Nota de Autora: Agradezco el buen recibimiento que le han dado a esta pequeña historia ficticia, su apoyo y palabras de aliento me alientan a seguir creando más y más fanfics de nuestra querida pareja NaruSaku, a la cual amamos.
Recién Casados
Por Shoseiki
Capítulo 2: La Cabaña
Cuando supo que irían a un lugar lejos de Aldea, Sakura imaginó que sería quizás en Suna o en otro sitio que conociese, pero Naruto la sorprendió al llevarla a un espacio que no sabía que existía demostrándole lo romántico e impredecible que podía llegar a ser si se lo proponía.
Un punto a favor del rubio.
Sakura admitía que aquel detalle le encantaba mucho.
—¿En qué zona estamos? —preguntó viendo los alrededores.
Ambos estaban de pie frente a un local de comida que por razones de seguridad andaba cerrado, eran las 9 de la noche, nadie caminaba ya por esa calle. Naruto le había dicho que pasearían unos minutos para que conociera los puestos donde podía comprar comida y otras cositas más que nunca faltaban, incluso aseguró que los vecinos o en este caso pueblerinos, siempre eran cordiales con aquellas personas que llegaban de visita.
Esto a ella le permitió saber que Konoha no estaba tan lejos de su posición, y que si deseaba ver a su familia solo tendría que pedirle a Naruto realizar el hiraishin no jutsu para ir. Su esposo había planeado todo.
"Es muy detallista conmigo".
Dentro de su campo visual, Sakura alcanzó a vislumbrar un pequeño hospital dedicado a la atención de niños enfermos y faltos de vacuna, puestos de vendedores y comerciantes, locales de ropa y lencería, casas de dos pisos y hasta de tres plantas, pintadas de colores sencillos y nada escandalosos, justo como debía ser.
Un pueblo bastante agradable a decir verdad.
Se sentía bien estar ahí.
—¿Te gusta? —consultó él.
Sakura sonrió al ver como la abrazaba desde atrás y escondía la cara en la nuca, casi evitando que ella lo mirara de reojo, tal vez por miedo a recibir una respuesta negativa.
—Sí, me encanta —contestó segura, pasando las manos por los brazos masculinos para situar las palmas sobre el dorso de las de él, entrelazándolas luego—. Es hermosa la paz que se respira en este lugar, supongo que por eso elegiste traerme aquí.
—Quise que cambiaras de aire un poco, no hemos descansado desde que acabó la guerra y has trabajado mucho. Necesitas reposo, Sakura-chan.
—Tú también.
—Todo lo que necesito ya está conmigo, y eso eres tú.
La médico se sonrojó.
—¿Dónde nos quedaremos?
—Alquilé una cabaña por allí cerca —explicó, soltándola y poniéndose delante de la chica—. He dicho que duraremos quizás un mes, porque Kakashi-sensei me avisó que pronto empezaré a estudiar todo lo referente al cargo de Hokage.
En ningún instante liberaron las manos del otro —Es lo mejor, así yo puedo regresar al hospital para continuar ayudando a Shizune-sempai y Tsunade-sama —notificó ella, sonriendo feliz—. Pero ahora lo que quiero es disfrutar estos días contigo, sin algo que nos distraiga.
—Tus deseos son órdenes, Sakura-chan.
—Vamos, llévame ya a esa cabaña.
Naruto asintió y con la mano unida a la de ella inició el camino que los conduce a la pequeña, amueblada y cálida residencia pagada por él. Juntos vieron los hogares de humildes personas que de seguro dormían profundamente, echaron un vistazo a distintas entradas del pueblo y platicaron un rato mientras iban como tortolos enamorados a un punto en específico. Sakura parecía vivir el mejor de los sueños al igual que Naruto.
Eran felices uno al lado del otro, sin duda.
Un matrimonio ejemplar.
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—¿Es aquí?
—Sí.
Naruto permitió que Sakura soltara su mano y avanzara para que lograse mirar más detenidamente el pequeño lugar, manteniendo él su espacio en espera de algún comentario suyo, por más que lo impacientara aquel silencio. Deseaba oír lo que pensaba, lo que opinaba y creía ver mal.
Las palmas comenzaron a sudarle.
Rogaba a Dios no haberla decepcionado.
Él sostuvo la maleta en la otra mano que tenía vendada, la derecha la tuvo libre al nivel de su cadera, nervioso.
Era frustrante no escucharla hablar.
—Si te parece muy chiquita puedo buscar una más amplia. —comentó Naruto rompiendo el mutismo.
—Sakura-chan.
La aludida lo ignoraba no porque quisiese, sino porque la estructura de diseño tradicional y sencillo había atraído su atención, viendo con fijeza el color de cada muro, las ventanas relucientes, la puerta grande de madera fina, el techo que parecía aguantar una tormenta sin problemas y la alfombra que traía el mensaje de bienvenida, junto a las plantas que habían en las macetas puestas a un costado de la salida.
—¿Tienes las llaves? —Fue lo único que atinó a preguntar. No volteó a verlo.
—Sí, claro.
—Ábrela, quiero entrar.
El ninja tragó grueso y afirmando, caminó hasta la puerta e insertó la llave en la cerradura, la giró y empujó la superficie con la palma para que ella ingresara con total libertad, mirando a su esposa. Ésta entró de inmediato.
Oyó a Naruto seguirla y depositar el equipaje en el suelo, que por supuesto, también es hecho de madera sólida y fuerte para suerte de ambos. Todo estaba a oscuras.
—Encenderé la luz, 'ttebayo —informó buscando con la vista el interruptor, al hallarlo, lo oprimió y las lámparas del techo alumbraron enseguida la elegante sala—. Es poco amplia, pero creo que nos bastará.
Los ojos jade de la kunoichi recorrieron los sofás color marrón que adornaban gran parte del lugar, al igual que la mesa de vidrio donde encontró diversos licores de distintas marcas; la chimenea que contaba con muchos troncos de leña y carbón, la exquisita selección de pinturas colgadas en las paredes de tonalidad crema y champagne, el juego de copas vacías y limpias, un estante de libros diminutos y unos cojines con sábanas blancas que concedían al huésped su turno de calor y meditación frente al fuego.
Hermoso.
—Para nosotros es perfecta —dictó la joven shinobi esbozando una sonrisa—. ¿Las habitaciones en que piso están?
Naruto respiró aliviado al oírla tan animada.
—Entonces si te gusta.
—Este sitio me fascina, es mejor de lo que creí.
—Por un momento pensé que no te agradaría.
Ella giró y lo observó enternecida, reduciendo el espacio.
—Tonto, claro que me encanta estar aquí. Me siento bien y muy contenta de este regalo.
—¿De veras? —preguntó con ilusión, sus orbes brillaban.
—Ya te dije que sí. —rodó los ojos, divertida.
—Me alegro, porque eso quiere decir que te gustará lo otro.
—¿Que otro?
Naruto, sin siquiera consultárselo, se agachó para deslizar un brazo por su espalda y el otro por debajo de sus rodillas cargándola al estilo nupcial, y comenzó a caminar con ella aferrada al cuello.
—¡¿Qué haces?! —chilló escandalizada, roja hasta el inicio del cabello.
—Es tradición llevar así a una esposa, Sakura-chan. Y tú eres la mía.
—Yo puedo caminar sola.
—Lo sé.
—Entonces bájame.
Él sonrió.
—Déjame consentirte como te mereces, Sakura-chan. Apenas comienzo.
No supo si fue el comentario o la fragancia del hombre que surcó sus fosas nasales, pero la cuestión es que Sakura sintió sus vellos erizarse ante el contacto de su boca con el cuello de él, porque aunque no lo planeó, su rostro había quedado escondido en el hombro del joven.
La firmeza de aquellos brazos musculosos sosteniéndola no ayudaron en la labor de disminuir el efecto de esa sensación que ella describió como erótica y placentera.
Naruto subía uno a uno los escalones que guiaban al segundo piso de la vivienda, donde hallarían cuatro recamaras individuales; dos matrimonial y dos para visitas o huéspedes solteros, bien arregladas y con lámparas de noches, junto a televisores que disponían de controles y multitud de canales programáticos, todo esplendido.
Sakura lo abrazó con mayor fuerza, como si temiera dejarlo ir.
"Está temblando", pensó el rubio, "seguro es miedo por lo que debemos hacer ahora".
Terminó de llegar y paró el movimiento a mitad de pasillo, ladeó el rostro en busca de los ojos femeninos, pero no consiguió verla como quería y sin más plantó un beso suave en la mejilla de Sakura, sintiéndola apretar el agarre.
—Te amo. —le susurró.
—Y yo a ti.
—Mira —pidió en voz baja, poniéndola de pie en el suelo con gentileza—. Acá hay cuartos de diferentes tamaños, y no son tan antiguos como la sala.
Sakura vio todo con atención.
—Y... ¿cuál es la nuestra?
—La más grande y espaciosa.
—Ah.
—Ven, te la mostraré.
Ella aceptó la mano que él le tendía, los dos fueron a la habitación principal y vieron que la puerta estaba cerrada, por lo que Sakura trató de abrirla, impidiéndoselo Naruto.
—¿Qué? —interrogó ella al ser capturada de la muñeca.
—Adentro te espera otra sorpresa.
—¿Que hay?
Él negó con la cabeza.
—Primero debes cerrar tus ojos.
—¿Por qué?
—Sakura-chan, ¿acaso no confías en mí?
La aludida pestañeó, contempló la forma en que Naruto la retenía y después regresó la mirada hacia su marido, dubitativa. El rubio la soltó.
—Claro que confío en ti, es solo que no me agrada estar en desventaja.
—Será un segundo, lo prometo.
—¿Seguro que no me harás más nada?
El ninja sonrió con naturalidad, a veces Sakura reaccionaba de una forma tan extraña que ni él mismo comprendía, pero aun así la amaba como un loco y la respetaba por encima de sus propios deseos.
Nunca la forzaría a nada.
—Sabes que no miento, Sakura-chan. Si temes-
—De acuerdo —lo interrumpió, sonriendo leve—, tapa mis ojos si quieres, yo confío en tu palabra.
—Bien —asintió colocando las palmas sobre los orbes de la fémina, parándose detrás de ella—. Tú abre la puerta y entra, yo te descubriré el rostro cuando sea el momento.
En completo silencio, la joven abrió la puerta y dio cinco pasos al frente hasta estar en el interior de la recamara, recibiéndola la oscuridad y un aroma que no supo identificar, pero que creyó era canela. Un olor bastante agradable si le preguntaban.
—¿Ya puedo ver?
Naruto apartó las manos de sus parpados, retrocediendo hacia el interruptor eléctrico y prendiendo la luz —Sí, Sakura-chan —pronunció mirándola—. Abre tus ojos.
Lo primero que encontró la chica al hacerlo fue un delgado camino formado de pétalos de rosas rojas que seguía una línea en el piso, terminando a los pies de la cama junto a un lindo mensaje que halló en las sabanas de color champagne, en las que decía 'Por siempre mi cerezo, Sakura-chan'.
Los orbes se le humedecieron de la felicidad.
—Esto... ¿lo hiciste tú, Naruto?
El rubio rascó con la mano vendada su nuca, acercándose por un costado.
—Sí, 'ttebayo. Yo lo preparé hace días para ti, ¿no te gusta?
—No tenías porqué.
—Sakura-chan —le tomó de la mano obligándola a girar—, yo hice todo esto porque te amo, porque te lo mereces y porque quiero ser el mejor esposo para ti —añadió, viéndola a la cara—. Quizás a veces me comporte como un tonto, o me digas idiota por una que otra travesura que yo no recuerde —Aquí ella rió—, pero lo importante es que me tienes cerca, que estamos casados y que no permitiré que algo o alguien nos separe nunca.
—Prométeme que me amarás siempre sin importar que.
—Te lo juro.
Impulsada por el cariño tan gigantesco que guardaba hacia él, Sakura sonrió y lo tomó de las mejillas uniendo sus labios con los de ese hombre que tanto amaba. Naruto la abrazó por la cintura, entregado a ella.
—Te amo, te amo —repetía entre ósculos—. Te amo solo a ti, Sakura-chan.
Sakura detuvo los besos para estrecharlo con sus níveos brazos, lo apretó fuerte. Naruto creyó volar de la alegría.
—¿Que hay ahí? —consultó al ver una cubeta puesta encima de la mesa, acompañada de dos copas y unas servilletas blancas demasiado elegantes.
—¿Eh? —Naruto la liberó volteando hacia donde Sakura veía—. Ah, te refieres a eso. Es una bebida rara que compré ayer, la puse sobre cubos de hielo como me recomendó el vendedor y la coloqué allí por si quieres probarla.
—¿Es sake?
—No, pero ahora que lo mencionas... —adoptó un pose pensativa, poniendo los dedos índice y pulgar bajo su barbilla y torciendo los labios— el muchacho me advirtió que era nuevo y que proviene de la mejor marca, ¿tú crees?
—Quizás sea un tipo de licor extranjero —comentó—. Deberíamos beberlo pronto o se calentará.
—Tienes razón.
Naruto se acercó a la pequeña mesa, agarró la botella y la destapó sirviendo un poco en las copas de fino cristal, Sakura notó el color casi transparente que poseía, y entonces vio la espuma que subía hasta la mitad del recipiente para luego bajar al nivel del líquido burbujeante. Aquello parecía licor.
—¿Bebes tú primero o lo hago yo? —cuestionó Naruto.
La médico negó.
—Pruébalo tú —sentenció, viendo a su esposo ingerir la sustancia y tragar como si nada pasara, como si hubiese sido agua sola—. ¿Y? ¿Qué tal es? —entrevistó la kunoichi, muerta de la curiosidad.
—Sabe muy bueno, Sakura-chan. Ven.
—¿No es licor?
—Creo que sí.
Sakura levantó una ceja —¿No sabes y acabas de bebértelo? —musitó, andando en dirección a él—. No tienes remedio. —agregó en tono de broma.
—Es que yo no acostumbro a beber alcohol.
—Lo sé.
—¿Tú sí?
—No, tampoco —aclaró mientras sostenía la copa que halló llena a un lado de la cubeta, tragando su contenido—. Mmm, ¡es rico!
—¿Verdad que sí?
—Sí.
—Sígueme, te mostraré la cocina y el jardín —propuso él con una sonrisa radiante, dejó el recipiente en su sitio y dio la media vuelta para que Sakura le acompañara, pero ella lo detuvo del brazo a tiempo—. ¿Eh? ¿Qué sucede, Sakura-chan?
—¿No te parece suficiente por hoy? Yo ya estoy cansada y quiero ducharme.
—Pero si aún no terminas de ver la cabaña.
—Lo haré mañana, hoy ha sido un día muy ajetreado.
Él afirmó y Sakura soltó su brazo.
—De acuerdo, yo bajaré por la maleta mientras que tú puedes cambiarte de ropa o... —tragó grueso, desviando la mirada sonrojado— quizás usar el baño para... prepararte para dormir.
—No he dicho que vaya a dormir.
—Estás agotada por la fiesta, Sakura-chan, no es bueno que-
—Eres mi esposo, ¿lo olvidas? —cuestionó con una leve sonrisa, sus orbes fijos en los de él—. De ahora en adelante compartiremos muchas cosas, y eso incluye la cama... y las noches juntos.
—Solo si tu así lo deseas —declaró observándola—. Yo jamás te forzaría o pediría algo que no me quieres dar.
—Lo sé.
Hubo un minuto de silencio en el que no dejaron de mirarse profundamente a los ojos, como si el tiempo no existiera y cada uno perteneciera al otro, enamorados hasta los huesos. Nadie lograría derrumbar ese muro de confianza y afecto que ambos sostenían, eran felices al estar cerca y esto ninguno lo conseguiría destruir ni aunque quisiese hacerlo con todas sus fuerzas. Era amor.
Un amor muy grande.
Sakura mordió sus propios labios para controlar el impulso de besarlo, si lo hacía lo más probable es que terminaran consumiendo aquel calor que los seducía, y eso implicaría perder el control absoluto de sus emociones. No. Sakura no podía actuar de esa manera, no cuando iba a tener su primera relación sexual.
Naruto le sonrió como si adivinase lo que pensaba.
—Vuelvo en un rato. —murmuró.
—No tardes —dijo, viéndolo girar hacia la puerta y caminar al pasillo—. Te estaré esperando.
—Prometo no demorar.
Y se fue directo a la planta baja donde encontraría el equipaje. Sakura suspiró tratando de calmar sus nervios.
Oh, Dios. Iba a hacer el amor con Naruto dentro de unos cuantos minutos y el solo hecho de recordarlo le puso los vellos de punta, ¡estaba inquieta!, Mebuki, su madre, le había explicado lo que ocurriría esa noche aconsejándole mantener la calma y obedecer a sus instintos. Claro, Sakura sí sabía del tema porque su profesión de ninja médico abarcaba todo tipo de asuntos corporales, pero eso no significaba que fuese una experta en el acto.
Para su desgracia, una cosa es la teoría y otra la práctica, Sakura era virgen y por lo tanto no contaba con la experiencia suficiente para saber qué debía hacer, aunque tal vez sí tuviese una idea de cómo empezar.
"Ahora es cuando necesito oír las historias de Ino-cerda".
De cualquier forma, ella tendría que experimentar hoy, allí y en un rato, con el hombre que la había conquistado siempre.
Solo esperaba que nada saliera mal.
