La princesa y el Dragón

La princesa y el Dragón

CAPÍTULO DOS

El tiempo había pasado más lentamente de lo esperado, y el aire que se respiraba después de la batalla estaba aún lleno de temor.

Lord Voldemort había desaparecido en manos del niño que vivió; sin embargo aun quedaba el amargo sabor a venganza dentro de los corazones de cada mago, miles de vidas se habían extinguido durante ese tiempo y la comunidad mágica exigía que alguien pagara por ellas.

Todos tenían un solo nombre en mente, el nombre de un asesino, un cruel y despiadado asesino que sin duda merecía morir…

El anciano director de Hogwarts; Albus Dumbledore por el contrario, había decidido acoger a ese chico bajo su protección…

"Entiendo que no quieras aceptar la proposición que te hago Draco… Pero piénsalo, en este momento no tienes opción… es eso o Azkaban" pronunció el hechicero peinando lentamente su enorme barba blanca.

"Ya le he dicho que prefiero mil veces estar muerto que acercarme a esa pocilga" escupió un chico rubio de cara angelical.

"Pues entonces no tengo opción más que obligarte… Moody estaría dispuesto a hacerlo…".- el viejo mago se levantó de la silla y caminó lentamente a la puerta para abandonar aquella habitación del Hospital San Mungo.- "Tal vez le mande acá para que lo discuta contigo…"

"Espere…" escuchó antes de pisar el pasillo.

Dumbledore se detuvo.-"Sabía que surtiría efecto…" pensó, Moody tenía esa enorme cualidad… sólo con mencionar su nombre se convencía a quien fuera, de casi cualquier cosa.

"¿Has cambiado de opinión entonces?"

"No… Bueno… No lo sé"

"Tal vez estaría bien si trataras sólo un tiempo hasta que el Ministerio se tranquilice… y… si no funciona puedes partir… no seré yo el que te detenga" contestó el profesor mientras esbozaba una sonrisa tranquilizadora.

Draco Malfoy lanzó un suspiro fuerte que reflejaba su derrota; el orgullo de un Malfoy; del único Malfoy sobre la tierra, tendría que doblegarse ante ese viejo de barbas blancas que sólo se cruzaba en su camino para arruinar todos sus planes.

Pero no tenía opción y desde el principio lo sabía: no tenía dinero, no tenía casa, era solo un chico al que todo el mundo detestaba y creía un asesino.

"Claro que irías con nosotros hasta que te repongas… vendré a verte todas la mañanas… y más vale que te encuentre aquí de acuerdo… estoy muy viejo para pesquisas; aunque sin duda te encontraría – te escondieses donde te escondieses- … Pero lo más importante Draco…" dijo fijando su vista en el chico.

"Deberás esforzarte a no causar problemas…"

El chico rubio bufó de exasperación; pero el viejo profesor ni siquiera se dio por entendido y continuó.

"Sé que no será fácil, pero es tu responsabilidad intentarlo… A no ser que quieras que Moody…"

"Ya… Ya… Entendí"

"Así me parece mejor" dijo Dumbledore satisfecho y dándole una sonrisa caminó nuevamente hacia los pasillos del Hospital y cerró la puerta tras de sí.

&

Tres jóvenes se encontraban tomando un pequeño descanso en el comedor del Ministerio; dos chicos que comían como si no lo hubieran echo en años y una chica que parecía llevar una amena charla…

"Y bien Harry, ahora que ya no hay nadie persiguiendo tu cabeza. ¿No has pensado en comenzar a hacer un poco de vida social?"

"¿A qué te refieres?" preguntó Ron mientras tomaba un bocado de pastel de fresa. "Claro que Harry tiene vida social… Tiene muchos amigos… Estoy yo, por ejemplo; Seamus, Neville, Dean…"

Hermione dirigió una mirada taladrante a Ron que mascaba lentamente tratando de recordar más nombres de chicos con los que compartieran el tiempo en Hogwarts.

"Eso no es tener vida social Ronald…"

"Claro que sí… Porque también están Justin de Ravenclaw y Anthony Rushmore de Hufflepuff" replicó el pelirrojo de mal modo.

Harry sentado frente a ellos y aun sin entender a qué venía el comentario de su amiga, rodó los ojos con desesperación porque sabía perfectamente que vendría a continuación una nueva confrontación a muerte entre Ron y Hermione.

"Mira Hermione…" inquirió Ron "En el Quidditch conoces a mucha gente… Claro eso tú no lo puedes saber porque odias el Quidditch… además…"

"¡Me refiero a tener una cita!" gritó la castaña dejando en silencio al instante no sólo al pelirrojo.

"¿Con una chica?" dijo Ron con los ojos abiertos como platos.

"Por supuesto que son una chica Ronald…".- sentenció.- "Estaría bien que comenzaras a hacerlo Harry… después de todo siempre has tenido muchas admiradoras"

Hermione había soltado aquel comentario como si se tratara de decir cual era su mermelada favorita; sin embargo a sus acompañantes aquel tema nunca les había sentado nada bien.

"Hermione… ¿Cómo se te ocurre preguntar eso?" masculló Ron visiblemente rojizo.

"¿Crees que sea inadecuado?" preguntó la chica bajando sus brillantes ojos castaños hasta el pelirrojo.

"¡Pero por supuesto!" exclamó ofendido "Esa clase de preguntas… pues no se preguntan"

"Que tú lo veas inadecuado Ronald, no quiere decir que Harry también lo sienta así… ¿Verdad Harry?"

Sin esperar respuesta la chica continuó…

"Sin duda, me gustaría verte salir con alguna chica linda, que te comprenda… tú sabes, que no quiera estar cerca de ti sólo por tu fama… He pensado en varias candidatas… Aunque claro… Ginny siempre ha sido mi primera opción…"

Harry sintió como la mirada de Hermione brillaba con una chispa que le recordó a Umbridge cuando le confiscó la Saeta de Fuego, una mirada que buscaba desmenuzar todos sus pensamientos.

Sentía como de manera intimidatoria, los ojos de su mejor amiga registraban cada una de sus reacciones, buscando como taladrar hasta el fondo de su cerebro y llegar a aquella parte oscura y recóndita donde descansaban sus opiniones acerca de las chicas.

Entonces, sintiéndose terriblemente acalorado, volteó su cabeza lo más que pudo tratando de alejarse de semejante interrogatorio…

"¿Qué!!" chilló Ron al instante "¿Qué demonios estas diciendo Hermione?"

"Estoy diciendo de que creo que Harry debería tener una cita y que me gustaría que fuera con Ginny" enfatizó cruzándose de brazos.

Harry quería decir algo que parara aquella situación; aunque en realidad prefería haber tenido una licencia para desaparecer… pero lamentablemente no consiguió sacar de su boca una sola palabra que no fuera un gruñido algo entrecortado, cosa que sin duda perturbó más a su concienzuda amiga.

"¿Te encuentras bien Harry?" preguntó preocupada "Tal vez debas tomar un poco de mi jugo"

"¡No, No, No! Harry no necesita tu jugo…" protestó Ron furioso "Lo que necesita es que no le hagas esas preguntas"

"Ronald Weasley" expresó Hermione con su característico tono autoritario "¿Te molesta que le hable de chicas ó que le hable de Ginny?"

Ron dio un respingo. Sus ojos confusos se concentraron en la mesa durante un segundo y después volviendo a su habitual estado contestó:

"Por supuesto que me molesta lo de las chicas… yo sé que obviamente Ginny no puede tener nada que ver en esto… Es gracioso que la menciones… Ginny siempre ha sido… No sé… Ginny"

"¿Qué pretendes decir con eso?, ¡¡Qué Ginny no puede tener un novio! o Un admirador… ¡Ella es muy linda!"

"Ohh sí… Muy linda… claro" dijo Ron riéndose nerviosamente "Es linda, pero no sé en qué planeta… ¿Verdad Harry?"

Harry aterrado, sentía ambas miradas fijas sobre él. No podía decirle a su amigo que su hermana era linda sabiendo su vulnerabilidad en ese aspecto. Pero tampoco podía decir que era fea, porque Hermione haría que se arrepintiera por el resto de su vida. Sólo atinó a meterse otro bollo de naranja en la boca.

"Ustedes dos… Agggrr…" dijo Hermione irritada mientras se levantaba de la mesa "Son unos tontos superficiales… Babean con una chica de cara bonita sin importarles si tiene buenos sentimientos o si ha hecho hasta lo imposible por agradarles… no se fijan si es buena amiga, o si los ayuda, si los apoya indondicionalmente…" agitada, tomó un respiro.

"Quiero decir que… Ginny es hermosa, muy hermosa físicamente sólo que es muy tímida y tiene un corazón de oro… si ustedes dos sólo pueden ver, cabezas huecas con piernas largas… entonces, entonces no se merecen estar con… con… con nadie"

De pronto, Ron había parado de reír… miró los ojos castaños de Hermione que brillaban mucho más de lo acostumbrado… Se miraron por unos segundos y después ella se marchó dejándolos solos y sumidos en un silencio bastante incómodo.

Harry no estaba seguro de qué pensaba Ron mientras miraba tan detenidamente su café; pero sin duda sospechaba que su mejor amigo pensaba al igual que él, en que Hermione no defendía precisamente a Ginny y que lo que decía no era precisamente para Harry…

"Superficiales ehhh…" había dicho Ron interrumpiendo al fin el silencio sin apartar la mirada del humo que desprendía su taza de café.

"Eso fue lo que dijo" contestó Harry.

"Errr… Harry… No te importa si…"

"No claro que no… Yo te alcanzo más tarde"

Ron se levantó de la silla evadiendo cualquier contacto visual. Harry se quedó solo en la mesa de la cafetería del Ministerio… ahora, más que nunca, estaba seguro de que sus dos compañeros de aventura, sentían más de lo que querían admitir y pensar en ello le hizo sentirse un poco solo…

"Tal vez Hermione no esté tan equivocada después de todo… Necesito buscarme una chica" pensó levantándose de la mesa y dirigiéndose a pagar la cuenta que por cierto también se les había olvidado a sus amigos.

&

"Ya vienen… Ya es hora" exclamó agitada Molly Weasley mostrando su mayor sonrisa mientras colocaba varias cobijas en una de las habitaciones del tercer piso "Ginny querida arregla bien la mesa, seguramente Bill llegará muerto de hambre… Oh mi pobre pequeño; esa chica… Fleur, no debe saber atenderlo como él se merece"

La más pequeña de los Weasley se afanaba en el arreglo del horrible comedor de Grimmauld Place; no era que hacerlo fuera de su agrado, simplemente se debía a que después de tanto tiempo de no estar acompañada más que de su madre, sentía una especial emoción de recibir a su hermano Bill… aunque este llegara con su odiosa esposa.

"Mamá… ¿Porqué aun no vienen los demás?… Hermione, Ron, Harry… Ya ha pasado mucho tiempo" gritó con fuerza la chica para que su madre la escuchara a lo lejos.

"Siguen muy ocupados en los asuntos del Ministerio Ginny"

"Pero al menos Neville podría venir…" masculló la chica molesta.

"No pueden hija" dijo Molly exasperada "Tienen que presentarse en todos los juicios a los mortífagos… los pobres han sido testigo de casi todos esos horribles crímenes… han sido tan valientes al pelear así…"

Cualquiera que la hubiese conocido verdaderamente, aun su madre, se podría haber dado cuenta de que esa manera en la que arrugaba ligeramente la nariz era su manera de mostrarle al mundo que se encontraba enojada.

Y en esa ocasión Ginevra Weasley estaba sumamente insatisfecha de que su madre le recordara que todos los magos dentro de aquel cuartel la habían relegado al papel de la más débil; ella también era valiente, pero no le permitían demostrarlo.

Sin embargo sus pensamientos de enojo se alejaron rápidamente al escuchar un fuerte golpe proveniente de la estancia del arriba, que era seguido de varios reclamos en una voz grave con tintes de arrogancia que no conocía.

"Aggh… No podíamos llegar por otra forma… Odio la Red Flú"

"Ohhh…lo siento chico… Esta es la única manera de llegar al Cuartel de la Orden del Fénix" contestó una voz tranquila.

"Transformaron la noble y ancestral casa de los Black en SU cuartel… Mi madre debe estarse revolcando en su tumba"

"Basta Draco" inquirió Dumbledore caminando hacia la puerta de la habitación "Vamos, sígueme, tenemos que presentarte a los que estén en la casa… aunque no creo que necesites presentación"

La sonrisa que se formó en el rostro de su profesor, fue lo que más le molestó a Draco Malfoy. Cada vez que veía esa sonrisa, se sentía burlado.

"¿Hay alguien en casa?" preguntó Dumbledore usando un hechizo amplificador para retumbar en todo el lugar.

"Sí… aquí, en el tercer piso profesor" contestó una voz chillona y excesivamente melosa.

"Molly… qué bueno que estés aquí" el profesor Dumbledore extendió las manos y subió las escaleras con entusiasmo olvidándose por un momento que su acompañante debía estarle siguiendo detrás.

Draco alzó la mirada y sonrió al reconocer que sin duda las cosas no estaban tan mal; después de todo, la casa de los Black era como estar en casa, excepto por algunas incomodidades como el tener que estar al lado de gente que toda su vida había odiado.

En lugar de subir las escaleras como su director, se cercioró de que éste no lo estuviera mirando y comenzó a dirigirse a la primera planta.

Parecía que había alguien en el comedor… Pensó en irse, pero aquella mañana había despertado enojado con una muy buena razón… y quería desquitarse de ese sentimiento con cualquiera que tuviera enfrente.

Asomó la cabeza ocultándose bien y recorrió con la mirada la estancia, fijando sus ojos fríos en una chica delgada que sacudía la mesa sin cesar.

Ginny estaba apresurada poniendo todo en orden, su madre no la dejaba utilizar magia en los arreglos a la casa y aunque ella sabía que ahora el Ministerio estaría muy atareado como para preocuparse porque una niña sin licencia, utilizara un hechizo Aguamenti para llenar un jarrón de flores.

Cuando al fin terminó, se detuvo frente al enorme estante que guardaba unas cuantas reliquias y trató de arreglarse un poco el cabello con el reflejo de los cristales, planchó su falda con las manos y…

"Ahhh".- Ginny se asustó tanto que corrió hacia el otro extremo del comedor.

Draco sin inmutarse, la observó unos segundos más, como quien observa un bicho intruso en sus flores preferidas. Después retrocedió y se alejó silenciosamente del lugar.

Ginny sobresaltada aun, sentía como su pecho estaba a punto de explotar, apretó sus puños tratando que sus manos dejaran de temblar.

"¿Qué hacía Malfoy en Grimmauld Place?".- pensó.- "La guerra terminó… Debería estar muerto… ¡Dios ha descubierto la ubicación del cuartel!...¿Llamaré a mi madre?, ¿Dónde están todos cuando más se les necesita?... ¡Demonios!.- Ginny suspiró una vez más tratando de tranquilizarse y de pensar con claridad.- "Ginny".- se dijo a sí misma.- "No puedes quedarte con los brazos cruzados, tienes que enfrentarlo tú sola"

Ginny corrió hacia las escaleras, pero no le vio por ningún lado. Pasó la biblioteca y dos habitaciones más sin encontrar rastros de él. Pensó en su madre y sintió como su piel se erizaba de imaginarse que aquel maldito mortífago pudiera hacerle daño.

De pronto, escuchó un sonido extraño proveniente del otro pasillo, parecía que alguien estuviese platicando, pero aquella voz le resultaba en extremo desagradable.

Ginny se asomó sigilosa hacia el pasillo en cuestión y vio a Malfoy. Él miraba atentamente el retrato de la madre de Sirius mientras esta le relataba detalladamente un sin fin de indignaciones a las cuales había sido sometida la honra de los Black.

Pero había algo muy extraño, Ginny observaba a Malfoy y él no estaba escuchando. Parecía estar inmerso en sus propios pensamientos. Entonces en un movimiento rápido Malfoy golpeó el retrato provocando un grito de la anciana, que inmediatamente comenzó a llorar. De la misma manera el rubio cerró de un solo golpe las cortinas del retrato dejando a la vieja matrona de los Black sumida en sonoros sollozos.

Ginny sintió miedo… Malfoy había reaccionado tan violentamente y sin ningún motivo aparente. Temió por ella, ese miedo que seguramente habían sentido Harry, Hermione y Ron al tener que enfrentarse a algo desconocido, pero por muy peligroso que aquel chico pareciera, si sus amigos habían sido capaces de enfrentarlo, ella también lo haría y estaba segura que no le permitiría hacerle daño a los seres que ella amaba; a nadie más.

Dio un paso al frente y con su varita bien apretada en su puño se mostró ante Malfoy.

Sin moverse, él volvió su cabeza para verla. La analizó de arriba abajo haciendo sentir a Ginny una palpitación muy singular en su corazón. Draco Malfoy comenzó a avanzar hacia ella y a la pelirroja le recordó el movimiento de una serpiente… lento, pausado, pero siempre amenazante e impredecible.

"Detente ahí Malfoy".- gritó.- "No te acerques más"

Malfoy no hizo caso.

"Te he dicho que te detengas".- repitió Ginny.

Él se detuvo, sin dejar de mirarla.

"¿Qué haces aquí?... ¡Contéstame!, ¿Qué haces aquí?"

Draco Malfoy siguió en silencio ignorando magistralmente a Ginny.

Ella se enfureció; ya no tenía miedo. Sentía un impulso extraño dentro de sí que la ayudaría a enfrentar cualquier cosa, solo sabía que Malfoy tendría que pasar sobre de ella para salir de aquel lugar.

"Te he preguntado ¿Qué haces aquí Malfoy?...¿Cómo te enteraste de la ubicación de este lugar?... ¿Qué es lo que quieres?"

"Nada contigo por supuesto" bufó el chico con saña.

"Expelliarmuscc"

Draco fue despedido y chocó estrepitosamente contra la pared, quedó tumbado en el piso mientras Ginny se acercaba sin dejar de apuntar su varita directamente hacia el pecho del rubio.

"Te he dicho… ¿Qué haces aquí Malfoy y no pienso repetirlo una vez más"

Emitiendo un gruñido, Malfoy levantó la vista hasta fijar sus terribles ojos grises en ella. Estaba a punto de decir algo cuando del otro extremo del pasillo escucharon los pasos apresurados de dos personas.

"Ginny… Ginny".- la voz de Molly Weasley sonaba tremendamente angustiada.- ¿Pero qué ha pasado hija?... Dime ¿estás bien?, ¿estás bien?"

Ginny asintió con la cabeza, sin embargo los ojos de Mollly se ensancharon al notar que detrás de la chica un muchacho alto y fuerte se levantaba del suelo, destellando un profundo rencor desde su mirada.

"Y-o…y… es… ¡Profesor!" exclamó la Sra. Weasley abrazando a su hija.

"Oh… Veo que mi al fin he podido encontrar a mi acompañante" dijo en anciano.

Dumbledore envió una mirada a Draco y este se limitó a levantar los hombros y cruzar los brazos.

"Molly, él es…"

"¡Por dios profesor!¡Ya sé quién es!"

"Sí... lo imaginé" contestó Dumbledore "Verás… el chico es…"

"Es un mortífago" escupió Molly retomando la firmeza de su voz.

Malfoy irguió su cuerpo de inmediato y todas los músculos de su cuerpo se tensaron buscando contenerse, tenía ganas de matar.

"Ehh… Molly… No estoy seguro de que debieras llamarlo así… Verás…"

"No puedo llamarlo de otra forma, profesor… Eso es lo que es"

"Pues yo no estoy dispuesto a que ustedes… malditos traidores a la sangre…" chilló Draco mientras avanzaba amenazadoramente hacia donde se encontraba La Sra. Weasley.

"Draco" gritó Dumbledore deteniendo al chico al instante.

Malfoy retrocedió agachando la mirada, pero visiblemente enfadado.

"Profesor, no voy a permitir que un monstruo esté pisando el suelo de esta casa… " amenazó la Sra. Weasley "No, no se con qué razón esté él aquí, y menos aun sé porque está usted tan tranquilo… pero yo no voy a permitir que…"

"Molly por favor… Tenemos que hablar de esto" inquirió Dumbledore tratando de tranquilizarla "Pero este no es el momento, pronto habrá tiempo para explicarte todo"

"Ginny" dijo dirigiendose a la pelirroja "¿Hay alguna habitación dónde pueda instalarse Draco?"

Ginny aun sorprendida, asintió.

"¿Podrías llevarlo hasta allí?"

"Mi hija no irá a ninguna parte con él" pronunció Molly con énfasis.

"Está apenas al final del segundo pasillo" intervino Ginny.- "No te preocupes mamá… Estaré bien"

Ginny dio la media vuelta, al notar que Malfoy no le seguía, se detuvo un momento sin voltear. Por indicación del profesor Dumbledore, Draco comenzó a seguirla y ambos se dirigieron hacia el ala Oeste de la vieja mansión.

Nunca había pensado que el camino hasta el segundo pasillo sería tan largo como le estaba pareciendo ahora. Sentía que sus oídos zumbaban ante tanto silencio y que las fuertes pisadas que seguían a sus livianos pasos retumbaban en su cabeza poniéndose en ritmo con los latidos de su corazón.

"Él no es peligroso… El profesor Dumbledore dijo que el no es peligroso… Y el profesor no miente…".- repetía en su mente tratando de tranquilizarse.- "Aquí es…"-. Le señaló.

Malfoy se detuvo y la miró directamente a los ojos sin proferir palabra alguna. La chica se había detenido dos metros adelante y cruzada de brazos le devolvía la mirada con aquellos enormes ojos marrones cubiertos por largas y espesas pestañas que él en ningún otro momento se había dignado a ver.

Esa extraña mezcla de miedo y desafío que brillaba en los ojos de Ginevra Weasley nunca la había percibido en alguien más. Ginny alzó la barbilla y frunció ligeramente las cejas. Era una cabeza y media más baja que él, pero en ese preciso momento, Malfoy no pudo más que reconocer que le imponía un aura de respeto que él nunca imaginó sentir.

&

Los días pasaron y la armonía para los tres habitantes de Grimmauld Place aun no hacía acto de presencia.

Al parecer Draco Malfoy no tenía la necesidad de hablar con nadie… y tampoco era el caso de que alguien ya fuera su madre o ella quisieran encontrarlo merodeando en la casa. Draco amanecía en su habitación, pasaba el día en su habitación y dormía sin salir de su habitación.

Ginny a menudo pensaba en que tal vez ya había muerto de hambre, pero su madre nunca le había dejado aproximarse a esa habitación, ni siquiera para cerciorarse si estaba muerto.

Y sin saber porqué Ginny y su madre también se encontraban distanciadas, extrañamente, porque sólo Ginny se distanciaba; al parecer a su madre le ajustaba perfectamente tenerla sólo a ella para desahogar todas sus quejas y su desacuerdo por la conducta del profesor Dumbledore y sinceramente Ginny llegaba a sentirse exhausta por esta situación.

Al parecer Draco Malfoy provocaba mucho más que el mal humor de su madre, pues aunque éste nunca se atravesara en su camino, la Sra. Weasley siempre le estaba mencionando y con ello sacaba a relucir sus peores defectos, pero Ginny trataba de comprenderla. No era agradable tener dentro a alguien considerado tan peligroso y además no tener idea del motivo por el cual estaba allí.

Lo único que no había cambiado ni un ápice desde la llegada de Malfoy a Grimmauld Place era la cantidad de quehaceres que le encomendaba su madre cada día. Un buen día…

"Ginny querida, es que esta situación no puede continuar así… debemos comunicarnos con tu padre, con alguien de la Orden que nos escuche…"

"Ya deben saberlo mamá"

"No Ginny… No pueden saberlo… Tú padre no permitiría que estuviésemos aquí, indefensas y solas encerradas con ese monstruo"

"No es un monstruo mamá"

"Ginny… ¿Pero qué dices? Solo eso faltaba" chilló Molly "Que te pusieras de parte de ese loco profesor tuyo, en lugar de apoyar a tu madre"

"No es un profesor loco madre, es el director de Hogwarts… y no me he puesto en contra tuya, solo digo lo que pienso… Además es probable que ya esté muerto… a no ser que Voldemort le haya enseñado tácticas para combatir el hambre" contestó la pelirroja calmada.

"Ginevra Weasley… que haces diciendo ese nombre… Por Merlín, qué afán tienes de mortificarme…" dijo la Sra. Weasley haciendo un ademán gracioso con sus manos.- "Deberías ir al vestíbulo… aun faltan muchas cosas que limpiar ahí…porque quiero que cuando todos lleguen, sepan que no hemos perdido el tiempo mientras hemos estado en esta casa… Vamos, ve, ve…"

Ginny se dirigió lentamente al vestíbulo de la planta baja; sabía que ahí había una infinidad de cosas por limpiar, algo que no la hacía muy feliz.

Llegó al vestíbulo; se sentó en el piso con una cubeta llena de jabón espumoso al lado y un pequeño trapo en la mano, así comenzó a limpiar cada una de las estatuillas que replicaban al ser despojadas del polvo. Escuchó un ligero ruido, como de alguien que caminara de manera muy lenta, pero procuró no darle importancia.

Siempre que tenía que realizar una tarea tan monótona como aquella sus pensamientos comenzaban a volar en torno a la vida que le habría gustado tener. Pensaba en qué habría pasado si ella en lugar de tener esas piernas larguiruchas y esas feas pecas en todo el rostro, hubiera nacido con una belleza incomparable y una elegancia natural en todos y cada uno de sus movimientos. Que Harry Potter, al conocerla hubiera desfallecido ante su hermosura al igual que la población completa de Hogwarts exceptuando a sus hermanos.

Sus sueños eran esos entre muchos otros. Encuentros y desencuentros, pero ella siempre como la protagonista y claro, aunque le avergonzara, la fantasía de Harry Potter a su lado siempre hallaba la manera de hacerse presente en su mente. Un chasquido sonó detrás.

Levantó su cabeza dejando la nariz en alto, como un pequeño cervatillo que huele el peligro. Miró por sobre su hombro y no vio nada fuera de lo normal, pero la sensación de estar siendo observada no desapareció tan facilmente.

Fue a buscar un banquillo para subir todas las estatuillas limpias al estante; lo colocó en su lugar y de puntillas trató de alcanzar el lugar reservado a cada objeto. Las alturas nunca habían sido su fuerte y menos si se trataba de conseguir mantener el equilibrio sujetando un feo busto de Gregory Gellerth Black, último miembro del Wizengamot que perteneció a la familia Black.

De pronto sintió como sus dos brazos comenzaban a tambalearse al no poder controlar el peso del busto de Gregory Black, el descontrol fue total y sintió como todo su cuerpo estaba a punto de caer. Sujetó con fuerza la primera pieza de las cabezas reducidas que colgaba del estante, pero no resistió su peso, así que la segunda, la tercera, la cuarta fueron atraídas junto con Ginny hacia el suelo mientras que el cordel que las unía comenzaba a provocar que las demás figuras y libros empezaran a caer estrepitosamente al suelo.

Ginny cayo de forma inevitable lastimándose una muñeca mientras el segundo estante se tambaleaba y caía al igual que el primero derramando todo su contenido alrededor de la biblioteca. Derrotada suspiró admirada de cuan terrible era el aspecto del lugar, apoyo su brazo para levantarse y sintió un dolor atravesando su muñeca. No pudo ahogar un grito de dolor.

Se sentía humillada, apartada y furiosa. "Ya no lo soporto más" sollozó en voz alta "Estoy harta de estar encerrada en esta casa… Los odio… Los odio por dejarme encerrada aquí…"

Ginny rompió en llanto. Esa mezcla de rabia y decepción hacía que sus lágrimas salieran de forma automática, ya no podía detener su frustración. Estuvo ahí, llorando hasta que sus ojos cansados cedieron a un sueño profundo.

Despertó la mañana siguiente, cuando los rayos del sol se filtraron por las gruesas cortinas hasta comenzar a despejar su sueño. Le dolía los brazos, y parecía sentir que hubiese dormido sobre una roca…

"Un momento" pensó entreabriendo sus ojos "Por Merlín…" exclamó apesadumbrada recordando lo acontecido la tarde anterior "Genial Ginny… Dormiste en la biblioteca" dijo tallándose los ojos "Y aun te falta limpiar todo este…de…sas…tre…"

Abrió los ojos, los talló una vez, otra. ¿Era que su mente la engañaba?, o tal vez podría estar soñando… Ahí estaba la biblioteca en un orden perfecto; los estantes en su lugar, como si nunca hubieran sido perturbados ni por el aletear de una mosca; sólo Ginny, tumbada en el piso parecía estar fuera de lugar.

"¿Qué demonios?" se levantó incrédula ante los que sus ojos le mostraba.

Tal vez su madre se habría compadecido de ella y le hubiese ayudado. Ignorando su propia intuición; la cual le reflejaba que ella nada tenía que ver en eso, se convencía a sí misma que sí había sido ella, su madre, debería haber sido ella… sino ¿Quién más?

Asombrada fue a su habitación a cambiarse para bajar al desayuno, sin embargo Molly no tocó el tema durante todo el tiempo que le llevó preparar, servir y degustar los platillos del desayuno.

"No fue ella…" meditó preocupada.

"¿Se puede saber qué estas pensando Ginny?" exclamó Molly causándole un sobresalto.

"Nada"

"¿Cómo que nada?" reclamó la Sra. Weasley "E-eh ¡Ginny!, ¿A dónde vas?"

Ginny frunció la ceja y se levanto de un solo salto "Ya no tengo hambre" dijo "P-Pero me llevo estas galletas" esbozó una sonrisa y dio la media vuelta con pasos apresurados.

Asomada en la esquina del pasillo trataba de controlar su respiración. ¿Qué demonios pretendía hacer? Ni siquiera ella lo sabía. Pero algo muy dentro le decía que si había recibido ayuda tendría que actuar de la misma forma, no importaba quien fuera, así fuera Malfoy.

Cerró los ojos y casi a ciegas comenzó a recorrer con pasos largos el pasillo del ala oeste de Grimmauld Place. Suspiró frente a la puerta y sin más, golpeó dos veces la puerta con su puño cerrado.

Estaba tan absorta en sus pensamientos que no se dio cuenta que la puerta se abrió sigilosamente. Fue hasta que contempló dos pies descalzos frente a sus narices que se dio cuenta que no estaba sola.

Malfoy la observaba atentamente desde el otro lado de la puerta. Sentir esos taladrantes ojos grises posados únicamente en ella, provocaron que una especie de cosquilleo atravesara toda su columna y tensara la mayor parte de sus músculos.

Ginny abrió los ojos como plato. Y sintió que todas las palabras que había ensayado desaparecían línea por línea de su cabeza dejándola completamente en blanco.

"Y-Yo…" balbuceó "Y-Yo creí que tendrías hambre…" dijo y de inmediato le extendió el tarro lleno de galletas recién horneadas por su madre.

Malfoy bajó su mirada para observar las galletas y un segundo después volvió a los ojos de Ginny.

Después del sobresalto que se había llevado porque en realidad Malfoy hubiese abierto, Ginny sustituyó el nerviosismo por el enfado. Había llamado a la puerta más de 5 veces y fue hasta ese último intento que el rubio se había dignado a atender. Y ahora no hacía más que observarla con esos molestos ojos grises sin decir palabra absoluta sobre las galletas.

"¿Sólo las vas a observar?" profirió Ginny con las mejillas encendidas "Está bien… Si no las quieres me las llevó de vuelta"

Ella sintió un tirón den su brazo que la obligó a detenerse. Sacudió su brazo por inercia. Volvió su mirada y sin tener que externar palabras entendió que Malfoy había aceptado el regalo que tan difícilmente ella se había decidido a darle. Le entregó el tarro. Y sin despegar su mirada de la de ella, el Slytherin entró de nuevo a la habitación dejando a Ginny un poco temblorosa.