¡Hola!

¿Como están? Espero que muy bien. Por fin termine este capítulo.

Muchas gracias a quienes comentaron en capítulo anterior. Gracias por el apoyo.

Espero que les guste.

Monster.

Resumen: "Ellos son monstruos, puedes darte cuenta solo viéndolos". Monstruos, todo lo que Karamatsu sabia de los geruges es que eran monstruos criados para el matadero, sin ningún otro propósito. Pero había algo en ese pequeño que lo hacia querer protegerlo. [AU] Karamatsu x GerugeIchimatsu.

Advertencia: Ichimatsu Geruge x Karamatsu humano. 030 es solo amor del más puro... nada más.

Muerte.

Mucho ooc..


Segunda parte.

Después de un largo día de trabajo tenías tu merecido descanso. Fuiste a la casa y comenzaste a preparar la cena, ese día era tu turno te asegurarías de que todo quedará más delicioso de lo normal.

Desde hace ya un tiempo, después de que su mujer se fuera de la casa después de intentar sin éxito quitarle su granja, tu jefe te había obligado a cenar con él todos los días. Era como una manera de desahogar su soledad tras ser traicionado por la mujer que amaba y para ti era una manera de imaginar que tenías un padre que si se daba cuenta de tu presencia.

Poco a poco la obligación fue desapareciendo y la hora de la cena se convirtió en un momento que los dos disfrutaban de manera genuina. A pesar de que vivían en la misma granja, el territorio de tu jefe era tan extenso que a veces, mientras cada uno estaba en sus actividades, no se enojaban no por casualidad. Entonces al verse durante la noche tenían algo que contarse.

La labor de la cena era repartía, unas veces el jefe cocinaba, pero la mayoría de las veces que era su turno simplemente iba y compraba algo ya preparado al pueblo. Cuando era tu turno para hacer la cena te asegurabas de preparar sólo cosas que le gustaran a tu jefe, pero esa noche te esmeraste especialmente ya que tenías algo que pedir.

—Jefe... Me preguntaba si podría usar uno de esos antiguos abrigos que tiene en el closet. Esos que eran de su espo...-fuiste bajando la voz hasta que fue un susurro. El hombre te veía con el ceño ligeramente fruncido.

—¿Para que necesitas uno de esos pomposos abrigos? ¿Acaso eres de esos que les gusta andar por allí vestido de mujer? -pregunto burlón, podías saber que en realidad estaba curioso.

—Quiero hacer algo... Como una almohada pequeña y suave. -para Ichimatsu, pero no lo dijiste, no debía enterarse que tenías un geruge en tu habitación. —¿Puedo tomar uno?

—Claro muchacho, todo en esta casa es tuyo...-empezó a torcer de manera estrepitosa y su frase quedó inconclusa.

—¿Esta bien? ¿Necesita que llame al doctor?

—Estoy bien muchacho, sólo estoy muy cansado. -lo ayudaste a levantarse y caminó hacia las escaleras. — Saldré una semana para arreglar unos papeles… ¿Podrás hacerte cargo de todo?.

Te sorprendía que fuese a salir tan de repente, pero tenías que admitir que te sorprendía más el hecho de que él confiara tanto en ti como para dejarte a cargo de todo. Era la primera vez que alguien ponía si confianza en ti.

—Sí, daré lo mejor.

Después de tomar el abrigo regresaste a tu granero, a penas te vio Ichimatsu salió de su escondite. Lo levantaste con cuidado y lo pusiste sobre la mesita, mientras el comía tu hacías una pequeña cama con el abrigo. Cuando la terminaste pusiste a Ichimatsu sobre la esponjosa cama, este parecía asustado al principio de estar sobre un lugar nuevo, pero luego de unos segundos se hizo bolita justo en medio y se quedó allí. Por su comportamiento te recordaba a un gato.

Aunque al parecer si le había gustado su nueva cama no la usó, a penas te alejabas un poco él trataba de ir tras de ti y eso provocó que por poco cayera de la mesa, por suerte lograste detenerlo antes de que se golpeara. Lo dejaste dormir contigo, transportando su cama hasta la tuya dejándola al lado de tu almohada, no es como si fuera una molestia dormir con Ichimatsu, pero este era tan pequeño que te daba miedo aplastarlo mientras dormías.

Ahora que lo pensabas ¿Cuánto crecían los geruges?

Las que habías visto eran bastante más grandes que un humano, pero según sabías también había algunos del tamaño de un perro mediano. ¿Que ibas a hacer cuando Ichimatsu creciera tanto como para seguir encerrado en ese lugar? ¿A donde lo llevarías para que no lo descubriesen?

Era algo extraño, era la primera vez que te preocupabas tanto por alguien hasta el punto de no poder dormir.

La mañana siguiente empezó algo tranquila. Cuando te levantaste a preparar el desayuno el señor Nakamura (tu jefe) ya se había ido, aún así preparaste el desayuno antes de darte cuenta. Estabas completamente solo...

Era una sensación incómoda que te había ponerte ansioso, no te gustaba estar solo, hacia que te sintieras abandonado y aunque habías pasado casi toda tu vida solo (ya que tus hermanos nunca te incluían en sus planes) nunca te había gustado. Empezaste a caminar y luego a correr hasta que llegaste al granero, Ichimatsu levanto la cabeza cuando te vio. Parecía no tener intensión alguna de levantarse.

—Despierta dormilón. -susurraste yendo hasta él, moviéndolo ligeramente para que despertara. Ichimatsu abrió los ojos, te pareció que se estiraba mientras hacía un ruido lindo era como un "ñam" mientras abría y cerraba la boca. ¿Era tu imaginación o había bostezado? —Buenos días.

Le diste un pequeño beso en la frente, o al menos eso creías que era su frente, realmente no sabías mucho sobre cómo estaba constituido el cuerpo de un geruge así que si eso no era su frente esperabas no estar tocando algo inapropiado.

—¿Quieres venir conmigo hoy? -le preguntaste y ya que no hizo ademán de volver a acostarse lo tomaste como un "sí".


Aprovechaste al máximo la semana que tu jefe estuvo fuera para llevar a Ichimatsu a conocer toda la granja. Ya que los terrenos del señor Nakamura estaban lejos de todos tuviste la oportunidad de dejar que Ichi investigará por su cuenta (aunque nunca intento ir a más de un metro lejos de ti.

Sus actividades variaban dependiendo del clima, cuando hacía mucho calor después de alimentar a los conejos y regar la viñeta, llevabas a Ichimatsu al río. Habías descubierto que a él le gustaba quedarse dentro del agua por largos minutos y que si lo dejabas mucho tiempo su cuerpo parecía absorber el agua y crecía un poco (aunque volvía a su tamaño cuando lo secabas). Los días calurosos lo llevabas contigo a trabajar, incluso le habías hecho especialmente un sombrero para que lo cubriese del sol, Ichimatsu había pensado que se trataba de comida y le había dado una mordida a la orilla. Tuviste que cubrir el agujero con un listón y ahora se veía realmente más adorable que en un principio, el problema era que después ya no quería que les quitaras el sombrero.

Cuando el clima era frío como para salir lo llevabas dentro de la casa, encendias la chimenea y le contabas cuentos de un viejo libro que te habían enviado años antes tus padres (la única cosa que te enviaron) cuando los cuentos terminaron decidiste contarle algunos de tus sueños.

—Cuando pueda volver con mis padres te llevaré conmigo, estoy seguro que ni notarán que estás allí. En la casa de mis padres tenemos un gran balcón y desde allí podemos ver la luna llena mientras cantamos canciones y tomamos chocolate... Aunque no se si puedes comer chocolate, tendré que investigar.

Ichimatsu te veía atento siempre que le hablabas, te preguntabas si el podía realmente entender lo que decías. Te gustaba pensar que si.

Las noche que no hacía tanto frío salias a ver el cielo, ya que estaban en un lugar apartado don las luces y contaminación de las ciudades, las estrellas eran más visibles , aún así querias regresar a casa con tu familia y ver esas pocas estrellas que ya estabas olvidando como se veían desde ese viejo balcón.

Cuando el señor Nakamura regreso se le veía algo afligido, te preocupaste de que aún se encontrara mal de salud, pero el aseguraba estar sano y fuerte. ¿Entonces que lo hacia poner esa expresión de tristeza? No lo sabías, pero te pareció un poco extraño que te diera esas palmaditas en la cabeza y que susurrara un "Eres demasiado bueno".

No sabías si debías preocuparte.


No podías creerte lo que estabas viendo, al despertar y abrir los ojos Ichimatsu a tu lado ocupaba más espacio en la cama. Revisaste su cuenco de agua pero el agua estaba intacta, él no se había hinchado por estar dentro del agua, de verdad había crecido.

—Buenos días... Despierta Ichimatsu. -parpadeante confundido, mientras el geruge dejaba de ser una bolita y se levantó.

Con sumo cuidado levantaste a Ichimatsu, estabas más pesado también. Cuando lo llevaste a casa hace cuatro semanas podía caber en una de tus manos, ahora incluso no cabía en tus manos juntas.

—¡Espera, hoy cumples un mes! Felicidades Ichimatsu. -le diste un cariñoso beso en la frente y el atrapó tu barbilla con la boca. —No me muerdas.

Lo separaste de tu cara y lo dejaste en la cama. De pronto escuchaste al señor Nakamura llamarte, te pusiste los zapatos y rápidamente fuiste a donde estaba tu jefe. Te quedaste de piedra al ver la escena, una de las jaulas de tus amados conejos estaba abierta y adentro había por lo menos cinco conejos muertos y algunos otros corrían lejos.

—¿Que pasó? -preguntaste, el señor Nakamura gruñó antes de contestar.

—¡Tenemos una maldita alimaña! Ugh, cuando la encuentre te juro que voy a matarla con mis propias manos. -examinaste de cerca la jaula, parecía que había algo había entrado por el hueco de la puerta. Había en la tierra una marca de algo que se arrastraba y está llevaba hasta el granero. Sin que tu jefe lo notara borraste el rastro.

—I-iré por los conejos. -ya que aún estaba oscuro tuviste que pasar por una linterna, antes de salir te diste cuenta de que había un conejo allí mirando finalmente a Ichimatsu.

Las marcas de antes... No, no era posible que Ichimatsu. Descartarte la idea.

Dejaste al conejo y fuiste por los prófugos, trataste varias horas en atraparlos a todos. El cielo ya estaba completamente claro cuando terminaste, tal vez eran casi medio día. Sólo faltaba el conejo que habías dejado con Ichimatsu.

Antes de que pudieras entrar encontraste el ruido de algo metálic golpeando contra el suelo, cuando abriste la puerta y entraste encontraste a Ichimatsu parado en medio de el lugar, el piso estaba lleno de manchones rojos. El conejo no estaba por ninguna parte.

—¿Que...? ¿Qué fue lo que hiciste? ¡Yo confié en ti! ¿Cómo pudiste? -te pasaste las manos por el cabello, gruñendo de pura frustración, te sentías ridículo reclamándole a alguien que seguramente solo seguía sus instintos. —¡Maldicion! -arrojaste lejos la linterna y está golpeo contra el cuenco de agua de Ichimatsu haciendo un gran escándalo. Ichimatsu dio un salto y temblando se acercó para recargarse en tu pierna (como cuando tenía miedo) pero tú retrocediste, el se quedó quieto. Tal vez era tu imaginación pero te parecía por sus ojos que estaba a punto de llorar.

—Lo siento. -te disculpaste de inmediato, verlo todo tembloroso te hacía sentir un dolor en el pecho. Te pusiste de rodilla para verlo mejor, había una marca algo rojiza debajo de su ojo derecho, además así examinarlo mejor parecía tener algunos rasguños. —¿Qué?

Escuchaste que algo corría y salía rápidamente por la puerta, aunque te giraste rápido solo alcanzaste a ver como una marca roja. ¿Que había sido eso? El conejo salió de su escondite segundos después.

—Lo siento Ichimatsu, por favor perdoname. -habías estado en lo correcto en un principio, no había sido Ichimatsu. Lo que sea que era había atacado al geruge tratando de llegar al conejo. Ahora te sentías aún peor. —De verdad lo siento.

Acercaste tus manos y el no se alejó, tal vez si te perdonaba. Aunque sentías que merecías una buena bofetada. Con cuidado lo llevaste hasta la cama y limpiaste sus heridas, te disculpaste por lo menos cien veces mientras lo curabas, lo enfadaste tanto que te mordió el dedo con fuerza. Aunque después te compartió una bandita adhesiva, a parte de ser lo más adorable que habías visto también era muy inteligente.

Saliste una vez más para encontrar al agresor de tu Ichimatsu y lo encontraste casi al límite de los terrenos del jefe. Lamentablemente había caído en una de las tablas de geruges y ahora estaba casi muerto. Pobre zorro. Pero al menos los conejos estarían bien. Regresabas a la granja cuando escuchaste a tu jefe gritar "Karamatsu, trae el arma encontré a la alimaña."

Corriste a toda velocidad hasta el granero, el señor Nakamura estaba tratando de golpear a Ichimatsu con un bate. No lo pensaste demasiado cuando te interpusiste alejando a Ichi. El bate impacto con fuerza en tu brazo y gritaste de dolor.

—¿Qué demonios estas haciendo?

—¡Por favor no lastime a Ichimatsu! -suplicaste protegiendo con tu cuerpo al geruge. Tu brazo dolía tanto que estabas llorando de dolor. —Él no se comió a sus conejos, fue un zorro. Por favor no le haga daño.

—…-el hombre soltó el bate, tenía una expresión indescifrable.

Continuaste protegiendo a Ichimatsu, este frotaba su cabeza contra tus mejillas secando las lágrimas en tu rostro.

—Levantate muchacho, llamaré al doctor.

—No es necesario, estoy bien. -tu brazo estaba algo hinchado pero no parecía que tuvieras roto. Aún así el señor Nakamura llamo al doctor. Mientras esperaban a que llegara tuviste que explicarle que hacías tú con un geruge. Tu jefe te advirtió que esas criaturas eran peligrosas y que a pesar de que ahora era pequeño cuando creciera sería muy mortal. Le aseguraste que nada pasaría, Ichimatsu no era un monstruo.

"Tú te harás responsable de todo daño que haga en el futuro" y con esa advertencia acepto que te lo quedaras. El doctor confirmó que era solamente algo superficial, tendrías que usar lo menos posible tu brazo de cualquier forma.

Con tu brazo vendado y una provisión de medicina para el dolor, tu jefe y tú salieron hasta donde estaba en zorro. Nakamura terminó de creerte que no había sido culpa de Ichimatsu y se aseguró de poner algunas otras trampas. Mientras lo hacía algo peludo y pequeño corrió hacia tus pies. Era un zorro que había salido de su guarida, por su tamaño seguro se trataba de un cachorro.

—¿Podemos quedarnos con el?

—Primero un n geruge y ahora un zorro. ¿No podemos tener una mascota normal? -preguntó Nakamura, no parecía querer negarse. —Sólo por ser hoy te diré que si muchacho, pero no te acostumbres.

—¿Escuchaste eso Osomatsu? Vendrás con nosotros.

Los zorros don astutos y engañosos, era la que decía la gente. Y lo único que esa descripción te recordaba era a tu hermano.

Le diste una de las jaulas vacías a Osomatsu como nueva casa, llevaste la jaula al granero para mantenerlo vigilado. Había sido un largo y agotador día y sólo querías descansar. Pero el señor Nakamura te llamo una última vez ese día.

Al llegar a la cocina lo primero que viste fue la tarta sobre la mesa, tu jefe te canto "feliz cumpleaños". Habías olvidado que día era. Apagaste las velas y comiste trata junto a tu jefe. Normalmente él nunca hablaba sobre sentimientos, pero esa noche te dijo que te quería y que según sus palabras " si hubiera tenido un hijo me encantaría que fuese como tú "

No sabías como tomarte eso. Su regalo esa noche (además de dejarte conservar a Ichimatsu y Osomatsu) fue una guitarra, que esperaba tocaras cuando tu brazo estuviese mejor. Pero había algo que te inquietaba y eso era un grueso sobre con el sello de una firma de abogados.

La sonrisa que se había dibujado en tus labios desapareció a medida que el señor Nakamura te explicaba a que había ido a la ciudad antes. Resulta que él ya que no tenía hijos quería adoptarte y así heredar no sólo su terrenos, sino también su apellido. Hablo con sus abogados y estos le sugirieron pedirle a tus padres que cedieran sus derechos de paternidad, te estuvo diciendo algunas cosas más pero tú ya habías entendido. Tus padres se habían deslindado de ti con esos documentos y ni siquiera habían tenido la consideración de decírtelo personalmente.

El señor Nakamura te preguntó si aceptarías, pediste tiempo para pensarlo.

Cuando regresaste al granero le diste unas fresas a Ichimatsu (que te había dado tu jefe) y mientras en comía animado te le quedaste viendo. Sentirte que tus ojos arder y las lágrimas nublaron tu visión. Habías sido desechado por tu familia como si fueses una basura, tus esperanzas de regresar y tener una mejor relación con tus hermanos y tus padres se habían roto en mil pedazos al igual que tu corazón. ¿Acaso habías hecho algo malo? ¿Por qué tú propia familia no te quería?

¿Por que tuviste que nacer en ese mundo si no iban a quererte?

Ocultaste tu rostro llorando desconsolado, podías sentir como Ichimatsu se frotaba contra tu cabeza tratando de confortarte. Levantaste el rostro después de unos minutos, Ichimatsu había acercado todas las fresas y parecía ofrecérselas como diciendo "mira, te daré mis favoritas. Deja de llorar, bastardo"

—Lo siento. ¿Recuerdas es casa que te dije que me esperaba? Pues mentí, esa casa ya no es mi casa. Ya no tengo a donde ir. Ahora, son contar al señor Nakamura. Tú eres todo lo que tengo.

Agachaste la cabeza volviendo a sollozar, Ichimatsu recargo su frente en tu frente.

Él lo entendía, mejor que todos los humanos. Ichimatsu entendía tus sentimientos más que esos monstruos que alguna vez fueron tu familia.


Espero que les guste.

Nos leemos.

Saludos.