Hola(:
Primero que nada les quería agradecer por sus comentarios, de verdad son muy apreciados; y honestamente fue una gran sorpresa porque no esperé tener para nada.
Segundo, puede que tarde así de tiempo, puede que más, puede que menos... es depende de muchas cosas la verdad, pero les pido paciencia.
Tercero, quería explicarles un poco y traducirles los títulos.
Si sale como lo planeo todos los capítulos tendrán una frase en latín. El título del fic es "El dado ha sido lanzado" o también "La suerte está echada"
La relación entre Rose y Scor es lo que quiero aclarar, sólo un poco:
Puede que ellos ya sientan algo por el otro, pero es algo no pequeño (lo suficiente para poder salir con otros y mantener una relación sin importarles). El estar tanto tiempo juntos, el haber madurado y el haber pasado dos años sin verse contribuirán para que crezca la atracción por el otro. Sin embargo eso no significa que vayan a estar juntos y eso. Ya verán más adelante. Se coquetean (peleándose) pero realmente no se dan cuenta. Y sienten que sus comentarios/acciones no lastiman al otro porque, realmente, nunca han sido amigos y se encargan de gritárselo a la cara (no literalmente) a cada rato. Y si bien puede que las cosas que pasarán los pueda unir, también puede que los separe.
No digo más y los dejo leer.
Nuevamente gracias, y espero que disfruten la historia;
MEl(:
Aequam memento rebus in arduis servare mentem
("Acuérdate de conservar la mente serena en los momentos difíciles")
Cuando Hugo se fue, Rose empezó a alistarse para la cena. Tendría, a lo mucho, media hora antes de que su madre fuera a apresurarla a gritos. Sonrió al recordar que días atrás había escogido el vestido que llevaría esa noche pues sabía de sobra que el tiempo les tomaría una mala jugada.
Decidió darse una ducha rápida. Tomó su desodorante, se colocó el vestido y luego de ponerse crema se puso su perfume favorito. Tomó la secadora sabiendo que su cabello no se secaría rápido de otra forma.
Mientras el caliente viento movía su cabello, sus pensamientos vagaron hacia cierto rubio. Desde que eran pequeños y él se había convertido en el mejor amigo de su primo había intentado mantener una relación decente con él pero no había podido. El chico disfrutaba hacerla enojar y molestarla, y ambos eran muy competitivos. Las clases eran una constante lucha entre ellos y Albus estaba un poco harto. Hacían ya dos años que se había cambiado de escuela, se había ido a una más alejada y le había echado la culpa a Malfoy, nada más para que se sintiera mal. Ése día, al reprocharle, lo único que el chico contestó fue 'Mi misión ha sido completada, entonces' y no dejó de mostrarle su estúpida y arrogante sonrisa.
El calor la hizo volver a la realidad y al verse en el espejo no pudo hacer más que resoplar. Se había desconectado del mundo y ahora su pelo estaba todo revuelto.
Alguien tocó la puerta de su cuarto y Rose no tuvo que preguntar para saber quién era. Su madre apareció a los segundos en el baño, junto a ella, y al ver el cabello de su hija dijo nada. Le sonrió y tomó el cepillo que Rose tenía en el tocador.
Empezó a desenredar el cabello de su hija suavemente, mientras que Rose le sonreía culpablemente.
-Te ves muy linda –le dijo, cuando terminó. Y sin decir más salió del cuarto.
Cuando Albus lo invitó a pasar las vacaciones con él y su familia en la primera persona que pensó fue en la prima de su mejor amigo: Rose Weasley. Cualquiera pensaría que era su némesis, pero lo cierto era que la chica nunca le había caído mal y jamás había tenido nada en su contra. Sí, se la podía pasar molestándola y haciéndola enojar todo el tiempo pero era nada más porque la chica se lo tomaba todo enserio y su reacción siempre resultaba ser graciosa.
Cuando se había ido del Colegio los días se volvieron algo más aburrido sin tener a quién molestar, pero Albus le ayudaba mucho para que no fueran tan malos. Cuando la chica se fue se dio cuenta de que le hacía algo de falta, después de todo, a pesar de no considerarse amigos, todo el día la pasaban juntos y no podían decir que todos los recuerdos eran malos.
Cuando ella lo recibió y vio sus mejillas y sus orejas sonrojadas, intentó sonreír porque era obvio que no se lo iba a esperar ahí, y le había causado sorpresa después de no verlo por casi dos años. Pero cuando notó que sus manos temblaban y que lo más probable era que todo su cuerpo lo estuviera haciendo, las ganas de sonreír se le fueron y el coraje lo llenó, en vez. ¿Tan malo era verlo?
No, nunca la consideró su némesis. Sí, pensó que ella tampoco lo consideraba el suyo.
Por eso no había dicho nada, por eso se había quedado callado. Por eso no la había saludado y no le había hecho el comentario que tenía preparado para hacerla rabiar.
En la noche, cuando ya estaban casi todos en la cena, tampoco pudo hacérselo, aunque se propuso no tomar en cuenta su berrinche y actuar como si siguiesen en el colegio.
Y es que esa noche, su pelirrojo cabello lucía más que perfecto.
Estaba preparada para que Malfoy estuviera en la cena, se había preparado desde que su madre había salido del cuarto. Se había mirado en el espejo, se había acomodado bien su cabello, y luego se había puesto a pensar otra vez en él.
Se había dicho que no debería darle tanta importancia, pero una voz en su cabeza le había sugerido actuar normalmente. Él y ella peleando, haciéndose bromas, molestándose… como en el colegio.
En sí, Rose no sabía por qué estaba tan enojada con el rubio. Se había dicho que era porque no quería que sus vacaciones fuesen arruinadas por el chico, sus comentarios y sus bromas. Pero luego recordaba los momentos que habían pasado en el colegio, y aunque le costara admitirlo, tenía que decir que no habían sido tan malos, porque, después de analizarlo, se daba cuenta que Scorpius Malfoy le hacía la vida un tanto más interesante… o se la había hecho hacía años atrás.
Estaba preparada para todo (o eso creía), menos para que el único lugar disponible fuera junto a él.
Parecía de película… de una película de humor, claro. Cuando la vio con sobrada razón se asombró y, aunque no lo quisiera admitir públicamente, había pensado que la chica se veía muy guapa. Después no pudo evitar reírse. No había sido su culpa que el viento estuviese en contra de Rose, y quisiera que su vestido azul y su cabello se moviera para todos lados.
Cuando se sentó junto a él, Scorpius no sabía si debía hablarle normal, intentar conversar o molestarla, o simplemente quedarse callado y no abrir la boca más que para hablar con Albus.
Lily parecía pensar lo contrario pues le hablaba sin parar, y si bien no lo molestaba, se sentía un tanto incómodo porque todos los hombres de la familia (en especial Hugo) no lo veían muy bien al recibir tanta atención por la más pequeña de la familia.
-¿Ya sabes qué estudiarás en la Universidad, Scor? –Preguntó Lily, sonriendo.
-Yo… no creo estudiar. Aún no está decidido –aclaró, rápidamente -, pero desde pequeño me ha interesado trabajar en la agencia de mi padre. Los autos son mi debilidad –afirmó -. Y no me molestaría trabajar con mi familia.
-Podría decirse que ha tenido clases desde pequeño –sonrió Albus.
-Rose opina todo lo contrario pudiendo trabajar en la empresa de nuestra familia –dijo Lily, encogiéndose de hombros. Su prima la miró molesta pero dijo nada.
-Si no fuera porque la agencia de mi padre, justo es de autos, cambiaría mi opinión seguramente -. Dijo -. No negaré que me llame la atención la universidad, pero estudiar no es lo mío.
-Lo dices como si sacaras malas notas –dijo Rose. Scorpius la miró con los ojos muy abiertos. Jamás pensó que le fuera a decir algo así -. Eres el segundo de la clase, Malfoy.
-Lo era –corrigió -. Luego te fuiste, y me temo que el puesto ahora me pertenece. Y aún así, estudiar no es mi cosa favorita. Pienso que hay cosas más importantes.
-¡Por supuesto que las hay! –exclamó Rose, ofendida -. Pero no por eso estudiar lo debes dejar como lo último en tus prioridades. ¿Y qué si no te gustaran los autos? Tendrías que estudiar y-
-Me gustan los autos; no hay de otra. ¿Siempre tienes que pensar en los "y si…"?¡Supéralo, Weasley! Ésta es la vida que te tocó. Me gustan los autos, y así es, no hay de otra.
La mesa estaba en un silencio sepulcral, casi parecían tener miedo de hacer ruidos con los tenedores, sin embargo, Albus era el único que comía tranquilamente y no ponía verdaderamente atención a la discusión entre su amigo y su prima.
-¿Saben, chicos? Hasta ahora me doy cuenta de cuánto extrañaba sus peleas –sonrió, tomando un sorbo de su bebida.
Molly llamó la atención de todos los presentes golpeando suavemente su copa con el tenedor y sonriendo. Todos se callaron y la mayoría de los presentes la miraron confundidos. Rose miró a su abuela y su abuelo, no paraban de sonreír misteriosamente y se preguntó qué era lo que los hacía tan felices. Miró a sus tías y se preguntó si alguna de ellas estaba embarazada, lo que era muy poco probable, pero ninguna parecía tener la más mínima idea de lo que ocurría.
-Tenemos una noticia que hará la cena aún más importante –anunció Molly.
-¿Estás embarazada, mamá? –Preguntó George, tapándose la boca con fingida sorpresa. Los presentes rieron y luego Molly volvió a pedir silencio.
-Como estaba diciendo –dijo -, tenemos una noticia muy importante. Rose, siempre nos hemos sentido muy orgullosos de ti, y lo sabes; has logrado grandes cosas y, sobre todo, tienes un gran corazón. Nos dolió que hace dos años dejaras de seguir la tradición y decidieras cambiarte de colegio, pero jamás nos decepcionaste. Tus motivos tuviste y te apoyamos. Ésta noche nos sentimos más orgullos de ti, que nunca, pequeña.
Hermione se levantó sonriendo y con lágrimas en los ojos; le tendió luego el sobre que tenía el sello de la que, desde pequeña, había soñado sería su universidad.
Tomó el sobre con las manos temblorosas y miró a nadie a los ojos. Todos empezaron a acercarse para felicitarla y pronto quedó escondida entre tantos abrazos.
-Albus –llamó Scorpius, señalando con la cabeza hacia la prima de su amigo -, ¿qué pasa?
-Rosie ha recibido la beca que tanto han soñado… wow. Esto ha sido mala idea, de verdad, muy mala –murmuró. Scorpius casi ni alcanzó a escucharlo pero no pudo preguntar más porque su amigo ya se había levantado y estaba junto a los demás, intentando llegar a Rose.
El camino al lago había sido mucho más fácil de lo que había pensado. Tenía algo de calor y el sueño aún no lo invadía así que había decidido salir a dar un paseo nocturno. Albus se había quedado y Scorpius sabía que en cualquier momento su amigo se quedaba dormido a pesar de no ser tan tarde.
Se sentó en la banca en cuanto la vio y se puso a mirar el cielo estrellado y el reflejo de la luna en el lago. Al contrario del día, en esos momentos el aire estaba fresco y hacía que los vellos de Scorpius se erizaran.
Unos minutos más tarde el olor a humo y el sonido de unas pisadas atrajo su atención. Cuando volteó se topó con Rose aspirando de su cigarro. La imagen lo sorprendió un poco ya que nunca había visto a la chica fumar, y ni siquiera se había imaginado que lo hiciera. El mismo Scorpius sólo pocas veces fumaba y era más que nada, cuando estaba con su padre.
Se preguntó si la chica sabía que él estaba ahí, decidió no hacer ruido y esperar a que se fuera; en esos momentos no le apetecía hablar.
Las lágrimas que empezó a soltar la pelirroja y que brillaban gracias a la luna le dijeron a Scorpius que Rose no sabía de su presencia. Se mordió la lengua y dijo nada, después de todo no le incumbencia y no quería problemas.
Rose tiró la colilla al suelo y la pisó fuertemente, se limpió las lágrimas, suspiró hondo y se fue del lugar dejando a Scorpius confundido y preguntándose por la razón de sus lágrimas.
Scorpius esperó unos minutos y luego se dirigió a la cabaña de los Potter. En el camino pensaba en qué le podría haber pasado a la pelirroja, después de todo debería estar más que feliz. Había ganado la beca que desde pequeña había querido… aunque Albus había dicho 'habían'y no había entendido a qué se refería ni lo hacía ahora.
Se encogió de hombros y se preguntó si debía comentárselo a su amigo o no. Llegó a la conclusión de que tal vez era mejor si le hacía un favor a la chica y le guardaba el secreto, después de todo si había ido a esas horas a aquél –casi- solitario lugar a llorar, debía tener una gran razón. Pero Scorpius dejó de pensar en los problemas de la chica y los propios cuando se recostó en la cama y los brazos de Morfeo lo abrazaron.
