Disclaimer: Ni el anime ni los personajes de Gintama me pertenecen, son propiedad de Hideaki Sorachi.
Aclaraciones:
–Hablan los personajes. –
'Pensamientos'
"Recuerdos"
Capítulo 2
Sí de idiotas se habla…
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Reaccionar le estaba llevando más tiempo de lo esperado, se dijo Okita cuando se dio cuenta de que la pelirroja seguía sin mover un solo musculo, y que solo movía los labios como si fuese una especie de pez fuera del agua.
– ¿V-vivir…yo…contigo…? –Sougo quedo paralizado cuando los intensos ojos azules de la chica lo miraron con fijeza, fue casi como ser azotado por el mismísimo mar. –Debes estar bromeando. –se levanto como pudo del suelo, sintiendo una intensa punzada en el tobillo derecho que le dificulto la acción, sin embargo, hizo todo lo posible por ocultarlo.
El castaño termino por abofetearse mentalmente y se levanto con más rapidez de la necesaria, sintiendo por un momento un dolor agudo que le cruzo todo el brazo izquierdo.
'Esa maldita china sí que pega fuerte' pensó al darse cuenta de lo mucho que le dolía incluso respirar.
Por un momento ambos se quedaron en silencio haciendo un recuento mental de los daños recibidos, pero Kagura también necesitaba preparase mentalmente para lo que sea que sea que Gintoki le fuese a decir. Tenía el presentimiento de que se enojaría…y mucho.
–Me voy. –hablo la pelirroja luego de un largo momento. No podía retrasar lo inevitable y estaba segura que entre más honesta fuese con Gin-chan menos la regañaría.
Okita, sin meditar mucho en ello, apreso su muñeca en un movimiento rápido. – ¿A dónde te crees que vas, china? –de un tirón la acerco hasta él. Kagura se mareó momentáneamente por el jaloneo. –Espero no estés pensando en huir. –
– ¡Más te vale que me sueltes, imbécil! –grito furiosa, tratando de zafarse del fuerte agarre, pero previniendo esto, Sougo la acorralo contra la pared y su cuerpo. La Yato se sintió repentinamente ahogada, como si la cercanía con el castaño le quemará desde adentro.
–Recuerda que a partir de hoy a veinte días eres mi juguete, china. –la forma en la que se lo dijo provoco en Kagura un escalofrío. –Y no tienes escapatoria. –
–E-estás diciendo estupideces. –Kagura lo alejo de un empujón, sintiendo el rostro ardiendo. Ella supuso que se debía al calor que le dio tras una ardua batalla. –Sé que he perdido la apuesta, tarado, pero alguien debe decírselo a Gin-chan. –
El sádico sonrío ladino al notar lo inocente que podía llegar a ser esa chica, en ningún momento se había percatado de sus intenciones.
–Entonces creo que te acompañare. –la oji azul volvió su vista hacia él, provocándole el mismo sentimiento de hacía un momento. ¿Por qué esos ojos tenían ese efecto en su persona?
–No, quiero ir yo sola. –le saco la lengua infantilmente. Sougo tuvo ganas de hacer otra cosa al verla haciendo eso, pero prefirió seguir con su camino. La menor lo siguió mientras se quejaba.
–Y yo te he dicho que iré contigo, china. –repitió fastidiado.
Discutir y pelear eran dos cosas esenciales en su relación de odio-amistad, tanto así que Shinpachi decidió que incluso un perro y un gato convivirían mejor juntos que esos dos. Por ello, cuando los vio acercarse juntos por el pasillo mientras discutían, no se sorprendió en lo absoluto. Tampoco pareció del todo sorprendido cuando vio lo heridos que estaban.
–Veo que han vuelto a hacer de las suyas. –Tsukuyo suspiro pesadamente a su lado. –A Gintoki no le va a gustar. –
–En absoluto, estoy segura de que querrá venganza. –Sarutobi Ayame se cruzo de brazos con mirada analítica, mientras ajustaba sus anteojos con precisión.
–Sensei, no estoy muy seguro de que sea correcto tratar de asesinar a Okita-san. –replico Shinpachi.
La mujer lo miro.
– ¿Y desde cuándo algo como eso es importante para mi Gin-san? –
El pelinegro suspiro derrotado. No es como que Sa-chan no tuviera razón.
–Patsuan. –la voz de Kagura llamo la atención de los tres presentes, mientras corría en su dirección.
Por supuesto que olvido que lastimo su tobillo y soltó una maldición cuando llegó junto a él. Detrás de ella Sougo caminaba con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón negro.
–Hola Tsukki, Sa-chan. –les sonrío. – ¿Alguno de ustedes ha visto a Gin-chan por aquí? Tengo algo que decirle. –
Tsukuyo alzo una ceja. –Lo vi en la sala de profesores atendiendo una llamada, parecía importante, así que preferí no molestarlo. –
La oji azul entrecerró los ojos. – ¿Una llamada? Espero no sea Shinsuke. –murmuro por lo bajo.
–Espero no hayas hecho nada malo, Kagura-chan. –el pelinegro la miro fijamente. –Gin-san ha estado muy serio toda la mañana. –
Un mal presentimiento la hizo alzar las cejas y morderse la lengua antes de decir nada. –Hasta este momento me había estado portando muy bien, idiota. –Shinpachi rodó los ojos al ser llamado así. –Por otra parte, que Gin-chan este serio… –miro a Okita un momento. –…no es normal. –
El castaño se encogió de hombros. –Yo que sé. Jamás sé en que está pensando danna. –
Kagura frunció el ceño. –Me voy a buscarlo. Vámonos, sádico. –lo apresuro. Okita estuvo por decir algo, pero prefirió simplemente seguirla.
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– ¿Qué me quieres ver lo más pronto posible? –la voz al otro lado de la línea sonó incrédula. –Sabes que estoy trabajando. –
–No te estoy pidiendo nada fuera del otro mundo, imbécil. –Gintoki pronunció cada sílaba con notoria seriedad. –Esto es por ella. –
El peli plata escuchó claramente como el otro pedía un momento para salir. – ¿Ya se han comunicado contigo? ¿Tan rápido? –
–Sí. –
–Joder, Gintoki, por eso te dije que me la dejarás a mí. –gruño. –Aunque de todas formas no habría cambiado nada. –suspiro.
–Yo lo sé. Lo sé. –
–Está bien. Dame dos días. El jueves te veré sin falta donde siempre. –
Sin mediar más palabra la llamada finalizo. El hombre deposito sobre el escritorio su celular, para posteriormente dejarse caer en la silla giratoria.
– ¿Dónde está Kagura, Zura? –pregunto en un susurro, a sabiendas de que el otro había ingresado hacía segundos.
–Es Katsura. –corrigió con neutralidad. –Y la última vez que la vi estaba saliendo para los jardines. –
Gintoki lo miro fijamente.
– ¿Estuvo hoy en todas tus clases, Katsura? –
El pelinegro alzo una ceja lleno de confusión. –Por supuesto. Estuvo entretenida todo el rato porque traje conmigo a Elizabeth. –
– ¿Y en la clase del gorila? –
Katsura se sintió bastante confundido. Era demasiado raro que el peli plata comenzará a preguntar por la asistencia de su casi hija. Nunca lo hacía, porque él la conocía y sabía que estaría en su aula.
–Sí, desde luego, después todo Kondo da su clase favorita. –se cruzo de brazos. –También estuvo en las clases de Tsukuyo, Sarutobi y madao. –se apresuro a contestar.
Gintoki pareció más relajado, mientras observaba por la ventana. Y antes de que el de largos cabellos negros dijera nada más, la puerta se abrió de golpe. Ambos adultos se giraron con sorpresa, solo para ver a Kagura y Okita discutiendo en la entrada.
–Tú fuiste el idiota, tú se lo dices, sádico. –
Okita frunció el ceño. –De ninguna manera. Tú perdiste, tú hablas. –
Estaban por llegar a los golpes de nuevo, sin embargo, Katsura se apresuró en tomar a Kagura y jalarla hacía dentro del aula, dejando a Okita parado con una expresión fría e indiferente. La pelirroja pataleo en el aire, sintiendo nuevamente esa punzada que la hizo estremecer y calmarse en un segundo. Zura la depósito en la silla contigua a la de Gintoki, para luego dar media vuelta y rebuscar algo dentro del cajón de su escritorio.
–Lo encontré. –sonrío Kotaro, posicionándose frente a la chica con un botiquín de primeros auxilios en la mano. Kagura lo miro con los ojos entrecerrados, mientras observaba cautelosa como el mayor vertía alcohol en uno de los algodones que acercaba peligrosamente a su herido rostro.
–Duele. –gimió bajito al sentir el ardor del desinfectante. Sougo ahogo una sonrisa burlona al ver como Sakata le señalaba la otra silla. Negó con la cabeza.
–No es una pregunta, Souichiro-kun. –sonrío perverso. –Ven aquí. Ahora. –ordenó.
Okita resoplo. –Es Sougo danna. –lo corrigió al llegar frente a él. –Y esto podría ser considerado acoso a un menor. –
El peli plateado chasqueo la lengua, para nada interesado. –Y lo que le has hecho a mi hija podría ser considerado abuso físico a una menor. –
Ambos se sostuvieron la mirada. Sougo sabía que no podría ganarle al mayor ni en mil años. Pero eso no quería decir que se rendiría tan fácilmente. Ganaría. Y ganaría lo que más quería en el mundo.
Sonrío.
– ¡Zura, ya para, esto duele! –chillo la Yato repentinamente, quien para ese momento ya tenía todas las heridas desinfectadas y cubiertas por curitas, pero lo que parecía estarla haciendo gritar era el enrojecido tobillo.
Gintoki se levanto de golpe. – ¿Estás bien? –aparto a Zura, quien prefirió terminar la labor que el otro había comenzado con el castaño. –Debes tener más cuidado, aún no estás del todo curada. –
Ella frunció el ceño. –Creí que Ikumatsu ya había dicho que estaba bien y que podía pelear. –lo miro. – ¿No es así? –
–Lo es. Pero también te dijo que no abusaras, bestia. –
– ¡¿Cómo me has llamado?! –
–China. –interrumpió hastiado. – ¿Acaso no piensas decirle a tu papi lo que hemos hecho? –la miro con burlona inocencia. –Comienzo a impacientarme. –
Kagura abrió y cerró la boca como un pez, sintiendo la insistente mirada de Gin-chan sobre ella.
– ¡El sádico me engaño! –grito señalándolo con un dedo acusatorio. –Apostamos y perdí. Tendré que vivir con él veinte días, pero no te preocupes, la próxima vez yo ga… –una gran mano la hizo callar, ahogando sus palabras en su garganta.
De nuevo se volvió para mirar a Okita, dispuesto a arrancarle la cabeza y a despedazarlo, para después dárselo de comer a los perros callejeros del centro comercial. Su furia era extrema, tanto así que Zura pudo jurar que sus ojos brillaban como si fueran lava a punto de asesinar al otro. Se sintió atemorizado. Sougo se sintió…emocionado.
–…Gin-chan. –
Sin embargo tuvo que detener su instinto asesino, serenarse y respirar profundamente como trece millones de veces. En cierta forma esto era lo que necesitaba para mantener a Kagura fuera de su camino unos días en lo que podía hablar con esa persona. No era lo que esperaba, su primera opción siempre fue Patsuan, pero le venía como anillo al dedo.
Tendría que consumar el crimen en otra ocasión…lástima.
–No te voy a regañar, tranquila. –le palmeo la cabeza sin mirarla. –No es tu culpa. Ahora tendremos que hablar sobre esto. –
La pelirroja sintió un peso menos encima. Pero por algún motivo que desconocía, seguía sintiendo que algo no andaba bien…nada bien.
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Continuará~
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¡Hoolaaa a todooos!
Hey, ¿Cómo están? La verdad es que hacía mucho que no escribía, este capítulo ya lo tenía listo, solo que he estado ocupada con ciertas cosas y me he retrasado mucho en subirlo. ¡Ya los extrañaba!
En fin, la buena noticia es que el capítulo tres ya está finalizado y el cuarto lo estaré empezando esta semana. Por lo que, al finalizar los agradecimientos les daré un pequeño adelanto del tercer capítulo, tómenlo como una disculpa por la tardanza.
Bueno. Quiero agradecer a:
i love okikagu: Jaja, en verdad me alegra muchísimo que te guste la historia. Gracias por comentar, cualquier sugerencia u observación es bienvenida. (:
mi-chan: ¡Tu comentario me hizo el día! ¡Muchísimas gracias, también eres lo máximo!
lu89: Estoy muy feliz de que te agrade la historia. Espero no aburrirte en los próximos capítulos. :D
Anonymous D: Jeje, la verdad es que el tiempo últimamente me escasea, la escuela consume el tiempo del mundo. Gracias por comentar (:
Jugem Jugem: Jaja, solo te diré que habrá muchas discusiones, muchas. Espero te haya gustado el capítulo de hoy.
Guest: ¡Gracias a ti por comentar! Realmente me emociona que les guste la historia.
Okita Kagura: Jaja, no tienes una idea. Kagura no dejará que Okita se salga con la suya tan fácilmente.
Guest-san: ¡Gracias! Espero te haya gustado el capítulo de hoy :D
Leche de fresa: Lamento mucho, mucho la demora, pero la escuela me consume mucho tiempo, además de que me emocione terminando el otro capítulo. Peeeero, el tercer capítulo estará aquí muy pronto, es lo bueno de haberlo hecho ya (:
Xidde: ¡Por supuesto! Sólo que no prometo fechas, se me pasan jeje.
Guest: Ya está aquí, lamento la demora. Esta semana tengo más tiempo libre, así que seguramente escribiré en estos días lo que pueda.
CromaticDay: Bueeeeno, Gin-chan estaba muy, pero que muuuuuy enojado. Y sí, pasarán muchas cosas. ¡Gracias por comentar!
Viviana655: Jaja, lo subí cuanto antes. También el que sigue lo subiré cuando tenga tiempo en estos días.
mitsuki: !Jaja lo sé, tardo milenios en volver a publicar! Pero me estoy divirtiendo mucho escribiendo esta historia, le he tomado cierta preferencia :D
Y bueno, ¡Lo prometido es deuda! Aquí va el adelanto del siguiente capítulo como compensación por la tardanza.
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Capítulo 3: Okita Mitsuba
Okita suspiro. –Bien, pues durante veinte días la tendrás aquí. –se cruzo de brazos, sintiendo el dolor de la pelea de hacía dos horas. La maldita china golpeaba fuerte y era demasiado rápida y ágil, pero también resultaba demasiado sencillo provocarla para que perdiera la calma.
Mitsuba asintió contenta. –No te preocupes Kagura-chan. –soltó sus manos. –Haré que tu estancia aquí sea agradable ¡Seré como tu hermana mayor y te cuidaré! –
Kagura retrocedió medio paso aturdida, hacía mucho tiempo que no escuchaba esa clase de palabras. Miro a la mayor que seguía parloteando alrededor de Sougo, preguntándole acerca de sus heridas con mucha preocupación, y sintió un hueco en el estomago. Kagura aspiro un poco de aire y negó con la cabeza, volvió a mirar a Mitsuba y sonrío suavemente. No pasaría nada por convivir un poco con ella, sin embargo, evitaría encariñarse.
–Vamos a cenar. –dijo la castaña finalmente. –Traje el arroz que me pediste, Sou-chan. –
–Gracias aneue, calenté lo que me pediste hace un rato. –señalo la cocina. –Ya solo hay que servirlo. –
Ella asintió contenta y se alejo tras recoger las bolsas del sillón. Kagura la siguió y Sougo la observo caminar con tranquilidad.
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Bueno, esto es todo por ahora. Espero el capítulo haya sido de su agrado.
Nos leemos en la próxima.
Espero estén todos muy bien.
Ciao, ciao (:
