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Ghoul.
GOCHISOOSAMADESHITA.
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Se sentía tan pesado y no tenía ganas de levantarse o de abrir los ojos, la superficie suave y acolchonada bajo su cuerpo se sentía estupenda, tanto como para dormir los siguientes cien años.
No. Se dijo a sí mismo, no podía seguir durmiendo, tenía que asistir a clases y al trabajo, tenía que estudiar para el próximo examen, tenía que limpiar su habitación y su casa, tantas cosas que hacer, definitivamente no podía quedarse más tiempo en esa cama.
Lo sabía.
Pero también sabía que al abrir los ojos solo se toparía con la realidad. Una terrible realidad de la cual no tiene ni tendrá escapatoria.
—Kouki~~— Aun en medio de la inconsciencia el castaño es perfectamente capaz de reconocer aquella suave y engañosa voz, es la única que escucha en aquella habitación. – Despierta, tengo hambre… — Sus parpados se abren poco a poco, su ceño se frunce y su cuerpo se remueve por la inmensa cama, la fina seda que envuelve su cuerpo cae al piso y Seijūrō sonríe complacido.
La luz es encendida y Seijūrō puede observar mejor al chico, Kouki desliza la camisa sobre su brazo y su hombro queda descubierto, la suave piel que emana un delicioso aroma, y Seijūrō no puede evitarlo, sus instintos son más grandes que su control, muerde con fuerza la carne, la arranca y Kouki ahoga un grito de dolor cubriendo su boca, las lágrimas saladas se deslizan sobre sus mejillas, cierra con fuerza sus ojos y solo escucha como el pelirrojo mastica varias veces antes de tragarla por completo.
La lengua de Seijūrō se desliza de nuevo por el área, esta vez limpiando la sangre que ha comenzado a brotar, no es mucha porque el cuerpo de Kouki ha cerrado la herida rápidamente.
—Duele… — Susurra el castaño.
—No mientas. – Responde aun con una sonrisa en su rostro, para segundos después volver a morder el área, y Kouki se encierra en un mundo totalmente en blanco, sin sentimientos y vacío. Solo así puede mantener la cordura, solo así puede seguir pensando que aún es un humano normal.
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* Dos meses atrás *
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Estaba completamente confundido y aterrado, sus manos había sido atadas mientras aún estaba inconsciente, las lágrimas se acumulan en sus ojos y se deslizan lentamente por sus mejillas ruborizadas.
¿Cómo es que todo termino de esa manera? El solamente deseaba regresar las llaves del club, solamente deseaba llegar más temprano a casa y olvidarse momentáneamente de la escuela.
Todo es tan vago, como una nube brumosa, es como estar viendo una película de mala calidad, de un momento a otro se encuentra escuchando las palabras de Akashi, después siente dolor y al siguiente segundo se ve reflejado como un auténtico monstruo. Lo siguiente que recuerda es haber despertado en una cama más grande que la suya, totalmente desnudo, con sus manos atadas y se ha encontrado a Seijūrō mirándolo fijamente con una sonrisa en su rostro.
—Kouki… — Seijūrō extiende por completo la pierna del chico, Kouki intenta moverse, quiere luchar, intenta patearlo, pero todo eso se queda en un intento, se siente tan débil que incluso llorar le cansa, se siente mareado, todo su mundo da vueltas como loco y entonces su estómago gruñe. – No luches. No puedo maltratar la comida. No es lo que me han enseñado mis padres. – Dice y Kouki es perfectamente capaz de reconocer el cinismo en aquel tono de voz.
— ¿Q-que… haces?
—No mucho. Degusto la comida. – Y las yemas de sus dedos recorren el pecho de Kouki, la piel suave y cálida, el delicioso aroma que emana, sus dedos se pasean por la clavícula, bajan lentamente siguiendo al esternón y algunas veces se detiene en las costillas. – Deberías comer un poco más, estas muy delgado, Kouki. – El castaño tiembla cada vez que Seijūrō dice su nombre, no sabe si es por el miedo o por la vergüenza, debe ser una combinación de ambas. – Así no podré quedar satisfecho.
—Por favor… — Es patético, lo sabe, pero que otra cosa puede hacer más que rogar por su vida.
— ¿Tienes hambre? – Kouki niega lentamente, aunque este muriéndose de hambre en este momento, aun que piense que el hambre termina por devorarlo por completo, de todas maneras todo le sabe horrible, el pescado, el arroz, el miso, los dulces, las verduras. — ¿Quieres un poco de esto? – Y antes de que Kouki vuelva a negar frenéticamente, Seijūrō le obliga a abrir la boca e introduce un pequeño trozo de carne, cruda, aun goteando sangre, pequeñas gotas caen sobre el pecho de Kouki, otra pequeña gota se desliza por su barbilla.
Su lengua de inmediato reconoce el sabor metálico de la sangre.
Kouki intenta vomitar.
El pelirrojo cubre la boca y la nariz de Kouki, obligándolo de esta manera a comer aquel trozo de carne, Kouki tiembla, sus ojos llenos de gotas saladas, su corazón desbocado y sus pulmones pidiendo aire a cada segundo que pasaba, la sangre en las manos de Seijūrō, fresca, cálida…
Es asquerosa… esa sensación.
Es… completamente, repulsivo… el sabor…
La sangre… en su lengua…. El sabor es…
Asqueroso…
No.
Y Kouki la come. Y es deliciosa. Una sola cosa se refleja en sus ojos, uno de ellos castaño y el otro teñido en negro y rojo.
Desea más. Quiere comer más.
Quiere más de ese delicioso sabor, quiere comer hasta llenarse por completo.
Seijūrō la sabe.
— ¿Qué tal está? ¿Sabe bien? – Retira sus manos del rostro de Kouki y con una sonrisa toma otro bocado para llevarlo de nuevo hasta la boca del castaño, y Kouki sin control sobre su propio cuerpo, llevado solamente por el instinto de saciar su hambre, abre la boca para comer más. — ¿Te gusta? – Y Kouki asiente, sus mejillas y labios manchados de sangre, deslizándose sobre la piel, que poco a poco retomaba un color más vivido. Sus labios carnosos y pintados en un hermoso color carmesí, Seijūrō no pudo evitar inclinarse y morderlos, suavemente, degustando también los rastros de sangre.
—Más… — Susurro con vergüenza.
—Kouki… ¿Tienes alguna idea de lo que eres? – Pregunta y Kouki niega levemente, se siente tan desprotegido, expuesto totalmente al pelirrojo. Seijūrō no esperaba en realidad que Kouki pudiera responder esta pregunta. –Así está bien. Eso es lo mejor – Sus dedos retiran un mechón de cabello castaño de la frente de Kouki y lo llevan detrás de la oreja, pequeñas gotas rojas se esparcen sobre su rostro y su cabello.
Seijūrō sonríe cada vez que observa esa combinación de colores en uno de los ojos de Kouki.
Y la herida en el cuello del castaño ha desaparecido por completo.
—Tengo hambre. – Susurra Seijūrō y Kouki se estremece y quiere gritar, soltar sus manos y salir corriendo cuando los ojos de Seijūrō cambian, ahora es totalmente consiente de ese cambio. Tiene miedo, porque imágenes vuelan dentro de su cerebro, dispersas y vagas, la borrosa y distorsionada imagen de su reflejo con uno de sus ojos similar al del pelirrojo. – Quiero comer, Kouki.
Su boca no se mueve, por más que su cerebro le de esa orden. No grita, no habla. Solo llora.
Solo desea saber cuándo es que tendrá la benevolencia de matarlo y espera que sea una muerte rápida y sin dolor.
Nada más alejado de la realidad, porque Seijūrō no piensa matarlo, no podría, no podría seguir viviendo sin ese delicioso sabor. Ahora mismo Seijūrō puede entender un poco las adicciones… él era adicto a algo aún más peligro que el alcohol, el cigarro o las drogas.
Solo un pequeño bocado había bastado para desear más y más y más y más… más de ese sabor, más de esa sensación placentera que recorría todo su cuerpo. Más, más, deseaba más.
Era adicto al sabor de Kouki.
—Gracias por la comida. – Le escucha decir y Kouki cierra los ojos cuando Akashi se inclina y su rostro está a menos de medio centímetro del suyo, siente la respiración del contrario chocar contra su mejilla, el aire es cálido y húmedo, su cuerpo tiembla e intenta no moverse. Su piel se eriza cuando Seijūrō lame su mejilla, limpiando la sangre que había comenzado a secarse.
Siente como sus piernas son levantadas y separadas con facilidad, Seijūrō se ha acomodado entre ellas para tener más control sobre la situación, sus mejillas estallan en un furioso sonrojo, avergonzado, con miedo y preguntándose si es que Akashi no encuentra asqueroso ese contacto entre dos hombres, especialmente cuando uno de ellos - Kouki- está completamente desnudo.
—Quiero irme a casa. – Se arma de valor y pronuncia cuatro palabras, para su suerte correctamente, o eso piensa hasta que Seijūrō suelta una carcajada.
—No puedes ir a casa.
— ¿Por qué?
—Kouki, la cena debe servirse en el comedor. – Y Kouki grita lleno de pánico cuando Seijūrō muerde su hombro, es doloroso, sorpresivo y aterrador, le escucha morder y siente el líquido bajando por su pecho, es cálido y espeso, recorre la piel lentamente, intenta desatar con desesperación sus manos, Seijūrō arranca de nuevo la carne y la mastica, con lentitud, disfrutando del sabor, único, adictivo, delicioso. Cuando la carne pasa por su garganta Seijūrō sonríe y Kouki solamente quiere despertarse de esa horrible pesadilla.
Un sollozo se escapa de sus labios, pero a Seijūrō poco le importa, su lengua se desliza con placer siguiendo la sangre que baja por el torso del castaño, la sangre de Kouki también se ha deslizado por la espalda, pero esta se ha perdido en las almohadas y mantas de la cama, un total desperdicio, piensa Seijūrō con tristeza.
Y una sonrisa lasciva aparece en su rostro, quiere verlo gritar y llorar, quiere darle dolor y placer. Debe saber que ahora mismo ya no tiene libertad, ni voluntad, ni derechos, ni opinión. Ahora su vida le pertenece, debe estar consiente de cuál es su lugar.
Su lengua baja por el torso y que cuando el camino de sangre ha terminado Seijūrō sigue bajando, Kouki se remueve incomodo, su corazón late rápidamente y su mente no logra procesar todo lo que ocurre a su alrededor.
Solo sabe que Seijūrō no debe seguir bajando.
—No… — Susurra y una sonrisa se forma en los labios de Seijūrō antes de besar la piel de la pelvis, sus manos empujan las piernas del castaño hacia afuera, y aunque Kouki se resiste, Seijūrō es mucho más fuerte que él.
Le ha alimentado un poco, solo para que no se desmayara.
—Sé que te gustara… no tienes por qué tener miedo.
–Suéltame… – murmuró y las lágrimas volvieron a brotar
–Lo siento, eso no está permitido… – Seijūrō sonrió. Y su mano se deslizo por las piernas de Kouki, acariciando la suave piel que desprendía un aroma delicioso, su lengua moría por probarla. Su boca se deslizo por el interior de sus muslos y mordió la piel hasta hacerla sangrar, Kouki grito de nuevo. – No puedes escapar, no tienes un lugar al que regresar, nadie espera por ti, ¿Me equivoco?
—No, no te equivocas.
—Entonces ¿Por qué peleas? Solo ríndete.
Sabe que lo mejor sería dejar de luchar, dejar que terminara de matarlo a su gusto, dejar de llorar y envolverse en un mundo totalmente vacío, pero…
Kouki nunca le había temido a la muerte, la deseaba tanto, pero nunca había tenido el valor de apresurar el momento, muchas veces dejaba sobre la mesa de su habitación, una pequeña navaja y se quedaba horas y horas viendo ese pequeño objeto, no le temía a la muerte, pero si al dolor.
Y ahora, justo en este momento cuando Seijūrō le ofrecía el camino que tantas veces quiso tomar, ¿Por qué lo dudaba? ¿Por qué simplemente no se rendía? ¿Por el miedo al dolor? ¿Por qué las sonrisas de sus padres llegaban hasta su mente? ¿Por qué los miembros del club de biología seguían sonriendo para él? ¿Por qué recordaba a la amable anciana que siempre le horneaba deliciosas galletas de chocolate?
Acaso… ¿Deseaba aferrarse a la vida? ¿Acaso no estaba ya cansado de ella? ¿Por qué lloraba?
—No quiero morir… — Susurra débilmente, tan bajo que nadie podría escucharlo, siendo Seijūrō una excepción. Kouki vio directamente a Seijūrō a los ojos, a esas irises carmesí.
Y sonrió, nunca podrá encontrar una respuesta a porque lo hizo. Simplemente sus labios se curvaron en una sonrisa. Quizás era el miedo tomando completo control de su cerebro, o simplemente la cordura comenzaba a dejarlo.
Sinceramente Kouki se daba asco y lastima.
Desde que sus padres habían muerto lo único en lo que pensaba era en morir, descansar de este mundo tan podrido e imperfecto, ir a donde tuviera que ir después de morir, día tras día, hora tras hora, minuto a minuto, sus pensamientos solo giraban en torno a esta idea.
¿Sus padres sonreían? ¡Por supuesto que lo hacían! ¡Ellos siempre sonreían para él! Y ahora ya estaban muertos. No sentían dolor, ni tristeza por estar solo. No tenían idea de lo sofocante que podía ser la vida.
—No quiero morir. – Repite de nuevo, esta vez un poco más alto.
¿Debió morir tras el disparo? ¿En serio habría elegido la opción de morir, si es que se la hubiesen dado en el hospital? ¡¿Habría dudado como ahora?!
—No morirás, eres una fuente de comida irremplazable. – Para ese instante Kouki había perdido por completo la conversación ¿No morirá? ¿Comida? ¿Él?
— ¿Qué…? ¡NO! – Grito lleno de vergüenza y pánico cuando la mano de Seijūrō acaricio lentamente su pene, deslizo su palma desde la punta hasta la base, Kouki cerro sus ojos y su boca, para evitar que sonidos aún más vergonzosos salieran de ella. — ¿Q-que… haces?
— ¡Shhhhh! Solo cierra tus ojos y no pienses en nada. – Susurro, para después bajar lentamente, lamio el interior de los muslos de Kouki, la herida anterior ya había desaparecido, pero el aroma seguía ahí, cautivándolo, invitándole a seguir mordiendo y comer hasta saciarse. El castaño intento cerrar sus piernas con fuerza, pero Seijūrō lo evitaba y su lengua siguió bajando, su boca fue directamente hasta el miembro de Kouki y repitió las acciones de su mano ahora con su boca.
— ¡Noo! ¡Por favor, detente! ¡Detente! ¡Suéltame! – Sus manos fuertemente sujetas a la cabecera de la cama con cadenas le imposibilitaban levantarse, aunque Kouki lo intentara mil veces, lo único que conseguiría era dañarse las muñecas. —¡N-n…o… Ahh~~! – Gimió involuntariamente, y Seijūrō sonrió concentrado en la tarea de brindarle más placer. Escuchaba el tintineo del metal, los intentos inútiles del chico por liberar sus manos, por escapar de él.
Es tan tentador…
— ¡AHHH! – Las lágrimas se desbordan y el dolor recorre cada terminal nerviosa en su cuerpo, sus manos se aferran al hierro y sus dientes muerden su labio inferior, cierra sus ojos y dos gotas caen de sus mejillas y se pierden en la tela que cubre el colchón. Seijūrō le ha mordido.*
—Te dije que cerraras los ojos y no pensaras en nada. Mis órdenes son absolutas ¿Lo has entendido ahora? – Kouki asiente lentamente y tiene miedo de volver a abrir sus ojos. Pero sabe que ahora mismo ese pelirrojo está sonriendo.
Seijūrō alza su mano y la lleva hasta la barbilla del castaño, ahí un pequeño hilo de sangre baja recorriendo la piel, impulsa su cuerpo hacia arriba, Kouki tiembla debajo de él y mantiene los parpados cerrados, su lengua lame la sangre y sube hasta los labios.
Los recorre con la punta de la lengua, Kouki no opone ninguna resistencia cuando introduce su lengua, topándose con los dientes, Seijūrō gruñe y frunce el ceño, enojado y molesto muerde el labio. La sangre brota y Seijūrō la bebe.
Su mano baja de nuevo, recorriendo lentamente el torso, el pecho, la pelvis, la cadera y finalmente se pierde en la entre pierna de Kouki, acariciando lentamente y con cuidado el miembro de Kouki, el castaño se había quedado quieto, aunque realmente tenga el impulso de cerrar las piernas, lo ha controlado, no quiere más dolor.
Y de pronto sus labios son tomados con fiereza en un beso, con sabor a sangre, su lengua buscaba más profundidad y su mano aprieta con fuerza el pene y Kouki no puede evitar soltar otro grito, oportunidad que Seijūrō aprovecha para profundizar más el beso, su lengua se mueve con maestría explorando la boca del castaño.
Ambas manos suben, deslizándose por la suave piel, centímetro a centímetro la acarician, sin olvidar ni un milímetro. Es casi como si quisiera memorizar cada parte de su cuerpo. Su mano sube y baja desde el costado hasta las piernas y el beso no termina, el aire se agota de sus pulmones y quiere alejarlo, o siente que morirá asfixiado.
—Solo disfrútalo… —Dijo cuándo dejo en libertad los labios de Kouki, el castaño jadeaba, intentando hacer llegar más aire a sus pulmones, Seijūrō se limpió la saliva que rodeaba su boca y sonrió cuando observo la saliva que resbalaba por la barbilla de su presa. – Te daré placer y tú me darás comida ¿No crees que es un buen trato?
¿De qué manera? – Quiso decir Kouki, pero sus labios no se movieron y su nariz solo siguió aspirando el aire.
—Ves… tu cuerpo opina lo mismo. – Observo el pelirrojo, y aunque Kouki no podía verlo, suponía que podía sentirlo, como su miembro respondía a la estimulación, como la carne se endurecía y gritaba por más placer.
Kouki tenía una erección.
Seijūrō desabrocho la chaqueta de su uniforme y la lanzo, aflojo la corbata y la retiro también. Ahora mismo la ropa le era un estorbo. Su pantalón y la ropa interior tuvieron el mismo destino.
Ahora mismo el contacto era piel contra piel.
—Tu cuerpo es tan honesto. – Sus mejillas ruborizadas por completo y un gemido escapando de su boca cuando Seijūrō toca la punta de su pene. – Tu boca dice 'no', pero esto… me dice 'Sigue'. ¿Dime Kouki, que quieres que haga? – Susurro mientras bajaba lentamente al pecho, se hundió en el aroma de la piel, su lengua se deslizaba lentamente, primero jugando con uno de los pezones del castaño, lo chupo, lo mordió levemente y sonrió ante el gemido ahogado que Kouki dejo escapar.
Seijūrō hace que sus erecciones se rosen con cada simple movimiento. Y los gemidos de Kouki son cada vez más fuertes, intenta reprimirlos, cerrando con fuerza su boca y algunas veces mordiéndose los labios, concentrándose en el dolor para olvidar el placer.
Entonces las manos del pelirrojo bajan hasta tomar las piernas de Kouki, las separa con suavidad, con cuidado, Kouki no sabe que pensar, sus ojos se han mantenido cerrados durante todo ese tiempo, las manos que lo acarician son tan suaves, gentiles y cálidas, está tentado a olvidar todo y dejarse envolver por ellas.
Cuando Seijūrō obtuvo una posición aceptable, sus manos subieron y se deslizaron por la espalda cruzando los brazos, como si estuviera abrazando al castaño.
— ¡AHHHHH! – cuando le penetró de golpe, grito. Era doloroso y nada agradable, le sentía abrirse camino en su interior, caliente, duro, doloroso y brutal, como si fuera a partirse en dos. Dolía. Las lágrimas de Kouki no cesaban y fluían interminables. Seijūrō le apretaba contra su cuerpo, y Kouki arqueaba la espalda hasta que su cabeza dio contra la cabecera de la cama.
Seijūrō se movía, el dolor solo aumentaba, Kouki aguantaba el dolor lo más que podía, apretaba los dientes con fuerza, tragándose los gritos y maldiciones que quería decirle a ese bastardo. Ahora solo quería que termina, que se viniera rápido y lo liberara de ese dolor.
Pero entonces Seijūrō se detuvo.
Sus manos soltaban la cintura y espalda de Kouki, salía lentamente del interior del castaño, con una sonrisa en su rostro, Kouki quiso abrir los ojos, pero no pudo, ante el temor de ser mordido de nuevo.
La mano del pelirrojo se pasó sobre el miembro de Kouki, acariciándolo levemente. El castaño soltó un jadeó, había perdido casi por completo la erección a causa del dolor.
—Te dije que te daría placer. – Entonces su mano se deslizo por su cuerpo cubierto con una fina capa de sudor, con suavidad, casi ternura…
El simple contacto le ponía el vello de punta, los ojos de Seijūrō no perdían de vista ningún detalle, cada mínimo gesto era registrado, entonces su mano tomo el pene de Kouki, subiendo y bajando con lentitud. Cada vez lo sentía más duro. Algunos segundos después, Seijūrō comenzó a moverse, lentamente, marcando un ritmo pausado.
El dolor desapareció en el mismo momento en el que las manos de Seijūrō se movieron de arriba abajo sobre el miembro de Kouki, apretándolo con fuerza, al ritmo de las profundas embestidas que empezó a recibir.
Kouki jadea, lleno de placer.
Seijūrō se inclinó por completo sobre el cuerpo de Kouki, sus labios rozaban su mejilla, su cuello y su frente, cada vez que le envestía. La respiración de Kouki entrecortada comenzó a mezclarse con la de Seijūrō.
Sentía fuertes sensaciones placenteras, recorriéndole el cuerpo con cada estocada, cada movimiento por pequeño que fuera, cada beso, con cada caricia. Su abdomen se restregaba contra el bajo vientre sudoroso, rozándole la punta.
— ¡N-no! ¡Por favor, no más~~! ¡Ahh! – sus gemidos eran cada vez más agudos, la respiración de Seijūrō rosaba su oído y cuando le escuchaba gruñir su cuerpo entero temblaba, su voz se había vuelto, más grave y ronca.
—Kouki… — Susurro. Y aunque sabía que Seijūrō no se daría cuenta si abría los ojos, no lo hizo, al contrario apretó los parpados lo más fuerte que pudo. Su mente estaba en blanco, su cuerpo se movía de arriba abajo, mientras recibía las envestidas. Simplemente se dejó llevar como un muñeco sin alma e inmediatamente rodeo la cintura de Seijūrō con sus piernas, nunca supo cuál fue la reacción del pelirrojo, solo le invito a penetrarlo con más fuerza y más profundamente.
Tan excitados y el ritmo había empezado a ser tan brutal, que no lo soportarían mucho más.
La espalda de Kouki se arqueo y abrió su boca soltando un gemido, incapaz de pronuncias otra cosa, el placer se desbordaba y su semilla se rego sobre su vientre y sobre la mano de Seijūrō.
Kouki sintió la esencia del pelirrojo liberarse en su interior segundos después con la última envestida, su cuerpo se impulsó hacia adelante y gruño cuando Seijūrō volvió a tomar su pene y lo apretó levemente, Seijūrō gruño, antes de salir por completo del interior del castaño.
La respiración agitada de ambos era lo único que se escuchaba en la habitación. El sudor los empapaba a ambos, el calor de la habitación había subido inimaginablemente y el aroma a sexo que inundaba el lugar.
—Gochisoosamadeshita* — Kouki le escucho murmurar, antes de que saliera de la habitación con una sonrisa en su rostro. Completamente satisfecho.
Deseando que la siguiente hora de comer llegue pronto.
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¿Continuara?
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*Para l s que se preguntan qué mordió Seijūrō… sip, si mordió lo que se imaginan (Le mordió el pene)
GOCHISOOSAMADESHITA*: que significa "He comido bien".
Jajajaja me he divertido escribiendo esto y solo espero que haya salido bien (9ÓwÓ)9
No tengo idea de si este es el verdadero final, creo que me he enamorado un poco de este Seijūrō, y quiero escribir por lo menos otro capítulo más donde Kouki sea feliz… con o sin Seijūrō… eso ya lo veremos ;D
