Hola mis hermosuras lamento mucho mi retraso debajo de todo les dejo mis más sinceras disculpas y los motivos que tardé tanto. Esta historia la estoy basando en un dorama sur coreano llamado; my girl solo que apenas se parece al drama le cambié muchísimas cosas y solo cogí lo que más me gustaba.
Los personajes de Inuyasha no me pertenecen son de la grandiosa Rumiko Takahashi.
Espero les guste. Disfruten de la lectura.
Capítulo 2
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Inuyasha Taisho conducía su deportivo por las grandes calles de Seúl con su madre al lado, desde hace unas semanas tuvo que posponer todos sus planes de viajar a Tokio por negocios y sobre todo en busca de su prima perdida en aquel terrible terremoto. La razón por la que había tenido que cancelar todo, había sido por su abuelo que había sufrido un infarto al día siguiente de enterrar a su hijo. Ese mismo día se encontraba en el aeropuerto esperando que todo estuviese listo para viajar en su jet privado, pero la llamada desesperada de su mamá había hecho que corriese con todas las fuerzas de su alma hacia el hospital. Pasó días y noches sin dormir preocupado por la salud de aquel hombre que a pesar de sus errores lo quería con todo su corazón, lo había visto crecer, había jugado con él, y no quería perderlo como a su padre. Pocos días después de aquellos días de agonía la salud de Myoga mejoró y ahora se encontraba en perfecto estado siendo atendido por unos doctores privados en la mansión.
No obstante no fue solo eso que lo retuvo más tiempo en Corea, sino la llamada del abogado para entregarles el testamento, aquel papel que para él no era tan importante como lo era su papá, ese trozo de papel no le traería aquel maravilloso ser de vuelta.
—Sigues llorando por tu papá ¿verdad?
La voz de Izayoi lo sacó de sus pensamientos, miró hacia su madre y volteó de nuevo la cabeza hacia la carretera.
—No lloró mamá, simplemente lo recuerdo, como poder olvidarlo si solo pasaron semanas —apretó el volante recordando aquellas lágrimas en aquel cementerio, ese dolor solo quedaría guardado en su corazón.
—No te vi llorar en un solo momento, y eso te hará daño, tienes que desahogarte hijo te lo dijo por tu..
La voz de Inuyasha la interrumpió.
—No hace falta que me des reprimendas, ya soy lo suficiente adulto —fijó nuevamente su vista en los ojos tristes de su madre, y giró rápidamente su cabeza, mirando fijamente los autos que lo adelantaban, aunque lo negase le dolía verla así, pero no sabía como enmendarlo.
El silencio se formó por unos largos segundos haciendo que fuese eterno, no había querido hablarle así, como le había dicho él sabía lo que hacía y estaba seguro de su fortaleza y que Dios le daría fuerzas para no derrumbarse. Él era un hombre fuerte, una persona que sabía ser lo suficiente fría, una persona que no le gustaba mostrar sus sufrimientos enfrente a nadie guardándolo todo en ese negro corazón.
Tras este silencio el peli plata decidió volver hablar, cambiando completamente de tema.
—Mama, ¿me puedes explicar? ¿por qué mi padre quiso que también estuviese Hoyo presente en la lectura del testamento?, no lo entiendo solo es su ahijado, un hombre que yo apenas conozco y que solo vi alguna vez en mi vida.
—No digas eso Inuyasha, sé que él solo es su ahijado, solo que para mí difunto esposo—respondió con voz melancólica por esos recuerdos, secando con un paño rosa las pequeñas lágrimas que derramaban por sus mejillas — era más que eso era como un hijo, tan importante como tú y sesshomaru lo eran para él.
—Ya lo sé lo mismo de siempre, —bufó —ya estoy cansado de las mismas palabras, Hoyo parece más su hijo que nosotros, porque no le deja todo a él y ya no nos presentamos con el abogado —frenó bruscamente el auto y se desabrochó el cinturón —ya llegamos —dijo molesto saliendo del automóvil golpeando la puerta con fuerza.
Tras ese incidente Inuyasha corrió con prisas con tal de no hablar con su madre no quería escuchar una palabra más, o que simplemente le dijese el mismo cuento de siempre, Hoyo había sido alguien muy importante para su papá, y él seguía sin entender la razón ¿Por qué era tan importante? ¿Había algo oculto en todo esto? ¿Tendría que averiguar?, negó con la cabeza, era más importante su prima que aquel hombre.
Para el peli plata la lectura del testamento había sido una tortura y a pesar que solo duró una hora para él fue como si fuesen meses, no se había imaginado que tanto él como su hermano se llevarían el 90% de la empresa de su padre dejándole a su mamá el 10% de la misma, aunque para él la empresa de su papá no era tan importante, nunca le había gustado ese trabajo por eso cuando le ofrecieron hace unos años el puesto de ser el director ejecutivo (CEO)de la editorial más famosa de Corea del Sur y de Japón; cristal dorado, lo había rechazo para fundar lo que es ahora la compañía de aerolíneas más famosa en el mundo asiático.
El mensaje de su madre preguntarle donde estaba lo trajo de vuelta de esos recuerdos, en donde cada momento vivido lo guardaba en su corazón, a su mente vinieron los instantes en los cuales disfrutaba con su padre, en los días que jugaban al futbol y ambos irradiaban felicidad, en las celebraciones especiales junto a toda su familia, completamente todo vino a él como un fuerte hechizo lanzado por una mala persona, no obstante no solo fueron aquellos maravillosos días sino también los momentos dolorosos vinieron a él, aquel día en donde todo cambió cuando el doctor le dijo que su padre tenía un cáncer incurable, en los días y noches que pasó con él y en el momento de decirle adiós para siempre.
Apretó sus puños contra el mármol y lavó su cara con agua fría para refrescarse un poco, dejando que las gotas de agua corriesen un poco por su rostro, secándolo con un poco de papel que tenía a su lado. Decidió que era hora de reunirse con su madre por lo que cogió su saco y salió del lavado con algo de prisa sin darse cuenta que alguien entraba tropezando contra su fuerte y musculoso cuerpo.
—¡Mira por donde vas o acaso estas ciego!
Esa voz, esa voz la conocía a la perfección levantó su mirada fijándose en la furia de aquellos ojos azules.
—Llevaba algo de prisa —respondió secamente —ahora que te encuentro me gustaría hablar contigo.
—Enserio que estas ciego hermanito, no ves que voy al baño yo también soy un hombre ocupado, así que lárgate ya que yo no tengo nada que hablar contigo.
—Deja de vacilarme sesshomaru —sonrió de medio lado —¿desde cuándo me llamas hermanito? Nunca me habías dicho así, aunque eso no me importa lo que te quiero preguntar es más importante, me puedes explicar ¿Qué haces aquí? No era que volvías a Tokio junto a tu esposa.
—No creo que tenga que darte explicaciones ya que no eres nadie y si estoy aquí es por la llamaba del abogado y también para que tú no quedases con lo que me pertenece a mí, jamás permitiría eso.
Inuyasha Lo miró molesto y aunque quisiese negarlo sus palabras le molestaban, desde siempre y a pesar que ya eran adultos su relación jamás había cambiado.
—¡No sé de lo que hablas! yo jamás sería capaz a…
—¡Ya cállate! —lo interrumpió —gracias a ti se me sacaron las ganas de ir al baño.
Quería responderle, quería decirle las cosas a la cara, pero sus palabras quedaron en el aire ya que su medio hermano se había esfumado como el viento, la voz de sesshomaru torturaba una y otra vez en su mente, los recuerdos de aquellos tiempos vinieron a él, de como era tratado por su medio hermano, de como ese odio que se tenían nunca desaparecía, sino que crecía cada vez más sin una explicación razonable para él.
Suspiró con fuerza y se disponía irse cuando escuchó la voz de su mamá por el pasillo, hablando amablemente con el ahijado de su papá. Giró su rostro y ahí los vio y por primera vez hoy pudo ver sonriendo a su madre.
Se quedó en silencio clavando su mirada en aquel hombre que había logrado sacarle hoy una sonrisa a la mujer que lo había traído al mundo.
Hoyo Ueda era un hombre de treinta y ocho años bajito y obeso, trabajaba para las empresas de su papá en Tokio que ahora aunque Inuyasha no lo quisiese la mayoría de las acciones pertenecían a su hermano y a él. Hoyo tenía los cabellos castaños y unos ojos azules tan intensos como el mar en el medio de la oscuridad, dejando que estos se transparentasen por sus gafas de cristal, cojeaba por su pierna izquierda que según el peli plata sabía, se había lesionado cuando era pequeño quedando así por el resto de su vida.
—Cariño estabas aquí te estábamos buscando —escuchó la voz de su mamá acercándose hacia él — Hoyo quería hablar con nosotros tres — miró para todo los lados haciendo que Inuyasha se extrañase como si estuviese buscando algo — ¿has visto a tu hermano?
—Se fue hace unos segundos—respondió rápidamente intentando cambiar de tema lo antes posible, pues no quería hacer sufrir a su mamá con la actitud de sesshomaru. Giró su cabeza un poco y fijó su vista en el castaño —todo lo que nos tenga que decir nos lo puede decir a nosotros dos.
—Muchas gracias—hizo una reverencia inclinando un poco su cabeza — también me gustaría que estuviese sesshomaru, y espero que puedan decirle que estoy sumamente agradecido, nunca pensé en recibir nada de mi padrino y aún sigo sin creer que me haya dejado algo, ya con su cariño me bastaba.
—No tienes nada que agradecer —respondió seriamente sin una sonrisa en su rostro— y si solo era eso, mi mamá y yo llevamos prisa —fijó su vista en la de su madre que aún permanecía agarrada del brazo del castaño —nos vamos.
—¡Espera hijo! —detuvo sus pasos, soltándose del brazo de su acompañante —ya que mañana te vas a Tokio que tal si llevas a Hoyo contigo en tu jet privado, sabes que él vive allá, creo que así se pueden conocer mejor durante esas horas de vuelo —agarró su mano mientras que con la otra acariciaba su rostro.
—Está bien mamá, lo haré solo por ti —levantó su vista de esa mirada en la cual no podía negarle nada y se fijó en el rostro pálido del castaño —mañana a las diez de la mañana te espero en el aeropuerto internacional de Incheon, si te retrasas cinco segundos me voy sin ti —se dirigió a él duramente, pues lo que más odiaba era que lo hiciesen esperar.
Le dio una última mirada a Hoyo y cogió a su madre suavemente del brazo derecho con tal de no hablar con nadie más por hoy, necesitaba descansar, quería llegar a casa y preparar las cosas necesarias para el viaje y sobre todo despedirse de su familia.
Ese no era el único plan que tenía en su mente, sino que quería relajarse en su habitación y pensar en un buen plan para encontrar a su prima Natsuki; desaparecida en aquel terremoto.
—Gracias por aceptar llevarlo contigo hijo —respondió feliz abrazándose a él y dándole un beso sobre su mejilla.
—No tienes nada que agradecerme mamá, haré siempre lo que haga falta por ver de nuevo esa sonrisa que perdiste.
—Gracias nuevamente.
—Te he dicho que no me agradezcas nada, lo que sí me parece extraño es que mi padre solo le haya dejado una cabaña a las fueras de las islas Hokkaidō, cuando Hoyo era tan importante para él.
—Inuyasha, cariño no hablemos más de Hoyo volvamos a casa ya que mañana será el último día que este contigo —esbozó una linda sonrisa, extrañaría a su pequeño.
El peli plata aceptó y se fueron caminando hasta su automóvil, por fin mañana iba a poder cumplir lo que tanto deseaba aquella promesa que le había prometido a su padre; encontraría a su prima.
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Corría sin fuerzas entre la lluvia, el miedo la invadía por cada parte de su piel, su cuerpo dolía con tanta fuerza que cada vez sentía que se moría, miró hacia atrás y ahí lo vio, se asustó y gritó con toda las fuerzas de su alma, pero nadie la escuchaba estaba viviendo una auténtica pesadilla, siguió corriendo hasta que tropezó con una piedra cayéndose al suelo raspándose las rodillas, dejando que saliese sangre por ellas, volvió a mirar hacia atrás y se arrastró sobre el barro ensuciándose todo lo que traía puesto, su cuerpo estaba teñido de un color oscuro con sangre por cada parte de su piel, sus gritos eran desesperantes y sus lágrimas desgarradoras, no quería que la siguiese , no quería tenerlo a su lado, no era capaz a levantarse como tanto deseaba y escaparse hasta que sus pies no diesen más, no podía, no sabía como ya que su cuerpo no le respondía tanto como ella deseaba.
Los pasos de aquel hombre cada vez estaban más cerca de ella, olió su alentó y sintió asco por lo que estaba pasando, le dio media vuelta y la golpeó con fuerza, dejando que saliese sangre de su boca, tanta que estaba a punto de perder el conocimiento, estaba segura que este día sería el fin que moriría en brazos de este hombre solo por venganza, solo por su padre no pagar lo que debía, y ella tenía que pagar las consecuencias, sintió como le aprisionaban su cuello envolviendo sus manos en el, presionándolo con tanta fuerza que no podía respirar bien, intentaba mover sus manos para defenderse, pero no podía su cuerpo ya no tenía fuerzas como ella tanto deseaba, hoy se reuniría con su madre, y desde el cielo cuidaría a la única persona que siempre la quiso.
Se estaba muriendo, le quedaba poco tiempo de vida, y solo un grito pudo salir en esos instantes de su garganta.
Se levantó exaltada de la cama echa un mar de lágrimas, desde hace unas semanas estas pesadillas eran constantes, desde aquel día no había uno que no pudiese dormir tranquila ese hombre siempre la mataba y al final despertaba con sudor y gritando entre lágrimas que alguien la salvase, siendo toda las noches consolada por su amigo, quería terminar con esta miserable vida, no podía vivir más cada día era una auténtica pesadilla.
Esta noche había sido una de las peores que había tenido desde aquel día, estaba en su mundo absorta perdida en aquella inmensa oscuridad llorando sin consuelo hasta que sintió unos brazos rodeándola por las caderas, inmediatamente los reconoció por lo que se tiró a él y se echó a llorar con tantas fuerzas que hacía llorar al ser más duro.
—Por favor Kag, cálmate —la acunó en sus brazos —yo estoy aquí no voy dejar que te pase nada, solo te pido una explicación ¿Dime que pasó ese día? —la alejó un poco de su lado secándole las lágrimas descontroladas que resbalaban por sus mejillas.
—¿Dime por qué a mí Jakotsu? —lloró con fuerzas —¿Dime porque este destino me eligió a mí,? Por qué tengo que sufrir tanto —se tiró a sus brazos y siguió hablando entre lágrimas palabras entendibles para los oídos humanos.
—No tengo una respuesta para tus preguntas —acarició su espalda —ojala las tuviera y pudiera solucionar tu vida, lo único que quiero es ayudarte y necesito tu ayuda Kag, necesito que me expliques lo que pasó hace unas semanas, aquel día en el que te encontré en esa calle tirada.
La pelinegra negó con su cabeza entre sus brazos.
—Por favor Jakotsu no quiero hablar de eso, solo ayúdame a escapar de aquí, irme de este lugar.
—Te ayudaré Kagome, como te lo prometí te ayudaré buscaremos una solución para que puedas viajar fuera de Tokio.
—Gracias Jakotsu —se limpió las lágrimas que resbalaban por sus mejillas —¿Puedes quedar esta noche conmigo?
Solo asintió y la acostó en la cama mientras velaba sus sueños, esperó medía hora hasta que quedó a dormir y suspiró pensando en todo lo que estaba sufriendo, quería ayudarla , pero no sabía como ni siquiera como iba hacer — si tan solo me dijeras lo que sucedió podría ayudarte mucho mejor.
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Ya había pasado un mes desde que había llegado a Tokio, un mes en que nada había avanzado, a excepción de los asuntos de los negocios que cada día iban mejor, hace dos semanas había firmado los contratos definitivos en donde se le adquiría otra parte del aeropuerto de Haneda a las empresas de aerolíneas tessaiga haciendo que después de Corea del Sur, Tokio fuese el sitio en donde más grande era su planta. Durante ese tiempo y gracias a su asesor financiero compraron otra parte del aeropuerto que estaba a punto de ser cerrada con algunas de las acciones que tenía su asesor. Tras firmar aquellos contratos cambió el nombre a su empresa por grupo Taisho Post Logistics CHL. Ahora ya no solo movían a sus pasajeros de un lugar a otro sino que llevaban todas las mercancías a media parte del mundo, su aerolínea se estaba convirtiendo en la que más plantas tenía en cada aeropuerto de los seis continentes, siendo aparte una de las más seguras del planeta y con un gran costo elevado.
Por otro lado uno de sus deseos se estaban truncando durante este mes no había ni una sola noticia de su prima, y como haberla si no tenía nada de ella, no sabía si aún podía seguir viviendo en Tokio o si murió ese día, solo que tenía una pequeña esperanza, quería creer en esa pequeña posibilidad, solo quería cumplir el deseo de su abuelo y de su padre, quería traerla de regreso a casa, que se uniera de nuevo con su familia y que su abuelo pudiese enmendar los errores que había hecho con Sara.
Miró al detective privado que tenía enfrente a él, era un hombre joven de cabellera castaña con unos ojos azules tan oscuros como la noche, era conocido como uno de los mejores detectives que tenía Japón, por eso el peli plata lo había contratado al día siguiente de llegar de su país, estaba seguro que él podía dar con ella, y para su mala suerte no consiguió averiguar nada de su prima haciendo que su furia se notase en la vena verde de su frente.
Golpeó su puño con fuerza contra el escritorio que tenía en su oficina dejando que todo lo que tenía dentro saliese.
—¡Me puede explicar qué clase de detective es usted! — se levantó de la silla de cuero negro —¡Y si cree uno de los mejores!
—Señor Chiba por favor cálmese, es muy pronto para en un mes logre encontrar a su prima y más es muy complicado la foto que tengo Natsuki era una niña.
—¡No me venga con excusas! con la tecnología que tenemos en este siglo puede averiguar perfectamente como sería mi prima en estos tiempos.
—Señor Taisho, usted debe comprender que hay millones de personas en todo Japón un mes no llega para lo que usted me está pidiendo.
—Menos excusas señor Ishinami, váyase de mi oficina y no crea que le voy a pagar porque usted no ha hecho ¡completamente nada!
—Si no me paga por mis servicios nos veremos en los tribunales y ten por seguro que puedo hacer que su empresa vaya a la quiebra.
Estaba furioso, como se atrevía amenazarlo, cerró sus ojos y pensó en lo que debería de hacer ¿Que sería mejor? darle el dinero o perder todo lo que había conseguido en estos años, no quería dárselo para que no pensase que le temía pero tampoco quería perder por todo lo que había luchado por un detective que no valía ni un yen.
—Mi secretaria le dará su dinero, pero ten por seguro —lo señalizó con el dedo —que no cobrará todo lo que le prometí.
El castaño asintió —en eso ya habíamos quedado señor yo solo quiero cobrar por mis honorarios.
—Y lo hará ahora váyase y no vuelva nunca más aparecer en mi vida.
Maldito detective solo había hecho que perdiese una gran cantidad de dinero en nada, tenía una pequeña esperanza que Uminasoke Ishinami lograse encontrar a su prima, pero no, no había hecho completamente nada no había ni logrado una sola pista, debería seguir buscándola hasta dar con ella, ¿Cuánto dinero debería invertir en esta investigación? ¿Cuántos años seguiría en su búsqueda?¿ Y si quizás jamás aparece?, y si realmente murió ¿Y su cuerpo nunca fue hallado? Negó con la cabeza no quería pensar en eso, ella debía estar viva, su prima vivía y él tenía una pequeña esperanza de dar con ella.
—¡Inuyasha Taisho! —entró como alma que lleva el diablo a su oficina —me puedes explicar qué clase de amigo eres.
Al escuchar esa voz si siquiera se inmutó ya sospechaba a que venían esos gritos y dudaba que tuviese que ver con la empresa por lo que giró la silla y fijó su miraba en los ojos de su mejor amigo.
—Vaya amigo veo que estas molesto, aunque dudo que tanto como yo —se señalizó así mismo —me puedes explicar por qué me odias tanto por qué contrataste ¡a semejante mujer! —fingió un escalofrío —hasta me da miedo.
—No te odio Miroku, solo estoy cansado de la misma historia de siempre —suspiró cansino recordando a cada mujer que se iba por su culpa.
—¿Enserio que no me odias? ¡Entonces por qué me haces esto!
Miroku Houshi era su mejor amigo y el asesor financiero del grupo Taisho Post Logistics CHL , tenía una cabellera castaña y unos castaños color café, dejando verse a la perfección unos bíceps bien marcados por debajo de su camisa y unos brazos anchos por las horas que pasaba en el gimnasio. Ambos se habían conocido en el primer año de universidad y desde allí su amistad se volvió única, no había secretos para ellos y sabían cada detalle de sus vidas, cuando comenzaron a salir a fiestas ambos ligaban con cada mujer hermosa que pasaban ante los ojos de uno y otro, con el paso de los años Inuyasha había madurado, había cambiado a excepción de su amigo que con treinta años de edad seguía comportándose como un adolecente acostándose con cada mujer linda que veía.
—Porque ya me cansé de tus amoríos en el trabajo, sabes que este es un sitio para trabajar no para tirarte a mis secretarias —Habló seriamente recordándole que debería comportarse por lo menos en su sitio de trabajo.
—Inuyasha tienes que entenderme —dio una vuelta completa como si fuese un modelo enseñándose a un diseñador —que puedo hacer yo si soy un bombón y toda las mujeres se tiran a mí —volvió a dar un nuevo giro enseñándole los músculos de sus brazos.
—¿Tú un bombón? —se rió — Yo diría que eres una golosina de bajo presupuesto.
—Ja, no me hagas reír lo que pasa es que estás celoso, admítelo.
—¿Celoso yo de ti? ni loco que estuviera para tener tantos líos de falda como tienes tú.
—Hablando en serio Inu, no puedes hacerle eso a mis ojos, me va a dar una conjuntivitis o algo mucho peor con ver a ese espantapájaros que contrataste.
—Tampoco exageres, ya vas a acostumbrarte. —suspiró cansado de esta absurda discusión, ¿Cuándo se terminaría?
—¡Acostumbrarme a la madre de shrek! estás loco ¿No la viste? si hasta tiene bigote.
—No era bigote Miroku.
—Sí era.
—No, no era.
—¡Te digo que sí era!
—Vaya —vaciló, sonriendo traviesamente — parece que te gustó mucho para que te fijaras en esos detalles
—¡Eres insoportable! —pataleó como si de un niño pequeño se tratase —te lo suplico Inu, cámbiala —junto sus manos rogándole que la echase fuera.
—¡Olvídalo! y ahora enserio Mi, ya me cansé de discutir por estas tonterías —respondió agotado realmente ya estaba harto de esta absurda discusión. —Mejor porque no me hablas de que tal van las inversiones en los Estados unidos — Se recostó sobre su silla invitando al castaño a sentarse enfrente a él, en una de los dos sillones que estaban delante de su escritorio.
—La inversiones van muy bien, todo está saliendo perfecto y como lo deseábamos —sonrió —más tarde te traigo los informes ya que los dejé en la oficina gracias al susto que llevé al ver a semejante espantapájaros.
Inuyasha llevó sus manos a su rostro en son de desesperación ¿Cuánto iba a durar esto? Es que acaso Miroku nunca se cansaría de reprocharle las cosas a la cara, era el mejor inversionista que tenía en la empresa, pero eso no le sacaba que a veces se desesperaba por la actitud de su amigo. Iba a responderle cuando de repente alguien tocó la puerta siendo esta la causante de su pelea de niños.
—Señor Taisho hay un problema en la planta baja del aeropuerto.
—¿Qué ha ocurrido Kaede? —inquirió seriamente, cuando había un suceso así casi siempre era porque alguien sufrió una ataque al corazón o por un accidente de avión, solo que la segunda opción la descartó ya que él a trabajar ahí sería uno de los primeros en saberlo aunque no tratase de su compañía.
—Una señorita está armando un gran escándalo con una de sus azafatas de tierra.
—Ahora mismo voy Kaede, gracias por avisar. Puede retirarse.
Inuyasha Taisho tenía sus oficinas arriba del aeropuerto por donde controlaba todo lo que ocurría desde afuera, desde las salidas de los vuelos hasta los aterrizajes de su compañía, todo gracias a los grandes ventanales que tenía su oficina. Se levantó molesto del sillón y ordenó a Miroku por esos informes mientras él iba a controlar la situación abajo.
Llevar a la planta de abajo no le llevaría tanto tiempo cogiendo el elevador del personal del aeropuerto, por lo cual entro en él y pulsó ese botón que le llevaría a conocer la mujer que interrumpió en sus propios asuntos.
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Ya había pasado un mes, un mes desde ese día, los sueños aun la seguían perturbando noche tras noche, durante el día tenía miedo a que la siguiesen se hacia la fuerte, aunque ella misma sabía que por dentro estaba aterrorizada.
Durante este tiempo Jakotsu le ayudó como tanto le había prometido cada vez que la escuchaba llorar él la consolaba, le decía que todo estaría bien y que siempre la apoyaría en todo lo que le hiciese falta. Su amigo la acompañaba a estafar a los parques, a las plazas, a zonas por donde no encontrasen a la policía, también le ayudó haciendo algún trabajo extra; como limpiando los autos de los ricos o limpiando la basura por un precio relativamente bajo, no había sido mucho dinero, no obstante con todo lo que habían conseguido estaba segura que ambos podían escaparse del país.
Se despidió de la familia que le había dado un techo para vivir, no era el más lujoso del mundo, pero en el se respiraba ese amor que ella tanto extrañaba; un amor familiar.
Esbozó una última sonrisa y salió de esa casa subiéndose al auto de la vecina que la llevaría al aeropuerto internacional de Tokio en donde había quedado con Jakotsu, habían prometido verse ahí a las cinco de la tarde en la puerta de entrada de salidas, ya que él no podía acompañarla por asuntos personales.
Esperó al frío por su amigo, sus cabellos se movían con el viento y la gente pasaba todo el tiempo por su lado, no podía dejarlos de mirar felices ¿Acaso ella no podía tener esa felicidad en el rostro? Se iba con miedo, con temor, solo esperaba a vivir tranquila ¿Y si la encontraban? Negó con la cabeza, no quería pensar en esa posibilidad, miró por enésima más el reloj preguntándose en donde estaba ¿Y si le había pasado algo? Ya habían pasado treinta minutos y su mejor amigo no daba señales de vida, sentía como cada vez sus nervios la estaban matando, tenía la sensación que la estaban vigilando, que alguien la seguía, miró hacia todo los lados y le pareció ver a los matones que buscaban a su padre.
Como pudo y sin tropezar con la maleta la agarró por el mango y corrió hacia adentro del aeropuerto chocando con toda la gente que tenía a su alrededor, había escuchado quejas, había hecho a un niño llorar, quería detenerse para mirar si estaba bien, pero no podía tenía miedo, ¿ Y si realmente eran ellos? Y si esta vez la mataban por culpa de su papá, siguió corriendo sin dejar de mirar cada paso que daba.
La sensación de sentirse vigilada le hacía un nudo cada vez más grande en la garganta, claramente podía sentir las miradas de esos hombres sobre su espalda. La desesperación comenzaba a invadirla siendo mayor al no saber nada de Jakotsu, comenzaba a sentir una extraña sensación dentro de ella y el miedo a que algo le hubiese pasado a su amigo la invadía completamente por dentro.
Siguió corriendo sin importarle nada más que su vida hasta que llegó a las zonas de facturación, no le importaba la gente que tenía delante de ella por lo que se coló apartando hacia el lado a la persona que estaba a punto de facturar sus maletas. Había escuchado quejas detrás de ella, solo que les había restado importancia el miedo que la invadía por dentro era mucho más mayor que esperar en una larga cola.
—Por favor —respiró agitada intentando controlar su voz —necesito un billete a Nagasaki.
—Lo siento señorita —respondió con una forzosa sonrisa —debe esperar su turno.
—No puedo, usted no me entiende esto es de vida o muerte —miró hacia todo los lados buscando aquellos hombres y volvió fijar su vista en la azafata.
—Lo siento señorita usted debe esperar su turno —le señalizó la cola que tenía detrás de ella —si era algo tan urgente debió de preguntarle a los pasajeros si le dejaban pasar primero.
—¡Acaso esta sorda! le dije que esto es de vida o muerte me entiende, unos hombres me siguen me quieren matar.
—Claro que si señorita y yo soy Anastasia Steele, por favor ve esperar a la cola, no es la primera que la gente dice eso con tal de colarse y no esperar.
—Esto es serio, no le estoy mintiendo ¡maldita sea! Te juro que es verdad —alzó la voz desesperaba estaba asustada como hacerle entrar en razón que no estaba mintiendo
—Por favor señorita cálmese.
—¡Que ocurre aquí!
Iba a responderle volver a gritarle hasta que entrase en razón, explicarle nuevamente lo que estaba sucediendo hasta que una voz la interrumpió, suponía que sería el dueño de la compañía. Se dio media vuelta y ahí lo vio, era un hombre alto de 1, 90 más o menos sus cabellos eran plateados como las hermosas estrellas y sus ojos de un tono dorado que nunca había visto en su vida, en su frente se podía ver una vena verde que supuso que debía ponerse cuando se molestaba.
—Señor Taisho —habló la azafata —esta señorita está haciendo un gran alboroto por un billete a Nagasaki.
Iba a responder, iba a explicarle lo que estaba realmente sucediendo y que esa mujer solo le había explicado lo que ella quería y no sus motivos reales por los cuales estaba así, respiró agitaba buscando las palabras adecuadas para explicarle lo que estaba sucediendo, hasta que esa voz la volvió interrumpir.
—Acompáñeme a mi despacho —habló seriamente.
Siguió cada paso que daba aquel hombre hasta que llegaron a su despacho, una vez al entrar quedó boquiabierta, era enorme mucho más grande que su antigua habitación, tenía muchos cuadros colgados en las paredes de grandes pintores, después detrás del escritorio y colgado en las paredes había varios diplomas, por lo que pensó que debería ser una persona con buenos estudios, no solo fue eso lo que la dejó alucinada sino los grandes ventanales que tenía, desde ahí podía ver la pista de aterrizaje, los aviones y lo que más le gustaba a ella; ver los aviones despejar.
—Siéntese —le señalizó los sillones de delante del escritorio mientras él se sentaba en su sitio —Me puede explicar ¿por qué semejante alboroto? quien se cree usted para hacer esto en mi compañía.
—Señor es una emergencia debo irme de Tokio cuanto antes, solo que aún no tengo todo el dinero para poder pagar el billete.
—Ja —se rio cínicamente — entonces pensaba viajar a Nagasaki gratis.
—¡Claro que no! solo estaba esperando a que mi mejor amigo trajese el dinero, pero ocurrió una emergencia y debo irme cuanto antes—movió sus manos nerviosamente de un lado a otro.
—No me importa lo que le haya pasado, lo que me interesa es saber si era algo tan grave para ponerse así como una loca enfrente a todos.
Se quedó en silencio por unos segundos dejando que sus lágrimas descendiesen por sus mejillas.
—Yo —limpió las lágrimas con un pañuelo que tenía en su bolso —la enfermera que cuida a mi papá me llamó, él tiene denegación espino cerebral y cada vez está peor, y no tengo dinero suficiente para poder pagar el billete —rompió a llorar más fuerte —no quiero que muera sin despedirme de él.
—Lo siento por su padre, pero yo no puedo hacer nada.
Levantó su vista y quedó perpleja mirando aquel hombre, sus duras facciones no la intimidaban, lo único que no podía creer es como había gente sin una gota de corazón en este mundo.
—Acaso usted nunca tuvo a alguien que quisiese mucho, a una persona que darías todo por ella sin importarte lo demás.
Vio cómo se quedaba en silencio, pensando en su mundo, solo esperaba que esta historia hiciese derretir ese corazón de hielo que tenía.
Esperó su respuesta por unos segundos, estaba deseando que dijese algo y que esa respuesta fuese la que ella tanto deseaba para irse lejos de este lugar, a pesar de que quería irse lejos no quería hacerlo sin Jakotsu ¿y si le pasó algo? Estaba demasiado preocupada por él, dio un largo suspiro y como si lo hubiese invocado escuchó el sonido de la puerta.
—SeñorTaisho, está un joven afuera que dice ser el amigo de la señorita que está en su despacho.
—Hazlo pasar mientras voy en busca de unos papeles. Espéreme aquí —miró a la rubia que permanecía en silencio y feliz por saber sobre su amigo.
Cuando vio su figura entrar en el despacho inmediatamente se tiró a sus brazos, estaba feliz de saber que estaba vivo de que no le había ocurrido nada malo, se alejó un poco de él y lo revisó de arriba abajo mirando si tenía algún lastimado y quedó aliviada al ver que estaba en perfecto estado, ahora su corazón ya estaba tranquilo al saber que su mejor amigo estaba con ella a su lado, y que jamás se separarían por nada de este mundo lo dejaría solo.
—Jakotsu ¿Por qué tardaste tanto? Me asusté muchísimo —lo regañó explicándole todo lo que había ocurrido.
—Lo siento Kag, fui al banco a cambiar el dinero. —Miró de un lado a otro —¿Me puedes explicar qué ocurrió?
—Yo se lo puedo explicar.
Ambos se giraron hacia aquella voz escalofriante que ponía los pelos de gallina a más de uno, la pelinegra le quedó mirando y desde que había llegado sus facciones no habían cambiado, parecía que lo que le había dicho ni siquiera había tocado ese corazón, si es que realmente lo tenía.
—Primero que nada nunca me presenté, soy el dueño de la compañía de aerolíneas en la cual su amiga hizo un escándalo por un vuelo a Nagasaki, —miró a la pelinegra —segundo señorita no debo darle explicación de mi vida.
—Entonces me está diciendo que no le importa que una persona se esté muriendo, acaso cree que le estoy mintiendo.
—Nunca dije ese y más su amigo ya me confirmó afuera que es cierto lo de su padre, y no crea que lo que voy hacer es para hacerle un favor ni nada simplemente porque quiero, les dejaré el vuelo mucho más barato por lo que los dos os podéis ir en el que sale dentro de media hora.
—Muchas gracias —cogió los dos boletos en la mano y se fue corriendo de ese despacho.
Tras salir del despachó corrió tanto como los pies de ambos les permitía quería salir de ese lugar y coger el vuelo lo antes posible.
—Kagome ¿Por qué dijiste precisamente esa enfermedad? No podías inventar otra cosa, porque esa sabiendo lo que pasó.
—Lo siento Jakotsu estaba muy nerviosa no sabía lo que hacer, y ese hombre me ponía peor de lo que ya estaba.
—Te entiendo amiga a quien no pone ese bombón nerviosa si es todo un adonis ¿crees que le gusté? No me sacaba el ojo de encima.
—No digas tonterías Jakotsu y corre, no podemos permanecer mucho tiempo aquí.
—Kagome Higurashi ¿Qué has hecho? Te conozco muy bien.
—Luego te explico, ahora debemos de correr.
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Esas palabras aunque quisiese negarlo le habían calado en su frío «Acaso usted nunca tuvo a alguien que quisiese mucho» esa frase se repetía una y otra vez en su mente haciendo que volviese a revivir recuerdos de aquellos días que pasó con su padre, de como lo cuidaba, cada vez que dejaba algún trabajo para estar a su lado, él más que nadie entendía ese sufrimiento, por lo cual decidió regalarles ese billete a Nagasaki y sobre todo lo decidió cuando habló con el amigo de esa joven y le confirmó que todo lo que había dicho esa mujer era verdad.
Dio un largo suspiro y se acercó a su escritorio abriendo el primer cajón, quería coger ese anillo que le transmitía paz interior cada vez que lo tenía entre sus dedos. Abrió el cajón y sus ojos se abrieron como platos al ver que no se encontraba por ninguna parte, removió papeles, abrió los otros cajones y era lo mismo el anillo de compromiso había desaparecido y solo una persona estuvo sola en este despacho; aquella joven que tenía apariencia de niña buena.
Furioso por lo que estaba viendo cogió su saco y apartó la silla con un fuerte golpe, se disponía a salir por la puerta cuando de repente sin darse cuenta por las prisas, tropezó con el pecho de Miroku que venía con los papeles que él le había encargado.
—¿Qué pasó Inu? —Inquirió angustiado al ver su rostro y las prisas que llevaba.
—Voy detrás de esa ladrona, y en busca del anillo que me robó.
—El anillo de esa… ¡Inuyasha! —sus gritos quedaron en el aire al ver como su amigo corría y cada vez se alejaba más de él.
Había escuchado la voz de Miroku detrás de él, como le gritaba que volviese que quizás lo había perdido, pero él sabía claramente que no, ese anillo lo tiene muy bien guardado y esa mujer se lo tuvo que coger cuando quedó sola en el despacho, tonto había sido dejando a una completa desconocida en su despacho, nunca le había pasado algo así y hoy le pasó. Corrió por los pasillos como alma que lleva el diablo hasta poder subirse en su jet privado, el vuelo que había cogido esa pelinegra ya había despejado a Nagasaki, pronto se encontraría con ella, pronto le pagaría con la cárcel por lo que hizo, nadie absolutamente nadie le robaba a Inuyasha Taisho.
Hacía unas horas que ya había llegado a Nagasaki y pareciese que la había tragado la tierra, gracias a las cámaras de vigilancia del aeropuerto sabía que ella y su amigo habían llegado a salvo, después de eso salió por todo los lados buscándolos sin tener ni una sola pista, lo único que sabía eran sus nombres por los boletos que él mismo les había dado, buscó en hoteles, pensiones, hasta debajo del puente y no encontró un solo rastro, siguió así hasta media noche que decidió descansar un poco en su hotel y por la mañana volvió hacer lo mismo, buscar hasta debajo delas piedras hasta dar con ella, él quería su anillo, aquel anillo que pertenecía a una sola mujer, él quería su mayor tesoro.
Siguió su búsqueda hasta que por casualidad llegó a una de las ONG de su abuelo, decidió entrar y saber cómo iban las instalaciones de las que le había hablado Myoga, por lo que decidió que entraría y saludaría también al personal, estaba a punto de entrar por la puerta cuando de repente en una esquina de los jardines vio a una multitud de gente haciendo un circulo y sacando su dinero como si se trátese de una subasta. No entendía la razón ¿A qué se debía esto? Por lo que eso llamó su curiosidad y con pasos sigilosos se acercó hasta ver la razón de semejante masa de gente, al llegar quedó atónico por lo que estaba viendo una joven estaba subida a un banco de piedra pidiendo fondos para la ONG, eso lo dejó aún más sorprendido de lo que ya estaba, él conocía a todo el personal y esa mujer no estaba entre ellos.
No solo fue eso lo que lo dejó sin palabras sino el parecido que tenía con su tía Sara, sus cabellos eran dorados como la luz del sol, sus manos finas y pequeñas, sus ojos apenas los pudo ver, lo único que pudo deducir es que eran azules iguales que los de ella, eran tan parecidas que por unos segundos pensó que podría ser ella; la pequeña Natsuki. Negó con la cabeza esa mujer no podía ser su prima, esa ladrona no podía llevar su misma sangre, esperó unos segundos más al ver lo que sucedía hasta que se hartó y fue tras ella.
—¡Oye tú! ¿Qué cree que está haciendo? —se quedó en silencio mirándola esperando esa respuesta, no pudo dejar de mirarla por su parecido con su tía hasta que se fijó que se había escapado —¡maldita ladrona vuelve! Pagaras entre rejas por estar estafando a la gente.
Corrió detrás de ella con todas las fuerzas de su alma sin cansarse, estaba acostumbrado a correr por las horas que pasaba en el gimnasio tonificándose por lo que para él esto no era nada, seguía detrás de ella gritándole barbaridades hasta que se metieron a otra parte de los jardines, haciendo que inmediatamente sonriese de medio lado, esa parte no tenía escapatoria era un sitio cerrado por lo que esa mujer ya estaba en sus manos, no sabía con quien se había metido y él la atraparía y le haría pagar por todo lo que estaba haciendo.
Siguió corriendo hasta que logró atraparla subiendo por la alambrada, echó una sonrisa sarcástica no tenía escapatoria una vez al llegar arriba se cortaría en las manos por lo que decidió esperar y reírse de ella al saberse atrapada o atraparla y pagarle todo, decidió por lo segundo ya que la furia que corría por sus venas era peor que la de un asesino, agradecía que fuese mujer porque si no ya estaría muerto.
—Veo que ya no tienes escapatoria ¡Ven aquí! —la cogió por las piernas con fuerzas tirándola en el suelo y colocándose encima de ella, presionando sus muñecas con algo de fuerza —¡vas a decirme quien eres ahora mismo! —se quedó mudo al ver que por culpa de su irá no se había fijado como a la joven le había caído la peluca rubia que la cubría dejando ver el color natural de su cabello. —¡Tú!
Continuara….
Hola mis hermosos lectores sé que muchos me querrán matar y es comprensible yo hasta me siento muy culpable, antes que nada les pido mis sinceras disculpas, estuve con depresión y me cogieron para hacer un curso y por los estudios apenas tenía tiempo, después a mi mamá la operaron y no tuve mucho tiempo tampoco. Sigo con los estudios pero no me tardaré tanto, me repartiré a escribir cada día una hora y media o dos lo repartiré con los estudios, espero me comprendan y acepten mis disculpas, estuve pensando en hacer los capítulos más cortos para actualizar más rápido, eso como ustedes deseen mis vidas. Quiero decirles que llevo tiempo sin escribir, por favor si ven algún fallo o algún detalle en el cual pueda mejorar no duden en decírmelo. Muchas gracias.
Quiero agradecerles por sus lindos comentarios que son mi motor a seguir sus alertas y también que me añadieran a favoritos. Muchas gracias vuestra linda comprensión.
Mis amores como vieron Kagome e Inuyasha se conocieron pero con muy mal pie.
Podemos ver que Inuyasha tiene diferente carácter dependiendo de la persona con la que este, poco a poco iremos descubriendo las razones.
¿Qué creen que pasará?
¿Quién será la chica que atrapó Inuyasha?
¿De que hablaban Jakotsu y Kagome?
¿Y quién será la dueña de ese anillo?
Muchas preguntas que en los próximos capítulos descubriremos.
Quiero agradecerles a yeni, magguie y faby por la ayuda en este capítulo.
Mis preciosidades los comentarios con cuenta ya los respondí por imbox los que no tienen cuenta los responderé por aquí.
Muchas gracias por sus comentarios a:
Elvi: Hola Elvi muchas gracias por su comentario, lamento mucho el retraso de la nueva actualización, espero le guste este nuevo capítulo. Besos y abrazos.
Jazmin: Hola Jazmin muchas gracias por tus bellas palabras, lamento mucho el retraso de este capítulo, espero te guste la nueva actualización, un saludo. Besos y abrazos.
Si desean pueden contactarme a mi Facebook e donde pondré los avances del capítulo
Facebook: Kagome Moon Chiba de Taishô
Muchas gracias por todo su apoyo.
Feliz fin de semana e inicio de semana.
