin, de todas formas no funcionó, no veo que me anden buscando. Creo que Daniel tenía razón, mis papás no me quieren"- Comentó la niña con una voz entrecortada mientras una pequeña lagrima bajaba por sus mejillas.
El hombre detuvo el paso, se agachó y dio un abrazo a la niña. "-Yo sé que si te quieren, a veces los papás tienen formas diferentes de demostrar su cariño, a veces sólo es cuestión de entenderlos" –Expresó el hombre con una mirada de compasión.
Ambos siguieron su camino por otras 5 cuadras. Llegaron a una gran casa color café, con dos balcones que daban a un patio delantero detrás de una pequeña reja blanca de madera. Cruzaron la reja y el anciano tocó el timbre, pasaron 2 minutos sin respuesta cuando atendió a la puerta una mujer con sobrepeso de aspecto desaliñado. Usaba un gran peinado con grandes rizos por todos lados y tenía un olor parecido a zapatos viejos. Tallando sus ojos suavemente mostrando que acababa de despertar preguntó: "-Sí, ¿Qué se le ofrece señor?".
"-Yo… pues…"- Balbuceó el hombre al momento de que la mujer volteaba a ver a la niña.
"-!Ah ya! ¡¿De nuevo cortando las flores de los vecinos Harriet?!, ¿sabes lo que hará tu papá conmigo cuando se entere?, me va a regañar por no cuidarte bien y todo va a ser tu culpa. ¿Por qué siempre tienes que meterme en problemas niña?, ¿acaso quieres que me quede sin trabajo?, ¿Qué me quede sin comer, sin techo? Eres una pequeña bribona y egoísta… Como sea, ¿esto va a costar algo señor?"- Preguntó la mujer molesta.
"-No, en realidad le iba a decir que Geraldine me ayudó mucho con las flores y venía a traerla de vuelta a casa. Es una niña maravillosa. ¿Cuándo llegan sus padres?, me gustaría platicar con ellos para decirles lo maravillosa que es su hija"- Inquirió el anciano con una sonrisa.
"-Ah, mmmm… en dos semanas. Salieron de vacaciones a Jamaica ¿o era a Cuba?... bueno, era una de esas islas del Caribe"-Afirmó.
"-Muy bien… mientras tanto quería saber si Geraldine podría ir a mi casa para que se entretenga un rato en estas vacaciones con las flores, usted también puede venir por supuesto"- Dijo el anciano.
"-Pues no creo que se pueda señor, mañana va a pasar a recoger a la niña un camión para llevarla a su campamento de verano. Va a ser todo un mes en los bosques de ¿Vermont?... ¿Pennsylvania?, bueno cerca de ahí, y hoy vamos a pasar la tarde arreglando su maleta. Entonces, muchas gracias por traerla, hasta luego"- Dijo la mujer jalando a la niña hacia dentro de la casa al momento que cerraba la puerta en cara del anciano.
"-¡Espero verte después del campamento pequeña!, ¡diviértete mucho!"-Gritó el anciano esperando que la niña pudiera escucharlo.
(Fin del flashback)
Sentado sobre la cama se encontraba Arnold viendo al horizonte perdido entre sus pensamientos.
"-¡Esos dos van a entrar en razón!, ¡me van a escuchar!" –Afirmó alzando su puño en señal de protesta "-Pero… ¿Dónde dejé mi otro calcetín?"
Unos minutos después salió con rumbo a casa de la pequeña Geraldine marchando enérgicamente.
