Nota: Bueno, el disclaimer y el de dónde se originó este desafío ya han sido mencionados en el primer capítulo, así que no lo repetiré. Quiero, eso sí, darle muchas gracias a quienes me dejaron review en el capítulo anterior (pese a que igual ya los respondí uno por uno). Espero que este pequeño capítulo les guste tanto o más que el anterior. El sentimiento que le dio origen fue la impaciencia.
Y ya saben, un review es igual a una sonrisa :)
2
El primer beso
El cielo no es más que un manto negro que se extienda en todas direcciones, salpicado de pequeñas motas plateadas que titilan en la lejanía. Es curioso, piensa Rose, que no se divise ni una sola nube gris en el firmamento. Inglaterra no se caracteriza precisamente por sus cielos despejados, ya sea de día o de noche. Pero aquella velada, sabe, es especial, al menos para ella. Y parece como si el mundo quisiera conspirarse a su favor para que todo fuera perfecto.
—¿Ponche?
Scorpius ha llegado a su lado sin que ella se dé cuenta. Le ofrece una copa de ponche, roja y brillante. Los profesores la han encantado para que parezca sangre, en armonía con las decoraciones de Halloween, pero ella sabe que no es más que una simple bebida de cereza. Le da un sorbo a su copa y le sonríe a Scorpius.
El chico está ataviado con una gran capa de terciopelo dorado, un bastón que parece de oro e imitaciones de joyas por todos lados. Está representando a algún mago famoso de la edad media que Rose no puede recordar en aquel momento, porque cuando mira a Scorpius a los ojos, el cerebro se le nubla por completo. El Slytherin tiene esa extraña cualidad en ella prácticamente desde el primer día que lo vio, en el Andén 9 ¾, hace poco más de cuatro años.
—Es una hermosa noche —le dice Scorpius, antes de beber un poco de su propia copa.
—Sí, lo es —sonríe Rose con timidez.
Se coloca un mechón de cabello castaño rojizo, que se ha alisado para la ocasión, detrás de la oreja y se dedica a observar las estrellas. Se ha disfrazado de María Antonieta, pese a la insistencia de Blair de que eligiera un atuendo más relacionado con la magia. "Más extravagante", piense Rose. Blair es del tipo de chicas a las que les gusta llamar la atención, no de una mala manera, sino simplemente con lo que viste. Recuerda cómo el día en que se la encontró en uno de los vagones del expreso de Hogwarts, llevaba una pluma de faisán azul sobre la cabeza. Ahora ya no trata de llamar la atención constantemente, pero una fiesta de disfraces simplemente es la ocasión perfecta.
—Te ves muy bonita cuando sonríes, Rose —oye que le dice Scorpius. Se sonroja—. ¿En qué pensabas? —le pregunta él, curioso.
Ella niega con la cabeza, porque su recuerdo sobre la primera vez que vio a su ahora mejor amiga no le parece interesante, pero al final acaba por ceder. Ha leído en los ojos grises como la plata de Scorpius la insistencia y cómo no va a dejar ir el tema así como así. A lo largo de los años, Rose ha aprendido a estudiarlo. Puede ser un patán a veces, alguien demasiado pagado de sí mismo (aunque no puede culparlo, tiene con qué), pero también es una persona perseverante, trabajadora, audaz…
Tras un suspiro, Rose procede a contarle a Scorpius aquella memoria de su primer día en el Andé el expreso de Hogwarts. Omite, por supuesto, cómo perdió el aliento en el momento en el que lo vio a él, pero le relata con detalle su encuentro con Blair y su extravagante pluma de faisán. Scorpius ríe, divertido, y Rose no puede evitar pensar en lo atractivo que se ve cuando se ríe. Incluso se oye atractivo, con esa risa grave y musical tan suya, imposible de ignorar.
Scorpius es el chico perfecto, todo el mundo lo dice. La mitad de sus compañeras de curso están muertas por él, lo sabe. De sus compañeras de cuarto, únicamente Blair no le lleva el apunte, pero eso es porque a Blair le gusta Albus. Rose lo sabe aunque su mejor amiga no se lo haya dicho nunca. Y no hablan al respecto porque su primo sólo parece tener ojos para una tal Rachel Evans, una Slytherin de cuarto dulce y muy, muy bonita.
"Ojalá Scorpius me pidiera ir a la fiesta de Halloween con él", había escuchado decir a Mary Anne Skeates, una chica de Hufflepuff de cabello negro y rostro soñador hacía un par de semanas, durante la clase de Encantamientos. No había sido ella la única que había soñado despierta con aquella posibilidad. Y a medida que el treinta y uno de octubre se acercaba, todas sus compañeras parecían estar pendientes de a quién invitaba el Slytherin.
"Y al final, me ha invitado a mí", piensa Rose, mientras oye hablar a Scorpius. Le está contando sobre los entrenamientos de Quidditch de ese año, en el que lo han elegido capitán. A Rose nunca le interesó mucho el Quidditch, pero igual lo escucha con atención por el simple hecho de verlo hablar con tanto entusiasmo. No puede evitar contemplar sus labios, finos y delgados pero muy, muy apetecibles. Se humedece ella misma sus labios y se pregunta cuándo va a besarla Scorpius.
Porque va a besarla, ¿verdad? No puede ser que le haya pedido que vaya a la fiesta de Halloween con él y nada más. ¿O sí? Han bailado toda la noche, han comido, han bebido y luego han salido al patio, donde casi no hay nadie. Rose no cree que esa búsqueda de una mayor privacidad sea una mera coincidencia. No, está segura de que Scorpius tiene que haberla llevado hasta allí para algo más.
Pero Scorpius no reacciona. Continúa hablando, ahora de las materias. Aquel es el año de los TIMOS y él se muestra casi tan preocupado por los exámenes como el Ravenclaw promedio. Quiere que sus padres se sientan orgullosos, le dice a Rose. Ella puede entenderlo perfectamente, porque también siente mucha presión sobre sus hombros y la necesidad de hacer que sus progenitores se sientan orgullosos. Pero no es una tarea fácil, no cuando su madre es una de las brujas más inteligentes de Gran Bretaña. No cree poder alcanzar los mismos resultados que ella en sus épocas de colegio.
—Deberías querer sacar buenas notas por ti, no por tus padres —le dice Rose.
Scorpius detiene su discurso y asiente, con una sonrisa, en señal de acuerdo. Se queda en silencio, aparentemente sin saber que decir. Rose siente como su corazón comienza a latir cada vez con más fuerza. Late tan fuerte que está segura de que Scorpius puede escuchar el ritmo al que bombea sangre al resto de su cuerpo. Rose siente que en cualquier momento se le va a escapar del pecho, ante la sola idea de probar los labios de Scorpius.
Pero el Slytherin no hace nada. ¡Nada! Puede ser un Buscador de hábiles reflejos, pero en aquel momento parece más lento y perdido que lo que estaría ella arriba de una escoba. Lo ve sonreír, bajar la mirada y alzarla otra vez. Clava sus ojos grises en los castaños de ella. Sonríe otra vez. Rose se muerde el labio. No se aguanta más, la impaciencia la está matando. Así que lo hace, da ella el primer paso. Y el segundo. Y cuando quiere darse cuenta, está besando a Scorpius.
Aquello basta para que el rubio reaccione. La toma de la cintura y la atrae un poco más hacia su propio cuerpo. Prueba sus labios con delicadeza primero y con mayor ímpetu después. Rose saborea aquel dulce tacto. No puede creer que realmente esté besando a Scorpius Malfoy, el chico más apuesto de todo Hogwarts, aquel que ha logrado librarse de la mala reputación de su familia a base de su encanto, su inteligencia y su esfuerzo.
Cuando se separan, aún mantienen las frentes pegadas. Ambos tienen las mejillas sonrosadas y se encuentran ligeramente agitados. Ríen, porque no saben qué otra cosa hacer, y Rose siente que no podría haber tenido un mejor primer beso.
