Lamento el retraso, fue debido a los estudios, y a que le di prioridad a mi otro fic.
Espero que os guste.
La vida después de la batalla: Momentos intensos
Capítulo 2: Recuerdos en una caja
Cuando Harry abrió la puerta de la cocina estaban allí Charlie, Molly, Ginny y Hermione.
-Buenos días –saludó Harry.
-Buenos días hijo –le saludó la Sra. Weasley con voz débil.
-Buenos días – le susurró Ginny cuando se sentó Harry a su lado, sus miradas conectaron durante unos segundos y la retiraron al notar la mirada de Charlie clavada en ellos.
Poco antes de comenzar a desayunar el Sr. Weasley apareció en la cocina, le colocó un beso en la mejilla con cariño a su esposa y se sentó en la mesa preguntándoles a todos como habían dormido. Ron apareció a los cinco minutos mientras su madre colocaba los últimos platos del desayuno sobre la mesa, sonrió a Hermione nerviosamente cuando la vio, y se sentó a su lado.
George llegó a la cocina cuando ya todos terminaban de desayunar, por fin se había quitado el pijama con el que se había pasado dos días. Sonrió a toda la familia como no lo hacía desde la batalla, cogió aire y dijo:
-Hoy abriremos la tienda.
-¿Abriremos? – preguntó Charlie preocupado por el estado mental de su hermano menor.
-Sí, abriremos. –contestó George sonriente.
-Yo le ayudaré con la tienda. – saltó Ron, dejándolos a todos sorprendidos con la noticia. Nadie se lo esperaba.
-¿Cuándo lo habéis decidido? – preguntó su padre interesado.
-Esta noche. – respondió George sentándose a la mesa.
Molly que cuando recibió la noticia se le habían saltado las lágrimas, corrió hacia George y lo estrujo con todas sus fuerzas entre sus brazos plantándole un sonoro beso en la mejilla.
-¡Ma…má! ¡Qué no pu… edo respi…rar! – dijo George entre los brazos de su madre.
Cuando le soltó, fue hasta Ron y le abrazó igual que ha George, colocándole a él también un sonoro beso en la mejilla.
-Gracias Ronie. – le susurró la Sra. Weasley al oído a Ron, para que nadie la oyera.
-De nada mamá. – le contestó Ron susurrando también. – Me temo que no podré acompañaros a conocer a Teddy – le dijo a Harry cuando su madre le había soltado.
-No te preocupes. – dijo Hermione secándose las lágrimas que le habían acudido a los ojos con la escenita. –Nosotras le acompañaremos.
-Mejor, ¿por qué no le dices a la señora Tonks que venga con su nieto para cenar? – sugirió la Sra. Weasley. – Hay que despedir a Charlie.
-¡Oh! ¡Mamá! ¡Por favor! No necesito ninguna fiesta.
-¿Ya te vas? –preguntó Ginny desilusionada.
-Me temo que sí, pedí unos días libres, pero ya debo de volver al trabajo. Mañana por la mañana me iré. - contestó él tristemente.
-Yo me marcho ya. – dijo el Sr. Weasley levantándose de la mesa. - Intentaré estar en casa pronto para la cena. – en los últimos días habían tenido mucho trabajo en el ministerio ya que tenían que poner en orden muchas cosas que la guerra había dejado patas arriba.
-Dile a Percy que venga esta noche. – Le pidió su mujer despidiéndose de él con un beso. Él asintió.
-Adiós chicos. – se despidió Arthur del resto.
-Adiós papá. Que tengas un buen día. – se despidió Ginny de su padre.
Al poco de que se marchara, George terminó de desayunar, miró a su hermano menor, este asintió, y los dos se levantaron a la vez de la mesa. Se despidieron de su madre con un beso, y del resto con un saludo y se marcharon también.
-Se nos va a hacer tarde. – comentó Harry mirando su reloj.
-Cierto. – reafirmó Hermione.
-Pues nosotros también nos vamos. – dijo Ginny levantándose de la mesa y despidiéndose de su madre y su hermano. - ¿La Sra. Tonks te pidió que fuéramos con los polvos flu? – Harry asintió al mismo tiempo que se ponía colorado al quedarse observando a Ginny, la veía tan hermosa.
Harry retiró su mirada de Ginny, cuando se dio cuenta de que la Sra. Weasley y Charlie no le quitaban ojo, decidió ponerse en pie, junto con Ginny y Hermione, quien también se había levantado, se despidieron y se dirigieron a la chimenea, desde donde desaparecieron tras llamaradas verdes.
Cuando las llamas se apagaron Harry logró ver el salón, lo recordaba vagamente de cuando llegó hasta allí junto con Hagrid la noche en la que vio por última vez a Ojoloco y a su querida lechuza con vida. En cuanto salió de la chimenea la señora Tonks le abrazó sollozando.
-¿Dónde está? – preguntó en cuanto la mujer le soltó.
Ansiaba conocer por fin a su ahijado, sólo lo conocía por fotos, y la señora Tonks no quiso llevarlo con ella al entierro de su hija y de su yerno decía que ya tendría tiempo su nieto de visitar aquellas tumbas como para hacerlo con tan solo tres meses de edad. Por lo que tuvo que retrasar este momento unos días más. La señora Tonks le sonrió con lágrimas en los ojos y le pidió que le siguiera. Mientras subían las escaleras al piso de arriba, agarró la mano de Ginny, estaba nervioso y no entendía por qué.
Andrómeda abrió la puerta de la habitación, y los tres pasaron. Aquella habitación estaba pintada por completo de azul cielo, y en la pared había letras infantiles en las que se podía leer el nombre del bebé. La habitación demostraba que la abuela del niño había desarrollado una sola obsesión en aquellos días, y era colocar todas las fotos que poseía ya fuera de Tonks o de Remus en aquella habitación. La cuna se encontraba en medio de la habitación, rodeada de juguetes y de accesorios para bebés. De la cuna colgaba escobas pequeñitas que giraban sin parar haciendo sonar una bonita melodía. Los tres se acercaron a la cuna con rapidez, el pequeño estaba despierto y miraba a las escobas, sonriente. Ginny y Hermione comenzaron a hacerle carantoñas, Teddy reía a carcajadas, y su pelo cambió a rosa fucsia.
-Cógele. –dijo Andrómeda.
-¿Yo? Yo no… - comenzó Harry pero la señora Tonks estaba sacando al bebé de la cuna y colocándoselo en el brazo.
-Cuidado con la cabeza. Ahora vendré, voy a prepararle un biberón.
Harry se quedó ensimismado mirando a su ahijado, se dio cuenta que sentía que tenía que proteger a aquel pequeño, que quería cuidarlo, y darle todo el cariño que el no tuvo cuando se quedó sin padres. Se acordó de Neville, a quien también le cuidó su abuela.
De repente el niño le cogió un dedo, y sonrió, su cabello cambió a azul. Harry descubrió la sonrisa y los ojos de Remus, y la nariz o lo que creía que había sido la verdadera nariz de Tonks. Mientras tanto, Ginny y Hermione lo observaban con sonrisas bobaliconas, Harry las vio y se puso colorado.
-No me miréis así por favor.
-Se te dan bien los niños. – comentó Ginny divertida.
De repente una imagen, de pequeños niños pelirrojos corriendo por ahí y llamándole papá, surgió en su mente. Sabía lo que quería. Sí, quería tener una familia junto a Ginny, y si quería conseguirlo, debería de hablar con ella pronto, al fin y al cabo, ya todo había terminado y Ginny era una bella muchacha por la que muchos chicos suspiraban. Le sonreía a la pelirroja, y sus miradas conectaron, Harry sabía que ella pensaba lo mismo que él. Creyó que ella le estaba leyendo el pensamiento.
Hermione carraspeó para llamar la atención de la parejita.
-Déjame a Teddy un rato. – Se acercó a Harry y cogió al pequeño – Vamonos Teddy, que tu padrino está pensando en cosas malas.
-¡Eh! No le digas eso al niño. – exclamó Harry pero Hermione cerró la puerta de la habitación sin echarle cuenta.
-Por fin solos. –dijo Ginny con una sonrisa tímida.
A Harry se le subieron los colores y comenzó a sudar, le parecía increíble estar nervioso en una situación que ya había vivido antes. Ginny se le acercó peligrosamente sin apartar la mirada de aquellos ojos verdes que tanto la enloquecían, sabía que tenía que ser ella la que manejara la situación ya que Harry no era un chico que soliera tomar la iniciativa cuando de chicas se trataba. Cuando estuvieron tan cerca que sus labios se rozaron, cerraron los ojos y se besaron lenta y suavemente, saboreando cada segundo que habían tenido que pasar separados. Se besaron durante largos minutos hasta que la puerta de la habitación se abrió inesperadamente.
Se separaron rápidamente, pero no lo suficientemente rápido como para que la Sra. Tonks no se diera cuenta de lo que ocurría.
-¡Oh! Lo si… siento, buscaba Teddy y… ya, ya me voy. – se giró para marcharse.
-Espere, no es necesario. Teddy está con Hermione abajo. La voy a avisar. – dijo Ginny.
La pelirroja se marchó en busca de Hermione, no sin antes dedicarle una mirada a Harry, éste simplemente asintió, ambos sabían lo que significaba, no necesitaban hablarse para saberlo, eso era una de las cosas que más le gustaba de su relación con Ginny, ambos se comprendían mutuamente con solo mirarse.
-Discúlpame Harry, no sabía que… - comenzó a disculparse la Sra. Tonks.
-No, no importa Sra. Tonks, es más, me gustaría pedirle que no le dijera nada a los señores Weasley por el momento. Es demasiado pronto. –le pidió Harry.
-Por supuesto. – le prometió la mujer – Es una buena chica. –comentó mientras sonreía ligeramente.
Al momento entraron las chicas con el pequeño, le dieron el biberón y decidieron sacarlo a pasear. La Sra. Tonks quiso quedarse en casa, dio diferentes excusas, sin embargo parecía que lo que buscaba era otra cosa.
Cuando llegaron del paseo, ya era la hora de almorzar y tenían que marcharse, sin embargo la Sra. Tonks les pidió que esperasen, fue a la planta de arriba y unos minutos mas tarde bajó con una caja de zapatos.
-Son… cosas de Remus. Apenas me dio tiempo de conocerle, y creo que tú valorarás más todo esto.
Harry aceptó la caja. Después de acariciar la tapa como si fuera algo valiosísimo la abrió. Contenía una cadena que poseía un anillo de colgante, varias fotos de cuando era joven en las que aparecía sus amigos del colegio, otras de Tonks, y muchas más de Teddy. Cartas de hacía más de 16 años y otras parecían mucho más recientes, una cuerda de cuero atada a un colmillo, varios calendarios lunares y la varita de Remus que fue rescatada del campo de batalla.
-Su ropa la he guardado junto con la de mi hija, pero no sabía que hacer con todo esto.
-Gracias Sra. Tonks, lo guardaré todo para cuando Teddy crezca.
-Antes que se nos olvide, mi madre desea que venga esta noche a cenar a casa. – le pidió Ginny.
-Estaré encantada. – aceptó la Sra. Tonks.
Y después de despedirse de la Sra. Tonks y de Teddy los chicos se marcharon.
¡Muchas gracias por leerlo!
