El joven Dragon Slayer de cabello rosado, Natsu Dragneel, caminaba de regreso a Magnolia después de cumplir exitosamente la misión que le fue asignada por el Maestro Makarov en el gremio; exceptuando el pánico que había desatado, el daño a la propiedad, y un pequeño paro cardíaco al alcalde del pequeño pueblo donde fue enviada la petición, había sido una excelente misión.

Estaba a tan sólo unos pasos de llegar a la entrada de Magnolia.

Una sombra descendió de la copa de un árbol, y cayó sobre sus cuatro patas con gracia y elegancia. Natsu se detuvo, confundido y ligeramente sorprendido; la luz del día iluminó aquella sombra, y reveló a un felino, sí, un gato; su pelaje grisáceo brillaba con el sol, en su costado izquierdo tenía una marca desconocida para el pelirosado: un corazón grande, que estaba partido a la mitad, rodeado por una luna menguante, una campana, una estrella, y un pez; ojos marrones que no lo dejaban de ver con un dejo de desprecio; unos bigotes enroscados hacia atrás; orejas que, para su tamaño, eran bastante largas; y una larga cola cuya punta era de un color diferente: blanca. Natsu ladeó la cabeza aún confundido.

-¿Un gato?

-¡Sí, soy yo!-exclamó el felino poniéndose sobre sus dos patas traseras, y levantando las delanteras al cielo-¡El todo poderoso Manshi-Wanshy! He venido desde muy lejos con un propósito, y es ese mismo propósito el que te incluye a ti, estúpido e ignorante ser humano.

Natsu parpadeó dos veces. Caminó lentamente para acercarse al gatito frente a él, quien hacía una pose victoriosa y de superioridad, como un físico culturista.

-He tenido suficiente de ustedes, humanos. Creyéndose superiores a nosotros lo gatos, perros, y mascotas en general de todo el mundo mundial. ¡Pero ya no más, me oíste!-Natsu estaba cada vez más cerca del gato, con rostro inexpresivo-todo se termina aquí; tuviste el infortunio de convertirte en mi primera víctima, y así seguiré y seguiré hasta que todos los humanos que osan maltratarnos sean erradicados-Natsu ya estaba frente al pequeño felino, se agachó para ver mejor al animal. El todo poderoso Manshi-Wanshy lo miraba con el ceño fruncido-¿Qué estás haciendo?

-¡Eres un gato muy extraño!-le espetó, dándole unas palmadas en su diminuta cabeza-¡Te quedaste ahí parado, haciendo unas poses muy extrañas mientras no dejabas de maullar, una y otra vez! ¡Eres un gato bobo!

Natsu seguía dándole palmadas al todo poderoso Manshi-Wanshy muy descaradamente. El felino, con los ojos cerrados, soportaba todo eso, pero su paciencia era corta. Después de diez palamadas seguidas explotó contra el Dragon Slayer.

-¡Suficiente!-declaró agitando sus extremidades como si tratara de volar. Natsu se apartó-¡El todo poderoso Manshi-Wanshy ha sido testigo! ¡Tú eres el peor humano de todos!

-¡Mira, lo estás haciendo otra vez!-señaló Natsu para después reir a carcajadas, señalando al gato con su dedo índice.

-¡Cállate! ¡Ya verás! ¡¡Yo, el protector de toda mascota doméstica en éste y en todos los mundos, te condeno a ti, sucio humano, a pasar tus días como el ser más puro, hermoso, delicado, y orgulloso que existe y existirá en la faz de ésta tierra!!

Manshi-Wanshi extendió ambas patas en dirección a Natsu, y unos rayos de color morado brotaron de sus diminutos dedos, electrocutando al Dragon Slayer.

Se hizo la oscuridad; apenas sintiendo la punta de su nariz, Natsu no sabía qué le había pasado. Respiraba pesadamente, y por alguna extraña razón sentía el suelo bajo su espalda diferente. Más amplio y tibio. Finalmente había recobrado la sensación en su cuerpo, y abrió los parpados. Todo parecía Normal. El cielo azul adornado con esponjosas nubes blancas sobre él; el camino de tierra extendiéndose en frente donde terminaba en la entrada de Magnolia; los árboles que se alzaban majestuosos; el enorme perro que babeaba a su derecha.

-¿Perro?-el canino ladró con tal fuerza que Natsu tuvo que cubrirse sus orejas. Se veía agresivo y listo para atacar, pero Natsu no le tenía miedo-¡Más te vale que salgas de mi vista si no quieres terminar como carne para parrilla!-el perro volvió a ladrar, además de gruñir como una bestia salvaje. Natsu ya estaba harto-¡Ok, tú lo pediste!

Natsu levantó los puños y esperó a que su magia de Dragon Slayer cubriera sus extremidades con el fuego anaranjado que siempre fue. Pero no, nada ocurrió. Natsu bajó la mirada intrigado, y descubrió algo que detuvo su respiración: sus manos habían sido reemplazadas por un par de patitas de gato, pequeñas, rechonchas, y peludas; con la mirada analizó cada centímetro de su cuerpo. Brazos, torso, piernas, pies, e incluso tentó su rostro. ¡¡Todo de él se había convertido en gato!!

-¡¿Qué?!-exclamó presa del pánico-¡¡Soy un gato!! ¡¿Pero cómo...?!

Inmediatamente se dio cuenta de lo que había sucedido: el todo poderoso Manshi-Wanshy cuando lo electrocutó, lo convirtió en su semejante. En un gato. "te condeno a ti, sucio humano, a pasar tus días como el ser más puro, hermoso, delicado, y orgulloso que existe y existirá en la faz de ésta tierra", eso había dicho.

El enorme perro que miraba a Natsu como su almuerzo, tomó su pose,y se abalanzó sobre él. El pelirosado gritó, acto seguido, se echó a correr muy, muy lejos de la bestia que lo perseguía, aunque inútil; el perro lo seguía pisándole las patas, tan de cerca, que la cola de Natsu estaba a sólo unos centímetros del hocico del perro. El canino trató de pescarlo cerrando de golpe su mandíbula; aún inexperto, Natsu logró retraer su cola, salvándose por un pelo de lo que hubiera sido una horrible mordida. Instintivamente sus agarras salieron, vislumbró un árbol a la distancia, y con una habilidad increíble subió hasta la copa del árbol. El perro saltaba para atraparlo, pero fallaba. Natsu, con la espalda pegada a la corteza del árbol, trataba de recuperar el aliento; su pecho subía y bajaba con intensidad, y su mirada, perdida en la nada. Reaccionó después de unos minutos.

-¡¿Cómo demonios llegué aquí?!

El can seguía intentando subir al árbol. Era bastante terco. Natsu, sobre él, parado en una rama, lo miraba con ojos cortantes. Si hubiera tenido el tamaño de un humano, y su magia de Dragon Slayer, el perro hubiera salido huyendo chillando y con la cola tan negra como el carbón por el fuego de Natsu. Harto, el que una vez fue un Dragon Slayer, arremetió contra el perro.

-¡Ya lárgate de aquí, estúpido! ¡Serías carne de asador si tuviera mi magia!-pero el perro seguía y seguía. Natsu puso una expresión indiferente-¿Los perros serán así de tontos?-preguntó irónico.

-¡Oye!-escuchó una voz femenina, seguido de unos pasos. Natsu volteó a su derecha y se alivió al ver de quién se trataba. Sin querer, su cola se movía de izquierda a derecha con entusiasmo. Natsu la sujetó con sus patas para detenerla-¡Déjalo en paz!

-¡Lucy!-vociferó Natsu-¡Ayúdame!

La maga de espiritus celestiales llego a escena. Llevaba su ropa de trabajo: su playera blanca adornada con líneas verticales azules, una mini falda azul rey, y sus botas cafés que le llegaban hasta la rodilla; su cabello, brillante bajo la luz del sol, hondeaba con el viento que soplaba. Se acercó al perro y le hizo un ademán para que se alejara.

-¡Vete! ¡Déja en paz a ese pobre gatito!-el perro ni se movió un sólo centímetro. Le ladró a la joven rubia en respuesta. Lucy le dió una fuerte palmada en la cabeza al perro, este chilló y salió corriendo-baboso.

-¡Mi heroína!-elogió Natsu. Lucy volteó hacia él, y le dedicó una dulce sonrisa.

-¿Ese costal de pulgas te asustó, pequeño?-preguntó en tono meloso-mira dónde terminaste.

-¡Lucy, ayúdame a bajar!-le suplicó Natsu con lágrimas en los ojos.

-Te ayudaré a bajar-dijo la rubia.

Buscó en los alrededores algo en qué subirse para alcanzar al felino que era Natsu; encontró una enorme roca que le ayudó para tomar a Natsu entre sus manos. Lucy lo miraba con cariño y afecto, como se debe ver a una mascota en general, sin importar de qué especie se trate. Natsu comenzó a ronronear, mientras miraba a Lucy como su salvadora. Un angel. Al notar qué sonido estaba haciendo, Natsu sacudió la cabeza, interrumpiéndose. Lucy lo había notado y soltó una risita.

-Eres una monada-dijo. Un gruñido interrumpió el momento, y Natsu apartó la vista, avergonzado-con que tienes hambre, eh. Te llevaré al gremio para alimentarte. Vámonos.

-¡No!-espetó Natsu-¡Al gremio, no! ¡No quiero que me vean de esta forma!-su estómago volvió a rugir. Natsu guardó silencio mientras Lucy reía conmovida. Natsu suspiró resignado

En el gremio.

-Pues mira que es bastante, lindo-dijo la chica peliazul, Levy, mirando fijamente al felino que era Natsu.

Al llegar al gremio, inmediatamente la joven se acercó a Lucy en cuanto notó al dulce y diminuto animal que cargaba entre sus brazos; explicó la rubia lo sucedido cuando lo encontró, y conmovió los corazones de Levy y de todas las chicas que escuchaban "Sin querer" la conversación. Todas admiraban al gatito sin saber que en realidad se trataba de su amigo y compañero Natsu Dragneel. Él simplemente se dejaba hacer por sus amigas, con rostro inexpresivo, como si en realidad no le importara o fingiera no estar ahí para evitar la vergüenza.

-Concuerdo contigo, Levy-comentó Wendy, acercándose a ellas-es lindo. Mira, su pelaje es de un color inusual de rosa; sus patitas son blancas; tiene orejas largas; y en su boquita tiene una mancha blanca que le da más ternura. ¿No es un Exceed?

-No, no lo es-aclaró la rubia-si lo fuera sería del mismo tañano que Happy, Charle, o Lily. Además de que ya hubiera dicho algo. Sólo maulla.

-¿"Sólo maulla"?-se preguntó Natsu-entonces todo este tiempo no me han entendido. ¡¡Maldito sea el gato que me convirtió en esto!!

Lucy y Wendy miraban curiosas cómo el gato rosado maullaba sin parar mientras caminaba en circulos. Ambas rieron por lo bajo. Natsu al verlas lo rodeó un aura de tristeza y decepción.

-¿Porqué no pueden entenderme?-preguntó con lágrimas en los ojos. Juvia, quien recién había llegado de una misión con Gray, se acercó a ellas, y al ver al gato lo cargó entre sus brazos.

-¡Qué lindo gatito!-exclamó abrazando fuertemente al felino.

-Y ahora esto...-masculló Natsu.

-Lucy-la llamó juvia. Ella levantó la vista en dirección a Juvia.

-¿Sí?

-¿Dónde está Natsu?-la pregunta de la maga de agua tomó por sorpresa a Lucy-no lo he visto en un rato ya.

-Él...se fue-respondió Lucy, cabizbaja-a una misión, a una misión-terminó de decir antes de que alguien de ellas se hiciera una mala idea.

-¿Tiene que ver con la discusión que tuvieron en hace una semana?-inquirió Wendy. Natsu levantó la mirada aún siendo acariciado por Juvia. Lucy inspiró profundamente.

-Creo que sí; la discusión que tuvimos fue algo...subida de tono. No creí que pudieramos gritarnos tan fuerte en algún momento.

-¿Crees que su relación terminará?

-Wendy-la reprendió Cana, colocando su mano derecha en el hombro de la niña-estás siendo muy directa. A Lucy aún le duele, ¿Sabes?

-¡Ah, no!-rápidamente corrigió sus palabras, hecha un manojo de nervios-¡Perdón, Lucy, no fue mi intención!

-Descuida, Wendy-dijo la rubia-no sé si nuestra relación se terminó, pero si es así... tendré que aceptarlo.

Natsu había enmudecido. Sí, él y Lucy habían iniciado una relación hace ya más de un año. Se les veía felices. Pero como en toda relación hay malos momentos, en esta no podían faltar. Discutieron, se dijeron cosas, cosas que hirieron al otro en diferentes maneras. Y no se han visto en una semana, el tiempo que había durado la misión de Natsu.

No se había imaginado que las palabras habían herido a Lucy de tal manera; creyendo que, después de años de conocerla, superaría dichas palabras al día siguiente. Pero Natsu había olvidado algo de suma importancia: Lucy seguía siendo la chica más dulce, tierna, y sentimental que había conocido en aquella villa. Sin importar cuánto había crecido desde que entró a Fairy Tail, seguía siendo la misma. Y como un balde de agua fría, el arrepentimiento lo cubrió de pies a cabeza.

Todas guardaron silencio al escuchar las palabras de Lucy. Nadie podía decir más. La rubia sacudió la cabeza para ahuyentar esos pensamientos tristes de su cabeza y extendió los brazos en dirección a Juvia.

-El gatito no tiene dónde quedarse-comentó-se quedará conmigo hasta que encuentre un lugar para él, ¿De acuerdo?

Juvia asintió y le entregó al gatito que era Natsu. Lucy se levantó de la mesa, colgó el bolso sobre su hombro, y se retiró del gremio, con las miradas angustiadas de sus amigas siguiéndola hasta que se perdió a la distancia.

Lucy arribó con el pequeño Natsu a su departamento; el cuerpo del felino no era ni muy grande, ni muy pequeño. Del tamaño adecuado de una mascota para un diminuto departamento como el de la rubia. Abrió la puerta con delicadeza y depositó al gatito rosado en el suelo.

Un aire de nostalgia lo golpeó como un viento del norte; los recuerdos de aquellos momentos que vivió con Lucy en ése departamento. Momentos agradables y felices; momentos en los cuales se demostraban el amor que sentían el uno por el otro. Entonces, como un fugaz destello, llegó el recuerdo de su discusión, el cual nubló su visión; se vió a sí mismo gritándole a lucy. A ella sacudiendo la cabeza violentamente mientras le gritaba de vuelta. Sus rostros enrojecidos; la sangre fluyendo por sus oidos. La ira provoca en las personas hablar sin ninguna clase de filtro, y sin pensarlo, las palabras que brotaron de sus labios terminaron por lastimar a quien más amaba en el mundo. Se arrepintió.

Algo pesado y suave cayó sobre Natsu, en su cabeza, sacándolo de su ensimismamiento; usando sus patas delanteras tomó la cosa y se la quitó de encima, bajó la mirada y amplió los ojos al descubrir que se trataba de la playera de Lucy.

-Bueno, pequeño-dijo Lucy a sus espaldas. Natsu volteó y encontró a la rubia completamente desnuda ante sus ojos. Su boca se abrió tanto que parecía un tunel, en el cual podría pasar un tren entero-voy a tomar una ducha. No hagas destrozos, eh-bromeó, para luego meterse al cuarto de baño. Natsu, aún sorprendido, se desplomó al suelo.

Al terminar de bañarse, Lucy buscó entre sus cosas algo que le sirviera como una cama provisional para Natsu. No quería que el minino durmiera en una simple caja de cartón. Le parecía muy insensible. Se decidió por usar un cajón de su ropa como base, agarró un cojín, el más pachón que encontró, y le hizo un par de ajustes para que embonara dentro del cajón. Colocó a Natsu encima, y lo cubrió con una sabada azul rey.

-Listo-dijo-ya tienes una cama. Espero sea de tu agrado.

Lucy apagó la luz del cuarto y se metió en la cama. Natsu la veía a la distancia cómo se acurrucaba debajo de las cobijas, y deseó acostarse a su lado y abrazarla con cariño.

-Descansa, rosadito-musitó, para luego caer rendida ante el cansancio.

-Tú también, Lucy-susurró Natsu.

A mitad de la noche, algo despertó a Natsu de su sueño. Sus orejas de gato se levantaron. Volteó detrás de él: Lucy, aún dormida, estaba llorando. Natsu bajó de su cama y se acercó a la de Lucy, subió de un salto para verla mejor. Efectivamente estaba llorando, y Natsu ya sabía el porqué: lloraba por él. Lloraba por su culpa; había olvidado por completo la discusión que habían tenido por concentrarse más en su misión. Olvidó a quien lo eligió para ser su pareja.

-Natsu-musitó la rubia dormida-no me dejes, Natsu.

Y tal como una piedra rompe un vidrio al impactarse, el corazón de Natsu se quebró. Debía remediar todo el asunto. El error que había cometido. Se odiaba a sí mismo por sus mismas acciones. En ese momento, con un impulso de determinación que sólo un Dragon Slayer tiene, se comprometió a enmendar las cosas.

Acarició la mejilla de Lucy con su pata, como si fuera de cristal.

-Perdóname, Lucy-dijo, aunque ella no pudiera entenderlo-arreglaré las cosas-saltó hacia el buró que tenía a su derecha, y salió por la ventana abierta.

Natsu caminaba por las calles de Magnolia, buscando al responsable que lo había convertido en un ser peludo y tierno. Creyó que encontrar al dichoso Manshi-Wanshy no sería problema alguno. Pero, ¿Por dónde empezar?

Caminó y caminó, volteando de un lado a otro en caso de encontrar una pista que lo condujera a él. De la mañana hasta la tarde, y no encontró rastro del animal.

Un chillido llamó su atención. A su derecha se encontraba un cachorro con la cabeza hacia arriba; miraba fijamente, agotada en las ramas de un árbol, una pelota color rojo brillante. Natsu se acercó al cachorro, mirándolo a él y a la pelota. Intercalando la vista entre ellos dos. El cachorro lloraba por su pelota. Natsu buscó algo en el suelo hasta que encontró una varita. La arrojó en dirección a la pelota, pero cayó mucho antes de tocarla. Natsu meditó por unos minutos hasta que una idea cruzó su mente. Tomó la vara de nuevo sólo que esta vez la arrojó a la rama más cercana; chocó contra otra rama más gruesa de forma ascendente, luego en otra, y otra. Natsu había usado el uso de ángulos para que la varita subiera por sí sola hasta que llegara a la pelota. Lo que finalmente pasó. La varita golpeó la pelota y esta cayó sobre el rostro del cachorro; cuando reaccionó, el cachorro se abalanzó sobre la pelota y la mordisqueó como si de un dulce se tratara.

Natsu sonrió satisfecho y se alejó del cachorro para que pudiera jugar a solas.

-¡Gracias!-vociferó el cachorro con la húmeda lengua de fuera. Natsu volteó sobre su hombro, sorprendido. No sabía que podía hablar con otros animales. Se levantó en dos patas y se despidió del cachorro.

-¡De nada!-y siguió con su camino, sin saber que alguien lo vigilaba.

Continuó buscando por toda la ciudad, pero no encontró ningún rastro de Manshi-Wanshy por ningún lado; haciendo varias paradas, para ir al baño, beber agua en un lago o de una fuente, incluso tuvo que hacer "La cara" para pedirle comida a un hombre que comía un plato atascado de bistec. Al final el hombre sucumbió ante los encantos del felino rosado y le arrojó un trozo...de cebolla. Natsu frunció el ceño y arañó con furia el tobillo del hombre, salió disparado para escapar del furioso sujeto.

En su travesía, Natsu se había encontrado con otras mascotas que necesitaban ayuda de algún tipo: otro gato necesitaba abrir una lata de su comida. Natsu le ayudó con una roca puntiaguda y una puntería casi perfecta; una lechuza quería capturar a un ratón que salía de su madriguera para conseguir un pedazo de queso que había en la cocina de un restaurante. Natsu consiguió el queso escabulléndose por la ventana de la cocina, y aprovechando la visita, robó un trozo de carne para la lechuza. Ambos quedaron satisfechos.

Finalmente, a medio día, Natsu se topó con el último que esperaba encontrarse: Aquél perro que lo persiguió para devorarlo. Sólo que esta vez estaba recostado boca abajo contra el ardiente suelo; encadenado con una gruesa y plateada cadena clavada en la pared. Frente a él, había un plato lleno de fresca y cristalina agua que miraba con deseo y tristeza. No la podía alcanzar, su cadena era muy corta. Estaba sediento. Natsu pensó en seguir con su camino, ignorando al animal que en primera lo quería cómo bocadillo principal. Pero los llantos del canino ablandaron su corazón. Cuidadosamente se acercó al plato. Instintivamente el perró gruñó, y en una fracción de segundo se desplomó de nuevo al suelo. No tenía energías ni para pelear. Natsu chasqueó la lengua. De un empujón le acercó el plato al perro y le dio la espalda; escuchó al perró beber con desesperación el líquido vital que su cuerpo ansiaba, y comenzó a alejarse.

-Oye-lo llamó aquél perro. Natsu dejó de caminar-¿Porqué?

-¿Porqué qué?-cuestionó Natsu.

-¿Porqué me ayudas? Traté de comerte cuando te encontré en las afueras de la ciudad-Natsu volteó hacia el perró, y le miró con paciencia.

-Eso lo recuerdo-aclaró. El perro se encogió-pero...ninguna mascota, de la especie que sea, debe pasar por malos tratos. Son...-Natsu se corrió inmediatamente-nosotros somos los amigos y compañeros de los humanos, y merecemos ser tratados por igual.

El perró miró fijamente a Natsu por varios segundos, lo que incomodó al ex Dragon Slayer.

-Creo que tienes razón-dijo finalmente el can. Natsu asintió y siguió con su camino-¡Te agradezco!

-¡De nada!

Y así llegó la tarde. Eran las tres.

Aún después de buscar y buscar, sin ninguna clase de pista o señal de Manshi-Wanshy, Natsu no se rendía. Sabía que el felino debía de estar por los alrededores; anteriormente había dicho que se vengaría de los humanos por tratar a sus mascotas como muñecos de trapo: Dejarlos botados por ahí, abandonarlos, descuidarlos. Así que al gatito rosado llegó a una conclusión, si un humano llegara a lastimar a una mascota, ahí estaría Manshi-Wanshy.

Buscó a la primera persona que fuese a hacer tan innombrable acto por la ciudad. Y como una conveniente oportunidad, apareció alguien: Un hombre regordete vistiendo el uniforme de cocinero, tal vez un Chef, con lo que parecía ser un cinturón en la mano derecha. Y a sus pies, encogido sobre el suelo, se encontraba un perro. Se veía joven. Natsu sintió la necesidad de ayudarle a escapar de su desdicha, pero esa era la oportunidad de encontrar al tonto gato que lo convirtió en su semejante. El hombre levantó la mano del cinturón y el objeto chasqueó al impactar la piel del pobre animal, seguido de un chillido. Natsu sintió un escalofrío en su columna; Manshi-Wanshy no aparecía. Se supone que era su deber proteger a toda mascota del mundo mundial, en esta y otras dimensiones. ¿Pero porqué no aparecía?

Otro chasquido. Natsu sudaba en frío; quería ayudar al can, pero debía esperar la aparición de quien se hacía llamar Dios doméstico. Otro chasquido, y esta vez, el perro comenzó a llorar. Fue suficiente. Natsu tomó impulso corriendo rápidamente, y saltó con las garras afuera hacia el rostro del hombre; atacando con odio y rabia, rasgando los pomulos, las mejillas, todo el rostro del sujeto. Este gritaba de dolor mientras trataba de sacarse a Natsu de encima sin poder lograrlo, las garras de éste se habían aderido a su piel. El hombre retrocedió varios pasos hasta que pisó una lata de duraznos en almíbar, resbaló, y calló de cabeza contra el suelo, perdiendo la conciencia. Natsu bajó del él y fingió escupirle.

-Tarado-masculló. Volteó hacia el perro, esperando que se encontrara bien. Lo encontró recostado en el suelo respirando pesadamente. Natsu se acercó a él-¿Estás bien?

-Sí, gracias-respondió el perro. Miró a Natsu con curiosidad-me ayudaste-musitó incrédulo.

-Sí.

-¿Porqué? Los gatos y los perros se odian desde hace tiempo. ¿Porqué ayudarme?

-Estabas en problemas-respondió Natsu con seguridad. Se colocó en sus dos patas traseras-no puedo dejar que alguien sufra daño. Más sabiendo que le puedo ayudar en algo.

-Genial.

-Además-añadió Natsu-ese sujeto es un tarado-dijo al señalar al inconciente hombre-¿Porqué te estaba golpeando?

-Sólo trataba de buscar algo de comer-el can bajó la mirada. Parecía estar a punto de llorar. Natsu sacudió la cabeza y se acercó más al perro.

-Mira, ¿Ves esa esquina?-Natsu le sañaló el final del callejón frente a ellos, con un faro adornando esa sección. El perro asintió-da vuelta a la izquierda y sigue todo derecho, encontraras un edificio muy grande con dos estatuas con forma de humanas con alas. Ese el gremio de Fairy Tail. Busca la puerta trasera y ráscala, va a salir una humana de cabello blanco, ella te alimentará.

-¿Y no me va a golpear?-preguntó el perro con temor en la voz. Natsu negó con la cabeza.

-Claro que no. Ella es buena. Cuida mucho a los animales, tal vez encuentres a varios de ellos ahí comiendo. Apresurate o si no se acabará la comida.

El perro se levantó de golpe y salió disparado en dirección al gremio. Giró a la derecha en la esquina, pero rápidamente corrigió su curso y regresó para ir a la izquierda. Natsu meneó la cabeza con una sonrisa en la cara.

Fue agradable ayudar aquél canino. Lo hizo sentirse bien. Y así debía ser. Ayudar incondicionalmente a los demás sin esperar nada a cambio; la llegada de Manshi-Wanshy había desaparecido de su mente. Hasta ese momento lo había recordado. Pero no le dió mucha importancia. Si el susodicho aparecía o no en ese momento, eso no importaba. Seguiría ayudando a los demás animales aún si no llegara a aparecer jamás. Natsu suspiró profundamente, para luego esbozar una sonrisa.

Una sombra cayó de lo alto y se estampó con fuerza contra el suelo, levantando una peaueña nube de polvo; dentro de la nube yacía una diminuta sombra, arrodillada sobre la rodilla izquierda y levantando el brazo derecho para darle más impacto al momento, como el aterrizaje de un ángel vengador o de un superhéroe literario. Era él: ¡¡El todo poderoso Manshi-Wanshy hizo su aparición!!

-Tú...-musitó Natsu. Manshi-Wanshy se irguió e hizo una pose dramática. Seguramente en su vida pasada él era un fisicoculturista.

-¡He aparecido!-anunció como si se tratara de un evento que ocurre cada milenio-Yo, el todo poderoso Manshi...-

Natsu se abalanzó sobre él y lo derribó; sus diminutas patas golpearon el rostro del Dios doméstico a una velocidad increíble, parecía uno de esos luchadores de sumo que soltaban uno tras otro de esos ataques.

Manshi-Wanshy no era un Dios violento, pero cuando la situación lo amerita, puede ser muy hábil para defenderse. Le picó un ojo a Natsu; este retrocedió cubriéndose dicho ojo con la pata derecha. Manshi-Wanshy, moviendo sus patitas con rapidez, se acercó a Natsu y lo empujó, para luego soltarle una poderosa, mortífera, y pachona bofetada.

Natsu, con los ojos enrojecidos, soltó a diestra y siniestra palmadas rápidas y furiosas al Dios doméstico de las mascotas. Él hizo lo mismo. Ambos seguían golpeándose a base de palmadas hasta que uno de los dos se rindiera, cayera, o su piel se irritara lo suficiente para detenerse.

Una pareja de novios los encontró luchando, e intercambiaron miradas atónitas. La chica sonrió conmovida por la escena y gimió con ternura.

-Aawww...son tan lindos-dijo con las mejillas enrojecidas-¿Me compras uno cuando lleguemos a casa?-le preguntó a su pareja. Él sonrió al momento que asintió.

-Claro, mi vida. Lo que tú me pidas-y se alejaron de la escena.

Natsu y Manshi-Wanshy ya estaban lo suficientemente cansados como para seguir con la contienda. Ambos, jadeando como una foca para recuperar el aliento, se dejaron caer al suelo de espaldas, imitando el descenso de una regla. Sus pechos subían y bajaban con fuerza. La lucha había sido demasiado para ellos.

-Te he estado buscando...por toda Magnolia-dijo Natsu entre jadeos.

-¿Porqué...me buscaría un sucio...humano?

-Regrésame a la normalidad-le ordenó el pelirrosado. El todo poderoso Manshi-Wanshy dejó salir una sonora, aguda, y adorable carcajada.

-¿Porqué lo haría?-se enderezó y miró a Natsu con ojos cortantes-eres un humano; está en tu naturaleza ser cruel con los que son más pequeños e indefensos. Sólo lastimas.

La imagen de Lucy, con ojos inundados en lágrimas golpeó su mente como una pelota. Sintió las lágrimas acumularse en su garganta.

-Tienes razón-masculló al enderearse tambien, con la mirada baja. El Dios doméstico amplió los ojos felinos-lastimé a una persona muy importante para mí; pensé en mí mismo en ese momento. Soy un egoista. Y no merezco que ella se preocupe por mí, piense en mí, y sueñe conmigo.

-Eres de lo peor-declaró Manshi-Wanshy. Natsu apretó las peludas patas.

-¡Pero quiero corregir mi error!-le espetó con lágrimas en los ojos-quiero ir con ella y decirle...PEDIRLE que me perdone. Decirle que fuí un tonto y un estúpido...-

-Y bobo-agregó Manshi-Wanshy-zonzo, un mentecato, necio...¡Y un cabeza de chorlito!-Natsu estaba rojo del coraje. Pero sabía que el Dios doméstico estaba en lo correcto.

-Sí. Eso mismo-aceptó Natsu. Hubo un momento de silencio entre los dos; el felino rosado que era Natsu, con la mirada hacia abajo, rascaba la tierra con su dedo índice, avergonzado. Manshi-Wanshy lo miraba fijamente.

-Me sorprende lo brutos que son los humanos los unos con los otros-dijo por fin-yo tengo setecientos hermanos, hermanas, y uno que otro demonio que viven conmigo. Nos peleamos como si fuera una guerra por el poder. Pero al final, nos amamos con mucho cariño. Porque somos hermanos. "Ella", a quien te refieres, ¿Qué es para ti?

-Mi pareja-respondió Natsu, sonrojándose.

-Y ella te quiere-concluyó.

-Sí.

Manshi-Wanshy asintió ante esa afirmación. No comprendía del todo a los humanos, pero sabía que si en sus vidas había amor, era ese mismo sentimiento el que los hacia cambiar para bien.

-Te he vigilado, sucio humano-admitió. Natsu se sorprendió-vi lo que hiciste en este par de días: ayudaste a un cachorro, un gato, una lechuza, un ratón. Incluso al perro que al principio te quería comer vivo.

-¿Viste eso también?-el Dios doméstico asintió. Natsu chasqueó la lengua-¿En algún momento te fuiste?

-Sólo cuando fui al baño para hacer mis necesidades-respondió muy digno. Natsu dibujó una expresión indiferente-con excepción de eso, te he vigilado desde el inicio. Y para ser un sucio humano cabeza hueca...-

-¡¡OYE!!-replicó Natsu, interrumpiéndolo.

-aprendiste muy rápido-dijo con una sonrisa. Natsu hizo lo mismo.

El Dios doméstico de las mascotas, todo poderoso, Manashi-Wanshy, se levantó del suelo, caminó unos pasos hacia Natsu, y le extendió su grisácea pata para ayudarle a levantarse. Natsu la contempló por unos segundos la pata grisácea que yacía frente a él, asombrado por la acción del Dios doméstico. Estrechó la pata con fuerza, aceptando su ayuda, y se levantó del suelo. Seguían estrechando sus manos; había comprensión en ellos, y aunque tanto humanos como mascotas tuvieran ciertas diferencias entre ellos, sabían que eran la mayoría de los casos cuyas amistades entre las especies podían perdurar años, incluso una década.

El todo poderoso Manshi-Wanshy sonrió maliciosamente.

-Este es el momento cuando te electrocuto otra vez.

-¿Qué?-y la oscuridad se apoderó de Natsu una vez más.

En el gremio.

-Tranquila, Lucy-musitó Levy, tratando de consolar a su mejor amiga.

La maga de espíritus celestiales había llegado al gremio llorando como una magdalena. Había despertado completamente sola en su departamento; el felino que había rescatado de un feroz canino, y que albergó en su hogar, además de construirle una cama provicional, se había ido. La dejó abandonada como el Dragon Slayer de quien estaba perdidamente enamorada.

Se refugió en su mejor amiga lectora de libros que siempre la comprendía, y que compartieron muchos momentos de alegría y tristeza en el pasado. Ella la conocía, y sabía cómo animarla. Pero dudaba que pudiera aliviarla de eso.

-Es que no lo entiendo-gimoteó Lucy a moco tendido-¿Qué hay de malo en mí? Todos los hombres a los cuales les muestro mi afecto me abandonan: mi padre, Natsu, y ahora un gato que rescaté de la calle. ¡¿Porqué me pasa esto?!

-Lucy, seguramente el gatito salió a pasear, ó a cazar un ratón. Ya sabes cómo son los felinos.

-¡Pero me abandonó!-exclamó la rubia, hundiendo cara entre sus brazos extendidos sobre la mesa.

Levy acarició el rubio cabello de su amiga. No le gustaba verla así, mucho menos sabiendo que su relación, como la de Lucy con su propio Dragon Slayer, estaba prosperando. Levy sabía que, a pesar del pasado, el dragón de hierro, Gajeel, la amaba con todo su corazón, aunque no lo demostrara.

Lucy no podía dejar de llorar; sentía que nadie la amaba en serio. Se sentía utilizada. ¿Cómo era eso posible? Eso ni ella lo sabe. En ese momento sentía todo el peso del mundo sobre sus hombros. Ella sólo quería ser amada por quien era, y por lo que sería en un futuro. Levy alzó la mirada, algo había llamado su atención. Amplió los ojos al ver de qué se trataba, y se apartó de su mejor amiga.

Lucy sintió una cálida mano acariciar su cabeza, de la coronilla hasta la nuca. En un momento creyó que era Levy, pero descartó esa idea al notar, literalmente, lo caliente que era esa mano al tacto. Se irguió de golpe, y el rostro enrojecido de Natsu apareció frente a ella; el mismo de siempre: vistiendo su gabardina azúl oscuro con líneas color ámbar, su pantalón holgado tan blanco como la nieve, sus sandalias, y en mano derecha un ramo de lilas. Las cuales siempre le recordaban a su madre, Lyla Heartfilia.

-Hola, Lucy-dijo el pelirosado con su característica sonrisa. Lucy sonrió, momentáneamente, pero en un segundo apartó la mirada de Natsu y le dio la espalda, cruzándose de brazos.

-¿Qué haces aquí?-cuestionó con un tono tan frío como el hielo de Gray.

-Vine aquí para verte-respondió. Lucy ni se movió-y quería decirte lo mucho que lamento mi actitud de hace una semana. Dije cosas que te lastimaron, y me arrepiento por eso como no tienes idea...-

-¿Entonces porqué no te disculpaste en el momento?-le espetó de pronto. Natsu se sobresaltó-¿Porqué me dejaste sola con la idea de que me ibas a dejar? ¡¿Porqué te fuiste sin decirme nada, sin disculparte?!

Natsu enmudeció. Lucy tenía razón, él había sido un idiota al no disculparse ese mismo día. Se imaginó el peor de los escenarios. El Dragon Slayer sabía, dentro de él que debía disculparse, pero no lo hizo. Simplemente no lo hizo.

Lucy le dio la espalda a Natsu de nuevo, y rompió a llorar. El pelirosado se odió a sí mismo; se colocó unos pasos a su derecha, para estar frente a la rubia. Ella apartó la mirada.

-Soy tonto-dijo-tú te abriste a mí. Me enseñaste lo que es la amistad, la responsabilidad, y lo que es amar. Rompí tus sentimientos, lo sé-su voz se quebró al final. Lucy lo notó-y me arrepiento por eso. Hasta que una deidad me convirtió en gato reconocí mis errores; no debí tratarte de esa forma. Ni tú, ni nadie debe ser tratado así. Y...-Natsu sollozó-si quieres terminar nuestra relación, yo lo entenderé. Pero no quiero que te vayas sin saber lo mucho que significas para mí. Eres la mujer más importante de mi vida. Yo te amo.

Hubo un silencio total en el gremio cuando Natsu, aquél que no podía controlar sus energías y terminaba por destruir un pueblo entero, aquél que podía devorar una res en tan sólo un parpadeo, aquél que no conocía otra cosa más que demostrar que era el más fuerte, pronunció esas palabras. Todos lo había escuchado: Gray, Erza, Juvia, Gajeel, Levy, incluso el maestro; quedaron impactados y sorprendidos por lo que había dicho. Natsu se había enamorado.

Lágrimas caían de sus ojos. Lágrimas de Dragón. Las mismas que derramó cuando la Lucy del futuro fue atravesada por una lanza hecha de sombras; las que derramó cuando vió caer del cielo a su padre, sin vida. Ahora estaba llorando por la chica que conquistó su corazón, y que había lastimado de la peor manera: Con palabras.

Las heridas sanan, los moretones desaparecen, las cicatrices se desvanecen. Pero las palabras lastiman, y mucho, emocional y psicológicamente. Y si vienen del amor de tu vida, se multiplican por diez, no, por mil.

Natsu sintió una mano en el hombro, alzó la vista y descubrió a Lucy mirándolo con esos ojos marrones que le encantaban. Una mirada comprensiva, y más que nada: Había perdón en esos ojos.

-Eres todo un cabeza hueca-dijo. Natsu dibujó una pequeña sonrisa-pero te amo así como eres.

-Lucy...-la rubia se dejó caer en los brazos del Dragon Slayer. Él la apretó con cierta fuerza, como si la idea de soltarla haría que desapareciera.

Todos en el gremio gritaron; unos de emoción, otros conmovidos, y los demás, en su mayoría, de alegría. A final de cuentas, Natsu aprendió lo que era amar a alguien. Amarla sin importar el orgullo y los prejuicios, las clases sociales o el aspecto de uno. Amar es amar. Y esa era la mejor parte de ser humano.