Amor en rojo

Disclaimer:

Los personajes de YYH no me pertenecen, sino a Yoshishiro Togashi y a Toei Animation, aprovecho mi penúltimo día de vacaciones, entro a la uni el lunes y ya no me verán de nuevo tan seguido-por lo menos leyendo o respondiendo comentarios-, pero si actualizando, quizás sólo me loguee a subir los capítulos.

Notas:

No saben lo feliz que me hicieron al ver que he recibido diez comentarios en una sola entrega, es la mayor cantidad de comentarios que me han dejado en algún fick de esta serie en una sola pasada, ¡muchas muchas gracias!; ¿saben?; estoy concursando en un foro de ss yaoi (saint seiya) con un fick que subiré en unos días de la historia del jazz, si lo publico acá, aunque no sea de esta serie ¿lo leerían?; los personajes principales son Aioria de leo y Shaka de virgo (yaoi)

Saludines dulces nOn

Notas 2:

La letra en cursiva corresponde a la historia que narra Kurama.


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Capítulo I

"Si pudiese nacer de nuevo, me gustaría estar contigo"

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-Clínica de Tokio, 11:00 am-

-Te leeré un poco antes del desayuno, ¿esta bien?-

Deslizó un dedo por la primera pagina, se saltó la portada mal dibujada que había garabateado para el pelinegro, no era buen dibujante, pero pensó que alguna vez le servirían las fantasías locas que tenía con Hiei y todas las cosas que le habían enseñado en la escuela.

Aunque nunca esperó verse usando alguna de sus ideas en una situación así, y si esta fuese una de las historias que él escribía no dudaba en cambiarle algunos aspectos.

El que inventaba las historias era Kurama, Hiei sólo escuchaba y reclamaba cuando le tocaba ser un niño, una chica, o algo por el estilo.

Tragó aire, a pesar del hecho de que estaba sólo en la habitación, le daba cierta pena leerle a Hiei lo que había escrito, pero, por verlo bien, tenía que darse de valor. Asi que sin más pasó a la página siguiente del libro, si era una mala o buena historia no importaba, mientras pudiese lograr aunque sea que pestañase, y por ver que daba signos de conciencia él haría lo que estuviese en sus manos.

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"Primera entrega"

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-Palacio del reinado de Brunei-

-Joven Shuishi- escuché la voz de mi madre, sus largos y azabaches cabellos estaban recogidos en una trenza; traía los ojos maquillados con color púrpura, labios carnosos y redondos. Sobre su frente yacía una diadema adornada con perlas de tono carmín, del cual caía un velo transparente para taparle la cara. Giré a verla, y ella sonrió, me sonroje autómata, seguro me veía ridículo con aquel traje de príncipe, apretado, brillante y al cual me habían obligado atarle la funda de un sable.

Ni que fuera a cortar a alguien para llevarla, pero ya saben lo que dicen, a veces la ropa hace al hombre.

-¿Me queda bien?-exclamé, y al ver como ella se reía no pude evitar que las mejillas se me inflasen y tornaran más rojas de lo que ya estaban.

En verdad que me sentía idiota.

Había veces que el ser príncipe era divertido, pero en estas ocasiones aquello ya no tenía chiste.

-Te ves muy apuesto hijo, no veo por que te avergüenzas de llevar el traje- apenas escuché eso me di el lujo de sonreír y relajar los brazos.

-¿Cuántos cumples hoy?- una voz proveniente del otro lado, girando la cara, me encuentro con el rostro de mi padre, quien mirándome de pies a la cabeza seguro pensó que sería la envidia del baile de coronación.

Y a decir verdad todos los años que había un baile o un evento importante pasaba lo mismo, pero en cierto modo ya me cansé de eso.

-19-

-¿Y ya has pensado que harás apenas te toque bailar?-

-La verdad no tengo idea-

-Supongo que ya conocerás alguna chica que te guste, sabes que todas están locas por ti- susurró en mi oído. Sabía que aquello era verdad, pero si somos sinceros no tenía intenciones de que alguna chica me tomase de la cintura o me obligase a bailar.

Especialmente cuando me gustan otras cosas.

-Más o menos-

-Espero sea bonita, ya sabes, hay que mantener el linaje- si mi madre supiese que lo que estaba diciendo era una burda mentira, seguro me pegaría por actuar tan aniñado para evitar alguna relación sentimental, pero no podía decirle que desde que había logrado salir del castillo, hace más de dos años, había puesto mis ojos en una persona.

Y aunque sabia que no podría corresponderme nunca, esperaba verle en el castillo, aunque fuese para ir a saludarle o preguntarle su nombre.

Por que no he tenido el valor para hacerlo, aunque le veo una vez a la semana por la ventana de mi habitación.

Y aquello es ser doblemente idiota.

-Ojala viniese hoy-pensé.

Me gustaron el color de sus ojos incandescentes y rojos, me gustaron los cabellos negros en punta y los mechones blancos rebeldes que al parecer no habían querido terminar siendo del mismo color.

Había logrado hacer contacto visual dos veces con aquel chico, la primera hace dos años, un 12 de agosto para el desfile de la presentación del nuevo reinado que llegaba a Brunei, en aquel entonces tenía 17 y no me importaba mucho lo que ocurriese con los demás mortales; la segunda, una noche cuando escapándome del castillo por que no soportaba estar encerrado tanto en el palacio, había chocado con él mientras corría por un callejón; y en ese momento capté que aquel niño estaba robando algo de una panadería.

-Fíjate para la próxima niño bonito-

No hice nada por detenerle, pero no olvidaría el color de esos ojos que me fulminaron con cierta ira, apenas reconoció se trataba del príncipe de Brunei.

No entiendo que tiene, siendo un chico de mi misma edad para haberme hechizado a tal grado aquella noche.

-Mamá-

-Dime Hijo-

-¿La gente que esta afuera del palacio puede asistir al baile?; es que me aburro mucho entre tantas personas mayores- y a pesar del hecho que sé que me dirían que no, año con año hago esa pregunta, esperando que alguna vez mi madre me dijese que si, que podía traer a un amigo.

-Hijo, somos reyes, la gente que esta afuera no pertenece a nuestro status social, no es posible-

-Entiendo- y año con año me desilusiono, deseando en el fondo haber nacido fuera de aquella cuna, por que si fuese de esa manera, seguro podría verle a él.

Seguro, podría hablarle, reírme y quien sabe, siendo como era, bien parecido lograse tocar una parte del corazón de ese niño.

-Hijo, todos los años haces esa pregunta, ¿alguna razón en especial?-

-No, ninguna padre-

-Mira, no puedo dejar que invites a gente de fuera del palacio, pero puedes salir un día, mientras vayas con Yusuke para que te proteja- no esperaba esa respuesta.

-No quiero ir con Yusuke-

-Si no vas con Yusuke no puedes salir- me quede callado, y justo cuando estaba por responderle, escuché las campanas de la ceremonia de coronación.

¡Benditas campanas que arruinaban todo!, ¡por que no podían sonar un poco más tarde!. Quizás, con algo de suerte pudiese convencerlo de que me dejase salir solo.

-Hemos hecho todo por que seas un buen candidato al reinado, esperó salgas con bien- mi madre sostuvo una de mis manos, y luego besándome la palma, indico que ya era hora de salir al salón principal.

-Han venido diez candidatos al reino, pero estoy seguro serás el escogido Hijo, tengo fé en tu persona- yo sabía que para mis padres el lograr obtener el reinado era sumamente importante, y durante años se me había estado educando con los mejores modales, palabras y talentos para obtenerlo.

Mi vida yacía en ese objetivo, lograr ser escogido como sucesor del rey entre diez príncipes que venían a ser probados, y pedir la mano de la futura princesa de Brunei.

Cosa, que no me interesaba para nada, una, al haberme encaprichado con aquel niño, y dos por que la chica en cuestión era un desastre.

Y a casarme con esas cosa, prefería quedarme soltero y feliz.

-Ojala pudiese detener el tiempo- pensé, y en ese momento en que las campanas dejaron de sonar, di dos pasos al frente, hasta la puerta que me separaba de la ceremonia y de las demás personas, y deseé, aunque fuese una ilusión de mi mente, que aquel niño viniese a verme.

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El pelirrojo levantó la mirada del libro, Hiei seguía en la misma posición, brazos extendidos, boca conectada a un respirador y la venda de la frente cubriendo lo que quedaba del jagan. Sabía que luego de la pelea Hiei había sido lastimado en el tercer ojo, pero no quiso preguntar si aún yacía bajo la venda, o si ahora no lo tendría.

-Sé lo que piensas Hiei- exclamó, riéndose autómata y mirando la condición del otro.

Estaba seguro, que por un momento vio como la boca del pelinegro parecía moverse.

Aunque fuese un poco.

-Seguro piensas que es lo más cursi y ridículo que has escuchado, pero oye, siéntete halago, ¡no todos los días sales en una novela!- volvió la vista al libro, y rozándole, dio vuelta la página.

-Aunque no quieras seguiré leyendo, y no me pongas esa cara, ¡no es tan malo!- imaginó seguro la expresión de sus ojos, de la boca haciendo un gesto de desagrado y que el otro estaría rogando en sus adentros por que parase tal martirio.

Lástima que aquello solo fuese el más profundo deseo de su corazón.

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-Shuishi Minamino-exclamé, en el momento en que ingresaba hasta el salón de baile, el hombre que tomaba la asistencia de los príncipes tachó mi nombre con una pluma, y luego dejando sobre una de las mesas del lugar las hojas, se dispuso a recorrerme como cuervo.

Si no fuese una evaluación corporal pensaría que era un depravado sexual en potencia o algo parecido.

-Altura normal- ¿normal?;¡ perdone pero yo salgo de los parámetros normales!, soy apuesto, inteligente y demasiado alto para mi gusto.

Una, por que nunca puedo encontrar ropa adecuada, siempre debo mandar a arreglar las prendas que me da mi madre, y dos, por que aquel niño es pequeño en comparación conmigo, y a decir verdad no esperaba se fijase en un edificio andante como lo era yo.

-Recítame las tres leyes de un candidato a la realeza-

Muy bien, era un pregunta simple, vaya genio que era este hombre para pedirme una cosa asi.

-Honor, eminencia y sabiduría-

-Buen desplante, tu columna esta alineada, mentón en alto, traje adecuado- oh dios, ¡no puedo creer que lo de la espada sirviese en verdad!; tendré que hacerle caso a mi madre la próxima vez.

-Pero tienes cara de niña, cinco puntos menos, los hombres deben demostrar ser machos por fuera y tú no pegas ni con el mejor pegamento con esa característica- ¿y este tipo que se creía?; ¿Qué acaso no se ha mirado en un espejo?; ¡si él tenía lacara más afeminada que he visto!

-Sé que piensas que por tener el cabello largo, platinado, ojos violeta y enrulado no tengo moral para decirte que pareces una niña-

-Correcto-pensé.

-Pero eso no te quita el poder ser digno de un trono, diez puntos extra por mantener guardados tus pensamientos, eso me indica que tus modales son los correctos- por kami, jamás creí que me diría algo asi.

Y pensar que estuve asi de cerca de insultarlo.

-Escoge una señorita del salón y baila la "gloria", debo evaluar tus capacidades rítmicas y sociales- seguro lo que quería no era eso, si no ver como me movía, como se veía mi traje o quizás hasta mi trasero.

Cualquier cosa que dijese, no haría que dejase de pensar que era un depravado.

Mire por sobre el hombro, habían seis chicas en el salón, ninguna sobresaliente, vistosa o muy llamativa para mi gusto, la única pasable era una chica que estaba recargada en el barandal de una ventana, cabellera azul claro, ojos violeta, cosa que era bastante gracioso, usaba un vestido púrpura oscuro y unos zapatos en alto color negro.

-¿Me permite esta pieza?-exclamé, ella se giró, al parecer no creía que la fuese a escoger, se sonrojó de inmediato, sé el efecto que produzco en la gente cuando uso las palabras adecuadas, y como esperé, ella no se negó, es más, vi como le hizo un gesto de burla al resto y las demás chicas se mordían las bocas de frustración.

Estuve tentado de decirles "frustrence, a mi me gusta un hombre, sólo debo aparentar ser heterosexual por una regla ridícula que eliminaré si me escogen rey"

-Su alteza, es un verdadero honor que me haya escogido- y como siempre, me daban las gracias..

-El placer es todo mío- una sonrisa, un poco de glamour y ya estaba, me movía como cual mariposa por el salón. Elegantemente y aburrido.

Muy aburrido.

Así estuvimos durante treinta minutos, danzando tan monótonamente que hasta sentí, se me dormían los brazos en la cintura de la niña.

-Suficiente- apenas escuché la voz del hombre me detuve, sin antes despedirme de la joven y darle un beso en la palma de su mano.

-Volvamos a bailar un día-

-Será todo un placer alteza-

-En tu cara- pensé, si este teatro no servía para un buen puntaje entonces no sé que haría por obtener uno bueno. Luego el pareció anotar algo.

-Excelente, sociabilidad increíble, respeto y elegancia al bailar; supongo que no debo decir a quien escogeré para ser sucesor al trono- ¡no cabía en mi emoción!.

-Sin embargo-

No me digan… ¡fue el pelo!, ya sabía que no debía atarlo, o quizás se vio muy falso, o que sé yo, lo único que no quiero es desilusionar a mis padres.

-Aún falta evaluar a un príncipe, espero tenga la bondad de excusarme unos minutos mientras le evalúo-

-Como guste señor-

Dentro de mi corazón algo me decía que aquello no era bueno, ¿otro príncipe?, se supone yo era el último en ser evaluado, y ninguno de los presentes había sido tan buen candidato como lo había sido mi persona, algo me hizo temblar. Me empezó a recorrer un extraño calor, y un pánico inconcebible estaba carcomiéndome las entrañas.

-Perdone el retraso- el sonido de las puertas al abrirse, de unos zapatos caminando por el salón, una silueta se acercó, creí que me saludaría, pero me equivoque.

En vez de eso, posó sus ojos sobre mi rostro, y justo en ese momento, percibí como un aire frío se adueñaba de todo mi cuerpo.

Hubo algo en ese chico que me pareció muy familiar.

Y justo, cuando se dignó a retirar el velo que cubría su cabeza me quede perplejo mirando el color de su cabellera.

Negra con flequillos blancos.

Esto no podía ser verdad…

-Quítate niño bonito- recordé su voz, la vez que le contemplé corriendo por las calles, la bolsa que llevaba, el traje, incluso recordé la diadema que se la había caído en ese momento y que aún guardo.

No se suponía que fuese un príncipe, o eso era lo que menos me esperaba que fuera.

-Un placer conocerte- lo mejor era sociabilizar con él, de esa manera quizás tuviese una oportunidad para hablarle, era mi oportunidad, ¡debía serlo!

-Hn- sin embargo él no me dirijo palabra alguna, y mucho menos me correspondió el saludo, en vez de eso me fulminó con sus ojos carmines.

Y sus ojos me miraron con puro odio.

-Hiei Jaganshi- exclamó, una voz grave, noté que las palabras salieron con poco ánimo de su boca. Yo estaba perplejo mirándolo, un traje color azul seda adornado con una diadema cubría su torso superior, traía una espada similar a la mía con ribetes verdes, y el pantalón de franela cobalto estaba adornado junto a un dragón en el costado de su muslo.

-Ya me habían informado joven que su llegada se retrasaría, si no le molesta proseguiré al examen-

-Como guste-No podía quitar la mirada de sus ojos.

Ese color de ojos.

Esto debía ser una broma de mal gusto, era como si yo no le importará, ¡Como si fuese un maldito extraño!

Lo he visto en dos ocasiones, dos ocasiones que guardé en el fondo de mi corazón, ¡y él ni siquiera se digna a saludarme ni por cortesía!

-Me presentaré, mi nombre es Elliot Balgord, represento al país de Brunei, por lo tanto, es obvio que seré yo quien escoja a quien es digno de la corona del reino y de la mano de la señorita de Lisset-Louis, como supervisor debo de evaluar tus capacidades sociales, espero le haya quedado claro-

-Cristalino señor- escuchar como salían las palabras de su boca era aterrador, susurra cual viperina serpiente las frases, provocando que el sonido de su voz fuese similar al eco mecánico de un robot.

-Recítame el código de honor de tu país-el examinador le preguntó exactamente lo mismo que a mi, a diferencia mía, pude ver a través de sus ojos que estaba fastidiado como si el mero hecho de tener que hacer el examen para candidato al reino fuese una orden impuesta y no algo que esa persona deseara.

-Lealtad, gloria y misericordia-Elliot sonreía.

¡Ese maldito supervisor estaba dichoso con la presciencia de ese joven!

Algo dentro hizo que quisiese estallar en rabia, a mi no me había sonreído, ni me había felicitado tan elocuentemente con algún gesto de su cara o de sus manos.

-Adoro la manera en que te expresas, sereno, sin rodeos y justo lo que te preguntan; se nota la diferencia de crianza de tu reino-

-Hn, Gracias- es un hipócrita, ¡cualquier notaria que todo era una pantomima!, y que esa no era su verdadera manera de ser, ¡si se notaba a leguas que estaba muriéndose por córtale el cuello a Elliot!.

Tuve que admitir que era muy bueno, realmente bueno actuando.

Y que estaba enrabiado en celos.

-Debo decir joven que estoy en una encrucijada-

-¿Excúseme?-

-Sucede que el joven Shuishi aquí presente- me señaló con cierto aire de desprecio, no tenía que ser un genio para notar que a pesar de todo mi potencial no le agradaba mucho-Es uno de los mejores príncipes que he tenido la dicha de evaluar, y a decir verdad no sé por cual de ambos decidirme-

-¿Se le ocurre alguna idea con todo respeto señor?-

-Pensaba que asistieses hoy al baile de su cumpleaños, así tendré más tiempo para observarlos a ambos mientras me decido-

-Hn-

-Mientras tanto debo evaluar tus capacidades de sociabilidad, lástima que no hay ninguna señorita con la que puedas bailar puesto que todas se han retirado a sus habitaciones a cambiarse por el baile- exclamó imitando cierto aire de frustración. ¿Qué era lo que se le había ocurrido?

-¿Cómo me evaluara entonces?- sentí un dejo de tristeza en su voz, extraño, cambiaba sus emociones rápidamente.

No pude diferenciar bien aquel sentimiento.

Pero en el fondo, fue como el silencioso grito desesperado de alguien.

-¿Tan importante es para usted joven el que le evalué?-

-Asé es-

Deseaba saber por que era tan importante para él esta estúpida prueba.

Deseaba saber por que parecía estar actuando fuera de si.

Y hubiese deseado saber por que me odiaba tanto.

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-¿Te creías que te haría un mendigo Hiei?; demasiado aburrido para tu persona, sería muy simple la historia y no tendría chiste; ¡mira como subiste de nivel en dos planas!; primero te puse como un pordiosero, y ahora eres un príncipe ególatra ¡que además me odia!- sonrió, pasando un dedo por la plana palpó la tinta fresca que yacía en la amarilla página. Tenía muchas faltas ortográficas, las que luego se encargaría de corregir cuando tuviese tiempo; empezó a esbozar lo que parecía un dibujo de aquella escena, retocando el dragón del muslo y la expresión de los ojos.

-¿Qué por qué hice que me odiabas en la primera plana?; digamos que me inspiré cuando nos conocimos, ¿no fue un amor a primera vista verdad?- esperaba una respuesta, y aunque bien sabía ella no llegaría ese día, dejó la pregunta en el aire.

-Leeré el último párrafo que he escrito hasta ahora; no me digas que soy un vago Hiei, es que apenas me da el tiempo para seguirte la historia, ¡pero te prometo tener uno o dos párrafos para mañana, me quedaré hasta tarde para que la puedas escuchar!-tomando un vaso de agua que la enfermera le había dejado cerca de la mesa, se despejo la garganta y siguió leyendo.

Y en ese momento, la pequeña boquita de Hiei dejó salir una bocanada de aire como un resoplido de fastidio, pero el pelirrojo no pudo verlo.

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-¿Esta seguro de esto señor?-pregunté, no me hacía mucha gracia tener que hacerla de "damita", pero el pelinegro ese había insistido tanto en que le evaluaran que no tuve más opción. Bueno, no es que me desagradara tanto la idea, pero sería mucho mejor si llevase pantalones.

Cuando escuché "muy bien, entonces bailará con el joven Minamino", al comienzo me saltó el corazón, y me tembló la boca.

¡Bailar con él sería algo que ni siquiera los dioses me habrían concedido!;¡ y es que de hace dos años tengo una extraña fascinación por ese chico!; no pode borrar de mi cara aquella expresión, quizás me veía estúpido de felicidad.

Pero cuando escuché la frase "hn, supongo que yo seré el hombre, por que me deben de evaluar" me quede en blanco, y seguro tenía la cara azul.

No todo podía ser color de rosa, ¿cómo le gustaría vestido de mujer?, seguro le desagradaría enseguida.

-Muy bien, baila la gloria, joven Jaganshi-

-Hn-

-¿Es necesario me vista de esta manera?-él me quedo mirando, y sólo torció su boca, cerrando los ojos me estiró la palma de su mano como cuando le pides a alguien bailar.

-Si hubieses estado vestido con esos pantalones apretados ni muerto te pediría bailar, baka- no era agradable, y se la pasaba insultando la mayor parte del tiempo.

Aun así, no sé por que tuvo ese efecto en mi.

-¿Así?-pregunté.

-Supuse, te verías bien en un vestido, y a mi me gustan las "parejas" normales- pero al oír aquello mi nube se rompió, normal…yo no era normal.

Y al parecer a Hiei le desagradaban los de mi clase…por decir algo.

-Hn, si repruebo por que resultas un fracaso en bailar te mato- susurró en mi oído, y entonces una mano apretó mi cadera con fuerza, me habían hecho poner un vestido celeste y soltado el cabello.

-Te sorprenderás entonces, por que soy muy bueno- exclamé, si me había declarado la guerra quería saber el por que.

-¿A sí?-

-Es más, puedo asegurarte de que no querrás cambiar de pareja hoy- y con cinismo le fulminé picaronamente con mis ojos verdes, a lo que el pareció sonrojarse un poco.

-En tus sueños, por que contigo no quiero tener nada- volvió a susurrar.

O no mi amigo, yo siempre tengo razón.

Y tengo la seguridad para afirmar que hasta podría ganar esta guerra, y que caerías rendido a mis pies.

Sólo necesitaba tiempo para ello.

Continuará-


Bien, eso ha sido, sé que quizás no avanza tan rápido como esperarían, pero puedo decirles que es muy interesante la historia, y que por el momento cuento con 7 capítulos ya escritos, de una cuenta mentalde 15.

Muchas gracias a quienes leen, y a quienes visitan mis ficks.

Sin ustedes no sé que sentido tendría hacer esto, por que si les digo la verdad si no hubiesen lectores tan lindos como ustedes en esta sección de yyh (que es la única que me gusta para escribir) no estaría en fanfiction y me quedaría en el foro de ss yaoi dibujando.

Sin más, nos vemos en dos semanas.

Gracias especialmente a:

Nejito, kitty_wolf, angg, rose-rosi, Sakura-chan05, -ReScUe-CoLuPtOr-, Roronoa Minamino, En-Satsu-Rengoku-Shou, y Nyx Eriineaa Kitsunee


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León…

Los dos salimos de una jaula que se congestionó…

¿Estará riendo como lo solía hacer?...

Te amo tanto…

¿Buscarás a alguien que se parezca a mi?

Te amo, perdóname…

-León-