N/A: historia inspirada por la canción "I love you 'till the end" de The Pogues, la descubrí como parte de la banda sonora de esa película tan bonita que protagoniza mi queridísimo Gerard Butler ("PS: I love you") y pues... solo podía imaginármela para un Puckleberry ;).
- Muy bien chicos, y para terminar quiero que vayáis a la página 56 de vuestro libro y… - Will estaba a punto de finalizar la clase de Español cuando el chirrido del altavoz de megafonía que había sobre su cabeza lo interrumpió.
- Alumnos y alumnas del Mckinley, quiero recordaros que solo os queda una semana para encargar vuestras rosas de San Valentín, el lunes será el gran día de los enamorados y no queremos que nadie se quede sin su rosa, ¿verdad? – La voz de Figgins informó del evento, haciendo que Schuester pusiese los ojos en blanco y se limitase a copiar en la pizarra la tarea para sus chicos.
Llevaban dos semanas atormentándolos con la grandiosa novedad de las "Rosas Amorosas", como muy cursimente el director se había encargado de nombrarlas. No solían hacer ese tipo de cosas, más que nada por la escasez de presupuesto, pero Figgins había caído en la cuenta de que si compraba docenas y docenas de rosas de dudosa calidad y las vendía a precios exorbitantes conseguiría un beneficio, lo cual podía salvar a la institución del embargo durante un par de meses más.
Podría haber sido un plan fallido, los alumnos pasaban del romanticismo y se limitaban a la satisfacción física, pero Sue había amenazado a sus animadoras con echarlas del equipo si no conseguían aunque fuese una rosa, y como las animadoras eran la representación de la realeza en el instituto pues… todo el mundo querría su rosa. Se suponía que la flor sería símbolo de amor, secreto o no, pero… lo que ocurriría sería que las chicas competirían unas con otras para hacerse un ramo en condiciones y presumir de su destreza con el género masculino… Y hablando del género masculino… ellos no estaban para nada contentos con toda aquella estupidez, se iban a quedar tiesos de dinero con las dichosas flores y sabían que no tenían manera de escapar (si es que querían conservar a sus chicas).
"Menuda gilipollez", pensó Puckerman, colocando las manos tras la cabeza y haciendo equilibrios con la silla al final de la clase, observando el panorama. Todas las mujeres del aula acribillaban a sus hombres con la clara mirada de: "más vale que me compres una de esas rosas porque si no te lo cortaré todo"; Tina miraba a Mike, Quinn miraba a Finn, Brittany miraba a Artie, ¿Santana miraba a Brittany?, Kurt miraba al techo y Mercedes miraba su manicura. "Pobres imbéciles…", se rió internamente el chico del mohawk, entonces su mirada se posó sobre una cabecita de larga melena morena. Rachel estaba sentada en primera fila, copiando meticulosamente todo lo que Will anotaba en la pizarra. "¿Le regalarán a ella alguna rosa?", se preguntó Puck. Tampoco es que le importase… era Berry… nah, seguro que no le regalarían nada. Sería de las pocas que se quedaría con las manos vacías.
La chica había dejado de perseguir a Finn hacía meses y no parecía interesada en ningún otro, se la veía día tras día encerrada en el auditorio, cantando entre clases, estudiando para los exámenes, muy centrada en sí misma… no sería ninguna catástrofe que no recibiese nada el día de San Valentín, pero claro, ver a todas las demás crías revoloteando por los pasillos con sus rosas medio podridas y la cara de felicidad por saber que habían sido capaces de vaciar los bolsillos de sus novios no iba a ser fácil para la chica… no, no sería un buen día para Berry… Puck sacudió la cabeza "¿pero en qué mierda estoy pensando? ¡Que le jodan a Berry! No es raro que esté sola el día de San Valentín, es una histérica, egocéntrica y maniática mujer con la que no se puede estar más de dos segundos… si es que solo hay que verla… siempre con la mano levantada para decir alguna gilipollez, con el cuerpo estirado… con ese cuerpo estirado, las piernas extrañamente kilométricas cruzadas, la falda a la mitad del muslo y los labios carnosos entreabiertos… ¡quieto Puckerman! Vamos a ver, es Berry, BERRY… sí, está buena, pero eso no quita quien es… bah, no sé qué coño hago pensando en todo esto, mejor me centro en otra cosa… ¿qué habrá hecho hoy mi madre para comer? Porque está loca si piensa que voy a comer otra vez esa sopa de mierda que hizo el sábado…", los pensamientos del chico judío se distrajeron y la clase finalizó sin que se diese cuenta. Le quedaban tres horas en el instituto y no tenía intención de pasarlas sentado en ninguna maldita clase, así que se fue a las gradas del campo de fútbol para tumbarse y quedarse dormido, estaba en época de crecimiento, necesitaba muchas horas de sueño…
Cuando Puck se despertó caminó al interior del instituto en busca de una de las fuentes que había repartidas por los pasillos, para beber un poco de agua y quitarse el sopor de la siestecita que había echado. Después de saciar su sed vio que apenas quedaban 30 minutos para que el timbre diese por terminado el día, así que, con las manos en los bolsillos, se dirigió a su taquilla para recoger su mochila y largarse antes de que la marabunta de niñatos llenase los pasillos pero, a mitad de camino, vio una pequeña figura sentada en el suelo, con la cabeza apoyada en la pared y el rostro de color azul.
- ¿Berry? – Preguntó, acercándose a ella, la morena ni siquiera lo miró, siguió con la vista fija en la pared que tenía enfrente, absorta. – Vaya, ahora pareces uno de esos gnomos azules que le gustan a mi hermana…
- … - No le contestó y eso no era buena señal, se dejó caer a su lado y la miró.
- ¿Quién te ha puesto así? Porque sé que yo no he sido, hoy no.
- …
- Vamos Berry, no estés triste, seguro que en la tienda donde compras tu ropa te venden otra camiseta de estas con… ¿qué son? ¿Osos polares? – Inquirió observando la camiseta de la chica… mira que él no tenía ni idea de moda, pero aquellas prendas no eran normales.
- Estoy cansada… - Murmuró ella y entre todo el mejunje azul que cubría su cara apareció una línea transparente que nacía en el lagrimar de su ojo derecho y moría en la comisura de sus labios.
- Normal, vas a todas esas clases de mierda. Tendrías que hacer como yo y echarte una siesta de vez en cuando, sientan bien y luego…
- Muy cansada… - Volvió a murmurar, su labio inferior tembló… "mierda, se va a poner a llorar", pensó Puckerman, y se le hizo un incómodo nudo en el estómago, no le gustaba ver a las mujeres llorar. – No sé qué hago mal… intento… intento no molestar a nadie, no hablar con nadie o… no sé… trato de que no se me vea mucho pero… da igual… todo lo que haga o deje de hacer… da igual… nunca es suficiente… siempre pasa esto… - Se señaló entre lágrimas, con la voz a medio quebrar. – Solo quiero poder… poder andar por el pasillo sin miedo a que me tiren nada encima… sin escuchar cómo se ríen de mí todos los días… y no… no quiero ver cómo el lunes todas tendrán a alguien en sus vidas mientras yo estaré sola… otra vez… - Enterró el rostro entre sus manos y su espalda comenzó a sacudirse.
Puckerman sintió que le faltaba el aire, no sabía qué hacer con Rachel. "Joder… que marrón… ¿y ahora qué hago? ¿La abrazo o algo?", pensó. Puso un brazo sobre sus hombros y ella se acurrucó contra su pecho. Puck tragó saliva y la rodeó completamente, notando como su camiseta se mojaba con sus lágrimas. ¿Quién habría sido el subnormal que le había tirado el granizado? "Hey, tú se los tiras todos los días", se reprendió mentalmente. Era verdad, la trataba muy mal y… si lo pensaba… la chica no le había hecho nada, bueno, nada aparte de ser tan insufriblemente agotadora con sus locuras y sus arranques de superioridad… sí, se había comportado como Rachel Barbra Berry, había sido ella misma… ¿y por eso debía castigarla? "Eres un capullo, Puckerman", putos remordimientos…
- ¿Qué estoy haciendo tan mal, Noah? ¿Por qué no puedo ser feliz? – Le preguntó mirándolo a los ojos. La mitad del granizado se había quedado en su camiseta, ahora los dos estaban pringadísimos y ese par de redondas esferas marrones lo observaban suplicándole una respuesta.
- Yo… bueno… tú… - Puck no encontraba las palabras, "¿pero qué palabras?", se cuestionó. ¿Qué le podía decir? No había explicación alguna para lo que le hacían. Se toqueteó el mohawk y frunció el ceño. – No haces nada mal, es solo que… mierda Berry, ya sabes lo que es… tú…
- ¿Yo? ¿Quieres decir que yo soy el problema? – Se separó de él y suspiró. – Dará igual que intente cambiar, ¿verdad? No importará, porque siempre seré Rachel Berry y ese es el gran problema… estoy condenada a estar sola… a que nadie me quiera jamás… - Se tapó la boca con una mano y cerró fuertemente los ojos.
- No… eso… eso no es así… - "Mierda… está fatal…" – Berry, hay mucha gente que te quiere. Tus padres te quieren…
- Son mis padres, tienen que quererme.
- Los chicos de Glee también te quieren…
- Me insultan… no creen que vaya a conseguir nada en la vida, piensan que mis sueños son una estupidez y… me odian…
- Joder, no seas así, no te odian. Hummel es amigo tuyo, siempre hacéis esos dúos de Broadway y… Tina te trata bien... – Buscaba en su mente algo que decirle a la chica para animarla, le estaba costando, pero no aguantaba verla tan deprimida. – Mercedes… aunque siempre te diga lo que te dice la gusta cantar contigo… tú voz es la única con la que puede competir… y… bueno, yo… - ¿Él qué? Rachel lo miró, con los ojos rojos y el gesto dolido. – No me caes mal…
- ¿Entonces por qué te portas así conmigo?
- Eh… - "Venga inteligente, respóndele". – Supongo que es lo que tiene que… bueno, lo que tiene que pasar, ¿no? Ya sabes, tú eres… tú y… yo soy… yo y bueno… hay unas normas y esas cosas… soy jugador de fútbol, tú eres co-capitana de Glee…
- Pero tú también estás en Glee…
- Es… diferente… - Se quedó un momento callada y él no supo si habría mejorado o empeorado la situación.
- Aprecio tu intento… - Le sonrió levemente y se levantó, él la siguió con torpeza temiendo lo que fuera a decirle. – pero no es necesario darle muchas vueltas… no hay una explicación lógica para que la gente me odie… solo se trata de quien soy… y eso no puede cambiar.
- Ojalá no fuera así… - Susurró sin darse cuenta. La morena lo observó. – Digo que… no está bien lo que te hacemos… no te lo mereces. Eres una buena persona, irritante y exagerada pero… una buena persona. Es injusto que te tratemos así.
- Pero lo vais a seguir haciendo, ¿verdad? Porque… "es lo que tiene que pasar", ¿no? – Lo parafraseó con la mirada baja.
- Esto es una mierda… - Suspiró y la tomó de la barbilla para que lo mirara. – Me gustaría cambiar las cosas, me gustaría… me gustaría verte feliz, ¿sabes? Me pones enfermo cuando lloras. – Se quitó la camiseta de manga larga que ella había manchado y se quedó con una de manga corta sobre el cuerpo. Vacilando un poco comenzó a limpiarle el rostro. – Si… si alguien te hace otra vez esto o… lo que sea… dímelo… yo ajustaré cuentas.
- No tienes que hacerlo. – Le dijo, cerrando los ojos para que la limpiara bien. Sabía que si se ponía de su parte él sufriría las consecuencias.
- Quiero hacerlo… ahora me siento mal por haber sido un cabrón contigo y… todavía no sé por qué lo hice así que… necesito hacer algo por ti y… bueno, también si… si estás mal y eso… pues… puedes decírmelo…
- Si es porque te sientes culpable… Noah… te perdono. No es necesario que hagas nada por mí.
- No es solo eso… - Se quedó mirándola, con la camiseta echa un asco entre las manos y algo golpeándole fuertemente el pecho, "maldita sea…"
- ¿Entonces…? – Preguntó ella y vio como miraba su boca.
- Pues… eh… - La chica había dejado los labios entreabiertos y se estaba distrayendo pensando como sabrían aderezados con el azul del granizado que todavía los teñía, el tejido de la camiseta había sido incapaz de limpiar eso, puede que si él…
- ¡POR FIN! – Gritó un chico, abriendo de golpe una puerta cercana a la vez que el timbre resonaba en todo el instituto.
Puck miró en derredor, consternado por el torrente de críos que correteaban por el pasillo. ¿Pero qué le acababa de pasar con Berry? ¿Había estado a punto de…? No, imposible, eso no… ¿o tal vez…?
- Gracias. – Le dijo Rachel sobre el estruendo y se alejó antes de que él pudiera responderle.
Los días empezaron a pasar y el instituto se acarameló. Las parejas andaban cogidas de las manos o se paraban a mirarse durante horas y horas entre sí, sin cansarse de los ojos del otro.
Rachel transitaba los pasillos con rapidez, intentando no ser vista ni ver, porque aquel ambiente tan romanticón no hacía nada más que recordarle que ella no iba a tener a nadie con quien compartir el día más bonito y empalagoso del año. No quería amargarse, así que evitaba los espacios comunes y solía pasar gran parte del día en el auditorio, hasta que a Tina y a Mike se les ocurrió convertirlo en su "nidito de amor". Los cuartos de baño estaban más que descartados pues siempre, SIEMPRE, había algún par de tórtolos toqueteándose. Solo le quedaba un lugar…
Se sentó tras las gradas del campo de fútbol y sacó sus libros de texto, dispuesta a aprovechar su hora libre, cuando vio un par de pies moviéndose con ritmo, en posición horizontal, a ras de suelo. Se acercó a aquellas deportivas de hombre y se encontró con Puckerman tumbado sobre un banco, las manos tras la cabeza, los ojos cerrados y los auriculares puestos. El Rock que escuchaba se podía oír desde unos cuantos metros atrás.
El chico comenzó a entonar la melodía y a Rachel se le escapó una sonrisa. Cuando él abrió los ojos y la vio allí le elevó la comisura izquierda de sus labios con picardía y disfrutó al verla sonrojarse.
- ¿Saltándote las clases, Berry? – Le preguntó, parando el Mp3 y sentándose.
- Tengo hora libre, iba a adelantar algo de materia.
- ¿Estudiar? Bah… a veces eres muy aburrida, ¿lo sabías? – Miró el trozo de suelo que había a su lado y la invitó a que se sentase con él. Ella, muy tímidamente, ocupó el lugar. - ¿Cómo estás?
- Bien… - A Rachel aun le costaba acostumbrarse al Puck amable y atento que le preguntaba cada 3 horas si le habían hecho alguna barbaridad para saber a quién le tenía que arrancar la cabeza. Por suerte, nadie había vuelto a tirarle ningún granizado ni a insultarla, estaban todos demasiado ocupados pensando en el día de San Valentín. – La gente está como loca por el lunes… no se preocupan de si me han ensuciado o no.
- Ya… ese estúpido día.
- ¿No te gusta San Valentín?
- Vamos Berry, solo es una estrategia de los inútiles de las tiendas para vender algo… y ahora hasta Figgins se ha apuntado a ese club de imbéciles con la porquería de las rosas.
- Es bonito que la gente te demuestre que te quiere.
- ¿Con una rosa medio muerta? Eso sería cutre hasta para mí… hay mejores formas de demostrar que alguien te importa.
- ¿Cómo cuáles?
- No sé… pero las flores son el recurso desesperado que usamos los tíos para echar un polvo. – Vio como ella arrugó la expresión ante el comentario… cierto, a Berry no le gustaba lo soez. – Quiero decir que es algo muy… vulgar, solo para cumplir.
- Igualmente… es bonito. – Miró a lo lejos y Puck supo que ella mataría por una de esas rosas, ¡pero es que ella se merecía algo mucho mejor!
Desde que la había tenido gimoteando entre sus brazos no podía dejar de pensar en ella. En como estaba, en que hacía, en que no hacía, en con quien hacía lo que fuese que hacía… Se estaba obsesionando con la morena, hasta había soñado con ella, un sueño que le hizo tener que ducharse con agua fría a las 4 de la madrugada. Había estado siguiéndola toda la semana, preocupándose por ella, y ahora que era viernes pensaba que iba a ser raro estar dos días completos sin verla… ¿y si la invitaba a tomar algo? Nah, él no hacía esas cosas…
El final del día escolar llegó y él la escoltó hasta su coche, no se quedó tranquilo hasta que la vio partir fuera del aparcamiento… y ni siquiera entonces se quedó tranquilo.
Para él, el sábado fue un día lento y pesado, sin ninguna novedad… aburrido, por lo que, su mente se entretuvo con aquello que Berry le había preguntado: ¿cuál sería una buena forma (una forma digna, no para salir del paso) de demostrarle a alguien que te importa? Estaban las joyas, la ropa, los viajes, los mensajes por palabras del periódico… hasta se podía dedicar una canción por la radio… miró hacia la ventana que había junto a su cama y allí, tumbado sobre el colchón, dejó que el sueño lo venciera mientras su mente seguía cavilando.
Rachel estaba sentada en su escritorio, frente al portátil, terminando las últimas páginas de su trabajo de Historia. Miró en la barra de inicio la hora y se sorprendió de que fuese tan tarde. Casi era medianoche y al día siguiente sería lunes, tendría que ir al colegio y ver todo el despliegue de cursilería que San Valentín traía consigo, así como los cientos y cientos de parejas (vale, tal vez no tantas) que andarían por los pasillos haciéndose carantoñas y regalándose rosas… demostrándose que se querían… ¿por qué no podía ella tener algo así?
Suspiró hastiada y se metió en el baño para prepararse para dormir.
Puck paró el motor de su coche y alzó la vista… la luz de su cuarto estaba encendida… aún no se había dormido, "perfecto", pensó, y se bajó del vehículo. Tomó un par de bocanadas del aire frío de la noche y sacó la guitarra del asiento trasero. Cerró con llave el coche y se encaminó al jardín para colocarse bajo su ventana.
- Rachel… - Susurró lo más alto que pudo, tratando de no llamar mucho la atención, "sí, claro, tú intenta ser discreto… ¡pero si la vas a liar en dos segundos! ¿qué más te da gritar?", sacudió la cabeza y volvió a intentarlo. – Rachel… - Nada. Cogió una piedrecita del suelo y la lanzó contra la ventana, viendo como rebotaba sin que la morena apareciese. – Me cago en… - Acompañó el molesto susurro de otra piedra y se empezó a mosquear cuando volvió a verse sin respuesta, ¿pero qué le pasaba a esa mujer?
Alrededor todo estaba en calma, la luna coronaba el cielo y la calle estaba levemente iluminada por farolas. Algún que otro gato correteaba de cubo en cubo de basura y los grillos hacían rechinar sus piernas creando ese típico sonidito que a él lo sacaba de quicio. Se hartó cuando la quinta piedra chocó contra el marco de la ventana y Rachel no dio señales de vida.
- ¡BERRY! – Gritó, tirando con más fuerza de la debida una piedra que llegó a atravesar el cristal.
La chica escuchó como el cristal se rompía y salió del baño para encontrarse una piedra en mitad de la habitación y su ventana agujereada. Con cuidado, pero muy cabreada, abrió el cristal y buscó entre las sombras al animal que le había roto la ventana. Se sorprendió al encontrarse con Puckerman, que la saludaba desde abajo. "¡Será posible! Y yo pensando que había cambiado…", se reprochó mentalmente.
- ¡Puckerman!, esto es… ¡demasiado!... Dios, creí… ¿por qué lo has hecho? – Ella nunca, JAMÁS, le llamaba Puckerman… la había cagado. – Tienes suerte de que mis padres no estén aquí, si no ya habrían llamado a la policía… ¡qué demonios!, YO voy a llamar a la policía.
- ¡No! Rachel, espera… - Vio como desaparecía y colocó su guitarra en posición. – Maldita sea…
Cuando la morena tomó el picaporte de la puerta de su cuarto entre sus manos para lanzarse al piso de abajo y llamar a las fuerzas armadas escuchó unos acordes. Se giró lentamente y se acercó a la ventana, miró hacia su jardín y vio a Puck. Con la guitarra entre las manos el chico del mohawk empezó a cantarle.
I just want to see you
When you're all alone
I just want to catch you if I can
No era posible. Rachel estaba estupefacta escuchando a Puckerman mientras su reloj daba la medianoche.
I just want to be there
When the morning light explodes
On your face it radiates
I can't escape
Puck sonrió desde abajo al reconocer la cara de incredulidad de Berry, "bravo Puckerman, un gran punto a tu favor".
I love you 'till the end
Se escuchó un golpe y las luces de las casas contiguas se encendieron. Un vecino, envuelto en una bata azul marino, se asomó a la ventana para ver que era todo ese alboroto.
I just want to tell you nothing
You don't want to hear
All I want is for you to say
Un perro empezó a aullar en las inmediaciones y los gatos bufaron incómodos, escondiéndose tras los cubos de basura.
Why don't you just take me
Where I've never been before
I know you want to hear me
Catch my breath
Por la derecha se escuchó: "¡menudo escándalo!".
I love you 'till the end
Y la anciana que vivía enfrente dijo: "¡habrase visto!... esta juventud…"
I just want to be there
When we're caught in the rain
I just want to see you laugh not cry
Alguien amenazó con llamar a la policía y otro alguien dijo que pondría una denuncia por perturbación del orden.
I just want to feel you
When the night puts on it's cloak
I'm lost for words don't tell me
All I can say
Puck dejó la guitarra sobre el césped y miró fijamente a Rachel, quien no podía apartar sus ojos de él.
I love you 'till the end
- ¡Quieres callarte de una jodida vez! ¡Hay gente que se tiene que levantar a las 5 de la mañana, CAPULLO!
- ¡Sí! ¡Queremos dormir, imbécil! ¡Déjate de tonterías y vuelve a tu casa!
- ¡No cantes más desgraciado!
Los vecinos se estaban poniendo agresivos y Puck empezó a temer por su integridad física, pero en cuestión de segundos la puerta de la casa de Rachel se abrió y la chica le indicó que entrase.
Cuando atravesó el umbral de la puerta se encontró con ella cara a cara, con las lámparas apagadas, solo estaba iluminada por la luz de luna que se colaba desde fuera.
Él cerró la puerta y esperó… esperó a que ella hiciera algo, que le felicitase, le abrazase, le besase, le… ¿pegase? Pero la chica no se movía, solo lo miraba con la boca abierta y los ojos brillantes.
- ¿No… no dices nada? – Ni una sola palabra. Suspiró abatido. – Bueno, pensé que te gustaría, yo que sé… puede que más que esas flores que van a dar mañana… - Consultó su reloj, lo había hecho justo en el tiempo previsto. – en realidad… hoy, porque son más de las 12… eh… ¿feliz día de San Valentín?
Ella apartó la mirada un momento, dirigiéndola hacia el suelo… parecía un pez recién salido del agua, abriendo y cerrando la boca, aturdida y sin saber qué hacer. Entonces lo miró de nuevo y se lanzó a sus brazos. Puck se sorprendió un poco pero le devolvió el abrazo y la estrechó contra su pecho.
- Noah ha sido… ha sido… Dios mío… ha sido lo más bonito que nadie ha hecho por mí jamás, no es que sea algo muy difícil de conseguir pues la gente no suele hacer cosas bonitas por mí nunca, pero ha sido precioso, el mejor regalo que me han hecho en la vida, lo cual sí es difícil de superar porque mis padres me compran todo lo que puedo desear y más, pero no tenía ni idea de que tú… - La frenó acunando sus labios entre los suyos… cuando Rachel se ponía a hablar no había nadie en este puñetero planeta que pudiese pararla… nadie excepto él.
La besó despacio, abrazándola por la cintura, acercándola todo lo posible a su cuerpo y se quedó pasmado cuando fue su lengua, la de ella, la que entró en su boca… sonrió contra sus labios al saber que deseaba aquel beso.
Se quedaron allí abajo, en el sofá del salón, toda la noche, sin hablar, solo besándose una y otra vez, abrazándose más y más fuerte, queriendo fundirse con el otro…
La gente podía pensar lo que quisiera, pero Puck sabía que ninguna de esas rosas habría conseguido llevarlo hasta donde estaba… con Rachel… su Rachel.
