Cap. 2: Cuidando de una amiga.

Subieron a Lisbon a planta después de curarle todas las heridas y darle un par de puntos. Mientras, el médico se reunió con los tres en el pasillo.

- Miren, les seré sincero. Su estado es grave. En los veinte años que llevo ejerciendo de médico jamás había visto tales heridas. Tiene lesiones internas y externas, lo que le podría haber causado graves daños irreversibles, ¿comprenden lo que digo? -los tres asintieron con la cabeza-. No significa necesáriamente que alguna parte de su cerebro haya quedado dañada, tan sólo quiero que sepan que cabe la posibilidad de que eso ocurra.

- ¿Y cómo podemos estar seguros? -preguntó Rigsby de brazos cruzados.

- Sencillamente no podemos. Tendremos que esperar a que despierte, pero podrian pasar días, semanas... incluso meses.

Los tres se miraron sin decir palabra alguna. Entonces Jane alzó la voz.

- ¿Podemos verla?

El médico tardó un poco en contestar.- Supongo que sí, pero sigue inconsciente. No hagan nada que pueda alterar su estado. Puede que esta vez no tenga tanta suerte.

Y se fue. Van Pelt y Rigsby se miraron algo preocupados, pero Jane abrió la puerta sin más. Los tres entraron y Rigsby cerró la puerta. Lisbon estaba estirada en la cama, con un tubo de suero en un brazo y otro de sangre en el otro brazo. Estaba conectada a una bomba de oxígeno puesto que su ritmo cardíaco todavía era muy débil y su respiración no era constante. Se les hacía muy raro ver a Lisbon en ese estado tan deplorable. Esuvieron un rato allí, aunque tuvieron que marcharse porque Hightower les quería ver a todos en su despacho. Una vez allí se encontraron con Cho, el cual les estaba esperando frente a la puerta del despacho de Hightower.

- ¿Cómo está Lisbon?

- Está en estado crítico, pero está viva -respondió Jane dando un suspiro-, y eso es lo que cuenta.

- Me alegro.

- Me hubiese gustado quedarme en el hospital -comentó Van Pelt-. No es por nada, sólo que después del susto de antes tengo como un nudo en el estómago.

- Sí, te entiendo -dijo Rigsby-. A mí me pasa lo mismo.

- Pero Hightower no nos va dejar ir -sentenció Cho.

- Si vamos todos juntos no, pero si vamos por turnos puede que sí -propuso Jane.

Los tres se miraron. Querían probar suerte, aunque ninguno de los tres se atrevía a preguntárselo. Entonces Hightower les llamó. Les hizo sentar en el sofá que había y se apoyó en su mesa, de cara a ellos, con brazos y piernas cruzadas. Estuvo unos instantes en silencio, meditando, pensando las palabras que iba a emplear. Pero antes de que abriera la boca Jane se levantó de un salto del sofá.

- Si me permite, creo que sé lo que nos va a decir -Hightower arqueó las cejas-. Cree que después de lo sucedido con Lisbon no vamos a ejercer bien nuestro trabajo, pero se equivoca. Somos los mejores del departamento y lo vamos a seguir siendo, ahora más que nunca. Vamos a demostrarle que nosotros solos podemos cerrar casos, como siempre, y lo vamos a hacer por ella, por Lisbon, porque se lo merece

Hightower amagó una sonrisa. Parecía satisfecha con el discurso de Jane, el cual animó también al resto del grupo.

- Pero le pido un favor, le pedimos un único favor.

- Bien, adelante -dijo apoyando la cabeza en dos dedos-. Tan sólo le pedimos que nos deje hacer turnos para quedarnos unas horas con Lisbon.

Hightower miró a todos antes de responder y ponerse recta de nuevo- Jane, de veras que entiendo tu situación y tus ansias de estar pendiente de ella, pero...

- Señora, por favor -se lo pidió esta vez Van Pelt-. Le prometemos que no influirá en nuestro trabajo.

- A parte de que ahora no tenemos ningún caso importante entre manos -añadió Rigsby.

Hightower les escuchaba con antención, aunque no acababa de ceder.

- Directora Hightower -puntualizó Jane-, al menos déjenos hacerlo hasta que despierte. Ahora Lisbon está en una situación muy delicada y no sabemos siquiera si volverá a ser la misma. Tan sólo le pedimos que nos deje hacer turnos hasta que sepamos seguro su estado.

Hightower les miró todavía no muy convencida, lo que hacía desesperar interiormente a Jane. Estas cosas no le pasaban con Minelli, así que optó por el último recurso- por favor, se lo suplico.

Esas dos palabras iluminaron a Hightower. "¿Patrick Jane suplicando? Realmente está preocupado por Lisbon" pensó. Después miró a los agentes, los cuales tenían la misma mirada de cachorro lastimado y abandonado que Jane.

- Está bien, de acuerdo -Jane no pudo evitar celebrarlo con una palmada rápida mirando al cielo, o en su caso el techo-. Pero sólo hasta que despierte -todos sonrieron satisfechos-. Ahora id a casa y descansad. Estableced vosotros los turnos y empezad mañana. Pero quiero que estéis siempre localizables, ¿entendido?

Los tres asintieron con la cabeza y luego se fueron rápidamente. Desaparecieron como el humo, dejando al resto de unidades anonadados.

Era ya la una de la madrugada cuando llegaron a casa. Jane, al contrario que los demás, tan sólo llegar a casa cogió una gran cartulina y empezó a distribuir los turnos sin perder un solo segundo. Una vez lo tuvo acabado se fue a dormir, aunque tan sólo pudo dormir cuatro horas, ya que a las siete en punto se despertó. Se levantó de un brinco, se vistió, se adecentó y salió disparado por la puerta con la cartulina bajo el brazo. Subió en su coche y puso rumbo hacia la brigada. Les explicó a todos su plan, y todos estuvieron de acuerdo.

Pasaron dos días y todo seguía igual. Habían tenido algun caso, pero todo pequeñeces. En parte era mejor, así podrian dedicarle más tiempo a Lisbon, la cual seguía igual, estable, pero todavía no se había despertado. Esa tarde lograron que Hightower les dejara ir a todos al hospital. Trajeron tres sillas más y todos se sentaron al lado de Lisbon, recordando algunos de los casos que habían vivido juntos. Entonces el médico de cabecera llamó a la puerta, la abrió y les hizo una señal para que alguno de ellos saliera. Los quatro se miraron.

- Ya me quedo yo -dijo Van Pelt.

Los tres hombres se levantaron y salieron al pasillo. No cerraron la puera, aunque la ajustaron un poco. Van Pelt se quedó mirando fíjamente a Lisbon, la cual movió levemente la mano. Van Pelt se levantó de la silla y se acercó, ya que no estaba segura de lo que acababa de ver. Sin embargo, no estaba soñando. Lisbon apretó un poco los ojos y los abrió lentamente. Se acababa de despertar.

- ¡Eh, chicos! Venid, ¡rápido! ¡Se ha despertado!

Los tres hombres entraron como un rayo en la habitación, ignorando completamente al médico. Jane se puso al lado de Lisbon, Rigsby al lado de Jane y Cho detrás al pie de la cama, apoyándose en los barrotes de esta. Van Pelt, que estaba al otro lado de la cama, se acercó a la confúsa Lisbon.

- Bienvenida, jefa -saludó.

- ¿Dónde... dónde estoy?

- Tranquila, estás en el hospital -respondió Jane con una sonrisa en los labios.

Entonces entró el médico y se abrió paso entre los presentes. Se puso delante de Jane, justo al lado de Lisbon.

- Bienvenida, Teresa. Soy el doctor Aston y necesito que me contestes a unas preguntas. Puede que aún estés un poco aturdida, pero debes hacerlo. Es rutinario. ¿Lista? -Lisbon asintió con la cabeza-. Por favor, ustedes no digan nada, tiene que hacerlo ella. Veamos -dijo sacándose una linterna del bolsillo-. Díme tu nombre y apellido, por favor.

- Teresa Lisbon -respondió sin vacilar.

- ¿El día de tu cumpleaños? -preguntó examinándole las pupilas.

- 19 de junio.

- ¿Dónde trabajas actualmente?

- En la brigada criminal de Sacramento, en el CBI.

- ¿Conoces a estas personas? -Lisbon asintió-. Dí sus nombres y apellidos, por favor.

- Kimball Cho, Grace Van Pelt, Wayne Rigsby y Patrick Jane.

El doctor apagó la linterna-. ¿Recuerdas lo que te pasó?

Lisbon estuvo unos instantes en silencio. Sin embargo, antes de que contestara el doctor la hizo callar con una sonrisa. Salió fuera de la habitación junto con los agentes y Jane, el cual no apartó la mirada de la desconcertada Lisbon hasta llegar a la puerta. El doctor cerró un poco la puerta para que la conversación no fuera escuchada.

- A primera vista está bien -dijo poniéndose las manos en los bolsillos-. No presenta síntomas de amnesia ni parece que le hayan quedado secuelas cerebrales.

- Pero la última pregunta no la ha respondido -dijo Rigsby.

- Pero ha hecho la intención -se adelantó Jane-. Lisbon recuerda más o menos lo que sucedió, y a medida que se vaya recuperando irá recobrando la memoria.

- Exacto -afirmó el médico

- Usted ha dicho que no tenía amnesia -sentenció Cho de brazos cruzados.

- Sí, así es. Seguramente su cabeza lo habrá bloqueado. Un trauma así no se supera fácilmente, y puede manifestarse de muchas maneras.

- ¿Como cuál? -preguntó Van Pelt.

- Depende. Puede que al oír un determinado timbre de voz le venga en mente algun que otro recuerdo amargo, o quizá alguna palabra en concreto... incluso puede que alguna persona de su ambiente habitual le recuerde a alguno de sus agresores, que puede que no tengan que ver uno con el otro, pero puede pasar -todos hicieron un pequeño silencio-. De todas formas, tan sólo necesita reposo y olvidar cuanto antes lo sucedido. Entren y hagan que recuerde los mejores momentos de su vida. Siendo una agente tiene más posibilidades de rehabilitarse por completo que cualquier otra persona.

- Gracias, doctor -dijo Cho.

El doctor le puso la mano en el hombro y luego se fue. Los cuatro volvieron a entrar en la habitación y se sentaron al lado de Lisbon. Empezaron a hablar y recordar buenos momentos, bromas de Jane, sucesos graciosos, etc. Finalmente Rigsby y Van Pelt volvieron a la brigada para evitar que Hightower les diera un toque de atención. Cho les acompañó hasta abajo para ir a buscar comida y café. Jane, al contrario que los demás, decidió quedarse en la habitación con Lisbon. Se sentó a su lado y la miró fíjamente.

- ¿Qué miras? -preguntó algo desconfiada.

- Lisbon, sé que es duro, pero debo hacerte una pregunta. ¿Estás lista? -Lisbon asintió con la cabeza-. ¿Recuedas que pasó durante aquellos tres días?

Lisbon se quedó callada, intentando recordar. Pero las lagunas de su cabeza eran más profundas como para recordarlo todo a la vez.

- No recuerdo mucho.

- Por muy pequeño detalle que sea -insistió Jane.

- Tan sólo me acuerdo de que estaba en el muelle. Entonces alguien me golpeó por detrás -hizo una pausa-. Es lo único que recuerdo con claridad.

- ¿Y no recuerdas nada entre esos días?

- Lo que sé seguro era que me drogaban contínuamente -Lisbon se empezaba a exaltar un poco-. No recuerdo cada cuanto ni tampoco qué era, pero cuando me desperté la primera vez ya estaba atada en mi casa, todo por el suelo y...

- Vale, tranquila -la calmó Jane poniéndole la mano en la frente-. Tranquila, no hace falta que te exijas tanto. Ya vale.

- No recuerdo lo que pasó. Me drogaban una y otra vez. No me acuerdo de nada. Ni siquiera se si me... -se puso pálida de repente- oh, Diós mío.

- ¿Qué ocurre?

- Jane, ve a buscar a Cho.

- ¿Por qué?

- Tú hazlo, por favor. Necesito saber una cosa.

Jane salió de la habitación y fue en busca de Cho, estrañado por su reacción. No tardó demasiado en volver. Los dos entraron y cerró la puerta. Cho se acercó a Lisbon.

- ¿Quierias verme, jefa?

- Cho, te lo pido por favor. Sé sincero, ¿de acuerdo? -aquello preocupó un poco a Cho, aunque asintió con la cabeza y esperó la pregunta-. ¿Sabes si se encontró semen en la escena del crimen? -Cho miró de reojo a Jane, dudoso de la respuesta que debía darle. Pero Lisbon se dió cuenta de eso-. Cho, necesito saberlo -pero él desvió la mirada-. Vamos, ¡dímelo!

- Sí, y en grandes cantidades -contestó sin pensarlo.

El corazón de Lisbon saltó. Se llevó las manos a la boca y naríz, intentando aguantar las ganas de llorar, pero no pudo. Aún así se controló y empezó a llorar silenciosamente, ocultando su rostro entre sus manos. Jane no dudó en acercarse a ella. Le pasó el brazo por los hombros y la abrazó, haciendo que apoyara la cabeza en su hombro. Aquello la superaba, y por muy fuerte que se hiciera por fuera, por dentro continuaba siendo de cristal.

- Lo siento, yo no... -se intentó disculpar Cho.

- No -dijo de repente Lisbon-. Has hecho bien, créeme -decía separándose de Jane.

Un pequeño silencio se creó entre los tres.

- Creo que deberías descansar -intervino Jane en el momento más oportuno.

- Sí, será lo mejor -afirmó Cho.

Lisbon asintió y se reacostó en la cama de nuevo, secándose las lágrimas que le iban cayendo y que caerían durante los próximos minutos. Los dos se fueron y la dejaron sola para que se desahogara un poco. Después de todo, ella tampoco quería que la vieran en esas circunstancias. Era demasiada orgullosa para eso. Se secó las lágrimas y se dispuso a dormir para que se le pasara todo aquello más rápido. También necesitaba descansar, así que fue la mejor elección.

Sobre las nueve de la noche Jane decidió ir a ver a Lisbon para comprobar que se encontraba bien y de que no había hecho ninguna tonteria. Pero antes de entrar vió que Van Pelt se había quedado dormida en la butaca, junto a Lisbon, la cual aún dormía. Jane esbozó una sonrisa. Fue a una máquina de café que había en la planta y luego volvió a la habitación con dos cafés. Lisbon y Van Pelt seguían durmiendo, una al lado de la otra, como si fueran familia, hermanas, lo que hizo que se le escapara una pequeña sonrisa. Cerró la puerta con cuidado y despertó a su compañera con el aroma del café.

- Despierta, Bella Durmiente.

- ¿Jane? -preguntó incorporándose todavía algo atontada-. Me he quedado dormida.

- Tranquila, lo sé -dijo con una pequeña sonrisa en la cara-. Tén.

- Gracias -dijo Van Pelt cogiendo su café-. ¿Cuando has llegado?

- Ahora mismo. Oye, véte a casa. Estás que no te aguantas. Ya me quedo yo.

- ¿Seguro? -Jane asintió con la cabeza-. Bueno, si insistes lo haré -dijo con cierta ironía.

Van Pelt recogió sus cosas y se fue tranquilamente con el café en mano. Jane tomó el asiento que Van Pelt había dejado libre y observó a Lisbon detenidamente. Dormia plácidamente. Estuvo las dos siguientes horas leyendo un libro que él mismo había traído cuando escuchó que Lisbon murmuraba algo. No paraba de moverse en la cama, como si se resistiera a algo. Apretaba los ojos con fuerza, sudaba y respiraba con dificultad. Su ritmo cardíaco aumentaba. Jane se percató de éso y dejó el libro a un lado.

- ¡No, suéltame! ¡No quiero! ¡No!

Jane se levantó de un salto. Se acercó a ella y la cogió de los hombros, apretandola contra la cama para que dejara de moverse tan bruscamente, ya que al final se acabaria haciendo daño. Sin embargo, seguía hablando en sueños.

- ¡No, para! ¡No quiero! ¡Soltadme! ¡No!

- ¡Lisbon! Lisbon, ¡despierta! ¡Lisbon!

Al final consiguió que se despertara, pero estaba muy nerviosa y exaltada. Cogió a Jane de los brazos y miró a su alrededor, como si buscara algo o a alguien.

- ¿Jane? -preguntó muy confusa.

- Lisbon, tranquila. Soy yo, tranquila.

Lisbon estaba completamente desconcertada. Entonces le miró a los ojos con una mirada llena de miedo y angustia.

- Jane, le he visto.

- ¿Qué? ¿A quién?

- ¡A él! Estaba aquí, ¡le he visto! -gritó aún nerviosa.

Pero Jane la cogió fuerte de los hombros de nuevo-. ¡Lisbon, tranquilízate! Aquí no hay nadie. Tan sólo estamos tú y yo.

- Jane, he visto su cara -dijo con los ojos llorosos-. Me pegaba y... estaba abusando de mí.

Al oír eso Jane no dudó en abrazarla con fuerza.- Oh, Lisbon -murmuró en voz baja con los ojos cerrados.

Lisbon también lo abrazó y empezó a llorar de verdad, desahogándose por fín de todo lo que llevaba dentro. Jane no dudó un sólo instante en consolarla.

- Lisbon, nadie te va a hacer daño, ¿me escuchas? Nadie te volverá a hacer pasar por eso nunca más. Vamos a coger a esos hijos de puta, te lo prometo -Lisbon asintió con la cabeza sin dejar de llorar-. Tranquila, estoy aquí. No te pasará nada, estoy contigo. Venga, tranquila -decía para tranquilizarla.