La historia no me pertenece al igual que los personajes, yo solo estoy haciendo la traducción.

CAPÍTULO 2

Se congeló en el lugar. Era él. El criminal del avión. Bonnie le había advertido de que solo trasladaban a lo peor de lo peor en los vuelos internacionales. Él probablemente habría matado, violado o secuestrado. ¿O quizás alguna combinación de los tres? Quería correr, pero no había ningún lugar al que ir. Aún no había visto a nadie.

Él se dio la vuelta para encararla. Ella sintió un ardor en su pecho y se dio cuenta de que estaba aguantando la respiración.

-Hola, amor –gritó.

-Oh dios, ¿por qué su voz tenía que ser tan hermosa? Un acento británico, ¿en serio? Ella volvió a mirar al hombre desnudo en el lago, incapaz de dar una respuesta.

-¿Te gustaría darte un chapuzón? –le preguntó otra vez.

Finalmente apartó los ojos de su pecho, un estómago tonificado, el agua alrededor de sus caderas, y cuando se centró en su rostro, él tenía una sonrisa satisfecha dejándole saber que había notado como lo había estado mirando. Ella se encogió, avergonzada por la facilidad en la que su mente se perdía en el deseo. Intentó mantener sus ojos apartados lejos de él.

-Estás llena de cortes y rasguños, estaría bien que te bañaras, para limpiarlos –le ofreció.

Ella miró hacia abajo y por primera vez vio porque le dolía todo, tenía cortes por todo su cuerpo, moratones que estaban empezando a formarse aquí y allí, una abrasión en uno de sus brazos que parecía como si se hubiera arrastrado por el asfalto. Su boca sabía a humo. Estando de pie la hizo sentir insegura. De alguna manera había sobrevivido al accidente de avión. Un accidente que no recordaba, al menos no después de golpearse la cabeza con el asiento delantero cuando el avión empezó con las turbulencias. ¿Cómo había salido viva de ahí?

-Yo…uh… -empezó.

-¡Y habla! –él sonrió-. Estaba empezando a pensar que eras muda.

-¿Crees que podrías ponerte algo? –tartamudeó.

-¿Mi aspecto te molesta? –él se rio-. No parecía que te importara mucho antes.

Intentó responderle, pero parecía que no podía formar palabras.

-Muy bien, si insistes –él se encogió de hombros y empezó a caminar hacia la oírla, el agua que estaba cubriendo su parte baja se estaba deslizándose por su cuerpo para revelar más.

Caroline jadeó y se dio la vuelta-. ¿Qué estás haciendo? –gritó, poniendo una mano sobre sus ojos.

-Tengo que salir para coger mi ropa. Tu petición, amor.

-Solo, ¡ugh! Dime cuando estés decente, ¿vale? –dijo, protegiendo sus ojos.

-No tienes por qué apartar la mirada, en serio, no me importa.

-¡Bueno, a mi sí! Solo dime cuando tengas la ropa puesta.

Ella se quedó de pie por lo que parecía una eternidad, con una mano sobre sus ojos, esperando a que terminara de vestirse. Podía escuchar las olas de la playa ir de un lado a otro y el movimiento del agua del lago a su otro lado.

Dos manos se envolvieron en sus brazos desde atrás, haciéndola saltar.

-Puedes abrir los ojos, amor.

Se dio la vuelta y se encontró con él peligrosamente cerca, pero al menos ahora estaba vestido.

-¿Tenías que tomarme por sorpresa? –jadeó-. ¡Casi haces que me dé un ataque!

-Tú eres la que insistió en cerrar los ojos.

Ella se alejó un poco de él, intentando poner un poco de distancia. Se había distraído al verlo, por todas las cosas desconocidas alrededor de ella, que momentáneamente había olvidado quien era. Él era algo malo. No sabía exactamente el que, pero tenía que ser serio. Bonnie había dicho que solo lo peor de lo peor era trasladado de esa manera.

Él la estaba mirando cuidadosamente, captando cada cambio de su expresión. Podía ver el miedo y le encantaba.

Él dio un paso acercándose y ella dio dos hacia atrás. Él dio otro paso hacia ella y ella miro a su alrededor, como si estuviera planeando la mejor manera de escaparse.

-¿Planeando tu escape, amor?

-No me llames así –respondió, intentando distráelo de que preguntara porque estaba incómoda.

-¿Llamarte qué? –respondió, fingiendo inocencia.

-Amor. Es humillante. No me llames así.

-¿Humillante? Solo intentaba ser amable. Después de todo no sé cuál es tu nombre, tengo que llamarte de alguna manera.

-Bueno, no lo hagas. No soy tu amor o querida o nada parecido.

-¿Cómo te llamas? –preguntó.

-Bonnie –mintió ella. Había sido un impulso natural, intentando protegerse a sí misma de cualquier forma.

Él se acercó y ella intentó alejarse, pero su espalda chocó contra un árbol, estaba atrapada. Sus ojos estaban mirándola directamente y ella empezó a sentir el pánico en su cuerpo.

-No, no lo es. Vamos a intentarlo otra vez. ¿Cuál es tu nombre de verdad?

Ella mordió su labio, intentando pensar en otro nombre, para hacerlo sonar convincente.

Él se inclinó un poco, impidiendo que ella pudiera irse.

-No me mientas otra vez.

Lo dijo con voz tranquila, pero se notaba la dominancia y el poder. El tono que uso, casi era un susurro, sugería que podría romperle el cuello si mentía otra vez.

-Caroline –dijo, su voz quebrándose un poco por el miedo.

Él escaneó su rostro durante unos segundos.

-Sí, es ese. Caroline –dijo-. Caroline, un nombre hermoso, para una hermosa mujer.

Ella se mofó de él, e inmediatamente se mordió la lengua, esperando a que le gritara. Pero no lo hizo. En su lugar sonrió, como si su reproche le hiciera gracia, como si estuviera empezando un juego que él había estado esperando a jugar.

-Aunque creo que serias un poco más hermosa si no estuvieras cubierta de cenizas y rasguños. ¿Estás segura de que no te gustaría darte un chapuzón? ¿Quitare toda la suciedad?

Se sentía asquerosa y sucia y estaba segura de que las llamas del avión la habían hecho sudar por toda su ropa. No había nada que quisiera más que limpiarse, enjugarse toda.

-No voy a hacerlo delante de ti –resopló.

-No estaba pidiendo un show, amor, aunque sinceramente no me importaría si me lo ofrecieras.

-Es Caroline. Así que puedes dejar de llamarme eso.

-Mis disculpas, Caroline. Te daré algo de tiempo a solas –le dijo, señalando el lago, y empezó a caminar hacia los árboles.

Vio como desaparecía y cuando se aseguró de que se había ido, saltó al agua. Saltó con toda la ropa puesta, y empezó a sacársela una vez que estaba en ella, restregando toda la suciedad que podía antes de colocar cada pieza de ropa en las cálidas rocas que estaban expuestas a la luz del sol. Ahí se secarían antes.

Se metió debajo del agua, intentando sacar todo el hollín de su pelo. Podía sentir el agua escociendo en diferentes partes de su cuerpo, donde tenía heridas abiertas. Con cuidado las restregó, revisando por cualquier escombro que había, afortunadamente parecían limpias.

Y por si esto no fuera una pesadilla, pensó que en realidad estaba en el paraíso. El follaje alrededor de ella era hermoso, el agua era cálida y estaba limpia, las rocas al lado del lago habían erosionado por el arroyo que goteaba por ellas haciendo un sonido relajante, el crujido de las hojas debajo de los pies como si alguien estuviera acercándose. Espera, ¿qué? Entró en pánico, intentando cubrir todas sus partes a la vez, escondiéndose detrás de unas rocas en el agua. ¿Por qué que no había elegido esa roca para dejar su ropa?

-¿Aun nadando? –le dijo cuando volvió-. Pensé que ya habrías acabado.

-¡Vete! –gritó.

-No estoy haciendo nada.

-¡Lárgate! ¡Ya sabes lo que quiero decir! –protestó ella, cubriéndose.

Él fue lo suficientemente educado como para no mirarla, pero sí que le lanzó una mirada a su ropa en las rocas. Junto a sus pantalones vaqueros y a su camiseta de tirantes, había un sujetador rojo y unas braguitas que combinan con éste. Había planeado sorprender a Tyler, y se había vestido para la ocasión.

-¿Y ahora, como supiste que el rojo es mi color preferido? –bromeó.

-¿Te vas a ir ya? –le gritó ella.

-Bien. Te daré otros dos minutos. Más que eso y vendré y te sacaré.

Volvió a los árboles, diciendo sobre sus hombros mientras se alejaba.

-¡Vigila con las pirañas!

Caroline gritó y por poco salió volando del agua, caminando a medio camino de la orilla antes de escucharlo echarse a reír desde la distancia. Por supuesto que no había pirañas. Estúpido.

Salió rápidamente del agua para vestirse y un momento después de subir la cremallera de sus pantalones y ponerse la camiseta por su cabeza, lo escuchó como volvía. No había manera alguna de que esperara dos minutos completos.

-Así que la señorita ha emergido del lago –dijo-. Bien. Ahora podemos empezar nuestro camino.

-¿Nuestro camino hacia dónde? –dijo ella confundida.

-Solo, vamos –dijo él dejando claro que no se lo iba a explicar.

Lo miró como si estuviera loco.

-No voy a ir a ningún sitio contigo.

Él rodó los ojos y empezó a marcharse, preparada para cogerla del brazo y arrastrarla.

-¡No! –gritó, dando un paso hacia atrás-. No me toques, asqueroso criminal.

Él suspiró-. Ya estamos. Pensé que lo sabías. Una mirada al vendaje de mi muñeca y casi saltas.

Ella lo fulminó con la mirada.

-¿Quién te advirtió? –le preguntó-. No eras parte de las escolta del avión.

-Tengo una amiga que trabaja para la aerolínea.

-Bueno, espero que no trabajara en el avión en el que íbamos.

-No –dijo-. Espera. El avión-. ¿Por qué no puedo ver nada desde la playa? ¿No deberían estar los restos a la vista?

-No importa, volvamos a lo que sabes. Tu amiga que trabaja para la aerolínea, ¿qué te dijo?

-Que habría un criminal a bordo. Obviamente eres tú. Y que probablemente serías un asesino, un violador, o algún psicópata al que le gusta torturar a la gente. O sino, las tres cosas.

Sintió su pulso acelerarse. Estaba enfadada, furiosa, incluso de estar de pie junto a él. Estaba incluso más molesta de que él pareciera estar jugando con ella, disfrutando hacerle decir cosas para divertirlo.

-Bueno, dos de tres, supongo –dijo él encogiéndose de hombros.

-¿Disculpa? –tartamudeó. Esperaba que lo hubiera negado, proclamando ser inocente, decirle que había sido un malentendido. Él solo se encogió de hombros como si nada.

-Dije dos de tres. Nunca he violado a nadie. No le veo la gracia.

-¿Qué? –tartamudeó, nerviosa por su tranquilidad.

-¿Quieres que te lo explique? Supongo que la idea de tener sexo con alguien que no quiere voluntariamente no es muy atrayente. Veras, mientras la mitad de eso obviamente es disfrutarlo, la otra mitad es verla disfrutándolo, los adorables pequeños sonidos, la manera en la que araña tu espalda cuando te acercas, las suplicas y los ruegos, por favor no pares, las piernas temblorosas, el temblor…

-¡Está bien! –gritó-. Lo he pillado, no necesito una imagen mental.

-¿Estás segura?

-Estoy bien –dijo, intentando esconder su rostro.

-Ese es un tono de sonrojo adorable.

-Cállate.

-¿De verdad te has calentado, solo escuchándome hablar de eso?

-¿Podemos hablar de otra cosa, por favor? –le preguntó ella.

-Me pregunto si realmente sabes de lo que estoy hablando –dijo sonriendo, acercándose un poco a ella.

-Estoy bastante segura que cualquier con dos neuronas que conecten juntas puede saberlo.

-Sí, ¿pero realmente lo entiendes? Veras… -él rozó ligeramente su mejilla roja-. ¿Es el rubor de alguien que lo sabe? No, esto me dice que no tienes ni idea de lo que estoy hablando. De que nadie nunca se ha tomado el tiempo necesario para hacerte caer ante su toque, de cómo hacerte…

-¡Podrías parar! ¡He tenido sexo antes! Con bastante gente, ¿vale? Ya lo he dicho. Ahora déjame en paz –dijo golpeando su mano.

-Estoy seguro de que lo has tenido, amor. También estoy seguro de que no fue muy bueno.

-Mi nombre es Caroline.

-No lo niegas por lo que veo. ¿Te gustaría una demostración? Creo que te sentirías mucho más relajada.

-¡Estoy muy relajada! ¡Y no voy a quedarme aquí de pie en el bosque con un asesino loco que está intentando follarme!

-Haces que parezca muy vulgar, amor. Solo estoy intentando ayudarte, me pongo triste al escuchar que nunca has experimentado de verdad…

-Solo para, ¿vale? Estoy segura de que esto es muy fácil para ti, por tu aspecto, pero nunca va a pasar. Así que deja de intentarlo.

-¿Qué hay de mi aspecto? –él sonrió.

Ella se mordió el labio y apartó la mirada de él. No te sonrojes otra vez, Caroline. Tranquilízate. La gente loca probablemente está acostumbrada a este tipo de cosas. No dejes que vea que te afecta. Solo aléjate de él. Tienen que haber más supervivientes. Alguien te sacó del avión.

Ella se alejó, y por un momento se preguntó si intentaría arrastrarla de vuelta, mantenerla como rehén.

Después de todo, un equipo de rescate vendría a rescatarlos eventualmente, ¿verdad? Él necesitaría alguna ventaja si esperaba ser esposado y custodiado. Ella solo necesitaba encontrar a los otros. Tenía que haber otros.

-¿A dónde vas, amor? –le gritó.

-Me alejo de ti –ella le replicó.

Él sonrió mientras veía como se alejaba hacia la playa. Tenía fuego. Sabía que era y mientras ella a veces dejaba mostrar su miedo, la mayor parte del tiempo le respondía.

Le gustaba su enfado, la manera en la que le hablaba bruscamente y golpeaba el pie contra el suelo, se cruzaba de brazos. Todo hacía que avivase las llamas dentro de él, el estúpido deseo ardiente de tenerla, de escucharla gritar su nombre, el nombre que ni siquiera se había molestado en preguntarle aun.

Su impulso era la única cosa que siempre lo metía en problemas. Era lo que Mikael había odiado más de él, además de las circunstancias de su nacimiento. Sin embargo estaba muy agradecido por el impulso de hoy. Lo lógico, lo racional hubiera sido seguir el plan. Esperar a la explosión, encontrar el paracaídas escondido exactamente donde Elijah dijo que estaría, amarrárselo, romper la puerta para abrirla, saltar. Podía planear hasta estar seguro, lo que sería imposible para cualquier posible superviviente del accidente. Si el impacto no los mataba a todos, se ahogarían antes de llegar a la isla más cercana.

Su impulso fue desencadenado por los pensamientos sobre ella. La manera en la que caminó por el pasillo, la manera en la que lo miró. No tenía nada que hacer en el avión además de sentarse y esperar, esperar por la bomba. Entonces ella apareció. ¿Cómo podía pensar en algo más después de verla? Toda la espera estaba llena con pensamientos sobre ella. Ella pegada a él y suplicándole que no parara, ella gritando su nombre, brincando arriba y abajo en su regazo. Necesitaba saber cómo se sentía ella, cuál era su sabor.

Su impulso causó que corriera por el pasillo del avión antes de coger el paracaídas. No era una hazaña fácil, especialmente por el descenso debido inclinación del avión que caía hacia el océano, los seis guardias que estaban detrás de él. Le había tomado más energía para la cual no estaba preparado para sacarlos.

Su impulso hizo que arrastrara su cuerpo inconsciente por el avión mientras se deslizaba por el pasillo, sujetándola firmemente mientras abría la puerta, y la presión los absorbió fuera del avión. Su impulso hizo que no dejara que ella se fuera con el avión. No podía. No ella.

Había sido difícil dirigir el paracaídas mientras sujetaba un peso muerto. Ella no había abierto los ojos ni una vez, ni siquiera cuando aterrizó en el agua a unos cien metros de la orilla. Estaba seguro de que el agua helada la despertaría. En su lugar se vio relegado a nadar hasta la orilla con ella, manteniendo con cuidado su cabeza fuera del agua. Por un momento se preguntó si estaba muerta. Nadie podía estar desmayado tanto tiempo. La estiró en el bosque, lejos del sol que pudiera quemar su piel de porcelana. Se sentó con ella y vio como respiraba. Estaba respirando porque él la había cogido. Debería estar en el fondo del océano. Era la primera vez que había salvado a alguien que no fuera su familia. Negó a pensar en el acto y admitirse a sí mismo lo significativo que era lo que había hecho. Se dijo a su mismo que era porque lo podía mantener entretenido. Solo era un cuerpo caliente, nada más. No era nada para él.

Pasó una hora mirándola, como dormía, respiraba y ocasionalmente se estiraba en sus sueños. Había algo cautivador en ella, como lo había captivado, incluso en su sueño. Solo quería que ella se despertara en ese momento. Para que se diera cuenta de que le había salvado la vida y tenía que agradecérselo. Él hubiera preferido un tipo de gracias que involucrara sus piernas envueltas alrededor de él, pero él estaba dispuesto a aceptar cualquier oferta que tuviera. En su lugar ella se quedó desmayada y él se cansó de esperarla, y tomó un chapuzón para enjuagarse toda la suciedad del accidente y la sal del agua.

Cuando ella se despertó, era como si no supiera que había hecho por ella. Estaba enfadada y a la defensiva. Le habló bruscamente en vez de ofrecerle su gratitud o al menos miedo. Ahora estaba buscando la manera de alejarse de él.

Él había dicho demasiado. Le había incomodado. Soltándole sin pensar promesas vulgares, dejándole saber lo que le había ofrecido. Él nunca había tenido que preguntar, las mujeres venían a él. ¿Ahora había tenido que recurrir prácticamente a la súplica? Estúpido, estúpido. Era adicto a verla como se sonrojaba y se retorcía, queriendo ver que podía decir para hacerle perder los estribos. Al menos ahora se había metido en su piel. No había forma de que ella estuviera pensando en otra cosa mientras se alejaba de él.

PROWL

Kol Mikaelson cogió la cerradura y entró en el apartamento. Era pronto, por la tarde, pero todas las cortinas estaban bajadas y las luces apagadas. La persona que vivía ahí tenía un horario más nocturno.

Kol no había tenido ocho horas de sueño seguidas desde hacía días. Su mente no podía pararse. Elijah había enviado a s equipo para la primera parte del plan, pero necesitaba reunir al suyo para retomarlo. Rebekah había querido hacerlo en su lugar, considerando la chapuza que había hecho Kol con el viaje en helicóptero que debía haber recogido a Niklaus de Johannesburgo, pero consiguió hacer ver a su madre las cosas como él quería. Ahora necesitaba despertar a su tropa.

Tyler se despertó y se movió por el pasillo hasta el baño, parándose cuando vio una figura de pie en su salón. En un instante se encontraba detrás de él, con un brazo alrededor de su cabeza, preparado para romperle el cuello.

Él era rápido pero Kol lo era más.

Unas cuantas vueltas y Tyler estaba en el suelo sobre su espalda, las manos de Kol lo sujetaban contra el suelo. Tyler forcejeó para luchar un momento antes de reconocer el rostro.

-Odio las sorpresas –gruño Tyler.

-Dejaré de planear tu fiesta de cumpleaños –replicó Kol.

Los dos se rieron y Kol ayudó a Tyler a levantarse.

Kol escaneó el apartamento. El lugar era un vertedero, había pilas de ropa sucia y latas y botellas vacías por todo el lugar. Media pizza mordisqueada estaba llena de moscas alrededor en la mesita del café.

-Así que tú eres el arma secreta que Niklaus ha estado entrenando. Su pequeño lobezno. Ocho meses aquí y solo te había visto una vez antes. Algunas cosas son incluso demasiado misterio para la familia, aparentemente –dijo Kol, sus ojos escaneando a Tyler. Vestía una camiseta manchada y unos pantalones de chándal que estaban tan asquerosos que deberían ser quemados en vez de lavados-. Eres un guarro.

-Yo uh, normalmente no está así. Han sido unos días duros.

-Claro –meditó Kol, empezando a notar lo rojos e hinchados de Tyler.

-Me dejaron el otro día. Fue realmente inesperado. Siempre pensé que nos casaríamos.

-¿Hayley y tú rompieron? Esto hará la misión un poco incomoda –Kol sabía de las relaciones entre los miembros del equipo que Niklaus había estado entrenando en Johannesburgo. Era consciente de que dos miembros de la manada de Lobos compartían cama. Bien por ellos, pensó, ¿por qué no mezclar los negocios con el placer?

-No, mi chica de casa. No sabía porque estaba realmente aquí. Piensa que soy un estudiante de zoología en la universidad, trabajando en mi master.

-¿Fue a través de una carta a lo Querido Jonh? ¿Una llamada? –Kol sonrió, claramente disfrutando de la miseria de Tyler.

-No. Vino hasta aquí para sorprenderme. Nos pilló a Hayley y a mí en la cama.

-Quizás si le hubieras dicho que eras un estudiante de anatomía, haciendo una investigación.

-Caroline no es idiota. Se fue tan pronto como vino. Probablemente es lo mejor. Nunca podría haber sido completamente honesto con ella sobre todo esto.

-¿Estás seguro de que no tenía ni idea de por qué estabas realmente aquí?

-No. Me aseguré de ello. Nadie lo sabe.

¿Así que donde está ahora? –Kol sonrió-. Si no está con nadie, quizás puedo salir con ella, enseñarle la ciudad.

-No lo sé, probablemente se fue, volvió a Mystic Falls.

-Espero que no estuviera en el vuelo de mi hermano –Kol sonrió.

-Sí, escuché sobre el accidente –dijo Tyler-. Por la televisión. Fallo del motor. Ningún superviviente.

-Ninguno, excepto uno –Kol sonrió-. Pueden contar los cuerpos, pero con todos los tiburones en el agua, asumirán que fueron comidos.

-¿No crees que buscaran en la isla más cercana, solo para asegurarse?

-Oh, no tengo ninguna duda de que lo harán –dijo Kol-. Tenemos un plan para eso también.

-¿Así que ahora qué?

-Esperamos unos días para que llegue al lugar. Si todo funciona de acuerdo con el plan, lo recogeremos el martes. Estoy seguro que estará encantado de ver a su protegido dándole la bienvenida en el mundo de los vivos.

-¿Klaus te dijo sobre nuestro entrenamiento? –dijo Tyler cuidadosamente.

-Oh, mi hermano me contó un poco, fui capaz de llenar los espacios en blanco.

Tyler asintió secamente. Sabía que eventualmente se reuniría con todos los Mikaelson, pero estaba esperando que Klaus estuviera con él, para decirle lo que podía hacer o decir.

Kol revisó su teléfono.

-Me voy. Hay muchas cosas que hacer. Espera una llamada mañana.

PROWL

Caroline encontró el paracaídas plegado cuidadosamente en el bosque después de caminar unos minutos. Se sintió triunfante. Había alguien más aquí. Quizás la persona que utilizó el paracaídas fue la que la salvó. Esa tenía que ser la explicación de cómo llegó hasta aquí.

Probablemente había un montón de gente del avión que estaba aquí. Miró alrededor buscando alguna señal de ellos. No había nadie excepto el paracaídas.

Podría haber sido un equipo de rescate. ¿Podrían haber llegado hasta aquí? No sabía cuánto tiempo había estado fuera. No importaba quien fuera. Había alguien aquí.

No importaba la parte de la playa a la que fuera, no podía ver ningún signo de restos, ni una sola cosa flotando en la amplia extensión del agua delante de ella. Si el avión estaba flotando en algún lugar más allá de su vista, no había manera de que alguien pudiera nadar tan lejos. El paracaídas explicaba cómo podían haber llegado a la isla. Debían haber evacuado el avión mientras caía. Probablemente había más. Solo tenía que encontrar al resto.

Corrió por el bosque, gritando, desesperada por encontrar a quien estuviera por ahí. Alguien tenía que estar por ahí. Alguien debía haberla salvado de los restos. No importaba quien fuera, necesitaba encontrarlos. Cualquiera era mejor que él.

Corrió a toda velocidad a través de los árboles, gritando a cualquiera. Su cabeza giró hacia el lado, escaneó los alrededores, sin ver a la figura que salía detrás del gran árbol.

Se golpeó contra alguien y cayó hacia atrás. El impactó debía haberle hecho caer sobre su espalda, pero solo se quedó de pie, como si ella no se hubiera golpeado contra él durante su carrera.

-No, tú otra vez no.

-¿Esperabas a alguien más, amor?

-Es Caroline –gruñó Caroline-. Y sí.

-¿De verdad? –dijo él, divertido-. ¿A quién esáas buscando?

-A la persona que me salvó –dijo-. Sé que no salí sola del avión. Alguien tuvo que ayudarme.

-Lo hicieron –él asintió serio.

-¿Los viste? –le preguntó.

Él asintió.

-¿Dónde están? ¿Hay más?

-Solo uno –dijo divertido por su pequeña farsa. Él debería sentirse insultado de que nunca hubiera pasado por su cabeza que había sido él el que la había salvado, pero decidió apartar esos sentimientos a un lado y tener un poco de diversión-. ¿Cómo sabes que solo había uno?

-Bueno, para empezar, estaba consciente cuando el avión caía.

-Bien, ¿dónde está él? ¿O ella?

Ella estaba buscando por los alrededores, intentando encontrar el lugar de su salvador en la isla.

-Está por aquí en algún lugar –dijo fingiendo ayudarla a buscar.

-¿Sabes quién es?

-Su nombre es Niklaus Mikaelson. Un poco gilipollas si me preguntas.

-Bueno, nadie te está preguntando. Si me disculpas, prefiero pasar tiempo con la persona que me salvó a estar con un asesino loco, torturador, pervertido.

-Eso son palabras crueles, Caroline.

-Estoy segura de que te han dicho cosas peores.

-Pero nunca alguien tan hermoso.

-¿Puedes dejarme sola?

-¿Por qué?

-¿Por qué lo crees? Me estás intimidando. No quiero estar cerca de ti.

-No voy a dejarte sola en la isla para que te pierdas. Quien sabe lo que podría pasarte. Pronto oscurecerá, ¿y entonces que pasaáa?

-No voy a estar sola. Voy a encontrar a este Niklaus Mikaelson y agradecerle por salvarme, y pensar en cómo salir de esta isla.

-Te ayudaré –le ofreció.

-Preferiría que no lo hicieras.

-De ninguna manera. Sé cómo es. Puedo ayudar.

-Dijiste que fue el único que sobrevivió. Creo que seré capaz de encontrarlo sin ti.

Él ignoró sus intentos de que la dejara sola y continuó caminando por el bosque a su lado. Ella se quedó callada, buscando por todos los lados a los que iba. Él disfrutó verla, la manera en la que su ceño se fruncía, la pequeña esperanza que cruzaba por su rostro ante cualquier sonido de animal que se escapaba a través de los árboles llamando su atención.

-¿Entonces viste todo lo que pasó? ¿En el avión? –le preguntó rompiendo el silencio.

-Lo hice.

-¿Lo viste como me salvaba? –le preguntó.

Él asintió.

-¿Pero nadie más sobrevivió?

-Todo ocurrió muy deprisa. No hubo mucho tiempo.

-¿Cómo lo conseguiste? Pensé que estabas rodeado de guardias, inyectado con sedantes.

-Ah, alguien ha hecho sus deberes –sonrió-. Estás en lo cierto, sin embargo, he estado tomando pequeñas dosis de diferentes sedantes durante años, creando una inmunidad. Y los guardias no fueron ningún problema como tú piensas. Tenían otras cosas en mente cuando el avión se acercaba hacia la tierra.

-Yo no tenía nada en mente. Me golpeé la cabeza y me desmayé.

Él asintió-. Probablemente mejor que estar despierta cuando el avión se hundía. Menos sufrimiento. De todas formas, estarías muerta con el resto de ellos si él no te hubiera cogido.

-¿Por qué me salvó? No lo conozco. No sé ni como es.

-No lo sé –le respondió honestamente.

-¿Cómo es? ¿Hablaste con él?

-Oh, sí, tuvimos una pequeña charla. Un poco de desacuerdo, puede ser un poco malhumorado.

-No eres nadie para hablar.

-Cuidado amor. No te gustaría estar en mi lado malo.

-No quiero estar en ninguno de tus lados, quiero encontrar a este chico Mikaelson y alejarme de ti tanto como me sea posible.

Contuvo una risa. Ella de verdad era entretenida. No podía esperar a ver su cara cuando decidiera decirle la verdad.

-Ahora, amor…

-Mi nombre es Caroline –le espetó, no molestándose en mirar en su dirección, distraída por su búsqueda para encontrar a alguien entre los árboles. Tenía que estar cerca. ¿Qué tan lejos podía haber ido? Estaba oscureciendo por minutos, y ella no podía ver muy lejos en la distancia, ya que el bosque cada vez se volvía más gris y oscuro.

-Ahora, Caroline. Creo que me encontrarás mucho más divertido que ese chico Mikaelson al que estás buscando. ¿Por qué no te rindes? Dales un poco de descanso a tus pies.

-No. Necesito encontrarlo.

-¿Esto no será algo así como un algún maldito héroe?

-¿Qué?

-Estás buscando a tu salvador, ya medio enamorada de él por salvarte.

-¿Y qué hay de malo en ello? El chico que salvó mi vida. No sabrías nada sobre esto, desde que eres más del tipo que quita vidas –dijo ella.

Realmente no le importaba si el asesino la seguía pensando que estaba ciegamente enamorada del hombre que la había salado. Honestamente, solo quería alejarse de ese criminal degenerado, y tomaría cualquier oportunidad para ello. Además pareció molestare que quizás tuviera un enamoramiento con su salvador desconocido, así que decidió jugar un poco, solo para molestarlo.

-¿Ya te estás desvaneciendo por tu caballero de brillante armadura, verdad?

-Quizás –resopló ella.

-¿Y qué planeas hacer una vez que te reúnas con tu héroe?

-No es asunto tuyo.

-¿Vas a besarlo?

-¿Qué? –ella lo miró como si estuviera loco. Besar a alguien había sido la última cosa que tenía en mente.

-¿No es lo que pasa cuando la princesa se encuentra cara a cara con el héroe?

-Sabes que, sí. Voy a besarlo. Voy a estar tan contenta cuando pose los ojos en una persona que no seas tú que no seré capaz de parar de besarlo.

-¿Pensar en mí te hace querer besar a alguien? –bromeó.

-No tergiverses mis palabras.

-Siempre puedes besarme a mí. Después de todo, los dos sabemos que te atraigo, y quien sabe que pensarás del aspecto de ese chico Mikaelson.

-No me atraes.

-Creo que te dije que no me mintieras otra vez.

Ella se dio la vuelta para decirle que no estaba interesada, y él se acercó, de su rostro había desaparecido la sonrisa que tenía solo unos momentos antes.

Ella no sabía lo que había estado pensando, pasando todo el día con la persona más peligrosa a la que jamás había conocido. Él era una bomba de relojería, y acababa de explotar.

Su rostro se volvió serio y ella sintió pánico. Él había cambiado su estado de ánimo, de la nada en medio de su amigable conversación, y ahora parecía que quería matarla.

-Ésta ha sido una tarda divertida, pero parece que necesitas que te recuerde algo –le dijo, con su voz baja y amenazante mientras se acercaba a ella. Ella se estremeció cuando él se inclinó, cogiendo sus muñecas con cada mano-. Estoy a cargo aquí. Puedes tener tu diversión, pero cuando te doy una orden, tú obedeces. Y de momento, la única cosa que te he ordenado es que no me mientas.

-No te estaba mintiendo –tartamudeó.

-Y aquí otra mentira –dijo-. Verás, puedo decir que estás acostumbrada a salirte con la tuya, no eres tan mala.

Él acarició ausentemente las muñecas de ella con sus pulgares-. Tu pulso se acelera un poco. Puedo sentirlo ahora, pero antes, pude verlo. Tú respiración, el sonrojo en tu pecho. También está la forma en que tus ojos se mueven rápidamente hacia la izquierda por una fracción de segundo. Así es como sé que estabas mintiendo cuando intentaste darme un nombre falso, y es así como sé que estás mintiendo ahora, diciendo que no te atraigo.

Ella lo fulminó con la mirada, enfadada, avergonzada, asustada de decir algo.

-No te preocupes –dijo, aun con la peligrosa suavidad en su voz que le envió escalofríos por la espalda-. No voy hacer que lo digas. Solo puedo imaginarme lo confuso que debe ser para alguien como tú, tener esos pensamientos con alguien como yo. Apuesto a que eres una ciudadana respetable. Moral.

-Probablemente nunca has probado el sabor del otro lado. Nunca quisiste tomar venganza en contra del corrupto sistema de justicia. Nunca quisiste tomar las cosas por tus propias manos. Pero aquí estás conmigo, y no puedes dejar de pensar en cómo seria, tú y yo. Como de bien se sentiría. Sabes que estaría mal, no soy bueno, pero no puedes dejar de pensarlo.

Ella se giró para no mirarlo, asustada de lo que podría leer en sus ojos si lo miraba. Era vil, asqueroso y horrible, pero aun así no se había equivocado. Todo su cuerpo estaba en llamas y ella intentó convencerse a si misma de que era miedo, pero también era algo más. Algo que no quería admitir.

Él mantuvo el agarre en su muñeca, moviendo los dedos por su pulso.

-Tu corazón va deprisa –meditó-. ¿Me pregunto si es por mi proximidad?

-Es solo porque estoy asustada –dijo ella.

-¿Es solo eso? –dijo él.

Se acercó de manera que estaba presionado contra ella. Ella sintió el calor dispararse por todo su cuerpo y tuvo que luchar contra el impulso que sentía de lanzarse encima de él. Todo era culpa de él. Le había puesto ideas en su cabeza. No podía hacer nada. Después de todo, había pasado los últimos ocho meses sin ningún contacto, esperando fielmente a Tyler. Pensó que al final podría estar con él ayer, antes de encontrarlo en la cama con alguien más. No tenía nada que ver con el hombre degenerado y amenazante sobre ella. Solo era una frustración reprimida. Estaba bueno, ¿y qué? No significaba que lo quería.

Él movió una de sus manos hacia el cuello de ella, aun sujetando su muñeca con la otra mano. Trazó ligeramente unas líneas y sintió como su respiración se agitaba otra vez para su vergüenza. No quería darle esa reacción. Él bajó un poco la cabeza y trazó con la punta de su nariz su cuello, sus labios peligrosamente cerca de su piel, su respiración cálida y haciéndole temblar al mismo tiempo.

Ella formó un puño con su mano libre, temerosa de que tuviera que usarlo para acercarlo si se olvidaba de quien era él.

-Puedo oler tu miedo –le susurró en el cuello-. Eso es bueno. Eres una chica lista. Me pregunto si también eres valiente. Lo suficientemente valiente como para admitir que el miedo no es lo único que sientes ahora mismo.

Sintió como poco a poco se alejó y se odió a si misma deseando que se hubiera quedado presionado contra ella como hacía un momento.

Él la miró, parecía satisfecho con lo mucho que la ponía nerviosa.

-Está bien, vamos a encontrar a tu pequeño héroe. Se está haciendo tarde. No querrías quedarte conmigo esta noche.

Ella cerró los ojos por un momento, intentando recomponerse, entonces lo siguió por el bosque.

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