Los personajes de Ranma ½ no nos pertenecen, nosotros los tomamos prestados sin fines de lucro para tratar de superar el trauma tan grande que nuestra sensei Rumiko Takahashi provoco al haber permitido que el cobarde de Ranma negara los acontecimientos en Jusenkio.

-Los personajes hablan-

Flash back.

:-:-:-:-:-:-:-:-: Cambio de escena.

Noticias.

Capitulo Dos.

La chica lentamente abrió los ojos para dar paso a la visibilidad y la conciencia del día que la envolvía, con suavidad giró el rostro solo para ver un montón de arcilla en el lugar en donde hasta hacía unos instantes había estado su prometido, saliendo poco a poco de la neblina que obscurecía su razón.

-¿Akane, te encuentras bien hermanita?- Preguntó preocupadamente la mayor de las Tendo mientras dejaba a un lado las sales minerales con las que habían traído de regreso a su joven hermana.

-¡Terminé!- Comentó emocionada la mediana de la familia con la mirada brillante y lo que parecía ser un pergamino esparcido sobre la mesa junto a una calculadora.

-Esto te costará hermanita, aunque tal vez te haga una rebaja del cincuenta por ciento como ayuda por el nuevo integrante que viene.- Ante esto la joven recupero toda lucidez e inmediatamente empezó a temblar de frío… un bebé.

-¡Están equivocadas!... yo… yo no puedo estar embarazada ¡Si no me acuerdo de nada! Es demasiado pronto.- Empezó a balbucear la joven peli-azul sintiéndose de pronto ahogarse por el ataque de pánico en el que entró en ese momento.

-¡Un bebé! Que voy a hacer con un bebé… no tengo ingresos… no sé nada de maternidad… si ni siquiera sé preparar un huevo hervido…- Murmuro la heredera Tendo mientras se sumergía en un mundo de alucinaciones.

Akane se encontraba sentada frente a una mesa con un pequeño en brazos que aunque no se le distinguían bien los rasgos tenía una pequeña trencita que caracterizaba a su progenitor, su piel estaba opaca y unas grandes ojeras apagaban sus bellos ojos por el cansancio que la abrumaba, su cabello completamente enmarañado y sus ropas repletas de sustancias pegajosas y algunas hasta endurecidas, lentamente se escucharon unos pasos hasta que un hombre de ojos azules se situó frente a ella secándose el cabello.

-Oye Akane, no me esperes que voy a salir con Shampoo y Ukyo.- Le comentó mientras dejaba la toalla en el respaldo de una silla. En eso la joven chica empezó a llorar.

-Ranma mi amor… el bebe no llora.- Le dijo asustada a lo que el joven de un salto llegó a su lado notando al momento la palidez de este y el color verdusco de su cara.

-¡¿Qué le hiciste Akane?!- Le gritó, la jovencita solo se achicó mientras le enseñaba un platón que estaba sobre la mesa.

-Yo solo… le di la papilla que le acabo de cocinar.- Le comentó hipando y frotándose los ojos mientras el joven veía una pasta negruzca con tintes verdes de lo cual se suponía era la papilla.

-¡Estás loca, tú sabes que tu comida no es comestible, puedes matarlo!- Le gritó mientras ella caía en un profundo pozo negro lleno de desesperación.

Instantes después parpadeaba notando que era arrastrada por un monumental panda que llevaba una gorra de policía y una macana colgando de un enorme cinturón que le rodeaba la discreta cintura, rápidamente la dejo en medio de un salón repleto de gente que la miraba acusadoramente, los más cercanos eran un hombre vestido de traje al lado de su prometido que vestía de negro con una mantilla del mismo color sobre su cabeza y que discretamente se limpiaba lagrimas de sus ojos para después sonarse la nariz, en un escritorio contiguo se encontraba su hermana Nabiki revisando unos papeles con un traje de corte profesional.

-Pongámonos de pie, la honorable jueza Nodoka Saotome da paso al recinto.- Anunció su padre con ropas de judicial para después dejar adentrar a la joven mujer que llevaba una túnica azul y una larga peluca blanca repleta de bucles, al momento se sentó procediendo al tribunal para articular palabra.

-Estamos aquí para enjuiciar a la Señora Akane Saotome por el intento de homicidio de su primogénito.-Al momento todo el jurado se puso en pie mientras Ranma se apoyaba desvalidamente sobre el que parecía ser su abogado, ahogado en sollozos.

-Señoría, quisiera decirle que me retracto como abogada de la enjuiciada, he recibido una oferta mejor y ahora seré el fiscal en lugar del abogado defensor.- Comentó inmediatamente su hermana para después pasarse por el recinto viéndola acusadoramente.

-Los hechos apuntan a que usted, señora Saotome, dio a comer una especie de papilla a su primogénito preparada por sus propias manos, algo que en verdad es un suicidio para alguien que conozca su cocina, con lo cual le provocó un fuerte envenenamiento que estuvo a punto de acabar con su existencia.- Empezó a proclamar su hermana mientras ella sentía el temor de ver que sus manos eran apresadas con unas esposas.

-Según las palabras de su propio esposo, él iba a salir tranquilamente para traer la leche que usted le pidió cuando la encontró con una mirada desquiciada dándole de comer una pasta negra con puntos verdes fluorescentes mientras el inocente niño era acallado por el bocado que tenía ¿tiene algo que decir?- Preguntó la fiscal mientras Akane trataba de articular algo en su defensa viendo de reojo a su "marido" que lloraba como una magdalena haciendo la perfecta imitación de su padre mojando parte del piso en donde se encontraba.

-Viendo que las pruebas son contundentes usted, Akane Saotome, es sentenciada a servir a su esposo y sus nuevas esposas por el resto de su vida sin quejarse alguna vez cuidando también de los retoños que vienen en camino.- Comentó amenazantemente Nodoka, apareciendo de repente Shampoo, Kodachi y Ukio con una sonrisa malévola en los labios cada una con una enorme barriga que anunciaba sus embarazos. - además de que le quedará estrictamente restringido su ingreso a cualquier cocina ya sea desde la de algún restaurante hasta la del hospital y no podrá atender a su bebé hasta que el Señor Ranma Saotome lo decida.- Terminó la mujer levantado un mazo con el que golpeó el escritorio, al momento apareció nuevamente Ranma con cada chica colgada de su brazo y la sonrisa de burla adornando sus labios.

-Bien Akane, atiende todo lo que mis nuevas esposas te demanden, además de que no dejes llorar al bebé porque estaré ocupado entrenando y dando clases en el dojo.- Le comento haciéndola a ella más pequeña que un muñeco y observando que las mujeres la veían con desdén mientras el bebé lloraba en algún lado.

-¡Nooooooo!- Gritó la menor de las Tendo saliendo de su ensoñación.

El grito de Akane resonó en toda la casa, asustando a las mujeres que había en la sala e incluso sacando a Ranma de su arenoso trance.

-¿Q… qué tienes Akane?- preguntó preocupado al ver el rostro compungido y lloroso de ella.

Nabiki condujo a ambas mujeres lejos de su hermana sintiendo el aura rojo vino con tintes negros que esta empezaba a emanar, mientras Ranma se acercaba a Akane lentamente como un mosquito atraído por la luz del foco, y entonces el foco estalló.

-¡Eres un maldito!- gritó de pronto con los ojos ardiendo en llamas, haciendo que el chico retrocediera instintivamente -¡No puedo creer que seas tan imbécil! ¡Idiota! ¡Engreído! ¡Mujeriego! ¡Traidor!- continuó gritando mientras se erguía intimidante-mente frente a él.

-¿Traidor?- apenas alcanzó a preguntar, cuando sintió una de las delicadas manos de ella en su cuello, levantándolo del suelo y ahogándolo en el proceso.

-¿Te gusta salir a pasear con ellas? ¡Veamos si puedes hacerlo después de que acabe contigo!- le dijo con un tono mucho más atemorizante que sus gritos.

Acto seguido lo arrojó contra una de las paredes, y antes de llegar al suelo ya la tenía sobre su espalda aplicándole una llave. Soun y Genma llegaron muy borrachos aún riendo luego del festejo por la unión de las escuelas, dejaron de reír al escuchar el sonido de un hueso romperse, y de fondo los lamentos de Ranma. Akane doblaba las piernas de Ranma por sobre su espalda como ya lo había hecho con uno de sus brazos, en tanto Tendo se acercó a las mujeres que intentaban pasar desapercibidas en un rincón.

-¿Qué hizo Ranma esta vez?- preguntó el hombre tranquilamente.

-¿Embarazarla?- preguntó Nabiki algo desconcertada, mientras las otras mujeres sólo se encogían de hombros.

Los hombres se miraron emocionados al escuchar esa palabra, el plan había salido a la perfección, no había dudas de que las escuelas se unirían y Ranma se vería obligado a trabajar para mantener a su hijo, así que se encargaría de dar clases en el dojo y así podrían pagar la deuda. Pero de un momento a otro dejaron de escuchar los sollozos de Ranma, lo cual era sumamente preocupante.

-¡Detente hija, piensa en el futuro del dojo!- exclamó Soun en un mar de lágrimas, al observar a su futuro yerno demasiado pálido y con la lengua afuera.

-¡¿Qué dijiste?!- preguntó ella volteando a verlo con los ojos en llamas.

-Q… que te faltó allí- respondió intimidado mientras señalaba uno de los pocos lugares en el cuerpo de Ranma, que no estaban contusionados.

-Deja de golpearme… por favor- suplicó Ranma en un hilo de voz y a punto del desvanecimiento por asfixia.

-Está bien… dejaré de hacerlo- asintió ella alejándose de él.

-Uff…- exhaló aliviado, sin notar hacia donde se dirigían los pasos de su prometida.

Lo siguiente que se escuchó fueron una serie de golpes, gritos de batalla y explosiones que provenían de la cocina, segundos más tarde una despeinada, y algo quemada Akane, apareció en la sala con un plato sobre el que había una especie de sustancia pastosa color azul que parecía todo, menos algo comestible.

-¿Q… qué planeas hacer con eso?- preguntó Ranma temeroso, mientras volvía al lugar uno de sus huesos.

Se arrepintió de haber preguntado cuando vio su sonrisa psicópata, no tuvo tiempo de pensar como había llegado un embudo a su boca cuando ella estaba arrojando esa cosa dentro.

-¡¿Así que mi comida no es comestible?! ¡Te demostraré lo contrario!- exclamó vaciando el plato dentro del embudo.

El rostro de Ranma tomó un tinte azulado debido a la asfixia producida por esa pastosa mezcla que se pegaba en su tráquea. Pero la insistencia de sus pulmones por obtener algo de oxígeno dejó de ser una prioridad, cuando sintió el indescriptible ardor en su esófago, como si un potente ácido lo recorriera. Comenzó a arrastrarse desesperadamente hacía el baño en un intento por exorcizar esa cosa que hacía que su estómago crujiera, algo burbujeante dentro de él estaba a punto de hacer erupción. El sonido de un motor, y algo metálico girando a gran velocidad lo hizo detenerse a mitad de camino, un escalofrío recorrió su espina, y una parte muy antigua e instintiva en su cerebro dio alerta roja, debía huir o algo muy, muy malo sucedería.

El sonido se escuchaba cada vez más cerca, de forma robótica volteó el rostro y todos sus miedos se confirmaron, Akane caminaba hacía él, con un semblante aterrador, en sus manos llevaba una moto sierra que giraba sus cuchillas furiosamente. -¡Nunca te lo perdonaré… ¿cómo pudiste embarazarlas?!- le gritó furiosa mientras se acercaba aún más a él.

-¿E… embarazar… las?- preguntó desconcertado sin quitarle la vista a la sierra.

-¡Me aseguraré de que nunca vuelvas a hacerlo!- exclamó quedando a centímetros de él – ¡Quita las manos o te las corto también!- ordenó al ver que se tapaba desesperadamente cierta parte de su anatomía. Él se limitó a negar aterrorizado mientras continuaba retrocediendo hasta chocar con la pared.

-Tía Nodoka, ¿no piensa hacer algo?- preguntó Nabiki.

-Creo que ya lo está haciendo- informó Kasumi con una sonrisa nerviosa mientras señalaba a la mujer que ya había planchado el kimono blanco, y en estos momentos le sacaba brillo a la katana.

-A… Akane, n… no sé de que hablas… ¡yo no he hecho nada!- balbuceaba con pánico viendo como las cuchillas se acercaban cada vez más.

-¡¿Nada?! ¡Te parece poco que nuestro hijo tenga un medio hermano que lo persiga gritando; "Devuélveme a mi papá, jojojojo"!

A Ranma le tomó un par de segundos comprender a que se refería, pero cuando lo supo comenzó a negar ofuscado.

-¡¿Cómo puedes pensar que yo haría eso… con esa loca?!

-¿Y con las otras si? ¡Me voy a asegurar de que eso no suceda!- exclamó furiosa acercando la sierra a escasos centímetros de las partes del chico.

-Saotome, ¿no piensa hacer algo?- Preguntó con algo de pánico Soun, al momento una gran gota de sudor resbaló por su cabeza al observar a un panda con partes sin pelo que tenía roto el kimono blanco y se tiraba al piso para huir de la katana de su "amada esposa" quien torpemente trataba de atinarle. "el chico puede solo, yo tengo mis propios problemas maritales que atender" proclamó con un gran cartel desde el suelo del tatami.

El joven de la trenza miraba a todos lados despavorido sintiendo la sangre congelándosele en las venas por cada sonido de la sierra, ya casi al borde de las lagrimas y sudando a mares opto por una última plegaria.

-Po… por favor Akane… n… no lo hagas.- Susurró mientras se pegaba más contra la pared viendo como lentamente la filosa arma bajaba a su parte más preciada, sin embargo en ese momento el motor hizo un extraño ruido para soltar otro más seco y después detenerse ante la sorprendida mirada de los presentes.

-¡Pero qué demonios!- Gritó la joven y colérica chica tratando de hacer que funcionara otra vez jalando insistentemente el mango de arranque, sin embargo este solo soltaba un ruido prominente para después detenerse haciendo competencia con un carro viejo y destartalado.

-¡Maldita porquería! ¡Está visto que la tecnología y yo todavía no nos llevamos!- Gritó con ahínco para después voltearse y aventarla sobre su hombro logrando que se encajara justo en medio de las piernas del chico a unos milímetros de lograr el objetivo de su dueña sin necesidad de estar encendida y logrando que el joven perdiera el color de golpe.

-¡Ni modo, tendré que hacerlo de la manera antigua!- Murmuró para después girarse con un serrucho en las manos logrando que el joven se ahogara con el nudo en su garganta.

-¡Por lo que más quieras Akane no lo hagas! ¡Piensa en nuestro hijo! ¿No querrás que tenga a un padre mutilado? ¿Verdad?- Preguntó con angustia viendo los oxidados pero filosos dientes del arma que en ese momento empuñaba su "inocente" iinazuke dirigiéndose de nuevo hacia él.

Justo en ese momento los engranajes del cerebro de la chica se detuvieron de golpe provocando cortos ante las palabras del pálido joven que ya se veía en una cama de hospital con un frasco en las manos que preservara tan valiosa parte masculina de su cuerpo.

-¿N… nuestro hijo?- susurró soltando el arma y cayendo de rodillas al piso.- viéndolo mientras intentaba entender el completo significado de aquella oración, el significado de que probablemente tenía una nueva vida inocente creándose en su interior fruto de ella y de la persona que más amaba en el mundo.

Rápidamente se levantó corriendo hacia su recamara y encerrándose de golpe dejando a los integrantes de la familia completamente desconcertados, pero sobre todo al principal causante de la situación, con una profunda preocupación por ella ignorando la moto sierra que aún se encontraba entre sus piernas.


La noche estaba tachonada de estrellas y una luna enorme semejante a una perla adornaban el cielo, en su cuarto la joven iinazuke se encontraba en una esquina sollozando por lo recién pasado, su mente era un remolino de ideas en la que el centro era el hecho de que probablemente una inocente vida fruto de un amor que tal vez no era correspondido estaba retoñando en su interior, aún cuando el hecho de esta unión no estuviera en el archivo de sus recuerdos, otro ahogado sollozo salió de su garganta, por más que quería su mente se negaba a recordar la noche anterior.

Un chico de mirada azulina observaba desde la entrada de la ventana el desastre de la habitación, parecía que un tifón había pasado por ahí dejando todo volteado al revés y completamente destrozado, se había sentido preocupado por los extraños cambios de su prometida y más cuando esta salió huyendo, su preocupación aumentó al escuchar los sollozos que ella dejaba escapar como muda muestra de las lágrimas que corrían ese bello rostro de porcelana, sin pedir permiso corrió el cristal para al momento adentrarse en el lugar sintiendo un ligero malestar en las costillas y el tronar de su muñeca ante la carga de la caja metálica que llevaba llamando completamente la atención de la chica que lo observó con aquellos maravillosos ojos avellana que brillaban con los destellos de la luna y reflejaban las gotas de cristal.

-Ranma…- susurró la chica con un aire tan desamparado que hizo que su corazón temblara rasgándose.

-Si has venido a reclamarme lo de hace rato no estoy de humor.- murmuró bajando la mirada y escondiéndola en el flequillo.

El joven no se inmutó, lentamente sacó el martillo y unos cuantos clavos del interior de la caja para después voltear lo que quedaba de lo que era la base de la cama y empezar a unir las tablas rotas.

La jovencita volteó el rostro, asombrada ante el ruido que producía el martillo, el joven unía una de las patas arrancadas sin hacer ningún otro más que el golpeteo, estuvieron así unos minutos en silencio mientras ella observaba a detalle el rostro del chico que lucía un rasguño en la mejilla y que de vez en cuando hacia una mueca cuando movía la mano izquierda, suavemente se limpió las lágrimas y una fácil sonrisa se formo en sus labios, sin hacer ruido se levantó percatándose de reojo que él volteaba a verla y después volvía a su trabajo, con ligereza llegó al armario de dónde sacó el botiquín de primeros auxilios que tenía escondido para aquellos momentos, sin medir palabra se colocó detrás de él justo cuando volteaba la cama ya completamente repuesta, en ese momento él giró provocando que quedaran frente a frente mirándose ambos sonrojados, una tímida sonrisa alumbro sus labios ante la atenta mirada de él que solo pudo corresponderla.

-Ven, siéntate mientras te curo las heridas.- le comentó calmadamente tomándolo de la mano y logrando que se dejara llevar, así estuvieron unos instantes hasta que mientras ella vendaba la mano después de haberle untado pomada des inflamatoria se escucho la melodiosa voz de la jovencita.

-Lo siento.- susurró mordiéndose ligeramente el labio inferior.

-no pasa nada.- contestó el chico logrando que ella elevara la mirada asombrada y sonriéndole de tal manera que se sonrojó completamente correspondiéndole con la cara más idiotizada que pudo haber imaginado. La luna empezó a bañarlos a los dos con sus hermosos rayos, mientras se observaban a los ojos perdiéndose en ellos y develando por un momento el secreto atesorado de sus corazones, ese amor que fluía por sus poros y los envolvía en sentimientos más grandes que el mar, perdonándose uno al otro y creando nuevas promesas de amor.