DE AMOR Y TRAICIÓN.

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CAPÍTULO I

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Breves notas de la autora y de la co–autora:

Créditos financieros para los mismos de siempre.

Gracias a las personas que enviaron un review, un favorite o un follow a la historia. Agradezco inclusive a quienes la hayan leído, pero les pido que dejen al menos un comentario pues no hacerlo, es como agarrarnos una teta y echarse a correr, xD. Algo así, en fin, gracias a las personas que han seguido esta continuación.

Quería comentar que a diferencia de la pasada entrega, De Amor y Traición es una historia muuuucho más larga y eso significa también que avanza lentamente. Los que están acostumbrados a nuestros mega capítulos, pues hay más de ellos, a quienes no, les aconsejo: una buena taza de té o una limonada para su disfrute. A mi me encanta con un buen deslactosado y un bizcocho.

Por cierto, quiero hacerles la invitación de que se unan a un foro temático y para que sepan más de ese grandioso espacio, pónganse en contacto con LadyMischievous07 por pm. ;3

Sin más: ¡Bienvenidas al reinado de Thor y Loki!

ADVERTENCIAS: M, AU, lemon.

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Capítulo I:

Jamás se acostumbraría a verlo de esa manera.

Le acarició la frente lentamente, dibujó con las yemas de sus dedos la expresión serena del hombre que amaba. Le hubiera gustado que despertara del trance en el que se encontraba, que le dirigiera una mirada de ternura, de complicidad y de amor. Odín no necesitaba ambos ojos para expresar lo que sentía pero hacía tiempo que Frigga sospechaba que era la única que podía leerlo. Sonrió pensando en ello, en el perfecto matrimonio en que se convirtieron al paso de los siglos; y luego su gesto demudó en una profunda tristeza. Alguna vez se dijo que se acostumbraría, que con el pasar de los sueños que el rey tomaba, se acostumbraría a verlo así. Pero no era verdad. Le echaba tanto en falta que no podía estar sin verlo al menos unas horas al día para serenar su espíritu.

–Cariño –le susurró.

Tomó una de sus manos entre las suyas. Desde la primera vez, descubrieron que Odín podía escucharla debido a su seidh, así que alistó sus pensamientos para que cual guerreros desfilaran en orden. Frigga le contaba lo que sucedía a su alrededor, esa era la razón por la cual se creía que el Padre de Todo continuaba observándolos aún en la inconsciencia. Sin embargo él no podía responderle, y ella no podía despertarlo antes de tiempo. Siempre se preguntaba cuánto duraría, ¿eones o apenas un lustro? Lo que menos le gustaba pensar era si sería la última vez o si Odín podría tomar energía de la ciudad a la que estaba unido como Padre de Todo y volver una vez más.

Dejó de lado esos pensamientos pesimistas y se concentró en su tarea.

–Amado, el reinado de nuestro hijo ocurre con algunos tropiezos, tal como pensaste que pasaría. Me he hecho nombrar Reina Madre pues los concejales y miembros de la corte no dejaban de buscarme para que solucionara conflictos o les diera consejos, ¿puedes creer que después de hablar conmigo iban en busca de Thor o de Loki y les decían que mis palabras tenían carácter de orden? No tengo ninguna intención de tener un puesto político ni socavar la posición de Loki como consorte de Thor, así que me retiré. Ya te imaginarás que a Loki le molesta que lo consideren la reina igual que se enfada si no lo tratan como si lo fuera. Les he dejado la corte, la política, las intrigas, los concejos, la guardia e inclusive las festividades. Sólo me ocupo de Hërin. Ha crecido mucho y sigue siendo igual a Thor en aspecto aunque tan tranquilo que me hace pensar que así era Loki cuando bebé.

Acarició sus dedos por un instante antes de retomar el hilo de su narración.

–Los embajadores que conocimos se han marchado de la corte, igualmente varios nobles pidieron permiso para retirarse a sus asentamientos en las provincias. Se han quedado tus concejales y algunos capitanes del ejército. Si por eso has pensado que Valaskialf está tranquilo, te equivocas. De inmediato los hijos de los mismos nobles que se fueron solicitaron vivir en la corte en vez de sus progenitores, y otro tanto hicieron por su cuenta otros jóvenes; nuestro hijo les dijo que sí a todos sin meditarlo. Entonces le señalé que eso no había sido correcto, que debería consultarlo con Loki ya que él tiene que vigilar el orden y funcionamiento del palacio, así que le delegó la tarea. ¿Sabes qué ocurrió? A partir de ese momento Loki negó cualquier petición sin siquiera pensarlo.

Se detuvo para reírse un poco.

–Lo mismo ocurrió con los matrimonios. La corte está confundida en cuanto al papel de Loki. Lo nombraste Lord Consejero de Thor para que le ayudara, no en balde hiciste que le instruyeran ni le señalaste a nuestro hijo lo inteligente que es pero… nadie sabe qué asuntos tratar con él; sé que emulaste esta figura de los svartálf y sólo ellos entienden que significa pero aquí en nuestro reino, piensan que es la forma cortés de decirle reina. Los permisos de casamiento los abordaron directamente con Thor al principio, tu hijo dijo que sí a todos nuevamente. Le da lo mismo con quién se desposen, excepto que al capitán de los einheriar le salieron tres doncellas con autorización de ser sus esposas y él no entendía si el Rey le daba la oportunidad de tener tres mujeres o había un error. Desde luego que Loki lo solucionó, anuló todos los permisos previos. La ambivalencia de ambos ha sumido la vida cortesana en caos.

Esas eran las partes que a Frigga le causaban gracia porque no tenían tanta repercusión política. Su tono de voz obtuvo una inflexión más seria.

–Tus concejales, no sé qué pensar de ellos. Verás, el tesorero Gamli y el gobernador de Gundersheim, Ragnheidur; continúan haciendo mancuerda, me han estado evitando, yo creo para que no pueda hablar con ellos y entrever sus intenciones. El nuevo gobernador de Harokim, Finnur se les ha unido de inmediato. Harma, ya sabes cómo es Harma; me agrada y siempre me ha ayudado en lo que ha podido pero cree tener sangre de Bor en las venas. Dice que sí, si le agradas; dice que no, si no le has caído bien; y si no le interesa, se abstiene de votar. Sif no está, continúa en Alfheim y no creo que tenga intenciones de volver pronto, no le gusta la vida en palacio y comprendo que prefiera estar lejos. Y finalmente Hagbard, el gobernador que yo te pedí nombrar para Nidavelir, él está solo. Completamente solo. Por cierto, quiero decirte algo de Egill, tu secretario. Tu hijo está pensando en jubilarlo pero no puede porque es el único que puede ayudarle y explicarle lo que tú has dejado. A veces pienso que debiste de permitirle a Thor elegir a su concejo y no dejarle el que tiene pero claro, posiblemente ahora Fandral estaría manejando la economía de Asgard.

Tuvo que negar un momento con la cabeza, no era que el joven le desagradara pero siempre había una herramienta para cada trabajo.

–Percibo una especie de tensión en Asgard. A veces creo que elegiste el peor momento para tomar este Sueño, aunque sé que no puedes controlarlo –soltó un suspiro cansado. El tiempo que pasaba con Odín se le iba como arena entre los dedos. –Debo irme por ahora, pero volveré amado, siempre lo haré y espero que tú también –dijo, y con ello se despidió con un beso.

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El mayordomo, Valdis, se acomodó en el comedor destinado a la servidumbre; junto a él se sentó Radha quien era el visir de los pajes. El jovencito portaba ropa oscura y llevaba bordada en la solapa una flor dorada similar a un crisantemo, se trataba de la flor de Frigga, la librea de la reina, aquellos que la portaban servían exclusivamente en los aposentos reales, se suponía que eran los más fieles, silenciosos y discretos en todo el palacio. En un principio, Radha le había desagradado por su torpeza; pero ahora, con todo el trabajo que tenían empezaba a cogerle simpatía. Se saludaron con un breve movimiento cada cual perdido en sus pensamientos y empezaron a comer de prisa.

La ascensión de Thor al poder había atraído irremediablemente a un montón de jóvenes nobles y damas que buscaban granjearse el favor del rey, labrarse un futuro, conseguir un matrimonio ventajoso y, cómo no, divertirse. La corte estaba irreconocible. Si Odín despertase ese mismo día se preguntaría quiénes eran todos esos que ahora ocupaban el castillo. A su alteza Frigga le fue concedido el título de Gran Reina Madre y junto con ello, aquella sabia mujer que él adoraba anunció que la administración de palacio pasaría a manos de Loki. Al mayordomo por poco le dio un desmayo.

Ese era otro de los motivos por el cual la vieja guardia de la nobleza se había replegado. Había una gran expectativa acerca de qué tan estricto sería Loki en su vigía de la vida de palacio. El viejo embajador élfico que se había retirado; se despidió de Valdis con un obsequio, su cava de vino élfico casi intacta, y al marcharse había profetizado que se avecinaba una era de promiscuidad en el vestir, libertinaje en los amores y festines pantagruélicos acompañados de una marejada de alcohol. Valdis procuró no horrorizarse. De todos modos, él no podía huir.

A su informal comida se le sumó Ertan, el capitán de la guardia. Él cual había sufrido mucho menos con todos los cambios acontecidos recientemente pues estaba en funciones desde el reinado de Odín. Igual era muy joven, apuesto y amable; tenía una larga fila de admiradoras deseosas de echarle el guante y casarse con él, pero por el momento el capitán no había demostrado preferencia por nadie.

–Valdis que bueno que te veo, la embajadora de Alfheim me pidió recordarte que necesita una sierva más para atender a su hija. –Le pasó el mensaje al mayordomo el cual rodó los ojos.

–Dgeir arribó ayer, y hace poco recibimos a Eredlindon, el nuevo embajador elfo; y el nuevo embajador vanir está por ser ratificado. ¿Por qué será que cambiaron todos los embajadores? –Con sus respectivos guardias, acompañantes; y que necesitaban que se les acondicionaran aposentos, se les recibiera y se les organizara cenas de bienvenida. Por culpa de estos embajadores era que ellos estaban tan ocupados pues además Loki se había desentendido de hacerse cargo de ellos.

–Dijeron que a su edad lo único que ambicionaban era un retiro tranquilo pero todos saben que… ¿cómo explicarlo? Están abandonando el barco mientras pueden. Están asustados de ver Asgard en manos de nuestras majestades, Thor y Loki –dijo Valdis; Ertan y Radha se mostraron ofendidos con el comentario pero al mayordomo le dio igual.

–Yo creo que el general Thor hará una excelente labor –opinó Ertan –es un soberano honesto, preocupado genuinamente por sus súbditos y de gran corazón. –Radha asintió enfáticamente.

–A veces se me olvida que ustedes dos provienen del ejército –les replicó el mayordomo –por eso lo veneran pero aunque tenga todas esas cualidades, no son suficientes para hacer de él un rey como su padre. –En eso Valdis tenía razón, el estándar que Odín había establecido sería muy difícil de igualar. Un hijo no era igual a un padre; por no hablar de que un consorte real difícilmente era una reina. –El embajador elfo no parecía feliz a su llegada.

Ertan asintió. Loki le había asignado a él la tarea de acudir a recibir aquella comitiva en el Bifrost. Nunca había hecho algo similar así que hizo lo mejor que pudo. Alistó una compañía de einheriar en armaduras de gala y un grupo de pajes que debía trasladar el equipaje que llevasen consigo. Eredlindon acudiría acompañado de la princesa Lara, la sobrina del rey Larus, quien estaba destinada a pasar una temporada en Asgard con la esperanza de que Thor le forjara un matrimonio cuya finalidad era fortalecer lazos entre reinos.

–Creo que esperaba un recibimiento más… –Ertan buscó la palabra –¿regio? –. Recordó la expresión inicial de sorpresa por parte de los elfos al verlo arribar para darles la bienvenida y luego su incomodidad al comprender que nadie de la familia real se apersonaría en el Bifrost por ellos.

–Su majestad Frigga siempre recibía a todas las embajadas de otros reinos –dijo Radha en un susurro.

–Y si no podía acudir en persona, igualmente lograba hacerlos sentir cómodos y bienvenidos después –añadió Valdis, aduciendo al tradicional festejo que la reina organizaba para los extranjeros. –En cambio Loki los dejó en nuestras manos. –Los había invitado a cenar con Thor y con él para conocerse formalmente pero aquello fue más bien privado y pequeño, como si Eredlindon y Lara tuvieran que agasajar a los reyes de Asgard y no al revés.

–Creo que los elfos son un tanto pretenciosos. Dgeir de Alfheim se mostró más que feliz con nuestro lord consejero –dijo Radha. Luego de que Ertan la recibiera en el Bifrost y la escoltara al castillo, Radha se había ocupado de instalarla y después la condujo a una audiencia con Loki acordada de antemano. Como Loki no tenía ningún secretario aun, Radha se había quedado para cumplir esa función y presenció todo el encuentro. –Conversaron como dos viejos amigos, se conocieron en la guerra de los cuatro reinos –como se llamaba oficialmente aquel conflicto–, le dio noticias a Loki acerca de lady Sif, de Hogun e inclusive de lady Danna y su matrimonio con el rey Adalster.

–Eso no los vuelve amigos –contradijo Valdis –pura cháchara banal. ¿Acaso crees que Loki no está más que informado de todo eso? –Radha se puso rojo.

–Le contó de la reconstrucción del reino, inclusive le habló de una flota de elfos oscuros que naufragaron hasta Alfheim –Ertan levantó la mirada, era raro oír mencionar noticias acerca de esos proscritos. –Y también le dijo que Danna está embarazada –Valdis movió la cabeza pero sonreía ante aquel jugoso chisme. –E hizo todo eso mirándolo con veneración.

–¿Radha? –Preguntó Ertan, –¿tienes permitido contarnos todo esto? –Preguntó el capitán. El visir volvió a sonrojarse una vez más y se quedó callado.

Habían tenido un problema respecto a eso. Cuando Frigga nombró a Loki como vigía de la vida de palacio, el lord consejero dejó que las cosas fluyeran por su propia inercia sin meterse en lo más mínimo durante los primeros meses, era claro que aquello no le interesaba, ante ello los pajes, heraldos, las doncellas de compañía y demás empezaron a ser algo impuntuales, un tanto descuidados y muy indiscretos. Hasta el incidente en la biblioteca privada de Loki. Todos los siervos sabían que las habitaciones reales estaban rodeadas por una barrera mágica que impedía escuchar lo que se decía en su interior, una medida de su desconfiado lord consejero. Sin embargo, aunque no se podía oír, mirar era otra historia. Uno de los siervos, al entrar en ese recinto, había sorprendido a Thor y a su consorte en una posición un tanto… inusual. El chismorreo corrió por toda la corte, todos se enteraron que había visto al rey de rodillas ante el hechicero, medio desnudos los dos, lo que estaban haciendo quedó en la imaginación de cada cual.

Cuando Loki supo, porque era obvio que iba a enterarse de que aquel había hablado, montó en fría cólera. Por primera vez mandó llamar a Radha y a Valdis ante él. Los había saludado a ambos con una sonrisa cargada de amabilidad. Ese día nombró a Radha visir de los pajes, encargado de forma directa de los sirvientes de la librea de la reina. A Valdis, bueno, a él no podía darle un nombramiento más alto que el que ya tenía pero le aumentó el sueldo y le concedió mayor poder sobre todos los sirvientes de palacio sin importar el cargo que tuvieran. Ambos recibieron aquellas noticias con sendas sonrisas y caravanas agradecidas. A continuación Loki se revistió con inesperada severidad y le ordenó a Radha despedir con carácter inmediato a todos los sirvientes de los aposentos reales y conseguir nuevos cuya principal cualidad debía ser la capacidad de cerrar la boca. Añadió que le pediría cuentas personalmente como la servidumbre cometiera el mínimo error.

–¿Es cierto que Loki obligó a todos los nuevos sirvientes a hincarse ante él y jurarle no repetir lo que veían u oían en los aposentos reales? –Preguntó Valdis.

–Juré no decirlo –respondió Radha. Ertan soltó una risa por lo bajo y el mayordomo negó reprobatoriamente.

–¿Qué hay de ti? –dijo Ertan. –Dicen qué Loki te tiene bien vigilado.

–Y qué te tiene sujeto por los cojones –apuntó Radha, todavía dolido por la burla que le dispensaron.

El mayordomo miró a los dos, él sabía bien que siervos eran leales a quién. Estaban los que informaban a los concejales, los que hacían lo mismo por líderes gremiales y comerciantes, los que espiaban para los embajadores, los que pasaban chismes a las damas de la corte y a los nobles y así. Él había sido fiel al mejor postor en el pasado pero Loki le había dejado en claro que no iba a tolerar su ambivalencia. Por cierto, Radha y Ertan eran muy fieles a Loki y a Thor.

–Después de amedrentar al pobre Radha aquí presente –les fue relatando con su mejor cara de sepulturero. –Se volvió hacía mí y me dijo: "¿Valdis, qué opinas de mí persona?". Pensé que era alguna especie de broma pero me miraba como halcón a una presa, tuve que decirle que lo tenía en un muy alto concepto y dorarle la respuesta con halagos y cumplidos. –Ertan seguía la plática con expresión extrañada. – "Entonces, ¿no te parezco un imbécil?", fue la siguiente pregunta. Yo ya no sabía de qué iba él, juré que no. "Bien, entonces te aconsejo que no intentes tratarme como si lo fuera" fue lo último que me dijo antes de ordenarme que metiera en cintura de inmediato a todos los que hacemos funcionar el palacio porque además, se dio el lujo de contarme que anunció que el puesto de mayordomo real posiblemente estaría vacante y luego me mostró una larga lista de gente que se ha apuntado para ocupar mi lugar.

Radha y Ertan negaron pero sonreían ante el rostro burlado de Valdis. Ahora estaban los tres en el mismo bando.

Un paje llegó corriendo para decirles que Loki preguntaba por Valdis y por Radha. El mayordomo se puso en pie.

–Veamos que desea nuestra… majestad –dijo, pero Radha y Ertan estuvieron seguros que la palabra a punto de brotar de su boca había sido: reina.

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Pasó los pergaminos uno a uno mientras Egill se los iba tendiendo, en su mayoría eran asuntos que su padre dejó resueltos antes de sumirse en el Sueño y únicamente requerían de su firma para que fueran ejecutados. Thor lanzó una ojeada a la pila de papeles, se le antojó que era mucho más grande que el día anterior y especuló acerca de si Egill ocultaba pergaminos entre sus ropas para que no los viera hasta que se los presentaba, luego rió, el secretario era un venerable anciano que difícilmente haría eso. Egill lo miró sin entender su espontánea carcajada. Ninguno de los dos se había cogido gusto y se sentían extraños uno con el otro en el desempeño de sus funciones. Egill lo veía como en sus recuerdos, como el niño que corría por todo Valaskialf como un torbellino y Thor lo recordaba como el anciano que ejecutaba las órdenes de sus arrestos que se sucedían cada vez que contravenía las ordenes de su padre.

–Esté es el informe de la situación en Alfheim por parte del canciller Starkag –le entregó.

Thor lo colocó en la pila que tenía justo a su otro lado, que él mismo había catalogado como: documentos que debo leer pero que no sé cuándo lo haré.

En el siguiente, Egill empezó a relatarle de qué iba el asunto. Una de las primicias en el gobierno de Odín era que no había asunto demasiado pequeño que no quisiera conocer. Como rey, desde luego que no podía estar en todos los lugares, por ello tenía a los gobernadores, maestres y representantes, pero todos ellos le informaban a su vez a él de los sucesos más relevantes y muchas veces sólo presentaban cómo los habían resuelto en espera de que lo hubieran hecho bien. Thor sabía que sacarle una palabra de felicitación a Odín era imposible, pero un leve asentimiento de cabeza bastaba para que te enorgullecieras de ti mismo. Ese tipo de gobierno era el que le había dejado a Thor, que ahora se veía inundado por todos esos reportes que él obviamente jamás había resuelto antes.

–Al menos estamos en paz –se dijo a sí mismo.

Su reinado había iniciado meses atrás. No se había reunido con el concejo más que para la presentación oficial, se acordó posponer las sesiones para dejar, que tanto el rey como los dos nuevos gobernadores: Hagbard de Nidavelir y Finnur de Harokim, se acomodaran en sus reales puestos. Era potestad del rey nombrar a los gobernadores y maestres, así como a los generales –con sugerencias de sus allegados– pero su concejo Thor no lo eligió, su padre se lo había heredado. Echó otro vistazo a la pila de papeles que firmaba y se preguntó si Loki estaría tan apabullado como él.

–Y este es el informe de Erwel acerca de Nornheim –continuó Egill.

Su padre había nombrado a su consorte Lord consejero pero no trabajaban necesariamente juntos. De hecho a veces Thor sentía que si no fuera por las noches y las comidas, no lo vería. Por las mañanas, le placería quedarse enredado al cuerpo de Loki pero en vez de ello, se arrancaba del lecho cuando Loki se levantaba y él debía ir a entrenar. Era el rey y se esperaba que continuara siendo un formidable contendiente, solía desayunar con su madre y después visitar a Hërin antes de encerrarse por horas con Egill. A veces inclusive comía con el viejo anciano. Y luego estaba la cena, pero no era una comida privada con su amado. Siempre había algún invitado, un comerciante, un delegado extranjero, los concejales, algún noble. Thor recordó entonces porque no cenaba jamás con su padre y era porque aquella comida se volvía una ceremonia en la agenda llena de… era demasiado cortesana. Cuando estaba ahí echaba en falta sus cenas con los tres guerreros y Sif. Sus amigos continuaban en Nornheim y Alfheim, Thor consideró seriamente mandarlos a llamar con carácter de ley.

–Y esta es una carta de la general Sif –murmuró el secretario.

Thor casi se la arrebató de las manos, no creía que fuera un relato detallado de su vida en Alfheim y si lo era, al menos no llevaba la palabra "informe" por delante.

"Sif, diosa aesir de la guerra, concejal del ejército, general de los ulfhednar y capitán de los alfh; a su rey Thor.

Las cosas en Alfheim marchan a pasos agigantados. Estoy sorprendida por la tenacidad de esta gente. Están luchando por la restauración de su reino con todas sus fuerzas. Bendito sea tu padre por sus estrategias políticas. Debo contarte que se percibe entre el pueblo que la destrucción de su reino fue obra de Jötunheim pasando por alto que en su momento nosotros igual fuimos sus enemigos y que ahora además somos sus dueños. Mi padre continúa con la misma línea de gobierno establecida por el tuyo. Mi prima Danna está feliz con su nombramiento como reina, le tiene bastante cariño a Adalster. Mi madre se conduce con la solemnidad de una emperatriz aunque oficialmente no tiene ningún título. La tengo vigilada no sea que logre hacer estallar otra guerra. Por cierto, nuestro rey tubérculo pone a prueba mi paciencia pero mi padre dice que aprende bien y que será un gobernante que cumpla nuestras expectativas.

Por último, confío en que tu correo sea tan seguro como lo era el de tu padre. Quiero contarte que volveré a palacio la próxima temporada. Ya sé que eres mi rey y que debí pedir tu permiso primero como dama de la corte que soy pero igual somos amigos así que para qué perder nuestro tiempo pretendiendo que cumplimos con el ceremonial. Quiero que sepas antes que nadie, excepto que mi padre, que estoy comprometida, no tengo que decirte con quién.

Te extraño, ya quiero festejar estas noticias contigo y con Loki".

La cerró pensando durante unos segundos en la noticia que le acababa de dar, se alegró por Sif y deseó que ya estuviera en Valaskialf.

–Aquí tiene el informe de las cosechas de Harokim –continuó Egill sin tener en cuenta si Thor le estaba prestando atención.

Thor pensó en el día de su coronación, la pasó en ascuas, no recordaba casi nada de la ceremonia y eso que no había bebido nada para variar. Todo el tiempo tuvo un nudo en el estómago. Por un lado había sido el momento que tanto espero y por otro el que tanto temió. El que su padre lo precediera le enorgulleció. El que lo considerara listo para tomar las riendas de Asgard sumió a Thor en un sentimiento arrobado de satisfacción que no podía describir, sin embargo no olvidaba las advertencias que su padre le hizo antes de sumirse en el Sueño.

Soltó un leve suspiro y cogió el siguiente pergamino que Egill le dio.

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Por ser la primera reunión del concejo, Hagbard llegó temprano. No quiso estar solo en la sala por lo que permaneció afuera esperando que alguien más llegara. Era la primera vez que estaba ahí, y no podía negar que estuviera nervioso. Tenía las manos cargadas de peticiones. Una era de suma importancia que deseaba formularle al rey y al resto de sus pares, un subsidio para la industria de Nidavelir. El resto que llevaba se las había entregado gente que ni siquiera conocía. Desde sus aposentos hasta las escaleras, varias personas se le acercaron con pergaminos repletos de solicitudes propias. Hagbard no los había leído, sabía que no debía presentar algo que antes no hubiera examinado, como le recomendó Erwel. Cuando vio que el tesorero y el gobernador de Gundersheim se acercaban, se alegró de notar que no era el único que tenía las manos a rebosar.

Los saludó con un movimiento de cabeza y ellos entraron de inmediato a la sala. Hagbard no podía decir que fueran sus amigos. Ragnheidur con su desprecio, dejó bien en claro en la primera reunión y en las cenas posteriores donde se vieron, que lo consideraba indigno de su presencia. Jamás le dirigía la palabra y si tenía que decirle algo, consiguió que fuera Finnur, el otro gobernador, el que hablara con él. El sentimiento de detestarse era mutuo. Harma y Finnur llegaron a los pocos minutos entretenidos en su plática. Hagbard entró y se sentó al final de la larga mesa, frente a una silla vacía que correspondía al representante del ejército: Sif. La nombrada diosa de la guerra continuaba en Alfheim y su voto era una abstención para todos los efectos.

El rey llegó por fin, con Egill que andaba agitado detrás del paso veloz del soberano. Ahí, en medio de ellos, Hagbard no pudo evitar hacer la observación mental de lo joven que era. Desentonaba totalmente. Todos los concejales se pusieron a ordenar sus documentos mientras un heraldo anunciaba al soberano.

–Su majestad, nuestro rey Thor Odínson, primero de su nombre, tercer heredero del linaje de Bor, protector del reino, comandante supremo de los ejércitos del reino dorado. Señor de Alfheim, Nornheim, Jötunheim y… –el heraldo se calló como si se hubiera ahogado. Los concejales voltearon a verlo. El dios del trueno le había puesto una mano en el hombro silenciándolo.

–Ellos ya saben quién soy –le dijo con una sonrisa y pasó a ocupar su lugar.

Hagbard alcanzó a ver que Harma negaba al ver cómo le había pasado por encima al protocolo que llevaban siglos siguiendo. Una vez en su sitio el rey le hizo una señal al mismo heraldo y le dijo algo en voz baja. El aludido se perdió de vista entre las miradas extrañadas de los concejales y regresó con una frasca de vino y copas para todos. Ya no era sólo Harma el que lucía horrorizado. Hagbard se cubrió la boca con una mano para ocultar una risa. El vino fue servido a todos, Hagbard el primero en probarlo junto con el rey. El cual una vez acomodado a gusto en su lugar dijo:

–¿Por dónde empezamos?

El tesorero Gamli carraspeó llamando la atención sobre su persona. Hagbard se preparó. Erwel ya lo había advertido acerca de la mancuerda que tenían el tesorero y el gobernador de Gundersheim. Gamli era la vanguardia para las opiniones de Ragnheidur, jamás tenía una idea que al otro no se le hubiera ocurrido antes. Orquestaban todo de antemano y la discusión nunca era sino una puesta en escena. Por desgracia, esa pantomima que él esperaba, no la conocía su rey.

–Hemos recibido sendas peticiones de algunos nobles sobre el problema de los monopolios en Asgard, especialmente aquellos que versan sobre la producción del vino, la sal, el algodón y el vidrio. Es harto conocido que es derecho del rey otorgar monopolios a quién desee pero esas siempre han despertado encono dentro de la población, cada semana recibo nuevas peticiones sobre la abolición de lo que consideran una injusticia, no sé cuánto tiempo más podremos darles largas. El rey Odín tenía conocimiento sobre la molestia pero la aplazó queriendo que usted la resolviera.

El ex acerero vio como las cejas de Thor se alzaban, no parecía sorprendido de que su padre le hubiera dejado aquella tarea. Se hizo un momento de silencio entre los presentes, Thor observó por unos segundos al tesorero y Hagbard leyó en la expresión del joven cierta insistencia, estaba esperando que dijera algo más. Erwel le había contado que Starkag siempre hablaba por Odín, era quién hacia las preguntas por el rey llevando la conversación a donde quería el Padre de Todo pero no había nadie que hiciera esa función por el dios del trueno. Por un momento dudó, se preguntó si debía hacerlo él pero pareció que la boca se le pegaba y no encontró que debía decir rápidamente. El momento pasó cuando Thor volvió a hablar.

–Entonces… quieren que ya no haya esos monopolios –resumió Thor como buscando el punto que el tesorero quería darle.

–Pero no puede no haberlos –dijo de pronto Finnur de Harokim –los monopolios son una forma de recompensar a los leales al rey. Claro hay títulos, tierras, cargos y nombramientos pero resulta más barato concederlos que dar títulos a quién no los merece. Sin monopolios de este tipo pronto veremos nobles nuevos pavoneando su condición por los pasillos –dijo. Hagbard sabía que estaba hablando de él y sintió enojo al descubrir que Finnur había decidido atacarlo también.

–Estoy a favor de los monopolios que se dan a su descubridor o a quien los perfeccionó, quien descubre una mejor manera de teñir los guantes o de componer tipos. ¿Por qué debería aprovecharse otro de su trabajo? Si cualquiera puede apoderarse o compartir los beneficios de ello, ¿qué incentivo tiene nadie para inventar nada? –Expuso Harma.

–No son esos los monopolios en cuestión –negó Gamli –los injustos son los que he nombrado ¿acaso inventó el general Bran la sal? ¿Por qué entonces tiene que recolectar impuestos por ella? –Objetó de manera vehemente, inclusive le llameaban los ojos. –Expuse todo ello en mi panfleto, "sucinta exhortación a su majestad para que establezca la abolición de los monopolios otorgados por él mismo". Le he dejado una copia a Egill para que se la hiciera llegar –dijo el anciano tesorero. Hagbard lo había visto pero no pasó de la segunda página pues lo encontró mortalmente aburrido e intuyó que su soberano tampoco lo encontró motivante. –Inclusive hice el análisis de que no afectaría las finanzas de Asgard pues de todos modos no es dinero que el rey obtenga.

De pronto Ragnheidur se enderezó en su asiento y Gamli volvió a su posición en la silla, como si él no hubiera dicho nada.

–Hay otros monopolios que de hecho resultan despreciables y que me gustaría traer a colación ahora que es el momento –dijo con voz sonora. –No son inventos y no los otorgó el rey pero están ahí. Me refiero al nuevo monopolio de las importaciones. La seda midgardiana, joyería élfica, sales vanir… y otra serie de objetos que ahora abundan en el mercado. Es verdad que en Asgard no los hay y para obtenerlos debemos acudir a un mercante y antes había dos o tres que se dedicaban a cada uno de los productos y ahora resulta que sólo hay uno. Que todos responden a una sola persona. Me apena decir que es de Gundersheim, su nombre es Yrsa –de pronto golpeó la mesa sobresaltando a más de uno –¡debemos poner un freno al acaparamiento de esa mujer!

Y dicho de la boca de Ragnheidur parecía casi un hecho consumado. Hagbard retuvo el aire, tenía toda la intención de salir corriendo a contarle a Yrsa lo que se estaba cociendo en el concejo.

–Aquí tengo las peticiones sobre los monopolios –dijo nuevamente Gamli separando de los papeles que llevaba varios. Hagbard revisó los que le habían dado y constató que al menos más de la mitad eran sobre los monopolios. Harma hizo lo mismo y Finnur también. Egill los acercó a su rey. –Y una nueva copia de mi panfleto –añadió la copia que llevaba en las manos y pareció sólo en contentarse cuando todo eso terminó en manos de Thor.

Hagbard jamás había estado cerca del hijo de Odín como en ese momento pero estaba seguro de que al Padre de Todo no se atreverían a abordarlo ni hablarle de esa manera, lo dirigían como si fuera un escolar al que le asignaban tareas. En eso, reparó en las manos del dios del trueno. Desentonaban totalmente con las de los demás; que tenían piel impoluta y cortesana. Hagbard miró sus propias manos. Uno de los requisitos para ser líder gremial de lo que fuera, era saber el oficio, Hagbard dominaba las artes del metal y era algo que le enorgullecía, tenía varias quemaduras en las manos y las yemas tan callosas que a veces se le atoraban en los pergaminos cuando escribía. Y Thor, tenía las manos tostadas por el sol, y las palmas curtidas y maltratadas por el uso constante de armas. Sintió respeto por su nuevo rey por ese hecho.

–¿Pero que más dan esas exportaciones? –Intervino Hagbard motivado por la simpatía que sintió –seda, sales… son productos que no se catalogan como necesarios para la subsistencia, no es como si se tratara del algodón y en dado caso únicamente los consumen los nobles –le dijo. Hagbard sabía que Ragnheidur tenía varias nietas, seguramente clientas de Yrsa y al gobernador no le debía de haber gustado la última cuenta que le debía de haber llegado por los gastos de éstas.

–Porque son productos de lujo ahora ¿y después qué? –Predijo Ragnheidur –no voy a esperar a que las bridas de mi caballo superen lo que mis tierras producen.

–En dado caso habría que frenarles las manos a sus nietas, no a Yrsa –pero eso no se lo dijo Hagbard, únicamente lo pensó.

–¿Eso es todo? –Preguntó Thor sin dejarse amedrentar por la pila de trabajo que se le había acumulado.

–El festival de Høstblót está próximo –dijo Finnur tras beber de su copa de vino. Todos desviaron su atención a él –quisiera pedir una subvención para dicho evento. Como saben el año pasado fue suspendido por la guerra. Además de que la gran mayoría de nuestros jóvenes fueron reclutados como soldados y las cosechas no fueron óptimas, ya dicho sea de paso, tampoco la recolección de impuestos.

–La canción ya fue cantada, el vino derramado, la puta quedó preñada –soltó Hagbard. Era un viejo dicho para decir que no había nada que pudiera hacerse.

Thor soltó una risa pero fue el único que lo encontró divertido.

–Este año nos recuperamos sin duda alguna pero mientras –continuó Finnur lanzándole una mirada reprobatoria a Hagbard, y eso que era más joven que él. –Esperaba que Asgard ayudara a Harokim para que la fiesta sea tan esplendorosa como siempre ha sido –expuso.

Casi todos asintieron y nadie objetó nada.

–Yo quisiera pedir un subsidio para Nidavelir –dijo Hagbard tomando la palabra, no quería dejar pasar la oportunidad y de inmediato notó cierto par de ojos clavándose en su persona. –Así como Harokim es un pueblo agricultor y Gundersheim es comercio, Nidavelir siempre ha sido artesano. La guerra suscitada no sólo dejó a Harokim con pocas cosechas, verán, el río Godul atraviesa la ciudad y…

–Gobernador de Nidavelir, le pediría que fuera al punto –lo interrumpió Gamli –no necesitamos lecciones de la geografía de la ciudad que representa, pues todos ya la conocemos.

Hagbard sintió que las orejas le escocían.

–La gran producción de acero que hubo durante las últimas guerras provocó que se contaminara el río, pido la subvención para sanearlo y también para crear una represa. El río Godul es bastante ancho en Nidavelir, se podría dividir su causal, una parte para la industria y la otra que llegue hasta Asgard, como siempre ha sido –habló de prisa e intentado ver todo el tiempo a Thor.

–La idea suena bien –dijo Harma. Hagbard sintió que volvía a respirar al notar un poco de apoyo, además que venía de Harma. No es que el maestre fuera rudo con él ni que lo ignorara a propósito como hacía el gobernador de Gundersheim, sino más bien que si no le veía en la sala del concejo lo desconocía, como si no supiera que el gobernador de Nidavelir y él, Hagbard; eran el mismo hombre.

–El río Godul está contaminado por la producción de acero… –masculló Ragnheidur –sin embargo en el excedente sucedido a causa de la guerra no fue el reino quien se benefició con la producción, más bien fue el reino el que tuvo que pagar por todo el acero y no fue el ejército el que propicio el estado del río Godul. Debería ser Nidavelir el que pagara dicho saneamiento y su represa, sería lo más adecuado.

–Pero… el río Godul es de Asgard, su cauce corre a lo ancho de la planicie Ida, no es exclusivamente del uso de Nidavelir, sería injusto pedirles al pueblo que fueran los que pagaran el saneamiento y la represa –interrumpió Hagbard que no agradecía para nada que Ragnheidur le prestara atención esta vez.

–Tiene razón, el pueblo de Nidavelir no debería pagarlo –cambió de opinión Ragnheidur –deberían ser sólo los acereros, ya que por su culpa fue contaminado ¿en qué proporción fue el crecimiento de los acereros en Nidavelir? –Le preguntó a Gamli.

–La riqueza de los acereros creció un trescientos veinticinco por ciento –citó el hombre –pero sólo de ellos, el pueblo en general sólo creció un dos por ciento.

–¡Eso es una gran mentira! –Apuntó con el dedo Hagbard –los acereros no se hicieron tan ricos con la guerra.

–Gobernador de Nidavelir, en dado caso sería usted el mentiroso, ya que usted presentó el informe con estas cantidades –contra atacó el tesorero –¿o acaso su pasado como líder gremial habla en lugar de su sitio como gobernador de provincia? Si ese es el caso, será mejor que lo declare ahora mismo –finalizó.

Hagbard no supo que decir, el rey lo miraba con suspicacia por la repentina acusación, él miró a Thor y negó enfáticamente.

–¿Votamos? –Dijo de pronto Ragnheidur.

La subvención de Finnur fue otorgada al punto pero la de Hagbard fue negada. Los otros dos gobernadores y el tesorero le votaron en contra. Harma se había abstenido de votar y sólo Thor le había dado su apoyo. Hagbard pensó que hasta ahí había llegado la votación y que se irían, ya estaba pensando como curarse la afrenta: con vino y una buena mujer, luego con una plática con Yrsa. Pero todos se quedaron quietos.

–¿Votamos también para que los acereros de Nidavelir paguen el saneamiento del río y la represa a petición del gobernador de la provincia? –Promovió el tesorero para gran horror de Hagbard.

–Mi rey –interrumpió en un rapto de inspiración llamando la atención de Thor –creo que me precipité un poco en mi petición de subvención, quisiera poder presentarla nuevamente con mayores detalles la próxima sesión –dijo. El tesorero le fulminó con la mirada y Ragnheidur guardó un silencio tenso pero para la gran desilusión de ambos, Thor podía conceder ello.

–Desde luego –concedió el dios del trueno con lo que la votación quedo suspendida. Hagbard y Gamli se lanzaron tensas miradas.

–¿Votamos por la sanción de los monopolios reales y los de hecho? –Apuntó Finnur pero el rey negó.

–Quisiera estudiarlo un poco antes de terminar con ello –les dijo tomando los papeles entre sus manos y sus concejales asintieron.

Los presentes sabían que después de que Thor hubiera dicho que si a todo, y de que Loki se hubiera negado con la misma convicción que su esposo; el rey prefería meditar cualquier asunto de importancia, aunque eso significara que posiblemente no obtendrían una respuesta hasta que pasaran varios meses.

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El festival de Høstblót se acercaba, estaban a dos meses de él y Thor estaba tratando de finiquitar los asuntos más apremiantes para poder irse a Harokim y disfrutar de la festividad sin tener que llevarse consigo a su anciano secretario y una montaña de papeles. Recordaba que su padre presidía aquellas festividades y que en los momentos que encontraba libres un montón de gente lo abordaba con múltiples problemas a resolver; el resultado era que Odín acudía a ese festejo a trabajar. Thor había decidido que a él no le pasaría eso.

Finnur, el gobernador de Harokim; y el tesorero Gamli, habían intentado acercársele con asuntos del festival. Qué si las flores, que si las damas, que si el torneo, que si la comida, que si la seguridad. Thor se había exasperado pues le sumaban esas preocupaciones a otras muchas que ya tenía.

–Vayan con Loki –estalló contra los dos. –Su palabra será la mía.

Cuando su consorte se enteró de que le había asignado todo lo referente al festival sin pedírselo primero, se molestó. Thor lo recordaba enfadado, cruzado de brazos en su habitación.

–No soy tu reina –le informó – tengo bastante con el jefe de cocineros mandándome a preguntar qué postre debe ofrecerle a la reina madre Hanne cuando llegué al festival, pues resulta que no le gustan las almendras, ni las cerezas, ni un montón de cosas; y además tengo a estas damas persiguiéndome para que amoneste a sus rivales acerca de que tan reveladores están permitidos los escotes en tu corte.

–¿Los escotes? ¡No! –Thor no pudo evitar el tono indignado. –Eso me parece más importante que todos los asuntos que yo atiendo del diario, mándalas conmigo y ya les diré como me gustan los escotes.

Thor no creyó que fuera posible que el ceño de Loki pudiera fruncirse más.

–¡Lo que trato de decirte es que me toman por tu esposa virtuosa y atenta! Estoy harto de esas trivialidades y ahora ¡tú me pides que te organice una fiesta!

Esencialmente Loki no tenía más deberes que vigilar Valaskialf y cuidar de su pequeño hijo; Thor le pedía su parecer en diversas cuestiones como su consejero que era pero eso era extraoficial. Aunque a Loki no le importaría involucrarse más en el gobierno la tarea que Thor le proponía sonaba como el tipo de labor que había tratado de evitar: banal.

–Festival –lo corrigió Thor. –El festival de Høstblót al que acuden cien mil personas de casi todos los reinos, con delegaciones de nobles invitados, que dura una semana, en el que se realiza un torneo todos los días, hay dos desfiles e invariablemente conlleva implicaciones políticas. ¿Te parece un reto a tu medida?

Loki lo pensó un momento, pareció perderse en algún pensamiento remoto.

–Desde que vivía en Jötunheim tuve deseos de acudir a este festival, pero nunca pensé que para poder ir tendría que organizarlo –dijo por fin accediendo.

Thor lo abrazó y lo besó. Le estaba mordiendo suavemente el lóbulo de la oreja cuando se acordó.

–¿Y qué les dijiste a las damas sobre sus escotes? –Loki se zafó de brazos de Thor para mirarlo pero había diversión en sus ojos.

–Que sí deseaban realmente que yo les pusiera un estándar moral respecto a sus vestidos, entonces les recomendaría a todas que siguieran mi ejemplo: cuellos altos y mangas largas. Por supuesto respondieron que se habían dejado llevar y que ellas lo resolverían por si mismas –Thor soltó una carcajada antes de volver a halar a Loki hacía él.

–Yo te encuentro perfectamente atrayente con esta ropa –le dijo besándolo y llevándolo hacía la cama entre beso y beso.

–Mentira, cuando empecé a vestir así te quejaste mil veces de ello.

–Sólo porque era muy difícil desnudarte pero ya le encontré el modo –añadió Thor haciendo a su consorte caer sobre las sábanas.

–Querrás decir que tomaste práctica.

–Soy hábil en lo que me propongo, ¿te muestro? –Preguntó Thor cuando sus dedos ya se deslizaban entre la ropa de Loki.

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La semana previa al festejo Thor perdió a Loki de vista. Terminaba con sus deberes de rey tan tarde que cuando llegaba a su habitación su consorte ya estaba dormido profundamente, aunque igual hubo un par de días que Loki llegó a dormir más tarde que él. Durante el día no coincidían ni cuando pasaban tiempo con su hijo e inclusive dejaron de cenar juntos. Faltaban dos días para que el festejo iniciara cuando Thor prácticamente se arrastró muerto de tedio, saturado de pendientes y algo adormilado desde su despacho hasta su alcoba. Al llegar vio luz en la biblioteca de Loki y se dirigió hacia allá. Se encontró con el ojiverde escribiendo en medio de dos torres de documentos en precario equilibrio.

–¿Sigues trabajando? –Le preguntó Thor acercándose. Loki se enderezó a mirarlo, a pesar de la hora tardía se veía lleno de energía.

–Thor, que bueno que llegas, acércate. Tenías razón –le dijo terminando de estampar su firma en el documento que estaba redactando. El rubio hizo lo que le pedía sin entender bien a que se refería. –Este festival si es un reto digno. Ausmünd de Vanaheim trató de vernos la cara añadiendo un impuesto a las flores que importamos de su reino. El tesorero por poco y se suicida pero yo lo arreglé abordando directamente a Hjörtur y Hrafn. Son bastante tontos pero es bueno negociar con ellos.

–Loki –Thor negó pues esos de los que hablaba eran sus amigos, los reyes vanir.

–Anularon la disposición de Ausmünd a cambio de mi permiso para competir en tres torneos en lugar de sólo uno –Thor empezó a sentir que Loki se había inmiscuido demasiado en la tarea. Él sólo había pretendido que afinara detalles del presupuesto y que fungiera como diplomático aesir, no que se metiera hasta con los impuestos de las flores.

–¿Cambiaste las reglas del torneo?

–Les di esa concesión a los gemelos únicamente.

–¿Sabes? –Thor se acordó de algo que siempre deseó cambiar –me gustaría que las competencias fueran mixtas, no sólo para los hombres. –Loki asintió y Thor supo que así se haría.

–Y mira esto. –Siguió Loki poniendo sobre su escritorio una maqueta. –Es mi esquema para el desfile de las damas de la corte –Thor puso ojos de plato –obligué a Finnur –el gobernador de Harokim –a encargar este modelo a escala pues no entendía lo que yo quería. Mandé comprar joyería a los enanos para adornar a nuestras damas, escogí diamantes en lugar de las amatistas que ese tacaño quería emplear. Son cien veces más caros y me dijo que estaban fuera del presupuesto a menos que se costeara de tu bolsillo pero igual lo solucioné, a las damas de más abolengo se les darán como regalo de tu parte pero a las de menor rango y solteras les dije que pasaría a formar parte de su dote si sus familiares costeaban la mitad de la joya –añadió como un golpe magistral. –Para su gran entrada entre los asistentes decidí que desfilaran por rango –siguió mostrándole pequeñas figuras femeninas ubicadas en la maqueta, todas iguales pero con una etiqueta que las distinguía, Thor distinguió los nombres de Idûnne y Sif encabezando el desfile. Loki destilaba emoción mientras le contaba el orden… –y después de ellas puse a lady Vilda junto con Karnilla, lady Lara y Héroïque, y después a Threir con Danna; y las damas de menor rango, a Olenna le va a enfurecer que su sobrina vaya al final pero ese es el punto.

El ojiverde no paraba, tenías más detalles que contarle, Thor no pretendía ser rudo con él pero podía ver el resultado de su arduo trabajo en vivo y no seguirlo escuchando de pie a las cuatro de la mañana.

–Loki, ¿te apetece dormir un poco? –iba a decir: conmigo, pero supuso que eso sería demasiado.

–Estoy terminando de firmar los permisos de entrada al reino que llegaron de último minuto. Ve y descansa, yo estoy bien. –Thor le dio un beso de buenas noches y se dirigió a la puerta. –Por cierto, necesito un secretario y quiero un despacho. Esta vez hice todo solo pero no se repetirá. Ya lo anuncié y tengo una lista de aspirantes.

–Sea –dijo Thor, por todo lo que había hecho Loki se merecía en ejército de secretarios pero Thor no lo dijo en voz alta.

El rubio lo dejó sólo y Loki volvió a sus documentos. Agarró la siguiente petición de ingreso al reino. Se trataba de una flota de elfos oscuros y el nombre del solicitante era Bjarni.

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A pesar de que había pasado cientos de horas organizando aquello, Loki no podía imaginarse como sería el resultado final. Había tramado, administrado, invitado gente, prohibido el acceso a otros, revisado el presupuesto punto por punto, se había reunido tantas veces con Finnur y el tesorero que hasta parecía que trabajaban sólo para él. Pero eso no implicaba que había logrado controlar cada aspecto de la festividad. Había cosas que ocurrían por su propia inercia. La cantidad descomunal de gente, los puestos callejeros de comida, la venta de artesanías, las mesas de apuestas, la prostitución, las decoraciones con las que los ases de Harokim engalanaban su ciudad acorde a tradiciones milenarias con las que Loki nada tenía que ver; y un largo etcétera.

Se ocupó de recibir a los visitantes extranjeros de alto rango, los demás se las apañaban solos. Dispuso que todos viajaran por el cauce del río Leipter rumbo a Harokim. Thor se rehusó a ir en embarcación. Él siempre acudía al festival a caballo y ni el hecho de ahora ser el rey iba a cambiar eso. Así que Loki mandó a sus invitados por delante, incluyendo a Frigga, con Hërin y su niñera. Loki también tenía ganas de salir al aire libre.

Tanngrijos y Tanngrisner parecían ser de la misma opinión que sus jinetes. Mientras ambos caballos remontaban los campos de Asgard a galope tendido Loki pensó que era una pena que Thor no pudiera competir en la carrera de caballos que se había organizado. El viento y el sol, la velocidad de los corceles y la compañía de Thor, eso era todo lo que necesitaba en ese momento.

Loki contemplaba algo apartado los avatares de Thor ahora que era el rey. El dios del trueno le contó lo que había pasado en el consejo, le preguntó su parecer acerca de los monopolios, de Hagbard y de Finnur. A Loki le hubiera encantado estar ahí para ver a esos poderosos hombres discutiendo el futuro del reino; se percató de la torpeza de Hagbard y de la habilidad de sus rivales que lo hicieron quedar como un posible estafador ante los ojos de Thor. Él hubiera sido mucho más hábil en sus argumentaciones, no hubieran logrado rebatirlo. Pero él no era el rey, era el Lord consejero y aconsejar a Thor era todo lo que podía hacer. Administrar Valaskialf no le interesaba aunque seguía de cerca lo que acontecía en la corte.

Se giró a mirar a Thor, la preocupación y el agobio que últimamente teñían su mirada estaban ausentes. Loki no se sentía así ahora que se dirigían al festival que había ayudado a organizar. Al contrario involucrarse lo sacó del tedio que lo invadía, le gustaban los retos que implicaban usar su poder como consorte real.

Harokim quedaba a dos jornadas de distancia. Llegaron cuando el sol empezaba a ponerse. El clima era cálido, con el cielo despejado; los rayos del sol hacían brillar Harokim en un tono dorado que le daba un aspecto idílico. La ciudad estaba en medio de campos de cultivo bordeados por bosques. Tenía de fondo las montañas Eldfell que daban el marco perfecto al paisaje y desde las cuales partía el río Leipter. Estaba constituida de viviendas amplias y de varios pisos; los recibió engalanada con blasones y flores. Cuando ellos dos llegaron los heraldos los anunciaron a viva voz y las campanas de la torre empezaron a sonar. La gente salió en tropel a recibir a su rey y a conocer a su consorte, pues eran muy pocos los que habían tenido la oportunidad de verlo allá en la ciudad de Asgard. Thor hizo que su caballo, Tanngrijos, marchara al trote y Loki hizo lo propio emparejándose con él. Las calles ya estaban saturadas de puestos, de algarabía y de gente que les fue abriendo paso, los vitoreaba y les lanzaba flores.

Se dirigieron a la mansión del gobernador, dónde Finnur les dio la bienvenida. Ya habían acomodado a sus ilustres huéspedes que arribaron antes que ellos. El grupo incluía a los dignatarios de otros reinos y varios amigos: los gemelos vanir Hjörtur y Hrafn, junto con su madre Hanne. El nuevo embajador elfo Eredlindon escoltando a la sobrina del rey Larus, la princesa Lara. La embajadora alfh Dgeir y su hija lady Threir. Los tres guerreros, la esposa de Volstagg y lady Sif, junto con su prima Danna y su madre lady Olenna; y por último Karnilla y Héroïque de Nornheim. Thor había convidado a Eyvindur pero por fortuna, desde el punto de vista de Loki, el príncipe elfo se había disculpado y rechazado la invitación.

Hubo una cena ofrecida por el gobernador Finnur. De hecho era un auténtico banquete. Hogun y Volstagg se acercaron a ellos de inmediato y Thor los saludó a cada uno con un abrazo. Con Loki fueron menos efusivos pero igual hubo saludos corteses y el ojiverde les aseguró que la corte no era lo mismo sin ellos. Volstagg aprovechó el momento para contarles que su esposa, Margrét, estaba embarazada. El deseo de Thor de que Hërin tuviera compañeros de juego descendientes de sus amigos, se cumpliría sin duda. Sif estaba con su madre y con su prima, a la cual aún no se le notaba que igual esperaba un hijo. La valkiria se separó de ellas en cuanto los vio llegar. La guerrera saludó a Thor con un beso en la mejilla y a Loki con un abrazo.

–Supe que cambiaste las reglas de los torneos –le dijo ella. –Se te agradece –Loki asintió. Lo había hecho a petición de Thor realmente, pero no se lo aclaró.

Ellos dos habían estado en varias ocasiones a punto de volverse buenos amigos y Loki pensó que tal vez esta ocasión sería exitosa.

Los gemelos vanir siempre saludaban a Loki abrazándolo simultáneamente y esta vez no fue la excepción. El hechicero estuvo seguro de que nunca en su vida lo habían abrazado tanto hasta esa noche. Karnilla hizo lo mismo por no hacer menos. Héroïque fue menos efusiva aunque sólo con él. A los gemelos vanir sí que los saludó con entusiasmo, era claro que eran de su gusto. Había nuevas damas presentes pero Loki las pasó por alto, que estuvieran a tiempo, bien vestidas y enjoyadas, que se lo pasaran bien, que no hubiera faltas al respeto hacía ellas y demases ya no estaba en sus manos; ahora eran problema de Finnur. Sólo que hubo una que le llamó la atención pues estaba hablando con Thor mientras se sostenía del brazo de Fandral.

Se aproximó un poco más hasta que entró en el campo de visión del espadachín.

–¡Loki! –lo saludó Fandral entusiasmado –te presentó a Lady Amora. –Era hermosa, con piernas largas, pecho generoso, apetecible piel rosada, labios voluptuosos, grandes ojos claros y una cabellera rubia acomodada en suaves ondas. Iba enfundada en un vestido verde que acentuaba su bien formado cuerpo. No llevaba joyas pues no le hacían falta para realzar su belleza. La mujer le hizo una reverencia marcada y sublime, perfecta.

El otro rubio procedió a contar rápidamente que se encontraron en Nornheim a pesar de que Amora era asgardiana. Le relató a Loki que en sí ya se conocían, pues sus familias tenían eones siendo amigas y que se perdieron la pista cuando Fandral entró al ejército. Thor no se portó familiar con la mujer a pesar de que Fandral intentaba hacerle recordar de dónde y cuándo la conocieron. Lo que Loki no dejó de notar, fue que más de un hombre la miraba devorándola.

–Mis reyes, permítanme felicitarlos, hacía tiempo que no lo pasaba tan bien en una corte –dijo ella.

–Y no has visto nada, nada –le aseguró Fandral –pero yo te voy a enseñar –y en sus palabras era obvio que sería algo más que el festival.

Ambos se alejaron de ellos como si fueran una pareja de recién enamorados y no los amantes recalcitrantes que Volstagg aseguró después que eran.

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Loki le dio las buenas noches a su hijo y Ásta se lo llevó a dormir. Había dos einheriar escogidos por Ertan como sus guardias personales y se fueron junto con su amiga. Al día siguiente Thor debía inaugurar oficialmente el festival pero le dio por empezar desde ya con la celebración. Loki lo dejó con sus amigos a eso de las cinco de la mañana. Nunca había sido afecto de festejar con excesivo esmero y Thor sabía divertirse sin él. Cuando se levantó luego de algunas horas de sueño se encontró con Thor, los tres guerreros y algunas damas todavía en el comedor del castillo.

–Thor, creo que debes alistarte, no resultará halagador que te presentes con resaca en un evento oficial como éste –lo amonestó tratando de no sonar demasiado mandón.

–Tienes razón –por supuesto que la tenía. El rubio se despidió de los demás y se dirigió a sus habitaciones. Loki lo dejó tomar una siesta breve mientras él buscaba a Ásta. Eso sí, le juró desollarlo como jorobara el inicio del festival.

A eso del mediodía Thor, que para nada lucía desvelado, se apersonó en uno de los balcones del castillo delante de la multitud congregada. A su lado estaba Loki sosteniendo a su pequeño príncipe heredero.

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La magia del festival de Høstblót embriagaba de una forma surreal. El desfile entró a la ciudad como un río de oro, plata y acero bruñido. Héroïque estaba aturdida por el lujo y esplendor de los ropajes, de la joyería, de los caballeros que con sus brillantes armaduras las escoltaban a través del camino. Había soñado con algo así toda su vida, en el momento en que fuera dama de la corte norn pero después de la guerra, no se había atrevido a albergar esperanza de tener algo así nunca más. Los juglares que desfilaban bailando o dando saltos a su alrededor, llenaban el ambiente con música. Sobre ella, ondeaba una docena de estandartes agitados por el viento, en los que se veían los cuervos de Asgard.

Su caballo marchaba a trote, iba por detrás de las ases, de Sif e Idûnne. Viajaba entre las damas de otros reinos acogidas en Valaskialf, como Lara y su prima Karnilla. Por detrás de ellas iban el resto de nobles asgardianas, como Lady Amora quien había tenido la amabilidad de acomodarle las joyas del cabello o Lady Threir. La gente coreaba el nombre de sus diosas, levantaban a los niños para que los bendijeran y lanzaban flores bajo los casos del caballo. A ellas también las ovacionaban.

Høstblót dio inicio.

El torneo de ese día era de arqueros. Hogun iba a competir, igual que Hjörtur de Vanaheim. Thor debía presidir el evento en calidad de juez dado que era el rey pero no era indispensable su presencia hasta las semifinales. Había ciento treinta y ocho contendientes así que se agradecía aquello. El rubio quería mostrarle a Loki el festival, se dispuso a buscar a su consorte cuando fue interceptado.

–Su alteza –no podía creerlo pero se trataba de Egill, quien además iba hacía él con una pila de papeles. –Lord Dregni pidió una audiencia con usted, no le robará mucho tiempo –le dijo. El dichoso Dregni era uno de los principales productores de cebada y cerveza de Harokim. Seguro pensó que era buena idea interceptar a Thor aprovechando que lo tenía tan cerca.

Dregni le tenía un regalo el cual anunció que iba camino de Valaskialf y que consistía en una docena de barriles de la cerveza de mejor calidad que se producía en su hacienda. Lo aduló y lo felicitó por el nacimiento de Hërin, dado que no había podido hacerlo antes porque no residía en la corte a pesar de su título. Luego fue al punto. Finnur le quería expropiar parte de sus tierras pues resultaba que quería generar una reserva de bosques protegidos que además serían coto de caza; y había varios acres de ellos dentro de su propiedad. Thor lo escuchó a medias pues lo que quería era salir corriendo al festival. Le dio la respuesta que tenía para ese tipo de situaciones.

–Entrégale tu informe del problema a Egill, revisaré el asunto con cuidado y te daré una respuesta después.

Dregni le hizo una reverencia y se retiró. Thor pensó que era libre pero entonces llegó otro noble de Harokim, este quería darle las gracias por haber aceptado a su hija en la corte. Igual le tenía regalos y cumplidos que incluían felicitarlo por tan buen ojo a la hora de escoger consorte. Después de ese llegó otro que quería pedirle una revisión a su pago de impuestos, otro que quería emprender un negocio de exportar alimentos nada más y nada menos que a Alfheim y a Jötunheim; y una dama que quería un estipendio en auxilio a su situación pues sus dos hijos habían muerto en la guerra anterior, uno en Nornheim y el otro en Alfheim. La fila de solicitantes de una audiencia era larga y sólo se detuvo cuando Finnur en persona apareció a informarle que debía juzgar la final del torneo casi con reproche como si hubiera sido idea de Thor esa emboscada.

Llegó tarde. Loki ya se había hecho cargo.

–Te perdiste un reto de lo más… –el ojiverde se veía emocionado. –Puse a Sif en esta labor junto conmigo aunque te aseguro que se portó imparcial –le dijo aludiendo al romance de la guerrera con Hogun. –Hogun venció a Hjörtur pero fue por poco, creo que esos dos podrían atinarle a una mosca en pleno vuelo.

Thor procuró no mostrarse muy decepcionado.

–Habrá que celebrar su victoria –le dijo Thor a Loki. –¿Qué justa hay mañana?

–Lanzas –le informó Loki.

Cada año los eventos más emocionantes, por lo menos para Thor, eran la carrera de caballos, el duelo de espadas y la justa a caballo. Se prometió a sí mismo no perdérselos. Fue una lástima pero no celebró con Hogun pues los gobernadores le solicitaron que cenara con ellos esa noche.

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El jueves Thor estaba entre frustrado y furico. Todas sus intenciones de mostrarle a Loki el festival, de acudir a las justas, de pasar tiempo con los amigos y con su hijo, chocaron contra una marejada de gente reclamando su atención en calidad de nuevo soberano. Y aquello que pretendía evitar, ser sobrepasado por el trabajo como le pasaba a su padre, terminó mostrándose ineludible. Tenía más trabajo que estando en Valaskialf.

–¡Por los cuernos de Surtur! –Ni siquiera había visto al propio Loki demasiado. Su enojo lo había llevado a embriagarse la noche anterior mientras el hechicero andaba por ahí resolviendo algunas cuestiones de último minuto con una delegación de enanos. Y ahora estaba trabajando con resaca, definitivamente no lo más adecuado para su humor.

–Mi señor –Egill se asomó al despacho que Finnur le había prestado. –Lady Sif –la anunció.

Su amiga entró llevando sendos tarros de aguamiel.

–Sif, por favor no vuelvas a solicitar audiencia para acercarte a mí –le dijo cuándo la guerrera se sentó frente a él luego de pasarle la bebida.

–Lo hice para ocupar un espacio en tu agenda y darte un descanso –explicó Sif y Thor le sonrió. –¿Cómo estás?

–Bastante harto. ¿Qué fue de la justas? ¿Ya ganaste alguna?

–La de lanceros la ganó un alfh, Sindri; la de esgrima la ganó Gellir, el segundo al mando de la guardia de palacio. Fue un poco decepcionante, hubiera sido más emocionante si te pudieras traer a Ertan de Valaskialf y si Sköll quisiera competir, y claro si Fandral hubiera participado.

–Fandral no…–eso era inusual –¿dónde está?

–Ocupado con una muchacha por supuesto –le dijo Sif.

–Con Lady Amora, ya me la presentó. –Los dos asintieron. –¿Y tú? ¿En qué vas a competir?

–En la carrera a caballo –uno de los eventos más populares –Hrafn de Vanaheim y un montón de elfos igual están inscritos. ¿Recuerdas el año que ganaste? –Thor asintió, entonces el festival era lo mejor y más fino en cuanto a diversión. –Yo estuve ahí animándote, espero que hagas lo mismo por mí.

–Así será –le prometió Thor. –¿Has visto a Loki? –inquirió.

–Sí, esta mañana estuvo en un recital de música junto con Karnilla, esa elfa Lara y tu hijo. Lleva a Hërin a casi todos lados consigo. –Sif se puso de pie para retirarse –¿Sabías que Héroïque sabe cantar? –Thor negó. La valkiria ya se alejaba.

–Espera –la frenó Thor, había estado esperando que Sif mencionara algo respecto a Hogun pero como siempre ocurría, no habló de sí misma. –¿Cómo estás tú? ¿Cuándo tendré a mi concejal de la guerra en palacio?

–Yo estoy mejor que nunca, te prometo regresar en unos meses aprovechando que estamos en paz, es sólo que aunque me da igual lo que se diga de mí, es agradable estar lejos de las habladurías –Thor lo entendió. Se había dicho y repetido por todos los rincones del reino que era infértil y que por eso Thor había preferido a Loki; si ahora se sabía de su romance con Hogun, encontrarían sin duda algo repugnante que decir al respecto sobre todo porque su repudio como consorte real aún era reciente.

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Subió al estrado pensando que Thor estaría ahí. Antes de que empezara la carrera a caballo le deseó buena suerte a Sif que estaba en la línea de salida con Freki. La yegua de Sif se movía de un lado a otro como si fuera una bailarina, a pesar de que Thor había querido cruzarla con Tanngrisner, la diosa de la guerra se había llevado su caballo a Alfheim poniéndola lejos de las intenciones del dios del trueno. Thor no estaba presente, seguro algún compromiso en su agenda le estaba impidiendo acudir, pero quien si estaba, sentada sonriendo era Frigga. Al lado de ella, estaba Hanne, la madre real vanir. Sólo la había visto aquella vez en Vanaheim, cuando fueron reconocidos como reyes sus dos hijos. Recordaba su voz fuerte y su presencia severa, igualmente que apoyó a su segundo hijo para conseguir la corona. De pronto se percató de que los iris verdes de Hanne se posaron en él. Loki sintió que claramente lo estaba examinando.

–Ven joven, siéntate a mi lado; soy mucho menos aburrida que el resto de las personas –lo llamó Hanne haciéndole una seña para que se acomodara en el asiento vacío junto a ella. Loki hubiera preferido ir al lado de Frigga pero accedió con un movimiento en la cabeza.

La carrera estaba por comenzar. En la línea estaban Sif, varios berserkir, cinco elfos entre los que se destacaba uno particularmente alto y de porte gallardo, e igual estaba el gemelo menor Hrafn quien llevaba suelto el cabello castaño, lucía jovencísimo al lado de los demás competidores, su caballo pinto piafaba, era una magnífica montura que no envidiaba nada ni a Freki, ni a los corceles de los elfos. Hrafn saludó a su madre desde la arena y la mujer le lanzó un beso. Loki tenía la impresión de que era su favorito.

–He escuchado que Hrafn es un excelente jinete –inició la plática Frigga posando sus ojos en los competidores.

–Es joven, se le da bien montar a caballo, al igual que a su hermano lanzar flechas pero no por eso son más listos. Si yo hubiera nacido campesina y con un buen cucharón de madera, habría podido meter algo de sentido común a golpes en las cabezas de ese par. Audün era blando con ellos, tenía todas sus esperanzas depositadas en nuestro primogénito Aulthun para que gobernara Vanaheim. Es por ello que jamás se debe tener solo un hijo, estos príncipes a veces se mueren sin tener en consideración lo que cuesta tenerlos. ¿Tú porque no tuviste más Frigga? –Preguntó pero antes de que Frigga dijera algo, Hanne misma se respondió. –Ah claro, ya me lo habías dicho, que Odín era bastante mayor. –Loki notó como las mejillas de Frigga se teñían de un rojo manzano y le lanzaba una mirada mordiéndose los labios. Desde luego que no deseaba que él escuchara las confidencias que se hubieran dicho.

–Para todo efecto Loki es como un segundo hijo para mí –dijo recuperando su aplomo.

–Yo sólo me hago responsable de los hijos que parí, no de los demás –bufó Hanne y se dirigió a Loki. –Yggdrasil es testigo de que mis hijos son unos cretinos. Su padre también lo era. No, no me entiendas mal, era un hombre bueno y no estaba nada mal en la cama, pero de todos modos era un cretino sin remedio. Hasta tal punto que aún en su lecho de muerte no pudo decidir quién sería su heredero porque, según dijo, amaba mucho a los dos. Tonterías, más bien el viejo quiso quitarse el problema de decidir, después de todo, él ya estaba frito y poco le importaba. Y ahora ese troll corto de mollera de su hermano Ausmünd está haciendo lo propio, quiere gobernar él y cree que porque estamos mis hijos y yo aquí puede hacer lo que quiera. ¡Ja! Lo dejé bien rodeado de espías que me dirán todo lo que hizo; cuanto haya maquinado y trabajado lo lanzaré por la borda en cuanto volvamos. Yo les digo a ese par –y señaló a su hijo con la cabeza –que deben deshacerse de él y sólo me dicen: ah mamá, vamos, no digas eso.

Frigga se rió, parecía acostumbrada a las opiniones de la mujer mientras Loki intentaba decidir aún si Hanne estaba hablando en serio o estaba intentando engañarle de algún modo.

–Visité a Eyriander hace unos meses, estuvimos hablando de nuestros hijos. Todos saben que ya no ama a Larus, quien desde hace años tiene esta amante real que parece tenerlo muy entretenido. Eyriander me dijo que tienen este acuerdo de que ella no le causará problemas siempre y cuando no le haga ningún bastardo que quiera rivalizar con su Eyvindur, al menos reconozco que esa solución es bastante práctica y parece que Larus hace caso a su acuerdo. Tú tienes suerte Frigga, con tu Odín, porque la verdad es que yo pensaba que iba a ser como su padre y que luego iría detrás de un montón de jovencitas –se rió durante un momento –siempre es mejor mirar al otro lado cuando les da por irse detrás de las faldas de las damas de la corte. Sino ya pueden irle preguntando a la esposa de Giselher, que quiso pagarle con la misma moneda; y él no dudó en cortarle la cabeza junto con su amante –se inclinó más hacia Frigga aunque en su tono de voz no había bajado ni un poco y Loki alcanzaba a escucharla a la perfección. –Inclusive intentó deshacer el reconocimiento de su hijo porque según él, siempre no era suyo. ¿Pero cómo lo iba a negar si era su viva imagen? Esos pelos rojos no se dan sólo porque sí.

Hanne bufó nuevamente y le hizo una seña a su sirviente para que le llevara una copa de vino. Por un momento Loki recordó la competencia que se llevaba frente a él y al voltear descubrió que la carrera había dado inicio sin que él se hubiera dado cuenta. Pensó en mejor dejar a las mujeres platicando y él buscar a Hogun o a alguien más.

–El que si hacía caso a su señora madre era Gerenot. ¿Es su sobrina aquella chica de cabello negro? –Y entonces Loki se quedó dónde estaba, pues eso le interesaba.

–Sí, es la reina Karnilla y a su lado está la princesa Héroïque –señaló Frigga.

–Se parece mucho a Kaarina, la chica que lleva casi su nombre, no la otra. Mira, si hasta se mueve como lo hacía la reina madre norn –dijo Hanne dirigiendo toda su atención hacia ella.

–E igualmente tiene sus conocimientos, es una gran doula –la alabó Loki, y no estaba diciendo algo que no fuera verdad. Había pocas personas que él apreciaba y Karnilla le era muy cercana.

–¿Con quién hay que hablar para hacerla casar con uno de mis hijos? –Preguntó de manera suelta. Loki no pudo evitar que la atención de Hanne recayera sobre él, y nada en los nueve reinos haría que Loki quisiera hablar de ese tema con ella.

–Es potestad del rey –dijo Loki.

–Sí, ya me lo estaba imaginando. Se ve que tiene sesos, y sólo con una orden real alguien con dos dedos de frente aceptaría casarse con ese par. ¿Sabes qué me dijeron Frigga? Que deseaban esposas gemelas, hazme el favor. Les dije que los reyes no son como el resto de los humanos, deben casarse cuando los exige el interés de su pueblo, una, dos, tres veces o bien repudiar a sus mujeres por igual motivo. Deben guerrear interminablemente, deben tramar, hacer y deshacer alianzas, traicionar amigos y hermanos, si ello fuera preciso –se quedó callada por un instante y el rugido de la multitud se hizo audible por una razón que Loki intentó indagar. –¿Y tú? –Se dirigió de pronto a él –¿cuándo planeas tener otro hijo? –Le preguntó a bocajarro.

Loki abrió y cerró la boca por un momento, trató de no mostrarse incómodo pero no podía evitarlo. Intentó pensar una respuesta cortés pero Hanne no le dio tiempo a decir nada.

–No dejes pasar mucho tiempo, ahora son jóvenes y demás, pero siempre se debe asegurar el futuro del trono. Seguro que Frigga ya te lo ha dicho –dijo sin saber que Frigga no estaba dispuesta a meterse en la vida privada de ellos. –Por cierto, me han dicho que tu madre era vanir ¿cómo se llamaba?

Lo que a Loki le hubiera gustado saber, era quién le había dicho.

–Járnsaxa hija de Hósdagur, de Lundr –respondió él.

–Tus ojos son tan parecidos a los míos –dijo ella. Loki reparó nuevamente en ese tono verde, la mujer decía la verdad, pero no entendió a qué iba la comparativa. –Nuestro poderoso antepasado, Hoster, el señor del risco; los tenía de este tono y sus descendientes siempre hemos sido así. Járnsaxa sin duda provenía de su linaje. Estoy segura de que estamos emparentados –dijo ella sonriendo. Frigga había guardado silencio pero no se estaba perdiendo la conversación. –Puedes llamarme tía Hanne –dijo la vanir con deleite. Loki se rió de pronto, no podía creer lo astuta que era.

Debió de haber tomado su risa como una aceptación, ya que le apretó las mejillas hasta tornarlas rojas.

–Seguramente es así –aceptó algo que no sabía si era posible siquiera. –Mis señoras, me disculpo, debo averiguar el paradero de mi regio esposo –se excusó. –Hasta luego madre –se despidió de Frigga dándole un beso en la mejilla –tía, un gusto verte –dijo haciendo lo mismo con Hanne que se mostró muy satisfecha.

Bajó del estrado. Echó una ojeada a la competencia, aún no terminaba y Sif iba a la cabeza. Alcanzó a escuchar a Hanne todavía.

–Un buen partido, este chico es un buen partido. Aún me sorprende que su padre fuera tan listo para planear un enlace así, tiene tanta sangre real en las venas que no hay duda de que su herencia será fuerte –dijo la mujer. Loki meneó la cabeza. –Por Yggdrasil Frigga, no dejes que Olenna se siente con nosotras. Su sobrina se ha casado con Adalster y ella ya se cree reina madre alfh –le suplicó.

De haber sabido que estaba a punto de presenciar una discusión entre Hanne y Olenna, Loki se hubiera quedado en el estrado.

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Thor no quería pero se perdió la carrera de caballos también. Esa noche en la cena se enteró de todos los detalles de boca de Hagbard. El gobernador y Loki se habían encontrado al final. Su consorte había apostado a favor de Sif y el gobernador a favor de Teros, el elfo de gallardo porte. Increíblemente había vencido Hrafn de Vanaheim. Desgranaron los detalles, aunque Loki acabó acaparando el relato debido a su proverbial buena labia.

–Thor, ahora me doy cuenta de que tu éxito con las damas se debía en gran medida a tu potencial como buen partido –le dijo Loki y Hagbard puso cara de susto, como si no se pudiera creer que Loki le hablara así a Thor.

–¿En verdad?

–Sí, hubieras visto a nuestras damas de la corte. Tengo en la mira a tres que no fueron demasiado discretas en sus intentos de atraer la atención de Hrafn, y nadie en los nueve mundos me podría convencer de que esa escuálida lombriz es el epitome de la guapura. Pero claro el hecho de que es rey, de que triunfó hoy y de que está soltero no tiene nada que ver con los sentimientos puros de estas jóvenes –finalizó con sarcasmo.

Hagbard soltó una risotada y él y Loki brindaron. Thor procuró no sentirse al margen. A su conversación se le unió inesperadamente Ragnheidur. Saludó a Loki y a Thor con deferencia pero pasó por alto a Hagbard. Thor no les hizo caso.

–Parece que se divierte en el festival –le dijo a Loki.

–No he salido mucho a las calles, me la he pasado en el anfiteatro y en la arena de competencias –admitió Loki. –No es que tema mezclarme con el pueblo –siguió con un tono claramente político –sencillamente no ha habido tiempo.

–Mi señor –se metió en su conversación una joven que Thor no reconoció. –Pero si lo mejor del festival está justo en las calles –una mujer mayor, que Thor sí reconoció como Dgeir de Alfheim, agarró a la chica de un brazo y con una sonrisa que encerraba una disculpa la alejó de ahí, debía ser su hija. Loki miró a Thor a la expectativa como esperando que le explicara a que se refería esa chica.

–Høstblót, como seguro ya sabes, es un festival por la abundancia de las cosechas pero también es un festival de la fertilidad, la gente se permite flirtear sin importar el rango o el origen –aclaró Thor. Loki asintió, pobre Dgeir, aunque sus hijas no eran precisamente un modelo de recato, que lo diga Fandral.

–De hecho tenemos este dicho en Asgard que va: nacido en Julio, concebido en Høstblót –completó lo dicho Hagbard.

–Entonces este es buen momento para que nosotros tengamos otro hijo –le dijo Loki a Thor llevándose la copa a los labios.

–¿Lo es? –Preguntó Thor que no captó el tono de juego en que se lo había dicho; y se mostró demasiado entusiasmado. Loki miró de reojo al par de gobernadores a su lado.

–Sin duda –prefirió no echarse atrás pero después de decir eso los dejó.

Loki se dirigió donde Karnilla quien estaba conversando, extrañamente, con Sif. La guerrera estaba de espaldas a él por lo que no lo vio acercarse pero Karnilla sí, su amiga captó la mirada de Loki un instante y negó casi imperceptiblemente indicándole que no era prudente que se acercara en ese momento. El hechicero retrocedió y chocó con alguien, se giró, era Thor. Su consorte lo tomó de la cintura con una mano y del cuello con la otra y lo besó breve. La gente a su alrededor volteó a mirarlos pero ya Loki agarraba a Thor de una mano y se lo llevaba de ahí.

–Era una broma –le dijo Loki luego de conducirlo a un balcón. Lo hubiera empujado consigo a sus alcobas pero luego de las palabras dichas, seguro la gente aseguraría que estaban concibiendo a su segundo hijo.

–Debí suponerlo –dijo Thor pero su rostro mostró su desencanto. –Aunque te confieso que siempre quise tener una familia numerosa.

–Me imagino que debiste estar encantado entonces con la idea de tener dos consortes –aludió a aquel tiempo en que tanto Sif como él ostentaban ese título.

–En realidad no. Desde que éramos adolescentes, Sif y yo sabíamos que terminaríamos casados, cuando sucedió yo ya la conocía bien, y tenía claro que ella no querría tener una gran descendencia que la alejara de su camino de guerrera. Cuando me ordenaron desposarme contigo…–Thor dudó un momento pero al final confesó: –estaba tan desconcertado que no pensé para nada en si podrías darme hijos o no. Fue una sorpresa cuando pasó –Loki asintió. Sorpresa era un eufemismo para la marejada de sentimientos agraviosos e implicaciones políticas que tuvo su embarazo. A pesar de que tenían a Hërin nunca habían conversado acerca del tema de los hijos. Su primogénito sencillamente pasó, sin planearlo ni siquiera un poco.

–No puedo darte otro hijo, ya sabes que esa magia mía está sellada.

–¿No se puede deshacer? –Loki miró a Thor como si lo hiciera por primera vez percatándose de la sinceridad de su deseo.

–¿Recuerdas cómo fue mi gestación? –Preguntó Loki. Había sido amargo y difícil por decir lo menos; y el motivo de la guerra entre Asgard y Jötunheim. –Además, los sellos mágicos son el equivalente a una maldición. Romperlos no es tan sencillo, tendría que hacerlo alguien más fuerte; y el que yo invoqué sobre mí mismo lo realicé con todo mi seidh.

–Entonces es casi imposible –caviló Thor, que no había conocido a un hechicero más poderoso que Loki. –Está bien –suspiró el dios del trueno. Loki lo tomó de los hombros y le buscó los labios. Lo veía tan frustrado por su estancia en Harokim que sin duda tendría que compensarlo.

–Muéstrame el festival –le pidió.

–Tenemos que atender a los invitados y presidir la ceremonia religiosa.

–Mañana entonces, en la noche, nos escaparemos tú y yo –Thor le sonrió ampliamente, genuinamente complacido con la idea. Volvieron a besarse, Loki estaba seguro de que había gente observándolos pero no le importó.

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Héroïque estaba conversando con la princesa Lara y con Amora. La joven elfa, al ser nueva en la corte aesir, resultó la compañía perfecta para la norn, pues estaba ávida de conocer el funcionamiento y los tejemanejes que se cocían en Valaskialf. Héroïque se había explayado y la presencia de Amora no hizo sino alentar su lengua.

–…y entonces se supo que el maestre Harma engañaba a su esposa –les relató. En eso, la joven norn vio a Thor yendo a por Loki para luego tomarlo de la cintura y besarlo. Las otras dos se giraron a mirar también, como igual lo hizo prácticamente todo el salón de banquetes. Lara hizo eco a lo que ella estaba pensando.

–Mi tío Larus nunca besaba a Eyriander en público –dijo y suspiró. –Se nota que están muy enamorados –añadió.

Ellas dos, no es que no pudieran enamorarse, sino que sería muy contraproducente pues no tenían derecho a escoger a sus esposos, lo que ambas princesas más envidiaban de la historia y que les encantaría vivir, era la de que el ser amado y el esposo elegido resultaran ser la misma persona, que a su vez se enamoraría de ellas con locura y contra todo. La historia de Loki y Thor, como Héroïque la conocía, ya había sido narrada pero la elfa instó a la norn a repetirla. Amora la oyó con atención también.

–El rey Odín y el rey Laufey pactaron una alianza de guerra, la cual sellaron con el matrimonio de sus hijos. Y aunque al principio fue un gran escándalo…

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Thor se vistió sin los signos de su rango, se cubrió con un manto de cuero y aguardó por Loki. Su consorte apareció vestido a la manera vanir, con pantalones ajustados y botas flexibles; y una casaca de mangas cortas. Se echó encima un manto verde y lo alcanzó.

–Espera –le indicó a Thor –no quiero a la gente haciéndonos caravanas a cada paso –explicó y puso sus manos en el rostro de Thor quien vio los destellos verdes de la magia de Loki. A continuación Loki se concentró brevemente y su aspecto cambió. Su consorte pensó en darse atributos completamente opuestos a los originales. El cabello corto, rizado y claro en lugar de largo, lacio y negro. Le quitó palidez a su piel y tornó sus ojos azules. Igualmente se otorgó a sí mismo una barba cuidada que no tenía nada que ver con su usual aspecto lampiño.

–Te ves bien –le dijo Thor para luego buscar su propio reflejo en una ventana. A él le había oscurecido el cabello, que ahora lucía además más corto y le había quitado la barba, además de que lo había hecho lucir algunos siglos más joven.

–Me gusta demasiado tu aspecto original como para alterarlo demasiado –le dijo Loki.

Para Thor resultó peculiar, pero a la vez sumamente agradable perderse entre la multitud amparado en el anonimato. Le tomó la mano a Loki y enfilaron por la calle principal que bajaba desde el castillo. El tedio de los días previos y la sensación de estar atrapado por sus responsabilidades reales se disolvió en el acto. Se detuvieron entre un corro de transeúntes que admiraban a un grupo de acróbatas que presentaban su acto con magia de fuego.

–Son norn –dijo Loki mirándolos con fascinación mientras creaban hermosas figuras que restallaban ante ellos.

Tras varios minutos observándolos Thor haló suavemente a Loki y siguieron su camino. Había gente besándose casi en cada cuadra que avanzaban y otros muchos que como ellos paseaban tomados de la mano. La música teñía el ambiente, la gente danzaba y cantaba más que caminar.

–¿Tienes hambre? –Le preguntó Thor. El hechicero asintió, –busquemos algo apetecible –Thor estaba harto de las cenas con políticos.

Las tascas de Harokim estaban llenas a reventar pero en la calle había varios puestos de comida. Thor distinguió alguno, de todos los años que llevaba acudiendo al festival, y haló a Loki consigo hasta allá. Se abrieron paso entre una pequeña multitud que hacía sus pedidos a voz en cuello y pagaban para comer sentados en las banquetas o mientras caminaban. Thor dejó a Loki y se metió entre los clientes. Su corpulencia le ayudó y pronto volvió donde Loki con un par de tazones humeantes que más de una vez casi terminaron de sombrero sobre algún comensal. Se lo pasó.

–¿Qué es esto?

–Fiskibollur, pruébalo –lo animó. Loki miró aquel potaje de tono rojizo. No tenían cubiertos, todos los que compraban uno se lo bebían. Loki lo probó. Era algún guiso de carne pero su peculiaridad era que tenía resabios dulces y picosos. Era delicioso pero abrasaba la garganta como si estuvieras bebiendo fuego. –Mis amigos y yo siempre lo comíamos, créeme que después de una semana ahogados en alcohol y compitiendo es justo lo que se necesita para reanimarse –le contó mientras se alejaban de ahí.

Se compraron algunas golosinas para eliminar el resabio picante de aquel guiso y luego una pinta de cerveza. Se detuvieron ante unos actores de teatro, y luego casi salieron huyendo cuando se toparon a un bardo entonando la balada de Ijósálfar, que hablaba en términos exagerados y melosos de su batalla contra el dragón Hagen.

–¡Que Ymir se lleve mi alma! –Fue el turno de Loki de llevar consigo a Thor hacía uno de los puestos. Había un grupillo de elfos oscuros vendiendo bebidas de todos los reinos. Vino especiado de Nornheim, sidra de los Vanir, café de Midgard, cerveza de Asgard y cevenerio de Jötunheim. Loki se acercó con entusiasmo y solicitó dos botellas de éste último. –Comparado con lo que se puede consumir aquí en Asgard es la peor bebida de la historia pero en Feigefossen siempre la teníamos –le dijo a Thor y entonces su mirada reparó en otra cosa. –¿Eso es blindhet? –Inquirió.

–Todo un conocedor –le respondió el elfo oscuro –lo es, directo de la cava del difunto rey –Loki soltó una risa incrédula.

–Eso es imposible, seguramente es una imitación –el elfo oscuro pareció ofendido.

–¿Se atrevería a degustarlo? –Lo retó sin saber que estaba hablando con el mismísimo hijo de Laufey. –Se dice que nadie puede beber más de un sorbo.

–Si es una imitación como supongo, apuesto a que puedo beberlo como si fuera agua.

–Le apuesto dos botellas a que no –Thor seguía el intercambio divirtiéndose y disfrutando de la compañía engañosa de Loki.

Cerca de ese puesto había otro atendido por una elfa oscura, tenía artesanías propias de su pueblo y juguetes elaborados minuciosamente. La atención de Thor se fijó en una serie de figuras. Dejó de lado a Loki, quien ya tenía un corro de curiosos a su alrededor. Se acercó incrédulo. Había varios muñecos de un pie de alto, vestidos con sus respectivas armaduras, estaban bellamente detallados. El que había llamado su atención era uno que portaba una armadura negra.

–Es el dragón negro de Nornheim –le dijo la vendedora. En efecto Thor tenía en la mano una réplica de su rival –y espere, aquí tengo la versión dragón –le dijo ella inclinándose y sacando en efecto una figura que sin duda era un dragón negro pero que era sumamente imprecisa en cuanto a representar a Hagen. Thor lo sabía muy bien pues lo había visto más de cerca que nadie. –Y aún mejor, tengo al dios del trueno y se puede hacerlos luchar entre ellos –añadió y sacó la figura de la que hablaba. Thor se rió tomando en su mano libre su propio yo de juguete.

–¿Cuánto cuestan? –Le preguntó.

–Cien sous cada uno, si se fija pueden mover las articulaciones –Thor pensó que serían un buen obsequio para Hërin así que los compró aunque aún era muy pequeño para jugar con ellos. –Espere, por cincuenta sous más le puedo vender una docena de sus soldados acompañantes, ulfhednar y norn –le fue explicando.

Thor volvió a reír encantado y accedió. Mientras ella los embalaba él se fijó en las otras cosas que tenía. Había cerámica, joyería y pinturas. Reparó en un boceto que mostraba lo que inconfundiblemente era un jötun, de piel azul y ojos rojos, pero uno de negros cabellos.

–¿Tú dibujaste esto?

–No, distintos artistas elfos realizan estas artesanías y yo les hago el favor de venderlas. ¿Le gusta? También tengo unos alfh con cabellos de fuego, y unos retratos de hermosas elfas –Thor había dejado de escucharla mientras observaba el dibujo. El artista había pintado a un Loki mucho más joven, un adolescente, mirando de perfil, lo había retratado de la cintura para arriba, las líneas de sus tatuajes eran precisas, tal como Thor las recordaba de las veces que se las había visto, el cabello le caía trenzado sobre un hombro y su consorte tenía expresión apacible. Por supuesto también compró aquel retrato y se lo guardó.

–Eso fue demasiado fácil –le dijo Loki arrastrando un poco las palabras, llevaba en brazos sendas botellas –no lo vas a creer pero son legítimas, esos trúhanes asaltaron las bodegas de mi padre, me pregunto cuando lo hicieron –se inquirió pero no sonaba molesto. Se alejaron de ahí. –Apuesto a que ni tú ni tus amigos pueden pasarse esto –siguió el hechicero.

–Habrá que ver –completó Thor. –Yo me encontré a mí mismo y a Hagen –le contó mostrándole las figuras.

–Mira, una versión de él que si puedes hacer callar –se burló Loki.

En eso apretó la mano de Thor y lo frenó. Habían llegado a una calle donde se escuchaba un cántico poderoso y melancólico, el cual estaba acompañado por miles de luciérnagas que flotaban en el aire. Con una segunda mirada Thor comprobó que no eran sino pequeñas luces flotantes, magia élfica. La fuente era un grupo de elfos de luz vestidos de blanco que estaban tocando aquella música, una pequeña niña producía aquellos orbes, creando la ilusión de haberse ido a meter a un sueño. Pero no era por esa atmósfera romántica por lo que Loki había detenido a Thor, sino porque entre las parejas que disfrutaban de ese espectáculo, una había captado su atención. Se trataba de Hogun y Sif. Estaban tomados de una mano observando y de pronto él le pasó una flor. La guerrera la recibió visiblemente complacida. No se besaron pero se notaba a la legua el gran afecto que los unía.

–Vámonos –le pidió Thor a Loki. No es que pudieran reconocerlos pero el dios del trueno sintió que con sus miradas puestas en ellos les estaban robando el momento.

Se alejaron de ahí y fueron en busca de otro tipo de diversiones. En el camino se toparon con un puesto de "salak–larnin", una bebida de origen alfh que tenía la propiedad de embotar los sentidos y relajar la mente, si se consumía demasiado había quien sufría de alucinaciones. Con su reino de origen arruinado el precio de la bebida andaba por las nubes pero Thor quiso que Loki la probara y compró sin regatear. El hechicero estaba algo entonado debido al blindhet que había ganado pero no se echó atrás. Thor jamás olvidaría esa noche en toda su vida pues debido al salak–larnin, a Loki le entró una risa fácil, ganas de burlarse de todos e inclusive de bailar. Thor resistió un poco mejor y aunque todo le parecía increíblemente divertido conservó suficiente lucidez para atesorar en su memoria cada uno de los gestos de Loki, que sintió que eran sólo para él; y toda la felicidad que desbordaba mientras bailaba entre las luces del festival, mientras se reía y observaba fascinado todo a su alrededor pero sobre todo al dios del trueno.

Thor le mencionó una famosa contienda de trolls de las montañas y fueron en su búsqueda. No les costó demasiado hallarla. El reto consistía en tomar un aro de ratán y pasárselo por el cuello a un troll traído para ese propósito. El premio era una nadería, un brazalete de oro, supuestamente; pero la gente competía más bien por probar quien era más valiente.

–Muy bien Thor, te perdiste todos los torneos pero creo que aquí hay una justa para ti, consígueme ese brazalete –lo alentó Loki que se imaginaba que de todos modos Thor querría luchar con el troll aunque él no le incitara a ello.

–Como ordenes –le respondió simplemente y se metió entre la multitud.

Un norn alto y fornido acababa de salir volando cuando Thor se unió al reto. Loki se plantó entre la multitud concentrado, a pesar de su estado, en mantener la ilusión que ocultaba la verdadera forma del dios del trueno; menudo escándalo sería que se supiera que el rey de Asgard se divertía de esa manera. Aunque seguramente a Thor le daría igual lo que se dijera. El troll medía diez pies de alto, ancho de espaldas, calvo y de piel cetrina; estaba desarmado y de pésimo humor. Thor tomó el aro que le pasaron y se dispuso a acometer esa labor.

–Ten cuidado –murmuró Loki logrando preocuparse un poco.

El troll miró a Thor leyendo sus intenciones. Aquellas criaturas eran sumamente estúpidas pero no tanto como para no saber defenderse. Thor fue hacia él y el troll trató de sujetarlo. El dios del trueno se le escurrió bajo un brazo y se le subió a la espalda izándose con las manos en dos movimientos. La criatura lo notó y se dejó caer de espaldas para aplastarlo. Thor se soltó y rodó esquivándolo pero el troll lo alcanzó de un pie y lo levantó velozmente para azotarlo en el piso. Loki contuvo un grito pero creó una daga de hielo listo para meterse. Su esposo le propinó una patada en el rostro al troll y al siguiente instante lo tenía sujeto del cuello. El monstruo se levantó cuan alto era y dio de giros tratando de sacudirse de encima al molesto competidor. La gente a su alrededor pegaba de gritos y varios huyeron pues el troll no se fijaba si pisoteaba a quien tuviera delante. Finalmente logró agarrar a Thor del manto que portaba y lanzarlo lejos de sí. Aterrizó en medio de un puesto de pasteles. Loki fue tras él.

–Gracias a Tyr que no aposté por ti –le dijo mientras lo tomaba de un brazo para ayudarlo.

–Si no lo hiciste, entonces acabas de perder –le dijo Thor limpiándose un hilillo de sangre que le corría por el mentón y quitándose algo de crema del cabello. Se puso de pie y movió la cabeza a un lado y al otro, Loki escuchó que su cuello crujía pero al siguiente instante le sonrió. –He ganado el premio para ti –añadió señalándole al troll.

Los entrenadores de la criatura le habían echado ya varias cuerdas encima para reducirlo y maniatarlo, Loki ni se había fijado en ello pero en ese momento notó que el troll llevaba el aro en el cuello. Negó reprobatoriamente pero igual se divirtió muchísimo cuando le pasaron el premio de la noche. Pagaron los pasteles que Thor arruinó y se consiguieron otros bocadillos y más alcohol. Se toparon con Hjörtur y Hrafn quienes iban acompañados por un corro de chicas que les hacían ojitos. El grupo se alejó calle abajo entre risas tontas y fanfarronería. Thor se preguntó si sus amigos y él se veían igual de inmaduros hacia algunos siglos.

Volvieron al alba, atiborrados y algo ebrios, aun intoxicados pero felices. Loki dijo que tenían tiempo de descansar algunas horas antes de que el deber los llamara. Se metieron a la cama y se desnudaron como pudieron, más con ayuda de la magia de Loki que por coordinación propia. Recobraron su aspecto original. Thor estrechó a Loki y empezó a besarlo con pasión pero pronto fue evidente que estaban demasiado cansados y dispersos como para lograr su cometido.

–Lo podemos dejar para la mañana –afirmó Loki lánguidamente, recostado entre los brazos de Thor.

–En la mañana –lo secundó Thor que ya empezaba a dormirse –seré increíble por la mañana, te lo aseguro.

Loki le sonrió, un gesto que Thor ya no alcanzó a ver. El ojiverde se arrebujó contra el cuerpo de su esposo. Estaba por sucumbir al sueño, ahíto de comida y bebida, cuando de pronto presintió algo. Le pareció escuchar un sonido, se quedó quieto y alerta esperando, se repitió y esta vez lo distinguió con claridad. Era el llanto de su hijo.

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Era sábado, al festival le quedaba sólo un día más. Thor se levantó de mejor ánimo luego de haberse escapado de sus deberes de rey con Loki. Se dispuso a presidir el rito religioso de rigor con buen talante. El hechicero no estaba a su lado cuando despertó a pesar de las intenciones que habían manifestado en la madrugada. El dios del trueno no lo hizo buscar, ya estaba habituado a que cada uno siguiera sus propias ocupaciones a lo largo del día. Empezó a recelar cuando cayó la tarde sin que hubiera visto ni una señal de Loki y lo mandó buscar para que lo acompañara a presenciar el torneo libre en el que cualquier guerrero podía valerse de cualquier arma. Sería interesante de ver pues por primera vez entre los cincuenta competidores se contaba con diez mujeres.

–Mi rey –lo abordó el siervo que había enviado a por Loki. –Su alteza Loki le manda decir que vaya sin él al torneo, dice que surgió un asunto menor pero que requirió su atención de manera imprescindible –Thor miró mal al muchacho como si aquello fuera su culpa –le manda decir que lo lamenta –al oír eso el dios del trueno negó.

–Eso último te lo acabas de inventar, Loki nunca se disculpa por nada –el paje se puso rojo hasta la base de los cabellos. –Está bien, lo dejaré correr.

Era el primer torneo que lograba presenciar y había esperado acudir con Loki, luego de todo lo que habían pasado la noche anterior se sentía muy apegado a él. Thor no le dedicaba intensas reflexiones al asunto pero sí que se daba cuenta de que su pasión por Loki no disminuía a pesar de la rutina y de todo el tiempo que pasaban juntos. Seguía hambriento de su cuerpo, de sus besos y su compañía con el mismo ardor de siempre. Lo echó en falta pero encontró que Sif era un segundo juez bastante adecuado para la contienda que iban a presenciar, escogió a Volstagg como el tercero. Cuando su amiga se puso de pie y fue anunciada hubo vítores tan estruendosos que se diría que la reina de Asgard era ella. Las guerreras que iban a competir la ovacionaron más fuerte que nadie deseosas de su aprobación.

–Tal vez deberíamos tener una compañía de mujeres en el ejército –la embromó Thor pero ella puso un semblante serio al oírlo decir eso.

Las justa fue intensa, hubo quienes se refrenaron ante las competidoras y otros que se ensañaron con ellas como castigándolas por su osadía. La final fue entre una pelirroja bastante sólida y ágil; su contendiente era miembro del ejército, uno de los hired alto y musculoso. Parecía que ella iba en desventaja, en su forma de combatir se notaba que le faltaba adiestramiento pero resultó tener un talento nato para ser escurridiza y eso jugó en su favor durante algunos emocionantes minutos en que su rival no pudo asestarle ningún golpe. Al final la experiencia del hired se impuso y ella perdió, aunque conquistó un bastante honroso segundo lugar.

Volstagg fue el encargado de entregar el premio que consistía en una insignia de oro acuñada con los cuervos Odín y quinientos sous.

–Es bastante ágil esa muchacha –comentó Margrét, la esposa de Volstagg sobándose sin notarlo la barriga. –Si la entrenasen seria campeona el próximo año –añadió con confianza.

–La fuerza de un hombre no puede ser igualada por una dama –soltó Volstagg sin pensarlo y cuando se giró tenía a Sif mirándolo como un halcón. –Aunque como en todo, hay excepciones.

–Finnur –llamó al maestro de ceremonias y gobernador.

–Sí, mi diosa –el aludido se puso a su disposición de inmediato.

–¿Cómo se llama la ganadora del segundo lugar? –Thor ya veía lo que estaba por pasar.

–Su majestad –un paje con la librea del castillo se le acercó casi con sigilo y le puso en la mano una nota. Thor reconoció en el acto la letra de su madre.

"Ven de inmediato, es Hërin" le ponía sencillamente. Un mal presentimiento se apoderó de él.

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Se aposentó en las habitaciones de su hijo maldiciéndose, había pasado por alto pasar a saludarlo en la mañana, si lo hubiera hecho habría encontrado a Loki y a su madre en ese sitio. Cuando llegó Frigga estaba saliendo de la habitación. Los dos guardias einheriar le hicieron una reverencia. La reina madre les indicó que se apartaran y así lo hicieron.

–¿Qué pasa? –Preguntó Thor preocupado. Los pequeños aesir nunca se enfermaban. –¿Cómo está Hërin?

–Ten calma, hijo –lo encomió Frigga. –Hërin se encuentra bien, disculpa lo parco de mi nota pero era inapropiado poner por escrito más de lo indispensable. Se trata de un asunto mágico. –Thor no comprendía aunque se sintió un poco más tranquilo. –Anoche Ásta vino a mí pues Hërin no paraba de llorar, buscamos a Loki, quien tiene el don de siempre tranquilizarlo pero no pudimos encontrar a ninguno de ustedes dos –Thor se mostró apenado. –Supuse que se habían ido juntos al festival –su madre no se lo reprochaba. –Yo me ocupé de arrullarlo hasta volver a dormirlo pero al cabo de algunas horas volvió a despertar. Esta vez Loki acudió en persona atraído por ese lazo que comparten. Ni siquiera él logró calmarlo pero intuyó algo de naturaleza mística y se le ocurrió rodearlo con una barrera mágica la cual finalmente lo tranquilizó. Aunque ni él ni yo pudimos discernir la raíz de su malestar –dijo Frigga y su rostro mostró extrañeza. –Esta mañana convocamos a Karnilla. Ella descubrió que tu hijo tiene tanta fuerza dentro de él que atrae a los espíritus. Aquello que atormenta a nuestro pequeño es un espíritu Vesta, un ave proveniente del mismísimo Yggdrasil y que muestra visiones a los hechiceros. Se prendó de Hërin pero Karnilla y Loki se están ocupando de ello. –La reina madre lucía cansada. –Le dije a Loki que no debía dejarte al margen, ve –le pidió Frigga.

Thor la retuvo un momento para darle un beso en la mejilla.

–Gracias madre –le dijo antes de que ella se retirara con su fiel Sköll a la saga.

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Entró sin anunciarse, la niñera le hizo una reverencia y Thor le indicó que quería privacidad, ella así lo hizo. Era sumamente leal y discreta, muy entregada a su labor de cuidar a Hërin y Thor se lo agradecía aunque tendría que hablar con ella respecto a no haberle informado a él también de lo que le pasaba a su hijo.

Se encontró con Loki cargando a su hijo mientras Karnilla cantaba algo poniéndole una mano en la frente al bebé. El ojiverde estaba sentado en una butaca sosteniendo al pequeño y el brillo rojizo de la magia de Karnilla los envolvía a todos.

–Lo devoraste pero debes tener cuidado con lo que te muestre –decía la bruja norn a su amigo.

–Me costó demasiado esfuerzo dominarlo –le dijo Loki a Karnilla y su voz traslució cansancio.

–Loki –el ojiverde se sobresaltó al notar la presencia de Thor como si lo hubiera sorprendido haciendo algo indebido. –Madre me contó lo que pasa –Thor se acercó pero se quedó parado a prudente distancia. Esperó a que la bruja norn terminara su conjuro. En cuanto lo hizo ella le hizo una reverencia a Thor y se marchó discretamente. Finalmente el dios del trueno acarició a su hijo suavemente. Hërin dormitaba apacible.

–No te preocupes, todo está bien ahora. Karnilla exorcizó el espíritu y yo me encargué de él.

–¿Por qué no mandaste por mí en vez de decirme que me fuera al torneo?

–Porque se trataba de un asunto de hechiceros –fue la respuesta, –además desde hace días querías ver las justas y de todos modos no podías hacer nada.

–Mi hijo es más importante que cualquier cosa, aunque yo no tenga magia igual me interesa todo lo que le pase.

–No seas dramático, tan sólo tuvo pesadillas –lo contradijo Loki sin elevar la voz.

–Madre me dijo que un espíritu Vesta se prendó de él haciéndolo sufrir –Loki lo miró con una advertencia en los ojos pero al cabo su semblante se relajó.

–No quise decirlo así, a mí también me dio angustia cuando lo encontré inconsolable. Por favor Thor, si quieres discutamos esto después, no quiero que lo despiertes, necesita descansar –Thor se calmó.

–Sé que es muy pequeño y que no puedo hacer mucho por él pero me importa más que mi propia vida –Loki suspiró pero no se disculpó. Sin embargo se mostró menos posesivo con su hijo.

–¿Quieres sostenerlo? –Le preguntó a Thor. El rubio asintió y Loki se lo pasó con cuidado.

Thor ya sabía que Loki tendía a minimizar el sufrimiento propio y ajeno, era algo que había aprendido en su infancia y que llevaba de manera indeleble en el alma. Por primera vez al dios del trueno le preocupó que pudiera ser un padre frío y distante como lo había sido Laufey. Ese temor se le aplacó un poco cuando Hërin abrió los ojos e hizo amago de soltarse a llorar pero Loki le acarició los rubios cabellos y le susurró una cancioncilla que lo tranquilizó en el acto. El pequeño se volvió a dormir. Thor a veces se sentía fuera de lugar e innecesario en la vida de Hërin, y Loki no lo ayudaba demasiado a sentirse diferente. Los dos se quedaron con su hijo mirándolo dormir.

–¿Quién ganó hoy? –Preguntó Loki en susurros. Thor empezó a relatarle lo sucedido al ojiverde y la desazón que el momento le produjera se disipó.

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El cielo se oscureció teñido de largas lenguas rojizas. Loki no pudo distinguir si se debía a un incendio o al sol poniéndose. Sentía una gran opresión en el pecho, una ansiedad cuyo motivo no dilucidaba pero que llevaba el nombre de Thor grabado. Estuvo tentado a cubrirse los oídos ante el apabullante estruendo que lo rodeaba. No veía sino sombras borrosas a su alrededor pero reconocía el sonido de una batalla. El acero de las armas encontrándose, los gritos de auxilio de los heridos, las voces dando órdenes, las maldiciones, los gemidos, los escudos restallando. Se enjugó sudor que le empañaba los ojos y por fin distinguió algo que en un principio parecía un estandarte rojo pero que de pronto supo que era la capa de Thor. Corrió hacia él llamándolo a voz en cuello, pero su consorte no volteó a mirarlo. Se le fue acercando, la capa estaba desgarrada en los bordes que titilaban, era aquella prenda bordada en plata élfica que él le había regalado hacía, lo que se sentía, eones. Volvió a gritar el nombre de Thor sin obtener una respuesta. Estaba a pocos metros cuando lo vio tambalearse. Tendió los brazos al frente y lo alcanzó cuando ya se derrumbaba.

–Thor –lo llamó mirándolo ahora tendido en su regazo. El semblante cubierto de polvo y de sangre ajena, pero la mirada azul agotada y hastiada. –Thor –le acarició la frente. Y supo que estaba muriendo. Thor se le moría en los brazos sin poder hacer nada. –Estás herido, dime dónde estás herido –observó su cuerpo maltrecho. Thor llevaba regadas varias lesiones pero ninguna parecía fatal. Loki lo palpó, debía poder hacer algo como en el pasado, debía poder curarlo, restaurarlo a toda su gloria. –Dime dónde estás herido, no veo, no encuentro –le suplicó.

Sintió la mano de Thor cerrarse cálida sobre la suya y lo volvió a mirar. Una lágrima le cayó al dios del trueno en la mejilla, pero no era de él. Era de Loki.

–No llores –le pidió Thor, en su mirada no había dolor. Loki parpadeó haciendo que más lágrimas suyas cayeran sobre el rostro de su amado. Y en ese instante sin mirarlo Thor se había ido.

Escuchó un grito, un auténtico aullido de dolor. Se dio cuenta de que era suyo. Se le sumaron los vagidos de una multitud clamando: "El rey ha muerto".

Sintió que lo halaban de la ropa para apartarlo de Thor. Se aferró a él con desesperación.

–Loki, todo ha terminado, suéltalo– le decían distintas voces pero él se negaba. Se enderezó al sentir un ramalazo de sufrimiento atenazándolo, pues entre el clamor y su propio llanto distinguió la vocecita de un infante.

–¡Papá! ¡Papá!

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–No, no, no, no… Thor… ¡No! –aquello era una plegaria, y el dios a quien iba dirigida pudo escucharla.

Thor despertó. Se enderezó con los reflejos adquiridos a lo largo de una, aun joven pero experta, existencia de entrenamientos y de combates. Su instinto guerrero le indicó en un segundo que no había peligro, por lo menos no uno físico. La noche lo envolvía pero distinguió en la penumbra su habitación en la mansión de Harokim. La misma que compartía con su consorte. Se giró hacía Loki. El hechicero seguía dormido pero temblaba, no paraba de suplicar por él, ni de gemir quedamente presa de una pesadilla. Thor lo sujetó de un hombro y lo instó a despertar. El ojiverde abrió los ojos aterrorizado.

–Loki, tuviste un mal sueño –le dijo Thor.

–¿Thor? –Loki parecía seguir medio dormido y al parecer le costaba reconocer al rubio.

–Estoy aquí –Thor lo alcanzó del cuello y lo acercó a él. No se lo esperaba, pero Loki le echó los brazos encima abrazándolo y soltando un suspiro de alivio.

–Te vi morir –dijo haciendo más fuerte su abrazo. Thor le respondió aquel gesto rodeándolo con los brazos también. Pudo sentir el corazón de Loki acelerado contra su pecho. –No te lo perdonaré si me dejas. Eres el poderoso Thor, tú nunca caes, pero si lo hicieras no te lo perdonaría, te resucitaría para matarte con mis propias manos por abandonarme. ¿Me oíste?

Thor le acarició los negros cabellos a Loki.

–Te oigo –le respondió tratando de imbuirle calma al ojiverde. –Fue sólo un sueño Loki.

El hechicero asintió y se despegó un poco de Thor. Era visible que continuaba trastornado por esa pesadilla pues tomó el rostro de Thor entre sus manos y entonces lo besó. Thor juraría que probó el sabor salino de una lágrima en ese beso pero no dijo nada, en cambio le respondió a Loki aquella caricia. Sintió que Loki lo besaba con el alivio de saberlo vivo pero con la urgencia de constatarlo a su lado. Loki lo besó no sólo con los labios sino también con todo su cuerpo echándosele encima a Thor hasta acabar prácticamente montado a horcajadas sobre su regazo. El ojiverde no era dado a mostrarse tan efusivo ni a ser sobrepasado por sus emociones. Pero en ese beso y en la forma en que sus manos empezaron a buscar alcanzar el cuerpo de Thor entre la ropa, el dios del trueno entendió que el hechicero trataba de decirle que no quería vivir sin él.

Las delgadas y frías manos de Loki lo recorrieron. La ropa se desvaneció al cabo de un momento, mágicamente por supuesto, Loki le trazó con los labios la línea del mentón y el cuello. Thor se dejó hacer con deleite. Ojalá Loki tuviera pesadillas más a menudo. El hechicero lo colmó de besos, dibujó cada línea de su pecho con los labios mientras se sujetaba de los brazos de Thor. El rubio jadeó cuando Loki llegó a la altura de sus caderas, no pudo evitar una queja cuando Loki siguió de largo por sus piernas. Dejó que su amante lo recorriera hasta los dedos de los pies, que lo mordiera en los muslos y que lo probara por donde quisiera; como si reclamara su cuerpo para él. Se comportaba como si en verdad Thor hubiera muerto y tuviera una nueva oportunidad de tenerlo a su lado. El dios del trueno pensó que debería detenerlo en esa locura espoleada por un sueño pero entonces finalmente sintió la lengua de Loki, tibia y suave, sobre su miembro y se dio cuenta de que la verdadera locura sería detenerlo. Gimió cuando Loki lo succionó, su lengua ya experta en la geografía de Thor, chupándole la punta como quien prueba un manjar, y lamiéndole el tronco hasta que Thor sintió que le dolía de tan duro que estaba. Loki lo engulló apretándolo con su boca y su garganta y a Thor se le olvidó todo.

Cuando Loki lo tuvo tal como lo quería, lo soltó y se le montó en el regazo. Le buscó los labios y la mirada. Y lo besó cuando sus manos, que ya no eran frías, lo guiaron hacía su interior. Thor lo abrazó mientras lo penetraba ganando centímetro a centímetro con ayuda de Loki que lo guiaba pero que además hacía presión hacia abajo. Sintió los gemidos de Loki contra sus labios conforme se adentraba en él. Loki se estremeció cuando lo lograron; sudando, palpitante y necesitado de Thor. Se aferró a la espalda del rubio y onduló sobre él. Thor sintió los dedos de Loki clavados en su espalda mientras el hechicero lo cabalgaba incansable. Le empezó a ver el orgasmo cuando Loki echó hacía atrás la cabeza; y gimió su nombre. Cuando lo hacían a veces Loki explotaba primero y dejaba que Thor siguiera a su entero gusto hasta llegar también; a veces pasaba al revés y Thor remataba a Loki con los dedos o con la lengua, pero también había ocasiones en que estaban tan compenetrados, tan volcados en el otro que se venían juntos. Loki buscaba que esta ocasión fuera así. Se mordió los labios y trató de rehacerse un poco.

–Ayúdame –gimió pues el cuerpo no le daba para lo que pretendía. Thor lo sostuvo por la cintura ayudándolo con su portentosa fuerza a dárselo como lo necesita, y Loki pudo tensarse y apretar a Thor dentro de él. El rubio gritó conforme la fricción se incrementaba. No estaba seguro de en qué momento el hechicero se volvió tan hábil. Las embestidas se volvieron más feroces. Thor no soltó a Loki y lo ayudó a empalarse. Loki gritó y arqueó el cuerpo pero lo resistió sin desfallecer. Los dos tan al borde. –No resisto, vamos, necesito sentirte –le imploró; y la forma en que Loki casi le rogaba, en que se estaba conteniendo de venirse antes que él, la forma en que lo apretaba y gemía, todo eso empujó a Thor al orgasmo. Al sentirlo derramarse en su interior, Loki explotó también manchando el abdomen de ambos.

El hechicero se derrumbó sobre Thor quien lo estrechó en sus brazos. Iba a girarlo para tenderlo a su lado pero Loki se quejó.

–No te salgas todavía –nunca le había pedido eso. –Quiero tenerte lo más que pueda.

Thor le sonrió y suspiró. Tenía el rostro de Loki apoyado en el hombro. Estaban húmedos y pegajosos, su consorte normalmente usaba su magia para asearlos de inmediato pero en esta ocasión pidió quedarse tal como estaban y Thor lo complació.

–Fue sólo un sueño, estoy aquí contigo –no le podía prometer que jamás morirá, eso sería demasiado necio aun para él.

–Ese sueño se ha desvanecido –dijo Loki. –Pero la sensación de pérdida sigue aquí. ¿De verdad me dejarías atrás?

–No por gusto –le susurró Thor. –Con el sino que tenemos te apuesto a que nos moriremos el mismo día. –Loki se enderezó para mirarlo esperanzado. –De viejos y en la misma cama, con suerte nos da un infarto follando –el hechicero lo miró mal pero sonrió.

–Eso me gustaría, morir junto contigo, aunque si te mueres así no irás al Valhala –Thor se encogió de hombros como si le diera igual.

–De todos modos no creo que mi alma pueda ir al Valhala porque es tuya –Loki le dio un beso en la mejilla en vez de censurar tales sentimentalismos como normalmente haría. –¿Nunca lo has sentido? A veces cuando lo hacemos siento que estamos tan juntos que compartimos el alma.

–¿En serio? –Loki lo miró como maquinando algo –a ver si no resultas ser sólo palabrería vacía.

–Yo jamás soy palabrería vacía –se ofendió Thor. Loki se apartó finalmente, el miembro blando de Thor se deslizó fuera de su cuerpo y Thor sintió que ya lo extrañaba. El hechicero empezó a escribirse sobre el pecho con la punta de sus dedos, usando su piel como pergamino, las palabras se marcaron en el tenue resplandor de su magia a falta de tinta. –¿Qué haces?

–Lo pongo por escrito –Thor miró aparecer las palabras: "Yo, Thor Odínson, juro compartir mi alma con Loki Odínson del linaje de Laufey, desde este momento…" –¿Qué plazo le pongo?

–Usa el convencional: por la eternidad.

"Y para toda la eternidad". Terminó aquello Loki. Luego, sin que Thor tuviera que pedírselo se puso a escribir el juramento correspondiente sobre la piel del dios del trueno, empezando con: "Yo, Loki Odínson del linaje de Laufey juro…"

–Y ahora fírmalo –le pidió Loki.

Thor sonrió y apoyando el índice en la piel de Loki escribió su nombre que quedó flotando en el aire y luego se desvaneció. Loki firmó sobre él y por fin pareció más tranquilo. Lo habían abandonado muchas veces en su vida sin que aquello le impidiera simplemente seguir adelante sin mirar atrás, pero Thor se le había colado bajo todas sus defensas y se le había vuelto imprescindible. La sola idea de perderlo hacía que Loki se retorciera en agonía. Por fin, con el cuerpo relajado luego de yacer juntos y con la ingenua idea de que Thor lo quería tanto que hasta le compartiría su alma, Loki volvió a conciliar el sueño dejando atrás sus demonios.

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El festival llegó a su fin con una fiesta a rabiar en las calles, al día siguiente los invitados de la corte volverían a Valaskialf pero Finnur no quiso que sus huéspedes se marcharan sin que él hubiera celebrado una fiesta privada en su mansión. Ragnheidur había considerado que a mitad de la fiesta, era un buen momento para volver a hablar de los monopolios y se había llevado dos horas de su tiempo. Thor aún estaba pensando en una frase amable que despachara al gobernador de Gundersheim en esos casos pero aún no lo conseguía. Loki se había retirado temprano tras haberse desvelado la noche anterior y gran parte del día cuidando a Hërin. Cuando el gobernador por fin se marchó Thor se encontró con un puñado de invitados en el salón principal. Los laúdes se habían guardado, las copas y las jarras vacías estaban dispuestas en bandejas por toda la sala y las luces casi consumidas. En la estancia sólo quedaban algunas damas, los hijos de Finnur con otros cortesanos y unos cuantos oficiales.

–Thor –lo llamaron a sus espaldas. Se giró, entre los rezagados estaba Fandral. –Ven a brindar conmigo –dijo su amigo levantando una copa.

–¿Y Amora? –Le preguntó Thor.

–En la habitación, esta exhausta después de pasear por el festival.

–Volstagg dice que estás enamorado de ella –le dijo Thor.

Fandral casi escupió la bebida que tenía en la boca, miró a Thor como si lo hiciera por primera vez y después se rió sin poder evitarlo.

–¿Qué puedo decir? Es increíble. Desde que nos reencontramos en Nornheim estoy enganchado con ella, seguro que por eso lo dijo Volstagg pero no... ella sabe que no es la única en mi vida. Amora es ideal porque no es celosa ni por asomo, no le importa que tenga otras amantes, ni a mí que ella los tenga. Lo nuestro está en vías de convertirse una sana amistad, una vez que… –se inclinó un poco sobre la mesa para que pudiera escucharlo mejor –de hecho estamos pensando en tener, tú sabes, un trío con Threir.

A Thor no le sorprendía en lo más mínimo, no era algo nuevo lo que estaba haciendo Fandral, ni mucho menos. Ellos dos solían tener un vocabulario para referirse a sus respectivas amantes y lo que hacían con ellas sin que los demás supieran, aunque desde luego que los otros sospechaban. "Es muy simpática", significaba que tenía un trasero perfecto. "Tiene buena labia" era para alabar su habilidad en el sexo oral. "Es muy laboriosa", y ella haría todo el trabajo montándolos. "Es muy educada" implicaba que era sumamente flexible. Y un sinfín más para referirse a tamaño de busto, si el prometido se marchaba de la ciudad, si estaba dispuesta a hacerlo en un sitio público, si le gustaba rudo.

–¿Y quién es tu amante? –Lo sacó de sus recuerdos Fandral con la pregunta.

–Loki –respondió entendiendo de inmediato el sentido de la cuestión. Inclusive se rió cuando Fandral lo miró.

–Ajá –pareció concederle –hablo en verdad. Te conozco amigo, y no quiero extender esa palabra. Tú me llevaste a conocer los más sublimes burdeles de los nueve mundos y ahora me estás diciendo que vas de fiel esposo. –Thor asintió pero Fandral continuaba suspicaz.

Thor sabía que no podía darle una explicación como seguramente la daría Volstagg de Margrét, o inclusive lo que Hogun podría decir respecto a Sif. Si es que alguien lograba arrancarle algo a esos dos ya que eran demasiado reservados respecto a sí mismos. Pero cuando pensó en Loki, Thor pensó en lo mucho que le gustaría ya encontrarse en su habitación, tirarse en la cama y enredarse al lado de su amado. Acercarse tanto que pudiera aspirar el olor de su cabello, uno que ya le era necesario para conciliar bien el sueño; pero Fandral continuaba mirándolo, esperando una respuesta.

–Loki es muy simpático, educado y laborioso, tiene muy buena labia, manos de artesano, sensatez y sentido del humor y estoy resumiendo sus muchos atributos –dijo Thor y de pronto Fandral olvidó su escepticismo y rompió a reír.

–Si lo pones así… –Fandral se recargó de su silla de forma cómoda. –No tengo nada en contra de Loki, jamás olvidaré que me salvó las piernas, y el trasero en varias ocasiones, me agrada, mucho más de lo que llegué a pensar. Es sólo qué parece que todos van corriendo contra el tiempo, comprometiéndose y teniendo hijos. Volstagg bebía conmigo, como en los viejos tiempos pero ha dicho que quería ir a ver a Margrét y prometió volver, pues aquí lo sigo esperando pero es claro que no lo hará. Hogun… es Hogun –dijo tras un segundo, no había más qué decir del estoico guerrero. –A Sif la vi con esa mujer pelirroja, la que ganó el segundo puesto el día de ayer; parece muy metida en su papel de diosa de la guerra –y de pronto las palabras de Fandral se fueron perdiendo en su discurso. Thor intuyó que quería decir, que sentía que lo dejaban atrás.

–Amora parece una buena mujer –le dijo –si un día te animas… no estaría mal –le dijo Thor dándole una palmada en el hombro poniéndose en pie.

–Cuando Jötunheim se descongele… –prometió Fandral.

Thor le dejó ahí, estaba seguro de que su amigo encontraría pronto el camino hasta la cama de Amora. Él hizo lo propio yendo a sus habitaciones, encontró a Gellir custodiando aquel pasillo. En aquella ala de la mansión había un silencio casi absoluto. Procuró no hacer ruido cuando entró a su alcoba, distinguió la figura de Loki entre las sabanas del lecho. Se quitó el manto y el peto de la armadura.

Su padre le había legado artefactos que sólo pertenecían al rey de Asgard, tales como Hugin y Minun, los cuervos de Asgard. No eran aves en sí, aunque se decía que una vez lo fueron, sino reliquias con forma de cuervos negros. Minun era la memoria de los Padres de Todo. Guardaba dentro de sí la historia de Bor, de Cul, de Odín y algún día tendría la de Thor y, seguramente, la de Hërin. Thor no podía esgrimirlo aún pues aunque era el rey, mientras Odín viviera no sería nombrado Padre de Todo. Pero tenía consigo a Hugin, el conocimiento. A través de esa reliquia, que era un medallón con la efigie del cuervo tallada, podía comunicarse con Heimdall. Si se usaba mientras se sentaba en Hliöskjálf podría ver a través de los ojos del guardián, aunque eso último requería poseer cierto seidh y aunque Thor lo había intentado en el pasado no lo había conseguido.

Estaba por quitarse el medallón cuando sintió que se calentaba en su mano y escuchó la voz de Heimdall en su cabeza.

–Thor, han atacado Svartálfheim –le dijo el guardián sobresaltándolo, como para probar que Hugin efectivamente funcionaba. Escuchó el relato que Heimdall le hizo. Aunque él podía escucharlo, no así la gente a su alrededor. Su padre conversaba de manera casi telepática pero a Thor se le hacía extraño hablar con alguien dentro de su cabeza que no fuera él mismo. –El rey Larus ha muerto.

Ahí, en la alcoba de la mansión en completa oscuridad, aquellas palabras le parecieron el peor de los presagios. Estaba a punto de preguntar cómo había ocurrido cuando Heimdall, anticipándose a ello, continuó hablando sobre el ataque sufrido. En Enya, el palacio de Larus, el golpe vino de parte de un traidor; mientras que en la confluencia de los ríos, a Eyvindur lo atacaron sus viejos enemigos, los elfos oscuros.

Thor reconoció que su padre sabría que hacer de inmediato en cuanto a la política, él soltó un suspiro en muestra de alivio de saber que su amigo estaba vivo.

–¿Siguen bajo ataque? –Quiso saber. Notó que Loki se removía en la cama al escucharlo, no pretendía despertarlo pero le constaba que su esposo tenía el sueño ligero cuando no dormía junto a él.

La respuesta era un no. Los elfos se marcharon en sus drakares poniéndose lejos del alcance de los elfos de luz y de la vista de Heimdall pero no era todo. Tenía noticias que darle sobre Vanaheim, unas que Thor no entendía a qué iban hasta que se las narró.

–¿Hablas con Heimdall? –Intuyó su esposo enderezándose en la cama a esperar que la conversación finalizara.

Thor dejó que parte de su peso descansara contra la mesa que tenía detrás de él, la conversación finalizó por fin, aguardó un momento pero después de un segundo terminó de desvestirse. Sabía que no había nada que hacer por el momento, no era cuestión de salir corriendo con los elfos por lo ocurrido, si Eyvindur necesitaba su ayuda se lo haría saber, y en cuanto a Vanaheim…

–¿Qué pasa? –Inquirió Loki tendiéndose de nuevo en la cama al comprender que Thor se recostaría a su lado. Heimdall no era dado a hablar sólo porque sí.

–Larus está muerto –susurró Thor. Lo que se le hacía horrible pensar, era lo que Heimdall le relató, que falleció en su oficina privada, por la mano de uno de sus súbditos. Thor pensó en decirle a Ertan que debía redoblar sus fuerzas, no era posible que a un rey le sorprendieran de esa manera, además, Larus era un guerrero nato. –Parece que lo asesinaron los elfos oscuros, Eyvindur está herido pero su vida no corre peligro. –Los ojos verdes de Loki no cambiaron en absoluto de expresión pero parecía más concentrado que nunca. –En Vanaheim, Ausmünd parece querer aprovechar la caída de Larus para coronarse rey. –Hasta Thor entendía que lo había hecho así porque eran los svartá los que tutelaban a los vanir –tal vez destierre a los gemelos y a su madre; eso lo sabremos mañana temprano –terminó de confiarle.

Ambos se quedaron en silencio, Thor rodeó a Loki por los hombros, vaya manera más lúgubre de terminar una festividad de Høstblót.

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CONTINUARÁ…