DISCLAIMER: estos personajes no me pertenecen, perteneces a Víctor Hugo y yo solo los uso de entretenimiento.
Y Buaaaano aquí estoy de nuevo. Estoy empezando a pensar que de verdad tengo demasiado tiempo libre, debería estar estudiando xD Peeeeero olvidemos eso, prefiero escribir xD
Valjean estaba sentado en una silla al lado de la cama donde estaba tendido el todavía inconsciente y febril Javert. Le estaba dando vueltas a las palabras que había dicho el doctor. "Este hombre, no podemos decir que este muerto de hambre, pero sí que lleva mucho tiempo sin comer decentemente, y hasta que atrevería a decir que unos días sin comer. Y eso combinado con un resfriado que ha cogido, supongo que por no poder calentarse adecuadamente con este frío, van a hacer que o se cuida un poco, o va a acabar cogiendo una pulmonía, y ya sabe usted lo que eso significa…"
El ex-convicto volvió su mirada a la causa de todos sus problemas que en ese momento yacía indefensa en su cama. Solamente tenía que matarle, solo eso, ahora que no podía defenderse, y todos sus problemas habrían acabado…
Bah, a quién pretendía engañar, él jamás mataría a nadie, y aunque le costase un esfuercito admitirlo, sabía que Javert no era malo, simplemente estaba haciendo su trabajo.
Retiró el paño de la frente del enfermo, comprobando si seguía con fiebre. Casi no tenía, pero para asegurarse de que se le quitase por completo Valjean mojó otro trapo y lo coloco suavemente sobre su frente, y le apartó un poco el pelo de la cara.
No pudo evitar pensar que así tan indefenso, son su largo pelo oscuro esparramado por la almohada, su rostro un poco enrojecido y esa mueca de tranquilidad se veía tierno.
Frunció el ceño y trató de sacar ese pensamiento sumamente inoportuno de su mente y se volvió a sentar en la silla. Unos minutos después los ojos de Javert temblaron y se fueron abriendo poco a poco.
Lo primero que hizo fue tratar de ubicarse, hasta que miró hacia un lado y vió a Valjean.
-¿Qué tal se encuentra?
Aquella pregunta desconcertó al inspector un instante, hasta que se acordó de lo ocurrido y se levantó de golpe, lleno de vergüenza, para que acto seguido sea presa de un mareo que lo mandó de vuelta a la cama.
-No intente incorporarse así de brusco, todavía no está recuperado. –trató de razonar el mayor.
-Monsieur le Maire, lamento muchísimo las molestias… yo… me iré en seguida… lo lamento de veras… -el moreno intentaba disculparse de alguna manera, demasiado avergonzado por su debilidad repentina como para hacer cualquier otra cosa.
-Javert, no tiene por qué disculparse después de todo no fue su culpa. Además, no puede irse todavía, necesita descansar.- Valjean estaba deseando preguntarle si era verdad todo lo que había dicho el doctor, pero temió que eso sería alterar más al ya de por si alterado y avergonzado inspector.
El pelilargo fue a decir algo cuando un sonido le interrumpió, y entonces fue cuándo Javert de verdad deseó que se lo tragase la tierra. Sus tripas acababan de rugir exigiendo alimento.
-Veo que necesita algo de comer. –le dijo Valjean con una sonrisa tranquilizadora.-Voy a traérselo.
-Espere Monsieur no hace falta que…-no le dio tiempo acabar pues el alcalde había salido por la puerta para no oír la protesta del enfermo. Javert se dejó caer en la cama, sorprendiéndose a sí mismo maravillándose ante la suavidad de la cama y lo mullida que estaba.
En ese momento entró el alcalde entró con una bandeja de comida y se la dio al hombre que estaba recostado en la cama. Javert estaba muerto de la vergüenza. Esto ya era demasiado. Valjean pareció notar la incomodidad del hombre y decidió tratar de hacer algo para aliviarla un poco.
-Javert, debe alimentarse puesto que tiene que recuperarse para poder volver a su puesto en plenas facultades.
Esta frase hizo que el inspector sintiese un poco menos de vergüenza, pero aun así no pudo evitar seguir ardiendo en deseos de que se lo tragara la tierra cuanto antes.
Agarro la bandeja del alimento y lo puso sobre sus rodillas. Era sopa casera y carne. Un plato sencillo pero mejor de lo que el había estado comiendo en meses.
Tomo la cuchara y comenzó a tomarse la sopa, estaba caliente, demasiado, pero le dio igual. Trató de que no se le viese desesperado y hambriento, y cualquier persona no hubiera notado nada.
Pero Valjean no era cualquier persona, y era muy observador. Durante un instante un sentimiento desconocido hacia el inspector lleno su corazón: piedad.
El jamás pensó que el inspector estuviese pasando necesidad de ningún tipo, puesto que siempre lo veía en su trabajo y jamás le había oído quejarse. Ni una sola vez. Y ahora empezaba a comprobar el carácter del inspector. Ocultaba siempre sus sentimientos, pero aparte de eso era fuerte y estoico, podía soportar casi lo que le echasen sin una queja.
De pronto se sintió culpable. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Ahora veía con total claridad algunas cosas que antes le habían pasado desapercibidas. Como esas veces en las que el inspector se quedaba mirando un escaparate de alguna tienda de alimentos, pero casi al instante se daba la vuelta y seguía con su trabajo. O el porqué de que se quedase hasta tan tarde, pensó con horror, dándose cuenta de pronto de que si no tenía dinero para la manutención tampoco lo tendría para la lumbre, y en el cuerpo de policía siempre había una encendida.
Valjean quiso saber la verdad. Observaba al inspector comer y se decidió a intentarlo, pues estaba seguro de que no se le volvería a presentar la oportunidad.
-Javert... necesito que sea sincero conmigo.
Javert dejo de comer y miro al alcalde con una mueca de sorpresa.
-Yo nunca le mentiría a usted Monsieur le maire.
-Eso espero... ¿Hace cuánto que no come en condiciones?
Javert, que estaba tragando un trozo de pan se atraganto por lo repentino de la pregunta. Valjean le quito la bandeja de encima con rapidez y le dio una fuerte palmada en la espalda. El otro solo bajo la mirada. El ex convicto le agarro con fuerza de la muñeca.
-Respóndame.- su voz era firme y autoritaria.
-Yo... no lo sé señor... puede que meses. -reconoció con la cabeza baja tras una breve vacilación pensando en si mentirle o no. Verse obligado a reconocer aquello ante el alcalde le parecía humillante.
-Por el amor de dios Javert.. ¿Porque nunca dijo nada?-la voz del alcalde sonaba un poco desesperada por el carácter de aquel hombre.
-Monsieur le maire usted gana lo que gana, y yo no quiero caridad de nadie
Valjean soltó un gruñido.
-No es caridad. -de pronto otra pregunta apareció en su mente.- Dígame al menos que tiene dinero para el fuego en su casa.
Javert seguía con la cabeza baja, viéndose vergonzosamente obligado a confesar.
-Yo... Hace cerca de un mes o más que no puedo pagármela señor. Si enciendo el fuego no poder pagar a la casera, y no me agradan las deudas Monsieur.
El agarre en la muñeca de Javert desapareció y Valjean se dejó caer en la silla.
-Por el amor de dios Javert... -Valjean no pudo evitar sentir una profunda e hiriente compasión hacia aquel hombre. Si él ya tenía frio con la lumbre y ropas abrigadas, no podía imaginarse lo duro que debía ser estar sin comer y encima con el helador frio de la noche.
Se hizo un silencio tremendamente incomodo en la habitación, y Javert apretó los puños sin poderlo evitar. Esto era definitivamente humillante. Él ni quería ni necesitaba la compasión de nadie.
De pronto Valjean se acercó al inspector y le puso suavemente la mano sobre la frente, con la infinita bondad que caracterizaba a Mangdelaine.
-Tiene usted fiebre, debería tratar de descansar un poco.
-Pero debo volver a mi casa y a mi puesto Monsieur.-trato de protestar Javert
-No está en condiciones de ir.
-Pero...
-Es una orden. Se queda aquí y punto.-la voz de Valjean era sumamente autoritaria, y al instante cambio a una llena de bondad.- Discúlpeme la rudeza, pero parece que usted no entiende nada que no sea una orden.
Obligo al inspector a tumbarse y le puso un trapo frio sobre la cabeza.
-Trate de descansar, volveré en unas horas.-dicho esto el alcalde salió por la puerta.
Javert se quedó tumbado mirando el techo. En un primer momento pensó en irse y casi al segundo descarto la idea, no solamente porque no quería desobedecer al alcalde, sino porque, muy a su pesar, hacía meses que no comía bien y años que no dormía en una cama blanda como esa. Y además se estaba muy bien con el alcalde.
Ese último pensamiento le obligo a fruncir el ceño. "¿Pero qué narices estoy pensando?" Con un suspiro derrotado cerro los ojos y se hundió en la manta. "Será cosa de la fiebre." Quiso pensar. A los pocos minutos estaba otra vez en brazos de Morfeo.
-0-0-0-0-0-0-0-
Horas después regreso el alcalde y lo primero que hizo fue echarle un vistazo al enfermo. Entro en la habitación en la que reposaba Javert y se lo encontró durmiendo. Soltó un suspiro. No tenía ni idea de qué hacer con él. Valjean sabía perfectamente que el inspector no era un niño de quien se pudiera cuidar, pero él no iba a tener corazón para volverle a dejar pasando hambre.
Una sonrisa lacónica cruzo el rostro del ex convicto dándose cuanta del milagro que el obispo había logrado en él, y dándose también cuenta de que era prácticamente un hombre nuevo, puesto que si siguiese siendo el mismo hombre de Toulon no se habría molestado en ayudar al inspector ni tampoco le importaría si lo pasaba mal.
"Tantos años persiguiéndome que no me imagino dejarle morir de esta manera tan tonta." fue el pensamiento que ocupo la mente de Valjean y que de verdad hizo temer al hombre por haber perdido toda su salud mental, ayudando así a un enemigo.
Pero es que en el fondo comprendía a Javert, y aceptaba que él no había tenido ninguna culpa, sino que solamente estaba haciendo su trabajo.
-Monsieur le maire… -se oyó después de un carraspeo y se encontró con una mirada incómoda del inspector.-No quería molestarle, parecía concentrado.
El ex convicto simplemente le sonrió.- Javert, cámbiese y baje a cenar, por favor, me gustaría tener una charla con usted.
-Lo que usted ordene Monsieur.
-Bien, le esperaré allí. Tiene ropa limpia en el armario, no sé si le quedará bien, pero es lo único que puedo ofrecerle por el momento.
-Y ya es más de lo que debería hacer por un simple inspector de policía.-ante el comentario, el otro simplemente rodó los ojos e hizo como si no hubiese escuchado nada, para acto seguido salir del cuarto.
-o-o-o-o-o-o-o-
Ya pasado un buen rato, Valjean y Javert se encontraban sentados en una mesa, con la comida ya delante. La ropa que el alcalde le había cedido amablemente le quedaba un poco justa, pero le servía después de todo.
-¿Quiere?- le pregunto el mayor de los dos, tendiéndole un poco de vino.
-No, muchas gracias Monsieur, pero no bebo.
Durante la mayor parte de la comida estuvieron conversando de cosas sin importancia, hasta que al final el alcalde abordó el tema que de verdad le interesaba.
-Verá, inspector, he estado pensando sobre su… situación económica en este momento.- Valjean notó como Javert se ponía tenso por efecto de sus palabras.
-Monsieur…-el alcalde alzó la mano, como indicándole que no había acabado de hablar y el más alto cerró la boca al instante.
El ex convicto soltó un pequeño suspiro, sabiendo que lo que iba a hacer era una auténtica locura, y que más tarde se iba a arrepentir de ello. "Más me vale tener al enemigo cerca…"
-Javert, quiero que se quede un tiempo en mi casa, lo suficiente como para que recupere su condición física por completo y porque me sobra espacio y comida.-Valjean trató de no dudar al decir estas palabras, pero la cara de espanto del inspector fue suficiente para hacerle pensar que no iba a lograr convencerle.
-Monsieur le Maire con todos mis respetos pero yo no puedo hacer eso. Estaría muy mal visto que un simple inspector de policía estuviera en casa del alcalde, es usted mi superior y debería comportarse como tal.
EL mayor suspiró y se echó para atrás en la silla. Aquello iba a ser difícil. –Inspector, como usted ha dicho, soy el alcalde, por lo que tengo que velar por la seguridad de los ciudadanos y, déjeme serle sincero, usted es el mejor policía que tenemos por aquí, y que callese enfermo supondría un grave agravio.
-Pero Monsieur le Maire… -trató de decir Javert pero de nuevo fue interrumpido por el alcalde, cosa que, no puedo evitar pensar el policía empezaba a convertirse en una costumbre.
-Javert, ¿Por qué simplemente no me hace caso si sabe que tengo razón? Es usted un testarudo aunque, claro, eso a la hora de buscar y atrapar a criminales debe ser una ventaja.-Dijo Valjean con una media sonrisa dibujada en el rostro.
El inspector simplemente dejó caer hacia adelante los hombros, derrotado, sabía que cuando el alcalde se proponía algo, no había nada que hacer para que cambiase de idea.
-Está bien Monsieur pero solamente unos días…
-Lo que sea oportuno inspector.-el ex convicto trató de esconder una sonrisa de triunfo y se llevó de nuevo la copa de vino a los labios, y la vació de un sorbo.
Se acercó al inspector, tal vez más de lo que hubiera sido necesario, y le susurró cerca del oído y con una mano puesta en su hombro.-Espero verle mañana en la estación de policía y… que descanse.
Dicho esto se fue a su habitación dejando a Javert un tanto sorprendido un segundo, pero casi al segundo imitó al alcalde y se dirigió a su "habitación provisional".
Holaaaa :DDD bueeeno este está un poco mierdosillo, lo sé, lo sé, pero es que me apetecía escribir, y no sabía muy bien que poner, y como tengo menos concentración que una musaraña cuando se trata de estudiar, pues se me iba la mente a la historia, y me dije a mi misma que hasta que no acabase este capi no iba a ser capaz de estudiar. Pero me da que igualmente no voy a estudiar nada TT_TT
Eeeen fin, que leer y comentar por favor!
Y gracias de veras a Airi-Shimizu por su apoyo! Asdasdasdasdas GRACIAS! :DD
