EL REGRESO DE TOMOE
POR HITOMI—DONO
¿¡De dónde salió!? ¡Kenshin…. esa mujer te busca y dice conocerte! ¿Tomoe en la era Meiji, viva? Ahora cómo podrán casarse en paz cuando el primer amor de la vida de Kenshin ha regresado. ¿Tomoe o Kaoru?
Capítulo 1: Ella es Tomoe
La mujer terminó de bañarse. Su cuerpo estaba frío, había viajado desde muy lejos en busca de aquel hombre; lo que más deseaba era verlo. Estaba totalmente desnuda, a punto de usar uno de los Kimonos que aquella Kendoka le había dado. Esa mujer se veía muy feliz, sus ojos reflejaban alegría, ¿acaso era algo de él? En comparación con ella, Tomoe tenía una mirada que reflejaba una profunda tristeza y a la vez vacío emocional. Estaba herida y quería ver a ese hombre para sentirse mejor.
— ¡Ya llegamos! —Escuchó desde la entrada.Esas palabras y esa voz llegaron hasta los oídos de la mujer. Era la voz de él, de Himura. Oírla de nuevo hizo que su mirada dejara de ser una vacía y cobrara sentido; unas lágrimas salieron por sus ojos, resbalando por sus mejillas suavemente. Se colocó su Kimono lo más rápido posible, el mismo que estaba lleno de sangre. Había un silencio muy pacífico en aquel dojo, sin embargo, a ella se le aceleraba la respiración.
Se vistió lo más rápido posible, y con el pelo suelto salió; húmeda, desprendiendo un delicioso aroma a Cerezo Blanco. Caminó lentamente por el pasillo, las piernas le temblaban, no lo podía creer. — ¿Alguien me busca?— Escuchó de nuevo su voz, se asomó un poco y lo vio. Maduro, ya era un hombre; ella también había cambiado mucho en aquél tiempo, era mucho más hermosa que la última vez que se vieron.
Caminó lentamente e indecisa, pero finalmente se paró frente a todos y con la voz cortada llamó su atención. —Buenas Noches. —dijo. Él se volteó en seguida.
Kenshin la vio y su corazón se aceleró. Su cuerpo no reaccionaba, alguna parte de su corazón le dolía, estaba más dolido que nunca. La mujer lo miró con tristeza, ambos estaban desconcertados.
Kaoru observó a la mujer y a Kenshin, que se miraban como si se conocieran de toda la vida. Algo no estaba bien, podía ver la tristeza que reflejaba el rostro de Kenshin, como si su corazón llorara por dentro. Se sintió completamente fuera de lugar.
— ¡Vamos, no se... miren así! —Intentó romper la densa atmósfera del lugar. — Si van a hablar pueden pasar adentro, Yahiko y yo no los molestaremos. —Kaoru tomó al niño de la manga y se lo llevó.
— ¿Eh? Muchas gracias, Kaoru-dono. Me gustaría estar a solas con la señorita, ¿podemos pasar a mi habitación, si no es mucha molestia? —Kaoru se puso completamente roja.
— ¿A tu habitación? —Kaoru esperaba la típica expresión de Kenshin "Oro", sin embargo sin ninguna palabra más, él y la mujer pasaron frente a ella. La pelinegra, que seguía a Kenshin hasta su cuarto la miró con evidente molestia.
— ¡Oye Fea! ¿Por qué no aprendes de esa mujer? Ella en verdad sí es linda y no es una bocona como tú. Sólo que no comprendo porque tienen que conversar en la habitación de... ¿qué querrá con Kenshin? —Se preguntó Yahiko, Kaoru lo miró con furia. Tenía la vena de la cabeza hinchada, a ella le seguían diciendo "Fea" como siempre, mientras a esa mujer le decían "bonita". Nunca recibía un buen trato, así que para desquitar su ira golpeó a Yahiko con fuerza, dejándolo en el suelo aturdido. Kaoru arrastró al niño hasta su habitación donde lo acostó para que se durmiera. Salió y se sentó en el pasillo observando el cielo.
—Otra vez me dijo "Kaoru-dono" —Suspiró. — Otra vez me trata con respeto, ¿acaso, esa mujer es algo suyo? No puedo evitar estar celosa, y más si se trata de una mujer tan hermosa como ella. A mí siempre me llaman fea y aunque no lo parezca, siempre me ha dolido mucho. ¿Será verdad de que soy la peor pareja para Kenshin?
Se apretó los labios, estaba harta de que no la trataran bien, quería llorar, y a la vez no, solo quería gritar de rabia, contra todos.
En la habitación, Kenshin estaba sentado mirando la ventana y la mujer a su lado. La oscuridad los invadía. — Esto es increíble, no puedo creerlo... —Murmuró Kenshin con tono melancólico. — No sé qué hacer. ¡El pasado y el presente no combinan! Mira, yo no puedo hacer nada por ahora, necesito pensar bien lo que sucede. —aclaró. — ¿Sabes? Es de madrugada, lo mejor será dormir.
El pelirrojo se levantó, las piernas le temblaban. La mujer tenía la mirada baja, y ver cómo Kenshin salió de la habitación casi huyendo de ella la entristeció. La verdad era que Kenshin no quería salir, pero debía hablar con Kaoru. La mujer abrazó su cintura repentinamente.
— ¡No te vayas nunca de mi lado, Kenshin! No te vayas… —La mujer recargó su cabeza en la espalda de él. El pelirrojo tenía los ojos abiertos, en ese momento recordó cuánto había amado a esa mujer que lloraba tras él y que él hubiera dado la vida por ella. Recordó que la amaba tanto, tanto o más que a Kaoru. Ella había marcado su vida, ¿cómo podía dejarla, ahora que estaba de regreso? Se volteo y de un movimiento rápido la abrazó, la abrazó con fuerza; no pudo evitar sacar unas lágrimas de felicidad.
—No sabes cuánto tiempo llevo pensando en ti. —La mujer abrió los ojos sorprendida.
—Entonces… no soy la única que sufrió. —Musitó como respuesta. Kenshin estaba serio, la tenía de nuevo entre sus brazos.
—Hace tanto tiempo he llorado por ti, sin poder olvidarte. Sin embargo, ahora tengo una familia... mis amigos. No puedo dejarlos. Quizás no te has dado cuenta pero han pasado...
—Han pasado doce años. —Completó la mujer.
—Sí.
— ¡Perdón si inter...! —se disculpó Kaoru, quien llegó momentáneamente. Pudo ver a Kenshin en los brazos de esa mujer y le dolió mucho; sentía que iba a morir. Kenshin soltó a la mujer de golpe, quien también quedó sorprendida. — Bueno, no quiero interrumpir. —Continuó con voz dura. La Kendoka cerró la puerta. Quería salir corriendo y llorar, pero sus piernas no reaccionaron, sólo pudo caer lentamente al suelo. Le dolía el pecho, le costaba respirar y empezó a sacar lágrimas de tristeza.
Kenshin salió de la habitación y encontró a Kaoru acurrucada. —Kaoru, no llores… Tranquila no quiero verte así. —El pelirrojo intentaba buscar unas palabras, pero sólo lograba que ambos se sintiesen peor.
Tomoe salió de la habitación también y se detuvo en el pasillo. Kenshin estaba consolando a esa chiquilla. — ¿Familia, amigos? Entiendo que esta mujer no te ve como un amigo. Perdóname, perdóneme señorita. —La mujer se acercó a ella e hizo una reverencia en señal de disculpa.
Kaoru la observó de cerca; olía a sangre y a Flor de Cerezo Blanco. —No puedo, yo no quiero ver esto. No los interrumpiré. —Intentó levantarse y salir, pero Kenshin la detuvo.
—Señorita Kaoru, no dejaré que se vaya sin antes saber qué es lo que sucede.
— ¡Suéltame Kenshin! —Intentó zafarse, pero el pelirrojo le impedía salir.
— ¡Entiende, Kaoru! No es lo que piensas, ella es… —Kenshin no sabía qué decir, estaba tan confundido como ella.
—Yo lo explicaré —habló por fin la mujer. — Mi nombre es Tomoe Yukishiro. —Kaoru quedó en shock; sentía dolor, mucho dolor, incluso más que antes. — Yo soy la esposa del señor Himura: la esposa de Kenshin. —La Kendoka no lo podía creer, era lo más increíble que había escuchado en su vida.
— ¡Eso no puede ser! —exclamó confundida. —Tomoe Yukishiro murió en la era Tokugawa. Ella murió hace más de doce años. —Aseguró. No quería pensar que fuese real. En su mente recordó la amenaza que le había hecho el brujo aquella tarde. "¡Arruinaré su vida… y la tuya!
—Es imposible, Kenshin. No puede ser. —Kaoru no dejaba de llorar.
—Por alguna razón estoy aquí, lo más seguro es que el destino quiera que Kenshin esté conmigo. No logro entender qué eres de Kenshin. —Tomoe miraba el cielo lleno de estrellas.
—Él y yo estamos comprometidos. —Murmuró Kaoru, sintiéndose pequeña. —La mujer de aroma a cerezo volteó con rapidez y se quedó sin palabras.
—Pero, es más que eso. —Himura observó a Kaoru, levantarse poco a poco, quedando a la altura de Tomoe Yukishiro. — Kenshin se convirtió en mi familia, es la única persona con la que deseo estar por siempre, él ha llenado el gran vacío de mi corazón. Mi soledad se acabó gracias a él, ahora soy muy feliz porque tengo a alguien por quien llorar, reír, pensar, y tengo a alguien a quien amar. —La Kendoka se limpió sus lágrimas con la manga de su kimono. —Tomoe, entiendo tu situación y si te quieres llevar a Kenshin creo que podría comprenderlo; si yo estuviera en tu lugar haría lo mismo. No quiero que él se vaya de mi lado, y tu tampoco, sé que las dos sufrimos. Aún así, te ruego: Tomoe, no me quites a Kenshin, él es lo único que tengo. —Terminó Kaoru y no pudo evitar romper en llanto.
Kenshin estaba dolido, no podía quedarse con las dos, siendo que amaba a ambas. Ambas significaban algo especial para él, una en su pasado, y la otra en el presente.
—Kaoru, ¿dejarías a Tomoe estar en el dojo un tiempo? —Sugirió Kenshin. Le constaba que era un favor demasiado grande para la chica.
—Sí, quédate el tiempo que consideres necesario. —Kaoru tenía la voz cortada y se intentaba limpiar las lágrimas, Tomoe la miró sorprendida.
—Tomoe duerme en mi habitación. Yo usaré otra. —Solucionó Kenshin, yéndose. Kaoru fue tras él.
Aun así, Kaoru no sabía qué decir, sólo quería ocultar su verdadera tristeza, Kenshin caminaba a su lado. —Kaoru—dono, no quiero molestarla. Sé que esto es doloroso, para mí también lo es. Tengo que pensar las cosas, dormiré con Yahiko. —Resolvió.
Kenshin se iba. — ¡Kenshin! —llamó Kaoru, desesperada. El pelirrojo se detuvo, ella se acerco a él y lo abrazó.
—Duerme conmigo, no quiero que te vayas de mi lado… por favor Kenshin. —Rogó con la voz en hilo. El pelirrojo se sentía dolido por causarle tristeza.
—Me gustaría estar usted, Kaoru—dono; pero sería lo mismo que si en este momento me fuera a dormir con Tomoe. Perdóneme.
Kenshin se metió a la habitación de Yahiko. Kaoru corrió a su habitación y se acostó en el futón, estaba llorando, no podía dejar de pensar en Kenshin y en cómo él la había rechazado.
Había amanecido, Kaoru se levantó, sus ojos estaban rojos. Al salir pudo observar a Yahiko comiendo. —Yahiko, ¿qué comes? apenas iba a hacer el desayuno. —dijo la Kendoka sin ánimos.
—Pues, la mujer de ayer se quedó y preparó el desayuno, le quedó delicioso, ¡cocina mucho mejor que tú! —A Kaoru se le hinchó una vena en la cabeza.
—Yahiko, ¡eres un tonto! —El niño esperaba el golpe de parte de la chica, pero en lugar de eso ella sólo se sentó y suspiró profundamente.
Tomoe salió de la cocina con té. —Discúlpame, Tomoe. Buenos días, no tenías que hacer el desayuno.
—No te preocupes, es lo mínimo que puedo hacer.
—Gracias, ¿y Kenshin?
—No sé, cuando desperté ya no estaba.
—Oh no... —Kaoru salió corriendo del dojo.
— ¿Dime, pequeño, ella siempre es así? —Preguntó Tomoe a Yahiko de una forma muy tranquila.
—Cuando se trata de Kenshin, siempre está ahí. —Respondió el niño sin darle mucha importancia.
Kenshin caminaba por la calle, los árboles dejaban caer pétalos de rosas, lentamente. La brisa le daba en la cara, mientras se debatía en sus pensamientos.
—Ahora mis sentimientos están confusos. Ya no estoy seguro de nada. ¿Tomoe o Kaoru? Las dos son tan especiales, aún amo tanto a Tomoe, y Kaoru ha sido alguien muy importante en mi vida. Tomoe llegó primero, le prometí que yo protegería su felicidad, ella nunca podría dejar de ser especial; y Kaoru también, a ella nunca le importó mi pasado, me aceptó y se enamoró de mi, de un asesino. Se enamoró de Battousai, el destajador. ¿Tomoe volvió por mí? ¿Cómo puedo corresponder sus sentimientos sin herir a Kaoru? ¿Cómo puedo cumplir mi promesa con Kaoru, si Tomoe ha regresado?
Kenshin se acercó al río —Tal vez aquí pueda meditar. — El pelirrojo se acercó el río y se sentó en la orilla.
La última vez me encontré a un hombre, un pescador. Él había perdido a la mujer de su vida por estar en otras cosas. ¿Será que el verdadero amor es uno solo, y lo encuentras sólo una vez en la vida? ¿Quién es mi verdadero amor? ¿Cómo podré saberlo?
— ¿Puedo estar con usted? —Kenshin volteó a ver. Era una mujer de unos treinta años.
—Claro, señora. —El pelirrojo que se encontraba acostado, se sentó con la señora mirando el río.
—Puedo ver en tus ojos preocupación, muchacho.
— ¿Eh? —Kenshin se sintió descubierto. —Bueno, no la he pasado bien.
— ¿Por qué no me cuentas lo que te sucede? —Lo invitó la mujer.
—Lo siento señora, pero no la conozco lo suficiente como para…
—Mi nombre es Kenia, ya me conoces.
— ¿Y ese es un nombre japonés?
—No soy exactamente de Japón, vine porque mis padres trabajaban aquí. Cuando era una joven tuve que despedirme de muchas personas importantes en mi vida. — Kenshin se giró a ver mostrando interés. — Fue hace tanto tiempo, en la era Tokugawa, supongo que no lo entiendes, debiste haber sido tan solo un niño.
—Mi padre trabajaba transportando armas, con los Shùshi zhànshi de China, era un grupo de brujos. Él no era de China, pero traía armas europeas, que eran mucho mejores. Como en esa época Japón estaba en guerra, mi papá optó por vivir en China, aprendí el Chino y le agarré cariño a mis amigos; un día me enamoré, siempre hablaba con él, pensaba en él, hasta que nos escapamos de todos y juntos. Me pidió matrimonio, yo estaba feliz. No le pensábamos decir a nadie porque mis padres no lo permitirían hasta que fuéramos mayores de edad; con el tiempo todo iba bien, hasta que mi padre no regresó de China. —Kenshin entendió perfectamente, los Shùshi zhànshi habían sido todos asesinados.
La mujer continuó. —Pasó un año sin saber nada de él, para ese entonces mi prometido había entrenado para ser un gran artista marcial, se había convertido en un nuevo Shùshi zhànshi, una un guerrero mucho más poderoso, de élite. Él era mayor que yo, poco después nos enteramos que todos los que habían venido a Japón fueron asesinado, mi mamá y yo no lo pudimos creer así que decidí venir a buscarlo a Japón junto a mi querido amor. Viajamos hasta acá, fue difícil pero llegamos sin problemas, gracias al gobierno de China. Ellos nos enviaron junto a decenas de soldados a buscar venganza. En un ataque, él y yo nos separamos. Nunca volví a verlo.
Kenshin entendía su dolor, pero decidió callar.
—Lo más triste no fue que él se haya ido, si no las cosas que descubrí. Mi padre murió, efectivamente; pero mi prometido sigue vivo. Lo sé porque él me envió una carta diciendo que me amaba y que lo mejor era separarnos, no aunque no me podía decir la razón. También decía que ya no era un guerrero, y que llevaba una vida pacífica. Escuchar eso me hizo sentir débil, él fue de los últimos Shùshi zhànshi vivos mandados a Japón y yo no tenía dinero para regresar a China, así que me quedé aquí, aprendí japonés, y conocí al hombre que ahora es mi esposo. Debo admitir que no me arrepiento de haber sufrido, porque gracias a eso conocí a mi marido, que es un hombre muy bueno. —Sonrió la mujer, finalizando su historia. El pelirrojo miraba al horizonte.
—De los últimos guerreros enviados desde China, ¿pudo haber sido el hombre al que me enfrenté? —Pensó el pelirrojo. El mundo era muy pequeño.
—Dime, ¿y si lo volvieras a ver?
— ¿Eh?
—Si volvieras a ver a tu prometido, ¿qué pasaría entre tú y tu marido? ¿ y si él te busca por que quiere estar contigo y te ama aún?
—Pues, me acercaría a él, le vería el rostro, le sonreiría. —Kenshin se sorprendió. —Le abrazaría, y le presentaría a mi familia, a mi esposo y a mis hijos. Luego lo dejaría ir.
—Acaso, ¿ya no lo amas?
—Él fue parte de mi pasado, muchas veces, el primer amor no es el verdadero amor. Él fue parte de mi pasado, sólo eso. Decidí ver hacia el futuro. —La mujer se levantó. — Gracias por escucharme.
La mujer le agradeció sinceramente por la atención, limpió su ropa y subió la pequeña ladera del río, para desaparecer. Kenshin decidió hacer lo mismo. Emprendió su viaje de regreso al dojo Kamiya.
—Decidí ver hacia el futuro… —Murmuró, recordando las últimas palabras de la mujer. ¿Será que Tomoe era parte de su pasado? ¿Y Kaoru?
CONTINUARÁ…
