Notas de autor: Hola gente querida, estoy bien rápido de vuelta porque estoy de vacaciones y tengo que aprovechar el lapsus (?) muchas gracias por haber leído y agregado a sus favoritos, nunca había recibido tantos comentarios, son tantos que no los respondí xDDD vaya que está dura la sequía en este fandom. Ni hablar. Sean felices, disfruten la lectura y tenga paciencia con esta loca, que siento que me van a terminar odiando con este capítulo :( no es mi intención que sufran, los accidentes pasan.

Digimon no me pertenece. Yo solo recurro a sus personajes por pura diversión.

Review, crítica y sugerencia bienvenidos.


Dama de honor

CAPÍTULO ll: Cuidado, que vamos en retroceso


"—Yolei, si tú te casas. ¿Quién sería tu dama de honor? —la castaña vio a su amiga directo a los ojos. Los suyos brillaban con aire esperanzador, parecía el gato con botas.

Ken escupió el agua que tragaba y se levantó de un golpe.

Eh, eh... —pasó lo que en pocas ocasiones pasa; Miyako Inoue se había quedado sin palabras."

Parpadeó un par de veces, tragó saliva en seco y miró nuevamente a su amiga, que impaciente esperaba una respuesta.

—¿Por qué la pregunta? ¿Ken estás bien? —se levantó rápido y fue a donde el chico que se limpiaba con un servilleta donde se había empapado.

—Porque Tk y Kari se van a casar y ella te eligió a ti de madrina —respondió con un poco de rencor —y no sé, solo se me ocurrió.

El alma le regresó al cuerpo. Era solo eso. Volteó a ver a Ken, que también había recuperado el color de su piel.

—Mimi, no he pensado en eso —se rió nerviosamente —pero obvio sería una de ustedes.

—¿Quién? —nuevamente esa luz esperanzadora invadió el resplandor de sus ojos. Esperando, ser la elegida para ese futuro.

—Mimi, es hora de concentrarse en la boda de Kari. ¿Para qué pensar en mi boda? —estaba sudando en frío, necesitaba encontrar una salida —¿Qué te parecen los manteles? ¿Verdad que son preciosos?

Achicó sus ojos con desprecio. De seguro la perra de Yolei tampoco la tenía contemplado para eso. Qué hipócrita era, tanta admiración y fidelidad que le decía tener.

¿No se conformaban con nada? O sea, Kari ya tuvo boda y para rematar iba a organizar la de Yolei. Yolei se iba a casar en un futuro y Kari iba a ser la madrina. ¿Y a ella cuándo le iba a tocar su momento?

Ya lo había intentado con Sora y no logró convencerla y Yolei tenía otros planes para el futuro. Se sentía abrumada.

A lo mejor la persuasión funcionaba con su amiga. Tai hacía lo que ella le decía, en ocasiones, si le lavaba el cerebro podría lograr que su amiga le exigiera anillo al moreno.


Esta vez no le ganaría, no señor. No estaba dispuesta a escuchar sus reclamos todo el maldito día, como ayer, porque ya no iba a tener paciencia.

Los preparativos de su boda cambiarían su vida para bien, tenía que ver con alegría y entusiasmo cada detalle, no importaba que su desquiciada madrina hubiera hecho un acuerdo, dizque mutuo, con ella para verse todos los días a las seis de la mañana, argumentando que el tiempo era oro y si sacrificaba horas de sueño, los últimos días se la iba a pasar bastante relajada.

Por eso estaba parada, a las cinco y media de la madrugada, en la cocina, preparando café para mantenerse despierta y activa. Já, qué sorprendida iba a quedar su mejor amiga cuando viera que cuando se proponía algo, lo hacía y que no era tan floja como tanto le recalcó ayer. ¡Se iba a casar, hombre! por ello haría eso y más.

Mensaje recibido, ya se imaginaba quién era.

'Estoy por llegar, más te vale que estés despierta'.

Yolei y su amenazante modo de vida. Sonrió, ¿Quería que madrugara? ¡Pues que tome su madrugada! Estab despierta, bien despierta, bañada, arreglada y lo más importante; preparada y con toda la actitud.

Convencida de que su actitud era admirable, bebió un trago de café, al tiempo de que la puerta de su departamento era casi derribada.

Yolei, nuevamente con su salvaje modo de vida. Ignoró el sobresalto de su pecho y caminó, antes de que despertara a sus padres que ya le habían amenazado con controlar a Miyako.

—Ya estoy lista —dijo al abrir la puerta.

La de pelos morados la miró de arriba a abajo. —¿Y por qué mierda me hiciste subir hasta acá? —se quejó, dejando helada a Kari —perdemos tiempo al subir y bajar del edificio.

—Pero... Pero —a Yolei nunca la dejaban contenta, de eso no había dudas.

—Mañana espérame en el estacionamiento —comentó mientras comenzaba a caminar.

La castaña estaba perpleja, parpadeando con incredulidad, ella que quería quedar bien y simplemente no le podía dar gusto, nunca quedaba conforme, siempre había un algo.

—¡MUEVE TU TRASERO!

Gritó con toda el aire de sus pulmones, haciendo a la castaña reaccionar con torpeza.


—Tengo algo que contarte —tomó el brazo de su amiga, aprovechando que Yolei y Kari estaban muy adelante de ellas.

Observó a Sora con incertidumbre, de arriba a abajo.

—¿Ya te comprometiste con Tai? —preguntó sonriente.

Sora negó. Mimi seguía con eso, decidió sacrificar su momento para centrarse en su amiga.

—Mimi, no te obsesiones con eso. Puede que salgas perdiendo algo importante por ese capricho.

Mimi frunció el entrecejo, algo indignada. —No es ningún capricho, es algo importante.

—¿Ir por la vida exigiéndole a tus amigas que se casen porque quieres ser dama de honor, no es un capricho?

—No le veo nada de malo, estoy fomentando el amor.

La pelirroja puso los ojos en blanco, llenándose de paciencia.

—Para amar no necesariamente necesitas casarte, ni que fuera un impedimento para amarse el no estar casado —comentó con aburrimiento, era el mismo sermón desde hacía días y la terca de la castaña seguía en su plan de que ella tenía la razón y que todos tenían que hacer su voluntad.

—Me has perdido Sora —caminó con resignación sin ella. No la quería ver y escuchar, Tai ya le había lavado el cerebro.

—Mimi, detente...

—¿Y para qué? —preguntó molesta —me vas a decir lo mismo que Tai. Que yo estoy loca, que me obsesiono con las cosas y sí, pero déjame decirte algo: esta no eres tú, Sora —habló con firmeza —te has transformado por él. Cuando recién empezabas tu carrera de diseñadora dibujabas vestidos de novia y no te hagas, que yo sé que te hacía ilusión usarlos.

Respiró hondo y contó hasta diez. —Eso fue hace más de diez años. Por Dios —soltó perdiendo la cordura —la gente cambia sus ideas conforme va viviendo su vida. Me gustaba diseñarlos sí, tal vez te dije un par de veces que me encantaría usar uno de ellos o que los hice pensando en mí. Pero de eso a obsesionarme tanto por una boda, no.

—¿Puedes creer que estemos discutiendo por esto? —cuestionó con el ceño fruncido y viéndola, ahora sí.

—Es totalmente ridículo —rió al darse cuenta de cómo se había desviado el tema, de eso ella no quería hablar.

—Ridículo es que le hagas caso a Tai —sonrió triunfal, punto para ella. Nunca se iba a cansar de reprochar que no se quieren casar.

—¿Por qué tanto afán con una boda?

Suspiró cansada. —Mejor alcancemos a Kari y a Yolei. Nunca entenderás nada —y emprendió camino hacia el salón de fiestas, donde podría celebrarse la boda.

No tenía caso seguir hablando con Sora, no iba a llegar a ningún lado. La pelirroja, en cambio, negó con la cabeza y la siguió. No tuvo la oportunidad de decirle lo que quería, y tampoco era el momento para ello.


—Quedé de ir a comer con Tk —habló suplicando para obtener el permiso y así ir a comer con su prometido.

—Tienes que concentrarte en tu boda —respingó Yolei —ya luego tendrán una vida juntos.

—Yolei —Sora interfirió en la conversación —déjala que vaya, nosotras podemos encargarnos de los demás detalles. No es bueno que la estreses con su propia boda.

Los ojos de Kari brillaron al sentirse apoyada. La de cabellos morados miró a todas sus amigas; la castaña pedía con la mirada que la dejara ir con su novio, Sora la apoyaba y faltaba una opinión muy importante para ella, Mimi.

—Sora tiene razón —musitó la castaña —Kari tiene que ir con Tk. Tiene que distraerse, mira la pobre parece que no ha dormido bien. Nosotras podemos encargarnos de esto y que ella se relaje.

Contra tres simplemente no podía. —Está bien. Pero no se te olvide seguir viendo los catálogos de los arreglos florales y necesito que me confirmes en la tarde cual será.

La castaña asintió con la cabeza. Ella que quería una boda sencilla y al parecer, no sería nada de eso. Había quedado de verse con Tk a la una de la tarde, ya eran las tres. Por ende, llevaba dos horas de retraso. En todo el día no había parado, visitaron los salones de fiesta más importantes y exclusivos de Odaiba, tras debatir por mucho tiempo habían elegido el más grande. Y como si el salón no fuera lo suficientemente hermoso, tuvieron que buscar cómo podían decorarlo. Vieron cientos de colores y más colores para los manteles, pero se presentó un pequeño problema al no saber cómo serían los centros de mesa y ahora, tras ir a miles de florerías, ver cientos y miles de tipos de flores, de premio tenía cargar más de cinco catálogos de arreglos florales, el resto del día parecía agotador.

—No te preocupes, los veré con Tk. Hablaremos también del menú que tiene el salón.

—Espero tu respuesta.

Y las cuatro se despidieron, viendo como la castaña se alejaba de ellas.

—Espero, ruego a Dios, porque todo nos salga bien —rasgó un poco su ojo.

—Yolei, acabamos de elegir el mejor salón de fiestas de toda Odaiba, la madre de Takeru se encargaría de la iglesia. Vamos a buen ritmo —trataba de ser positiva y darle ánimos a la de cabellos morados que tanto empeño estaba invirtiendo.

Yolei esbozó una tenue sonrisa.

—No sé cómo no les hace ilusión todo esto —comentó Mimi con simpleza, logrando que ambas chicas voltearan a verla —ninguna tiene planes de boda.

Sora respiró hondo, llenándose de paciencia. Mimi no tenía remedio.

—¿Has pensado en casarte con Matt?—arqueó una ceja, era la mejor arma para desviar el tema.

—No, aún no es tiempo para eso —sonrió con altanería —ustedes son parejas más maduras.

Yolei negó. —No se trata de parejas "añejas", Mimi.

—No es lo mismo —se defendió cruzando los brazos.

¿Pensar en casarse con Matt? Bueno, sí había pensado en casarse con él. Pero por ahora estaban bien, no encontraba el por qué forzar las cosas. Ellas locas, que como no se querían casar, ahora la querían obligar a ella, seguramente para ser dama. Ah, pero con qué moral hacían todo eso.


—Perdóname amor —apenas y lo vio sentado leyendo el periódico corrió hasta él y le plantó un dulce beso en los labios, como saludo y en forma de disculpa.

—No te preocupes, entiendo perfecto —le sonrió al tiempo que correspondía el beso.

Amó más que nunca a Tk por ser tan paciente y comprensivo con ella.

—¿Y, qué traes ahí? —preguntó curioso al verla cargas un par de bolsas.

Kari se sentó a un lado de él. —¿Ya comiste? —él negó —muero de hambre, a lo mucho he tomado café. ¿Podemos pedir ya?

—Aquí está el menú —extendió su mano para pasarle la carta de la casa —yo ya sé lo que pediré.

Sus tripas ya pedían comida a gritos. La verdad, todo lo que leía sonaba apetitoso y se le antojaba. ¿Qué será lo que preparan más rápido? Mataba por comer, y en esa ansiedad, no sabía ni lo que quería.

—Comeré lo mismo que tú.

Achicó los ojos y no le quedó nada más que complacerla. Llamó al mesero y ordenó, ante la mirada de Kari.

—¿Cómo les fue?

Hikari suspiró pesadamente. —Yolei tiene dos días yendo a mi casa a las cinco de la mañana.

Abrió los ojos sorprendido, su amiga era una loca, pero no la creía capaz de tomar esos alcances.

—Y llegué tarde —continuó hablando Kari —porque fuimos a cinco salones de fiestas, para terminar eligiendo el primero y todo lo que ves aquí —señaló la bolsas —son el menú que ofrece el salón y los futuros arreglos florales, más los manteles. Quiero que escojamos juntos esto.

—¿Qué salón eligieron? Mamá ya se encargó de todo lo de la misa.

Un pendiente menos, ella sonrió y suspiró aliviada. —El salón es... —hizo una pausa. ¿Cuál había sido? —...es ¡L'Foltaine!

—¿Cuántos invitados va a haber? —ese era un salón muy grande y que él recordara habían acordado de llevar a cabo una boda sencilla.

Ella alzó los hombros. —¿No crees que se están tardando demasiado en la cocina? —cuestionó girando hacia atrás, buscando al mesero encargado de llevarles lo que ordenaron.

—¿Cómo que no sabes? —se alarmó un poco, no podía fijar un lugar sin saber cuántas personas iban ir a él.

—Pues, fue el salón que más nos gustó.

A él no le importaban las demás, le importaba ella. Como un pequeño rayo de esperanza, un fugaz y diminuto pensamiento cruzó su mente. Y si las chicas, conociendo lo mandona que es Yolei, le había obligado a elegir ese salón. Quizá Kari no tuvo valor para negarse a la petición de su dama.

—¿Te gustó a ti? —ella asintió, volteando de nuevo hacia atrás. A Takeru ya no le estaba gustando tanta indiferencia.

El celular de la chica comenzó a sonar, logrando darle un respiro a la pareja.

—¿Yolei, qué ocurre? —preguntó la castaña, algo dudosa —no, no hemos hecho nada de eso, estamos esperando al mesero con nuestras órdenes.

Hasta él era capaz de escuchar los gritos de la de cabellos morados al otro lado del teléfono.

—Hacer la lista de invitados lleva tiempo —suspiró cansada, él percibía el enfado en el rostro de su prometida —estaba por enseñárselo.

Él ladeó los labios y la vio cortar la llamada. Sentía un pequeño hueco en el corazón, ante tal enfado y aburrimiento que Kari presentaba hacia los detalles. Le parecía ver más entusiasmo de parte de Yolei.

—¡Me está volviendo loca! —exclamó.

Abrió la boca para decir algo, pero se vio interrumpido por el mesero que aparecía sirviendo los platos.

Trató de pensar que Kari andaba así de distraída por el hambre, no había comido nada en todo el día. Y cuando uno tenía ese dolor en el estómago y los intestinos aclamaban comida, no se pensaba en otra cosa más que en comer. Con eso se consolaba, pero ciertamente el malestar en su pecho, no desaparecía.


—No sé que haría sin ti —agradeció dándole un fuerte abrazo al rubio.

Éste solo sonrió de medio lado y ella, se elevó un poco de puntillas, para darle un tierno beso en la mejilla. Era simplemente el mejor, después de un largo día, con un simple vaso de licuado en su estómago, llegar a casa de su novio y que el muy tierno, que las demás la envidiaran, le preparara su comida favorita, no tenía precio.

Estaba cansada como para prepararse algo, muy hambrienta como para pedir algo a domicilio y estaba tan cansada como para cocinar algo instantáneo. Pero el rubio, con su llamada salvadora, la invitó a su departamento y ¡Sorpresa! él había cocinado para ella, no era que nunca lo hiciera, pero la situación en la que tuvo ese detalle era maravillosa. Por eso se había puesto romántica.

—No es nada —le dijo un poco sonrojado. No le gustaba que le agradeciera tanto por algo tan sencillo y que no le costaba nada —supuse que estarías muy cansada.

Observó a su novia aún sonriente. —Dimos muchas vueltas.

No sabía si era prudente tocar el tema de si ya había superado que no fue elegida madrina, él creyó que se vería desanimada, pero la verdad es que no encontraba nada que dijese eso en su rostro. ¿Ya habría comprendido que era mejor apoyar a su amiga que ir por la vida buscando bodas? De eso no estaba muy seguro, no quería indagar para luego abrir esa herida.

—Tai le ha lavado el cerebro a Sora —charló.

Ahí fue cuando toda esperanza en Matt desapareció. Prefirió no decir nada y se sentó a un lado de ella.

—Sigue con la absurda idea de que no necesitan casarse —habló con tristeza.

—Y tú sigues exigiendo boda —posó una mano en la rodilla de la castaña, buscando las palabras adecuadas para no lastimarla.

—¿Tú también Matt? —cuestionó indignada. Porque se podía esperar que todo el mundo la tachara de loca, pero de él no. Eso había sido un golpe bajo.

—Solo digo que no puedes ir a exigirles que se casen —habló lleno de paciencia y sonriendo con dulzura, buscando no alterarla —si ellos no quieren casarse, no te debe importar. Es su vida.

—¿Estás diciendo que soy una entrometida? —frunció el entrecejo, no dejó de verlo.

—En ningún momento dije eso —las mujeres tenían una habilidad para voltear por completo las cosas —solo dije que no puedes exigirles nada, si ellos no quieren, que no quieran. Deberías concentrarte más en ti —ajá, ya había soltado la primera indirecta, esperaba que con esa habilidad innata, la atrapara.

—Claro, para ustedes es muy fácil juzgarme. Pero yo no estoy haciendo nada malo.

—No es malo, eso sí, pero no porque no sea malo vas a exigirlo porque tú quieres ser dama de honor.

Y supo ahí que ese comentario no había sido bien recibido por parte de la castaña, que lo fulminó con la mirada. Ella que creía que Matt la comprendía, pero nada de eso. Nunca en su vida se había sentido tan abandonada. ¿Qué de difícil tenía entender una ilusión que guardaba desde pequeña?

—Tú no me entiendes —se levantó rápido del sofá y caminó un poco, para alejarse de él.

—Amor, entiendo perfecto que siempre has querido ser madrina. Si con Kari no pudiste ser, pues tienes otras amigas que te pueden elegir —hizo una pausa para verla a los ojos —pero eso es muy diferente a querer obligar a las personas para que hagan lo que tú quieres, eso es algo egoísta e infantil de tu parte.

Mimi negó con la cabeza, aguantando el llanto. —Me duele que me digas todo esto —hizo un puchero.

—Mimi... —se levantó para acercarse a ella y tomar sus manos —lo digo porque te quiero; no me gusta verte mal por algo tan simple. Ya vas a tener otras oportunidades de conseguir este sueño, pero mientras no se dé, puedes disfrutar con tus amigas y por qué no, hasta pensar en algo más grande que ser dama de honor —sonrió entusiasta, como pocas veces se mostraba.

—¿Qué puede ser más grande eso?

Suspiró. Ya habían sido dos indirectas y ella simplemente no las entendía. Se sentía decepcionado. Solo quería la mínima muestra de interés por parte de la castaña de querer ser algo más que una dama, que quisiera ser la novia. Pero no, sentía tanta frustración, si era directo quizá se llevaría una fuerte decepción, incluso más grande que esa.


—Perdón Tk.

—No hay problema, entiendo perfecto que estés enfocada en los detalles de la boda.

Kari suspiró. Faltaba poco menos de unas semanas para la boda y, cada vez tenía menos tiempo para estar con él. Se sentía pésimo. Cerca de tres meses estuvieron planeando cada detalle, hasta el más insignificante, como las servilletas eran tomados en cuentas por su compulsiva madrina.

Le despertaba temprano, la dejaba dormir hasta tarde con dudas, quejas y sugerencias y si no estaba con ella, buscaba la manera de bombardearla con emails, whatsApp, tuits, mensajes privados por Facebook, mensajes de texto o llamadas telefónicas eternas e inagotables. No la dejaba ni a sol ni a sombra y eso era angustiante.

Quería tiempo para ella y para Tk. Si bien se iban a casar y tenía que estar atenta a todo. También podía estar atendiendo a su comprensivo novio, que últimamente se tenía que aguantar cada desplante, que si llegaba tarde o si simplemente no llegaba porque no podía o porque estaba muy cansada. Estaba convencida que existía una forma menos estresante de planear todo y esa era lejos de Yolei.

—Yolei, nuevamente —se excusó la chica —me trae hecha loca, estoy estresada, cansada, me muero de hambre. Quiere tener todo controlado hasta mi tiempo.

El rubio oía atentamente, no con toda mucha gracia, lo que su novia le comentaba.

Últimamente oía quejas y más quejas. Y, lo que era peor la notaba menos animada para su boda, la boda de los dos. ¿Kari quería seguir con esto? Estaban a tiempo de tirar todo por la ventana, si ella quería.

—Necesitas relajarte —sugirió él.

—No hay tiempo para ello. Las invitaciones ¿Ya te confirmaron los que asistirían o los que no? —Tk asintió y ella respiró con alivio, un detalle menos —esto es muy cansado. Duermo con los gritos de Yolei, despierto con sus gritos y camino con sus gritos. La quiero mucho pero...

—¿Ya te tiene harta?

—Sí...

Tapó sus labios, arrepentida de lo que acababa de decir.

Tk estaba con el rostro desencajado. —¿Te tienen harta los preparativos de tu boda?

—No quise decir eso, lo siento —tocó el brazo del chico para que lo viera —lo siento. Ya no sé lo que digo.

—Tengo más de un mes escuchando tus quejas sobre esto. Cada vez te noto menos animada. ¿En verdad quieres casarte conmigo? —la vio directo a los ojos, ansiando una respuesta.

Había sido directo, pero qué mierda.

La extrañaba por los días y cuando la veía, las pocas horas o pocos minutos, ella solo se la pasaba quejándose de todo. Estaba harta, la conocía perfecto, si ella lo negaba, él sabía que no era así. Lo soportó mucho tiempo, sabía que Yolei era mandona y que podía desquiciar hasta el más paciente, pero mierda; era su boda, ¡Tenía que estar contenta!

—Por supuesto que si Tk, yo te amo. Solo necesito relajarme, como tú dices.

—Es que no es justo Kari. ¿Crees que eres la única que se puede cansar? —trató de no gritarle —mira Yolei, ella ha estado contigo todo este tiempo y no se le ve ni una pizca de cansancio en cambio tú que eres la novia, la mitad del tiempo que tienes para relajarte, te la pasas echando lumbre —respiró hondo —¿Crees acaso que yo no me he estresado al verte así? ¿No, verdad?

Kari agachó un poco su cabeza.

—He soportado todo esto, porque yo sí te quiero y yo sí me quiero casar.

—¿Qué me estás queriendo decir? —su labio inferior tembló al cruzar su mirada con la del rubio.

—Que no te noto emocionada con esto. Que no te veo ganas de casarte.

Abrió la boca con indignación. —¡¿Cómo mierda no voy a estar emocionada con mi boda Tk?! —le gritó en la cara —por supuesto que me quiero casar contigo, por eso he soportado cada una de las exigencias de Yolei.

—Ese es el problema Kari. ¿Lo haces por qué quieres o por qué están atrás de ti exigiendo tu atención en cada detalle?

Desvió su mirada, ahogando las lágrimas.

—Yo no quiero una boda así —siguió hablando.

—Está bien —se levantó —se cancela la boda.

La vio salir de su departamento. Dejándolo completamente frustrado. ¿Qué mierda había hecho?


—Parece que fue ayer cuando Tk nos dijo que se casaría con Kari.

Habló sonriente. Matt asintió mientras respiraba el dulce aroma que irradiaba el cabello castaño de Mimi. Estaba ella con la cabeza apoyada en su hombro.

—Me alegra tanto por ellos —sintió como le daba un pequeño beso en su cabeza al acomodarse mejor entre sus brazos.

Disfrutaba tenerlo cerca, de eso no había duda. Pero ni eso podía combatir contra los malos pensamientos pre-boda, que por más que comparara con los buenos, los primeros iban ganando. Le dolía recordar que precisamente en dos días Yolei se llevaría todos los aplausos y las felicitaciones, porque era sincera; todo fue elegido con el mejor y más fino de los gustos, todo apuntaba para ser una boda sacada de un cuento de hadas. ¿Y, por qué dolía? Porque ella era la que se tenía que llevar toda la gloria.

Ese puesto de dama de honor debía ser para ella. Y se lo habían arrebatado.

—¿Qué ocurre? —cuestionó al verla con aire distraído.

—Nada —acarició su mejilla y le sonrió con falsedad.

Ella no tenía nada y él había nacido ayer. Obvio tenía algo, se puso seria de repente y ese débil brillo en sus castaños ojos algo le transmitía.

—¿Segura que nada?

Ella asintió lentamente, la verdad no tenía ganas de hablar de eso. Porque si indagaba más en el pasado, el costal se iba a llenar y ella iba a explotar.

—Te conozco bien y sé cuándo te ocurre algo.

Mimi enderezó su postura y se apartó un poco del rubio. Una no podía negar nada y ni mentir. En ocasiones como esas detestaba que la conocieran tanto. Titubeó un poco y mordió su labio inferior.

—Es que con todo esto, me es inevitable recordar que Kari no me eligió —soltó con simpleza al tiempo que levantaba los hombros, bien quitada de la pena.

—No puede ser —puso los ojos en blanco.

—¿Qué? —pregunto curiosa.

—Qué sigas con eso.

Arqueó una ceja. ¿Matt estaba disgustado? —¿Qué tiene de malo? —preguntó. Solo estaba recordando, no estaba ni reclamando, ni reprochando nada.

—¡Qué no lo superes! —rechistó frustrado. Elevando sin querer su tono de voz. Creyó durante meses que ese tema, por el que discutieron varias veces, había terminado. Creyó, torpemente, que su novia había comprendido todo, que ya era tema superado. Sin embargo, todo fue una farsa, era obvio que seguía aferrada a ser dama de honor y nadie la iba a sacar de ahí.

Y sus planes de pedirle matrimonio estaban igual de frustrados que él. Nunca se lo propuso por la simple razón de que ella no mostraba interés en dar ese paso y no quería quedar como estúpido y ser rechazado. Tai insistía en que ella siempre estaba lista y que por estar cegada en sus caprichos dejó de ver más allá en sus más grandes aspiraciones. Su amigo siempre estuvo animándolo a pedirle matrimonio, soltó varias indirectas, buscando algún indicio si quería o no. Y no, no quería. O no pensaba siquiera en eso, y eso era doloroso, casi igual que ser rechazado.

—Escucha —suspiró para ganar control sobre sus palabras y sobre él mismo —es cansado que te aferres a algo que no fue Mimi. ¿Cuántas veces en vez de disfrutar el momento por tu amiga te amargaste por ese absurdo capricho? —conforme él hablaba la chica fruncía el entrecejo —no todo el tiempo vas a conseguir lo que quieres —soltó con amargura, refiriéndose más a él que a nada —no por ello vas a andar lloriqueando a todos para que te den lo que tanto quieres. Te encaprichas en algo y no hay quien te pare.

Los ojos de Mimi se aguaron y como si le quemara la cercanía del chico se alejó de él. Respirando irregularmente para aguantar las lágrimas. Esas palabras de Matt y dichas de esa forma, le habían dolido. Sí, al principio había sido totalmente insoportable en su búsqueda por una boda, pero ya no. Nunca olvidaría que no fue la elegida, pero había comprendido que su momento llegaría.

—No puede ser que me vengas a decir todo esto y ahora —reprochó —ahora cuando más contenta estoy por la boda de Kari y Tk, cuando lo único que quiero es que todo salga bien. Cuando ya hasta he comprendido que no por mí 'absurdo caprichito' voy a dejar de pensar en la felicidad de mis amigos.

Parecía que habían vuelto al pasado y que las viejas discusiones habían regresado a arruinarles el momento.

Se agachó unos segundos y negó moviendo su cabeza. Apuñó sus manos. El silencio reinó por bastante tiempo, ella estaba demasiado dolida y él, a decir verdad, había dicho cosas que ya ni al caso venían. Ya la había cagado.

—Lo siento —susurró alzando la vista para verla a los ojos —no quise decir todo eso —hizo un intentó por acercase a la castaña, mas ella se alejó.

—Si dijiste esto —repuso aún con los ojos cristalinos —es porque lo piensas o en algún momento lo pensaste y eso me duele Matt —unas pequeñas lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos. Lo admitía era caprichosa, a veces egoísta y un poco infantil, pero cuando su novio, al que tanto amaba, le decía eso, le dolía más.

—Lo siento, no quise lastimarte —repitió —me desesperé, no sé. Lo siento.

—Mírame —pidió en un fuerte chillido —¿Tanto te desespero?

Cuando oyó esa pregunta supo que todo lo que dijera sería usado en su contra, fuera bueno o fuera malo. —No quise decir eso, no me malinterpretes.

Ladeó sus labios con amargura. —¿Tanto es lo que te desespero?

—¿No te parece absurdo por lo que estamos discutiendo? —cambió el tema, buscando escapar triunfalmente.

Ella asintió. —Ese no es el problema, Matt —limpió sus lágrimas para cruzar su mirada con la de él —¿Cuántas veces hemos discutido por lo mismo? —tomó aire, las palabras se habían atorado en su garganta y no la dejaban terminar —¿Le ves caso a esto?

Se refería a su relación, pensar en terminar era algo demasiado extremista. La miró con frialdad.

—¿En verdad piensas terminar esto con esas estúpidas discusiones que no significan absolutamente nada?

—Ser dama de honor para mí era importante. Es como si yo te dijera que tus "composiciones" son caprichos tuyos —ni ella sabía de donde sacaba las fuerzas para hablar —es lo que no comprendes.

Dio un par de pasos hacia atrás, buscando aire. Restregó su mano por todo su rostro. Frustrado, abatido, dolido y renegado. A lo mejor y sí, sus vidas tenían que tomar caminos distintos y si una estupidez tan insignificante los separaba, era porque no debían estar juntos.

—¿Qué piensas de nosotros? —tragó saliva casi con dolor. Sabía lo que ella estaba por decir y no quería escucharlo.

Observó el frío e inexpresivo rostro de Yamato, tan inquebrantable.

—No sé si quiera estar con alguien que no comprenda lo que es importante para mí.


Sora bebió un poco de té. Disfrutando del sabor.

—Es bueno tener momentos así para relajarse —habló Yolei mientras imitaba el movimiento de su amiga.

La pelirroja asintió. —Tengo algo que contarte, algo muy importante.

Yolei la miró con el entrecejo arrugado, analizando la cara de su amiga. No sonaba desesperada, ni alegre. Más bien su rostro era completamente neutral, como que quería guardar lo mejor para lo último. Aunque, si lo analizaba, solo ellas dos estaban en el departamento, qué raro era que no estuviera ni Mimi ahí, de Kari lo entendía pero no de Mimi y por la soledad y el rostro de Sora, supuso que era algo serio.

—¿Es algo malo? —alzó una ceja al preguntar.

—No —relamió sus labios. No sabía cómo decirlo, por dos meses a callado ese secreto. ¿Cómo había aguantado tanto tiempo sin decirle a nadie. Se admiraba, por haberse hecho chiquita. No había dicho nada por la boda de Kari, pero tenía qué disfrutar su momento —estoy embarazada.

Dejó caer sus brazos a sus costados, abrió la boca y se recargó en el respaldo de la silla. —¿Qué? —eso no lo esperaba, Sora necesitaba ser más dócil para dar ese tipo de noticias —¿En serio? ¡Qué maravilla! ¡Felicidades! —se paró para abrazar a su amiga —¿Quiénes saben?

De eso quería hablar. —Solo tú y yo —sonrió nerviosa.

—¿Cuánto tienes? —achicó los ojos.

—Cuatro semanas —seguía sonriendo con nerviosismo.

—¡Ay, amiga! —chilló Yolei —bien dicen que una boda traía puras cosas buenas tras ella. ¡Tai se iba a poner loco de felicidad!

Nuevamente le dio un fuerte abrazo, festejando la buena noticia.

—¿Cuándo le dirás que estás embarazada?

Algo la hizo callar abruptamente. Era la puerta del departamento de Sora que se abría y por el umbral pasaba el moreno. Rogó por no haber sido escuchada... con sus gritos... de felicidad.

—¿Quién está embarazada? —cuestionó curioso, saludando a Sora con un beso en los labios.

Yolei se quedó estática y Sora sin habla. Tai las miraba alternando su vista cada segundo, si no fuese tan distraído, en seguida hubiera leído las caras de ambas.

—¡Mimi! —mierda. Mierda. ¡Fue el primer nombre que se le vino a la mente!

—No puede ser —el rostro del moreno se puso completamente pálido al oír la declaración de Yolei.

—¿Qué tiene de malo? —preguntó con el alma en un hilo. Si tomaba mal la noticia con Mimi, con ella iba a ser peor. No quería eso.

—Vengo de ver a Matt. Él y Mimi rompieron y ella no le dijo nada de esto —ladeó sus labios —lo peor es que él planeaba pedirle matrimonio desde hace tiempo —podía ser un chismoso de quinta, pero si las cosas entre sus amigos estaban tan mal, tenía que pedir refuerzos para ayudarles a reconciliarse y con más razón si había un bebé en puerta.

—¡¿QUÉEEEEEE?! —gritó Yolei.

Mierda, eso era un lío todavía más grande.

Alguien llamó a la puerta, Tai fue el que se movió y al abrirla miró a su hermana completamente destrozada, siendo un mar de lágrimas.

—¿Qué te pasó Kari? —las dos chicas voltearon a la puerta.

La castaña abrazó a su hermano y hundió su rostro en su pecho. Lo único que quería era llorar y que la consolaran. Luego de unos minutos y varios sorbos de uaa taza de té para relajarla, la castaña pudo hablar.

—La boda se ha cancelado.

—¡¿QUÉEEEEEEE?! —gritó nuevamente Yolei. Caminando hacia un sofá y dejándose caer, no podía ante tanta información.

Era mucha y en muy poco tiempo.

—No puedo con todo esto —musitó, aunque era oída por sus tres amigos —mi boda, el embarazo, el rompimiento y la boda cancelada —suspiró —no puedo, esto es demasiado.

—¡¿Tú qué?!


Oh well, esto es todo amiguitos. Espero que haya sido de su agrado, todo fue muy a la carrera porque quería darle un pequeño regalito a mi gatita sensual que ha estado muy enfermita :( que es un pollito todo tierno y frágil y pesca todo la desgraciada. Mi len hermosa y sensual. Queeeeeeerida, espero que este capítulo haya sido de tu agrado, porque es para ti y solo para ti. Te mando un besito, te lo pones donde quieras, para que te mejores y un súper abrazo de oso por si te da frío(?) espero no alterar tu monitor con este capítulo, que es lo único que causo en ti, una alteración en tu línea de vida. xDD te quiero gatita bebé, tanto que he hecho una lista de chistes para subirte el ánimo. :* Por cierto, notaste eso que le echaron la culpa a Mimi de estar embarazada (?) a qué te recuerda. XDDDDD A Rachel, sí, pero a un fic que dijimos que haríamos y nunca hicimos, jojojo, aquí usé la idea solo que cambiando prácticamente todo el contexto.

NOTA: todo lo de arriba fue escrito cuanto estabas en el hospital, ahora que eres libre del suero. Te pido una disculpa por no haberlo terminado antes, pero es que es muy difícil ser yo. xDD beso :*

Bueno, quiero agradecer a Izzie por su review :3 se te hace que Mimi quedaba mejor como Mónica(?) sí, también la pensé, pero tenía otros planes para ella. XD Gracias por comentar y estar al pendiente, espero que este capítulo te haya gustado.

Iniciaron los conflictos, se está pudriendo todo. ¿Y, ahora qué mierda sigue?

No dejen de leerme, por el mismo canal y no sé qué día. Muacs :*

EDITADO 09/06/2017