-¿Cómo demonios paso esto?
Un hombre joven, de cabello oscuro y ojos color miel les decía de forma retorica a sus acompañantes, varios hombres fornidos vestidos con trajes oscuros. Ellos no le responden, está enojado, ya lo conocen.
Entran al local que está inundado, mesas, sillas, cristales rotos, papeles tirados por todo el bar, vasos, servilletas, pedazos de papel que antes eran billetes, rotos, pisados. Reíto mira a todos lados, la barra y sin ver a sus acompañantes, de forma calmada pregunta.
-¿Dónde está… ella?
Ninguno se atreve a decir nada, los cuatro tipos se miran entre sí, tratando de agarrar valor para decirle, Reíto no los ve, sigue analizando el desastre en que se convirtió su local. Pasan varios segundos y sus guaruras no han respondido a su pregunta. Cierra sus ojos y respira pesadamente como quien trata de calmar sus instintos asesinos. Ellos lo saben, sino dicen algo él los matara, no será la primera vez que lo haga.
-Se… señor… ella no está.
-Yo no pregunte eso… claro que no está. –Mirando el lugar completamente hecho un caos -¿A dónde la llevaron?
Ellos se vuelven a mirar entre sí, ninguno se anima a hablar. Pero saben que el humor de su jefe es una bomba de tiempo. El líder de los cuatro al ver la cara de sus muchachos decide hablar, le irá mal, lo sabe, pero será peor para los cuatro si no dice nada.
-Jefe… desapareció.
-¿Cómo que desapareció?
-Ayer fue un caos… había gente corriendo por todos lados… la alarma se activo, el agua caía, la instalación eléctrica comenzó a hacer cortos, mis hombres y yo corrimos para sacarla de aquí, pero ella ya no estaba cuando subimos.
Antes de que Reíto diga algo, o haga nada, llegan varios tipos más, uno de ellos en sus manos trae un cartón quemado y varios alambres cortados. Reíto les sigue dando la espalda, esta inmóvil, tiene ambas manos en su cintura, solo mueve los ojos a través de su destrozado local.
-Jefe… esto no fue un accidente, lo planearon… aquí están las pruebas.
Reíto por fin se digno a mirar a sus subordinados, miro a quien le hablaba y miro las muestras del delito. Se acerca sorpresivamente y lo tomo del cuello.
-No me importa cómo le hagas… como le hagan, la quiero de vuelta… si no la tengo dense por muertos… ¡todos ustedes!. –Reíto soltó al pobre hombre que cayó desmayado por la falta de oxigeno que la fuerte presión que Reíto ejerció en su cuello le ocasiono. Reíto camino a la puerta del local.
-Con un demonio, ¡Muévanse! Revisen las cámaras de seguridad… quiero la cabeza del responsable en charola de plata. ¡¿ENTENDIERON?!
-Si… si jefe. –dos de ellos tomaron a su compañero desmayado y lo sacaron del lugar, tenían mucho trabajo que hacer.
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-Shizuru… Shizuru… perdóname hija… perdóname… -una mujer mayor de rodillas le pedía perdón a su hija, la mujer mayor estaba llorando, con sus manos agarraba puños de tierra, implorando el perdón de su hija mayor. Por su parte Shizuru no entendía palabra alguna, lo único que sabía es que su madre la había cambiado por una bolsa de dinero que uno de los tipos le aventó a su progenitora.
-Un placer hacer negocios con usted, señora Fujino. –El bastardo hacia una reverencia en señal de burla, hacia la pobre anciana que miraba impotente cómo se llevaban a la niña de sus ojos.
-Ya no llore mujer, ella ira a un lugar mejor, tendrá mucho dinero y tendrá la vida que usted le negó. -Y como llegaron se fueron, ahora que tenían a su botín era hora de festejar.
El pueblo en el cual le toco a Shizuru nacer, era un pueblo de las montañas, alejado de las grandes urbes que el gran continente albergaba pero no así de sus vicios y perversiones. La ojirubi vivió con su madre y sus siete hermanos y hermanas pequeñas, todos hijos de distinto padre, su madre era una prostituta que vendió su cuerpo a los sureños cuando era joven, que pasaban por el pueblo, para sacar adelante a su familia. Kykio nunca permitió que Shizuru entrara a ese mundo, la protegió lo más que pudo pero por desgracia la belleza de su hija atrajo la atención de propios y extraños. Los lugareños se protegían unos a otros pero esta vez nada pudieron hacer para impedir que se llevaran a la pequeña Fujino.
Los hombres que fueron por ella eran fuertes y traían armas de primer mundo, algo de lo que los habitantes de Zipang carecían. Lo último que Shizuru vio cuando se alejaba del lugar que la vio nacer fue a su amigo, al joven que desde pequeño estuvo enamorado de ella, caer de rodillas al piso junto a su madre y llorar, como nunca lo había hecho. Ella se entristeció profundamente y lagrimas gruesas caían por sus mejillas. Uno de los tipos la tomo del rostro e hizo que lo mirara
-Esa mujer no merece tus lágrimas, te vendió, le importo más el dinero que su hija. No vale la pena que llores por ellos…
-No, eso no es cierto…
-Ve a la colina. –El tipo le dijo al chofer que en el acto giro, junto con los demás autos rumbo a una pequeña elevación, desde donde se podía ver el pueblo. El tipo saco unos binoculares y busco la ubicación de la casa de los Fujino. Al encontrarla sonrió y le paso los binoculares a Shizuru quien titubeante los tomo y miro a través de ellos. Al momento comenzó a llorar mas fuerte, su madre junto con Tate juntaban el dinero que estaba en el suelo, y ambos se ponían de pie, Tate abrazaba a la mujer y sus hermanos salieron de la casa, los vecinos se habían dispersado después de la conmoción, vio la alegría en la cara de sus hermanas y hermanos al ver la bolsa de billetes y monedas que su madre tenía en sus manos y sintió un profundo dolor cuando su madre abrazo a Tate y alzo la bolsa de dinero en señal de victoria. Shizuru fue incapaz de seguir viendo, dejo caer los binoculares y se hundió en su asiento, a llorar.
-Ves, a ellos no les importa tu suerte, solo el dinero.
-Trae más agua fría, por favor…
Shizuru dormía, tenía un sueño intranquilo, estaba luchando contra los sueños o tal vez los recuerdos que la fiebre le producían, entre sueños murmuraba cosas, que para la agente Kuga no tenían coherencia alguna.
-¿Dónde… estoy? –Una sudorosa y desorientada ojirubi abría los ojos y preguntaba, miraba el techo y cerro sus ojos por la luz que le molesto su vista, al abrirlos de nuevo se encontró con unos hermosos ojos verdes que la miraban.
-Tu… -Poco a poco perdió el conocimiento hasta el desmayo. Entre su inconsciencia pudo escuchar lo que parecían ser gritos, pero no supo nada más.
-Natsuki, necesita medicamento o que la lleves al médico.
-Demonios… lo sé…
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Era de mañana, Natsuki se encontraba conduciendo a la casa de su madre, tenía varios meses sin hablar con ella, pero no tenia de otra, la chica que Alisa le pidió que ayudara necesitaba medicamentos y no podía llevarla al médico, era muy peligroso para ambas. Llego a su antiguo hogar, entro en su auto, la entrada no tenia puerta. Detuvo la marcha del carro y se bajo encontrándose con quien menos quería ver, el esposo de su madre.
-Natsuki, que sorpresa. –El hombre trato de abrazarla más ella se lo impidió.
-¿Dónde está mi madre?
-Si… ella se está bañando en este momento –Un sonriente Kenta le decía para enojo de Natsuki. El hombre que tenía enfrente nunca le cayó en gracia y más por sus comentarios tan machistas y sugerentes. Kenta es padre de Alisa y está casado con Saeko, madre de Natsuki.
-Deberías dejar ese trabajo Natsuki, es muy peligroso para una bella mujer como tu… -Natsuki se trago su respuesta, no quería salir mal con Kenta, pero él no ayudaba en mucho.
-… Búscate un esposo, cásate y ten hijos, para que tu madre no esté con el pendiente de que en cualquier operativo te maten. –Natsuki estaba por decirle a ese señor que se metiera en sus propios asuntos cuando su madre entro en escena, impidiendo que lo realizara.
-Natsuki… ¿Qué haces aquí? –Para Saeko era muy extraño ver a su hija y más en su casa, conversando con Kenta, algo no estaba bien con ella y temía lo peor.
-¿Podemos hablar?
-Claro. Kenta ¿nos permites un momento?
-Claro amor.
El hombre se acerco a Saeko, le dio un beso rápido en los labios y se alejo dejando solas a madre e hija. Era algo que no entendía, el porqué Saeko siempre que hablaba con su hija lo hacía a solas.
-¿Estás bien? –Saeko le pregunto a Natsuki casi un minuto después de que Kenta entrara a la casa.
-Sí, estoy bien.
-¿Alguna de ellas…? -Saeko tenía miedo de preguntar, Natsuki se le adelanto.
-No… -Saeko suspiro de alivio.
-Yo… vine a saludarte…
Comentario que hizo que Saeko alzara sus cejas y mirara a Natsuki de forma extraña. Ella conocía mejor que nadie a su hija y Natsuki no iba solo para saludar. Algo le pasaba y ella lo averiguaría.
-Natsuki… hija mía… ¿Qué sucede?
-Nada…
-Claro… nada… Dime qué pasa.
-Necesito… de tus… am… medicamentos… ¿me los puede facilitar?
-Si… -Saeko parecía entender algo. –Natsuki estamos a mediados del mes, ¿ya se te termino? –Natsuki movió su cabeza de forma negativa.
-Necesito… medicamentos… para controlar la fiebre… de verdad… los llevare al orfanato… ya… sabes… los niños las necesitan… para controlar la fiebre…
-Natsuki ¿Qué hiciste ahora?
Saeko no era tonta, si Natsuki quería llevar medicamentos al orfanato hubiese mandado a alguien, o simplemente dejado un recado con la asistente de su madre.
-Nada… -Natsuki miraba a cualquier lado menos a su madre. La cara de Saeko poco a poco fue cambiando su semblante.
-No puede ser, fuiste tú… -A la mente de Saeko llegaban los reportajes del bar que la madrugada anterior se había incendiado.
-¿De qué habla?
-¿Crees que soy tonta o que? De la chica que desapareció ¿crees que no lo sé?
-… -Natsuki ya ni preguntaba cómo lo sabía, su madre siempre un paso adelante.
-¿Por qué eh? ¿Por qué no eres una persona normal y dejas de meterte en problemas? Te metiste con los peces gordos ¿sabes? Con Kanzaki… te llevaste a su… puta.
Por alguna extraña razón el que su madre usara esa palabra para referirse a la ojirubi le lleno de ira, no queriendo decirle impropios a su madre apretó su puño izquierdo con tal intensidad que sangre broto de su palma y gotas cayeron al piso sin que ella se percatara de ello.
-No le diga así…
-No puedo creerlo… ¿eres imbécil o te haces? ¿Cómo quieres que le diga?
-…
-Están buscando al culpable de esto y sabes que no pararan hasta dar con él, te metiste a la boca del lobo y por una… cualquiera…
-¿Me va a ayudar o va a seguir insultándola?
-Ay Natsuki… Natsuki ¿Qué voy a hacer contigo?
-…
-Pasa… veré que puedo encontrar.
Saeko sabía que no debía provocar a su hija, conocía las consecuencias de hacerlo. Hizo que entrara a casa, solo para tomar un pequeño desayuno, su bolso, despedirse de Kenta y emprender el camino a la farmacéutica Kuga. Natsuki llevo en su auto a su madre, Saeko de vuelta a casa tomaría un taxi.
-Natsuki…
-Mmhm…
-¿Cuándo dejaras de jugar a los policías y ladrones?
-Cuando este… maldito lugar sea mejor… no una guarida de personas que creen que tienen derecho sobre la vida de los demás.
-Sabes que es muy peligroso que estén en ese ambiente… yo… yo no soportaría si te sucede algo…
Saeko bajo su rostro y lagrimas salieron de sus ojos. Saeko era una mujer fuerte, a veces parecía que no tenía sentimientos pero su hija era su mayor debilidad y Natsuki quien mantenía sus ojos enfrente, se orillo solo para abrazar a su madre. La entendía a la perfección, comprendía que ser policía no fue su decisión más acertada, pero ella quería cambiar la ciudad y no encontró mejor forma que entrar en la fuerza policial.
Ya tenía 5 años en el cuerpo y lamentablemente no había mejorado mucho la calidad de vida de los habitantes de Fukka. Día con día se tenía que enfrentar con la corrupción de sus compañeros, de sus jefes, con las injusticias de los poderosos de la ciudad hacia los más desvalidos. Natsuki tenía un ideal y era el ver de nuevo el esplendor de la ciudad como su madre y su padre se lo contaban cuando era más pequeña. Historias que estaban guardadas en su memoria y que ella se resistía a dejar morir.
Cuando Natsuki tenía cinco años hubo un golpe de estado por un grupo de criminales, quienes tomaron el control de la ciudad y hasta el día de hoy seguían con el mando. La principal ley es que si no acatas sus reglas terminas en la cárcel o en el cementerio. Natsuki en la policía encontró la manera de ponerles trabas, sin levantar sospechas. Mas esta vez tenía un extraño presentimiento con respecto a la ayuda que le brindo a la conocida de Alisa.
Hola, ¿Cómo han estado? Ojala que bien. Disculpen la tardanza, en estos días, actualizare las demás historias, no crean que los he olvidado. Gracias por sus comentarios, son geniales. Nos leemos próximamente…
