Segunda parte. Gracias por los reviews recibidos y el apoyo, ustedes son geniales y se merecen lo mejor :D

Espero que les guste, y ya saben: se aceptan críticas, sugerencias, etc.

Sin más preámbulos, el chap.

Enjoy!

Elianela


Tetas pequeñas

- ¡Qué fastidio! He tenido que usar ese hechizo…

- ¿El que me dijiste la otra vez?

- Sí, el mismo. Me lo pasó mi hermana. Fue lo único que funcionó, y ahora puedo ponerme la camisa sin que los botones salten disparados. ¿No es genial?

Fue ayer por la mañana, antes de bajar a desayunar. Parvati y Lavender estaban terminando de arreglarse frente al espejo de cuerpo entero y yo las observaba con la mente perdida en otro lugar, sin embargo estaba prestándole bastante atención a la conversación que estaban manteniendo.

Parvati terminó de abotonarse la camisa con una sonrisa de satisfacción. A su lado, Lavender la imitó. Inexplicablemente, ambas llevaron sus manos a la altura del busto y las colocaron completamente abiertas sobre él. Eso hizo que volviera de la dimensión desconocida y les preguntara, con una curiosidad que me salió de las tripas:

- ¿Qué es lo que están haciendo?

- Ay, Hermione – rió Lavender con ese tonito de suficiencia que odio que use conmigo. Que no esté las veinticuatro horas del día hablando de intereses románticos (léanse los guapos de Ravenclaw, Harry, Ron, Malfoy y Nott) no quiere decir que no sepa nada del tema. El punto es que quiero hacer ver que sé todo, lo cual me juega en contra algunas veces - ¿Nunca has comprobado el tamaño de tus pechos?

Parvati soltó una risita por lo bajo. Yo la fulminé con la mirada, frunciendo el ceño. Hasta donde el resto de la humanidad y yo sabíamos, eso se hacía con una cinta de medir o a lo sumo con algún… hechizo medidor de senos o lo que fuere. Otra vez demostraba mi ignorancia.

- Pues no de esa manera – repliqué.

- Ven, te enseñaremos.

Las dos se sentaron muy tranquilas a mi lado en la cama, y ahí nomás empecé a temer por mi integridad física.

- ¿Por qué esa cara de pánico? Créeme, no te va a doler – me dijo Parvati en plan cómplice. ¿Desde cuándo tanta confianza, eh?

- Pon tus manos así - Lavender repitió el gesto lentamente, a una velocidad que me hizo pensar que yo era una retardada – y el resto sale por lógica. Si las manos abarcan todo el pecho, entonces tu tamaño es el ideal – sacudió sus amiguitas con un entusiasmo excesivo como para respaldar la teoría – Si los dedos no te alcanzan, estás muy bien dotada.

- Tamaño Morgana, ¿no? – bromeó Parvati. Qué mierda, yo a esa altura ya estaba deseando tener a mano la capa de invisibilidad.

- ¡Claro, Parvati! – ellas parecieron intercambiar una especie de chiste privado y rieron de forma comedida. Eso no me gustaba nada. Ya Parvati se había reído de mí con anterioridad, y sabía de sobra que la tenía a Lavender a mal traer porque había estado celosa de mi amistad con Ron. ¿Y ahora las tres éramos mega-archi-super-duper amigas para siempre? Todo me olía muy mal, como a una maldad cocinándose a fuego lento.

- Y si los dedos te sobran… -Lavender prosiguió en un tono ahora sombrío y solemne – quiere decir que lamentablemente, Merlín no ha sido muy generoso que digamos contigo.

- Pero no existe nada que se pueda arreglar, ¿verdad? – agregó Parvati.

- Exacto. Ahora, ¿quieres hacer la prueba, Hermione?

Dudé por unos instantes. Si estaba bien dotada, me felicitarían y sería por primera vez la protagonista de cotilleos, digamos… positivos entre las chicas de Hogwarts. En cambio, si descubrían que tenía los senos pequeños pondrían su vocecilla marca Trelawney e intentarían ayudarme en mi supuesta desgracia, lo cual sería extremadamente insoportable.

Qué va. La verdad es que jamás había reparado en mis pechos hasta el momento, salvo un par de ocasiones en que la túnica se me había manchado de salsa de tomate. Simplemente están ahí, habían empezado a crecer cuando entré al colegio y no se habían movido de su sitio, naturalmente. Tampoco hago nada para resaltarlos, como usar remeras ajustadas o escotadas. ¿Debería hacerlo? No lo sé, no es mi estilo. Pero volviendo a lo que nos compete, las amiguitas maravilla estaban esperando alguna reacción de mi parte.

Al diablo. Después de todo, nunca hago nada femenino, como leer el horóscopo o encerrarme a llorar en los baños del segundo piso. Y siempre hay una primera vez para todo. Además, nada de lo que pudieran decirme haría mella en mi autoestima.

Esto último es completamente falso, pero dejaré que lo descubran por sí mismas.

Coloqué las manos como me lo indicó. De la nada, Parvati emitió un gemido ahogado que podría haber sido confundido fácilmente con el de Myrtle la Llorona.

- ¡Hermione, lo siento tanto!

. No tienes nada de qué preocuparte, conozco un truco para rellenar tu sostén que nunca falla – me aseguró Lavender dándome palmaditas en la espalda. A todo esto, yo todavía seguía con las manos sobre mis senos y las miraba sin dar crédito a mis oídos.

- Sí, nosotras te ayudaremos.

- Eso ni lo dudes.

- Sé que es difícil aceptar la realidad, de todas formas hay que aceptarse como uno es, ¿no?

- Por supuesto. Conozco una chica de Hufflepuff…

- ¿Susie Robertson?

- ¡Esa misma! ¿Te enteraste lo de su hermano?

- Claro, querida. ¿Quién no? Escuché que sus padres lo encontraron en su cama, ¡en su cama!, con una chica, que luego resultó ser un horrible…

Basta. Tanta palabrería me secó las neuronas.

- ¿Qué tienen de malo? – pregunté a la vez que quitaba mis manos de una maldita vez de mi torso. Volvieron a prestarme atención haciendo morritos, aparentemente recordando el por qué de nuestra cercanía.

Pobrecitas, ¡si nunca me han dado problemas! No me duelen ni se hinchan cuando me viene la regla, lo cual es mucho pedir.

Lavender negó con la cabeza. Parecía estar lidiando con un convicto de Azkaban especialmente rebelde (es así de extremista, entérense de una vez) Se cruzó de brazos y su clon hizo lo mismo

- Hermione, ¿es que no lo ves?

Bajé la vista una vez, dos veces. A la tercera vez hubo un súbito ramalazo de comprensión en mi cerebro, como una dotación vitalicia de caca de dragón cayendo sobre tu cabeza sin cesar.

Ahora sí lo veía.

- Son muy pequeñas, ¿verdad? – musité, comenzando a desanimarme. Autoestima y una mierda.

- La verdad es que sí – admitió Parvati. Me entraron ganas de decirle "Gracias, yo también te quiero", pero me mordí la lengua. Si Ginny hubiera sido la que me lo dijo… oh, recordé que ella y yo estábamos un poco distanciadas luego de su metida de pata. Lo de los pelos, ¿recuerdan?

- Bien chiquitas – enfatizó Lavender sin necesidad.

- Diminutas.

- Más pequeñas que una Snitch, fíjate.

- Nunca quisimos decirte nada porque pensamos que te enfadarías, así que…

Momentito, momentito. ¿Acaso tus oídos escucharon eso, Granger?

- ¿Ustedes ya lo sabían… desde antes? – me levanté de un salto y tomé mi mochila, colgada sobre mi silla. Lo único que me faltaba era esto; que mis compañeras de cuarto se pusieran a debatir sobre mis tetas minúsculas a mis espaldas.

- No te lo tomes a mal, Hermione – gimoteó Lavender – ¡Si te lo decimos es por tu bien!

- ¡Créenos! Además, seguramente encontrarás a un chico a quien le gusten – alcanzó a decir Parvati con voz melosa antes de que saliera echando chispas de la habitación. Volví sobre mis pasos tan sólo para evitar que se quedara con la última palabra, irritada a tal punto que si osaban decir alguna estupidez más, les lanzaría tres Cruciatus a cada una

- Claro que lo haré. No a todos les gustan las pechugonas.

Está bien, está bien. Sonó bastante cruel eso que dije, y me hago cargo. ¡Pero ellas empezaron! Y yo sabía que más de la mitad de las palabras que salieron de sus bocas dirigidas hacia mí eran tan falsas como el oro leprechaun.

De todas maneras, las dos se incorporaron dignamente y enderezaron sus espaldas adrede, sacando a relucir sus grandes senos de los que probablemente están orgullosas. Precisamente eso, el orgullo, era lo que les había golpeado yo.

Sonrieron. La máscara de niñas buenitas y compasivas se les había caído al fin.

- Ni lo sueñes, Hermione. ¿Acaso eso explica que nosotras hayamos tenido más novios en un mes de los que tú tendrás en toda tu vida? – siseó Parvati.

Ay. Eso fue malicia en su estado puro. Y yo cuando me enojo empiezo a llorar cual magdalenita desconsolada, lo cual no era muy aconsejable en ese instante porque habría odiado que pensaran que ellas eran las responsables del llanto. Por lo que me mordí los labios y fingí haber pasado el comentario por alto.

- Diste en el clavo, amiga – la alabó Lavender – Mírala nada más, es como un palo de escoba…

Ya era la segunda vez que oía eso acerca de mí en una semana. Fantástico.

- … sin nada de atractivo ni curvas. Igualita a Madame Pince.

Fue suficiente. Les juro que si sigo teniendo estas rabietas me va a dar un ataque el día menos pensado.

- Cállate, Lavender. Las tetas de Parvati son más grandes que las tuyas.

¡Ja! ¡Si eso no le dolía, entonces no sabía que podía herirla más! Me fui luego de un categórico portazo dejando a Lavender con la mandíbula desencajada y a Parvati feliz de la vida, contenta por haberme reivindicado pero a la vez enfadada por las sandeces que había tenido que escuchar.

Salí de la sala común a toda velocidad, mi mente bullía. Ni siquiera presté atención al camino, sólo me dejé dirigir por mis pies que me llevaban a quién sabe dónde y por la rabia que me estaba haciendo transpirar. Porque la verdad es que algo de razón tenían.

Yo no tenía curvas ni atractivo alguno. Lo único que llamaba la atención de mí, y que obviamente no significaba un elemento de seducción para ningún muchacho, era mi intelecto. Y si a eso le sumaba mis pechos "diminutos", como Parvati los había llamado, estaba frita.

¡Ah, pero si ya llegué a la mejor parte del relato! Piensen por un momento: ¿qué era lo único que le faltaba a mi día para ser espectacularmente jodido?

Si la respuesta es Malfoy, entonces… ¡felicidades! ¡Acertaron!

Yo venía chocando a todo el mundo, y en ese grupo también estaba incluido Malfoy, quien al parecer había dedicado la última semana a tomar los mismos caminos que yo para llegar a las clases y se había empeñado en aparecerse en cualquier sitio en donde yo me encontrara sin razón aparente.

No porque yo haya controlado sus movimientos día y noche, qué se creen.

- Fíjate por dónde vas, Granger – masculló con su habitual parquedad a la que me tenía acostumbrada – Seguramente es ese arbusto que llevas en la cabeza lo que no te deja ver.

Lo que leerán a continuación probablemente salió de lo más oscuro y profundo de mi imaginación, porque de otro modo no me explico que haya pasado.

- Púdrete, Malfoy. Ya bastante tengo con las estúpidas de Parvati y Lavender que dicen que mis pechos son pequeños y que caben en la palma de mi mano y qué se yo qué cosas más. Encárgate de fastidiar a un niño de primero o de hacer lo que sea que haces para divertirte, ¿está claro?

Bueno… para ser sincera, esto lo recuerdo bastante bien y estoy segura de que pasó. Yo estaba enojada como no se pueden dar una idea por lo de Lav Lav y su compinche, y Malfoy era la excusa perfecta para desahogarme un ratito y seguir con mi vida. Nótese la incoherencia en mis palabras (es decir; ¡cómo rayos voy a decirle eso a Malfoy! ¡Él me odia! ¡Le he dado material de humillación para diez años seguidos!) y el tono chillón que debería haber hecho que todos se pararan a observar el espectáculo, como de costumbre. Sin embargo, la gente parecía haberse esfumado. Sólo quedamos Malfoy y yo, que en cuanto comprendí la gravedad de la situación quise salir corriendo.

Ya, aquí viene lo que no se van a creer. Malfoy se acercó a mí, demasiado para ser normal, y cerrando su mano en torno a mi muñeca, colocó su boca junto a mi oído para susurrar estas temibles palabras:

- No les hagas caso, Granger. Tus pechos también caben en mis manos.

¡Merlín! Si no me hice pis en ese momento fue porque mi esfínter actuó más rápido que mi cerebro. Estaba paralizada, atontada, ¡quién sabe! Su perfume estaba atrofiándome la mente, acabando con la poca cordura que guardaba. Clavó sus ojazos grises en los míos un segundo para después observarme de arriba abajo, igual que la vez pasada, y retirarse tan campante por donde llegó. Dejándome ahí parada hecha la mejor de las tontas por segunda vez, con el estómago anudado y la respiración entrecortada.

Definitivamente, tenerlo tan cerca afecta mi salud.

Pero el hecho de que me ponga tan nerviosa, o de que me siga a todos lados, o de que me diga cosas como esas, perversas y al mismo tiempo incitantes… ¿no tiene nada que ver con nada, verdad?

Lo de incitantes queda entre ustedes y yo, ¿entendido? Ni una palabra a nadie o se las verán con el Barón Sangriento a mitad de la noche en su habitación en penumbras, y créanme que eso es lo último que quieren. Así como lo último que yo quiero es que Malfoy se me acerque, por todos los cielos. Hermione, tú y tu bocota. Mira que decirle que tienes las tetas pequeñas, nada más…


Espero que les haya gustado. Y ya saben: críticas, sugerencias, etc.

Gracias por leer!

Elianela